PULANG KAMPUNG
El Ramadán acaba de terminar, y estos días pasados son los que más se puede disfrutar de Jakarta, pues durante una semana la ciudad se queda desierta. La metrópoli de más de 15 millones de habitantes, se queda huérfana de tráfico, caos, polución, almas… Es una gozada poder incluso pasear por las calles estos días, da la sensación de ser otra ciudad completamente distinta, una ciudad “limpia” (tampoco nos pasemos), cómoda, donde las distancias no se miden por el volumen de tráfico sino por metros,…
Un ejemplo grafico de la descongestión del tráfico de Jakarta, la tengo con un buen amigo mío, que vive en Cibubur, al sur de Jakarta y en el borde con la ciudad de Bogor. Un día normal puede tardar en coche desde su casa a la oficina, que se encuentra en el centro de Jakarta, aproximadamente dos horas. Sin embargo, estos días tarda aproximadamente 20 minutos. Creo que se trata de una diferencia demoledora, que pone de manifiesto la realidad de Jakarta.
Y la antítesis estos días es Bali y otros destinos turísticos: con unos niveles de ocupación del 100% (quizás hasta con overbooking), absolutamente infestado de gente, da la sensación de que el alma sucia y caótica de Jakarta viaja en los mismos aviones que los turistas. Tanto expatriados como la población china-indonesia de Jakarta son los que copan las reservas de hotel, y los que “disfrutan” de las playas de Seminyak, Legian, Kuta, Noosa Dua,… Es comparable al Benidorm de Julio/Agosto: sofocante, abejas en colmenas, y menos relajación de la deseada.
Este éxodo de habitantes de Jakarta a sus lugares de origen lo denominan los propios indonesios Pulang Kampung, que viene a significar: Regreso al pueblo. Las estaciones de tren, de autobús y aeropuertos se colapsan, las cajas de cartón repletas de comida y regalos decoran las estaciones y son un elemento indispensable para cualquiera que tenga intención de visitar a sus familiares estos días. Da la sensación de que sin regalos no hay bienvenida.
No entenderé nunca el deseo de toda la gente de salir de Jakarta estos días, y además cuando dices que te quedas en la ciudad casi que la gente te mira como un bicho raro, aunque por mi parte encantado. Es la semana “sagrada” que tengo donde realmente puedo decir que me gusta Jakarta, y se ve que si el Gobierno realizara unos pequeños cambios, este Gran Durian, podría dejar de oler a podrido y tener un sabor dulce y agradable.

