En esta querida isla del sureste asiático siempre debes llevar paraguas, o porque llueve hasta calarte los huesos o porque el calor te impide caminar por la calle (leteralmente te derrites como un helado por el camino). Sea por la lluvia torrencial o por el calor sofoncante el paraguas es lo que nunca te puede faltar al salir de casa. Lo gracioso es que muchas veces se me olvida, por eso que dicen que los seres humanos caemos dos veces en la misma piedra o es que yo que soy mediterranea a tope no me hago a la idea de que aqui llueve mucho no es que llueve muchísimo especialmente en la temporada de lluvias).
Los primeros meses que viví en el trópico no me hacia totalmente a la idea de llevar siempre el paraguas conmigo pero una vez iba por la calle y empezó a caer una del cielo que no sabía donde meterme, y de repente me encontré empapada y de esa guisa no podía presentarme a donde iba. Me encontraba toda mojada, como si saliera de la lavadora y entré en una tienda, busque algo cómodo para salir del paso y puse toda la ropa mojada en una bolsa. El chaparrón puede pillarte tan de improviso que si llueve los paraguas cuestan la mitad de precio en los negocios. Tengo mi casa con mas de cinco paraguas… porque me ha ocurrido muchas veces el encontrarme sin nada que resguardarme a mitad de una gran avenida.
Es un poco antiestético pero lo mas comodo es ir con zapatos de plástico. Casi todos los locales no se sacan los flip flops o las crockers para nada. Y es que el singapureño es sumamente práctico y le gusta ir cómodo, de ahi que a veces caiga en un hortesimo salvaje, de esos que dañan a la vista…Pero bueno, creo que me estoy desviando del tema. Lo dejo para otro dia que esté mas inspirada.

