La Verdad

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Amores rebajados, ni queridos ni guardados
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Mar y Cleo | 15-01-2017 | 10:23| 2

Atrás quedaron los días en los que era capaz de hacerme la enferma con tal de faltar ese día al trabajo y ser la primera en entrar como las locas en las tiendas y llevarme las mejores ofertas. Atrás quedaron, entre otras cosas, porque las cámaras me inmortalizaron y ahí estaba yo, abriendo el telediario, mientras mi mesa de la oficina estaba vacía y mi jefa, casualmente, comía en el bar en el que los titulares del informativo vociferaban desde el televisor el comienzo de las rebajas de enero. Y como ante una evidencia no cabe la mentira, la mejor arma es una evidencia mayor, por eso acabé regalándole el maquillaje de alto standing de ganga que había comprado para mí, por esas cosillas de aquí paz y después gloria. Pues sí, todo el mundo tiene un precio, aunque rebajado.

Por eso y por más, he llegado a un momento en mi vida que me niego a ser una rebajadicta. Yo me lo compro y si no, lo suelto y lo dejo. ¿Por qué esperar a que alguien tire por los suelos su precio o lo amontone de cualquier modo para que sea mío? Las cosas valen lo que valen, y cuanto más valor tengan, más difícil se nos hace y su interés sube. Porque vamos a ver, cuando me imagino que soy una ricachona, no me veo comprándome un cochecillo a plazos ni rebuscando en Wallapop a ver si me ahorro la pasta, ¿a que no?

-Yo puede que no tenga el dinero, pero la ilusión por algún caprichillo no me falta- suelto toda convencida.

-¿Y cuánta ilusión de esa tuya necesito yo para que me den a mí el descapotable que quiero?

-Es que el problema no está en la cantidad de ilusión, sino en poner la ilusión en el lugar equivocado.

Me gusta desear lo que no tiene fecha de caducidad, por eso me cuido mucho de esos amores que un día vienen cargados de valores y al tiempo los pierden. Yo me quedo con el amante que me hace tocar el cielo con mis manos, con ese que hace que mis mañanas sean desayuno con diamantes y mis noches veladas de luna y pasión. Yo estoy en alza, así que ahí dejo los que andan en rebajas y se ofertan al mejor postor.

En mi paseo matutino voy y hago la prueba del “escaparate”. Me paro, los miro, me miran, me los imagino puestos, incluso llego a desfilar sobre ellos en mi fantasía y hasta siento cómo mis pies entran y se dejan acariciar por su suave piel. Me siento tan alta y tan inalcanzable, que incluso me reencarno en una de esas famosillas que salen en las revistas dentro del ranking de las más elegantes. Pero de pronto, vuelvo y aterrizo en mis viejos zapatos, desciendo desde el glamour virtual y sigo mi camino como si esos taconazos no estuvieran ahí haciéndome ojitos y el precio de tres cifras no parpadeara a su lado. Mientras me alejo de reojo les miro y les digo: ¡Hasta mañana!

Confieso que no siempre soy capaz de resistirme al escaparate, que la tentación es mucha y la voluntad poca. Y entonces lo compro y, como si de una niña traviesa se tratara, llego a casa y dejo el paquete en una esquina, de vez en cuando paso y lo miro y noto su atracción fatal. Unas veces me dan remordimientos del dineral que me he gastado y otras veces me alegro un montón porque ya no tengo que pasar por la dichosa tienda más y volver a decir: ¡Hasta mañana! De pronto, un día decido que le ha llegado el momento, que hoy tengo cuerpo de niña pija y que no pienso esperar ni un minuto más para el estreno. Me lo pongo y, como si se hubiera producido una transformación desde mi cabeza a los pies, me convierto en otra. Mi ilusión tenía un precio, es cierto; pero su valor se lo doy yo y ese, es incalculable.

En mi vida no caben los saldos ni las gangas. Yo soy más de lo auténtico, cueste lo que cueste. Y además cuanto más inaccesible, mejor. ¿Para qué quiero un amor regalado si no me esfuerzo por conseguirlo y hacerlo mío? ¡Vaya aburrimiento!

-¡No hay quién os entienda a las mujeres!

¡Frase entre las frases!

-¡Pues bien fácil es, que si yo lo valgo, quien me rodea también lo ha de valer!

Cariños, caricias, besos, abrazos, arrechuchos y demás zarandeos amorosos, sí, y cuantos más mejor; pero todos esos amorcitos mucho mejor después de una sesión cañera, de esas que nos descolocan y que si no vienes tú, tenga yo que salir a tu encuentro… ¡y nada de entregarte enseguida, qué va! Porque ya sabes que a mí me va lo imposible, lo auténtico, lo inalcanzable, lo difícil y lo valioso. Y además, los amores rebajados; ni queridos ni guardados.

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Tiempo para dar, tomar y perder
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Mar y Cleo | 08-01-2017 | 10:14| 3

Reconozco que, así de primeras, cuando toda ilusionada fui a ver los regalos que sus Majestades me habían dejado la otra noche me quedé de lo más chafada. No había ni rastro, ni si quiera se habían tomado los chupitos y los polvorones que siempre les dejo sobre la mesa. ¿Cómo es posible que pasaran de largo…? ¡Ni unos pendientes barateros del chino! Sé que la culpa no es de la crisis, que a mí los últimos años me han dejado los zapatos bien cargados de regalos, regalitos y regalazos. Por no haber sido una niña buena, desde luego que no es, porque ni aun queriendo podría haberme portado mal, que mira que en el 2016 lo he intentado y nada, no se me han cruzado tentaciones y así no hay manera de ser una chica mala.

Desesperada me he puesto a pensar, a ver qué es lo que ha podido pasar, porque una cosa así no me ha sucedido en la vida, qué va. Y aquí estoy desde entonces, hora tras hora, y no veo la luz. Y cuanto más tiempo pasa, curiosamente, me voy sintiendo más que requetebién, aunque sigo sin elucubrar la solución.

-¡Ya lo tengo! ¡Este año me han traído el mejor regalo de toda mi vida! Nada comprable pero de infinito valor: ¡Tengo tiempo a capazos y sin estrenar! ¡Tiempo para dar, tomar y perder!

Para mí sola, para compartirlo y, sobre todo, para disfrutar a sabiendas de que sé muy bien lo que vale cada segundo en mi vida. Tiempo para perderlo y para perderme. Nada mejor que distribuirlo, pero sin tantas prisas. Desayunar, leer y quedar con mis amigas sin pensar qué es lo siguiente que tengo que hacer. Y te juro que el café me sabe mejor, que en vez de devorar las páginas de los libros, son ellas las que me devoran a mí viviendo nuevos mundos y esas risas tan nuestras cuando estamos todas juntas son la mejor forma perder el tiempo y sin remordimientos. ¡Qué más puedo pedir!

No hay más excusas que inventar, yo llego cuando llego o simplemente no voy cuando no voy. Lo que más ilusión me hace es saber es que lo mejor de ti ya no tengo que esperar para saborearlo, tan solo con una dosis de esta paciencia infinita de la que me han regalado los Reyes Magos sé que lo que es mío y que me llega, fijo… ¿con quién mejor compartirlo que conmigo?

¡Lo reconozco, con razón no hay forma de que me sorprendas, no hay manera de que tú seas el de la iniciativa! ¡Ay, cuánta falta me hace saber dejarme llevar! Porque claro, con esta obsesión mía de tenerlo todo bajo control y en su momento preciso… ¿Y si les dejara a los demás la oportunidad de quererme cuando se les ocurra y no en el día y la hora que a mí me viene bien? Nada de relojes ni calendarios, nada de contar los minutos ni los meses. Tengo todo el tiempo del mundo, toda la ilusión de la vida y qué mejor que gastarlo hasta emborracharme con tus horas, mis días y nuestras noches.

Prometo sosegarme en los asuntillos del querer, no hay nada peor que querernos por no llevarnos la contraria, con prisas y sin enjundia. Con cada brindis, tus ojos se cruzarán con los míos, con tus caricias cada palmo de mi piel irá hasta un más allá sin retorno, y con tus besos, el ímpetu de los míos se comerá los tuyos y aunque vinieran a rescatarnos los del 112, ni con adrenalina en vena conseguirán despegarme de tus labios. Si es que está claro que este año es mi año, que no, que esta vez no se me escapa a mí el amor por ser tan marisabidilla y confiada, que por falta de tiempo, paciencia y sabiduría, desde luego que no va ser.

La verdad es que estoy la mar de contenta con lo que los Reyes Magos me han dejado, lo bueno es que no necesito hacer hueco en mi armario para colocar un par de tacones nuevos, ni tengo que leerme unas instrucciones interminables de un aparatejo nuevo que ni quiero ni necesito. Tan solo con cerrar los ojos y desearlo, sé que mi deseo tarde o temprano lo tendré. ¡Majestades, qué sabios y mágicos son ustedes! No podíais haber acertado más, vivo en una sensación inolvidable.

Pues sí, voy a estrenarme en disfrutar sin que nada me inquiete. ¡Y qué mejor que ponerme requeteguapa, subirme a mis tacones, mirar la báscula del baño con desprecio y juntarme con todos los míos para seguir dando buena cuenta del roscón! Tranquilos, que este año estoy segurísima de que el regalito sorpresa no me sale a mí, porque yo, de sorpresas, estoy servida… ¡Y ahora a vivir este tiempo mágico que tengo esperándome!

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365 con sus días y sus noches
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Mar y Cleo | 31-12-2016 | 17:21| 3

Me estoy dando cuenta que así no puedo seguir, porque claro, me paso el día diciéndome que no a esto, no a lo otro y he decidido que ya bastantes castigos y prohibiciones me surgen solos como para que yo sea mi propio obstáculo para ser feliz. Así que vamos a empezar por mis propósitos para este nuevo año, o son en positivo o los borro de la lista, así de radical.

A ver, como ir al gimnasio me hace sufrir y no está científicamente comprobado que aunque empiece con mucha fuerza de voluntad me vaya a durar más de dos meses, pues ale, un gasto menos y más tiempo para hacer lo que me dé la real gana.

Estoy dispuesta a proponer al traductor de Google para el premio Nobel de la Paz, porque desde que lo descubrí, he logrado vivir en paz. Se terminaron los remordimientos por no chapurrear inglés, ya no me queda ni pizca de interés por volver a empezar con el verbo to be. ¡Viva la aplicación del traductor simultáneo y a la mierda con los años infinitos de academia! Para farfullar inglés le doy al botón y ya está. Y además, si tienes ganas de hablar conmigo y no sabes… pues eso, aprende español que es el idioma del futuro.

En cuanto me tome esta noche las uvas pienso empezar el año a buen ritmo, pero nada de danzar a paso de tango, que ese es para cornudos y perdedores. A mí las campanadas que me toquen por fandanguillos y bulerías… ¡vaya año animado que me espera taconeando allá por donde pase!

Decidido, a borrar del calendario los días especiales, por aburridos y defraudadores. Porque digo yo, qué tiene de especial un 14 de febrero que no pueda tener un 31 de marzo. Además las fechas previsibles son muy peligrosas porque si no me salen las cosas como tenía pensado, me da el bajón. Voy a ser más de saborear lo espontáneo, que lo improvisado tiene un sabor infinito y un aroma inolvidable.

Una cosa tengo clara, y la cumpliré a rajatabla. No pienso esperar que mi mejor amigo me llame porque me necesita, ni que mi amiga del alma ya no cuente conmigo porque el tiempo sin vernos ha ganado la partida. Ser mi amigo es ser parte de mí, es estar sin que me necesites, simplemente porque yo habré llegado antes. Ser mi amiga es no darnos cuenta de que las horas pasan de puntillas y que se nos haga de día entre risas, aunque mañana estemos muertas de sueño, pero sin rastro de ojeras porque el tiempo a tu lado es el mejor regalo de la vida.

Y cómo no, mi corazón va a tener un año lleno de cosas buenas, y no es que vaya yo de sobrada por la vida, qué va. Es cierto que yo no sé si este año me voy a enamorar, no tengo ni idea si me voy a cruzar con el gran desconocido que está por llegar, pero lo que sí que es cierto es que ese conocido que en su día llegó y después despaché, ese, desde luego, este año no pasa ni entrando por la puerta de atrás. Y si todavía alguno cree que puede ser divertido echar una partida conmigo a ver quién gana, pues ya se lo explico yo de antemano: mira chato, no estoy para jueguecitos, que el amor no es cosa de tirar los dados y ver si el azar nos junta en el mismo tablero. Mejor va a ser que te vayas a cazar Pokemon, que yo hace tiempo soy más de un café cara a cara, de un paseo de la mano y de miles de ratos sin reloj, porque mi felicidad no trafica con tus “por si acasos” pactados.

Me niego a hacerme una lista de propósitos, pues para este año que empieza tengo únicamente uno y es innegociable: ser feliz. Nada ni nadie va a conseguir arrebatarme esta ilusión, entre otras cosas porque no lo pienso consentir. Me encanta ver contentos a los que me rodean, me alegra saber que los que más quiero disfrutan de la vida, pero lo que más me gusta es tener la certeza de que yo soy feliz porque ellos también lo son. Se acabaron los malos rollos, no me caben los mensajitos con doble intención, los grupos de whatsAap cañeros y traicioneros, el colega comeoreja, los ligues pasapenas y las cuñadas guerrilleras.

Aviso a navegantes, comienza un año repleto con sus días y sus noches, hay 365 ocasiones para vernos, para reírnos, para soñar juntos, para ir y no volver, para imaginar y soñar. Llegan 365 días sin estrenar, sin retorno y sin contenedor de reciclaje. No pienso tirar ni un solo día a la basura, porque no me sobra ninguno.

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Corazón de Navidad
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Mar y Cleo | 25-12-2016 | 10:27| 5

Me encantan estos rituales míos, esos que con el paso del tiempo ya no sé si son manías o han adquirido el grado de tradiciones. Pero yo todos los años, en este día, salgo de mi casa bien temprano, no vaya a ser que hayan quitado las calles o, lo que sería peor, se me hayan adelantado algunas listillas y ya no queden chollos en el mercadillo de Nochebuena. Lo cierto es que no tengo nada que comprar, pero no lo puedo remediar, es que a mí los apretujones, los carritos de la compra, las silletas de los peques y esa gitana voceando los tangas rojos de la buena suerte me ponen el cuerpo al son de la Navidad y me niego a perdérmelo.

Y así, sin darme cuenta, empiezo el día con una sonrisa mágica y un brillo especial en los ojos. Me pierdo entre la gente y me siento como una princesa pisando las alfombras rojas de las calles del centro. Mis pasos me llevan de aquí para allá y acabo cantando villancicos debajo del árbol gigante lleno de luces y cargado de buenas intenciones. Cierro los ojos y abro el corazón, dejo que me inunde el espíritu de la Navidad, ese que me habla al oído, ese que me dice cosas tan preciosas que consigue que se me olviden otras porque no merecen la pena por absurdas, repetidas y sin remedio.

Este año pienso hacerle caso en todo a mi corazón, puede que a veces se equivoque, pero sé que nunca me traiciona. En medio de tanta bulla encuentro donde tomarme mi desayuno de Nochebuena… nada de medir calorías, hoy a pajera abierta, que no todos los días es Navidad. Con el primer mordisco me acuerdo que las mejores tostadas siempre me las preparaba ella y entonces unto la mantequilla con tanto amor que parece que la mermelada dibujara corazones, porque hoy cada bocado me sabe a ti, a la que me enseñó a amar la Navidad.

Cojo el periódico, y en vez de los titulares de guerras y peleas de cada mañana, me encuentro de frente con tu foto, te miro y te pienso… Entre tú y yo aún late una guerra fría esperando firmar la paz. Quizá no te merezcas ni mi apretón de manos, ni mi abrazo, ni tampoco escuchar mis palabras perdonándote, pero he decidido hacerle caso al corazón y decirte que hoy eso no es lo importante, que lo que de verdad cuenta es que tú y yo un día fuimos nosotros, ¿hay algo más bonito? No lo voy a olvidar, pero prefiero recordarlo sin el dolor de la última traición. Y de pronto, siento la caricia de tu mano, noto tu mirada en la mía… y le sigo haciendo caso a mi corazón de Navidad.

Los bares hoy se ponen a reventar, no cabe ni un alfiler ni un codazo más, las marineras vuelan, las cañas se sortean y los montaditos nunca llegan a mis manos.

Poco a poco cae la noche, aún hay quien se queda cerrando bares, pero yo me voy derechita para casa, bueno derechita tampoco, que a estas horas he brindado ya tantas veces que me temo que se me ha ido un poco de las manos… y sigo mi camino con un puntico la mar de gracioso.

Me tiro al sofá, tengo una hora para recargarme como los móviles y volver a subirme a los tacones, enfundarme en lentejuelas y sentarme a una mesa rodeada de sillas e ilusiones. Vuelvo a cerrar los ojos y siento que hoy me he portado bien, que a nadie le ha faltado un abrazo mío ni un beso apretado, que para mí esos son los que valen, porque mucho mensajito cursi de bienqueda por los móviles, pero luego, nada de nada. Esos cariñitos de postureo no me van, que yo soy más de chocar mi copa con la tuya, de buscar mis ojos en los tuyos, de guardar nuestros secretos al oído mientras tu mano me aprieta por la cintura y mi corazón late a cien porque hoy le hemos hecho caso. Así que mira lo que te digo, otro lío de esos tuyos y no hay espíritu de la Navidad que te proteja del testarazo que te suelto y de la patada que te planto en el trasero, te vas volando hasta Laponía para hacer de reno de Papá Noel.

Por las rendijas de mi casa se escapa aroma a mantecados, horno y amor. Por los poros de mi piel destilan perfumes de felicidad, sueños y risas y así, un año más, aquí estoy y te juro que no sé, si es por manía, por costumbre, por tradición o porque dejarme llevar por las emociones es mi secreto de esta felicidad que va conmigo, pero mi corazón y yo siempre volvemos por Navidad.

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Puede ser mi gran noche
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Mar y Cleo | 18-12-2016 | 09:11| 2

Presiento que estoy despierta, más muerta que viva, pero despierta. Antes de abrir los ojos hago una inspección anatómica y no hay un palmo de mi ser que no se arrepienta de todo. Así las cosas, noto que no me atrevo con mi realidad, porque no vaya a ser que este pasado reciente se vuelva contra mí. Intentando engañarme, decido despegar las pestañas de un solo ojo y el otro lo dejo guiñado, que no estoy muy segura de que esté preparada para aceptar mi cruda verdad. Horror, solo veo uno de mis zapatos de tacón, ¿será posible que volviera cojeando al estilo Lina Morgan? Rápidamente se me encienden las alarmas, pero no, desde aquí puedo ver que el equipo está al completo: ¡pantys, sujetador y braguitas han vuelto a casa sanos y salvos! Desde la tranquilidad que da el no recordar nada, pero con la seguridad de que no tengo pruebas de lo que arrepentirme, me levanto y voy derecha a la ducha a ver si me ayuda a recuperarme de esta amnesia postcena empresarial.

Lo cierto es que la culpa la tengo yo, bueno, yo y mi falta de voluntad, que es billete asegurado para un desatino prenavideño. Me juré nunca más ir a la cena de Navidad y al final no tengo palabra. El agua corriendo por mi cuerpo y el café atravesando mis venas son el mejor antídoto para reencontrarme. Y poco a poco me empiezan a despertar en mi cabeza el tráiler y las tomas falsas de anoche.

Tantas leyes inútiles que se sacan estos políticos y qué pocas son para lo verdaderamente importante. Yo prohibiría radicalmente que coincidieran la cena de empresa navideña, las cervecitas, los vinos, el cava, los chupitos de garrafón con el karaoke.

Mira que tiene días el año, mira que paso horas en el trabajo, mira que en todo este tiempo jamás se me ha escapado ni un parpadeo ni un suspiro cuando lo veo pasar por delante o cuando se agacha para reponer el papel de la fotocopiadora y ese culito respingón grita mi nombre. Y yo me sujeto a la silla y me pongo como una loca a jugar al Candy crash. Que no sepa que bebo los vientos por él, por sus encantos y por ese no sé qué que me tiene loca. Pero no, el primer mandamiento de la ley laboral jamás se debe incumplir: “Donde tengas la olla…ni lo intentes, ni lo sueñes, ni lo pienses”. Y yo juro que lo cumplo a rajatabla, juro que voy a ser fuerte, pero está claro que mi fortaleza y la chispera de una cena navideña son incompatibles.

¿Quién fue el muy… que me puso el micrófono en la mano y la canción de Camilo Sexto en la pantalla? Cuando lo pille, lo mato:

“Y ya no puedo más, y ya no puedo más. ¡¡¡Vivir así es morir de amooor y por amor tengo el alma herida!!!”.

Y yo allí dándolo todo, entregada a la pasión de un amor secreto, envuelta en los efluvios del garrafón y con los ardores de una cena pagada con los recortes del tacaño de mi jefe. Y yo allí, a dos centímetros de su cara, a un segundo de despacharle un morreo etílico y a medio palmo de caer en sus brazos.

Creo que es mejor no seguir recordando, me temo que el lunes voy a estar indispuesta por una larga temporadita. A ver quién es ahora la valiente que se planta allí, delante de todos, después de haber sido la reina de la fiesta… ¡Tierra, trágame!

Y de pronto mi móvil resucita, otro que también vuelve de la resaca. Veo el parpadeo verde de los whatsApp y se me enciende la luz de alarma a mí. Desde lejos y de reojo lo miro, es de un contacto desconocido. Pues no sé qué es peor en estos casos, porque si peligrosos son los conocidos, vete tú a saber qué me puede llegar de un desconocido. ¿Qué hago, lo miro y se me pone el doble tic en azul o lo dejo ahí olvidado hasta que parezca que todo me importa un pito? Vale, lo reconozco, entre mi prudencia y mi curiosidad, siempre vence la misma. Claro, que así me va.

Doy a la flechita del vídeo, se me ponen los pelos de punta, los por dentros se me descomponen y las ganas de querer morirme se multiplican. Desafinar, no desafiné, eso he de reconocerlo. Pero todo lo demás fue para no contarlo: indescriptible, inenarrable, impresionante, impensable y todos los in- que me pueda merecer.

Y de pronto, el móvil vuelve a vibrar, es el desconocido otra vez:

“Prefiero que cantemos juntos por Raphael: “¡Qué pasará, qué misterio habrá,
puede ser mi gran noche!… ¿Te atreves?”

Pues sí, me atrevo. Total, no tengo ya nada que perder y además… ¡puede ser mi gran noche!

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Dibujando corazones
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Mar y Cleo | 11-12-2016 | 10:42| 2

Arrebatarme, sulfurarme, hacer las maletas, arrancar el coche y estar con los pies metidos en una chimenea a dos horas de viaje del causante de mi mal genio, fue visto y no visto. Y lo que es peor, es que sé que tengo razón, aunque no me acuerdo de qué. Me viene a la cabeza un yo te digo y tú me contestas, yo te vuelvo a decir y tú vas y, en lugar de responderme, te quedas callado. ¿Y ahora qué? ¿Piensas que castigándome con la crueldad del silencio infinito vas a hacer que me replantee este noséqué que me ha llevado hasta aquí? Pues no, así que como soy muy coherente con mis arranques, voy y me largo yo sola y sin mirar atrás.

Y aquí estoy, sin más explicaciones, sin dejar rastro, sin cargador del móvil y sin un montón de cosas que, con las prisas, no he metido en la maleta… y, sobre todo, sin recordar qué puñetas me hizo arremolinarme así de esta manera. ¿Y ahora qué? ¿Cojo y llamo a mi padre para decirle que sí, que tiene razón, que con este genio que me gasto no me aguanta nadie?

La verdad es que de vez en cuando da gusto una escapadita al inframundo de una misma, ese paraíso en el que las cosas suceden cuando yo decido, donde suena solo la música que a mí me gusta, la tele está en el canal que a mí me apetece y el horario de levantarme, acostarme, comer o leer lo marca el reloj del cuando me dé la gana.

Y todo empieza con una chimenea encendida con chispitas que suenan como las de las películas, con una taza de leche calentando mis manos y, entre sorbo y sorbo, me pego a los cristales que comienzan a empañarse y lentamente ante mis ojos todo empieza a volverse blanco, el suelo, los árboles… Nieva y nieva. Y yo sigo enredando mis sensaciones, deleitándome con el susurro del silencio y la caricia de la soledad. Acerco mi dedo al cristal y, como cuando era pequeña, dibujo en la ventana corazoncitos con flechas atravesadas. Y de pronto siento que ya no me queda ni pizca del mal genio que me hizo darte con la puerta en las narices. Por no quedarme, no me queda ya casi ni batería en el móvil…

Y de pronto me despierto, ya es de día. Detrás de la cortina veo un pedazo de paisaje de tarjeta de Navidad, enterito para mí. Salgo y toco la nieve con temor porque sé que da mal rollo tener las manos frías sin que haya alguien después que me las apretuje entre sus muslos para que entren en calor. Arranco el coche buscando un bar con encanto, con café y con tostadas de esas que serán las mil calorías más deliciosas del día. Decidido, desayuno en la barra, no hay cosa más deprimente que la soledad de una mesa de restaurante rodeada de mesas atestadas de parejas, familias y amigotes.

Después llega la tarde, la noche, el caldito caliente, el bocata de chorizo casero de la carnicería del pueblo y el ensordecedor y desesperante silencio de un móvil sin batería. Poco a poco este maravilloso puente que me prometí, comienza a transformarse en un túnel inmenso sin luz al fondo. Empiezo a estar harta de tener yo la primera y la última palabra. En este paraíso me empieza a faltar vidilla, esa que saca estos arranques tan míos y esas venidas tan tuyas en forma de abrazos, caricias y silencios. Te diría que te echo de menos, te llamaría y te pediría que vinieras a nuestro refugio de siempre, te abrazaría sin dejarte respirar, te tiraría por los suelos hasta llenarte de nieve los bolsillos…

¿Y qué se hace cuando por fin he decidido que prefiero ser feliz antes que tener razón? ¿Y cómo resuelvo ahora este lío en el que yo sola me veo por arrebatada? ¿Será capaz mi pedazo de orgullo de meterse por donde quepa para dar paso a la sinceridad de un te quiero?

Y de pronto el cristal de la ventana se llena de corazoncitos con flechas y juro que yo no los he dibujado. Y a lo lejos veo un camino entre la nieve y estoy segura de que no es el de mi coche. Y al otro lado de la puerta apareces tú detrás de un ramo de flores inmenso y un abrazo que huele a noches de pasión y a ya está bien de tonterías y a un hazme un lado en el sillón que yo también quiero meter los pies en la chimenea.

Me dejas sin palabras, sin mal genio y sin ganas de seguir sola y aburrida un día más de este puente arrebatado que, con razón o sin ella, me he montado yo solita.

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Entre él y yo, lo tengo claro
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Mar y Cleo | 04-12-2016 | 09:37| 0

Tengo una amiga que es tan amiga que para mí simplemente es ella, como si no tuviera nombre. Cuando cierro los ojos y la recuerdo, solo soy capaz de pronunciar la palabra amiga. Tiene la cualidad de estar sin estar, de abrazarme sin rozar mi piel, de saber de mí sin que yo tenga que decir nada. Estoy segura que la palabra amiga se inventó para poder llamarla.

Con ella lo he vivido todo, lo nombrable y lo secreto, lo infinito y lo eterno, pero lo mejor de todo es que, incluso lo que aún no ha sucedido, tengo la certeza de que, estemos donde estemos, lo compartiremos sin guardarnos nada en la manga. Tanto es así que hay veces que creo que me pasan cosas para poder contárnoslo después, porque digo yo, para qué quiero vivirlo si no es para revivirlo juntas. Ella es mi otro yo, ese yo que a veces necesito más que a mí misma.

Es curioso, mi amiga tiene una de esas historias como tantas y tantas mujeres. Por eso, de pronto, mi amiga se hace mujer invisible, a pesar de ser impresionante, pero por dentro y por fuera, y entonces busca escondrijos y desaparece aun estando presente.

Me encanta cuando estamos juntas, me encanta cuando compartimos ratos de risas, me encanta cuando me sonríe con la mirada, con esa cara de emoticono de ojos de corazón, de mujer enamorada.

De repente, así, sin más, huyes, te esfumas, te haces incorpórea y nadie diría que la que está ahí sentada a mi lado sigues siendo tú, mi amiga. Y yo levanto la vista, y ya no me sorprendo con lo que veo, incluso ya ni me da rabia. Ya sé que ese es vuestro pacto, que esa es la letra pequeña del contrato, que donde son dos, no podéis ser tres. Y  aunque tu corazón palpita a toda velocidad, tu mirada languidece. Los mismos labios que hace un momento eran una preciosa sonrisa, dejan paso al silencio de la tristeza. Y como si la varita mágica de un hada hubiera hecho su efecto, mi amiga se vuelve mujer invisible. Y yo tiro de su mano, de su corazón y de su esencia, pero mientras él siga allí, perdón, mientras él y su mujer sigan allí, ella cumple con el acordado pacto de silencio y le toca perder su esencia.

Cada encuentro clandestino ella lo guarda es ese lugar del corazón donde se colecciona lo inmortal, ese último mensaje de cada noche acaricia sus sueños; pero cada día que pasa sin verle va dejando en blanco el calendario de su vida y se llena de horas regaladas a la soledad de su ausencia.

Paseo por dentro de mi silencio y mis recuerdos me gritan que ella es mi amiga del alma y siempre será así. Y como es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida, he decidido que no me da la gana, que no lo pienso consentir, que no se lo merece, me niego a que sea una mujer invisible. Así que ahora me toca hacerla visible.

De algo me han tenido que valer los amores y desamores que he vivido, y es que después de todo, sé que aprendí y tengo grabado a fuego una ley fundamental: quien te  haga elegir, quien te obligue a hacerte transparente, está claro que de amor no tiene ni repajolera idea, porque ni te quiere, ni te respeta, ni te admira. Y sabes qué, pues que no esperes a que él elija, porque si tiene que elegir, desde luego que tú no eres su primera opción, y en el juego de la vida solo se puede jugar a ganar, que yo a los tramposos lo mando a la casilla de los fulleros y cantamañanas.

Tengo una amiga que es mi amiga del alma, tengo una amiga que ha vuelto a ser una mujer espectacular, tengo una amiga que ya no sabe de días en blanco ni de encuentros clandestinos. Tengo una amiga que su sonrisa es lo más lindo que he visto en mi vida y nada ni nadie se la va a quitar de su bonita cara.

-Entre él y yo, lo tengo claro, la importante y la que cuenta soy yo. Entre su vida y la mía, me elijo a mí. La batalla está ganada, porque un amor que hay que batallarlo, es siempre una guerra perdida. Esta es mi victoria y esta soy yo. Que 1+1 siempre fueron dos y nunca sumaron tres.

Y volvemos a juntarnos para reír, y detrás de una risa compartida seguro que hay un regalo infinito. Entre una confidencia y otra, siempre nos queda tiempo para darnos una oportunidad. Y ahora toca disfrutar desfilando como las top model por la pasarela de la vida, de frente y con ojos de corazón y sonrisa pintada de rojo pasión.

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Si yo te contara…
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Mar y Cleo | 27-11-2016 | 10:00| 5

Yo cuando voy a hacer gestiones a los bancos tengo un truco infalible, esa mañana me dejo escondido en el armario el glamour que siempre va conmigo y me coloco el disfraz de perroflauta. Es verdad que no me favorece nada, pero oye, noto que a los banqueros les impone, no vaya a ser que me ponga en plan antisistema y les haga culpables de todos los males del mundo mundial, incluido este dolor de espalda que me acompaña desde hace una temporadita. Y funciona de verdad, que más de una vez me he vuelto a casa con un juego de sartenes y sin ninguna imposición a plazo fijo, ni parecido.

Hoy es un día de esos, de los que me toca ir a gestionar mis finanzas, que dicho así hasta parece que estoy forrada. Llego y elijo entre los que atienden, hago un casting rápido y después de descartar a los que tienen cara de: “Ayer me quedé viendo la interminable gala final de Máster chef”, ficho a mi candidato. Y ahí está él, y me lo intento imaginar cómo será su cara cuando se pasen de moda las barbas, y presiento que este promete seguir siendo un guaperas. Su mesa está ordenada, seguro que es de los que después de hacer pis baja la tapa. Decidido, este es mi favorito.

Y me mira y nos miramos. Y me escucha, y hasta parece que me quiere entender. Y me contesta, y yo también le entiendo, desde la primera palabra hasta la última. Me temo que este pobre no va a llegar muy lejos en el banco, pero hoy a mí me tiene ganada, me entrego y a partir de este momento soy suya.

De pronto, delante de mis narices hay un folio para rellenar, un cuestionario para elegir respuesta y una sección de información confidencial donde todos los apartados son de obligada contestación. Nombre, apellidos, calle, teléfono… esto se está poniendo interesante, igual confidencialmente le da por llamarme. Pero, ¡oh, sorpresa!, ¿y ahora dónde marco yo la cruz del estado civil?

A ver, soltera. Pues… la verdad es que soltera, soltera, tampoco soy, ni lo soy ni lo siento y como decía mi abuelo: “Uno es de donde se siente”. Y además así visto, todos nacemos solteros, que ya luego la vida se encarga de que la soltería se convierta en una anécdota en nuestro curriculum amoroso. Pues nada, este descartado.

¿Y casada? Uf, qué tremendo suena eso. ¿De verdad que alguien puede ir por ahí diciendo de vocación: marido, o de actividad: esposa? Si es que es lo que tiene esto de andar agrupando a la gente y cerrando el redil, luego resulta que los que están dentro quieren salir y los que están fuera les gustaría entrar; y claro, así van las cosas, que a río revuelto, ganancia de pescadores, y de pescador a golfo solo hay un salto y un par de cuernos. Pues ale, que aquí tampoco.

¡Huy, viuda! Pues mira lo que te digo, un mamporro bien dado aún no se lo he soltado a ninguno, aunque ganas no me han faltado con uno que yo me sé, pero en fin, preferí que la vida misma se lo cobrara directamente, que no me gustaría a mí llevar esos antecedentes a mis espaldas y que acabara siendo la viuda alegre, porque eso sí, si llegara el caso, me niego a andar penando. Así que nones.

¡Anda, y qué querrá decir esto! Estado civil: …otros. Pues oye igual yo estoy en esta opción, porque lo de soltera, casada o viuda puede ser transitorio, pero lo que sí que es para toda la vida, irremediablemente, es ser ex-. Pues sí, y además puede ser reincidente y discontinua, sin que me acusen de bigamia ni nada parecido. Pero anda que cuando queremos borrarnos el título de ex-, y damos una segunda oportunidad… ganamos un nuevo estado civil: exex-, porque ya lo dice el refrán: “Segundas partes, nunca fueron buenas”. Porque mira que tirarse los trastos duele, pero son cosas que le pasan al más pintado. Pero tirarse los mismos trastos por segunda vez, ese chichón no se cura en la vida.

Pues sabes qué, que ya tengo pensado mi estado civil, que para algo han puesto los puntos suspensivos:

Otros: Si yo te contará…

Y acto seguido marco una flecha directa a mi número de teléfono. A partir de aquí, la pelota está sobre el tejado del guapi-barbas, y si quiere saber, pues que pregunte. Aunque digo yo, ¿no era más fácil cuando me regalaban un juego de sartenes? Para mí que aquí hay gato encerrado, porque no termino yo de encontrar la relación entre mi estado civil, los veinte interminables dígitos de la cuenta corriente, mi número de móvil, el crédito concedido que ni quiero ni necesito para nada y este tío tan buenorro que me está atendiendo. ¡Ay, si yo te contará…!

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A quien corresponda
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Mar y Cleo | 20-11-2016 | 09:34| 0

Querido Príncipe Azul:

Después de tantos años juntos he tomado una decisión, debería haberla tomado hace mucho tiempo, pero las decisiones importantes a veces necesitan desilusiones, realidades evidentes y fracasos contundentes. No sé muy bien cuál es la verdadera razón en nuestro caso, pero lo que es incuestionable es que tú y yo hemos terminado. Finito. Caput.

Sería muy fácil hacerte una escenita en la que todo fueran reproches, en la que te echara la culpa de todo, en la que te dijera a la cara miles de cosas; pero lo cierto es que así no iba a conseguir nada, para ti sería fácil reemplazarme por otra princesita ilusa que cayera en tu trampa de novelita rosa con final acaramelado y que tú, con sus lágrimas de desencanto, siguieras vivo.

Así que voy a hacer mía una de las mejores frases de ruptura que he oído jamás: “No eres tú, soy yo”. Pues sí, he sido yo la que te creé en mi infancia, y día a día desde entonces, te fui alimentando y dándote vida y poder. Como si fuera un hada madrina, te doté de maravillosas virtudes hasta convertirte en este asombroso hombre alto, guapo, simpático, sensual, fuerte, detallista, ricachón, elegante,…

Pero ese no eres tú, ese es el príncipe azul que yo fabriqué, y mientras te esperaba sentada pasaron por mis narices príncipes de todos los colores, pero ninguno era mi príncipe azul. Dejé escapar a verdaderos reyes del amor, del te quiero, del contigo hasta el fin del mundo; pero como no destilaban sangre azul, me daba la vuelta y miraba para otro lado.

Pero érase yo una vez una princesa que de pronto un día me miré al espejito mágico y vi que mi reino está iluminado por un magnífico arco iris del que brotan miles de colores dando vida y belleza a todo mi alrededor. Y desde ese día, la princesa de este reino ha aprendido que al verdadero amor no le puedo poner límites, que no hay nada como derribar barreras para que mi corazón se abra de par en par y una brisa fresca lo inunde y se lleve bien lejos las trabas que crecieron enredándose cada vez que me engañaba diciéndome: “Este no es, ni aquel tampoco”.

En una ocasión alguien me confesó:

-Yo no creo en los estereotipos, me impeden enamorarme.

Y ese fue el día en que decidí escribir esta carta, aunque lo cierto es que al final no la leerá nadie, y los dos lo sabemos, tú solo existes en mi imaginación y yo te voy a mandar de una patada directamente a la papelera de reciclaje y sin retorno.

Desde entonces me he convertido en la reina de mis propios dominios en los que cabalgo a mis anchas sin esperar a nadie, sin que un retrato robot me haga equivocarme y suspire únicamente por alguien que ilusamente me está predestinado. Ahora es a mí a la que me doy mis propias oportunidades, porque entre equivocación y equivocación, algún que otro buen rato me estoy llevando.

-Pero pondrás algún requisito, digo yo.

-Desde luego que sí. Uno solo, pero imprescindible. Que me quiera de verdad y hasta reventarnos, ¿te parece bien?

Reconozco que desde que he puesto en marcha este nuevo casting, me estoy comiendo muchas menos roscas, pero mi corazón está que se sale, mi piel vive con los pelos de punta cada día y mis sentidos no dan abasto, ¡que los tenía yo demasiado adormecidos con tanta sangre real!

Y me pregunto, ¿qué habría hecho yo con ese príncipe tan príncipe, tan alto, tan guapo, tan ricachón, tan… soso? ¿Acaso la sangre azul les dota de una potencia amatoria desconocida? Mucho me temo que la magia no llega tan lejos, que se queda más en el envoltorio, y lo que es peor, para mí que en lo referente al corazón y la entrepierna, el hada madrina no puede hacer mucho más.

Lo siento por los príncipes azules que aún pululan por alguna cabecita femenina, aunque más lo lamento por ese incauto que se cree que puede comerse una rosca ofertándose como príncipe azul, tenéis los días contados. El azul se os ha desteñido tanto, que más que príncipe sois una rana verde que ya nadie quiere besar.

Mi querido Príncipe Azul, después de tantos años juntos, tampoco quisiera despedirte así, de cualquier modo. A tu lado he aprendido que sin amor todo lo demás sobra; que sin sentirme amada, no quiero la compañía de nadie y que del amor nace el compromiso, sin que yo te lo tenga que pedir y tiemble por temor a tu respuesta.

Adiós Príncipe Azul, hasta siempre y hasta nunca, que en mi nuevo reino los colores son los que gobiernan mi corazón y el amor es el que corona la felicidad de mis sueños para que se hagan realidad. Adiós.

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Noche de luna satén
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Mar y Cleo | 13-11-2016 | 12:11| 0

Hoy no me ha sonado el despertador, y no es cosa del cambio de horario, es que a veces no lo puedo resistir, me rebelo contra el reloj y me escurro bajo mi edredón. Gimoteo y gruño: ¡Que yo quiero seguir soñando que acaricio la luna con las manos! Aunque para eso aún me quedan muchos escalones por subir, porque mira que la puñetera está lejos… Así que lo único que puedo hacer es bañarme en su hechizo, y aprovecharlo ahora que se nos avecina una luna gigante y que venga a vestir mi cuerpo de luz y convierta esta noche de luna satén en luna de miel.

Un café bien cargado y la radio de fondo, las noticas se mezclan con mis tostadas y tengo la sensación de que en este instante todo se para, incluso hasta la Tierra ha dejado de girar, creo que es como si la súper luna hubiera parado con su influjo los pasos de todo y espera a que me decida a salir a la calle parando a esos papás que persiguen a sus peques mientras corretean jugueteando, o aquellos que cruzan el paso de cebra perdidos en sus móviles, o esa pareja que se da la mano mientras se van juntitos a desayunar después de una noche de arrumacos cantando al amor.

Y es que la luna nos contagia romanticismo, nos ciega con pasiones y nos hace subir la marea revolucionando nuestros sentidos…

Entre Halloween y la luna llena, voy a acabar convirtiéndome en una loba algo lunática. Aunque tengo que admitir que un poco de lunática y de loba tengo, ¿eh? Aunque quizá dé un poco de miedo, reconozco que es un punto muy mío y que además tiene su encanto. Empiezo como un dulce corderito y luego soy de las que me quito las capas hasta que sale la loba que llevo dentro.

Tengo unas cuantas e inocentes luna-manías, como la de llevar conmigo siempre una piedra. Meto la mano en mi bolsillo y ahí está, la acaricio y me siento bien sabiendo que entre mis miles de cachivaches inútiles está por si la necesito. Es una piedra sencilla, brillante, suave como la piel de tu espalda y, mira qué cosas, me pasa como contigo, no la busqué, simplemente se cruzó en mi camino y sin saber muy bien para qué ni por qué, dejé que me atrapara. ¡Ayyy, si las piedras hablaran! Pero esta piedra guarda muy bien los secretos de mi corazón, sabe mirar en silencio la pasión de dos amantes jugando entre las sábanas, los besos con sabor a chocolate, las manos entrelazadas sujetando la respiración hasta que acaba la noche.

Cada vez que estamos en plenilunio saco mi piedra del bolsillo y la dejo dormir al resplandor de la luna, toda la noche, porque digo yo que ella también tiene derecho a  salir de su caparazón, liberarse y pasar las horas bailando desnuda bajo el cielo estrellado.

He de confesar que yo con la luna, aparte de ponerme tierna y romanticona, también me da un giro tan extravagante que me hace cambiar mi punto de vista del mundo, que no todo va a ser… ¡ya me entiendes!

Dicen que en las noches de luna llena se manifiestan poderes de criaturas extrañas; pues eso, yo sacaré los míos y dejaré hipnotizado a quien me dé la gana y… ¡a disfrutar! También dicen que en noches de plenilunio puedes tener sueños proféticos, pues qué quieres que te diga, yo los prefiero eróticos. Así que, a las que soñáis con príncipes azules, a los que soñáis con odaliscas haciéndoos la danza del vientre…. pues hala, a soñar, que soñar es gratis.

Hay otras leyendas que cuentan que es el momento propicio para atraer el amor y el matrimonio, pero queridas lunáticas, ¿para qué tanta complicación? Que es tiempo de que suban las mareas, que son noches de aullidos, de desenfreno y de pasiones iluminadas por ese indiscreto rayo de luna que se cuela por la ventana, que son noches de desvelos y caricias. Así que, ya dormiré yo cuando no haya luna, que esta no me lo pierdo.

Por eso, yo esta mañana me niego a despegarme de las sábanas, me niego a volver a poner los pies sobre tierra firme, no vaya a ser que llegue un soplo de aire inoportuno y se lleve las magias de las lunas llenas, porque yo me pienso dejar llevar, y es entonces es cuando cierro los ojos mientras sigo soñando con besos que no fueron un sueño porque aún están en mi boca, con carcajadas sobre la almohada, con muchas lunas llenas que se convierten en lunas de miel. Y mientras, le pido a las estrellas que el destino me mande muchos hechizos que me conviertan en loba de noche y en corderita de día.

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Ha comenzado la cuenta atrás
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Mar y Cleo | 06-11-2016 | 10:32| 0

Y cuando aún andan las cremas solares sin encontrar una esquina donde hibernar, de pronto el calendario, los anuncios y los escaparates empiezan a meterme presión, y en este ataque de ansiedad de la cuenta atrás presiento que, por mucho que intente impedirlo, a este año le quedan muy pocos telediarios.

¡Recuerdo qué largo y qué apetecible parecía todo en enero! La verdad es que nos pasamos los meses deseando que llegue un puente, que sea mi cumpleaños, que empiecen las vacaciones, que estrenen mi serie favorita, que por fin vengas a verme desde aquellas tierras tan frías como lejanas, que nieve o que salga el sol en el Caribe; pero lo cierto es que me temo que a los días también les han recortado minutos y horas, porque estoy más tiempo deseando que suceda algo que luego disfrutando mientras por fin pasa.

-¿Recuerdas lo largos que eran los veranos de nuestra infancia?

-¿Recuerdas que entonces las vacaciones las medíamos en meses y no por días hábiles?

Ahora que por las mañanas comienza el fresquito, rebusco en el cajón de las inútiles prendas de entretiempo, esas que cuando te las pones pasas calor y si no te las llevas te hielas. Y ahí está, como esperando el momento oportuno, lo arrugo, pero antes de hacer canasta con él, de pronto, siento curiosidad y lo estiro y veo esa letra tan mía de cuando me concentro y me esmero, redondita, con todas sus puntas y rayitas de niña bien:

“Este año pienso cumplirlo, no voy a permitir que nada ni nadie me lo impida. Este año mi principal proyecto soy YO y MI FELICIDAD.” Firma y fecha: enero del 2016.

Me acuerdo perfectamente el momento en el que lo deseé, no puedo negar que desde ese día ha habido un antes y un después en mi vida.

Confieso que también me propuse apuntarme a taichí, pero me temo que lo más parecido a ese propósito fue visitar el chino de mi barrio cuando los domingos me falta algo. Creía que por fin iba a dejar de comer palomitas como una posesa mientras me zampo varias temporadas seguidas de mi serie, pero en lugar de eso me he comprado un artilugio que hace las palomitas de profesional. Pensé que no se me iba a volver a olvidar los cumpleaños de mis amigas, estaba segura que lo de llegar tarde a las citas lo iba a mejorar o que bajo ningún concepto caería en la tentación de comprarme unos tacones nuevos para ampliar mi excéntrica colección. Pues no, lo reconozco, no he cumplido con ninguno de estos propósitos, me declaro culpable, no tengo palabra ni voluntad, pero es que me importa un carajo.

Vuelvo a leer el possit en el que hice mi declaración de intenciones hace once meses y me pongo a pensar y creo que por primera vez en mi vida he cumplido con un megaproyecto que me impuse. No recuerdo haber soltado ni una sola lágrima en todo este tiempo, duermo a pierna suelta y cuando no lo hago es por una buena causa, me miro al espejo y me trato de tú con la que en él se refleja, y además entre nosotras no tenemos nada que reprocharnos. Es curioso, hay veces que me pillo desprevenida y me descubro una sonrisa que nace en el alma y se pinta en mi cara, no necesito que me digas que estoy guapa, porque no hay nada mejor que sentirme preciosa para saberme guapa.

Aquel día que escribí mi propósito del año firmé un acuerdo de buenas intenciones, hice las paces conmigo misma y de aquel apretón de manos ha nacido esta mujer feliz, soy una mujer que sabe lo que quiere, pero sobre todo, he aprendido a hacerle la cobra al que pretenda cruzarse en mi camino para nada bueno.

En este tiempo he tenido la suerte de compartir mis ilusiones con los que sois de verdad, que los virtuales están mejor donde están, en la nada. Sé que aún me queda un tiempito para que se cumpla del todo mi propósito, sé que aún me quedan más días para seguir descubriéndome, porque dentro de mí hay mucho por revelar. Sé que queriéndome a mí, también te quiero a ti, encontrando la felicidad dentro de mí, no necesito buscarla dentro de nadie, por eso juntos somos felices.

Pues sí, esta vez he cumplido mi plan del año, es lógico, a propósitos efímeros, éxitos fugaces; pero cuando se aman los proyectos, los resultados conseguidos son los deseados. De aquí a fin de año pienso tener y cumplir un plan para cada día y escribirlo en un possit cada mañana. Y por cada uno que cumpla, voy a regalarle un beso a mi corazón. Para hoy tengo planes, pero mejor me los guardo, aunque no te vayas muy lejos, que igual te sorprendo.

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Ni trucos ni tratos
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Mar y Cleo | 30-10-2016 | 18:51| 0

La verdad es que soy muy poco amiga del lío este en el que nos han metido de Halloween, que a mí eso de los fantasmas, las apariciones y los esqueletos sangrantes me da bastante miedo y muy poco de risa. Aunque en el tema de las brujas no estaría mal que solo vinieran a visitarnos ese día, porque hay algunas que no se bajan de la escoba en todo el año y de vez en cuando te largan una maldición de sapos, culebras y hechizos malvados, que después, en más de una ocasión, en qué me he visto para levantar cabeza y salir del influjo de sus malas artes.

Aunque tampoco es cosa de olvidarnos de todos esos que van de fantasmas y arrastran sus cadenas sin importarles en qué fechas estén, que ellos con tal de fanfarronear de lo que, por supuesto, ni tienen ni podrán tener nunca, hacen lo que sea.

-¡Truco o trato!

Los primeros años me pillaron desprevenida los chiquillos de mi barrio cuando me aporreaban a la puerta y yo, incauta de mí, la abría toda preocupada pensando que algo grave sucedía y me encontraba con una pandilla de monstruos, dráculas y niñas exorcizadas con las manos extendidas y gritando todos a una.

Nunca supe realmente qué era peor, pero lo que sí aprendí fue a tener un buen arsenal de chuches para esa noche por temor a que mi puerta acabara señalada y de verdad vinieran los malos espíritus a merodear y terminara yo en vela y sin tener a quién abrazarme en busca de refugio.

Pero si he de elegir, está clarísimo que entonces el truco lo hago yo, que no estoy ya  como para que me anden engatusando con cualquier engañufa de tres al cuarto, que algo he ido aprendiendo día a día y de algo me valdrá la experiencia que llevo en mis tacones.

¿Y trato? Pues aquí tengo que admitir que de más de uno y de más de dos de los tratos que he hecho en mi vida he salido trasquilada, que aquí el que no corre vuela y donde te dije digo, digo Diego y al final si te he visto no me acuerdo, y después qué, pues eso, que la culpa la he tenido yo por no poner el ojo y la puntería en el mismo sitio, que el problema no está en el trato, sino en con quién trato. Por eso, ahora afino más y mis tratos los hago mirándote a los ojos y apretándonos las manos y así se cierra un acuerdo, mientras que queda en juego tu honor y tu dignidad.

Pues ya está, este año voy a ser yo la que va a ir aporreando las puertas que a mí más me convengan. Aunque hay una cosa que tengo bien clara, hay algunos muertos que no pienso resucitarlos. Aquellos que yo me sé, aquellos que enterré bien enterrados, y hasta bailé un zapateado encima de su tumba, porque, lo reconozco, algunos desenamorados cuando pasan a mejor vida y les lloras hasta vaciar, pues hasta me da gustirrinín y así termino por borrarlos de mi corazón, de mi móvil y de mi memoria, no vaya a ser que se me vuelvan zombis y se me aparezcan cuando menos los necesito. Lo dicho, a mis cadáveres del pasado que se los lleve el karma a otras vidas, que en esta, conmigo, ya cumplieron todo lo que les correspondía.

Así que, voy a elegir muy bien y con lupa a ver a qué puerta voy a ir a tocar:

-¿Juegas a Halloween?

-…

-¿Cena o desayuno?

De un plumazo quedan descartados todos los que elijan la cena por poco espabilados, porque para mí que estos han confundido el postre de la cena con otra cosa, y sabes qué, pues que para eso no necesito yo que sea 31 de octubre, que el año tiene muchas cenas y ya elijo yo con quién ceno, con quién postreo y con quién pierdo la razón y hasta el apellido, si es que viene al caso.

Pero el que me diga desayuno, ese de tonto no tiene un pelo, de fresco, si lo tiene, ha sabido disimularlo, pero de dejarse llevar y de conocer el alma femenina, va bien servido. Nunca sabremos si la cita va a comenzar en un desayuno o, por el contrario, es en lo que va a finalizar. Yo por mi parte, pienso ir preparada para lo que el destino me depare. O quizás deje que la vida me sorprenda, porque ¿y si termino desayunando como aquella que se detenía cada mañana delante de Tiffany llena de glamour?

¿Truco o trato? ¿Desayuno o cena? Lo cierto es que todas son la misma cara de la moneda, de esa que día a día lanzamos al aire con la ilusión de amar o ser amados sin necesidad de tratos ni trucos que nos lleguen del más allá.

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Mancha de mora, con mora verde se quita
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Mar y Cleo | 23-10-2016 | 09:30| 0

Tengo una amiga que ha colgado en su corazón el cartel de “Cerrado por defunción”, y no es que se haya quedado viuda, qué va, su otra parte está vivito y coleando, incluso coleando más de la cuenta, para que se me entienda. Pero ella, en cambio, tiene de luto el ánimo y la mirada. Y cuando salimos juntas no hay más tema que su desamor, ni más sentir que su pena, y la entiendo; pero es que yo siempre he sido muy fan de aquello del: “Mancha de mora, con mora verde se quita”.

-¡Huy, qué va! Quita, quita, solo de pensar que me toque uno es que se me eriza la piel.

Y yo la escucho, pero también me río por dentro, porque yo sé muy bien que como venga uno que le entre por los ojos… le da un orgasmo de autoestima y se acabaron las llantinas y los bajones del viernes noche.

-La verdad es que lo único que necesito es un poco de paz, que me he quedado muy tocada, no creo que lo pueda superar jamás. Vamos, que a mí ni se me acerquen, porque desde luego, apetito amoroso no tengo ninguno.

Y me quedo pensativa, porque realmente no sé si es verdad lo que me cuenta, o me lo está diciendo con la boca pequeña. Yo creo que en el fondo le encantaría echar una canita al aire, aunque ella no lo sepa, que digo yo que después de tantos años tan formalita igual descubre otra mujer dentro de sí.

Y me pongo a pensar e intento recordar si en alguna etapa de mi intensa vida yo he sufrido de anorexia sentimental, rebusco en mi historial por si en algún momento he perdido mi apetito amoroso, y oye, que me temo que esa medalla es de las pocas que nunca me he puesto en la pechera. Y además, digo yo, ¿qué gano negándome a amar o a ser amada? ¿Qué parezco así, una estirada melancólica o una tonta por desaprovechar la única vida que tengo?

Y como la veo tan mal y tan desanimada, le invito a un paseo a ver si se anima un poco, que le ha dado por estar depre y sabes qué, que nadie se merece nuestra tristeza. Salimos a la calle a que nos dé el fresco otoñal y el calorcito de unas marineras con unas cañitas bien frías. Y a las cervezas le siguen unos vinitos, y los vinitos se rematan con unos chupitos, y cuando las penas están ya un poco ahogadas, sale lo mejor de cada una. Reconozco que la boquita pequeña de mi amiga se va haciendo más grande, los ojitos de pena brillan con una chispera de lo más resplandeciente y las lucecitas del whatsAap de su móvil adquieren vida propia, y venga mensajes que van y vienen, hasta que por fin me enseña que la vibración de su teléfono tiene cara y nombre y hasta intenciones. Se acabó su anorexia amorosa, ahora toca vivir llena de ilusión, reír como una quinceañera y comprarse unos vaqueritos rotos en la planta juvenil. Hermosa y envidiable etapa esta, nada desdeñable, por cierto.

Me alegra saber que mi teoría del “No estoy para nada” es cierta, esa es la frase más falsa que pueden pronunciar los labios de una mujer, es más, creo que no se la cree ni quien la dice. Lo cierto es que para quien la escucha, si no es muy experto en estos asuntillos del querer, despierta cierta lástima hacia esa alma en pena. Pero digo yo, ¿quién quiere que se le tenga pena, pudiendo tener pasión desenfrenada?

Pensándolo bien, en lo que sí que creo es en la otra cara del desamor, sobre todo si eres tú la dejada, abandonada o cambiada… Y entonces se puede desencadenar una bulimia amorosa, y oye, que hay veces que no viene mal darse algún que otro atracón, que cuando el ánimo anda cabizbajo y nos hemos fundido ya el crédito del mes, un buen repaso de vanidad femenina gratis, viene requetebién. Aunque eso sí, cuidado con los atracones que ya se sabe lo que pasa con la bulimia, que luego llegan los remordimientos y da por echarlos fuera, y tampoco es plan desaprovechar así los regalos de la vida.

Pues eso, que cuando alguien me suelte eso de: “No quiero nada de nada”, una de dos, es que la puerta de atrás no se ha cerrado y en cualquier momento hay un “Aquí estoy otra vez”, y donde hubo fuego quedan brasas; o es que se hace la interesante y así su valor de cotización se multiplica por cien. Yo, por mi parte, no pienso subirme a ninguno de esos carros, que a mí tanto postureo me tiene agotada, lo confieso, soy adicta al amor y si para enamorarme me tengo que desenamorar, pues a comer moras verdes, que el remedio funciona.

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Es que ni me lo planteo
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Mar y Cleo | 16-10-2016 | 09:35| 0

Yo sé de uno que siempre me dice que no se fía ni de su sombra, pero yo, en cambio, siempre he sido de las que van por la vida pensando que todo el mundo es bueno. Así que mis amigos, amantes, novios o pretendientes tienen mi total confianza porque me niego a vivir en alerta constante pensando en dobles vidas, así que a mi amigo decidí dejarlo por un exagerado.

Pero es que un día me di cuenta de que si entraba en el juego de desconfiar de todos, llegaría un momento que, de tanto andar calentándome la cabeza imaginando situaciones, palabras o mensajes, iba a perder la sesera. Y además yo sé que si me dejo se me calientan las ideas más de la cuenta y me entra un tole tole de padre y muy señor mío, y no estoy para este estrés sin sentido.

Cuando se lleva algún tiempo en el mundillo del “estoy disponible ¿y tú?”, y además has tenido la suerte de rodearte de muchas clases de amigos y amigas, inevitablemente, se acaba escuchando tantas y disparatadas historias, que llega un momento que es fácil darse cuenta de que no es oro todo lo que reluce y, de pronto, dejas de poner la mano en el fuego, incluso hasta por uno mismo, porque tanta quemadura te hace espabilar sí o sí.  Lo bueno es que aprendes truquillos de cómo actuar, cómo sonreír o cómo mentir; porque ser infiel es todo un arte y no es cosa fácil y no hay mejor máster para aprenderlo que la vida misma, aunque yo sigo sin graduarme en la traición.

-¿Vas a cerrar los ojos? ¿Tú permitirías que tu chico te pusiera los cuernos?- me pregunta una amiga toda indignada y más  sabiendo que soy de las que voy de frente ante todo.

-Pues mira lo que te digo, yo de momento y, así de primeras, lo único que pido es no saberlo, solamente quiero sentirme feliz a su lado y que me haga vibrar por dentro y por fuera.

-¡No me lo puedo creer! ¿Cómo es posible que tú digas eso? ¿Tú, que has sido mi ídolo en estos asuntos y que te las has dado de que a ti no te los iban a poner nunca porque antes lo descubrirías y lo mandarías a tomar viento?

-Lo digo precisamente por eso, porque sé que, más pronto que tarde, te la pegan. Todo es cuestión de que se presente la situación, que un día te cabrees con él, que te vayas de  viaje con unas amigas, que digas que te duele la cabeza…. Y oye, pues va y resulta que, casualmente, le surge esa realidad que él no buscaba, pero…, y la noche le confunde, se le cruza el bajón, bla, bla, bla y… zas.

-Jamás aguantaría yo una relación si desconfiara de mi pareja, no podría estar con él.

-No me has entendido. Yo, ni me fío ni dejo de fiarme, simplemente no me lo planteo, simplemente soy feliz.

Lo curioso es que este asunto pasa de época en época, de siglo en siglo, y nada cambia y hasta creo que ni cambiará… ¡Ay de esas sospechas, desamores, penas y alegrías! ¿Alguien se le ha ocurrido una solución contra los ataques de celos o una pócima para estar libre de la tentación de ponerle los cuernos a la otra parte de la parte contratante?

Al final no me libro y aquí estoy dándole vueltas al tema y me encuentro con un amigo en la barra de un bar, qué mejor sitio para que salgan las verdades verdaderas, y  le planteo mis dudas:

-¿Qué tiene que hacer una mujer que no se fía de su pareja? ¿Se lo dice? ¿Se calla y lo espía? ¿Le pone los cuernos ella por si acaso se los pone él?

Mi querido consejero me escucha y me suelta con calma que no hay que llegar a extremos, que lo mejor es hablar las cosas, pero claro, ¿a ver con qué cara llego yo y le digo a mi pareja?

–Oye mira, que como no sé si te has ido con otra, o no sé si te estás planteando irte con otra, y como tampoco sé si un día te irás con otra…, pero por si las moscas quiero que sepas que no me fío un pelo de ti, porque sé que me la vas a hacer antes o después, así que, visto lo visto, lo mejor es que lo dejemos.

Por eso, yo me quedo en mis trece y tengo claro que voy a seguir fiándome de todos menos de mí, claro. Y pienso vivir sonriendo y vibrando y, sobre todo, disfrutando de cada instante sin calentamientos de cabeza ni tormentos, porque total, para qué, ir por ir es tontería. Yo me quedo con eso de ser feliz, porque ojos que no ven, corazón que no siente.

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¿Y ahora qué hago?
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Mar y Cleo | 09-10-2016 | 09:05| 0

Con esto de Internet, ya no tengo excusas para no hacer las cosas correctamente porque hay tutoriales para esto, para lo otro y para lo de más allá también. Así que lo busco en Internet y listo. Hay veces que pienso que si lo que quiero no está en la red, entonces es que no existe. Yo, que soy muy de libro de instrucciones, tengo en mi biblioteca de todo: bricolaje, cocina, jardinería, costura… incluso uno que robé de casa de mis padres sobre sexualidad por la añoranza que me traía de una juventud a escondidas y que, llena de sorpresa después, encontré lo poco que coincidió con la realidad que tuve el placer de descubrir. Eso fue en la era previa a las nuevas tecnologías, aunque creo que también fue un buen aprendizaje.

Lo cierto es que me he pasado la vida aprendiendo a ser la mejor, luchando por conseguir salir exitosa y recoger siempre los premios. ¿Y cuando el premio es una patada en el culo? ¿Qué hago? Pues entonces me da el bajón, el mal rollo y la mala leche, todo a la vez y sin excepción. Y me dura mucho más que a Sabina, y me enredo en mi pena y hasta que no toco fondo no hay quién me saque de allí. Y digo yo, ¿no habrá en You tube algún tutorial gracioso que me enseñe a salir también con éxito de los fracasos amorosos?

Veamos, voy  a echar un vistazo que seguro que de los tropezones de otros también tengo mucho que aprender en vez de tanto Internet. ¡Necesito un manual de supervivencia del adiós!

Pues ahí tienes a los famosos, un viernes por la noche nos cuentan lo apenados que viven por la ruptura y al viernes siguiente nos toca ver, a golpe de talón, lo maravillosamente enamorados que están de uno nuevo. Vamos, que es lo mejor que les ha pasado en la vida. En fin, a rey muerto, rey puesto, y todos tan contentos.

Y si nuestro ánimo no está para renovar el fondo de armario tan rápido, siempre nos queda un ratito de venganza que tanto bien hace. Y ahí está él, ese que un día lo hubiera dejado todo por mi amor, y al día siguiente fue a mí a quien dejó y encima me por whatsApp. En ese instante lo tuve claro, tan solo tocaba esperar a que el arrebato se me pasara, porque eso sí, la venganza se sirve fría. Y no tardé demasiado, el destino quiso que compartiéramos espacio, techo y barra de bar él, yo y su recién estrenada acompañante. Numeritos de celos… ¡ni pensarlo! Realmente lo que estoy es muy agradecida y así se lo comuniqué a la interesada… Con mi mejor sonrisa me acerco a los dos, a sabiendas además de que con tanta pena he perdido algún michelín que me sobraba y se me ha quedado tipo bombón. Saludo con los dos besos de mejilla obligatorios, pero cuando llego a ella, le abrazo mientras que al oído le doy infinitas gracias al mismo tiempo que en un susurro le cuento un par de detallitos que seguramente aún no conoce de su flamante conquista. Ella abre los ojos tanto que casi se le salen de las órbitas y reprime, como puede, una carcajada mientras repasa con la mirada ciertas partes del cuerpo atlético de su chico. Entonces me giro y le digo a mi ex-amor:

-¡Gracias Dios mío por lo que me das y por lo que me quitas…!

Pero hay algo con lo que nunca he tenido las cosas claras, porque como yo soy tan de sentir muy a flor de piel todo eso de la honra y la dignidad femenina, pues entonces me invade la duda si devolver o no los regalos, no sea que ponga en peligro mi reputación de mujer del siglo XXI. Ante dudas tan existenciales, como esta, tengo a mi amiga consultora de la que me fío cien por cien:

-¿Qué hago, le devuelvo el anillo y me hago la estirada o me lo quedo, que se fastidie por haberse ido y yo, así al menos, tengo algún recuerdo de nuestro amor?

Entonces ella me mira, le da una calada al cigarro, y mientras el humo sale lentamente me da una lección magistral:

-Jamás he odiado tanto a un hombre como para devolverle los diamantes.

Es posible que la vida me tenga guardados muchos éxitos, quizá consiga triunfar en lo que me proponga, seguro que en muchas de esas victorias los tutoriales de Intenet, You tube y miles de truquillos tecnológicos me van a ayudar, pero no pienso cambiarlos por la sabiduría de una buena amiga y, sobre todo, por la de mis propios tropezones porque esos son mis mejores maestros, por cada patada que recibo en mi trasero yo cojo impulso y llego más lejos de tu pie, pero más cerca de mi éxito.

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Jamás un otoño duró dos primaveras
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Mar y Cleo | 02-10-2016 | 08:44| 0

Los anuncios se empeñan desde hace tiempo, los escaparates insisten con tesón y ahora el calendario se impone, pero como a mí no hay quién me gane cuando me obstino en algo, mi cuerpo, mi mente y mi yo seguimos en verano y no pienso darlo por terminado hasta que a mí me dé la gana. Por eso, la naturaleza y los dioses se han aliado conmigo, no me llevan la contraria y me regalan atardeceres deliciosos y días de luz inmensa para que mi bronceado siga dorando mi piel y tus ojos se deleiten con cada palmo de mi cuerpo que asoma sin miedo, porque las chaquetas y los pantalones los tengo castigados sin salir por un largo tiempo.

Sé que tarde o temprano va a ser imposible seguir saliéndome con la mía, que jamás duró un verano dos primaveras, pero es que yo aún estoy en periodo de adaptación laboral y solo me falta que encima tenga que acomodar también mi armario y mi piel, todo de una vez.

Abro el maletero de mi coche y ahí sigue ese puñado de fina arena que durante estos últimos meses ha ido formando su propio ecosistema. En mis uñas brillan colores chillones y los biquinis se niegan a entrar en el cajón del “hasta el año que viene”. Y no voy a ser yo la que diga lo contrario.

Pero si hay algo que la vida me ha enseñado es que no todo es eterno, aprendí a aceptar la fecha de caducidad, y por eso yo soy tan de vivir cada momento a tope. Pero es que, por mucho que no queramos aceptar la realidad, sé que dentro de poco cambiaré mis sandalias por botas y mis minivestiditos de colorines por el forro polar, aunque mientras sí y mientras no, sé que no me he perdido ni una ola en la que retozarme muerta de risa ni he dejado que en ningún chiringuito se bailara sin que mis caderas fueran las que marcaran su ritmo. Y miro las tardes con prisa, porque cada vez son más cortas, y me asomo a la ventana y me deleito con mi árbol favorito, ese que me avisa de que el tiempo pasa, ¡pero qué linda sombra me has dado bajo la que leer horas y horas!

Vale, lo acepto, pero fue bonito mientras duró… ¿Pensará lo mismo Angelina? ¿Realmente fue tan maravilloso?

-No nos queda mucho para enterarnos, ya verás.

-A ver cuánto tardan en sacar los trapos sucios escondidos durante su eterno e idílico romance.

-¡Qué poco duran los amores eternos!

Si es que por muy que nos las demos de “civilizados”, cuando entre tú y yo cae el otoño, no hay nada mejor que prepararse para un cálido invierno, bueno, más bien para un invierno de lo más caldeado.

Mosquear a una mujer puede resultar peligroso, pero cabrearla es poner en marcha un torbellino arrasador, un campo de minas y un bumerang atómico. Querido Brad, búscate una buena trinchera porque me da en la nariz que este irreconciliable enfado de la amiga Jolie va a dejar sin escala de Richter al terremoto que se te viene encima.

Ahora empezaremos a oír lindezas del tipo: “Y tú más”, para que el otro lo arregle respondiendo: “Pues anda que tú…”, y así queda declarada la guerra de fuegos cruzados sin pipa de la paz de fondo. Aquella famosa guerra de los Rose de entonces, se ha actualizado, ahora tenemos la batalla de los Brangelina.

Aquí el que más o el que menos ha tenido su otoño amoroso. Algunos afortunados se saltaron el invierno y lo resolvieron con una dulce primavera superando la crisis del entretiempo. Pero luego estamos los terrícolas, los que en aquel otoño quisimos pimaverar, pero salimos escaldados tomándonos el turrón de aquel invierno de espaldas. Mientras que con una mano nos secábamos las lágrimas por la pérdida del amor, con la otra tiramos de la cuerda para no vernos con el corazón partido y encima con una mano delante y otra detrás, y ya está el lío montado:

-Este libro, esta tele y aquel sillón es mío y me los llevo.

-Sí, pero el cable de la tele lo compré yo.- Y de un tirón me encuentro con una tv inservible y que, además, ni me cabe en el maletero del coche porque ya  está repleto con mi dignidad innegociable, con más ganas de gresca y con un “esta me la pagas”. Claro que si el reparto hubiera sido una mansión por allí, un yate por allá… seguro que la televisión la hubiera voleado por la ventana con cable o sin él.

Es cierto, los días se acortan, el calor se va y las flores hibernan, pero mi sonrisa sigue brillando como el sol de agosto, que no hay otoño que pueda conmigo ni con mi corazón.

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Yo y mis condiciones
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Mar y Cleo | 25-09-2016 | 09:06| 0

Muy joven hay que ser para no haberte matriculado en el grado de ex en alguna ocasión, me temo que pocos son los que aún no han alcanzado tal titulación. Y yo, como no voy a ser menos, reconozco que puedo presumir de poseer dicho diploma en mi currículo, aunque con cierta reincidencia, lo que no sé si es bueno o malo, pero lo que sí estoy segura es que soy una experta en exs, o eso me creía yo hasta hace bien poco.

De vez en cuando me surge el aburrimiento y, sin darme cuenta, me encuentro trasteando el móvil. De ajustes y tonos de notificaciones me paso a galería y borro miles de chorradas, después me salgo de grupos que están en hibernación, me embeleso curioseando los perfiles y los estados de mis contactos… ¡cuánto cursi hay por el mundo! Y me enredo toqueteando todos los botones que me encuentro hasta que se me calientan los dedos y ya es que ni sé a lo que le estoy dando.

-Si es que el aburrimiento es más peligroso que malo, ¿a ver ahora qué hago?

-Anda que no había gente al que hacerle una llamada perdida… ¡vas y le pinchas a él!

Y en menos de un plin recibo su mensaje: “¿Te has equivocado o me has leído el pensamiento? Qué bonita equivocación. Ya solo queda verte para sentirme del todo feliz.”

Y de tanto leerlo me lo sé de memoria. Y lo releo y se me amontonan las sensaciones, se me cruzan las intenciones y se me paralizan las decisiones. Y yo, que soy muy de tener las cosas claras, va a ser todas menos esta. Y le doy vueltas:

-Total un café, nos ponemos al día y para la cena ya estoy en casa. Pero para qué, a ver de qué vida me quiero poner al día si él ya no está en mi vida. ¿Y si voy y por mucho que quiero pasa lo que pasa y para la cena no estoy de vuelta? ¡Socorro, gabinete de crisis! ¡Que alguien me ayude!

Y reenvío el mensaje al grupo de mi chupipandi, esos mismos que en su día me ayudaron a convertirme en la ex del autor del whatsapp. Espero sus respuestas y de pronto siento que ha sido peor el remedio que la enfermedad:

-Dile que SÍ. Seguro que es lo mejor de todo lo malo que te pueda pasar.

-NO y NO. ¿Es que quieres volver a todo lo anterior, a todo aquello que te hizo sentir mal y que prometiste nunca más? No, es no. ¿A ver qué parte del no, no entiende?

-¡Bah, ni contestes! La ABSTENCIÓN es la mejor opción en estos casos, y a ver qué pasa después. Igual tu silencio le hace mover ficha y así por lo menos sabes de qué palo va, no vaya a ser que con un sí se crea que estás loca por él o con un no te encuentres en el mismo punto y te arrepientas del portazo y no puedas después desandar lo andado.

¡Madre mía, yo que soy muy de decir que sí…! Pero es que claro, tampoco es cosa de aceptar sin negociar condiciones, que a mí este no me la vuelve a colar y de pronto me vea otra vez metida en uno de sus líos y a ver quién es la guapa que después reclama lo que previamente no se ha pactado.

Si es que así no hay manera, el puñado de amigos que apoyan que diga que sí, no son tantos como los del no y los de la abstención; pero lo cierto es que no puedo seguir así con este desgobierno mío durante tanto tiempo. Ya sabía yo que esta sequía en la que estoy metida desde hace meses me va a costar muy cara al final.

Recuerdo cuando estas situaciones se solucionaban deshojando una margarita, con un hacerse la interesante un par de veces… ¡ay, qué tiempos aquellos! Ahora es todo mucho más complicado, porque perder mi estatus de ex tiene su peligro, porque si esto sale mal, entonces habré conseguido un nuevo galón en mi pechera: ex de ex.

Yo sé muy bien lo que me pide el corazón, otra cosa es que mis dedos le hagan caso y se calienten delante del teclado del móvil. Aquí no hay un sí, ni un no, ni un todo lo contrario. Aquí lo que hay son muchas ganas de vivir, muchos deseos de ser feliz, demasiadas ansias de querer y ninguna intención de permitir errores del pasado. No soy yo la que tiene que decidir, es él, en su condición de ex, el que tiene que saber que un sí, le compromete a cumplir; un no, le posiciona sin retorno y una abstención, le da paso a un futuro indefinido. Pero eso sí, yo y mis condiciones siguen en el mismo punto y somos innegociables.

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Hasta el infinito y más allá
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Mar y Cleo | 19-09-2016 | 15:14| 0

De pronto me he dado cuenta de que estoy metida en una espiral en la que, en vez de ir para arriba y salir disparada como una bala, cada vez me meto más hasta el fondo dejándome llevar. Sí, ya sé que siempre he sido una mujer libre, fuerte, independiente y bla, bla, bla…, pero qué quieres que te diga, a cualquiera puede pasarle, ¿o no te has sentido nunca como un remolino de agua en el desagüe del lavabo? Pues yo me ahogaba y me he mirado al espejo y he descubierto que lo que me está pasando está claro:

-Quiero sentir y no puedo, quiero querer y no puedo, quiero hablar y no puedo, quiero desear y no puedo.

Pero como siempre me dice una amiga:

–La suerte camina a tu vera y, si la dejas, cuando parece que nada va a tener solución, te pasa algo, y todo se desenreda para arreglarse.

Igual está en lo cierto, pero claro, la suerte necesita una oportunidad, porque si me pongo de espaldas, lo único que puede pasar es que me den donde no espero y ni lo vea venir. Quien llama a la suerte la atrae, pero si llamas a las desgracias, recuerda que esas se aprenden el atajo, llegan antes y luego no hay narices de echarlas.

Cuando estoy nerviosa me da por hacer lo mismo que hacía mi madre y me pongo a arreglar los armarios, a colgar bien la ropa e incluso a ordenarla por colores si hace falta, así que mis pies me han llevado hasta ahí y lo abro, y mientras estoy perdida entre trapos encuentro una bolsa y en ella aparece arrugada aquella vieja camiseta negra, con los hombros al aire y, para qué negarlo, con un escote que me llegaba hasta más abajo del canalillo. Supongo que la metí ahí para olvidar algunas noches de farolas encendidas y madrugadas después de fiestas y saraos, noches que siempre volvía a casa sola con triunfo o sin él, pero con ganas de dormir a pierna suelta y, por supuestísimo, con la idea clara de que no cogería ninguna llamada de números desconocidos, porque yo a veces me paso de sociable y acabo dándole mi número de teléfono a más de uno y claro, algún que otro incauto se iba tan contento pensando que había hecho la conquista de la noche. Pero vamos, ni por asomo se lo pensaba coger, que tengo claro que la noche confunde y a mí los amores de barra no me van, mejor que se queden en la misma barra donde surgieron, que con esa carga extra de autoestima varonil con la que se va a su casa ya tiene bastante.

Me acerco la camiseta a la nariz, aspiro todo lo fuerte que puedo cerrando los ojos e intentando traer a mi memoria imágenes y sensaciones de dulces momentos. No me puedo resistir y me la pongo, desnudo mi cuerpo y compruebo más que satisfecha que aún me viene… se ve que tanto brócoli, alcachofas y kiwis están haciendo su papel. Y estoy bella. Sin poderme contener rebusco por las cajas y encuentro aquellos gastados zapatos de tacón, los únicos capaces de aguantar horas y horas bailando sin pasar factura. Me subo a ellos y así, como si la varita mágica de un hada madrina fuera, la espiral de mis desilusiones sube y baja y comienza a esfumarse, mi piel empieza a llenarse de luz y, justo en ese momento, tomo una decisión:

-Voy a darle una oportunidad a la oportunidad. Voy a darme una oportunidad.

Busco en la agenda de mi móvil y lanzo una de mis convocatorias:

-¡Princesas del día y de la noche! Os convoco a una cena como las de antes, esas en las que hablábamos todas a la vez, donde las risas son el aperitivo y el postre, donde lo único que importa es pasar un rato juntas, donde hacemos que hasta el camarero se ponga colorado con nuestras conversaciones y terminamos brindando y bailando por la amistad.

Y de pronto, me pongo de puntillas sobre mis tacones y miro hacia adelante, hacia el infinito, hacia mi futuro, y ahí está esa oportunidad esperando a que le haga un guiño de complicidad. Jamás han venido las oportunidades desde el pasado, ni desde una camiseta olvidada, de allí ya no quiero nada. Pienso vivir la vida hasta el infinito y más allá.

Dicen que no hay nada mejor para arrancar de nuevo que empezar de cero, limpiar, desinfectar y volver a amueblar y así lo hago y, si te soy sincera, funciona, porque sin necesidad de nada ni de nadie, he vuelto a ser feliz y a estar en paz.

Ahora si quiero, hablo; si quiero, amo; si quiero, deseo; y, para colmo, he vuelto a dar mi número de teléfono… ¡pero esta y otras historias forman parte de mi oportunidad!

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G69
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Mar y Cleo | 11-09-2016 | 10:25| 0

Hay que ver qué disgustos más tontos me llevo yo sola, a este paso voy a tener que abstenerme, ¡uy, qué palabreja tan peligrosa! Bueno, a lo que iba, voy a tener que dejar de ver, oír y leer las noticias, porque oye, que no puedo evitar cogerme unos mosqueos de padre y muy señor mío.

¿Pues no va y resulta que un puñado de peces gordos se juntan como si fueran los mismísimos Reyes Magos de Oriente y se ponen muy estirados ellos a tomar decisiones sobre el crecimiento? Así, sin más, sin llamarme a mí, sin contar con mi opinión, sin que les importe un pepino lo que yo tenga que decir al respecto, y oye, que yo de crecimiento sé y mucho.

Lo primero de todo, y lo que me dio que pensar, es ese nombrecito que se han puesto: G20, pero es que ni para crear un grupo de whatsApp sirve, a no ser, claro, que esa G, ahí puesta sin ningún fuste, quiera decir otra cosa, y ya puestos así, casi que vería yo más entendible llamarlo: G69, al menos la cosa tendría más morbo…

Me gustaría que alguien me explicara si ese puñado de estirados y trajeados saben algo de crecimiento que no tenga que ver con los números de sus cuentas corrientes, que de eso estoy segurísima que son los más expertos del mundo en hacerlas crecer. Pero es que yo, que me considero una mujer con los pies en la tierra, aunque a veces mi corazón esté en la luna y mi cabeza ni se sabe dónde, con el tiempo, los sustos, los síes y lo noes, me he hecho una especialista en estos asuntos de crecimiento, y no me refiero yo al físico, que en ese a mi edad es más fácil crecer a lo ancho que a lo alto, y además yo para eso ya tengo mi colección de tacones y que la distancia entre tú y yo nunca sea un obstáculo, o sí.

Si hay algo que los años me han hecho, ha sido tener las cosas cada vez más claras, aunque lo cierto es que no he llegado a este nivel experta de la vida de la noche a la mañana, qué va.

Hace unos meses coincidí en la misma dimensión espacio temporal, es decir, bajo el mismo techo, con uno que yo me sé. Desde que dejamos de ser lo que fuimos, no me lo había vuelto a cruzar y, es más, algunas veces me había hecho la pregunta de cómo reaccionarían mis por adentros el día que se diera la situación. No sabía si lo deseaba o si temía no saber estar en mi sitio, aunque no sé muy bien cuál era mi sitio dada mi inestabilidad emocional hacia el caballero en cuestión.

-Y pasó. Y ahí estaba él. Y ahí mismito estaba yo. Y entre él y yo había tan solo veinte pasos sin aliento, dos miradas de reojo para no confundir mi imaginación con la realidad y el tiempo justo entre aquel adiós y este hola, para helar mis sentidos y frenar mis impulsos de otras épocas.

-¿Y qué pasó?

-Nada. Castigué todos sus pecados del pasado con el actual látigo de mi indiferencia.

Puede que a él le diera lo mismo, o no. Puede que él también me castigara con su indiferencia, o no. Pero lo que sí estoy segurísima es que yo me sentí muy bien conmigo misma porque me di cuenta que soy dueña de mí y de todos esos impulsos tan míos que siempre me han dado más arrepentimientos que satisfacciones. Ya sé que esta sensación de acertar conmigo misma no me la he currado yo solita, con algún que otro consejo sabio de los que de verdad me quieren y, entre libro y libro de autoayuda, he llegado hasta aquí. Por eso, y por mucho más, me da tanto coraje que estos peces gordos del malabarismo mundial se quieran adueñar de la maestría del crecimiento universal y además osen darnos lecciones desde China, ¡anda que no les queda a ellos nada por aplicarse!

Así que yo, desde aquí, me proclamo experta en crecimiento, y del que de verdad importa. Sobre todo porque cada día estoy más alta, pues sí, uno está como se siente y así me siento: más guapa, más maravillosa, más cerca de mis amigos y más lejos de los que no lo son, más coherente conmigo, con mi cabeza y con mi corazón. En resumen, que me siento tan de puta madre que me niego a que me den lecciones de nada desde la China mandarina.

Queda por tanto fundado el G69, que este me pone más, para todos aquellos que sabemos lo que queremos, que disfrutamos del regalo de la vida y, además, ni se nos ocurre dar lecciones de nada al mundo porque de mi felicidad ya me ocupo yo y el resto de los 68.

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La Armada Invencible
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Mar y Cleo | 04-09-2016 | 08:09| 0

Me veo aquí y aún no me lo creo y lo que es peor, no me reconozco. Pero cómo es posible que ya toque volver a la realidad verdadera con lo bien que estaba en mi propio y personal reality veraniego. Por mucho que cuente de estos meses estivales o me quedo corta o me visto de sinceridad y entonces nadie se lo va a tragar. Creo que no me he saltado nada, lo he disfrutado todo y me lo he traído para acá en forma de recuerdos, sensaciones, moreno dorado y pequeño michelín delator de esas cenas interminables e, incluso, algunas inconfesables; pero nada que reprocharme, nada de lo que arrepentirme, nada que echarme en cara, aunque un mucho de todo.

He cruzado fronteras, he subido montañas, he bañado mi piel en mares pequeños y grandes, en océanos fríos y en azules caribeños, he dormido bajo las estrellas y he reído ante inmensos horizontes, he soñado frente a imborrables puestas de sol y he amado bajo el manto de amaneceres que me estaban esperando. He aterrizado y he vuelto a despegar sin separar los pies del suelo mientras atracaba en innumerables puertos y calas paradisiacas. En cada uno de esos lugares en los que la felicidad tenía mi nombre escrito en la frente se ha quedado una pequeña cuenta pendiente, un hasta luego inconcluso, un para siempre, un… Una excusa para volver porque siempre hay un mañana, porque siempre es posible lo imposible y para eso que hoy parece que no, seguro que hay un luego esperándome.

Pero no es cuestión de volver a recorrer el camino andado, no siempre consiste en estar donde ya estuve, también es posible que lo del más allá se convierta en el más acá, porque digo yo que la misma distancia que me separa a mí de ti es la que te trae a buscarme y encontrarnos. De pronto me llegan propuestas de reencuentros, de visitas deseadas, de aún tu aroma sigue junto a mí, de no dejes que lo vivido se enfríe, y claro, a ver quién es la guapa que dice que no, y yo me derrito por dentro mientras me erizo por fuera. Pues eso, que aquí estoy, que me muero por volver a vernos, que no sé por qué tardas tanto, a ver qué es eso que te detiene para no haber llegado ya:

-Pues es que estoy viendo qué vuelo coger para aterrizar en tu tierra y me informan que estoy a la espera de que se inaugure el aeropuerto. ¡Debe ser increíble aterrizar en una pista sin estrenar!

Y yo cierro los ojos y aprieto los puños mientras mis maldiciones van directas a todos esos trajeados que se pasan la pelota unos a otros y al final el aeropuerto sin barrer.

-Oye, que como tengo los minutos contados qué te parece si me cojo un AVE desde Madrid y nos vemos, y nos besamos, y nos…

Y ahora, ¿qué contesto? Que no hay presupuesto, que no sé si vas a llegar a verme soterrado o cruzando calles. ¡Que ahora sí, que ahora no y este AVE ni corre ni vuela ni llega!

Y a mí me viene a la cabeza la Escuadra Invencible, sí, esa que fue derrotada porque no fue a luchar contra los elementos, y es que así no hay manera. Yo no puedo luchar contra un puñado de personajillos encerrados en sus despachos y enjugascados en sus peleas personales y en sus ambiciones políticas. Si es que así es imposible que me cuaje ningún amor con tantos impedimentos, así mis conquistas foráneas no puedan llegar a buen puerto, y no será porque yo no lo haya intentado, que bien alto que he ido dejando el pabellón por esos mundos este verano, pero está claro que a  estos señores políticos les importa un pito que yo tenga el corazón partío y les da un bledo que estemos aquí sin que puedan venir de allí. Ni yo me enamoro, ni tú vendes, y ni nada de ná y así todos salimos perdiendo, menos estos señoritos que luego salen en los telediarios y nunca han hecho nada. Pues eso, que solo me queda el derecho al pataleo, las ganas de chillar, el impulso de coger a más de uno por las solapas y decirle de todo y hasta pedir indemnización por sufrir un amor aplazado.

Pero mientras sí y mientras no, aquí estoy, porque si de verdad se quiere, si la ilusión es sincera, si nada ha sido un sueño pero, sobre todo, si aún me tienes ganas, no hay elementos contra los que luchar, ni aeropuertos fantasmas, ni AVEs sin alas. Tú y yo llegaremos al fin del mundo, juntos haremos de los sueños realidades y uniremos nuestros labios, acercaremos nuestros cuerpos para que se fundan en una indestructible y maravillosa armada invencible.

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En tu fiesta me colé
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Mar y Cleo | 17-07-2016 | 08:37| 0

Llega la temporada del aquí y del ahora. Llega la emoción sin límites. Llega el momento “canción del verano”. Así que ocupen su localidad, que esto va a empezar.

Puede que yo ahora vaya muy de chiringuito fashion y de fin de semana SPA, pero también he tenido mi época mochilera y de recorrer las playas y sus fiestas de junio a septiembre. Igual dormía en casa de una amiga, que me dejaba caer en una hamaca bajo una sombrilla con tal de recargar las pilas y seguir de happy en happy hour. Entre sueño y sueño sentía esos aires de juventud que rozan y acarician la rebeldía. Eso sí, había que organizarse con el monedero y, si quería alargar el verano, había que racionar las escapadas: bocatas, nevera portátil, fruta, bebida y hasta una petaca, por si a la noche caía una copa, pagaba el refresco y a escondidas lo convertía en cubata.

Pero los años traen sus acomodos y me convertí en una mujer con coche y mi coche se convirtió en mi caja de Pandora. Sabía cuándo salía, pero nunca podía predecir la vuelta. El maletero era mi bote salvavidas: ropa de día, de noche, secador, maquillajes, abalorios,  sandalias de tacón… ¡Qué fácil se convierte un día de playa en un fin de semana loco y sin retorno!

De pronto nos encontramos mi amiga del alma y yo en un día de summercity de esos a tope de calurosos, lejos de las olas y el fresquito. Cogemos nuestro gorro de paja, la toalla y unas increíbles ganas de vivir. Cruzamos el Puerto de la Cadena sin rumbo, directas a los mares del sur con la piel y el maletero sedientos de experiencias. El día de sol y mar, la tarde de chiringuito, los cuerpos morenos… todo baila a nuestro alrededor. Los planes surgen solos y se presenta una noche de cena, fiesta y luna. Así que,  ¡imaginación al poder! Porque claro, con estos pelos, llenas de sal y arena hasta en los rincones más recónditos de nuestros cuerpos, no era plan. Así que sacamos el instinto de supervivencia y vemos al fondo un club deportivo, con solo mirarnos ya sabemos lo que tenemos que hacer. A veces creo que soy como un fantasma que atravieso paredes, aunque al día de hoy pocas puertas me dicen que no pase. Entramos muy dignas, con la frente bien alta, moviendo las caderas y pronunciando el escote con un leve tironcillo de los tirantes del bikini; a mi derecha las pistas de pádel, me giro y saludo como si los conociera de toda la vida, y los dos hombretones sudorosos se creen que han ligado y saludan entregados. Nadie se imagina que somos unas intrusas, ni siquiera nosotras, que al cuarto paso es como si aquello fuera nuestro. Nos habíamos convertido en socias clandestinas, con disimulo entramos a los vestuarios y comienza la transformación. ¡Nos habíamos colado y sin remordimientos! A solas nos da la risa y en cuestión de poco tiempo salimos tan perfectas como si, en vez de un vestuario de un polideportivo, saliéramos de un salón de belleza. Maquilladas, perfumadas… y para colmo, como le pillamos el truco a esa travesura, se acabó convirtiéndose en un clásico del verano y ya nadie se extrañaba de vernos por allí, pero si hasta nos trataban como si fuéramos socias honoríficas.

Y oye, que le cogí el gustillo a eso de colarme y no había discoteca, concierto y hasta plaza de toros que se me resistiera. No sé qué pasaba, pero me subía la adrenalina, supongo que harta de ser siempre y simplemente una buena persona.

Confieso que alguna vez que otra me han pillado. Un día nos colamos en la plaza de toros, en asiento de sombra, por supuesto, que ya que nos ponemos, no íbamos a escatimar. Hasta que nos cazaron infraganti, pero con la misma naturalidad que entramos, salíamos, aunque eso sí, muertas de risa, porque la vida no está para tomar disgustos ni para dejarla pasar sin emociones.

Desde entonces he perdido un poco mis habilidades de tramposilla, aunque en eso de colarme por alguno, aún sigo algo novata y de vez en cuando mi cabecita se deja llevar, porque sin saber cómo, noto que se me han colado en el corazón, casi sin pedir permiso, y aunque yo me las dé de experta, he caído en la trampa.

Por eso he decidido vivir esta temporada, aquí y ahora, voy a vivir unas vacaciones verdaderas y ya os contaré a la vuelta, dispuesta a sentir esa emoción de cuando dos corazones se cuelan como tortolitos, y a dejar subir la adrenalina, porque las aventuras auténticas emocionan antes de vivirlas, porque sí, porque sabes que son de verdad y no una ilusión. Y es que no hay nada más bonito que decir que en la fiesta de tu corazón me colé y escuchar de tu boca: ¡Por favor, quédate!

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Soy pura adrenalina
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Mar y Cleo | 10-07-2016 | 08:55| 0

A estas alturas del verano confieso que el maletero de mi coche es pura adrenalina. Mi cuerpo está aquí, pero desde hace semanas mi mente, mi imaginación y voluntad están allá. No hay un destino que se me resista, ni una tentación que deje pasar por algo tan frívolo como un: ¡Estoy sin depilar!, ni por una razón tan frustrante como un: ¡Tendría que pasar por casa primero! De eso nada, mis motores y el depósito de gasolina de mi coche están en línea de salida y siempre dispuestos a arrancar al primer pistoletazo, sea el destino que sea. ¡No hay mal rumbo que me haga dudar, ni desatino que me impida vivir un desafío! ¡Que tiemble el planeta que mi verano ya está aquí!

Todo empezó hace unos días cuando descubrí que entre mi cadera y mi muslo aún no había una frontera que diferenciara el verano del invierno, y esa palidez que reinaba en mi delantera me recordaba que mi vida era una tremenda sosería y que los escotes de  mis camisetas estaban perdiendo ese encantador valle con doradito caribeño que tan sexy me hace. Entonces subí al trastero, rebusqué en la sección “ahí os quedáis hasta el próximo año”, y desempolvé la silleta de la playa, el canasto top-beach de las mil cosas indispensables, unas chanclas deschancladas, una sombrilla cochambrosa y un misterioso paquete muy envuelto que no recordaba haber guardado.

De pronto me encontré rodeada de cachivaches que antaño me habían acompañado en esos veranos fielmente marcados a fuego en mi memoria y en mis sentidos. Esos indispensables que ahora me chirriaban. Una sombrilla oxidada, una silleta con la lona desteñida, unas chanclas con la purpurina mate y a roales, un canasto con el asa rota… Entonces siento que se me encoge el corazón, intuyo que nuestros días juntos llegan a su fin, toca decirles adiós, me tengo que despedir de la sombrilla y de los secretos que solo ella y yo sabemos; de las miles de caminatas y chiringuitos recorridos con mis pies, en chanclas y mi sonrisa; de los millones de ilusiones que iban y venían en el capazo, tantas, que ahora no me extraña que el asa terminara rota. ¿Cómo es posible que hace solo unos meses yo lo guardara todo en el trastero sin dudarlo y que ahora en cambio tenga superclaro que van derechitos al contenedor? ¿O quizá no lo tenga tan claro y puede que con un pequeño apaño la sombrilla, las chanclas y el canasto se libren de tan cruel destino?

Poco a poco despego la cinta adhesiva, rompo llena de curiosidad el envoltorio porque mi ansiedad ante lo misterioso está empezando a rozar lo educadamente permitido, y ahí están todos aquellos tarros, botes y frascos de cremas solares que aguardan protagonizar el secreto de mi belleza estival, el reafirmamiento de mi abandono invernal y la base del dorado caribeño soñado. Me viene a la cabeza la pasta que me gasté y me mareo, porque yo soy muy de bioinvertir por dentro lo que luego se ve por fuera. Tengo ante mí un tesoro, un puñado de euros nada desdeñable, el precio de un fin de semana de hotel en forma de cremas caducadas, pestilentes y resecas. ¡Quién se atrevería a echarse esa pócima en el careto sin temer una reacción! Como poco me saldrían verrugas, pelos de pincho y hasta sarpullidos por todo mi ser.

Poco a poco, y como si de un ritual se tratara, van cayendo en un saco de basura. He comprendido que con el mismo ímpetu que soy capaz de abrir mis brazos el primer día que algo llega a mi vida, también sé que una sombrilla, unas chanclas, un capazo, unas cremas y un te quiero pueden tener fecha de caducidad. Lo tengo claro, en mi vida no tiene sentido una sombrilla oxidada, son absurdas una chanclas rotas, es inútil un cesto sin asa y, desde luego, ni pensar en guardar y retener un te quiero desquerido, roto y oxidado.

Por fin mi maletero brilla como debe ser. No va a haber destino para el que no esté preparada, conmigo no hay excusas que valgan. Macuto de montaña, equipo completo de playa, maleta llena de por-si-acasos y unas ganas locas de sentir el verano, de dejar volar mis sensaciones hasta ahí y un poco más, de mirar a la cara lo que viene, no vaya a ser que por mirar hacia el pasado, me pille de espaldas el hoy y el ahora y me lo pierda.

Lo bonito es saber que estoy preparada para lo desconocido, para todas esas cosas con las que la vida me sorprende. Pero lo mejor de todo es saber que cuando algo se termina, la vida sigue siendo capaz de alucinarme. A estas alturas del verano confieso que no es mi coche, sino yo la que soy pura adrenalina.

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¡Un brexit, por favor!
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Mar y Cleo | 03-07-2016 | 09:26| 2

Al paso que vamos veo que voy a tener que matricularme en alguna academia de cursillos de actualización de palabrejas y neotendencias comunicativas. Y mira que yo soy muy de estar al loro de todo lo nuevo, perdón, de todo lo cool, pero es que por mucho que quiero resetearme, resulta que de un día para otro me siento una out girl, en vez de una it girl.

Nuestros abuelos cantaban aquello de: “Las ciencias adelantan que es una barbaridad…”, no quiero ni pensar si llegan a vivir estos tiempos qué cantarían. Porque a ver, ahora que creo que ya tengo controlado eso del trending topic, electrofitness, escrache, hashtag, blogger, mainstreaming…, cómo es posible que de pronto, y de la noche a la mañana, todos los telediarios abran sus titulares con que en el Reino Unido ha ganado un tal BREXIT. Pues muy bien por ellos, pero lo cierto es que no sé si es un reality show televisivo desconocido o es que la Champion ha tenido un nuevo campeón y a mí me ha pillado tomando el sol y con un mojito en la playa.

Pero como soy muy poco de quedarme en el cómodo rincón del a mí qué me importa, pues he indagado a ver si esto del brexit me interesa o no. A mí, así de primeras, me parece que es una muestra más del snobismo que tanto gusta a los ingleses, pero empiezo a darle vueltas y. mira lo que te digo, creo que estos británicos los tienen bien puestos. Porque a ver, a poco que me fijo desde aquella isla veo que hacen y deshacen a su antojo, es decir, que hacen lo que les sale de los mismísimos y nadie se atreve a llevarles la contraria, qué va. Conducen por donde les da la gana; usan la moneda que quieren y, encima, siempre salen ganando con el cambio; tienen una monarquía de lo más rancia y ridícula, y están entusiasmados con ella; no tienen ni idea de cocina y están más gordos que nadie, pero a todos nos encantan los chocolates y los dulces ingleses. Pues está claro lo que ha pasado, para mí que estos british se levantaron una mañana con la autoestima por las nubes, se miraron al espejo y se dijeron:

–Espejito, espejito mágico, ¿quiénes son los más IN y los más TOP de Europa?

Y así, sin más, nos han dado un corte de manga, con peineta incluida, y nos han mandado a tomar viento. ¿Y sabes qué? Que visto lo visto, esto del brexit me está empezando a poner. ¡Cuánta falta tenemos de vez en cuando de brexitear y tomar distancia con más asuntos de lo que yo quisiera reconocer…! ¡Un brexit, por favor!

Si es que a los ingleses en esto de decir lo mismo, pero a lo finolis, no hay quien les gane, porque a ver si va a sonar lo mismo si me sueltas algo así:

–Lo mejor para los dos va a ser que nos hagamos un brexit.

Vamos, si a mí alguien me lo dice mirándome a los ojos, todavía creo que me está invitando a pasar un fin de semana a tope y sin remordimientos. Pero no, nosotros en eso del tacto no solemos andar muy finos, porque total, si lo que quiero es dejarte y hasta luego cocodrilo, para qué andarse con sutilezas:

–Oye, que me estoy agobiando, no me llames más.– Así, sin anestesia, para que no quepan dudas, ¡cuánta sinceridad!

–Llevo dándole vueltas desde octubre, lo tengo claro, creo que seguir juntos sería ser un cabrón y no te lo mereces.– Debe ser que de aquí para atrás has sido un pedazo de caballero, ¡vaya últimos nueve meses de sufrimiento silencioso que te he dado, no te digo…!

Pues ya está, quedan convocados a mi brexit particular a ese puñado de impresentables que por sinceridad, infidelidad, mentirosos patológicos, sosos y aburridos, cobardicas y niñatos, esos que un día creyeron que ellos iban a tener la última palabra, pues no, esa la digo yo, ale, os brexiteo de por vida y ni se os ocurra pretender hacerme renunciar a esta decisión, que al igual que los ingleses, la he tomado en un referéndum con mis propios intereses y mi paz interior, y ha ganado el brexit por mayoría.

Y en esta vida, a veces se gana y otras veces se aprende. De las últimas elecciones he sacado una gran enseñanza. Nunca cantar victoria o llorar la derrota antes de tiempo, que la vida da muchas vueltas y a saber qué me está esperando a la vuelta de la esquina. Por eso, si te creías que al pillarme con el pie cambiado, en plan efecto sorpresa me ibas a ganar, lo llevas claro. Aquí el sorpasso te lo doy yo, y la sorpresa te la llevas tú. Anda y vete a tomar por el brexit.

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Nosotras somos su voz
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Mar y Cleo | 26-06-2016 | 09:26| 0

Todos los años, por estas fechas, me hago una escapada secreta. Unas veces sola y otras sexy-acompañada, pero jamás he dejado pasar de largo esta noche mágica de las hogueras. Esa noche corta pero intensa, ese fuego de libertad que abrasa mi piel y me recarga por dentro, y como con los yogures, luego se me nota por fuera. Mi noche de san Juan es sagrada y nada ni nadie me ha hecho perdérmela jamás.

Bueno, así ha sido siempre hasta este año. Lo juro, no me faltaba detalle, lo tenía todo listo, mi maleta preparada, mis biquinis recién comprados, mi hotel con encanto reservado y mi cita secreta concertada y dispuesto a darlo todo por mí. Pues no, de pronto me di cuenta de que este fin de semana mi sitio estaba aquí, nada de fugas peligrosas, nada de aventuras sin reloj. Este año tengo una cita irrenunciable, irresistible, importantísima, increíble e impresionante. Mi cita es con las urnas.

Jamás entendería mi abuela lo contrario y yo jamás le contradije, y no lo voy a hacer ahora. Por ella y por todas aquellas ellas que no se conformaron con ser mujeres floreros. Por esos miles de mujeres a las que aún en pleno siglo XXI no les dejan votar, ni trabajar, ni estudiar, esas que su vida transcurre bajo la sumisión y el veto de unos extremistas. Por todas ellas yo, este año, me salto la noche de las hogueras, del hotel con encanto, de los biquinis de flores y de mi sexy-cita. Jamás me perdonaría a mí misma si este domingo no estuviera yo la primera o no llegara a tiempo de votar.

Pero como a recursos no me gana nadie, he puesto en marcha mi plan B. ¡Pedazo de fiesta de pijamas que he organizado para esta noche en mi casa! Y como eso de quedarme sin fogata me está costando lo suyo, pues ya está, pienso echar a la hoguera a todos estos personajillos que se creen que por poner su foto y forrar las paredes de mi ciudad ya lo tienen todo hecho. Pues no. Vamos, que están deseando otra vez no ponerse de acuerdo, porque vaya pedazo de negocio. Si total, se han visto las caras en el parlamento tres días y se han llevado el sueldo completo como si hubieran hecho algo, y oye, ¡que a ninguno le ha dado corte irse con los bolsillos llenos y la carpeta vacía de deberes!

Y digo yo, echando las cuentas, si hemos sido capaces de seguir para adelante desde diciembre mientras estos jugaban al pillao, al ya no me junto contigo y al y tú más… Pues mira, a lo mejor no son tan increíbles como se creen.

–Lo siento cariño, pero vamos a tener que posponer nuestro finde loco.

–¿Y eso?– me respondió con voz incrédula.

Y entonces simplemente le contesté:

–Porque voy a votar por mí y por todas  mis compañeras.

De pronto al otro lado del teléfono se hizo el silencio. Un silencio largo y pegajoso. Por más que lo intentaba no lograba descifrar si estaban acordándose de todos mis muertos por cancelar el plan en el último momento y si simplemente estaba buscando una palabra políticamente correcta para ser políticamente comprensivo conmigo. Pero nada de todo eso estaba sucediendo. Mi chico intentaba reprimir sus lágrimas de emoción, pero en ese momento se le escapó un suspiro y le delató. Lo siguiente que escuché reconozco que es la declaración de amor más bonita que me han dedicado en mi vida:

–Con una mujer así como tú es como a mí me gustaría que fuera la madre de los hijos que no tengo. Con mujeres como tú el mundo tendría otro aroma, otro color, otra música, sería otro mundo.

Claro que la que empezó a llorar en ese momento fui yo. Lloraba por mí y por todas mis compañeras. Lloraba por la suerte de haber conocido un hombre digno por dentro y por fuera. Lloraba por todas esas mujeres a las que jamás un hombre les ha dedicado palabras de respeto, cariño y admiración desde lo más profundo de su corazón. ¡Qué difícil y qué bonito es llorar sin dolor, sin miedo y sin rabia! ¡Qué libertad más profunda da el dejar correr las sensaciones sin postureos ni paripés!

Todos con nuestros pijamas sexys, picardías y ropitas traviesas bailamos alrededor de mi hoguera. Y como convocadas por arte de magia también están ellas, aquellas que sabían que alguna vez lo impensable se volvería real, aquellas mujeres que aguantaron risas e insultos cuando sacudieron las conciencias del siglo pasado y gritaron a los cuatro vientos el derecho al voto femenino. Y aquí estamos hoy nosotras, saltando y bailando sobre el fuego por la libertad y los derechos de muchas mujeres de hoy que unos pocos se creen en el derecho de decidir por ellas. Nosotras somos su voz, nosotras somos su voto.

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Del 0 a 10
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Mar y Cleo | 19-06-2016 | 11:24| 0

Es tiempo de exámenes, es tiempo de aprobados y suspensos, de alegrías, apuntes, llantos, profes buenos y malos, vacaciones sin playa bajo el ventilador, de nervios de selectividad. Miles de aromas que a todos nos trasladan a un tiempo en el que nuestras ilusiones y entusiasmos están medidos del 0 al 10.

Lo cierto es que a principio de curso nos pasa a todos igual, todo son buenos propósitos, y no solamente con los exámenes, también en el trabajo y sobre todo en cuestiones amorosas. ¿O es que no te has fijado en esos principios de los enamorados en los que ponen todo su empeño para sacar matrícula de honor? La cosa está en que, una vez conquistado lo que parecía inconquistable, bien que se querría seguir con el mismo entusiasmo hasta el final de la carrera de  la vida.

Estas cosillas de querer ser el mejor en lo que me proponga, con el tiempo me han dejado huella en el alma, y como este aroma del mes de junio es contagioso, hoy me dispongo a ser yo la que califique, así que, ¡ya veremos a quién cateo o quién se merece un pedazo de aprobado!

He pensado que a algún que otro le va a venir bien volver en septiembre. Fíjate que todavía estoy siendo generosa, que le voy a dar otra oportunidad para que se repase bien el temario, porque me temo que al final del curso aún no tiene los conceptos claros. Como ese: “Tengo ganas de verte” que significa que muevas el culo y vengas a darme un beso. O un: “Te quiero” que no se dice por decir, que son palabras que confunden, que si se siente se dicen, y si no, mejor te callas. ¡Ah, y ahora les toca a ellas! Suspensa la que se le olvide esa ley principal del universo que dice que el ligue de una amiga, jamás de los jamases, es un posible candidato. Pues ale, para septiembre con el temario completito.

Vale, lo reconozco, siempre he sido muy de justificar lo injustificable y de perdonar con tal de no armarla, así que voy a ser un poco benevolente y a este le voy a dar un aprobado por los pelos, que igual es que se merece un poquito de clemencia. A ver, si después de pasar una semana ya desde el plantón que me diste, de pronto vas y te presentas en mi trabajo con una ramo de flores y con cara de perrito arrepentido, pues nada, que tendré que enterrar el hacha de guerra con el que estaba dispuesta a cortarte cualquier cosa. Aunque eso sí, al ramo debe acompañarle una cena a la luz de la luna si es que esperas que se me pase el cabreo con el que se ha ido alimentando este rencor mío que me lleva a tirarte de los pelos la próxima vez que me lo vuelvas a hacer.

Aunque pensándolo bien, voy a hacer un poco de profe mala, porque sé de uno que no tengo ganas de perderlo de vista, que me muero por volver a repasar con él el temario de arriba abajo, de intentarlo como si nunca hubiéramos empezado ni terminado. Decidido, tú vas a repetir curso, a ver si esta vez es la redefinitiva. Y a ver si dándonos otra oportunidad dejamos de ser ex y nos convertimos en nosotros, y oye, que hasta igual somos capaces de sacarnos el doctorado cum laudem.

Pero para ser sincera, entre los malos estudiantes, los golfillos, los listos, el que de verdad me gusta a mí es aquel que aspira a ser notable, o mejor al que sobresale, porque a ver, sobresalir, se puede sobresalir de muchas maneras, y ninguna es despreciable, ¿eh? Empecemos por una verdad que es universal e indiscutible: “El tamaño importa”, de ahí lo del sobresaliente. Y una vez salvada esta evidencia irrefutable y por todos comprendida, también añadiré que el tamaño del corazón y el tamaño de su sonrisa cuando me mira, cuenta y mucho… Porque eso sí que es realmente lo que importa y, por descontado, totalmente imprescindible si te quieres licenciar con matrícula de honor.

Mes de junio caluroso e intenso, primeros días de playa, arena y sol que llevan a ponerme las faldas más cortas de mi armario, las camisetas de tirantes y a sentirme primavera aun estando en verano, porque yo no sé si es la temperatura, o si es que me llega el aroma de las vacaciones, pero es que me siento como si estuviera a un palmo del suelo y a dos milímetros de tus abrazos y tus besos.

Llegan días de descanso, de recargar pilas, de abrir nuevas ventanas para tirar lo innecesario de la mochila y dejar hueco a nuevos aromas e ilusiones con los que llenar nuestras carteras el próximo curso. Ahora es el momento de pasar de 0 a 10 en la mejor asignatura: las vacaciones.

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Perdón, me he equivocado de grupo
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Mar y Cleo | 12-06-2016 | 09:30| 0

Recuerdo aquellos tiempos en los que lo mejor de la semana era el finde, ese viernes con los amigotes que empezaba con el aperitivo del mediodía y llegábamos hasta el domingo muertos de risa, bailando, enamorándonos y desenamorándonos en la misma tarde y sin parar de contarnos y compartir nuestras historias. Lo bueno del caso es que si alguno de la pandilla me caía mal, pues con no ponerme a su lado, estaba todo arreglado. Y si no me molaba el plan, siempre me quedaba la opción de acoplarme al grupo de amigos de mis hermanos y pasaba de lo que hicieran los míos.

Y ahora qué, pues que ya no tengo pandilla, ahora lo que tengo son millones de grupos de whatsapp, a cada cual con un nombre más patético que el anterior, pero eso sí, siempre está el grupo oficial y el clandestino, y anda que como se me ocurra escribir un comentario inoportuno en el grupo equivocado, por mucho que le dé a eliminar, zasca, ya he metido la pata hasta el cuello y solo algún espabilado que me haga la rula me salvará de ese silencio grupal previo a una sentencia de muerte.

Es curioso, hay personas con las que hace años no me tomo ni un café o incluso no charlamos por teléfono, hay personas que antes eran parte de mi vida, incluso algunos son mis ex, y de pronto se cuelan inesperadamente en grupos, y claro, con tanta tecnología no hay forma de ignorarlos, porque encima ahora sé muchísimas más cosas que antes, claro que la mayoría de esa información, además de inútil es, en ocasiones, tan falsa como malintencionada. Y yo me pregunto, ¿a mí qué me importa que desde la hamaca en la que estás tumbado este domingo se vea una puesta de sol tan maravillosa? O acaso, ¿a alguien le interesa saber que todos esos quintos y la tapa de pulpo que te has pedido con los amigotes está deliciosa? Y como desde que lo nuestro acabó te importa un bledo cómo me va en mi trabajo, qué me dijo el médico en mi última revisión o si me apetece charlar un rato, pues eso, que como necesitas público, porque tu vida es más falsa que la fecha de nacimiento del facebook, anda y  cómprate tu propio monólogo y a mí me dejas en paz.

Pero es que claro, a ver quién es el guapo que se atreve a salir de un grupo, eso es de todo impensable, aunque eso sí, me guste o no, tengo que soportar las tetas saltarinas que pone aquel cuando gana su equipo. Y no digamos la guinda del pastel para intentar olvidar a un ex, cuando le da por mandar esas innumerables y cansinas fotos de sus continuos y románticos viajes.

–Voy a terminar por salirme, aunque me temo que es más fácil abandonar el tabaco que abandonar este grupo.

–No te largues, porque si lo haces, al final eres la friky y la estirada. Es mejor que consigas que te echen, así saldrás por la puerta grande y hasta acabarás convirtiéndote en el ídolo del grupo.

Como consejo reconozco que no está mal, pero a ver cómo lo consigo. Y ahí empiezo yo a darle vueltas al coco, a sacar lo peorcito de mí. Lo primero que se me ocurre es poner un mensaje riéndome del Atlético del Madrid, algo como que mejor que vayan a objetos perdidos, porque en esta liga lo han perdido todo. No tendré que hacer más, se liarán entre ellos, pero eso sí, queda claro que la mala víbora soy yo. El día que pongan el último episodio de la serie favorita del momento, a la media hora de empezar, voy a reventar al final: el asesino es la chica, lo sé porque yo ya lo he visto en versión original, pero que terminen de verla, que la serie se lo merece. ¡Ah, pero no debo olvidar añadir un comentario diciendo: “Perdón, me he equivocado de grupo”! Y si para entonces aún no he conseguido mi objetivo, lo mejor es revelar ese secreto que todos sabemos, pero que nadie se atreve a sacar del armario, tan simple como adjuntar una foto de uno de los del grupo, ese que siempre va de guay, acompañado cariñosamente de un rubio sospechoso y añadir: “¿A qué está chula la luna?”.  Tan solo tendré que esperar a que el administrador del grupo se sature de mensajes privados exigiendo mi expulsión, mi liberación, mi vuelta a la felicidad, mi reencuentro con mis verdaderos amigos, mis fines de semana cargados de diversiones reales y propias.

Ya no tengo grupos en mi teléfono, ahora tengo vida, ya no tengo ex, ahora tengo espacio en mi móvil, y por lo que estoy viendo, también más tiempo libre en mi corazón, que ese nunca se equivoca de grupo.

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Del verde lechuga al rojo pasión
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Mar y Cleo | 05-06-2016 | 16:22| 0

Hoy va la cosa de verdades, por eso de que si te guardas muchas cosas dentro acaban instalándose como un virus y creciendo hasta no dejar hueco para nada más. Y hoy, como cualquier otro día, es buen momento para contar esas verdades que no se dicen normalmente, puede que calladas por pudor o por intimidad o por esa fuerza que da el no contar nada real que nos que sale de dentro.

Pero yo, ¿qué quieres que te diga? La fama me precede. Voy a pasar a la historia por ser esa mujer que con solo darme un poco de cuerda, suelto todo lo que siento. Y hasta en algunas ocasiones soy yo misma la que me tiro sola de la lengua y me arranco por soleares a cantar mis historias, mis penas y mis alegrías.

Bien, pues ahí va la primera verdad, por empezar por una. Y es que mi mundo de color rosa se ha convertido en un mundo de color verde, verde lechuga, verde brócoli, verde alcachofa… verde que te quiero verde, pero eso sí, todo pesado, todo medido y así llevo un mes en plena operación bikini. La cosa es que un poco a escondidas me fui a un nutricionista y después de pagarle la cuenta por tres meses, cada vez que me voy a echar una marinera a la boca me acuerdo de su cara y, sobre todo, de mi bolsillo. Por fin la cintura de mis vaqueros empieza a no cortarme la respiración cuando me siento, las letras de mi camiseta no se distorsionan al estirarse y se leen sin acertijos. Pero como decía aquel abuelo, hay momentos en los que es cuestión de elegir entre cara o culo, pero eso sí, todo en su justa medida, que las curvas son y serán muy sexis, que lo sé yo de muy buena tinta… Pero mi secreto está en que cuando más guapa me veo y me siento, más ligo, ¡así de fácil! Y este mi nuevo mundo verde está empezando a convertirse en un paraíso rosa.

Hay otra verdad que quiero contar hoy, y es que en asuntos del amor se pasan épocas oscuras, opacas, espinosas, en fin, algo jodidillas, y aquel juramento de:

–¡No me vuelvo a enamorar!

Se está borrando poco a poco, y para ser sincera, de pronto de golpe, unas flores y unas risas me han hecho que todo empiece de nuevo. Así, como si fuera el día y la noche, el blanco y el negro, y como esos colores que no hacen sentir nada, van y se transforman de golpe en un intenso rojo pasión que me altera los sentidos, por mucho que me quiera hacerme la dura.

Y como hoy puede ser el día señalado y el momento justo, diré otra gran verdad, de esas que normalmente callo. Reconozco que echo tremendamente de menos a amigos y amigas con las que he compartido trozos de mi corazón. Pensarás que no es una verdad muy rara, pero es que la cosa se complica, lo peor de todo es que aun así, no hago nada para volver a verlos. No sé si es que me acomodo a que los días pasen, o si es que me quedo a la espera de que ocurra algo por sí solo y dejarlo en manos del destino.

Otra verdad verdadera, aunque parezca extraño, es que estoy hasta el moño del móvil. Sí, se me ha debido de pasar la edad de estar todo el día mirándolo a ver si me llama alguien, ahora en cambio lo que me apetece es que ese alguien esté a mi lado y no a través de las ondas.

Y también quiero gritar al aire que soy feliz sola, pero lo cierto es que me siento sola. Ya sé que puede parecer una contradicción, pero qué quieres que te diga, eso es lo que hay y me juego lo que quieras que también te pasa a ti.

Y como ya sabes que si me dan cuerda no hay quien me pare, quiero decir que  la verdad de ciertos los fracasos es únicamente por cobardes y por miedo, qué digo miedo, ese pánico a amar y, más aún, a ser amados, y eso nos pasa porque la vida nos cambia, tan cómodamente sin tener que arriesgar nada.

Hoy va la cosa de verdades, hoy no vamos a elegir entre cara o culo, hoy he descubierto que la verdad es poder elegir y no tener que hacerlo, poder reír sin miedo a amar, poder volver a abrazar de nuevo a los amigos sin buscarlos, besar la boca de quien me regala flores y saborearlo, pero sobre todo, hoy voy a disfrazar las palabras de colores, colores que van desde el negro al rosa, del rosa al verde, de verde lechuga al rojo pasión.

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De lo confesable a lo inconfesable
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Mar y Cleo | 29-05-2016 | 13:44| 0

Lo bueno de ir cumpliendo años es que mi curriculum ha tomado unas dimensiones más que interesantes, que por cierto, son directamente proporcionales al desparpajo con el que manejo mis asuntos. Hasta tengo algún un master de la vida aprobado  cum laude, aunque me temo que aquí, el que más o el que menos, hemos hecho algunos cursillos acelerados en miles de asuntillos que van de lo confesable a lo inconfesable…

Lo que es cierto es que hay etapas de la vida en las que la palabra prohibido tiene un regusto irrenunciable. Y yo, que me conozco, soy de las que como me digas: esto no, esto es pecado, esto ni se te ocurra; pues ale, que allá voy y me lanzo, si es que no lo puedo remediar. Aunque fue genial cuando descubrí que no soy la única que sufre esta atracción fatal hacia lo irrecomendable.

Hace poco me tomé un café, un helado, otro café, una cena, una copa y hasta un resacón horripilante, con una de mis mejores amigas después de un lío de tiempo sin vernos. A ver quién es la guapa que no cae en la tentación de ponerse al día con esa alma gemela de los tiempos en los que quemábamos las noches juntas y lo que nos pusieran por delante, ¡pues no éramos graciosas ni ná! ¡A nosotras no había quién nos hiciera sombra!

–¿Y no volviste a saber de él?– le pregunto llena de curiosidad morbosa. Porque él solo puede ser él: el innombrable, el caballero del lado oscuro, el amor prohibido, el pecado de la pasión, la locura del sinsentido… Él, en una palabra.

–En persona no, pero siempre hay quien sabe y me cuenta– me responde huyendo de mi mirada.

–¿Aún sigues enamorada?

–El amor es otra cosa. Lo suyo es más bien la atracción por lo que no está, el deseo por lo que crees que era y… los recuerdos, qué malos compañeros de viaje son. ¡Pero enamorarse… eso son palabras mayores! Amor es una vida sin lágrimas, es saber que sí o sí siempre soy la única, enamorarse es sentir que está loco por mí y que esa locura es capaz de arrasar con todo. Eso es enamorarse, y lo demás son sucedáneos de los que ya estoy curada de espanto.

Lo cierto es que mi amiga se ha convertido en la mujer más bella que conozco y es que para mí no hay mayor atractivo que ese que se alcanza con el tiempo, con la sabiduría y con ese punto en el que primero miro alrededor y después clavo la mirada en mí y suelto al mundo un:

–¡Chapeau!

He de reconocer que en mi vida he tenido tiempo para muchas cosas, pero para ser una aburrida… ¡jamás! Si es que la vida es solo una, y claro, visto así, lo del carpe diem es mi primer mandamiento, ¿y el equilibrio emocio-sentimental? Pues confieso que el mío ha tenido sus altibajos, pero me temo que de esto nadie está libre, porque el que diga que toda su vida ha tenido controlada esa parte del ser, ¿sabes qué? Pues que miente o es un pedazo de soso.

Me negué a ser una adolescente modélica y a convertirme después en una mujer como los otros querían. Así que no me importa reconocerlo: yo también he tenido amores poco recomendables, inconfesables, de los que mejor no mencionar depende qué lugares, ¿y? Pues que no me arrepiento de nada, qué va. ¡Qué sería ahora de mí si no me hubiera cruzado con alguno de esos sinvergüenzas que conocí! ¿Es que no aprendí nada de aquello? Lo bueno de todo es que hoy he hecho mía una ley que hondea en mi bandera para así asegurarme que aquello valió la pena:

–“Sin rencor, pero con memoria”.

Y oye, que no siempre fueron malos, qué va. Que mis buenos ratos me hicieron pasar, mis buenas risas nos echamos y esos recuerdos inolvidables que para mí se quedan. Pero en cambio, lo mejor de todo es que los malos rollos se esfumaron por el mismo camino que se largaron mis amores secretos y prohibidos. Yo, en cambio, tengo momentos en los que recurro a ellos, porque no hay nada mejor que guardar en la recámara de la memoria de mi corazón a un amante amigo, un guardián de secretos compartidos, a ese fiel compañero de instantes fugaces, ese que con el que volamos libres sin la atadura del luego nos vemos.

Jamás se me ocurrirá preguntarte por el listado de tu curriculum amoroso. Tampoco espero que se te ocurra preguntármelo a mí. Aunque yo siempre te responderé que la lista de mis amores es más corta que la tuya. Tú sabrás.

Y mi curriculum sigue su camino entre risas, felicidad, ilusiones y sensaciones que me hacen vibrar mientras vuelo de lo confesable y a lo inconfesable.

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¡Arriba las manos, esto es un atraco!
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Mar y Cleo | 22-05-2016 | 09:49| 0

Mayo florido, mes de bodas, comuniones y, sobre todo, mes del amor. Por algo será que desde siempre ha sido uno de mis favoritos, por esta época sé que me enamoro, me sonrojo y me pongo más bella. Estoy convencida de que está época me revoluciona, altera mis sentidos y se me llena la sangre de primavera.

La playa empieza a ser una tentación, las chaquetas se quedan en casa y salen del armario, como por arte de magia, esos vestidos con faldas cortitas y regresan los abrigos, bufandas y mantas hasta la próxima. Y es que por fin el cuerpo se me libera y me dejo acariciar por el sol. Y claro, igual que la naturaleza florece, los pretendientes parece que resurgen del letargo invernal y la temperatura amorosa se anima y, con ella, el lío va tomando aire, y paso de la sequía absoluta a una riada de pretendientes, vamos, que  todos a la vez y se arma la revolución.

Bueno, pues cuando más contenta me tiene esta bipolaridad primaveral, va y llega a mi móvil un mensaje, y pienso que nadie manda ya mensajes, que ya somos todos más del whatsapp. Lo abro pensando que igual es un hombre de esos tradicionales pero no, es un mensaje con trampa. Sí, es una declaración, pero no precisamente de amor, es un aviso de que un año más me ha llegado el día y la hora: ¿de cuándo aquí la palabra declaración tiene que ir indisolublemente ligada a algo tan vulgar como eso de pagar impuestos? Ya me gustaría a mí saber quién el guapo que eligió el mes de mayo para que todas las primaveras se nos amargue la exaltación del amor, de la bilirrubina, de la sangre alterada, de las piernas doradas y de los escotes insinuantes… Si es que no hay derecho a que me amarguen la ilusión de los campos cuajados de amapolas y ese morenito que se me empieza a pegar.

–Yo no pienso permitirlo más. Voy a presentar una denuncia contra el fisco, o contra la academia de las letras o contra quien corresponda. Quiero que desvinculen para siempre la palabra declaración de la palabra renta. Para mí una declaración, o es de amor, o no es de nada. Así que ya pueden ir pensando en otra palabreja–suelto yo para desahogar mi indignación.

–Es que llamarla “Confesión a Hacienda”, sería un poco fuerte–me responde mi asesora fiscal.

̶ Mira, ya lo tengo, para qué tanto eufemismo. Va a ser mejor ir directamente al grano, yo le pondría: “Arriba las manos, esto es un atraco”. Y así nadie se sorprendería ni se sobresaltaría.

Lo cierto es que cada año me solivianto, me arrebato y hasta me tiro de los pelos, pero al final no me escapo, y paso por el aro como todos, bueno como todos los que no nos fuimos a Panamá, que de esos otros hay unos cuantos y ahí están, tan felices.

Y así vistas las cosas, al próximo pretendiente que se fije en mí pienso imaginarme que es todo un inspector de Hacienda dispuesto a hacerme vivir una auténtica declaración. Igual tiene verdadero interés en conocer si soy una buena contribuyente, y se va a quedar muerto cuando le confiese lo que soy capaz de aportar cada mes por el bien de nuestra relación, le van a faltar un puñado de letras del abecedario al Tesoro. ¿Y ese IVA? ¡Ay, si yo hablara…! Ese es un valor en alza y dispuesta estoy a que no se me pase ni un solo trimestre con tal de que a él tampoco se le olvide renovarse cada vez que le toque pasar por ventanilla. Y bueno, a ver si es capaz de resistirse a mi declaración de patrimonio, ¡pues no es nada la cosa! Aquí la que suscribe anda bien orgullosa de su patrimonio intelectual, que su esfuerzo le ha costado adquirirlo y buen provecho que le he sacado en esta vida. Y del otro patrimonio, sí, el de los bienes inmuebles… ¡pues no hay más que decir: de pies a cabeza y de cabeza a los pies, aquí me tienes, un bien declarado patrimonio de la humanidad subido en unos lindos tacones!

Yo no sé si así me libraré de una inspección de Hacienda en toda regla o que con esta declaración de intereses que me he librado, al final, lo del borrador se vaya a quedar corto y me salga cara esta fantasía fiscal que me acabo de marcar. Pero mientras no se demuestre lo contrario, o a algún ministro no se le ocurra otra cosa, como lo del sol, soñar es gratis, imaginar es revitalizante y pensar en positivo, según la OMS, es bueno para la salud. Así que me ratifico, porque yo solamente quiero tener más dinerito y estar muy buena, ¡uy, perdón!, muy sana.

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Primavierno rebelde
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Mar y Cleo | 15-05-2016 | 10:07| 0

Después de esta larga y eterna primavera resulta que ahora llega el frío, el viento y la lluvia. Si es que aquí en lugar de robarnos el mes de abril como a Sabina, no sé quién nos ha birlado el mes de mayo, y zas, borrado del calendario y claro, así andan las cabezas… más pa’allá que pa’cá.

Pero yo, que soy rebelde como la que más, me niego a renunciar a mi primavera, a mi mes de mayo, a mis sandalias con medias de verano, a mis vestidos de color pastel con falditas bailando con el viento. Y cuando me sublevo, no hay quién me pare, y tanto es, que un día sí y al otro también, salgo fashion total, dispuesta a encararme con este mayoviembre que nos ha tocado, aunque me temo que si sigo llevándole la contraria a la meteorología voy a terminar con un catarrazo de los que hacen historia.

Lo cierto es que todos los días acabo buscando quién me preste una rebeca o, con esa excusa, mejor un abrazo para intentar entrar en calor, y eso que yo antes de salir a la calle siempre me digo:

̶ ¿Desde cuándo a mí una mañana fresquita me ha echado para atrás?

Claro, que si de vez en cuando me respondiera antes de poner un pie fuera, algún sobresalto con carne de gallina incluida me ahorraría de esta primavierno rebelde.

Pero lo duro no es soportar un poco de helor matutino, lo malo es que a media mañana me lleno de razones cuando por fin parece que la naturaleza ha dejado de hacerme rabiar y me digo, ale, que el gilipollas que me robó el mes de mayo ya se ha hartado y me lo ha devuelto. Y entonces busco una terracita, una silla al sol y me pido una caña y una marinera, porque esto hay que celebrarlo, y cuando estoy en lo mejor, dejo de ver mi sombra, el cielo se llena de nubes, empieza una correntera de viento, comienza a chispear y a diluviar, la cerveza termina pasada por agua y la marinera, haciendo honor a su nombre, se pone rumbo a navegar. Y me siento impotente, porque voy calada de arriba abajo, con mis sandalias parezco un pato pisando charcos, los coches pasan sin miramientos y me salpican hasta las mechas. Y aquí empieza mi dilema, ¿me doy por vencida o sigo haciéndome la Juana de Arco contra la meteorología?

Lo cierto es que al fin los pronósticos se han cumplido y aquí estoy, de fin de semana, con la manta hasta arriba, la caja de clínex a mi vera y el termómetro a tope. Con lo mal enferma que soy, mejor será que me lo tome con calma, porque si no puedo irme de compras, ni con las amigas, ni de fiesta, está claro que a este rato de sofing le tengo que sacar rendimiento… Y de pronto me doy cuenta que estoy introspectiva, que mis pensamientos corren por mi cabeza a lo loco y cuando a mí me da por la reflexión me pongo de un profundo que hasta me asusto, pero es que hoy no tengo fuerzas para llevarme la contraria, así que me dejaré llevar a ver qué saco de todo esto:

“¿No estoy ya un poco mayor para tanta rebeldía? ¿Cuántas veces le he declarado la guerra a la vida y al final he salido trasquilada? ¿Y aquella vez que me erigí en defensora de la honra de mi mejor amiga, me encaré con su infiel novio, le dije de todo menos bonito, y a los dos días ella le perdonó, ellos se arreglaron y mi amiga me retiró el saludo? ¡Ay, que creo que ya va siendo hora de que sean otros los que libren las batallas y después vaya yo y recoja sus frutos! Es el momento en el que siento que me vendría bien aceptar la vida como viene, que quizá seguiré queriendo cambiar el mundo, pero no va a ser mi único objetivo pero, ¿qué quieres que te diga? Cuando las cosas no salen como yo quiero, por algo será…”

A partir de ahora admitiré que soy yo la que se tiene que adaptarse a la vida y no al revés, quizá así consiga llevar una existencia más tranquila… ¡más tranquila, más aburrida, más sosa, más predecible, más insulsa, más tediosa, más sin fuste, más insustancial, más muerta en vida! ¿Y sabes qué? Que me niego. Antes prefiero estar muerta que ser una desaboría. Porque yo quiero tener ilusiones cada mañana, quiero levantarme de un salto todos los días, quiero seguir sintiendo mariposas en la barriga y pájaros en la cabeza. No me importan los resfriados que pille por mi rebeldía, ni las desilusiones que me lleve por el camino, porque yo soy genio y figura hasta la sepultura, porque yo soy yo, haga frío o calor.

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Final feliz
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Mar y Cleo | 08-05-2016 | 09:17| 0

Me paso la vida metida en mil líos, pero es que no lo puedo evitar, si es que a mí me pone las pilas cualquier cosa en el que nos juntemos más de dos, se me altera la bilirrubina que es una barbaridad. Me encanta ese subidón que me da ir de una reunión a otra, estar en todas las comisiones… Eso de tener la agenda a tope de citas me hace sentirme viva, aunque reconozco que siempre acaba con un final feliz, aunque muerta y deseando quitarme los tacones y lanzarlos por los aires. ¿Será porque muchos de estos líos acababan con una cervecita o con unas risas entre colegas?

Y es que de todo se aprende, como la primera vez que acudí a una reunión de trabajo, oye, me temblaban hasta las pestañas. Parecía que el mundo se había confabulado en contra mía. Mis medias llevaban una carrera desde la pantorrilla hasta medio muslo y estaba segura de que todos se habían dado cuenta y se daban codazos riéndose, claro que si hubiera sido previsora me habría llevado unas de recambio en el bolso. Del tocho de folios que nos dieron para preparar la reunión me faltaban los últimos diez por leer y ya no me quedaba tiempo para ello, claro que si me hubiera organizado mejor lo llevaría todo al pelo. Por mucho que lo intentaba era incapaz de recordar el nombre de los asistentes, claro que si en la otra reunión los hubiera apuntado ahora no temería equivocarme al dirigirme a ellos… Y así un sinfín de errores que tenía que haber sabido, y me pesaban dentro, porque la única culpable de todos ellos era yo, lo demás eran excusas baratas para justificar mi ineptitud, nada podía hacer para liberarme de esta culpabilidad.

Y la reunión iba a comenzar, y allí estaba yo, bueno yo y nadie más, porque los demás andaban por ahí de un lado para otro, ¿es que yo era la única puntual o quizá también me había equivocado de día y hora?

Me hubiera gustado saber si la carrera de mis pantys era peor que los calcetines blancos deportivos con mocasines que llevaba el de mi derecha. Decididamente lo vi claro, prefería unas medias a lo tour de Francia que esas escayolas cantosas del colega.

Mis folios ordenados y subrayados fueron los únicos que presidieron una mesa plagada con un puñado de móviles vibrando, de algunos paquetes de chicles arrugados de los fumadores compulsivos y de varios vasos de plástico con restos de café pringoso.

Lo que sí es rigurosamente cierto es que salí de la reunión sin resolver el problema de los nombres, todos éramos: oye tú, tío qué dices, allá vosotros… Para mí que yo no era la única que no tenía ni idea de cómo nos llamábamos unos y otros.

Entonces salí de allí curada de espanto, libre de toda culpabilidad, exenta de cualquier sensación similar al sentimiento de haber fallado. Tuve por fin el alivio que te da un final feliz, porque todo aquello demostró que soy como soy, soy diferente. Y, lo curioso del caso, es que me encanta, por eso ya no intento cambiarme, porque ¿para qué? ¿Para acabar igual a todos los demás?

Y así me impuse mi propio código de liberación, nada de cantar a los cuatro vientos un mea culpa, se terminaron las ansiedades y culpabilidades. Y lo mejor de todo, es que desde entonces comenzó a cotizar en bolsa mi autoestima y a proporcionarme múltiples beneficios:

  1. Cuando hace falta decir NO, se dice. Es fácil de decir y fácil de comprender.
  2. Si algo me gusta digo SÍ, es fácil de decir y más fácil de comprender.
  3. Cuando algo planeado deja de apetecerme, pues me borro y no voy, sin complejos.
  4. Gente con malos rollos, no gracias, debes dejarme vivir.
  5. Si te gusto dímelo al oído, de la respuesta me encargo yo.
  6. ¿Cuántas calorías tendrá…? Seguro que menos que la adrenalina de felicidad que me va a dar mientras lo saboreo y, además, con esta excusa me quito los tacones y salgo luego a correr.
  7. No esperes que te lo permita todo, conmigo te has equivocado. ¿Sabes contar? Pues no cuentes conmigo.
  8. Me encanta ser tu amiga, tu confidente, tu colega comprensiva, pero también yo necesito charlar, que me escuchen, desahogarme o, simplemente, darte mi opinión sin que me interrumpas.
  9. Y desde luego, no te quepa la menor duda, si estás tentado a criticarme a mis espaldas, harás muy bien, porque eso es señal de que eres tan mediocre que siempre estarás detrás de mí.
  10. Estos principios son inamovibles y solo yo decidiré si es preciso retocar alguno, si es que se diera la curiosa necesidad de alcanzar un grado superior de felicidad.

Nada como unos buenos principios para asegurar un final feliz.

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¡Mamma mía!
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Mar y Cleo | 01-05-2016 | 09:22| 0

Hace muchos años los centros comerciales más renombrados del país idearon dedicar un día especial para las mamis, con ello se aseguraban unas superventas de perfumes, pañuelos, joyas, flores, y, para los menos imaginativos, un sinfín de pequeños electrodomésticos con la ilusa idea de dejar a la susodicha boquiabierta. Pero lo que se pensó como una sabia iniciativa mercantil, con el tiempo ha terminado por hacerse un hueco muy especial en nuestro calendario y en nuestro corazón. Por eso… ¡ay del que este primer domingo de mayo no haga un alto en el camino para dar un fuerte apretón a su mamma mía!

Pero es curioso, da igual cómo sea la madre que en el sorteo de la vida nos haya tocado, pase lo que pase ya nos lo advierte el refrán eso de: “Madre no hay más que una y a ti te encontré la calle”. Porque mira que hay madres para todos los gustos, están las cariñosas, las cañeras, las superordenadas, las cocinillas, las refunfuñonas, las exageradas, las frioleras, las que lo saben todo y lo que no, lo adivinan, las que dicen que no para al final decir que sí, las que siempre se salen con la suya y, como es lógico, también está la mía, aunque eso sí, esta es inclasificable.

Pero hay un puñado de ellas que se llevan un premio especial, son aquellas madres que les tocó ser hijas en el siglo XX, pero tuvieron que reconvertirse porque el siglo XXI le estaba esperando a la vuelta de la esquina y con el cambio de milenio vinieron nuevos aires y, de pronto, de un soplido se llevaron muchas de las majaderías con las que las habían criado y ale, a reinventarse. Entonces, además de buscar un novio que fuera un buen partido, descubrieron que irían a la universidad. Por fin destaparon la caja sorpresa y pudieron decidir entre ser o no ser madres sin tener que pedir perdón al mundo si renunciaban a ese derecho, que nunca tendría que haber sido un deber. Y como si la vida les hubiera puesto unas gafas de alta graduación, decidieron ver más allá de lo que se cocía en su cocina, y a algunas no les gustó ni un pelo a lo que se dedicaba su lindo maridito en esas horas extra de la oficina, y, en lugar de mirar para otro lado, se armaron de valor, enfocaron su vista y lo tuvieron tan claro, que junto a las maletas de despedida, aplicaron el principio fundamental de la libertad: “Más vale sola, que mal acompañada”, y sí, resurgieron cuál ave fénix, pero como unas jabatas sacaron fuerzas e hicieron con su vida una nueva versión de sí mismas, y su felicidad fue el principio de todos los principios.

Hoy quiero hacerles un homenaje muy especial a aquellas madres que han sabido ser madre y mujer, sin desfallecer en el intento. Hoy brindo por todas esas luchadoras que nos abrieron de par en par las cuentas de los bancos sin necesidad de un hombre que firmara como titular. Por ellas, por las que sabían que tener una nómina propia sería el mejor pasaporte hacia la independencia, el mejor seguro de vida, la mejor razón de quedarme donde de verdad me aman y nunca por necesidad o miedo. A todas a las que les cerraron las puertas con la excusa de: “eso es cosa de hombres”, pero no se rindieron y volvieron a abrirla de un puntapié para entrar por la puerta grande. Una ola a las que pudieron y supieron elegir, y acertaron, entre ser mamá a jornada completa o a jornada partida, seguro que lo hicieron lo mejor posible.

Desde aquí mi reconocimiento y el de muchos hombres, hijos y maridos que se sienten orgullosos de estas madres del siglo XXI, porque son ellas las que nos han dado la lección magistral de que cuando se quiere, se puede. Consiguieron lo que durante más de veinte siglos habíamos tenido prohibido, y estas madres fuertes y valientes no lo dudaron, lo tenían claro, era ahora o nunca.

¡Hijas y nietas de estas madres, nos toca no defraudarlas! Nos queda continuar su camino, que lo difícil ya lo hicieron ellas. Nos enseñaron que los celos no significan amor, que el control no es muestra de cariño, que una mujer, además de tener un cuerpo precioso, también tiene un cerebro maravilloso y que ser madre es fantástico, pero no es lo único.

A las madres de hoy les digo que tenemos un legado que no podemos descuidar. Por nuestras abuelas, por nuestras madres, por nosotras, por nuestras hijas y por nuestras nietas, recordemos que la vida está para vivirla, que llevar tacones es divinamente compatible con disfrutar de la sonrisa de nuestros hijos, con triunfar y llegar todo lo alto que nos propongamos y, por descontado, con amar y sentirnos amadas hasta perder el sentido.

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Al rincón de pensar
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Mar y Cleo | 24-04-2016 | 08:34| 10

Puedo practicar la técnica del avestruz, creer que mientras yo no lo veo, no existe, pero lo realmente cierto es que mientras me dedico a esconder la cabeza, los demás lo único que ven es mi culo en pompa, y claro, esa postura es la mar de peligrosa,  invita a que me den un cachete y encima luego no saber qué ha pasado ni quién ha sido. En conclusión, nada de avestruces, que eso de que: “Ojos que no ven, corazón que no siente”, puede que me termine saliendo caro o, como poco, que sea de lo más ridículo.

Pero es que no siempre voy a estar en plan súper heroína, luchando cuerpo a cuerpo contra todo lo que no me va o no me interesa. Y qué hacer con aquél personaje con el que lo único que he conseguido es aprender a ponerle cara de tonta porque es un liante y un profesional de la mentira, o con la amiga que me birló a mi chico o con este embrollo que he montado en mi trabajo para intentar que nadie sepa que realmente no estaba mala, sino que estaba en la feria de Sevilla a ritmo de rebujitos…

─No permitas que nada ni nadie te quite la paz─ me suelta la profe de Pilates y asesora yogui de mi paz interior.

Oye, y la cosa es que ella lo dice la mar de segura, como si fuera tan fácil y todo se arreglara soltando un susurro con voz zen diciendo:

─Apártateme de mí, estás alterando mi sosiego espiritual.

Vamos que le digo yo eso a mi hermana cuando me llama con la histeria subida y me da con el móvil un mamporrazo, que de ese sí que voy a quedarme zen, pero para un rato largo.

Me he puesto a hacer los deberes que mi entrenadora yogui me ha puesto: he hecho una lista con las cosas que me quitan la paz, y oye, que me he llevado alguna sorpresa, pero en cambio con otras lo tenía bien claritas. ¿Y ahora qué? Pues ahora tengo que mandarlas al rincón de pensar, es decir, mi examiga ladrona amorosa, el profesional de los líos en los que termino dejándome enredar y la chivata envidiosa de mi compañera de trabajo, ale, largo de mi camino, ahí os quedáis, derechitos al rincón de pensar y bien lejos de mis pensamientos.

Bueno y ahora qué, pues tengo que rellenar el hueco que me han dejado vacío, pero con buenos rollos y mejores personas, sí, de esas que ahora dicen que suman y que no restan, de las que son asertivas y empáticas, vamos de las que toda la vida hemos dicho que son buena gente, pero sin tanta neopsicopalabrería.

Y es cierto, reconozco que han pasado los meses, y oye, que me levanto con ese buen ánimo que solo sentimos los que no tenemos papeles en Panamá. Y entonces me relajo y en este plan de sosiego, serenidad y silencio me empiezo a convencer de que el asunto no está nada mal, y cuando más fascinada estoy, de pronto, la vida me pone ante los ojos un cartel luminoso con una gran verdad: “El pasado, como el asesino, regresan al lugar del crimen. El pasado siempre vuelve”. Ale, se acabo mi paz interior, mi mundo zen y mi armonía espiritual.

Y como si del lado oscuro retornaran, todos regresan desde el rincón de pensar:

Mi examiga me echa de menos y se da cuenta de que eso de tontear con novio ajeno no sienta bien, claro, lo ha comprobado en su propias carnes.

¡Ay, cuánto cuesta desenredar los líos liados si de pronto las afectadas, en lugar de tirarse de los pelos entre ellas, se alían y son de tus pelos de los que tiran! ¡Ay, consuélame que estas quieren acabar conmigo!

Casualmente en el aseo de la oficina escucho lo que no tengo que escuchar, y claro, confidencia por confidencia, resulta que mi compi prefiere una amiga en el trabajo que una compañera con información top-secret.

Y digo yo, ¿qué tiene de malo bajarse un poco de la rueda que gira nuestra vida tan rápido con esos pensamientos nuestros que siempre van a lo mismo: políticos, economía, violencia de género…? ¡Estoy hasta la mismísima punta de mis tacones!

Me pongo en la posición de loto, mando al mundo entero al rincón de pensar y me quedo tan a gusto que hasta subo dos palmos del suelo como si levitara.

Y visto lo visto, he decidido que yo también me voy al mismo sitio que todos, a ese rincón de pensar donde me temo que me reencontraré con los que allá mandé y con más de uno que se fue allí solito. Seguro que cualquier sitio es bueno, porque a ver si pensando pensando, hacemos que no haga falta bajarse del mundo ni hacer el Buda para ser feliz.

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Un par de cuernos
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Mar y Cleo | 17-04-2016 | 10:39| 0

Y cuando mejor me encontraba disfrutando de esa soltería que parecía para toda la vida, llegó a mí un bumerán con forma de enamorado, y de pronto me escucho cómo salen por mi boca palabras del tipo: novio, nosotros, te quiero, aniversario… y un sinfín de palabrejas que había desterrado de mi vocabulario porque incluso pensaba que la Real Academia las había borrado del diccionario por caducas y falsas.

Ahora me descubro hablando en plural y hasta me veo preguntando antes de cambiar el canal de la tele a mi propio ritmo de zapping, o lo que es lo mismo, a 3 programas seguidos por segundo. Lo cierto es que tiene su encanto esto de tener todos los sábados un plan, y cuando no, tampoco el mundo se paraliza bajo mis tacones si nos quedamos un fin de semana haciendo sofing bajo la manta… ¡anda, que si esto me lo dicen hace un tiempo, no me lo creo!

Eso sí, mi vida social ha dado un giro. Ahora salgo a cenar y, aunque seguimos ganando en número las mujeres, son muchas las que vienen emparejadas. Mis conversaciones picantonas de antes las seguimos haciendo, pero aprovechamos cuando vamos al aseo… ¡no sé aún por qué! También me ha tocado presenciar más de un rifirrafe entre parejas que nos llevan la delantera y ya van siendo veteranas en esto de la convivencia, y digo yo:

─¿Por qué no vendrán ya peleados de su casa? ¿Es que hacerlo con público les pone?

─¿Y tú, por qué no vienes ya besuqueada de tu casa? ¿O es que a ti también te pone tener espectadores?─ me dice una que anda un poco envidiosilla…

De pronto recibo un whatsapp de esos de emergencia. No me puedo negar, una de mi pandilla necesita una amiga real, que esto no es cosa para compartirla ni alardearla virtualmente por las redes. Acepto y aquí estoy, delante de un café, toda una tarde por para nosotras y mi capacidad de escuchar al 100%. Mi café y su relato comienzan así:

─Lo sé todo. Cada paso que damos lo puedo predecir. Sé que son las 7 de la tarde, porque mi teléfono suena para decirme que ya sale de su oficina. Sé que esa noche haremos el amor, porque por la mañana, mientras estamos desayunando, me mira, baja la tostada y me dice: “Estás preciosa”. Dentro de dos sábados iremos al cine fijo, porque ese fin de semana no habrá liga ya que juega la selección. Lo sé todo: el pasado, el presente y el futuro. He dejado de sorprenderme, pero en cambio soy incapaz de vivir sin su llamada de las siete, sin su piropo del desayuno y sin los sábados de cine sorpresa. Si me faltara me moriría, pero con él me estoy muriendo.

Entonces trago saliva, lo que busca mi amiga tiene un nombre, es un consejo tan viejo que hasta Sabina le puso ritmo: “…pon un par de cuernos a tu depresión”. A ver, no es que yo vaya aconsejando por ahí a todos que pongan cuernos, que creo en la fidelidad, pero qué quieres que te diga….

¡Cuántas infidelidades han arreglado la crónica de una muerte anunciada de un matrimonio! ¡Cuántas hormonas han vuelto a la vida cuando ya se creían muertas! ¡Cuántas mujeres feas y aburridas se han vuelto guapas y divertidas después de una feria taurina!

Pero eso sí, le recuerdo que nunca olvide un principio fundamental si de este asunto tan peliagudo quiere salir reforzada y nunca magullada: al mundo prohibido fuiste y de él debes salir por la misma puerta secreta que entraste. No confundas despertar el instinto básico que se te había aletargado, y que tu chico te va a agradecer aunque no sepa muy bien qué está pasando, con remover la vena amorosa, que eso lo complica todo. Y recuerda, no vayas a cometer un error de principiante: “Donde tengas las olla…”, ¡eso jamás, que los amantes son pasajeros, pero el curro es para toda la vida!

Reconozco que después de estos ratos de terapia de amigas acabo agotada, pensativa y hasta retroalimentada. Por eso, de camino de vuelta a casa, hago un repaso rápido de mi situación. En cuanto regrese hoy voy a sacar a la mujer que llevo dentro, voy a ser imprevisible, como a mí me gusta. No pienso preparar nada de cena, incluso soy capaz de tomarme dos cervecitas antes de que llegue y que me pille piripi y con ganas de guerra. Y como pretenda encender la tele, lo lleva claro, ya me ocupo yo de que en lugar del telediario esta noche bailemos al ritmo de mis caderas. A partir de ahora la única predicción que va a haber en mi casa va a ser la meteorológica, que el resto ya la desbarataré, porque bien sé yo que unos cuernos duelen más que mil palabras de perdón.

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Querido diario
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Mar y Cleo | 10-04-2016 | 11:44| 0

Reconozco que hay cosas que me dan una pereza enorme, confieso que todos los años arrincono en una esquina el refajo, el mantón y todos mis aperos del Bando hasta ver si un hada buena se apiada de mí y se los lleva al trastero y así yo el año que viene subiré toda entusiasmada para volver a disfrutar de la hermosa primavera de mi tierra. Pero mientras viene o no viene el hada, cada vez que paso, yo miro el refajo y las enaguas me miran a mí haciéndome ojitos, por ver si me animo y las recojo del rincón donde ya llevan más de una semana.

Horror, mis amigas de la capital me han anunciado visita, y no es que me disguste que vengan, qué va, siempre que están mi nevera parece un expositor del supermercado, y la vitrocerámica se enciende más veces que los farolillos de la feria de abril. Pero antes de que me pillen, y sin más remedio, tengo que ponerme el turbo en el trasero, e ir a buscar ese superlimpiatodo de la tele, porque estas son de las que pasan el dedo y miran con un ojo guiñado y la cabeza ladeada en busca de bacterias escondidas, y seguro que las encuentran, ¡ya lo creo que sí!

¡Ay, Dios mío! Como lleguen y vean el hatillo de ropa desde el día del Bando ahí tirado… ¡del critiqueo no me libra nadie!

A ver, a pasar revista. ¿Huele a limpio? Sí. ¿Todo brillante? Desde luego. ¿Los rincones ordenados? Por descontado. Pues ahora a subir al trastero, ese trastero que acumula recuerdos de toda una vida.

Abro la puerta y aún me pregunto qué hace ahí esa cuna, como si tuviera planes para ella… ¿Y los apuntes de la facultad? Todos los años me hago la misma pregunta y todos los años me quedo sin respuesta y sin valentía para deshacerme de ellos. ¿Y eso que hay ahí detrás, qué es? Me acerco despacio, empujo suavemente la caja de los adornos de Navidad que dejé deprisa y corriendo la última vez que vine. Y de pronto, como si tuviera vida propia, cae rodando una mochila con dibujos ya borrosos por el paso del tiempo… Increíble, aún está aquí, y como si acabara de volver de clase me la cuelgo al hombro, solo me falta el uniforme de cuadros y la ortodoncia para volver a ser la de aquellos días.

La abro, y poco a poco saco mi estuche de lata que aún guarda el portaminas que me regalaron, el libro de latín lleno de declinaciones que me sabía de rechupete y el de matemáticas garabateado de dedicatorias amorosas que me hicieron más llevaderas las derivadas, los senos y cosenos… ¡qué tiempos tan inocentes! ¿Y qué más hay aquí escondido en este bolsillo secreto?

Mi diario, mi querido diario. Lleno de confesiones y secretos. Con dibujos y corazoncitos atravesados con flechas. El pétalo seco de la primera rosa que me regalaron. La tinta corrida por una lágrima. Planes, ilusiones, deseos, primaveras, fotos en papel pegadas, recortes de periódico, letras de canciones que aún siguen merodeando dentro de mi corazón, papelitos con mensajes de aquellas clases de las tardes soporíferas de física y química, la entrada del primer concierto al que fui a escondidas, trozos de poemas de Bécquer llenos de emociones en cada rima, amores de verano y desamores de otoño… Toda una adolescencia guardada entre estas páginas, un sueño tras otro, pero con la certeza de haberlos vivido. Días de rosas, noches de risas, días de espinas, noches de incertidumbre, pero con la seguridad de que nada ni nadie me lo puede arrebatar, esta es mi juventud, estas son mis historias que me han hecho ser la que soy, una mujer que jamás pierde la sonrisa porque la vida es para disfrutarla, ¡que para penarla, ya nos quedarán días!

Querido diario:

Reencontrarnos me ha hecho darme cuenta de lo afortunada que soy. Me he pasado la vida rodeada de momentos increíbles que muchos quisieran para sí. Puedo hablar de amor y desamor con la misma alegría, porque los que están, están, y los que pasaron, también están en su lugar merecido. Pero si algo me hace feliz es saber que todo ello lo he compartido contigo, con mi más fiel compañero, con mi amigo del alma, el que siempre ha sabido sacar lo mejor de mí. Tú, que vistes mis primeros escritos y que tantas decisiones me has ayudado a tomar, esas páginas que se llenaron de mi inocencia. Hoy, querido diario, quiero decirte que perdida en estos recuerdos que has guardado celosamente me has dado la única lección que vale, y es que estoy aquí y mi corazón guarda como tesoros trozos de aquellos días que hoy me hacen vez más grande.

¡Ya están aquí! Ellas llegan todas sonriendo y yo, sonrío aún más, porque tus páginas me han devuelto mi sonrisa inocente e imborrable del pasado.

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Con cenizas bailando en el aire
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Mar y Cleo | 03-04-2016 | 21:15| 0


Me despido de él durante unos días, desconecto literalmente su tic tac y lo dejo descansar después de todo un año diciéndome la hora, marcándome el ritmo, porque por unos días no hace falta que nada me diga a cada momento lo que estoy viviendo  ni lo que ha de durar, únicamente las risas van a marcar mis tiempos.

Esta semana me he llenado de flores igual que las plazas de la ciudad, esta semana me he vestido de abrazos y saludos, esta semana he bailado sin parar. Pero sobre todo, esta semana ha venido cargada de frases que se repiten cada año, frases que acompañan a mis recuerdos como si de un perfume de madre se tratara.

–        ¡Viva el Bando de la Huerta!

–         ¡Camarero un quinto bien frío!

–        ¡Sardinero dame un pito!

–        ¡Sardinero un collar para mi nieta!

–        Luego nos vemos…

–        ¡Qué bonica está Murcia!

–        ¡Guapa pijo…!

 

Y así, sin que nos demos cuenta, se van  quedando en los oídos de todos para no romper la costumbre que tienen estas palabras de acudir cada año a saludar a la recién estrenada primavera.

Te juro que mis pies ya andan solos, que ni los siento, porque estos dos han cobrado vida propia y no hay guapo que los recoja, claro que yo me apunto a todo, como se dice por ahí: mientras el cuerpo aguante… ¡ya tendré yo tiempo de dormir!

Lo primero que hice fue leerme el programa de fiestas, no vaya a ser que en un descuido me pille el lío en la otra punta de la ciudad y no me de tiempo a llegar, pero qué quieres que te diga, que entre el apretado programa de fiestas y mi propia agenda de eventos, quedadas, comidas, cenas y bailoteos no me ha quedado otra que moverme a un ritmo nuevo.

Salgo a la calle con el bolso cargado de lo que yo llamo “primeros auxilios”, todo en dosis pequeñas, un perfumador, un monederito, una barrita de labios, un mini espejo… y así hasta completar ese kit de supervivencia que me permite salir por la mañana y no tener hora de vuelta, y si entre medias tengo frío, pues me meto en una tienda y listo, aunque he de decir que ayer me vi reflejada en el escaparate de unos grandes almacenes y a primera vista ni me reconocí, algo que era de esperar, porque iba moviendo las caderas a ritmo de la batucada que se escuchaba a lo lejos, ¡oye y ni chispa de vergüenza que me dio! No sé si es que la he perdido del todo o que en estos días me permito ese paréntesis que tendríamos que tomarnos alguna que otra vez en el año, seguro que así habría menos mala leche suelta por ahí.

Y corro bajo el balcón a escuchar la lectura del Testamento de la Sardina y me uno al sonido de los pitos, agito mi pañuelo mientras me sale un ¡¡oh!! por la boca cuando veo el cielo pintado en colores que los fuegos artificiales dejan como un maravilloso cuadro que se desvanece como el humo, y sonrío, y me siento bien porque tengo la inmensa suerte de estar aquí.

Y la semana empieza a tocar a su fin y mis pies se saben este camino de rechupete porque no olvidan aquella primera vez que el fuego de la hoguera derritió mi corazón y me hizo mezclarme entre capas, girar alrededor de la hoguera y bailar con las cenizas en el aire, y mientras todo era fuego, mis penas se quedaban allí quemándose con los restos de una sardina que se ha paseado casi tanto como yo, aunque todo hay que decirlo, mi final ha sido bastante mejor que el de la pobre sardina.

Con aroma a noche, a besos  y humo llega el momento de volver, de decir hasta pronto, es tiempo de que los saludos se conviertan en abrazos de despedida, pero eso sí, habiendo dejado el pabellón bien alto y haciendo honor a las marineras, quintos y a esta fiesta que llena los sentidos.

Regreso a mi casa cargada de collares, de pins, y por supuesto con mi pito en el bolsillo de la chaqueta. Y casi sin encender la luz, con la penumbra que acompaña a los hogares en las noches de fiesta lo veo, ahí está, esperándome en silencio, deseando que su tic tac vuelva a marcar mi ritmo, lo cojo en la mano y  guiñándole un ojo le digo que tranquilo, que el lunes tendrás de nuevo tu oportunidad, pero esta noche quiero dormir sin las penas que lancé a la hoguera, en una cama cargada de ilusiones y que caigan sobre mí, en forma de nuevos sueños, las cenizas que dejé bailando en el aire.

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Un millón de besos apretados
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Mar y Cleo | 20-03-2016 | 09:24| 0

Vaya por delante mis felicitaciones a los padres, a los que son padres de padres, a los que lo serán, a los que lo intentan cada vez que pueden, a los padres no reconocidos, a los padres perdidos, a los padres que están fuera y a los que ya no están, a los padres a tiempo completo, a los padres que cada quince días “me tocan mis hijos”, a los padres luchadores y a los que son padres y aún no lo saben, y una mención especial para los papás que se sienten papás y aunque no lo son.

Sí, ya sé que es un día comercial pero qué quieres que te diga, que hay que dar un aplauso a las campañas comerciales que se estrujan la sesera entre ideas, anuncios, eslogan… ¡Porque mira que es difícil hacer un regalo a un padre, pero difícil de verdad! Así que pongámonos en situación de lo tradicional y acostumbrado año tras año o lo que siempre nos servía como recurso para quedar bien, a ver:

Una caja de pañuelos con las iniciales, toma ya, anda que si ahora si llegas con una de clínex te la lanza en forma de avión. Una corbata para su colección de corbatas que nunca se pone porque ya no va a bodas y la de los entierros, total, siempre es la misma. Si regalas un perfume y el susodicho tiene cuatro hijos, pues le va a durar varios años el aroma. Con el tabaco… ¡ni nombrarlo! Que los padres hoy ya no fuman o son ex fumadores, y tampoco es cuestión de tocar las narices en su día. Una enciclopedia, que antes daba juego, ahora directamente va y te deshereda. Y ya lo rematas con unas  zapatillas de casa, llámense pantuflas, o  unos calcetines o para cerrar la lista ¡unos calzoncillos…!

¿Pero qué te ha hecho de malo el pobre padre que encima que te pone buena cara vas tú y llegas con esa retahíla de desatinos? Sí, él ha evolucionado más rápido que tú, incluso es más moderno que tú, y cada día está más joven, porque él cuantos más años, más ganas de marcha tiene, ¡pero si hasta llego a pensar que yo soy mayor que él al ritmo que voy!  Pero eso sí, si tiene un hobbie, ni lo intentes, seguro que ya se ha comprado absolutamente todos los accesorios o complementos que le hacían falta.

Así que hubo un año que, visto el panorama, me aventuré y me lancé a comprarle el último modelo de portátil con idea de iniciarlo en el inmenso mundo de Internet. Y ahí llegué yo, toda flamante con mi súper regalo, con una sonrisa y una alegría que no podía disimular solo de pensar lo contento que se iba a poner.

Desde el primer instante en el que apretó el ON, comenzó mi pesadilla. Todo eran preguntas, a cualquier hora del día, “Vente que esto no arranca”, y mira a ver cómo hago esto o aquello, hasta cosas que ni yo me había planteado, que incluía dudas nocturnos sobre las cadenas de correos, el se me ha olvidado la contraseña al amanecer, o ese otra duda existencial sobre me ha salido un cartel en medio de la pantalla de un antivirus….

Pero lo peor no es eso, lo peor es hasta dónde puede llegar a derivar su infinita investigación del mundo:

─¿Sabes que en La Rioja van a cambiar el nombre de una calle?

─¿Has visto como van las acciones?

¡¿Pero mi padre tiene acciones?!

─Llevo tres días metido en el Google maps viendo todos los pueblos y sus callejeros.

Anda mira que bien, ¿es que estará pensando en hacer un viaje?

─No, ¿por?

Te lo juro, ha llegado un momento en el que creo que me está tomando el pelo,  aunque no lo admita, me parece a mí que sí. Pero en eso radica el encanto de sentir por dentro a un padre, porque realmente, al menos en mi caso, ha hecho de médico, guardaespaldas, cocinero, taxista, fontanero, electricista… ¡y mil cosas más! Y todo hay que decirlo, para ser justos, pero es que las mujeres tenemos el Día de la Madre, el Día de la Mujer y en esos casos qué, pues que las casas se llenan de flores, pero qué quieres que te diga, ¿tú has visto flores en el Día del Padre?

Así que lo tengo decidido, este año pienso llevarle el ramo más grande que me quepa entre los brazos, porque mi padre ha sido capaz de hacerme sentir la mejor hija del mundo, la más querida, la más cuidada y la más de lo más. Así que se merece que le diga cuánto lo quiero de la manera más bonita del mundo, porque detrás del ramo aquí estaré yo y un millón de besos apretados como a él le gustan. ¡Felicidades papás!

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En este lado y en el otro
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Mar y Cleo | 13-03-2016 | 09:27| 0

Cuando por fin damos el salto en la vida y pasamos de la juventud a la madurez, nos esperan otras novedades: nuestra primera tarjeta de crédito, por fin mi independencia transita sobre mis propias cuatro ruedas y ya no necesito que me recojan o me lleven… Pero si de verdad hay algo que nos va a hacer pensar, disfrutar y creernos que ya somos adultos es cuando dejamos la cama de 90 y finalmente tenemos una de esas grandes en propiedad, una cama de las que si me pongo en diagonal aún me sobra colchón por todos lados.

Ese maravilloso trofeo que la vida un día me puso delante y me escrituró a mi nombre, fue mi propia cama kingsize. He de admitir que también aprendí con el tiempo que ese espacio también puede ser un arma de doble filo y de lo más peligroso. ¿O es que no es verdad que la cama es un importante foco de emociones? Muchas son preciosas, pero hay también de las otras, porque a ver quién es el guapo que no ha entrado un día a una cama y ha salido al día siguiente igual que entró, o si me apuras, hasta peor.

Si está vacía, malo, porque de pronto me encuentro ahí sola resola, y venga a hacerse grande, ¡si hasta parece que ha crecido de ayer a hoy! El bajón está asegurado. Pero aún es peor si resulta que no me puedo quejar, porque vale, lo acepto, hay quien ronca a mi lado, las sábanas ya están calentitas cuando me acuesto y los pies ya no se me quedan fríos, pero de lo otro qué, pues que nada de nada o peor que peor, ¿y ahora qué? Siempre nos quedarán los largos silencios, los cruces de horarios para levantarte tú y acostarme yo. Vamos, que es una penita que la conquista de la madurez de cualquiera en forma de cama grande termine en un pacto de silencio exento de la hormona de la pasión.

Pero una cama tiene dos lados, una cama tiene dos versiones de la vida, una cama nos invita o nos disuade, en una cama se puede entrar por derecho o por la puerta de atrás, en una cama puedo hacer el amor o puedo disfrutar del sexo. Cada lado tiene su sexapeal, y no hay nada que me excite más como es el saber qué misterio tiene cada uno de esos lados.

─Mientras no te conviertas en la oficial, mientras aún seas “la otra” en su corazón y en su mente, tienes asegurado al mejor amante, porque después…. Sabe que tiene que ganarse ese lado de la cama cada día, con el sudor de su frente. Él sí que está de paso, en cualquier momento llega otro que ofrece una propuesta inmejorable, sí, uno con ese  pequeño detalle que él no puede, no quiere o no le da la gana, y qué, pues que es tu vida y eres tú quien tiene la última palabra. Pero eso sí, como nunca sabes cuándo va a ser el próximo retozón… pues vive cada encuentro con él como si fuera el último de tu vida, por si acaso.

─Puede que lleves razón, pero ese lado de la cama también está lleno de horas de soledad, de esperas, de lágrimas, de a lo mejor…

Hubo un momento en el que de pronto me di cuenta de que ya iba siendo hora de dejar de jugar a la adolescente tardía, al menos de forma crónica, porque reconozco que de vez en cuando me hago alguna escapada de vaqueritos, cazadora de cuero y concierto roquero en garitos alternativos, que me encantan. Pero es cierto que me estoy volviendo la mar de formalita y toca tomar decisiones, entre las que, lógicamente,está estabilizar mi estado emocio-pasión-sexual.

─Pues sí, da mucho gusto saber que llegas a casa y hay alguien que te espera para cenar, que te cuenta de qué va la película que ya ha empezado, que tiende la ropa antes de que me dé cuenta de que la lavadora ha terminado, que es incapaz de dormirse sin pegar su cuerpo al mío, abrazarme y susurrarme al oído un buenas noches tan dulce, que los sueños maravillosos están asegurados.

─¡Qué bonito! La verdad es que así contado suena requetebién. Pero…─ le digo a mi ídolo de amiga bien casada.

─¿Pero? Peros hay aquí y allí. En este lado y en el otro. En tus manos está el que tú conviertas los peros en ilusiones, en viajes, en cenas sorpresa, en miradas cómplices, en escondites secretos, en canciones únicas, en noches inolvidables y, sobre todo, en que tú seas la indispensable, la insustituible y la incomparable.

La independencia que sentí con mi gran cama guarda infinitos secretos, sueños e ilusiones, y estén en el lado que estén, no olvido que vida solo hay una y yo no estoy como para sufrir, y menos en la cama.

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Blanco y en botella
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Mar y Cleo | 06-03-2016 | 11:18| 0

No es que me las quiera dar de lista, o a lo mejor sí, pero es que de verdad hay veces que pienso que no hace falta sacarse tres carreras en Oxford para ir por la vida sin toparse a trompicones a cada paso. Vale, lo reconozco, sé que se me da de perlas entrar en un garito, dar un repaso al horizonte, y en el mismo instante saber si va o no merecer la pena quedarse, o si es mejor batirse en retirada antes de que el pavo de la esquina del fondo se acuerde de que la última vez que me tiró los tejos yo me dejé querer, pero que al final al que le di mi número de móvil fue al que estaba al otro lado de la barra.

Tengo un amigo que dice que soy muy intuitiva, vamos, que tengo poderes tipo vidente, y yo no estoy de acuerdo, porque para algunas cosas es tan sencillo como aplicar lo de “blanco y en botella”, si es que no falla. Más que ser vidente, es que es evidente.

─Lo noto últimamente un poco ausente, canta canciones que no le conocía, después de usar 20 años la misma colonia ha venido a casa con un perfume nuevo… Y lo más raro de todo es que igual un día le da por hacerme el salto del tigre, como si fuéramos novios, y al día siguiente no quiere ni que me acerque─ me cuenta mi compañera del trabajo, esa que cuando un viernes llego con ojeras, lo único que piensa es que debo estar cayendo con la gripe… ¡Qué inocencia, le tengo más cariño a mi compi, es que es única!

─A ver, demos un repaso: acaba de cumplir 50 años, cada día tiene más reuniones y los fines de semana anda un poco escurridizo… ¿Quieres de verdad saberlo?

No tuve que darle a mi colega el veredicto final, esa misma semana la vida misma se lo puso en bandeja y me temo que en ese momento dejó aparcada su inocencia, mientras que el cincuentón se quedó con cara de “me han pillado” y echando cuentas de lo caro que le había salido redescubrir que aún le quedaba fuelle en la recamara.

Hay quien confunde la astucia con la sabiduría, y es un error. Siendo sabia lo más seguro es que también sea un poco aburrida y que, probablemente, no llegue muy lejos. Pero en cambio, sabiendo un poquito menos, pero estando al quite de todo lo que me pasa por delante, no se me escapa nada.

Como aquella vez que fui a una conferencia aburridísima y en lo único que me fijé, pero además obsesivamente, fue en la corbata del moderador y mi asociación de ideas empezó a elucubrar: alguien que lleva una corbata así, además de ser un pez gordo de algún sitio, obligatoriamente tiene suficiente vanidad como para caer en mi trampa. Al terminar me acerqué a él, le miré fijamente y le solté lo siguiente:

─Estoy muy disgustada con usted…─lógicamente se quedó sin aliento ante mi saludo, bueno sin aliento y sin palabras, pero lleno de intriga.

Entonces me acerqué un poco más, suavemente le rocé su corbata y le dije:

─Y la culpa de todo la tiene esta corbata. Así vestido es imposible escuchar o atender cualquier otra cosa, por interesante que sea. Me gustaría saber qué tipo de hombre es el que es capaz de lucir tan elegante y tan atractivo y todo con tanta naturalidad… Pretender que yo haya atendido a la conferencia ha sido todo un reto incapaz de superar. Vamos, que no me he enterado de nada de lo que han dicho.

Tan solo contaré que el resto de la velada la pasamos juntos. Compartí mesa y mantel con él y con el resto de los conferenciantes y, desde aquel día, una parte de mi sueldo proviene de los contactos que salieron de aquella maravillosa cena. ¿Sabia o astuta? Yo lo tengo claro.

Pues con lo espabilada que parezco he de aceptar que no consigo graduarme con nota en ese peliagudo asunto de apuntar poniendo el ojo y poniendo la bala. O sí, según cómo se mire. Si es que no fallo, como a mí se me ponga en la cabeza uno entre un montón, al final resulta que de todos los que había para elegir, voy y me llevo al menos recomendable, al más golfo y al que me la hace tarde o temprano. Pero si esto hubiera sido solo una vez, ya me conformaría, ¡anda que hay cada uno… vamos, que son lo mejorcito de cada casa!

No es que quiera ir de lista, pero la cuestión es poner a un lado los aciertos y al otro los errores, y si voy a volver a equivocarme, nunca repetir de error. Por lo demás, la vida es una auténtica aventura llena de videncias y evidencias dignas de disfrutar sin límite.

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Plan renove
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Mar y Cleo | 28-02-2016 | 10:26| 0

Y de pronto se inventó la comida basura, y dejamos de cocinar durante horas y nos fuimos todos como locos a consumir y, de paso, a engordar. Y después llegó la moda de la “New collection”, y cada 15 días renovando percheros y nosotros también cayendo en la tentación de comprarnos modelitos antes, en y después de cada temporada. Y lo que ya es el no va más, ha sido el darnos cuenta de que podemos cansarnos de la decoración de nuestras casas porque nada nos impide coger el próximo sábado y cargar con un comedor, un dormitorio y una cocina en un carro y llevárnoslo a casa, pero eso sí, todo desmontado…

Aún me veo allí, mirando el maletero del coche repleto de paquetes llenos de piezas de mesas, sillas, tableros… Y me pongo a sacarlos, y tiro del primer tablero y que no se mueve, sigo tirando y poniendo todo tipo de posturas a cuál de ellas más ridícula, y nada. ¿Pero si yo lo he metido aquí porque ahora no lo puedo sacar? Te juro que por mí aún seguirían en mi coche, pero al final siempre hay algún alma caritativa que acaba echándome una mano o más bien dos brazos llenos de músculos…

Y es que estamos en un mundo donde todo es perecedero e intercambiable, pero a mí aún me resuena aquello que decía mi abuela cada vez que compraba algo: “Es de excelente calidad, es para toda la vida”. ¿Realmente alguien quiere que la ropa del chino subsista toda una vida? Si es que ya lo cantaba Rocío Jurado:

“Jamás duró una camiseta del chino dos primaverassss”.

La verdad es que hay cosas que es mejor que no perduren más allá de la ilusión de los primeros fuegos artificiales, porque cuando viven más del tiempo previsto, huelen mal. En estos casos es preferible que lleven acoplados una aplicación explosiva y llegado su momento, se autodestruyan. Se me ocurre que a algún grupo de whatsapp más le valdría que se fuera autodestruyendo.

En el fondo, reconozco que a más de uno nos ha venido muy requetebién eso de que por tres perras podamos amueblar nuestro nido de amor y estrenar un nuevo look doméstico, para esas veces que el nidito se transforma en trinchera, en ese final en el que tú te vas a Boston y yo a California, pues arrivederci y punto. Y llegado el reparto en partes iguales, está claro que no vamos a discutir por una mesa que tardé más en atornillarla y en ponerla en pie, que en disfrutarla, y total, ¿acaso voy a pelearme contigo por un tablero con patas del tres al cuarto y que cuando me dé la gana me compró yo cinco como esa? Pues para ti y punto. Y además, si la cosa se complica, pues nada, nos tiramos la vajilla a la cabeza, sí, esa que compramos de oferta en el outlet del Mercachino de mi barrio. Puede que así no nos vayamos a reconciliar, pero desde luego, con rabia interior no nos vamos a quedar, qué va. Y si luego nos arreglamos, pues ale, a por una vajilla nueva y a volver a empezar, que la cosa también tiene su morbo.

A mí me da igual si mi ropa no aguanta dos temporadas, me trae sin cuidado que de vez en cuando nos dé el ataque y decidamos hacer plan renove con todo lo que nos rodea, hasta creo que me hace bien cambiar de aires porque me abre la mente y me refresca las ilusiones.

Me niego a pensar que todo es reciclable, no pienso poner a subasta a ni uno solo de mis amigos del alma, cada uno de ellos ha estado a mi lado en miles de momentos, porque he reído, he cantado y he volado por los caminos de mi vida de su mano y no voy a soltársela porque alguien haya inventado eso de usar y tirar, ¿es que acaso una gran amiga es un clínex?

Sí, hay que reconocerlo, tengo la plena convicción de que, tarde o temprano, a todos nos llega el amor de nuestra vida, ese para el que nos hemos estado preparando, ese por el que hemos aguantado un puñado de fracasos con paciencia porque sabíamos que al final del camino nos esperaba este pedazo de premio. ¿Alguien cree de verdad que después de encontrarlo, yo sería capaz de deshacerme de él con el mismo desdén que hago limpieza en mi cajón de camisetas?

Pues eso, que en este mundo de promesas perecederas, de redes sociales efímeras y de relaciones provisionales, yo me declaro una ferviente defensora del para siempre, porque sí, porque mis sentimientos son tan de verdad que aguantarán todas las primaveras que vengan, porque mis te quieros no se caducan y porque mi amor es de los de para toda la vida, al menos hasta que cambie de vida.

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¡Cuánto tiempo sin verte!
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Mar y Cleo | 21-02-2016 | 16:24| 0

Yo no sé si es que estoy haciéndome mayor y la memoria me flaquea o es que el cerebro es muy listo y mi memoria histórica es cada vez más selectiva. Porque lo cierto es que no tiene mucho sentido almacenar datos innecesarios, pero mucho menos sentido tiene si además de innecesarios, son vergonzantes. Hay que reconocer que todos llevamos algún manchurrón en nuestro currículum, ese personaje que pasó por nuestra vida y que afortunadamente no se quedó, pero que con el paso del tiempo sería imposible explicar qué demonios vimos en él y por qué tardamos tanto en darle carpetazo. Pero menos mal que la naturaleza es sabia y comprensiva, y qué hace, pues borrarlo del historial y no dejar ni rastro de su paso en nuestra memoria.

─Llevo un rato mirándote y no salgo de mi asombro.

─Pues por mí puedes seguir mirando y asombrándote…─le respondo haciéndome la interesante.

─Estás increíble. ¡Cuánto tiempo sin verte… y lo que veo me gusta más aún que entonces!

Y de hacerme la interesante, paso a parecer tonta:

─¿¡Cuánto tiempo sin verte!?

¡Pero este de qué va, si no nos hemos visto en la vida! Y cuando estaba dispuesta a quitarme el moscardón de un plumazo, de pronto me fijo en un pequeño detalle, en ese lunar junto a la oreja, esa manchita me resulta familiar… ¡Horror! Y como si todo se me viniera encima, al lunar le siguen en cascada todos los otros recuerdos: su mal aliento, sus besos sin fuste, su tacañería y su penosa… ¡bueno, mejor ni recordarlo!

─Lo siento, por más que lo intento no me viene a la cabeza, ¿o quizá sea mejor no recordarlo?

Pero en la vida no todo es tan fácil, sobre todo cuando me empeño en lo que no tiene que ser, y yo erre que erre, pues eso, al final todo se complica y la memoria selectiva se va a tomar viento y se incorpora en mi sistema la llamada memoria mosca cojonera. Porque igual que tengo en mi historial amoroso al personaje del que ya no queda rastro, por desgracia también tengo ese otro que no consigo despegármelo de mi capa sentimental ni con agua hirviendo.

Él se fue hace tiempo, pero para mí que fue ayer. Estoy segura que si le preguntaran, no se acordaría ni del día de mi cumpleaños, pero yo, en cambio, no he podido olvidar ni un solo día de los que estuvimos juntos. Vamos, que si suena en la radio nuestra canción, suspiro. Si me pongo el vestido que él me regaló, languidezco. Si veo en la tele nuestra película preferida, lo dejo todo y me derrito recodándolo. Pero por lo demás, hago mi vida normal, estas cosillas solo me pasan de vez en cuando, pero cuando me pasan… ¡cuánto me acuerdo de ti!

─¿Para qué sigo enganchada a un fantasma?─ me desahogo con mi confidente.

─Para espantar al siguiente. Para que cuando algún valiente te zarandee el corazón, en el eco resuene el nombre del dichoso fantasma y el valiente se vaya por el mismo camino que vino.

Mis recuerdos existirán mientras yo los siga convocando, mientras que, en silencio y a escondidas, los sueñe. Y se me vuelven cargas pesadas cuando soy yo sola la que los recuerdo, porque para que sean bonitos faltas tú, los dos juntos y al mismo tiempo rememorándolos y disfrutando cada minuto de aquellos instantes, es que así sola no tiene gracia.

Así que, como si de un conjuro se tratara, te ordeno que desaparezcas de mi vida, ¡zas! Necesito tener la memoria vacía para poder llenarla de historias que realmente merezcan la pena, de momentos inolvidables porque esos sí que los viviré de verdad y al lado de quien se merezca ocupar el puesto de protagonista de esta novela de mi vida, ¡que de personajes secundarios y fugaces ya estoy harta!

Hoy he salido a la calle, y después de mucho tiempo no te he buscado en las miradas de otros, ni he pasado por delante de tu bar favorito. Después de mucho tiempo he salido a la calle libre, porque he pasado página, porque he comenzado un libro nuevo repleto de nuevas sensaciones e ilusiones esperándome. He salido a la calle hecha una valiente y… ¡zas, te me apareces! No me ha importado tu porte ni tu mirada, porque esta vez me ha dado igual si me has repasado de arriba abajo o simplemente te has hecho el disimulado. Esta vez he seguido mi camino sin que los tacones me temblaran y sin que mi corazón palpitara acelerado. Esta vez me he dado cuenta de que desde que te fuiste estoy mucho mejor sin ti, de que desde que te marchaste la vida la siento a flor de piel. Miro de reojo en un escaparate mi reflejo, y me gusta, y veo que en mi sombra ya no queda ni rastro de ti, y me gusta.

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Y tú, ¿lo estás ya o lo vas a estar?
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Mar y Cleo | 14-02-2016 | 15:49| 0

Desde aquel primer peñizco romántico que me dio en la tripa, para mí la cita del 14-F siempre es un día especial. Reconozco que he pasado veladas de enamorados nocturnas de lo más pastelonas, ¡oye, que una ha tenido también sus días de gloria! Pero en otras ocasiones, lo cierto es que eso de día especial más bien lo calificaría como de especialmente difícil. Porque como los humanos somos como somos, no nos conformamos con un solo día en cuestión, porque yo, mejor o peor, puedo pasarlo de puntillas aun sabiendo a ciencia cierta que esa noche no voy a tener ni velitas ni revolcón. Pero es que claro, quince días antes de la dichosa fecha, vayas donde vayas, todo todo todo está decorado con corazones, cupidos, pétalos de rosa flotantes y encima resuenan canciones pegajosas en cualquier esquina… Pues la verdad, es que ante ese panorama no hay quién me libre del mal rollo que me invade, me atormenta y, sí, lo reconozco, me cabrea.

─Nosotros somos muy de cena intima…

¿Nosotros? ¡Pero qué se habrá creído esta, si llevan saliendo juntos desde hace dos semanas! ¡Es que a esta tía no la puedo soportar!

─Mira, este día, es un día más. Yo paso de todas esas chorradas, pienso quedarme en casa viendo la tele, ¡que dan un partidazo!

A lo mejor ella va y se busca con quién irse a cenar y te lo tendrás bien merecido por insulso, miserable y aguafiestas.

─¿Y quién se ha inventado todo este rollo? Pues los comercios, y esos de románticos tienen poco.

Pues visto así, vaya un año más aburrido nos pasaríamos, ¡dejaríamos de celebrar la Navidad, los Reyes, el de los enamorados, el del libro, el padre y la madre y hasta el Ratón Pérez…! Yo me niego a creer que todos los días son iguales, me niego a que alguien me prohíba sentirme especial y, además, todos estos que se son tan anti-día-de-los-enamorados en el fondo son unos resentidos y unos cascarrabias, ¿o a lo mejor es que aún no han sentido la llamada del amor y están rabiosos por ello? ¡Pero qué culpa tenemos los demás!

─Mira lo que te digo, yo no creo en el amor, si lo piensas fríamente, el amor no existe.

─Pues mira bien lo que te digo yo, el amor existe y te digo más, solo hay dos clases de personas: las que están enamoradas y las que lo van a estar. Lo quieras o no, y si no, al tiempo─ le respondo con toda mi alma.

Si es que no lo podemos negar y por mucho que hayamos salido rebotados de una relación, que de eso nadie se libra, en el fondo, todos somos unos románticos empedernidos, aunque algunos se lo callen. Yo lo reconozco, es que es escuchar un bolero y se me remueve todo por dentro, y se me va la pinza, y hasta se me salta alguna lagrimita recordando a aquel que me decía al oído: “Si tú me dices ven…” y oye, que lo dejó todo, pero tanto dejó, ¡que hasta me dejó a mí también!

Bueno, voy a tomarme este día con un poco de calma, total, qué mal hacen un puñado de parejitas cenando y mirándose con cara de tortolitos a sabiendas que mañana ella vuelve a su vestibata de andar por casa y él se calza sus zapatillas de paño y agarra el mando de la tele con la mano, en fin, que se acabó el glamur.

Aunque pensándolo bien, lo que me gustaría saber es quién me prohíbe a mí salir esta noche de cena dónde y con quién quiera, a lo mejor yo tengo también mis cosillas que celebrar, que las tengo, y me niego a no poder compartirlo con un buen vino y un mejor baile hasta la madrugada… ¿y mañana? Pues ya veremos.

Así que hoy ya lo tengo decidido, me tiro a la calle, porque según mis teorías, si no estoy enamorada es que estoy a punto de estarlo, y como no soy de esas a las que les gusta llevar la contraria al destino, pues allá voy, a celebrar mi Día de los Pre-enamorados, ¿y si después de esta noche, lo siguiente va a ser celebrar mi Día de los Enamorados? ¡Nunca se sabe! Porque desde luego, lo que tengo claro es que quedándome enfurruñada en mi sofá y renegando de todo y de todos lo único que voy a conseguir es ser la reina de los Desenamorados, y va a ser que nones.

Así que un año más, mi 14-F sigue señalado especialmente en el calendario, sigue siendo un antes y un después de lo que queda del año, que aún me esperan muchos días con sus noches, muchas ilusiones con sus sueños y muchas ganas y deseos de convertir cada día en algo especial y llenar mi agenda de días irrepetibles.

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Palabras, palabras y más palabras
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Mar y Cleo | 07-02-2016 | 13:13| 0

A mediodía, sentada en una terraza de esas que parece que tienen los rayos de sol alquilados todos los días del año, me tomo mi descanso a mitad de jornada. Viene la camarera sonriente, me ofrece el menú, con una mirada de complicidad entiendo que es su primer día y que está de prueba. Yo le susurro unas palabras para tranquilizarla:

─Lo vas a hacer muy bien. La primera vez de algo siempre es apasionante, o casi siempre…

Todo va al ritmo en el que tiene que ir, me reclino un poco y cierro los ojos dejándome bañar por este calor invernal que el cambio climático ha instalado para todos los siempres. Me relajo, disfruto del silencio que envuelve mi descanso, aunque de pronto en ese silencio, inevitablemente, se cuelan palabras sin sentido: animadas, alteradas, efusivas y también encendidas. Oye y qué quieres que te diga, que yo no he venido hasta aquí para escuchar a nadie, pero no lo puedo evitar y me sale la vena cotilla,  pongo la oreja en la dirección adecuada y escucho:

─¿Has visto el video del coletas?

─¡Hasta dónde vamos a llegar! Seguro que la bolsa baja…

─¡Pero si la bolsa la manejan desde China unos cuantos!

─No, si al final somos marionetas en manos de tres o cuatro espabilados.

─Pues yo me largo a un paraíso fiscal y paso de todo. ¡Camarera, otra cerveza!

Te lo juro, ya estoy hasta la mismísima peineta de políticos, investiduras y acuerdos con los unos y con los otros. Y siempre igual, palabras y más palabras, sueños y más sueños, justicia y más justicia, y así miles de palabrerías salidas de los diccionarios, pero al final sin significado ni enjundia.

Intento concentrarme en mi ensalada, aunque no puedo evitar que mis pensamientos me lleven a esa frase que más de una vez hemos dicho todos: ¡Qué mundo este…! Pues bien, yo creo que las únicas opciones posibles son: o rebelarme, o conformarme, o pasar, o protestar, o dejarme llevar… Pero de verdad, si es que yo ya no estoy para estas tonterías, yo solo quiero vivir y además estoy segura de que como a mí, le pasa a muchos y cuando se sientan delante de la tele y casi todo se nos llena de palabras sobre que si aquella alcaldesa lo sabía todo, que si este se ha embolsado nuestro dinero, que si la corrupción, que si el paro, que si… No sé si estoy viendo el telediario o la serie de “Aquí no hay quien viva”.

Así que hoy, lidere quien lidere, con sus palabrejas envueltas en lacitos de esperanza, a mí no me quita nadie ser la reina de mi mundo, ser la presidenta de mi propia legislatura y así, voy y salgo a la calle con mis tacones que simbolizan que cada paso que doy, lo doy yo. Que cada decisión que tomo, es mía porque soy libre. Que yo soy la dueña de mis palabras y también de mis silencios. Y en este microcosmos en el que me ha tocado bailar la danza de la vida, a mí solo me valen los hechos y no los dimes y diretes que no llegan a nada.

Y la camarera me trae el postre, y el sol sigue calentándome la piel, se ve que a mis eventuales vecinos de mesa también les está afectando a las cabezas el calor de este solecito de invierno.

─Estoy fatal, no hay forma de ligar, las mujeres están de un raro… o te dicen que no las molestes o son ellas las que te persiguen. ¡Ya no sé qué hacer con ellas!

─Pues está bien clarito, les sueltas  un: “¿En tu casa o en la mía?”

Y las carcajadas suben de volumen y bajan la voz para contarse la última vez que lo hicieron, y nada, que para contarse los detalles más morbosos susurran entre dientes y no me entero, vamos que ni estirando el cuello pillo nada. Para que no cante mucho doy sorbos lentos a una taza de ese café que hace ya rato se acabó, me sujeto a la silla para no inmiscuirme en su conversación y me quedo con las ganas de soltarle más de una palabrita a estos sexy-expertos. A decir verdad, y aunque no me guste reconocerlo, lo cierto es que no van demasiados desencaminados, pero lo que no dicen es que precisamente de lo que los hombres se quejan, las mujeres también nos quejamos. Vamos, que estamos todos hechos unos quejicas y sin visos de entendernos, igual que los políticos. Pero me callo porque se supone que no estoy poniendo mi oreja indiscreta y cotilla.

Me despido de la camarera, de estos rayos de sol a los que ya les queda poco, de mi descanso y  también de mis vecinos de mesa con un guiño descarado, y ellos siguen enfrascados entre palabras, palabritas y palabrejas que el viento se lleva siguiendo la estela de mis tacones.

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Consejos de mi corazón enamorado
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Mar y Cleo | 31-01-2016 | 18:18| 0

Es curioso, hace poco he vivido una situación personal que me ha hecho darme cuenta de que tengo más amigos de los que me pensaba y de que no tengo algunos de los que yo contaba. Mientras mi vida fluía por lo predecible no noté estos pequeños detalles, pero ahora sí, ya tengo claro quiénes son amigos, quiénes se merecen la categoría de enemigos, que de esos también quiero tener porque me dan vidilla, y por último, quiénes son los arrimados, los que van “a su bola”, a esos que les vayan dando. Pues sí, mis amigos sois pocos, pero escogidos; sois los que sin estar, estáis; sois los que escucháis, pero también me zarandeáis las ideas cuando se me atascan obstruyéndome la razón.

Y en uno de esos desatinos míos estaba cuando una amiga me dice:

─Deberías hablar con ella o mandarle un mensaje. Lo está pasando mal, mira que la vida es muy larga y, con el tiempo, te pueden dar remordimientos no haberlo hecho.

Y le hice caso, y mandé el mensaje, y me lo agradeció, y mi runrún interior me felicitó por haber hecho lo correcto y yo le di las gracias a mi amiga por hacer de amiga.

─Las amigas estamos para estas cosas. Bueno, para estas y también para ver lo feo que es el novio de la otra, reírte a escondidas, pero hacerle ver que un novio guapo le no le hará feliz, le pondría los cuernos, fijo.

Lo cierto es que algunas veces no termino yo de valerme por mí sola cuando tengo que tomar decisiones transcendentales, en estos casos me pongo nerviosa: un día tengo clarísimo que no, pero al día siguiente tengo igual de clarísimo que sí. Y así no hay manera. Llegado el momento, lo mejor es buscarse un consejero, un confidente, un alma libre de dudas e incertidumbres, o sea, cualquiera menos yo. Reconozco que en esta elección de asesor personal a veces hago trampas, porque si la duda está entre salir de juerga hasta las tantas o quedarme en casa viendo la tele, no se me ocurre ni de broma llamar a mi madre, mejor se lo pregunto a mi prima y así de paso me da alguna dirección de los garitos más fashion.

El tema que más vueltas me da y el que más tiempo me roba es, por excelencia, esa infinitas dudas amorosas mías. Ya sé que no tienen sentido, las mires por donde las mires, pero yo se lo busco, aunque con poco éxito. Porque a ver quién es el guapo que es capaz de pasar página, así, como si no hubiera sucedido:

─Conozco a uno, me mola, noto que le molo, me pide el teléfono, se lo doy y él también. La noche se acaba, paseamos hasta mi coche con beso robado y picarón de despedida, cada uno a su casa, cada uno a su cama, y cada uno a mirar su móvil por si estaba en silencio, no sea que no me diera cuenta del pitido con algún mensaje de buenas noches princesa…

─¿Qué hago, lo llamo?

─Ni se te ocurra, a ver si se va a creer que estás desesperada. Nunca vayas detrás de un hombre, que vengan ellos.

Y así estoy desde entonces, siguiendo los consejos de mi amiga. Aquí, agarrada al sillón para no salir en su busca, suspirando y mirando el teléfono cada cinco minutos por si al fin él ha decidido correr detrás de mí.

En otra casa y en un sofá distinto está él, con su mejor amigo al lado. Le ha contado ya una docena de veces lo guapa, graciosa, elegante, inteligente, chistosa, culta y marchosa que soy. Vamos que se ha enamorado perdidamente de mí. Que está loco por llamarme y quedar conmigo.

─¿Pero estás chiflado? ¡Ni se te ocurra! ¿Es que quieres agobiarla? Eso a las tías no les gusta. Nada de ir detrás de ella, hazme caso. Las chicas de hoy son muy independientes. Si le has gustado, ella te llama, seguro. ¡Mira que yo de esto sé mucho!

Y así estamos los dos, como los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él. Vaya par de amigos expertos, ¡ya me gustaría a mí saber si estos consejitos de revista súper-pop que nos están dando los usarían para ellos! ¿Pero en qué universidad del amor se han graduado estos dos? Me temo que a esta amiga-asesora que me he buscado la voy a reubicar en otra sección, la de amigas-envidiosas: esas que disfrutan con mi derrota, por falta de sus propios éxitos.

Decidido, quiero vivir, quiero ser la que soy, ¿acaso hay algo más bonito que eso? Pero ¿y si después…? ¡Qué más da el después! Y entonces…:

“Hola, soy yo. Aún siento tu beso en mis labios”.

“Yo también, porque yo aún sigo besándote. En 20 minutos te recojo”.

Lo tengo claro, el mejor consejero y amigo para las cosillas no es otro que mi corazón enamorado.

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El otro lado de mi cama
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Mar y Cleo | 24-01-2016 | 12:20| 2

En la vida hay muchas situaciones placenteras por excelencia, cada uno tiene y se adueña de las suyas, en mi caso es un masaje de arriba abajo y de lado a lado, entonces reconozco que me entrego y hasta, increíblemente, puedo llegar a decir: “Haz conmigo lo que quieras”. Aunque para mí hay otro placer que ocupa un segundo puesto, es ese instante en el que tras acostumbrarme a habitar una parcela unipersonal de mi cama, porque la otra porción del colchón está ocupada, y cuando ya me había conformado con ese metro escaso y raquítico que me había tocado en el reparto, llega el día en que, sin darme cuenta, estiro tímidamente una pierna, y cuál es mi sorpresa que no me topo con ninguna extremidad peluda, y la despliego un poco más con temor a que solo sea un espejismo, pero la realidad se impone, es cierto: ¡¡La cama enterita es para mí!! Ese día se convierte en un grito a lo Nino Bravo:

─¡Libreee, como el sol cuando amanece, yo soy libreee…!, y me lo creo.

Y con ese cuerpo de aventurera me lanzo a la vida. De pronto me doy cuenta que hoy no tengo que volver a ninguna hora deprisa y corriendo, simplemente porque hoy tú no vienes a comer, y además me llama una amiga y me propone plan de chicas con nocturnidad incluida e, increíblemente, no necesito consensuarlo ni con mi propio yo ni con nadie, total, esta noche en casa no me esperan… ¡Tu viaje de negocios es mi pasaporte a los mundos de Yupi!

Como en mis viejos tiempos descubro lo bien que se me da transformar un miércoles insulso en un sábado-noche intenso, con una chispa de ganas y un par de amigas que me sigan el rollo, está hecho. Vuelvo a vivir aquella sensación de llegar al trabajo por la mañana la mar de espitosa porque aún me dura el subidón de vanidad de la noche anterior, pero pasado el mediodía el bajón me espera agazapado, me queda intentar sujetarme en lo alto de los tacones a base de cafés, porque las tres horas escasas que he dormido y los años que ya he cumplido pasan factura… ya veremos cómo logro superar la juerga que me he corrido.

Por fin consigo tirarme al sofá, la cabeza me da vueltas, no hay nada peor que mezclar falta de sueño con cruce de sensaciones merodeando del cerebro al corazón y viceversa, a ver quién de los dos la lía más.

Y cierro los ojos, todavía tengo esa sonrisa picarona que se me puso ayer cuando me arreglé para salir con mis amigas a quemar todos los bares. Se pasean por mi mente las miles de horas de risas, viajes e historias vividas con ellas en otros tiempos, y de pronto, como si una niña mala me hablara por dentro, me empiezo a comer la cabeza, ¿echaré de menos aquella vida loca? Y me acuerdo de la sensación que tuve esta mañana al estirarme todo lo que pude en la cama reconquistando el reino de esos metros cuadrados de colchón cedidos… Y me pregunto:

─¿El reinado de las maravillas de Alicia por un: te voy a dejar? ¿Así, sin más?

Y de pronto mi móvil ronronea, y sobre la pantalla apareces tú, tu sonrisa y tus ojos en un selfie sujetando un cartel que dice: “Guapa, te echo de menos”. Y a mí me da un vuelco el corazón, de un sopetón se me pasa el sueño, el cansancio y se me remueve todo por dentro. Y me doy cuenta de que estoy contando los días para que vuelvas, me parecen infinitos. Lo reconozco, también te echo de menos, mucho más de lo que puedo sujetarme.

Mi móvil vuelve a hacer ruiditos sospechosos… ¡no me lo puedo creer! ¡Pero estas chicas son incansables! Antes de lo que me imagino, me veo tirada en la cama luchando con la cremallera de mis vaqueros de niña alegre, y en un zas ya estoy subida a los tacones. ¡Más madera!

No sé muy bien cómo ha pasado, pero hoy ya no es ayer. Creo que hace rato que amaneció, y mi cabeza y mi cuerpo están para pocas decisiones, pero me parece que anoche decidí que me voy a tomar una temporada sabática contigo.

Y de pronto, estiro una pierna y me asusto, mi cama se ha hecho enorme, alargo el brazo y la almohada está fría y callada. Se me encoge el corazón. Mi mente ni sabe ni puede, tan solo escucho un corazón solitario, el mío, y siento un silencio desconfiado que me grita. El temido frío de las noches de farándula y frivolidad ha invadido todo tu lado de la cama sin permiso. Mi corazón, que es el más listo, no me deja dejarte, aún quiere seguir latiendo al compás del tuyo y mi piel aquí está, esperando tu calor.

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Sí, tienes novio
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Mar y Cleo | 17-01-2016 | 11:09| 0

Hace poco me encontré con una amiga después de mucho tiempo sin vernos, y reconozco que de vez en cuando deberíamos de dejar de vernos las amigas porque estos reencuentros son una gozada. No hay nada comparable al momento: “Puesta al día”, porque lo mismo nos da hablar de líos de trabajo que de aquella otra que parece que fue casarse y que se la tragara el mundo, ¿la habrán secuestrado o solamente se habrá casado?

Pero el minuto de máxima expectación es cuando llega el tercer grado sobre cuestiones amoroso-sexuales. Porque claro, a las amigas-amigas no se les puede andar con rollos y circunloquios inconclusos como a una madre preguntona, qué va, a una camarada de juergas es imposible engañarla, aún nos queda en la memoria histórica compartida las miles de risas, lágrimas y noches hablando y hablando y volviendo a hablar de este, del otro, de aquel, de mi vecino, de tu primo y del compi de la facultad… ¡Como para intentar colarle una mentirijilla! ¡Pero si solo con mirarnos a la cara sabemos cómo andamos las dos en el asunto amoroso-erótico-festivo!

Y cuando ya no me queda nada más por saber me lanzo, porque estoy deseando saberlo todo:

─¿Tienes novio?

Después de un silencio, sonríe y no muy convencida y me responde:

─Creo que sí.

¡Creo que sí! ¿Y esto cómo se come? Quizá no ande mi amiga tan desencaminada, porque a ver quién es la lista que es capaz de saber con certeza cuando el tío que nos gusta asciende al grado de pretendiente.

─Si sus whatsapp son solo de fines de semana y un rato antes de salir… no pinta muy bien la cosa, quizá seas tan solo la opción B, cuando la opción A del sábado-noche le ha fallado.

Entonces ya me quedo más tranquila, porque últimamente me manda mensajes entre semana ¡y al mediodía! ¿Será que esto es lo que hacen los pretendientes cuando quieren pasar a algo más que a simples aspirantes? Yo por si a caso le contesto sus mensajes, pero a las dos horas de recibirlos, no vaya a pensar que estoy desesperada y acierte.

Claro que hay algunos que tras superar duras pruebas con mis amigas por fin ya han alcanzado el nivel de pronovios, que es lo más cercano a novio, pero ni por asomo es un prometido, que eso ya son palabras mayores. Este escalafón de pronovio es de lo más peligroso, porque aunque un día se deje su cepillo de dientes en mi baño, hay que tener claro que eso no significa que sea el único cepillo de dientes que ande disperso por su territorio comanche. Ahora, que entonces también es posible que yo también tenga algún que otro camisón disperso y a la espera de ser o no recogido, ya veremos.

¿Pero en qué se diferencia entonces un novio de un prometido? Fácil, cuando es novio, significa que los domingos aún puedo quedar con las amigas para comer sin tener que dar explicaciones a nadie de por qué no voy a comer a casa de los padres de mi chico. Ahora que como la cosa vaya a más y un día de pronto su hermana o su madre me agregue al grupo de whatsapp de la familia, ¡cuidado, que de ahí al altar ya no queda nada de nada! Irremediablemente he entrado a formar parte de las redes sociales intrafamiliares y a ver quién es la atrevida que no le da a aceptar a la solicitud de amistad del facebook de la futura suegra… Se acabaron las fotos locas y atrevidas, y desde ahora solo me podré etiquetar en los post de psicología de autoayuda, que es lo único de mi face que no hace sonrojar.

─¿Y cómo saber que ese al que tú presentas como prometido también coincide contigo en tus proyectos de boda?─ le pregunto a una de mis amigas que está ya en capilla a punto del sí, quiero.

─Hay una prueba irrefutable. Me di cuenta el día que dejé de cerrar la puerta del cuarto de baño, ahí supe que habíamos dado un gran paso en nuestro compromiso, pero el momento definitivo es cuando me lancé ym sin que me diera corte, le pedí que me comprara una caja de tampax. Y él, ni corto ni perezoso, fue y sin rechistar me los trajo. Me demostró que siempre estaría a mi lado cuando más lo necesitara.

Está claro que de pretendiente a novio hay un largo trecho, también está claro que cada una tiene su momento en la vida para decidir que ha llegado ese instante en el que tener compañero no es una mala idea. Y a mi amiga, que me miraba con cara expectante, le dije:

─Si tan solo con decir a los cuatro vientos su nombre sientes que tu sonrisa se agranda, te revolotean cosquillas por la barriga, entonces… Sí, tienes novio.

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Este año sí que sí
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Mar y Cleo | 10-01-2016 | 11:49| 0

Quiera o no quiera enero es un mes de lo más predecible. Por mucho que yo me empeñe en hacerme la moderna y publicar a los cuatro vientos que a mí lo que me va es lo cool, lo cierto es que al final caigo y no puedo evitar dejarme arrastrar por las rebajas, cerrar los ojos al subirme a la báscula y jurar en arameo cuando la pantalla anuncia que ahora sí que me ha tocado el gordo de la lotería, tener que esconder la tarjeta de crédito en un cajón y tirar la llave al río y hacer mi lista de propósitos que sé que no voy a cumplir y darme cuenta de que esto no puede seguir así, a sabiendas de que un año más sí que va a seguir siendo así, porque no me queda ni una pizca de voluntad, me la gasté toda en el pasado mes de enero y por lo que se ve es una especie en extinción.

─¿Son remordimientos de gastar, comer y pensar más de lo planeado?─ me dice Pepito Grillo cuando cierro los ojos intentando esconderme de la realidad.

─Llámalo como quieras: remordimientos, arrepentimientos, desasosiegos o ¡a la mierda con todo!

Aunque hago que no me oigo, ese runrún está dale que te pego, me sigue y me persigue ¡qué horror! ¿Y sabes qué? Que la culpa la tengo yo, porque no puedo estar siempre en lucha, esta guerrilla mía me acosa y me atosiga, decididamente me quita la paz. Y yo que me conozco, sé que como no esté tranquila se me va la pinza… y se lía y se arma el acabose.

Ya está, decidido, este año sí que sí. No pienso dejar que nada ni nadie se me interponga entre yo y mi felicidad. Dicho así suena de perlas, pero claro, esto hay que organizarlo, que luego me enredo y ya sé yo dónde terminan mis buenos propósitos.

Lo primero y principal es que nunca, pase lo que pase, perderé de vista mi objetivo: quiero ser feliz, hasta el infinito y más allá. Pero no a cualquier precio, qué va, porque mi felicidad vale tanto tanto, que es imposible ponerle precio, así que si hay por ahí algún incauto que cree que me va a engatusar y beneficiarse a costa mía… ¡lo lleva claro, vamos, que ni lo intente!

Ahora ya sí, lo mejor de todo es tomarme las cosas con calma, nada de prisas ni estrés, esta nueva religión mía me lo prohíbe y no soy yo la que va a faltar a mi palabra. Pero claro, esto no quiere decir que la tranquilidad me vaya a apoltronar en un sillón y estar ahí todo el día comiéndome la cabeza. Porque digo yo, que puesta a comer, me como el mundo y de un bocado, que es bajo en calorías y rico en vitaminas de la vida y antioxidantes revitalizantes.

Desde siempre he querido hacer cosas disparatadas, y ¿qué paso con ellas? Primero me lo prohibieron en el cole, después mi padre me lo desaconsejó si es que quería hacer algo en serio con mi vida, a continuación llegaron los “nunca es el momento”, siempre había algo o alguien más importante que se interponía entre yo y mis ilusiones. Y por último, creo que tiré la toalla, empecé a ponerme barreras y a pensar que ya total, para qué. Pues ya sé para qué lo quiero: para sentirme viva, para que nunca me arrepienta de lo que no hice y para que siempre me sienta orgullosa de mí por realizar y amar todos mis sueños.

Pero no van a ser siempre días a lo Juana de Arco, porque también quiero portarme un poco mal, bueno un poco o un mucho, ya veremos… Pero seguro seguro que me lo voy a pasar bien siendo un poco traviesa y, si noto que alguien me mira con cara de que me he vuelto una niña mala, esa será una señal inequívoca de que mi proyecto de felicidad va por muy buen camino.

¡Aquí me tienes año nuevo! Pienso dejarme despeinar todo lo que pueda porque no sé de nada que alborote el pelo y que no sea placentero o esté prohibido, lo tengo comprobado, desde aquí que reto a quién quiera demostrarme lo contrario… que ya me ocuparé yo de despeinarle.

Así visto, la cosa no es como para perder ni una sola oportunidad, porque lo curioso es que de lo de ayer ya ni me acuerdo y de mañana no pienso preocuparme ni una pizca… Yo quiero sentir el ahora, mi sonrisa y ese abrazo nuestro con el que me cortas el resuello.

¡Que la vida es muy corta para quedarme con las ganas de nada! ¡Que la vida es muy larga para ir descalza sin mis tacones y mal acompañada! ¡Que la vida es demasiado bella para que en mis ojos deje de brillar un solo segundo la felicidad!

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¡Sorpréndeme, querido 2016!
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Mar y Cleo | 03-01-2016 | 09:53| 0

Con el cambio de año he llegado a un acuerdo conmigo misma. Nada de tenerlo todo decidido, ¿hay cosa más aburrida que algo o alguien sea predecible? Voy a vivir a lo lolailo este nuevo año, ¡vivan las sorpresas! Y de sobresalto en sobresalto me sentiré viva, así, sin planear, todo a lo que salga, a ver qué pasa, que ya me he cansado de ser tan organizada.

He pensado que la primera que se tiene que quedar con las decisiones anonadada soy yo, y para ello, nada mejor que vivir el last minute, sin dar a las cosas muchas vueltas, y si sale bien, pues genial, y si no, pues qué se le va a hacer, con esa escusa me iré de rositas como mi amiga hace, siempre que mete la pata te suelta con esa sonrisa suya de ¿me perdonas?:

─Si es que no puede ser, estas cosas requieren su tiempo, y como yo no lo tengo…

Yo me dejaré llevar, que ya lo dice mi madre: “Hija, que la naturaleza es muy sabia.” Así que, si la naturaleza es más lista que yo, ¿qué hago yo pensando por ella?

─Eso está muy bien, pero ¿y esas cosas en las que hay que posicionarse? Por ejemplo,  si me pide una relación seria qué hago: ¿Sí o no?

─Pues hago como los políticos, que estamos en tiempo de pactos, nos sentamos a negociar a ver en qué consiste una “relación seria”, y según sea la cosa, voto que sí, voto que no o me abstengo, que eso nunca cierra puertas y da alas a la imaginación o a mejoras en futuros pactos, claro, si es que el oponente sigue interesado.

Oye, se me ocurre una idea genial, con esto de que no quiero tener nada controlado, este año me voy a dejar sorprender también por sus majestades los Reyes Magos. Que nada, que no hay carta, que se busquen la vida, que llevo muchos años dándoles pistas, y luego qué, pues que la mitad de las veces al final me traéis lo que os da la gana. Así que ya pueden sus altezas afinar, a ver si acertáis y me dejáis estupefacta. Vale, lo acepto, si lo que me regaláis no me gusta, no voy a presentar quejas, que no está bien ser una niña caprichosa y tomarme el roscón con los morritos enfurruñados.

Pero eso sí, al menos pondré los zapatos debajo del árbol, porque no es cuestión de abandonarlo todo al azar, que una cosa es dejar que la vida me lleve y otra muy distinta es hacerse el muerto y que las cosas buenas de la vida pasen de largo. Porque yo pienso seguir estando en todos los saraos, nada de ponerme en plan vida zen, que a mí lo de la marcha me tira, no lo puedo evitar, si es que lo llevo en la sangre, ¡pues anda que no le dio tardes a la afición mi abuela, si no había quién la recogiera!

Y digo yo, a lo largo de un año, realmente, ¿cuántas decisiones importantes de verdad tomamos? Bueno, yo tengo una amiga que para ella lo más importante del día es decidir si se levanta de la cama esa mañana o no, pero yo me refiero a lo serio serio. Para mí que son pocas, poquísimas y, si me apuras, a lo mejor, hasta ninguna. En cambio a veces me da la impresión de que nos lo tomamos todo demasiado en serio, y después qué, pues que si ha de ser, será, pero a mí en el entrecejo me ha salido una arruga nueva de tanto andar cavilando si esto, si lo otro… Así que nada de comeduras de tarro, porque lo tengo científicamente comprobado, lo que hoy me parece el acabose, en unos días viene otro acabose más mundial y se me olvida y me enredo con lo nuevo, y así vuelta a empezar. Por eso me pienso meter en todos los charcos, no voy a dejar ni uno, este nuevo año seré el perejil de todas las salsas, que a mí me gustan los líos, y cuando la cosa se complique, zas, de un salto me salgo y ahí que se maten, cuando por fin lleguen a un acuerdo, pues yo también, y así todos felices y contentos, y yo tan guapa, sin una arruga nueva, ¡que eso sí que es importante!

Mi querido año 2016, que sepas que en ti he puesto muchas esperanzas, que por pedir, me pienso pedir todo lo bueno, así que adminístrate bien que aquí estoy yo esperándote y ya llevamos dos días y aún no he visto novedades. A ser posible no te demores en sorprenderme y mucho, que de lo normal y predecible ya estoy un poco aburrida, y te prometo que lo último que pretendo este año es aburrirme.

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Brillan todas las estrellas de la Navidad
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Mar y Cleo | 26-12-2015 | 10:47| 0

Desde ayer estoy tirada en el sofá, pero reconozco que esto que me pasa es por mi culpa, por intensa, por festera, por marchosa, por incansable y, sobre todo, por follonera. ¡Qué le voy a hacer si a mí una juerga me gusta más que a nadie! Y además, digo yo, qué sería de una Navidad sin saraos, risas, prisas, comilonas y mantecados. Pues eso, sería un aburrimiento y me niego, porque yo desde que era pequeña estas fechas las he vivido siempre de forma especial y ahora me he propuesto que sigan siendo tan especiales, lo tengo claro, como a algún desalmado de estos políticos modernos se le ocurra borrarlas del calendario ¡se va a ver conmigo las caras!
Hay veces que aún no han puesto las luces en las calles, ni han adornado los escaparates con bolitas y luces, y yo me noto ya un cuerpo de pandereta… que no hay quién me pare. Porque claro, entre las cenas de Navidad, que cada año me apunto a más; el maldito amigo invisible, que cada vez es menos invisible y más picarón; y los líos que me mete mi familia con el rollo ese de que yo soy la más divertida de todos, pues la cosa es que esto es la locura, y salgo de compras, y canto villancicos por donde paso, y me visto de mamá Noel sexy con las amigas…
Pues eso, que cuando por fin llega la cena de Nochebuena qué me pasa, que estoy para el arrastre, los tacones ya no me sujetan, la barriga me duele de las agujetas que tengo de las dos semanas que llevo riéndome sin parar.
Pero es curioso, a pesar de todo, mis ojos siguen llenos de chispas, llenos de estrellas de oriente, llenos de esa ilusión de cuando era pequeña y mi padre me anudaba bien fuerte la bufanda, me guiñaba un ojo, me cogía de la mano y nos escapábamos a ver las luces de colorines de las calles, y yo me pegaba a los cristales de los escaparates para elegir bien todo lo que le iba a pedir a los Reyes Magos y como me encantaba llenarlos de vaho luego yo, con mi pequeño dedito, dibuja corazones sobre el cristal. Y entonces mi padre me ponía un cucurucho de castañas bien calentitas entre las manos, y nos las comíamos por el camino, de bar en bar, de abrazo en abrazo, porque todos estábamos en las mismas calles y a todos nos daba mucho gusto besarnos, achucharnos, desearnos felices fiestas, y a mí, los amigos de mi padre, me soltaban unas monedillas por el aguinaldo y a mí me encantaba cantar aquello de los peces en el río, del chocolatillo y de los pastorcillos… Y cuando volvíamos a casa reventados de tanta caminata y de tantas emociones, abríamos la puerta y toda la casa olía a Navidad, las luces del belén parpadeando, la cristalería y la vajilla elegante lucía en la mesa del comedor sobre la mejor mantelería y mi madre, muerta de cansada de tanto preparativo, pero más guapa que nunca nos abrazaba con tanto tanto cariño que yo no me desapretaba de su abrazo hasta el año siguiente por estas fechas.
Y aquí sigo tirada, muerta matá en mi sofá, si es que a veces me creo que aún soy una chiquilla,  ayer estuve con la zambomba y la pandereta hasta no dejar un polvorón en la bandeja de turrones de mi madre. Pero eso no es lo malo, quisiera saber a ver de dónde saco yo ahora fuerzas para seguir, porque claro, esto no acaba aquí, qué va, que enseguida tenemos la Nochevieja y otra vez la juerga, y venga a reír, a bailar, a subirme a los tacones, a no dormir, al jiji y al jaja. Pues más me vale recuperarme, y pronto, que no vaya una lengua deslenguada a decir por ahí que ya no estoy para nada, me niego a ser la primera en retirarme, y cuando ese día llegue, una de dos, o es que estoy ya mayor, y para eso aún queda y mucho, o es que he ligado con el mejor de la fiesta y me lo llevo a seguir la noche en mis cuarteles de invierno.
Yo por ahora voy a tomarme el día con calma, nada de esfuerzos, sofing a tope, lo máximo va a ser mover el dedo para cambiar de canal con el mando, hoy los tacones están de jornada sabática y, muy importante, el mínimo de calorías al cuerpo, que a esto aún le falta y luego habrá que ver si lo único que va ser de mi talla van a ser las bufandas y los guantes. Pero eso sí, por muy cansada que esté hoy, el brillo de mis ojos sigue lleno de alegría, de ilusión y de amor, porque en mis ojos brillan todas las estrellas de la Navidad.

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¡Una mujer for president!
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Mar y Cleo | 20-12-2015 | 14:37| 0

Yo esto de la reflexión y los votos me lo tomo muy en serio, pero hoy encima lo tengo que hacer por mandato legal. La cosa es que me pongo a reflexionar por las votaciones y la mente se va donde quiere, que en esta vida hay mucho qué pensar y realmente le dedicamos poco tiempo al asunto. Así que, con o sin votaciones, todos los años debería de marcarse un día de mirarse hacia adentro.

Aquí tengo todas las papeletas que me han echado en el buzón los últimos días. Ahora, como si de la colección de cromos se tratara, las pongo sobre la mesa, así, bien ordenadas, mirando concentrada sus caretos, a ver si así me llega la inspiración, porque la cosa está un poco complicada, que cada uno, a su estilo, tiene sex-appel:

─Pues sí, el coletas descamisado este, de glamour metrosexual anda el muchacho escaso. Le vendría bien un ratito de gimnasio, a ver si se estirajába un poco, que falta le hace. Aunque lo cierto es, que si cierras los ojos y le oyes, bien parece que estés de cháchara con el amiguete aquel de la universidad, sí ese que siempre votábamos para delegado porque el tío era la mar de enrollado, porque cachas cachas no estará, pero labia le sobra, ¡ya la quisieran muchos para sí! ¿Podrá?

─¿Y estos? Pues que entre este y el otro no sé cuál de los dos me gusta más. Tan bien plantados y qué dos buenos mozos están hechos… Tan altos, tan jóvenes, tan arregladitos y repeinados siempre, aunque con tantas ganas de comerse el uno al otro, que no sé yo si tanta ambición va a ser buena. Quizá, a lo mejor, les venga bien chupar todavía un poco de banquillo antes de jugar en primera, porque tan bueno como tan malo para estas lides es el exceso de juventud como la escasez de experiencia. Bueno, tampoco los descarto.

─En fin, y ahora el barbas canoso. Lo cierto es que ponerme, no me pone nada. Aunque he de reconocer que a mí siempre me han gustado los maduritos con experiencia, porque no tengo yo ganas ya de andar dando explicaciones y enseñando el nivel básico del día a día. Creo que tendría que pulir en algunas cosillas, aunque en otras reconozco que algo hemos mejorado. Pero si algún día le veo a este con un sobre guardado en el bolsillo, tendré una duda: ¿será la carta de los Reyes Magos o será un regalito del ratón Pérez?

¡Ay, pero qué complicado es esto de tener que elegir! Si por mí fuera les daba un pedacito de voto a cada uno y arreglado el asunto ¿Y si lanzo las papeletas al aire y al que caiga de cara le voto? De pronto lo veo todo claro, ya sé qué es lo que me pasa. Poco a poco, uno a uno, recojo los sobres de cada partido y, como si de un ceremonial se tratara, los aparto de mi vista. Ahora ya sé de dónde viene mi indecisión, ya lo entiendo todo. Desde que mis recuerdos me alcanzan siempre he visto encorbatados dirigiendo los pasos de mi país. Hemos tenido señores de diferentes colores, partidos y proyectos. Ha habido hombres más votados y otros menos. Pero lo cierto es que creo que ya va siendo hora de que haya un cambio, pero no ese cambio que prometen todos los de las papeletas que he guardado en el cajón.

Es la hora de que por fin por los pasillos de la Moncloa pisen y fuerte unos tacones, ha llegado el momento de que las decisiones vayan más allá de unos objetivos económicos, que alcanzar unas tasas determinadas recaiga en unas manos que hayan hecho en esta vida mucho más que perseguir una carrera política hasta conseguir presidir mi país.

Es verdad que no es tarea fácil, pero lo difícil muchas veces se solventa con inteligencia e intuición, y de eso nosotras somos las reinas. Igual de insistentes que podemos ser hasta conseguir lo que nos proponemos, con esa misma tozudez nos va a llevar a reinventarnos hasta que la tasa del paro no tenga un número a su lado. Y si mi abuela fue capaz de criar a todos sus hijos y además cada mes ahorraba en su sobre secreto para cuando llegaran las sorpresas, estoy muy segura que en poco tiempo la palabra recortes solo la usaríamos para dar algún corte de mangas al despreciable que aún no haya entendido que una mujer nunca puede ser su víctima.

Oye, pues que me alegro de este día de reflexión, me ha llevado a no olvidar la valentía femenina, que igual nos remangamos, que nos comemos el mundo, porque sí, porque ya estamos en tiempo de descuento y porque creo que por fin pronto lo veremos hecho realidad: ¡Una mujer for president!

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Es tiempo de querer llegar
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Mar y Cleo | 13-12-2015 | 09:55| 0

Desde que hace años se me saltaron las lágrimas con la famosa melodía del anuncio de “¡Vuelve a casa, vuelve… por Navidad!”, tengo que confesar que ahora prefiero que las lágrimas solo se me salten por algún que otro ataque de risa, porque mira que me gusta reír y si río, lo hago hasta llorar, y si se me corre el rímel, aún me da más risa.

Después de una larga temporada con los ojos secos, con las sensaciones escondidas, algo se mueve dentro de mí, y no sé si es amor, cariño o ternura, pero qué quieres que te diga, que en estas fechas las emociones brotan como si estuvieran llenas de burbujas chisporroteantes y no hay quien las contenga.

Y es que esto del espíritu navideño me juega las mismas pasadas todos los años, porque me da por echar de menos a quien no está. Claro que con este trasiego entre los que vuelven, los que se van, los que no se van pero parece que sí lo hubieran hecho, con los que se quedan pero no consigues nunca citarte para un turrón juntos y con los que no están pero que a pesar de todo sé que de mi corazón no se han ido nunca porque, vuelvan o no, dejaron un hueco que no puede ocupar nadie más.

Hoy he salido a caminar, a oler el humo de las chimeneas, a dejar que la Navidad me llene el corazón en lugar de rebosar las cartucheras y, de pronto, noto que no voy sola, tu voz da vueltas por mi cabecita, como tantas otras veces cuando la caminata la hacíamos juntos. Y yo, que en cuanto puedo me tiro a la calle para que estos caminos me lleven a encontrarme entre el sonido de mis pasos y a dejarme vibrar con el latido de mi corazón, pues oye, que hoy no hay manera, que no consigo quedarme sola, por más que quiero me rondas en la cabeza. Pero si hasta incluso parece que escucho tu voz. Y me cuentas tus planes y yo te siento, y sin dejarte terminar, empiezo a relatarte los míos y no sé si me oyes o no, porque andas con la mirada perdida en mi escote, y me enfado y me río a la vez, porque en el fondo, me encanta sentirme mujer con tus ojos en mis fantasías.

Y sigo mi paseo, ¿será posible que enredada entre tus cosas me colaras en tu maleta? Y sigo mi camino, un pie tras otro y siempre hacia delante. Me cruzo con gente que corre, con quienes van perdidos en las ondas de su teléfono, casi tan perdidos como yo entre mis recuerdos. Lo cierto es que da igual dónde estemos en cada momento, hay personas que saben envolverte, que se cuelan entre las cosas y, cuando menos te lo esperas, hueles su perfume como si lo tuvieras al lado.

Por eso, estos días, mis sentimientos se cruzan y te echo de menos, pero yo no quiero ni penas ni lágrimas de nostalgia. Lo cierto es que todo sigue igual que lo dejaste, no vaya a ser que cuando vuelvas te notes raro si no lo encuentras y, por descontado, mi sonrisa, mi cariño y mis abrazos aquí están dispuestos para repartirlos sin recortes, que de eso ando yo más que sobrada, ¡y que no me entere yo de que te quedas con las ganas!

Se me enciende el móvil. ¿Y si es una de esas felicitaciones horteras que me inundan la galería por estas fechas? Sigo mi camino, me encanta disfrutar de estos paseos, tan abrigadita con mi bufanda y mis guantes, con mi cabeza en todas partes y en ningún sitio en particular, contigo y sin ti. Es curioso, desde que te fuiste me he dado cuenta de que no somos tú y yo, somos nosotros, y eso me gusta. Y leo:

”Enciende la chimenea. Calienta la olla. Coloca los turrones y los polvorones. Compra castañas. Pon sábanas limpias. No se lo cuentes a nadie. Otra vez aquí, contigo”.

Y por qué no. De vez en cuando no hay que guiar nuestros pasos, de vez en cuando hay que dejar que ellos nos lleven. El camino de retorno se me antoja diferente, mis pies no andan, flotan. Y me digo: por fin, otra vez juntos.

Me doy un baño calentito y dejo que las sales disuelvan el miedo al amor y me perfumen cada poro de mi piel. Huelo a calor de hogar, me pinto el alma con purpurina, no falla, los que te quieren te buscan, aunque sea con billetes de ida y vuelta, o quizá porque realmente nunca se fueron.

Los sueños, al igual que las emociones, vuelven a casa, vuelven siempre por Navidad. Que es tiempo de viajes, de estrellas de Oriente, de atascos en las carreteras, que es tiempo de querer llegar.

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Abre los ojos a los deseos
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Mar y Cleo | 07-12-2015 | 10:32| 2

Cada año, por estas fechas, día más, día menos, me encuentro siempre con este runrún por dentro. Una vez más se acerca mi cumpleaños y ya me veo otra vez frente a unas cuantas velas cerrando los ojos y pidiendo un deseo. Voy a intentar seleccionar entre todos los que me rondan por la cabeza y ponerlos en orden. Pero lo más alucinante de todo, es que aún, al día de hoy, sigo teniendo el inmenso lujo de pedir deseos y soñar.

Vale, lo confieso, hay momentos en lo que me da el bajón, sí porque como no son 15 años precisamente los que voy a cumplir me entra un poco de miedo al ver que cada vez me parezco más a mi madre y, si me descuido, me veo contando batallitas de tiempos pasados como mi abuela.

Pero en cambio, hay otros días en los que lo veo todo maravillosísimo, porque anda que no tengo suerte, si es que con los años que tengo, luzco un cuerpo 10, bueno vale con un 8,5 me conformo, que seguro que llega alguien y me recuerda que soy una exagerada para todo. ¿Y esta mente mía tan privilegiada? Ni qué decir tiene. Y repaso mi lista de contactos, y la verdad, es digna del libro Guinness, ¡ya la quisiera más de una y más de dos para ella! Y entonces me miro al espejo, y me reconozco en esa carita que se asoma ahí y, lo mejor de todo, me gusto.

He tenido fiestas de cumple de todos los colores. De pequeña mi madre las organizaba bien gordas, llenaba la casa de globos, chucherías, piñata y hasta con un  payaso para hacernos reír. Y a mí me encantaba eso de ir al cole repartiendo tarjetitas de invitación a todas las de la clase. Bueno, a todas menos a una, a la repipi de Reme no, porque ella nunca me invitaba a la suya, y eso que vivía en una casa gigante con piscina. Pues sabes qué, que el piso de mis padres era pequeñito, pero mi madre lo agrandaba y lo achicaba haciendo magia para que en mi cumpleaños cupiéramos todos, incluidos los abuelos, los primos y la chacha del pueblo que siempre me traía rosquillas de anís hechas por ella y llenas de amor. A veces cierro los ojos y hago que me estoy comiendo una de aquellas rosquillas fritas, y hasta me parece que se me queda la masa pegada entre las muelas como cuando era pequeña.

Después vinieron los cumples de adolescente, como en el que me regalaron una esclava de plata con mi nombre y una fecha grabada por dentro para que nunca olvidara el día en que nos dimos nuestro primer beso. ¿Y ese cumple en el que por fin me dejaron llegar más tarde de las 12? Y yo, como la Cenicienta, perdí algo, pero no fueron los zapatos, fue la niñez y creció en mí esa rebeldía que aún llevo dentro.

Y de pronto, sin darme cuenta, comencé a no desear tener los 18, porque ya se habían quedado atrás y empecé a contar los años en los que se dice “… y tantos”, y desde entonces hasta ahora parece que esto va a la velocidad de la luz y no hay narices de pararlo, es cierto que algunas veces deseo ser aquella niña que no había perdido aún la inocencia, pero la mayoría de las veces me encanta disfrutar la vida como es ahora mismo, con libertad, ganas y experiencia.

También he tenido algunos cumpleaños en épocas bajas, pero aunque una no esté para tirar cohetes, no hay mejor remedio para las tristezas que una party quitapenas y a lo loco, y ahogar las tristezas en risas, besos y abrazos.

Es curioso, pero ahora que lo pienso, en todo este tiempo nunca me ha faltado una tarta con velas y, cómo no, con su deseo antes de soplar. He llegado a pedir de todo, he tenido deseos disparatados, románticos, imposibles y hasta alguno inconfesable. Se cumplieron muchos, otros aún los estoy esperando, pero creo que hay un puñado que va a ser mejor que no se cumplan porque con el tiempo me he dado cuenta que por mi bien es preferible olvidarlos.

Y este año también habrá tarta, y desde luego no me van a faltar ni globos, ni música, ni ninguno de todos vosotros, y aunque hincharé bien los pulmones, soplaré bien fuerte y miraré a mi alrededor, esta vez no voy a cerrar los ojos y ni a pedir ningún deseo, porque mientras escribo estas líneas he abierto los ojos y me he dado cuenta de que con todos los amigos que tengo, con todo lo que he vivido y con lo que falta por venir, que aún tengo guerra para rato, ¡que más le puedo pedir a la vida!

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Ahora voy y lo cuento
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Mar y Cleo | 29-11-2015 | 11:05| 0

La gran diferencia que hay entre las famosas y yo, a parte de su cuenta corriente, es que un día las ves en la tele abrazadas y presumiendo de amor, y al poco van y se sientan ante las cámaras y proclaman aquello de que se nos acabó el amor de tanto usarlo, y a la vuelta de un telediario ya han encontrado de nuevo un amor eterno asegurando que este sí que es el acertado y definitivo y lo vuelven a relatar desde otro sillón, previo cheque, claro. Ale, este me pongo, este me quito y este otro me lo vuelvo poner, y todo eso a la velocidad de la luz. Yo en cambio, en qué me veo para conseguir uno que sea algo parecido a un pre-amor y además enseguida reivindica que necesita espacio suficiente para extender su libertad, no vaya a ser que alguien nos vea y pregone por ahí eso de que somos novios…

Pero ya me he cansado de ser cómplice de los cobardicas anticompromiso. Decidido, a partir de ahora si nos besamos, si me llamas por la mañana, por la tarde y por la noche, si en tus whatsapp hay emoticonos y ya es el tercer fin de semana que quedamos, ¿sabes lo que te digo? Que sí, que somos novios o al menos somos pronovios, y se lo voy a decir a quien me dé la gana, que yo no tengo nada que ocultar, a ver si así me empiezo a parecer a los famosos que salen en la tele y, a lo mejor, mi cuenta corriente también.

─¿Es que no tienes nada nuevo que contarme?─ le digo a una face-amiga por teléfono después de conectarme y aparecer en pantalla su nombre con un corazoncito parpadeante anunciando su nuevo estado sentimental.

─Ja, ja, ja. ¿Ya lo has visto? Pues sí, yo tengo una relación, él no sé, pero yo sí.

Y la lio, ya lo creo que sí, me contaron que a él casi le da un ataque al corazón nada más verlo, pero a la que de verdad le dio un ataque de nervios con efectos colaterales fue a ella, sí, a su novia oficial, a la que por lo visto nadie le había avisado de lo espabilado que es su chico y de lo bien que se apaña para repartir sin problemas su vida en dos, claro que siempre se ha dicho que el que parte y reparte se lleva la mejor parte, o no.

Si es que no falla, ante una situación de discreción llevada al extremo y bajo amenaza de silencio… mosquéate que hay gato encerrado. Pero también es posible que pase lo contrario, porque también está ese al que le dices, le insinúas, le confiesas y por mucho que insistes, nones, que no se da por aludido:

─¿Qué tal tu chico? El otro día le vi y le pregunté por ti, ¿te lo dijo?

─Ya no estamos juntos, él todavía no lo sabe, pero yo ya no estoy con él.

Pues nada, que será cuestión también de anunciarlo por el facebook a ver si así se da por enterado el muchacho.

Pero los peores son los profesionales anticompromiso, como ese que a las dos horas de conocerme ya está enamorado ¡¡peligro, peligro!! Que soy encantadora ya lo sé, que puedo volver loco a más de uno, también lo sé, pero de ahí a que me sueltes en mi cara un pedazo te quiero a las 24 horas de haberme conocido… me parece un disparate, o es que a lo mejor andas muy falto de vida sexual y te crees que así voy a caer en tus brazos derretida como una cándida ilusa, ¡pues no te queda a ti nada…! Ese camino hasta donde tus sueños te deslizan no es tan sencillo, te lo digo para que no te desanimes, recuerda que la última palabra la tengo yo, y te advierto que soy dura de pelar, por mucho que luego vaya por ahí compadeciéndome de mi poca y escasa vida amorosa-sexual-pasional, pero esa es otra historia que no viene al caso.

Aunque es cierto que la mayoría de las veces a la que no quiere que la emparejen es a mí. Así que si tengo que jugar sucio para que no me echen la red, pues lo hago, y saco mis armas de última generación y uso internet a mi antojo, nada como etiquetar fotos a personas a mi antojo y a ver si así el pescador se da por aludido y entiende que yo, igual estoy con un señorito del sur, que con un chicarrón del norte.

Ya sé que ir haciéndome la dura o la sobrá se ha vuelto muchas veces contra mí, pero es que creo en el amor verdadero, sí, en ese que no teme nada y quiere por encima de todo, y claro, si en esta vida llega y llama a mi puerta, te juro que voy y lo cuento.

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Belleza interior y unos buenos calzones
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Mar y Cleo | 22-11-2015 | 08:48| 0

Hay que reconocer que esto de los amores viene por rachas, igual un día me veo que me quedo para vestir santos, como que de pronto se me amontona el trabajo y a ver qué hago yo con tres pretendientes al mismo tiempo. Y entonces me siento a reflexionar, y a uno le veo una pega por aquí pero en cambio tiene muchas ventajas por allí, y lo dejo en la reserva, o como digo yo: como los garbanzos, pero a remojo. Después me pongo a pensar en los otros dos, y nada, que todo son pegas y todo son ventajas: uno es alto, pero un poco tacaño; el otro simpático, pero un pelín golfillo y ¿este? Este es un cielo, ¡pero más feo que Picio!

─Reconoce que el tercero es el que más te mola.

─Ya, pero es que feo, es un rato feo…

─Dale una oportunidad, seguro que la belleza está en el interior.

Y para que no se diga, decido hacer caso a mi gurú personal de andar por casa y acepto una cita con el feo maravilloso. Y de esa cita sale otra y otra y otra. Y en la que hace la infinita cita consideramos oportuno reconocer que somos novios… ¿bonito, eh? Y por eso de que somos novios, pues claro, la cosa llega a más, y lo uno lleva a lo otro y lo otro te lleva inexorablemente a lo tan esperado y deseado. Y de pronto, se me dibuja en mi mente aquello de Disney: “La belleza está en el interior…”. Yo, que con los nervios del momento bizqueo un poco y a veces se me nubla la vista, y además me temo que él no ha previsto que hoy iba a ser el día D…¡Cuál es mi sorpresa cuando se me queda en gayumbos! Pero, ¿de dónde ha sacado esa especie de braga de mi abuela? ¿Será el modelo que gasta Julián Muñoz? Y mi mundo se viene abajo, y su belleza interior ni qué decir cuando ve mi cara.

─¿Aprovechamos que han puesto de oferta la ropa interior y nos vamos de compras?─ le propongo a una amiga en plan shopping girls.

─Mi economía anda para poco y menos para lo que no se ve, yo por ahora invierto en lo de fuera, porque total, lo de dentro con el acelere que llevan ellos, ni se fijan.

Reconozco que lleva un poco de razón, y además puedo demostrarlo científicamente porque en la última final de la copa, que estaba yo ese día con cuerpo flamenco y además íbamos ganando, pensé que después habría sexy-celebración… y a mí se me ocurrió que para calentar motores nada mejor que hacer un paseíllo por delante de la tele con mi mejor picardías, y lo único que conseguí animar fue un exabrupto que me lanzó mi chico porque por mi culpa se había perdido un córner transcendental. Y para colmo, como hubo prórroga y penaltis, a mí me dio frío y sueño y para entonces ya me había enfundado mi pijama de franela, mis calcetines de rayas de colores y estaba liada en el edredón y, lógicamente, en el séptimo sueño… ¡Lástima de picardías, lástima de cuerpo flamenco y lástima de copa porque total, perdió el partido y la noche de pasión se quedó en un 0-0!

Lo cierto es que ellos lo tienen más fácil, tan solo se necesitan concentrarse en encontrar un calzoncillo favorecedor y nada más. ¿Y nada más? Ja.

¿Y esos que creen que sus calzones tienen billete de ida y vuelta? Sí, aquello tan típico de las acampadas juveniles de vuelta y vuelta. Para este grupo creo que no me quedan palabras para calificar tal desatino.

En cambio, es una pena estos otros que sí, que oye, que llevan un bóxer de esos de culo respingón y paquete apretado, y entonces pienso: “Este promete”, pero la verdad es que la zona de la belleza interior va más allá de la pélvis, porque… ¡horror, se ha dejado los calcetines puestos y de tal guisa pretender hacer el baile del cucú! Indescriptible, además de patético.

Hay un complemento interior digno de mención… la camiseta interior de tirantes. Vale, ya sé que hay tíos cachas a los que les queda de rechupete, pero por favor, si no vas al gimnasio, si lo más parecido a una tableta en tu cuerpo son las señales de las sábanas después de una mala noche y si encima dejas que te la compre tu abuela en el mercadillo modelo color celeste con caladitos para favorecer la transpiración… no te quejes si salgo corriendo, ¡pies para qué os quiero!

Pues sí, puedes ser guapo o feo, alto o bajo, serio o bromista, puedes ser lo que quieras, nosotras siempre nos rendimos ante la belleza interior, sobre todo, si esa especial belleza va acompañada de unos buenos calzones.

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Porque hoy es hoy
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Mar y Cleo | 15-11-2015 | 12:36| 0

Fumando espero… ¡ay no, perdón, fumando no! ¡Cómo se me ocurre decir eso! Bueno vale, pues esperaré comiéndome un chuletón, ¡ay no, perdón, eso tampoco! En fin me conformaré con un café calentito y un buen bollo espolvoreado de azúcar, ¡vaya, eso tampoco que me da colesterol! Uff, a resignarse toca, me voy a dar un paseo que me estoy estresando. ¡Oh, pero si no me he echado crema para protegerme de los rayos solares que ahora se cuelan por un tremendo agujero en esa capa que nos protege!

De verdad, juro que cogería un avión y desaparecería… Pero, ¿a dónde? ¿Y cómo? A saber si este es otro de los aviones que no llega a su destino, porque eso de ir en avión anda jodido con los putos terroristas, y suponiendo que aterrice, igual me encuentro con un campo de desdichados refugiados y lógicamente me daría por ir a ayudar. Pero, ¿y si acabo dando con una isla paradisiaca de esas que salen en las revistas pijas y me pierdo? Y entonces yo ahí, venga a disfrutar de las gentes y del lugar. Primer aviso, toca agarrar bien el bolso porque como me vean cara de turista, me lo pueden birlar seguro, que yo para estas cosas me las pinto sola. Vale, pues me voy en coche, calla, también resulta que contamino, y ojo, que como me dé por irme a dedo… ¡cuidado que hay mucho loco suelto! ¿Y si me voy a la….?

Alto, quieta parada, porque hoy es hoy. Pero es que hoy también es el mañana, así que me parece que mejor me quedo. Y en este convencimiento decido empezar el día con alegría: me miro al espejo y en eso, me doy cuenta de que son ya demasiadas cosas malas a nuestro alrededor, que esto se ha convertido en un casino peligroso donde jugar a la ruleta rusa con los elementos, y lo juro, a mí me agota pensar en todo esto. Me meto a la ducha, pero eso sí, me enjabono con un gel libre de parabenos, si es que alguien sabe qué demonios es eso. Voy y me seco con una toalla de fibras naturales, me pongo ropa que no ha sido fabricada por niños… Y de pronto, voy a la cocina, me tomo un zumo natural de un huerto ecológico donde no hay pesticidas, por supuesto.

Creo que he llegado ya a un punto en el que he perdido la cuenta de todo lo que hay que hacer y de lo que no. Llegados a este momento, me suelto la melena, desato mis ganas de decir un motón de palabrotas maldiciendo todo lo que me molesta y me pregunto: ¿Será también malo decir palabrotas?

Pues a tomar viento fresco, ya no puedo más, porque yo quiero vivir en paz y volver a aquellos tiempos donde me gustaba un chico y ni se me ocurría pensar si será o no un pervertido o si le tenía que pedir un análisis de sangre para ver su sistema inmunitario, ni, por supuesto, preguntarle si a parte de gustarle yo, también le gustaban los hombres.

No quiero ser catastrofista, ni quiero dejar de ser quien soy, aunque eso sí, es cierto que me gustaría tener una casita con mi propio huerto, con mis gallinas corriendo por allí, mi vaca dando leche, pero de la de antes, ¿eh? Aunque claro, ¡mucho tendrían que cambiar las cosas para que al final fuera yo una granjera con tacones!

Todo tiene su cara bonita y su lado bueno, así que habrá que darle la vuelta al mundo para cambiarle el color, y por eso me digo, si entre tantísimos peligros yo estoy bien, pues eso: ¡Qué más felicidad puedo pedir que tener la oportunidad de disfrutar de la vida, del amor, de un café, de una terraza al sol mientras me zampo un plato de jamón!

Total, ya no hay marcha atrás, porque a ver quién puede deshacer lo hecho. Sí, porque yo también fui aquella pequeña que corría por las playas con la piel agitanada sin una pizca de crema, también he practicado el sexo y el amor, sin grandes catástrofes imposibles de superar, me he ido de vinos y de quintos, acompañados de morcillas, salchichas o hamburguesas, y eso que entonces, una cogorza no era más que eso, una cogorza. Supongo que virus habría, pero para mí que no tantos, y como nunca fui una cobarde, aprendí que los valientes superamos mejor las enfermedades.

Si todo lo que daba gusto, ahora es malo, pues nada, buscaremos otros placeres más asépticos y a meterle gracia a todo: la crema me la pones tú y te la pongo yo, y sin olvidar la sonrisa, sin perder la libertad, sin dejar de cerrar los ojos mientras los rayos de sol acarician mi piel y, sobre todo, sin miedo a vivir. Porque que hoy es hoy, pero hoy también es el mañana.

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Menos es más, acierto seguro
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Mar y Cleo | 08-11-2015 | 10:30| 0

Es posible que de vez en cuando a algunas se nos vaya un poco la pinza, se nos caliente la boca o se nos escapen pensamientos feministas que normalmente procuramos mantener a raya. Aunque hay que reconocer que no siempre es cosa de esa vena alterada, que la que más o la que menos tiene en algún momento. Pero no, hoy voy a referirme a esos momentos masculinos que son únicos, estelares, irrepetibles, espontáneos y torpes donde los haya. Sí, esos instantes capaces de sacarnos lo peor de nuestro interior, pero es que a veces, ni queriendo lo bordaríais mejor.

─¡Oye, tú de joven debiste ser guapísima!

A ver, vayamos por partes, porque para ser un piropo, no tiene desperdicio. ¿Me has querido decir que ya no estoy joven? Es decir, que estoy vieja. ¿Me ha parecido entender que de aquella joven guapísima ya solo queda una vieja fea? Puedo comprender que con las prisas de alagarme se te enrede la lengua y te salga esta versión torpe de eso otro que realmente querías decir: ¡Vaya mujer más guapa que eres! Fíjate qué fácil, qué sencillo y qué acierto.

Sigamos dándole vueltas al asunto, porque la cosa no se queda ahí, qué va. Ahora me  toca hablar de los olvidadizos, despistados, cabeza-perdidas o simplemente de los voy-a-mi-puta-bola. Pongamos una situación verosímil, algo tan creíble como una cita sin intención de más, por ese simple gusto de tomarnos un café, charlar, puesta al día y si eso, a lo mejor el café se convierte en cena… Pero vamos, que lo único seguro es el café y punto. Cita propuesta por él, vía mensajes:

─¿El viernes te viene bien? ¡Ah, genial, a mí también! ¿Y una cenita? Bueno, como tú quieras. Pero eso sí, invito yo, que te lo debo. Que sí mujer, por los buenos ratos que siempre me has hecho pasar. Ok, entonces el viernes nos hablamos.

Y el día de la cita llega, y el armario mañanero se abre ante mí y me invita a elegir ese modelito con el que sé que nunca fallo: elegante a la par que sencillo, sexy al tiempo que discreto, ese con el que me siento yo, pero que en cualquier momento me puedo trasformar en mi otra yo. Perfecto, ahora mis tacones, sé que son altos y el café no es hasta la tarde, pero así me voy metiendo en situación. Ya es la hora de comer y aún no he sabido nada de ti. Bueno, habrás estado liado con el trabajo. Te daré un toque simpático, seguro que enseguida me dices algo:

─¿Hoy es viernes?

─Uf, se me había olvidado por completo nuestra cita, y tengo asuntos imposibles de anular. ¿Te viene bien otro día?

Entonces respiro, miro al horizonte, vuelvo a respirar antes de dejar escapar mi instinto de darle una bofetada a alguien, o de wasapear: “Gilipollas”. Ahora ya más relajada me sale mi vena sarcástica, que es mucho más útil y fina que eso de mandar a la mierda a alguien, y pausadamente tecleo en mi móvil:

─No conozco a ningún hombre hasta la fecha que haya olvidado una cita conmigo.

Vamos, resulta que no te acuerdas de que has quedado conmigo y ¿todavía pretendes que te dé otra hora? ¿Pero tú te crees que yo soy la enfermera de tu dentista?

Cambiando de tema, me gustaría, que entendieras entre líneas que si te digo que tengo la tarde ocupada porque voy a la peluquería, te imagines que es como ese ascensor en el que se meten los aspirantes a cantantes de los concursos televisivos. A la pelu se entra así y se sale transformada en una estrella, pero lo que pasa entre medias no es cosa de nadie. Vamos, que no se te ocurra preguntar:

─Que vas, ¿a depilarte?

Pero bueno, esto es increíble, ¿te pregunto yo qué haces cuando te encierras en el baño y tardas siglos en salir? ¿Te pregunto yo cuántas horas dedicas a mirarte al espejo haciendo posturitas, metiendo la barriga e hinchando el pecho para parecerte lo más posible a los que van al gimnasio?

O sea, que cuando yo voy a la peluquería ni me voy a depilar, porque no me hace falta; ni me van a tintar, porque mi pelo es así desde que nací; ni me van a hacer el láser, porque bien sabes tú que no lo necesito; y tampoco me van a planchar el pelo, que eso es una vulgaridad. Simple y llanamente voy a ponerme guapa, y a este escueto resultado es al que debes ceñirte:

─¡Qué guapa estás! Anda, vámonos de copas.

Así que te consejo que cuando te venga a la cabeza uno de esos momentos estelares masculinos, piensa antes de hablar, y si no se te ocurre nada, sonríe. Eso te dará mejor resultado, porque con nosotras sí funciona eso de: menos es más. Pocas palabras y bien colocadas: acierto seguro.

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Vacuna para el desamor
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Mar y Cleo | 01-11-2015 | 11:44| 0

Quizá lleven los médicos razón con eso de que más vale prevenir que curar, porque después te curas, o no. Pero es que nos pasamos la vida adelantándonos a todos esos por si acaso esto, por si acaso lo otro, por si acaso aquello… ¿qué nos queda para la vida misma? Aunque claro, así me va a mí.

Y llegó la época de vacunarse contra la gripe, y llegó la época de los resfriados y el médico que me vacune y yo que nones. Y claro, por mi cabezonería más de un año he pasado mis días de fiebre en los que cada segundo me repetía lo mismo: ¿Por qué no me pondría la vacuna el pasado otoño?

Pero es que yo prefiero ir por la vida con esos remedios naturales de mis abuelas, claro que para todos los males no tenían las pobres solución, y por eso digo yo que tanta investigación para los mocos me parece genial, pero hay otro mal con el que se pasa peor que con la gripe y no entiendo por qué a nadie se le ha ocurrido hacer una vacuna para el desamor.

 Así me podría enamorar sin miedos y cuando sienta mi barriga se llena de mariposas, mi cabeza repleta de castillos en el aire y mi corazón explote al verlo, ¡pues a vivir la situación tan ricamente, porque alguien muy sabio empleó su ciencia en inventar una maravillosa pócima que se anticipe a que el amor pueda caducar como los yogures! Y yo me la tomaría y cuando el duro momento del adiós llegara, pues seguiría siendo tan superfeliz sin pasar por esos días o meses en los que solo me apetece encerrarme en mi habitación a llorar, o ponerme fina a base de hincharme a chocolate mientras veo una peli romántica, ni se me irá la pinza soñando que me volverá a decir que me quiere.

Porque realmente esto no es más que una locura, primero llega la locura del amor y luego puede que aparezca la del desamor. Hay auténticos expertos en levantar muros para parar los efluvios amorosos, pero es que a este paso nos vamos a volver todos locos, ¡que alguien me explique a ver cómo me enamoro y a la vez levanto un muro para que las flechas de Cupido no atraviesen de lado a lado mis sentidos!

Pero es que esto de vacunarse del amor tiene sus inconvenientes, porque no hay pócima, brebaje o mejunje que no tenga sus efectos secundarios, y qué quieres que te diga, que me parece que son peores que la propia enfermedad.

Puede que en mi currículum sentimental tenga algún que otro episodio que preferiría no haber pasado, pero mientras sí y mientras no, a mí nadie me quita lo que yo viví, lo que yo disfruté, lo que yo sentí, lo que para mí fue aquella locura de amor, es decir, que a mí nadie me quita lo bailado por lo llorado después.

Miro por la ventana con la mente perdida en mis propios pensamientos y de golpe lo tengo claro, suena la música y de un tirón me quito la armadura que me vestía,  porque la vida hay que vivirla a pecho descubierto, sin petos que oculten mis sentimientos, sin espadas que corten ilusiones. Y como si fuera el mismísimo don Quijote pienso enfrentarme a los gigantes con mi propia valentía, y si luego, donde yo vi sueños, resulta que son molinos, pues seguiré mi camino sin desfallecer mis fuerzas. A mí, que soy una auténtica guerrera de la vida, no hay espejismos que me hagan flaquear.

No he cumplido años todo este tiempo simplemente para soplar unas velitas y cerrar los ojos y pedir un deseo, no. Los años me han enseñado a decir:

─No, esto no me lo merezco, Sí, esto sí es lo que quiero.

Y así tengo lo tengo claro, no quiero saber nada de esos que viven en una mentira constante y además hasta se la creen, de los que dicen lo contrario de lo que sienten, de los que prometen prometen y después… ya se sabe cómo termina el refrán, o esos otros para los que yo no soy lo primero y único, no me merecen la pena, mi exclusividad tiene un precio, y por supuesto, aquellos que flaquean en compromiso, en decisiones y en dudas existenciales, lo siento, pero ya no estoy para tonterías.

¿Que a lo mejor me equivoco? Es posible, pero ¿y si acierto? ¿Y si resulta que sus ojos me miran y yo me derrito, y si sus caricias empiezan por la mano y terminan por rozarme el alma, y si de pronto es capaz de llevarme al fin del mundo con ida y sin vuelta, y si esto es de verdad, porque me siento más enamorada que nunca?  Pues eso, que visto lo visto, me niego a vacunarme.

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¡Que te vaya bonito!
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Mar y Cleo | 25-10-2015 | 11:13| 0

Todos, y yo incluida, como no podía ser menos, guardamos en lo más profundo de nuestra memoria histórica un adiós, un “ahí te quedas”, que aún no hemos sabido ni podido digerir. Y además se nos atraganta en ese lugar secreto del corazón en el que guardamos pedazos inexplicables de nuestra vida, y que, por más tiempo que pase, ahí sigue, ni para dentro ni para fuera, pero que inexplicablemente nos viene a la cabeza cada vez que alguien nos pide que pensemos un deseo.

De aquel: “¡Bye, bye muñeca!” mío, ha llovido y mucho. De aquel inolvidable amor, ese que fue totalmente imposible e irreconciliable, tan solo me queda un silencio rancio y espeso en el alma. Lo cierto es que gracias a aquel “se acabó”, así, sin más explicaciones y sin derecho a réplica, me levanté cual ave fénix y, como si fuera la heroína de Lo que el viento se llevó, lancé mi voz a los cuatro vientos para que se me  grabara a fuego en mi corazón:

─¡A Dios pongo por testigo que jamás volveré a cruzarme con el que ose dejarme y pretenda decir la última palabra!

Todos sabemos, o quizá no, las miles de razones por las que comienza una bonita historia de amor. Pero no todas llegan a buen puerto, y comienza el tiempo de descuento: porque se nos rompió el amor de tanto usarlo, o porque se me cayó de un sopetón el sueño encantado o porque ocurre algo tan simple como que el amor de mi vida está más en la casa del vecino que en el otro lado de mi cama…

Y ese tiempo de descuento el más espabilado comienza a hacer su mudanza virtual, y los pensamientos se empiezan a esparcir por otros cosmos lejanos, y de pronto es urgente ampliar el espacio unipersonal, y llega el día en el que mi cuerpo está en el sofá, mi mano en el mando de la tele, mis pies se apoyan en tus rodillas, pero mi alma, mi ser, mi este nuevo yo anda ya por otro salón y tumbado en otro sofá. Y como sin querer, sale una voz que suelta aquello de:

─Creo que necesitamos un tiempo, quizá sea mejor que nos distanciemos un poco… Porque esta versión suena mejor que esa otra que dice:

─Lo tengo claro, ahí te quedas, que yo me largo.

Y la otra parte de la parte contratante, alma cándida donde las haya, ni entiende ni sabe, y lo único que se le ocurre es pensar que el trabajo le está agobiando, demasiado estrés, lo mejor es mostrarle mi apoyo. Error. Lo mejor sería que en ese momento se oyera la banda sonora de una ranchera a voz en grito con aquello de:

─¡Que te vaya bonitoooo!

Pues sí, yo desde aquel entonces me niego a ser la pardilla, y en cuanto me huelo que la cosa empieza a chamuscarse comienzo a elaborar una estrategia de huída antes de que sea tarde. Más vale una retirada a tiempo, que una derrota:

─Estoy pensando que no lo tengo claro, y antes de que esto vaya a más creo que sería mejor dejarlo, que yo soy de las que se hace ilusiones y luego sufro mucho si sale mal.

O eso otro tan socorrido:

─Me ha llamado mi ex, quiere que este viernes nos veamos. No sé, en plan amigos, es que nos llevamos muy bien. Me ha parecido que estaba de bajón el pobre, y no le puedo fallar. Tus padres lo entenderán si no voy el fin de semana con vosotros, ¿verdad?

Para casos muy rebeldes y complicados hay un método de emergencia que nunca falla. Es preciso planearlo con tiempo: deja de depilarte, no pises la peluquería en una temporada, intenta que la nevera esté bastante vacía, es decir, con tan solo dos yogures desnatados caducados, un pimiento verde pocho y un trozo de piza sobrante que esté bien reseco. El asedio ha comenzado, y entonces tan solo tienes que conseguir que se rinda, no tendrás que decir nada, tranquila, lo dirá todo él:

─La verdad es que últimamente te veo muy agobiada, creo que te estoy siendo una carga, llevas muchas cosas para adelante, no te preocupes, ya lo tengo pensado, me voy y te dejo sola y así un lío menos que tienes.

Es duro ver terminar una relación, pero más duro es cuando no la ves terminar y otro te adelanta por la izquierda y te echa a la cuneta sin más miramientos. Es triste sentir que una historia que comenzó llena de ilusión, toca a su fin, pero más triste es saber que esa historia se había muerto sin previo aviso. Es doloroso ver que el amor y la ilusión se esfuman, pero el dolor mis lágrimas es insufrible. Nada mejor que desear un: ¡Que te vaya bonito y a mí también!

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Otoño, tiempo de valientes
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Mar y Cleo | 18-10-2015 | 10:07| 0

Esto del cambio de las estaciones es digno de estudio, porque si es primavera nos creemos que Cupido va a aparecer por la esquina soltando una lluvia de fechas, y si es verano entonces es como si recibiéramos un pase para vivir la vida loca, y lo del invierno ya es el no va más, el invierno nos abre una puerta a perdernos y buscar refugio en el calor de una chimenea o, a las malas, bajo la manta y a darse por contento.

Y ahora qué, pues que estamos en esos días otoñales a los que yo  llamo: días de me quito y me pongo. Y además, por qué no decirlo, en muchas ocasiones esa frase forma parte de mi filosofía de vida.

Imagínate una mañana soleada donde el sol viste todas las ventanas de mi casa y yo ahí, frente al armario y la duda queda resuelta de inmediato: me pongo sandalias, faldita corta y una chaqueta por si las moscas, vamos que llevo conjuntadas hasta la laca de uñas. Giro el picaporte de la puerta de la calle y me dispongo a disfrutar del día: uno, dos y…, justo al tercer paso entra una rasca que se me mete por el escote y me envuelve, o sea, me siento igualita que si acabara de meterme en un tremendo frigorífico. Me pongo la chaqueta, cruzo los brazos para protegerme del frío, y ando rápido por las calles con la tonta ilusión de que así se me va a quitar. Claro, al final del día ya no sé si es la punta de la nariz o la de los pies la que gana el campeonato del helor.

Ahora imagínate otra mañana igual, pero como ya he aprendido la lección, el mismo sol, la misma situación en mi ventana, yo voy y sonrío sabiéndome la más lista del mundo: hoy botas y pantalones, chaqueta y foulard, y a la calle a disfrutar de nuevo: uno, dos y… al tercer escalón, ¡me entra un calor…! Me quito la chaqueta, vuelvo a andar rápido, pero esta vez buscando la sombra de los árboles de calle en calle como si fuera un espía de los del TBO.

Pues así me siento yo últimamente, que no atino. Si conozco a un posible, sí, a uno de esos que es ese que quizá y solo quizá, pudiera ser, si es que se diera el caso de que  se juntaran varias constelaciones y varios universos, oye, pues igual ¡hasta tiene una oportunidad…! Bueno, lo dicho, que si un posible quiere darme calor, pues depende de cómo me pille, pero lo normal es que a mí me dé frío, y si es él el que se hace el frío, entonces a la que le entra el calor es a mí.

Y es que cada cosa que se nos ocurre y nos lanzamos a hacerla no tiene por qué tener el resultado esperado. El otro día un amigo me contó que una le había pedido su número de teléfono y, acto seguido, ella le hizo una llamada perdida, y claro, ahora al cabo de dos semanas pensándoselo, no sabía si llamarla o no.

─Pero qué quieres que te conteste… La verdad es que en estos asuntos la experiencia no cuenta mucho, es como las sandalias o las botas, pues eso, que puede ocurrir cualquier cosa.

Igual ella se lo pidió porque estaba de fiesta y se le subió la euforia más de la cuenta; o lo hizo ilusionada y al llegar a su casa se acordó de que tenía marido; o simplemente fue un flechazo y está esperando que él la llame. Y claro, yo no soy de dar consejos así como así, pero ocurre que hay proyectos que dan lugar a dudas, y a ver quién es el guapo que lo tiene claro. Por eso yo creo que lo mejor va a ser valorar qué es lo que tienes que perder, o como se hace en los negocios, qué inversión estás dispuesta a perder si no te sale bien la apuesta, porque todo es posible…

─Vamos, que si no tienes nada que perder, llama.

Muchas veces ese miedo a hacer cosas o a decirlas nos hace no hacerlas o a no decirlas, y eso es aún peor, porque es más de cobarde que de sensato. Así que visto que el mundo ya tiene su cupo de cobardes completo, a ver si lo vamos llenando un poco de algunos hombres y mujeres valienntes que no tengan miedo a amar.

Hoy el sol vuelve a vestir mis ventanas, hoy es otoño y a esta estación yo la llamo: tiempo de valientes. Tiempo de ponerse bella y de quitarse penas, tiempo de hojas que bailan con el viento. Pero, sobre todo, es el momento de no dejar pasar el tiempo, ese tiempo maravilloso en el que el corazón arde, aunque los pies se queden helados con las sandalias.

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¿Qué tiene ella que no tenga yo?
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Mar y Cleo | 11-10-2015 | 09:28| 0

Puedo presumir y presumo de tener una agenda de amigos y amigas de lo más variopinta. Los tengo de todos los colores, con gracia hasta decir basta o sosos como un huevo sin sal, sexys y recatados, marchosos con nocturnidad y alevosía y tan caseros que de vez en cuando los rapto y los saco un poco para que vean que hay tiendas nuevas en el barrio. Pero todos me encantan. Para cada uno tengo mi punto débil y, sobre todo, ninguno me ha decepcionado, porque siempre aplico un principio indiscutible con el que voy por la vida: “No le pido peras al olmo”, y así todos tan felices y tan amigos.

A mí, de vez en cuando, me da un poco de runrún morboso y entonces llamo a mi personal-choni y nos tomamos un café juntas y me pone al día de los miles de cotilleos que me pierdo por culpa de este estrés de vida que llevo. Pero es que esta amiga, a la que yo llamo con cariño mi Sálvame de lux particular, es capaz de contar, describir y hacerte vivir las vidas de todos los que te rodean sin que tengas que hacer ningún esfuerzo, y yo me dejo llevar, porque sé que puedo confiar en que su nivel de información es total, fidedigno e incuestionable, y me relajo, cierro los ojos y ella comienza sus relatos:

─Mírala, por ahí viene, si es que es increíble, pero yo no sé cómo lo consigue. Porque, es curioso, no es ni alta, ni baja; ni guapa, ni fea; ni gorda, ni flaca; ni rubia, ni morena… vamos, es una palabra, no es.

─¿Y qué tiene de especial para que le dediques tanta palabrería?─ le reprocho yo, ahora que me ha hecho incorporarme de mi letargo para darle un buen repaso a la susodicha y, encima, comprobar que, una vez más, el nivel de competencia descriptiva de mi choni-amiga sigue siendo indiscutible, es la mejor.

─Pues justamente eso, que no teniendo nada con lo que competir, ahí la tienes… Fíjate en ellos, ya tiene a su lado uno babeando y ese otro que se acerca lleva las mismas intenciones. ¿Y ella? Pues simplemente se deja querer, achucharse y ronronear.

Y oye, yo que me había citado con mi amiga para una sesión de relax y risas, pues que de pronto me noto que, en lugar de una tarde placentera, me está entrando una mala leche… Pero habrase visto qué cosa, aquí está una que antes de salir, paso por toda la ITV: peluquería, maquillaje, vestuario, manicura, complementos y accesorios y, eso sí, no piso la calle hasta que mi espejito mágico no me dice aquello de:

─¡Nena, tú vales mucho!

Pero es que claro, yo siempre me he puesto el listón muy alto, porque me niego a exponerme al mundo si no doy el nivel, que sé que hay días que es mejor que una se quede en casa, y me parece que hoy es uno de ellos.

Y me voy cabizbaja, porque en el fondo lo de esta tía me ha puesto de muy mal humor. Y me pregunto si lo que estoy sintiendo es envidia… Esos hombres que la rodeaban se la comían con solo mirarla, y ella les hacía ojitos, y ellos malabarismos con sus manos, y ella melena para un lado, y ellos requiebros zalameros. Y yo ahí, sentada y sola, mirando como una tonta, espiando como si fuera invisible a los ojos de ellos, porque ellos solo tienen ojos para ella. Lo reconozco, estoy furiosa, conmigo, con ellos, con ella, con la vida… ¡Qué tiene ella que no tenga yo!

Y sin darme cuenta llevo mis pasos hasta la casa de mi amigo el que todo lo sabe, es increíble, siempre tiene una respuesta y es la mejor. Él es mi ese yo que a mí me falta, con dos palabras es capaz de explicar el origen del mundo y la física cuántica desde nivel experto al nivel usuario. Y le cojo de la mano, y desnudo mi alma, y le digo que esa dichosa Mata Hari, devora-hombres se ha cargado de un plumazo mi nivel de autoestima que últimamente lo tenía de subidón total, y ale, aquí estoy rabiosa, cabreada, envidiosa y sin saber por dónde cogerme, vamos insoportable.

─Dime, ¿qué tiene ella que no tenga yo?

Y como además de listo es prudente, sonríe, me mira a los ojos, y me dice con esa voz se locutor de radio que tanto me cautiva:

─Muy fácil, tú ni tienes ni tendrás jamás su nivel.

─¿Qué…?─ digo perpleja.

─Su nivel de follabilidad.

Como siempre, con dos palabras es capaz de devolverme mi paz interior, mi nivel superlativo de autoestima, mi sonrisa y mis ganas de seguir viviendo feliz por ser como soy, a todos los niveles, y por contar con mis mejores amigos y consejeros.

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¿Quién dijo que el amor no existe?
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Mar y Cleo | 04-10-2015 | 08:17| 0

Cuántas veces me sujeté con horquillas en el pelo esos visillos del salón y cuántas veces jugué en mi infancia a que agarraba las flores del jarrón de mi madre, me calzaba sus zapatos y a trompicones recorría el interminable pasillo mirando a mi hermano, que con cara de resignación y con ojos de esto no te lo perdono, hacía de cura, y yo, agarrada del brazo del primer muñeco que pillaba por mi habitación, recorría orgullosa todo el camino… y ¡chan, chan, channn…!

─Sí, quiero.

Porque suena así, redondo, contundente, ilusionado, seguro, eterno y, desde luego, suena como el mejor presagio del amor infinito. Cuando voy a las bodas lo que más me gusta es mirar a los ojos de la novia, no hay día más bonito en el que poder ver reflejada toda su ilusión, ¡hay tantos sueños por cumplirse, que es imposible esconderlos! Y ella dice:

─Sí, quiero.

Y todos los que estamos a su lado nos sentimos felices al verla, porque también queremos, porque el amor es así, contagioso, caprichoso, alegre, chisporroteante, apasionado y, en ocasiones, un poco inalcanzable, y eso es lo que nos hace quererlo, y todos a una decimos con ella:

─¡Sí, quiero!

¿Quién dijo que el amor no existe? ¿Que resulta que hay muchos sí, quieros? Bueno y qué. Cada uno de mis sí, quieros fueron de verdad, porque todos los viví como únicos, porque por nada en el mundo me perdería ni uno solo y, sobre todo, porque nunca se cumplió eso de: “Hasta que la muerte os separe”.

─Tú, qué pasa, ¿que llevas los pasos de Liz Taylor?

Yo  lo único que sé es que cada vez vivimos más años, cada vez apuramos los minutos más y el tiempo para estos asuntos se convierte en un verdadero aliado y nos da tiempo a vivir más y más.

Me niego a cerrar mi corazón al amor, a creer que ya no estoy para esas pasiones, porque a mí me encanta ver a esos ancianos risueños y zalameros que le pellizcan el culo a su señora mientras le sueltan un piropo al oído. Yo pienso ser una de esas viejecitas presumidas, con sus pendientes largos, su meneíto de cadera, el bolso colgando y su ropa interior de puntillas con liguero, que seguro que para entonces todavía seré capaz de llevarme al más apuesto de la residencia al huerto y hasta a tiempo estaremos de darnos un:

─Sí, quiero.

En cada una de esas demostraciones de amor que he tenido, y que me quedan por tener, reconozco que me han hecho muy feliz, que me he sentido amada y deseada, que he disfrutado a tope, porque yo cuando doy mi palabra, la doy como si no hubiera un mañana, que ya vendrán otros tiempos y ya veremos, si es que hay algo que ver o… por si este fuera el definitivo, también estaría bien.

Pero tengo muy claro, es que un sí, quiero no significa: haz conmigo lo que quieras, por eso hay momentos en los que hay que aprender a decir:

─No quiero.

Además hay que saber expresarlo con la misma firmeza y claridad: No quiero que me hagas daño, no quiero que me mientas, no quiero que me pegues, no quiero que me seas infiel, no quiero depender de ti, no quiero que me cortes las alas… De esos no quieros de entonces, han brotado después mis mejores: Sí, quiero. Llenos de sinceridad, cargados de amor, de esa ilusión como la de la primera vez, adornados con mi mejor sonrisa y acariciados con los susurros de miles de palabras envolviendo de felicidad cada día que hemos compartido y con cada beso que recorrió nuestras almas durante ese tiempo.

─¿Y el amor eterno?

─Eternidad es lo que tú y yo queramos que sea, y mientras sea, será amor eterno.

Y así pasan los días, y cierro los ojos, y me acuerdo de cuánto he disfrutado de la vida y me pregunto:

─¿Pero quién será el aburrido que le puso límites al amor? ¿Quién se atrevió a decir aquello de: “Solamente una vez, se ama en la vida…”?

─ Capaz soy de convencerlo y acabar por cambiar la letra del bolero.

En el fondo, un poco de razón llevaba, porque yo soy como la española cuando besa, cuando amo, amo de verdad, y juntos amamos como si este fuera nuestro primer y único gran amor.

Como no sé si me quedan muchos sí quieros o no, pero, por si acaso, no pienso perderme una, y estoy dispuesta a volver a sacar el visillo y las flores de plástico del jarrón de mi madre, calzarme los tacones, que ya no me están grandes, porque ahora se me ajustan a mis pies y a paso fuerte recorro cualquier camino que se me ponga por delante, y segura de que al final del pasillo, con cara de felicidad solo me espera un…: Sí, quiero.

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¡Qué sabe nadie!
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Mar y Cleo | 27-09-2015 | 09:13| 0

Ahora que el otoño tan solo se hace real en el calendario porque en mi armario siguen colgados los vestidos de tirantes, la bolsa de la playa aún está en uso y mis sandalias son el único calzado que me puedo poner, yo he decidido salir a disfrutar del verotoño con el fresquito del atardecer a hacer un poco de ejercicio, bueno tampoco hay que exagerar, un paseíto relajante y vuelta a casa.

Es curioso, por mucho que queramos, nuestra cabeza no para ni un segundo, lo cierto es que nunca he entendido muy bien a esos que dicen que se les queda la mente en blanco, porque lo que es a mí, esto es un no parar, y cuando creo que estoy pensando en ese chico del fin de semana pasado, de pronto, como si fuera un camicace, se me atraviesa un pensamiento, no me quedan tomates en la nevera para hacer luego una ensalada, y de los tomates salto a la dichosa multa que aún no he pagado, y flash, me viene el peliculón que vi anoche que me hizo recordar que aún ando un poco enamorada.

Y sigo andando, porque en el fondo lo que más me gusta de mi paseo es poder encontrarme conmigo misma, olvidarme de todo para volver a recordarlo todo, porque la vida es como la película Memorias de África, por mil veces que la vea, cada vez que la vuelven a poner es como si fuera la primera vez, y aparecen nuevos detalles, personajes que antes habían pasado desapercibidos, música nunca escuchada, paisajes desconocidos y, sobre todo, diálogos y palabras tan bellas que vuelven a acariciarme el corazón y yo me dejo arrastrar por tanta belleza.  

Y mi paseo continúa, y me cruzo con caras desconocidas y conocidas, a todos les regalo mi mejor sonrisa, porque eso es lo que quiero que se lleven de mí. No creo que me entiendan si yo les cuento que esta mañana me ha dado un ataque de nervios al abrir el bolso y descubrir que me había dejado el mando del garaje y tenía que subir a por él, lógicamente he llegado tarde. Tampoco comprenderán que a mí me da ansiedad cuando es jueves y no tengo planificada mi salida del sábado. A ver a quién le explico que no me duele gastarme el dinero en unos tacones de firma, pero que me da mucha rabia tener que pagar el billete del tranvía para solo dos paradas.

Y yo sigo andando, y me doy cuenta de que muchos de los que me rodean creen saber qué es lo que más me conviene:

─A ese no le llames, que yo lo conozco y es un cantamañanas.

─No te bañes, esas olas son peligrosas.                              

─¿Pero tú sabes la de calorías que lleva esa ensalada?

Y yo le pregunto a este otro yo que ha salido de paseo otoñal conmigo: ¿Qué sabe nadie de lo que yo pienso, siento y deseo?

A lo mejor la culpa es mía, es que si en lugar de regalarles a todos mi mejor sonrisa les contara de verdad lo que estoy pensando en ese momento, quizá dejarían de suponer que son mis mejores consejeros.

Y yo sigo paseando y me fijo en los otros, en esos que no soy yo, y me pregunto: ¿Y yo, qué sé de ellos? Pues tanto como ellos de mí. Pero a mí en cambio la curiosidad me puede, no lo puedo resistir…:

─¡Mi reino por tus pensamientos!

Porque yo con sus pensamientos construiría miles de historias, pero historias dignas de ser vividas, llenas de enamorados, de amantes capaces de hacerte volar hasta paraísos perdidos sin moverte de tu sitio, sería capaz de llenarle de colores su vida. Y a este le emparejaría con aquella, y a la que va con ese le busco yo otro mejor, porque es que no hacen buena pareja, y claro, y si no pegan, no hay quien pueda dejar volar la imaginación…

Y yo sigo andando, pero no por el parque, qué va, hace tiempo que ya volví a mi sofá, sigo andando pero por esos caminos que solo mi cabeza es capaz de llevarme, y me da mucho gusto, porque siento que estoy viva, el día que mi cabeza no sea capaz de escaparse hasta el más allá, mala señal… Por eso me siento muy orgullosa de ser yo la única dueña de estas ideas locas que pululan por ahí dentro, y que siga así siempre. Porque no quiero que sepa nadie hasta dónde yo solita soy capaz de llevarme sin moverme del sofá, sí, con tan solo esos pequeños pasitos de mis dedos en el teclado del portátil, y camino hasta aquellas ilusiones que semana tras semana aparecen negro sobre blanco como pequeñas hormigas en la pantalla… ¿qué sabe nadie si lo que escribo es real o tan solo es mi imaginación? 

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Cuando 1+1 son 3
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Mar y Cleo | 20-09-2015 | 08:42| 0

Recuerdo cuando el número tres era mi preferido, porque juntarnos tres amigas era diversión asegurada, de cuando la noche empezaba a prometer era a partir de las tres de la madrugada y cuando con los primeros amores descubrí eso de que a la tercera va la vencida y ese era el que terminaba siendo el adecuado. Hasta hoy todo me iba de cara con este número, nunca me falló. Pero para eso está la vida, para que las verdades que nos parecen irrefutables se vuelvan, como poco, pintorescas, por no decir indeseables.

─Tengo la demostración científica que desde hace un tiempo 1+1 ya no suman 2.

Y con este principio teorico-matemático comienza mi mejor amiga a desarrollar un nuevo concepto aritmético en el que, curiosamente, la calculadora no servía para nada.

Y a mí, esta lección de cálculo va y me arruga el corazón. De pronto el 3, mi número de la suerte, ha dejado de ponerme una sonrisa en la cara y, sin darme cuenta, me hace encoger las ilusiones, pero a la vez agrandar mi alma, y decido sentirme solidaria con todas nosotras, y muy especialmente con aquellas que son la una o la otra, pero no la única.

Y entonces, sin pedirlos, llega una lluvia de consejos o, más bien, un chaparrón con granizo:

─Ve y arrástrala de los pelos.

─Me han contado que es una aburrida, vamos, tú eres mucho más mona.

─Es una fresca, se empeñó en ir a por él y no ha parado hasta que lo consiguió.

─Si es que ya no la quiere, se nota, por eso está contigo.

¡Qué harta estoy de esos comentarios! ¿Por qué siempre salen mal paradas la oficial y la otra? Pero, ¿y él? De rositas que se va el muchacho, porque claro él es un machoman, muy sociable, son cosas de hombres, ya se le pasará con la edad… Te lo juro, no puedo más. No entiendo cómo nos tiramos piedras, debe ser algún complejo de madres de protegerlos a todos, porque si no, no me entra en la cabeza.

Pero no hay mejor defensa que un buen ataque, y en el ataque de cuernos no hay mejor arma que la inteligencia, y si no que lo hubiera pensado antes de hacer caso a ese subidón de serotonina aliñada con un buen puñado de testosterona en su bragueta, oye, pues igual le sale el tiro por la culata… Y es que además lo tenemos muy fácil, porque la pistola del siglo XXI se llama teléfono móvil, y para una mujer seguir su rastro es el reto más fácil que le pueden poner. Y mientras él, en un alarde de romanticismo pitopáusico le ha dado por guardar aquel primer mensaje que se mandaron o pensar que las llamadas sin nombre de contacto no se quedan registradas, e incluso, esa foto tan inocente no piensan que nos puede revelar toda una historia por confirmar. Y nosotras, o ese detective que llevamos dentro, en un minuto adivinamos todo lo necesario para poner en acción un plan inteligentemente elaborado.

─Hola, ya sé que te extrañará que te llame, no te preocupes, tan solo quisiera que nos tomáramos un café juntas, creo que tenemos mucho de qué hablar y, desde luego, nada que merezca la pena por lo que seguir llorando.

Y así comienza una amistad, sin reproches, porque yo no le debo nada a ella, ni ella a mí. Yo no le he engañado, ella a mí tampoco. Yo no le he hecho promesas incumplidas, ella a mí tampoco. Es cierto que el comienzo es complicado, pero el comienzo nace del triunfo. No hay ningún hombre que se merezca las lágrimas de una o de dos mujeres. Así que ni para ti ni para mí, ¡ale, tira con tu madre!

Si malo es cabrear a una mujer, peor es cabrear a dos, pero lo que puede ser el acabose es que dos mujeres cabreadas se alíen. Macho machote, permíteme un consejo, no pierdas ni un segundo, sal corriendo, porque no te espera nada bueno, pero sin mirar atrás y cuando creas que ya te has alejado lo suficiente, sigue que nunca puedes llegar a imaginar hasta dónde llegará a alcanzarte el poder de la inteligencia femenina elevada al cuadrado.

Si los primeros matemáticos que sumaban números, o bolitas del ábaco para hacer sus cuentas, vieran en qué se ha convertido ahora el número 3, se echarían las manos a la cabeza, y no precisamente para buscar sus cuernos, aunque quién sabe si ellos también los portaban con total ignorancia.

He decidido que el número 3 no me acompañe más, ahora mi número es el 1, que las cosas es mejor hacerlas una a una, y vivirlas intensa y apasionadamente, y después a por otra, pero sin amontonarnos, que para algo cada una de nosotras somos únicas e irrepetibles.

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Y llegó el día
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Mar y Cleo | 13-09-2015 | 09:56| 0

Hay realidades que por mucho que las queramos esconder bajo la alfombra salen a flote igual que los michelines. Ya está aquí el día.

Y llegó el día de rebuscar en mi móvil cómo se conectaba la alarma mañanera, llegó el día de incorporar a mi música el horrible sonido del tráfico o peor aún, a meterme dentro de él y por más que intento recordar el murmullo de las olas, más pitan los coches ¡Como si así se fueran a bajar los niños más rápidos de los coches de las mamás y papás aparcados en triple fila! Llegó el día de desayunar con prisas y de quemarme el morrito con el café ardiendo, de saludar al vecino en el ascensor mientras termino de pintarme lo mejor que puedo.

Preparo mi bolso y lo miro, y veo cómo al pobre se le pone el semblante serio, claro, ya no es el divertido macuto multitodo que me ha acompañado en las vacaciones. Y lo miro, y se lo explico: “No me vengas con esas ahora, a ver si este año no me escondes las llaves cuando más cargada voy”. ¡Ay madre mía, ya hablo hasta con mi bolso! No, si la verdad es que eso de la vida contemplativa está muy bonito, pero lo cierto es que yo necesito marcha, hablar con la gente, tener la agenda llena. Sí, esa es la única forma que me parece a mí que estoy más normalita.

Chanclas al armario y tacones en mis pies para marcar el paso y que se note que estoy dispuesta a dar guerra este año. Bueno ya sé que empezó en enero, pero para mí el año comienza ahora, con el comienzo del curso. Los propósitos me los planteo desde este momento y si algo me voy a disponer a cambiar de mi vida es ahora o si no ese despropósito se queda pendiente hasta el año que viene, porque debe ser que ahora no tocaba.

Paso todo el día nerviosa, sin parar de trabajar y de hacer cosas, enlazo una tras otra para que no me dé la depresión postvacacional y llego a casa como si mi cabeza estuviera programada, y ahora la cena, y ahora… Pero hoy en lo único que pienso es en acostarme temprano por el madrugón, y lo cumplo. Cierro los ojos contenta por la misión cumplida y oye, que nones, que no me duermo. Pero yo erre que erre, y me niego abrirlos, y cuento borregos saltando por los prados 1, 2, 3… pero al cuarto, el borrego se convierte en uno de esos cuerpazos que vi en el chiringuito y te juro que de repente, y contra mi voluntad, se abren mis ojos de par en par. Desesperada de ver que las horas pasan y no me duermo, me levanto, salgo a la terraza y recuerdo esas veladas en las terracitas de verano cenando con los amigos y riendo en esas noches interminables y maravillosas. ¡¡Vamos, igualita que la nochecita que estoy pasando hoy!!

Pero después de tantos cursos, propósitos y despropósitos al final he aprendido: me he vuelto precavida, me pongo el cinturón del coche, reviso que no me falte nada, salgo siempre perfecta a la calle, saludo con una sonrisa aunque me haya pasado la nochecita en vela, en fin, que asignatura aprobada. Reconozco que ando siempre liada con la dieta antidieta, pero si no fuera así yo creo que ya no sabría ni qué comer. Pero en los asuntos del corazón me he vuelto una experta cardióloga y estoy más por la medicina preventiva, eso de mejor prevenir que curar, porque con las cosas del querer ya se sabe, cuando hay que curar, hay que llorar, y me da a mí que esta que está aquí no piensa llorar ya, pero ni un puñado pequeño. Nada de conquistadores de pacotilla, ni de mucho lerele y poco larala, no quiero ver ni en pintura a los mentirosos compulsivos y ni de cerca a esos que cuando salen de su casa se les olvida al instante que andan casados pero no un poco, sino de arriba abajo.

Me he levantado antes de que suene el despertador, no quiero que se me haga tarde, comienzo mi vuelta al cole particular. Voy a llenar la cartera de risas, de cañas frescas, de amigos pero, sobre todo, de verdades con mayúscula. Mis lápices van a dibujar sonrisas, el sacapuntas…bueno… ese ya veré para qué lo uso, pienso llenar todas las libretas con mis miles de historias, la goma de borrar indispensable, porque voy a hacer desaparecer todo lo que no me guste. Vuelvo al cole, con la misma sonrisa e ilusión que cuando mi madre me ponía el uniforme y me colgaba la mochila. Vuelvo un año más a la escuela de la vida y no pienso suspender ni una asignatura.

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Hay veranos y veranos
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Mar y Cleo | 06-09-2015 | 09:45| 0

Hay veranos que se olvidan por aburridos, otros que ya no recuerdo por haber tenido demasiadas noches de lunas llenas sin un lobo que me aúlle al oído, otros viajeros, o mejor dicho, mochileros, luego vinieron aquellos en que tocaba acarrear con sombrilla, silletas, cubos, palas… Pero este es un verano que, por memorable, va a pasar a formar parte de la historia, al menos de mi historia, que no es poca cosa.

Desde luego que sí, que hay veranos y veranos, pero este no es uno cualquiera, porque hay veranos calurosos, pero así de ardientes, ninguno; hay veranos divertidos, pero tan irrepetible, ni en broma; pero verano verano verano como este, tengo que reconocer que es del todo imposible que se me dé otro igual.

Quién habrá inventado ese consejo tan rancio que dice: “¡Tienes que sentar la cabeza!”. Pero es que además de aburrido hay que ser un rato envidioso para desearle algo tan absurdo a alguien: ¡sentar la cabeza…! ¿Qué pasa, que verme reír, salir, y no volver a entrar, madrugar o trasnochar, esto aún no lo tengo claro, y darle gusto al cuerpo es algo tan difícil de resistir para los que están agarrados al mando de la tele esperando a ver si así su vida se vuelve de colores? Si es que lo tengo claro, esa frase no va conmigo: ¡sentar la cabeza…!

Yo pienso que en esta vida hay momento para todo, pero este es mi momento. Y me viene una época de esas en las que veo cómo mi mano izquierda empuja a la derecha para que siga escribiendo de esos que desaparecen en un: no te olvidaré, y el tiempo me lleva a mares por los que navegar en busca de una isla, lejos de ojos de curiosos, incluso me ha regalado amigos que hunden sus pies con los míos en la arena.

Solo sé que no hay mal que cien años dure. Los niños crecen y hasta los vecinos folloneros del apartamento de al lado terminan por venderlo y van a dar por saco a otra urbanización lejos de aquí. Incluso hay veces que la suerte llega a ser tan justa que decide ponerse en acción, y entonces, ese que duerme a tu lado, ese que no es el definitivo, ese que no es tu más mejor amigo, un día se levanta, se pone las chanclas, se mira al espejo y descubre que está de más, va y suelta aquello tan socorrido:

─Me voy a por tabaco.

Y sí, en ese momento comienza una nueva etapa, mi Tourmalet particular, tan intenso como infinito, tan inmenso como libre, este momento es tan mío que solo yo decidiré con quién lo comparto y cuánto durará para comenzar muchos empieces.

Y para qué decir no, total, lo tengo todo hecho, que yo hace tiempo que me quité el reloj de la muñeca para que nadie me dijera ni mu. Nada de remansos de paz, quiero vivir a tope, no quiero que el día se acabe, y que hasta las noches y las mañanas me confundan tanto, como un abrazo interminable.

─Pero tendrás que descansar, anda y duérmete un poco.

─¡Ya dormiré bastante cuando esté muerta! Ahora estoy vivita y coleando y no hay quien me pille.

Sé del que me mira y se dice para dentro:

─Esta termina mal…

Estoy harta de sentir las cosas a medias, quiero que me corran por las venas los amores y las pasiones, sentirlo tan fuerte que se me remueva todo por dentro. ¿En qué consiste terminar bien? ¿En saber lo que va a ser de mi vida desde hoy hasta el 2027? ¿En tener siempre perras en el banco? ¿En que el colesterol, el azúcar, la bilirrubina y la tensión estén donde ha dicho el médico?

Pero te aseguro que, aunque no tengo la cabeza sentada, sí la tengo perfectamente colocada en su sitio, pero en el mío, no en el tuyo. Así que no haré como decía Sabina aquello de comprar pastillas para ser feliz, yo ya soy feliz, y mira por dónde, quien venga a intentar amargarme la feria, va a ver qué rápido lo mando por donde ha venido.

Hay quien canta que ya no quedan días de verano, pero yo hace tiempo que decidí que el verano lo daré por concluido cuando a mí me dé la real gana, porque aunque lleguen las Pascuas yo no pienso volverme una aburrida, que siempre he desconfiado de los amores de verano, que yo soy más de los amores de todo el año Hay veranos que terminan con lágrimas, otros que llegan a su fin con una lluvia de estrellas fugaces. Hay veranos que acababan a la misma vez que ese amor con el que me bañaba en el mar. Pero todos son veranos que llenan la historia, al menos la mía, que no es poca cosa.

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Tú te lo has ganado y yo me lo merezco
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Mar y Cleo | 12-07-2015 | 08:30| 0

Esto de irme de vacaciones reconozco que me produce un estrés añadido. Pues sí, lo primero y más importante es la negociación con los compis del trabajo para ver qué quincena me cojo. ¿Qué no parece complicado? Ja, es lo más de lo más. Porque mi amiga es súper y, si por ella fuera, seguro que me dejaba elegir a mí primero, pero, y aquí llegan los peros, tiene que cuadrar la agenda con su ex, para que se quede con los niños, y con la churri de su ex, que también se tiene que poner de acuerdo a su vez con su otro ex, con el que este año ha decidido vengarse de todas las putadas que le lleva hechas los últimos meses, y en esas estamos… Es decir, que yo, que no tengo ni la menor idea de quién es ese tal cabroncete que lo único que sabe es intentar fastidiar a otra, que ni idea de quién es, pues es a mí a quien de verdad están puteando y no consigo saber qué quincena cojo.

Y si lo del trabajo tiene su aquel, todos los años tengo que hacerme la que no con mi madre, con tal de conseguir que sea ella la que se ofrezca a regarme las plantas y a dar una vueltecica a la casa, como ella dice, que no sé muy bien en qué consiste eso de voltearme la casa.

─Hay qué ver cómo es tu padre. Todos los días me dice que mañana nos vamos a la playa, y aquí estoy con todo desmantelado desde hace 15 días.

─Es que está liado.

─Una cosa te digo, cuando por fin me vaya, a mí que no me diga a los dos días que nos volvemos, es que tu padre está de un culo inquieto…

¿Y ahora es cuando le tengo que soltar lo de regar mis macetas? Me parece que no está mi viejita para esas.

─Pues haces mal mamá. Tú siempre me has dicho que no es bueno dejar la casa muchos días cerrada, la macetas, los grifos goteando, el gas sin cortar, las habitaciones sin airear… Oye, que como me voy quince días, que digo que aquí tienes mis llaves y donde se airea una casa, se airean dos, ¿verdad que sí, mamita?

Y ahora toca la maleta y la pre-maleta. Pues sí, la pre-maleta tiene mucha más importancia de lo que parece, porque como todo lo voy dejando para cuando esté de vacaciones, pues así me va, mi ITV sanitaria y otros asuntos pendientes: mamografía, ginecólogo, analítica de todo y un poco más porque hasta el año que viene no toca, depilaciones por zonas o un completo… no sé, ya veremos. ¡Uy, las mechas que llevo raya! Operación renovar: DNI, conducir, sanitaria, seguro del coche, tarjetas de crédito… pero si yo creo que tengo caducada hasta la tarjeta de IKEA. Este es mi sino, como no sé decir que no, al final terminan desechándose solas las cosas y la gente, más por caducas que por inútiles en mi vida. Pues ale, renovarse o morir.

Y ahora ya sí, por fin voy a concentrarme en la maleta, que como siempre lo dejo para el last minute, y cuando llego a mi destino me falta de esto y de lo otro, y acabo comprándome de todo un poco y al final en casa tengo doble juego y nunca termino usándolo.

Ante una maleta, lo primero y más claro que tengo, es que un día me juré que jamás de los jamases aceptaría meter todas las ilusiones de mi viaje en una maleta low cost, no, no y mil veces no. Porque es cierto que tienen que caber mis imprescindibles, que son todos, nada de lo que llevo, lo llevo por llevar, cada sandalia, cada pareo, cada camiseta, cada biquini, cada vestidito… tiene su momento, y si se me ocurre prescindir de alguno, seguro que estoy poniendo en peligro un momentazo irrepetible. Y al lado de todas esas mis cosillas reconozco que hay un hueco para los atardeceres que voy a vivir, los amaneceres que voy a sentir, los bailes de chiringuito que pienso darme, y, por supuesto, para esos paseos solitarios por la playa que cogidos de la mano vamos a disfrutar. Porque sí, porque este año tienes sitio en mi maleta, porque te lo has ganado y porque yo me lo merezco, porque ya estoy harta de esperar a esos amores de verano que luego se los llevan las tormentas de septiembre y mis lágrimas del otoño.

Por esta vez, en mi maleta no van ni malos rollos, ni amigas envidiosas, ni gente que, de no quererme, no es capaz de compartir conmigo lo bueno de mi vida. Para todos los demás hay un hueco seguro, porque yo a ganas de ser feliz y disfrutar no me gana nadie. ¡Por eso os deseo felices vacaciones y nos vemos en septiembre!

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¡¡¡O me cojo vacaciones o no respondo!!!
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Mar y Cleo | 05-07-2015 | 09:43| 0

Para mí que el mundo está un poco loco, cosa que no me extraña, pero es que esto ya es el acabose, porque claro, resulta que de pronto veo en las tiendas que llevamos tres días con las rebajas puestas, ¿pero qué día es hoy? ¿Quién me ha robado la primavera?

─¿Pero tú en qué mundo vives? Desde que te dio la locura esa de la liberación emocional, de horarios y de todo, y se te ocurrió decidir que jamás volverías a llevar un reloj en la muñeca a cambio de dejarte llevar por el calendario lunar, has perdido la noción del tiempo, de las cosas y del espacio.

─Que no, que te digo que es imposible, que no es posible que esté empezando julio.

Mira, por mucho que se empeñe ella, yo llevo más de un mes renegando del calor, sudando desde la mañana a la noche y duchándome seis veces al día como poco. Así que visto lo visto, y que ya quedó tan atrás aquel mes de febrero, y que la primavera pasó como un suspiro y que en cuanto me descuide ya estoy de nuevo con la bufanda al cuello, no me queda otra que gritar a los cuatro vientos:

─¡¡¡O me cojo vacaciones o no respondo¡¡¡

Y oye, que me paso todo el día con ese run-run en la cabeza, y la cosa es que es verdad, este cuerpecico mío necesita unas vacaciones, que no me vale con quitarme el reloj, ¿tan difícil es entender que este calor es insoportable y que me quiero ir a la playa, a la piscina, al monte o al mismísimo  Cancún, pero me quiero ir y punto?

¿Tienes jefe y no te atreves a decirle bye bye? ¿Esta tontería te va ahora a echar para atrás? Pues no, yo creo que hablando se entiende la gente, y tu jefe igual está deseando perderte de vista y así tener también una excusa para largarse. Le puedes decir:

─Que digo que a mí el calor me afecta un montón, madre mía, si es que tengo la tensión por los suelos, seguro que así no voy a rendir. Creo que lo mejor es que me vaya tomando ya unos días y verás cómo a la vuelta estoy nueva y todo me sale muchísimo mejor.

Pero  si él va y contesta:

─Si no es mucho recordar, me parece que hace unos meses era el frio el que te acobardaba y en esas condiciones era mejor quedarse en casa debajo del edredón. ¿Ahora la culpa la tiene el calor?

Pues está claro que con este no vale el diálogo. Entonces pongamos en marcha el plan B: artes de mujer.

Ventanas del despacho abiertas de par en par, pelo recogido en un moño atravesado con un lápiz, ventilador a todo lo que da y de paso que se vuelen algunos papeles a ver si así el montón que tengo delante para archivar se hace más pequeño, minivestidito playero de tirantes rematado con ese volantito tan sexy, todo lo largo que dan mis piernas cruzadas encima de la mesa y rematadas por esas sandalias de tacón de tiritas finas que el año pasado me hicieron tres ampollas, pero que son tan supersexys que yo creo que van a ser infalibles para hacer entrar en razón al terco de mi jefe. Y le veo, viene directo hacia mi mesa, levanta la vista, me mira con los ojos, con la boca y con el chorro de baba que le cae hasta la barbilla… mi puesta en escena está dando resultados, o no.

─Pero mujer, cuando dije que había que recortar en gastos no contaba con quitar el aire acondicionado. Anda, cierra esa ventana que no me gusta ver sufrir al personal con este dichoso calor.

Y él, en un acto de bondad, conecta el aire a -20º por lo menos, y al final salgo disparada al chino de la esquina a comprarme unos calcetines y un forro polar.

Oye, pues prueba a llorar sin parar, antes funcionaba, aunque ahora no sé yo…

─¿Pero dónde vas a estar mejor que aquí? Tan fresquita, sin mancharte de arena, sin tener que soportar a los pala-playas de la sombrilla de al lado, sin que los niños te salpiquen la toalla de arena y ¿chiringuito dices? Pero dime qué quejas tienes tú de esa máquina dispensadora que hemos puesto al fondo del pasillo que no le falta detalle, hasta refrescos con sabor a mojito que tiene.

Puede que el cambio climático haya vuelto loco el mundo, incluso me haya vuelto un poco loca a mí, pero te juro que no puedo más, que necesito unas vacaciones. Cierro los ojos y solo veo playa y palmeras, y, al fondo, una piscina con un camarero esperándome, en mi muñeca no hay reloj, porque el tiempo, por unos días, se va a parar solo para mí.

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Por siempre jamás
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Mar y Cleo | 28-06-2015 | 09:32| 0

Cuántas historias de amor no han resistido a ese: “hasta que la muerte nos separe”, y cuántos amores eternos no pudieron soportar el peso de la eternidad, o cuántos, aparentemente, comieron perdices hasta el fin de sus días, pero nunca fueron felices. Y qué fácil parece todo en los comienzos del amor, sí, en esos:

─Te echo de menos.

─Y yo más…─ Cuando tan solo hace diez minutos que me dejaste en el portal de mi casa.

¡Ay, si alguien me dijera cuál es el secreto mágico del amor! A lo mejor no me vería yo como me veo, siempre suspirando y deseando que llegue ese que está por venir, sí, ese que va a estar conmigo por siempre jamás.

Es cierto que estar coladita al principio da mucho gusto. Porque a mí me sigue encantando sentir el peñizco en la tripa en ese momento que estoy a punto de dormirme, y de pronto, como si un terremoto moviera mi cama, me despierto de un sobresalto y lo primero que me viene a la cabeza es él, y me abrazo a la almohada, y doy vueltas y no me duermo y me dan las tantas, y al día siguiente, como si fuera un milagro, después de no haber pegado ojo, no tengo ni rastro de ojeras, y además estoy de lo más guapa, tanto, que me salgo. ¡Ay, pero qué loquita que me tiene!

Y la historia sigue, porque que sí, porque me he empeñado yo que por esta vez vaya todo viento en popa. Y nos cogemos de la mano en público, eso es señal de que de verdad quieres algo conmigo. Y un día, y sin saber muy bien por qué, en tu llavero cuelga la llave de mi casa, porque la de mi corazón hace tiempo que ya te la entregué. Y cuando en mi lavadora tu ropa se mezcla con la mía y en el armario del baño tu espuma de afeitar está al lado de mi plancha del pelo, entonces, me doy cuenta de que eso debe significar que, efectivamente, nos hemos comprometido for ever.

Y pasa un día, y después otro. Y pasa un mes, y después otro… ¿Y dónde están aquellos terremotos nocturnos en el estómago que me hacían no pegar ni ojo? ¿Y esa ilusión por leer los whatsapp que ya no me llegan?

─El tiempo, hija, que todo lo acomoda, y todo lo fastidia.

Pues no, el tiempo siempre ha sido mi aliado. Nada como él para curar las incurables heridas del alma. El tiempo refuerza y madura la insensatez de los sentimientos pasajeros. El tiempo es el mejor juez para dictaminar si aquello que me parecía a mí maravilloso, al final tan solo es agua de mayo.

Me niego a creer que acomodar los sentimientos, colocarlos decididamente en el lugar que les corresponde, sea perjudicial para el amor. Pues no, no, y mil veces no.

─¿Has probado a pensar que hoy va a ser el último día que estéis juntos? ¿Que para vosotros no existe el mañana? ¿Que me da lo mismo lo qué pasó ayer, y que me importa un bledo qué piensas hacer o decirme mañana?

El amor eterno, ese para siempre, o ese comimos perdices y fuimos felices caduca cada día que amanece. Y cada noche que nos envuelve vuelvo a vivirla y sentirla como la primera y la última que tus abrazos se van a fundir con los míos, que tu cuerpo se encuentra con el mío, que tus besos, besan los míos. ¿Hasta cuándo es esto posible? Muy fácil, hasta mañana otra vez a esta misma hora, no me faltes.

El amor es mágico, pero no hay truco ni magia para hacerlo perdurar. El secreto está dentro de mí y la ilusión se despierta cada mañana y la hago sentir de mi mano. No hay hadas madrinas con varitas mágicas. No hay príncipes que aparezcan de la chistera de un mago para convertir en amor lo que depende tan solo de ti y de mí.

─Hoy quiero que sea el día más feliz de mi vida, y lo voy a conseguir a tu lado.  

─¿Pero eso no fue lo mismo que me dijiste ayer?

─Por eso mismo, porque ayer fue maravilloso, ¿quién no lo quiere hoy otra vez?

Yo ya no quiero pensar en que todo salga bien, qué agobio tanta presión, porque es verdad, no lo puedo negar, es cierto que hay amores que terminan, que hay amores que un día fueron hasta que dejaron de ser. Pero yo lo que quiero es no ser esa mujer perfecta con la que un día soñaste, qué pesadilla, quiero ser la que soy, quiero ser feliz y si estoy a tu lado hoy y que mañana otra vez sea hoy… ¡mejor que mejor!

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Reina de corazones
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Mar y Cleo | 21-06-2015 | 08:15| 0

Tener un curriculum sentimental extenso tiene sus peligros, sobre todo por el famoso “qué dirán”. Yo por eso, y dependiendo de quién me esté escuchando, procuro ser discreta y no alardear de algunos de mis ex-amorosos, no vaya a ser que al final, en lugar de ser una Mata Hari envidiable, termine siendo una frívola nada recomendable, y claro, tampoco es el caso, que seguro que tengo muchas menos conquistas que más de uno que yo me sé y van por ahí con cara de no haber roto un plato. También los hay de los que esos que tienen fama de conquistador irresistible, macho-machote o de ser el superman de la pandilla, y luego nada de nada, que hay muchos que se comen una y se cuentan veinte.

Aunque a decir verdad, casi prefiero a estas alturas de mi vida tener algo que contar, antes de que mi carnet de baile se quede en blanco. Pero viendo las últimas noticas de la crónica rosa, me quedo muy lejos de ser la reina de corazones, más bien me sitúo en el puesto de la sota de bastos, porque una vez más, y por enésima vez, ella vuelve a dejarme con la boca abierta. A eso se le llama tener muchas noches de boda, de verdad, me encantaría sentarme junto a ella y que me contara cómo lo hace, cuál es su secreto, porque hay que ver qué puntería tiene la puñetera. Si es que los vuelve locos, donde pone el ojo, pone la bala, y caen rendidos a sus pies. Por algo es la indiscutible, la eterna, la inalcanzable… Reina de Corazones. Pero es que lo suyo es puro arte, porque no es cuestión de tener una larga e interminable lista de corazones rotos, en absoluto, sino todo lo contrario. El secreto no está en la cantidad, sino en la calidad.

─Oye, oye, que yo también he tenido algún que otro renombrado, ¿eh?

─Sí, hija sí, pero también hay unos cuantos que más bien son innombrables, ¿o quieres que te los recuerde, guapa?

Porque claro, ahí está Liz Taylor, aunque su lista es extensa pero, salvando alguno, otros son un poco impresentables. Y yo sigo dale que dale, es que me parece increíble, y eso que me pensaba que ya se iba a quedar de por vida con ese cargo honorífico y más que reconocido de viuda de ministro. Pues no, parece que le faltaba algo en el ramillete de cantante number 1 y de aristócrata y marquesita, había que darle un toque de intelectual sensible a la lista, y con ese pasado amoroso suyo, digno de un novelón latinoamericano, pero no un cuenta historietas cualquiera, qué va, un pedazo de premio Nobel, y va y se lo mete al bolsillo en un parpadeo al más puro estilo de geisha filipina… qué les das Isabel, qué les das, que los pones majaretas.

─Pues sí, yo de mayor quiero ser como ella. Me niego a pasar a la reserva a mi corazón, no pienso jubilar a mis sentimientos jamás, ¡ni pensarlo!

─Pues yo en cambio estoy deseando poner en modo pause mis emociones, que a mí estos altibajos me van a matar─ me responde una de mis amigas que más historial amoroso-catastrófico lleva.

─El día que deje de soñar, entonces empezaré a envejecer y me saldrán patas de gallo en el corazón. Quiero sentirme viva, y solo la ilusión es la que me hace dar un salto de la cama cada mañana y comerme el mundo de un bocado, antes de que me coma él a mí.

Y de pronto, lo veo todo clarísimo, quién ha dicho que reina de corazones solo hay una. De eso nada, en la baraja de la vida yo reparto y me quedo con los ases que yo quiera en la manga, y de paso voy a hacerme un repóker de reinas, que ya quisiera Isabel para ella. Pero eso sí, no estaría mal seguir sus pasos y afinar mi puntería, voy a dar algún cursillo que otro de conquistadora irresistible, y que tiemble alguno que yo me sé, porque está a punto de caer en mis brazos y yo en los suyos, locamente enamorados los dos.

Me he puesto a repasar mi curriculum amoroso, y la verdad es que no es tan extenso como me pensaba, han sido más los pretendidos que los verdaderos pretendientes, pero yo lo tengo claro, nada de tirar la toalla, que a mí a alegría y buen rollito para las cosas del querer no me gana nadie.

Porque en mi corazón, de momento, siempre reino yo, por eso a mi lado tengo un trono merecedor de rey, pero no de un príncipe azul, que a esos los tengo ya catalogados por desteñidos. Prefiero un hombre de los pies a la cabeza, valiente, gracioso, detallista, inteligente y, desde luego, que sepa hacer de mi vida una eterna noche de bodas.

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Plan B
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Mar y Cleo | 14-06-2015 | 09:27| 0

Cruzar la Gran Vía subida a mis tacones y luciendo bellos pendientes, es la señal de que mi inexcusable reunión de amigas se acerca. No es cierto que nos juntemos solamente para hablar de hombres, pero para qué mentir, sí, hablamos del asunto y mucho más de lo que quisiéramos y se puede imaginar. Hay temas íntimos que no contamos, es lo  “incompartible”, sobre todo cuando el sujeto en cuestión nos importa, y ante una pregunta indiscreta o morbosa con una sonrisa, risa o mirada, sobra para entenderse.

Porque es curioso, nosotras, que somos las que tenemos fama de ser habladoras y algunas hasta de cotorras, cuando el tema anda de puntillas por el filo del topsecret-sexy somos más partidarias de no seguir el ejemplo de eso tan masculino que es contar aventuras que nunca vivieron, nosotras, en cambio, somos más de guardarnos para nuestro lado oculto esas aventuras, las que sí vivimos.

Sin orden del día, comienza la cena. No importa lo que hables, ni lo que no escuches y, eso sí, nunca se nos ocurre contar lo que ya sabemos todas: lo caro que está el súper o lo limpia que tenemos la casa…, esos temas caducaron hace tiempo. Nos gusta hablar de negocios, política, moda, viajes…, aunque siempre de forma caótica, sin orden ni concierto.

–¿Creéis que los hombres nos dedican tanto tiempo en sus conversaciones?

–¡Qué va! ¿Hablar de nosotras toda una cena? ¡Qué ilusa! Tanto compromiso les puede agobiar.  

Mi hermano está deseando apuntarse a una de nuestras reuniones, aunque sea disfrazado de camarero.

–Si pudiera escuchar y mirar sin ser visto…

–Seguro que te sorprenderías –le respondo.

–¿Por los disparates que decís?

–No, en absoluto. Me temo que no estás acostumbrado a escuchar a mujeres hablando espontáneamente y sin la presión de “y si digo esto, qué pensará de mí”.

Después de dos horas, creyendo que por fin hemos cambiado el mundo, la conclusión es que nadie cambia y ni mucho menos quiere que le cambien… Pero ¿qué dicen ellos cuando hablan de mujeres? ¿Son románticos? O ¿ése es su plan A para conseguir llegar al plan B? Quizá esta sea la pregunta del millón.

–Yo pienso que, al menos, hay que darles una oportunidad, a primera vista no puedes saber cómo es.

–Pues yo me niego, el que es un chulo, lo será eternamente y si es un golfo… ya se sabe, la cabra siempre tira al monte.

–Creo que hay hombres maravillosos, dispuestos a darlo todo y a compartir su vida si piensan que esa mujer es su verdadero amor.

–¡Claro bonita! Eso lo dices ahora que tienes novio y estás enamoradísima, tú hace unos meses no pensabas igual.

Ya la tenemos liada, enfrascadas en un debate sin fin, todas riendo y hablando a la vez. Al final cada una sigue pensando lo mismo que antes de cenar, o casi, porque a cabezonas y quejicas no nos gana nadie. En el fondo a todas nos gusta darle vueltas a este asunto tan extraño del amor y el desamor.

Con estos personajes se suelen cumplir algunas reglas. No quieren vínculos, pero sí desean cariño. Tener las puertas abiertas para decir “ya te llamo”, pero sin sentimiento de culpabilidad. Y para colmo, no les gusta sospechar que ella está solo para pasar el rato. Y todo esto, sin lamentar daños colaterales, por supuesto. Pero al final, lo único que queremos, tanto los unos como las otras, es no ser el plan B de nadie.

A ver, me explico, si quieres unas gambas a la plancha con una cervecita y no puedes, pues te zampas un bocata que está muy bueno, pero porque no tienes las gambas, ¿eh? que si no, ni te lo pensabas. Pues a eso me refiero, que yo no quiero ser el plan B de nadie, y creo que a ti te pasaría lo mismo. Que no es cuestión de comer siempre gambas, que hasta de lo bueno se harta uno, pero tampoco es cuestión de convertirme el bocadillo que se toma como último recurso.

Lo cierto es que, ellos y nosotras, somos iguales en este sentido y recorremos caminos paralelos, aunque no os subáis a los tacones, sí al menos vamos cogidos de la mano, porque esa es la señal de que en algunas ocasiones los caminos se encuentran, y aunque son muchos los ajustes que hay que hacer para encajar bien la nueva situación, reconozco que esto es lo divertido del juego. Si fuéramos iguales sería aburridísimo y, lo peor de todo, es que las reuniones con mis amigas sufrirían un descalabro irreparable, ¿de qué hablaríamos en el postre?

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Vivir y sentir hasta el infinito
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Mar y Cleo | 08-06-2015 | 12:26| 0

Sé que desear algo que jamás podré tener no está escrito en los libros de autoayuda, aunque seguro que sí en las estrellas, aunque decimos que hay sueños que son una quimera, pero me niego a dejar de soñarlos. A mí últimamente no se me quita de la cabeza eso de que vivimos más de una vida, y yo a veces quisiera ser aventurera, o científica y ayudar al mundo, o top model y vivir una historia de amor sincera y apasionada…

En ocasiones me he preguntado de dónde me viene ese lado tan meloso y retozón que a mí me sale en esos momentos que me dejo querer y acariciar. Si es que no me puedo resistir, lo confieso: me entrego y ronroneo como una linda gatita. Será que por debajo de mi piel se esconde un felino dispuesto a sacar las uñas o a erizar y restregar mi lomo, según se dé.

Esto de sentirme gata tiene también su lado bueno, porque no voy a dejar escapar una sola de las siete vidas que me tocan, porque de vez en cuando, y cuando la vida me rodea de placeres glamurosos, siento como un déjà-vu de esos, y para mí que he debido vivir a todo trapo y la mar de bien. Otras veces me dedico a dar gracias por todo lo que me ha tocado en esta vida, que no es poco.

Así que me voy a planificar bien para la vida siguiente, que para algo me ha tenido que servir lo que he ido aprendiendo. No tengo claro si hacer la lista con lo que no quiero o concentrarme en lo que sí me gustaría disfrutar. Ya está, decidido, como dicen los mensajes esos de pensar: la actitud positiva, atrae lo positivo. Pues a elegir todo lo bueno que me va a venir a partir de ahora. Pero eso sí, a disfrutar de esta vida también, y que cada gesto o cada palabra signifique mucho más que gestos o palabras. Que si me coges de la mano para pasear, sienta ese momento como único, si desapareces de mi vida, que sea irrepetible, solo te daré la opción de desaparecer una vez.

Es curioso, quién no ha imaginado una vida con la cuenta bancaria bien llenita; aunque no te creas, ser ricachona perdida da un poco de miedo; porque sí, porque “los ricos también lloran” y a mí eso me da mal yuyo, si la cantidad de lágrimas y el pesar de sus males va en proporción a sus riquezas…, pues por esta vez, voy a preferir tener lo justito para poderme ir de cañitas con los amigos, una escapadita veraniega, ¿y ese coche lleno de estrellas que me guiña el ojo cada vez que paso por delante del concesionario? ¡Que se lo quede otro! Que con el mío, ni el seguro ni las letras me quitan el sueño.

Lo primero, y lo tengo claro, es que quiero volver a ser mujer. Ya sé que a veces es complicado y que nos toca demostrar y volver a demostrar de lo que somos capaces, que las hormonas nos la juegan, pero ahí está el encanto, en sentir cosas que solo nosotras vivimos y me niego a perderlas. Por descontado, me pienso llevar mi colección de tacones… a ver qué haría yo si me reencarno en caballo, mosquito o tiarrón.

Pero eso sí, y en esto espero que el karma no me la juegue, es que para la próxima vida me niego a hacer dieta, ni la del cucurucho ni la operación biquini, porque vaya lucha esta con las calorías, y luego venga a ir al gimnasio de lunes a viernes para intentar descomer lo del domingo pasado. Pues eso, a ser posible que me venga ya el metabolismo de serie bien regulado, lo mismito que les pasa a todas esas niñas pijas que se zampan un bocadillo, dos marineras y un pastel en mi cara y van de pibón por la vida.

Y el amor que llame a mi puerta, en esta vida o en las que están por venir, lo quiero vivir, sentir, tocar y gozar hasta el infinito. No quiero tener que elegir entre amar o ser amada, ni esperar una llamada, quiero vivirlo tan fuerte y tan libre como lo soy yo, pero cogida de su mano.

Así que muy difícil no se lo estoy poniendo al porvenir, con un poco de aquí y otro poco de allá, estoy segura que la siguiente vida que me toca va a ser la repanocha. Pero yo, mientras llega o no, pienso seguir maullando, que esto de ser una linda gatita también tiene su encanto. Yo por ahora admito que tengo un poco de todos los quisieras, me aventuro todos los días, ayudo siempre que puedo, salgo a la calle como si fuera una top, y vivo historias de amor, aunque la mejor está a punto de llegar.

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Busco y si encuentro algo mejor…
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Mar y Cleo | 31-05-2015 | 08:30| 0

A pesar de que llevo siendo mujer desde que nací, y se supone que muchas de nuestras cosas las entiendo, también para mí hay misterios, te juro que no me atrevería yo a pronosticar lo que se puede llegar a sacar del bolso de una fémina. Ni las propias dueñas somos conocedoras del fondo de bolso del que somos propietarias. Y mejor así, porque si un día nos diera por hacer inventario, habría que cerrar al público durante 48 horas, como poco. Y anda que no da coraje ni nada ese momentazo cuando llegas a casa con la bolsa del súper cortándote la circulación del brazo hasta dejarlo morado, los sobres del buzón en la boca, las gafas de sol torcidas en la punta de la nariz a punto de resbalarse y el bolso medio volcado a un tris de esparramarse todo en el suelo, y entonces en el revoltillo por fin encuentro unas llaves, las saco y sniff,,, son las del coche, pero no decaigo, vuelvo a intentarlo, y catapúm, al fin se cae todo y, curiosamente, encuentro el llavero de casa y la tarjeta sanitaria que hace un mes perdí de vista, tres mecheros, una pulsera, un par de tickets, una barra de labios, rímel,…. En fin, mi bolso con su propia flora y fauna autóctona.

Pero si de buscar hablamos, por aquello de si encuentro algo mejor…, hace tiempo que decidí seguir a pies juntillas un principio en mi vida: “Para encontrar, lo mejor es dejar de buscar”. Las mejores cosas de mi vida me han sucedido cuando menos interés puse en ellas, y así, sin esperarlo, y como caído del cielo, pasó lo que pasó, y yo tan contenta. Lo reconozco, en más de una ocasión he salido a hacerme la encontradiza, a ver si así te encontraba, y no hay cosa peor, porque según pasan los primeros instantes, la ilusión de cruzar nuestras miradas se va disipando y el bajón se apodera de mí, hasta que de pronto me da por entrar en ese bar en el que tú y yo siempre nos tomábamos la última, y me parece ver tu cogote en la mesa del fondo, me saltan todas las hormonas de la felicidad, te encontré, bueno, os encontré a ti y a tu acompañante, así que con las mismas, me doy la vuelta y de puntillas me largo de allí. Por eso lo tengo claro, mucho cuidado con lo que busco, porque ¿estoy preparada para encontrar lo que no buscaba? O sea, que mejor dejar las cosas en su sitio, que sé de muy buena tinta que lo que es para mí, es para mí, lo busque, lo pierda o no lo encuentre, simplemente es mío y de nadie más.

─Pues yo de vez en cuando le husmeo el móvil a mi chico. Porque peor que ser tonta, es ser confiada, porque a las tontas se les tiene lástima, pero a las confiadas nos la meten doblada y encima aunque sospeches el pastel, pues como no tienes pruebas…, así que yo soy muy CSI para estas cosas─ me confiesa mi asistenta entre aspiradora y plumero.

Y yo la escucho, y aprendo de ella un mogollón, porque ahí donde la ves, su chico la lleva en palmitas y ella, que lo quiere con locura, hace con él lo que quiere y él cada día más loco por sus huesos.

─Y qué se puede hacer si leo un mensaje, que no es para mí, que dice así: “Te digo un secreto, ayer ibas muy guapa”. ¿Me mosqueo y armo la de San Quintín?

Entonces de un pisotón apaga el aspirador, y con toda su gracia me limpia con el plumero las telas de araña de mi cabeza, y comienza así su clase magistral:

─¿Tú es que no sabes guardar archivos en tu disco duro? Ese as, donde tiene que estar es bien escondidito es en la manga, porque tarde o temprano tendrás tu propia noche torera y si la cosa te sale bien, algún buen pase de pecho te puedes agenciar. ¿Pero y si tu mozo se entera o le sale la vena de macho-machote? Pues entonces tú te sacas ese comodín del público que te guardaste y le restriegas esos mensajitos que esconde con tanto celo… y te digo yo que de esa sales de rositas y él… pues con el rabo entre las piernas.

A mí por ahora, y en previsión de futuras búsquedas, me ha dado por ir almacenando lo mejor de cada momento, ni un solo instante de malos rollos, esos los dejo pasar de largo, y así cuando mi bolso y mi corazón tenga una infinita colección de instantes inolvidables, entonces meteré mi inocente mano y sé que, saque lo que saque, volveré a revivir todo lo que un día pensé que iba a ser irrepetible y que lo había dado por perdido.

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Por mi cara bonita
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Mar y Cleo | 24-05-2015 | 09:51| 0

A veces me miro al espejo de prisa y corriendo y pocas veces me estudio despacio. De sobra sé que la belleza la llevo por dentro, pero qué quieres que te diga, la percha también cuenta. Si pregunto: ¿Soy guapa?, y me dicen que tengo una sonrisa preciosa y ya está, ni una palabra más… entonces es cuando me mosqueo, me arrepiento y me digo:

─¡Qué buena oportunidad he perdido para estarme calladita!

Llevo clavados en mi más remota memoria piropos interminables, porque no hay nada más peligroso que el amor de madre, bueno sí, el amor de abuela y de madre juntos, eso mucho peor. Y así me fue a mí, me pasé toda mi infancia mirándome al espejo de los ojos de estas dos mujeres, y ellas venga a decirme sin parar:

─¡Pero mírala que requeteguapa que es mi niña!─ Y así me desayunaba yo todos los días después de que me apretara tanto las trenzas que un día llegué a creer que me estaba volviendo china con esas sienes tan estiradas.

¿Y mi abuela? Pues esa era incapaz de contenerse cuando yo aparecía por la puerta con mi cartera al hombro y ese enorme lazo adornando mi cabellera:

─¡Qué carica más bonita que tienes! ¡Y esos mofletes apretaos que me tienen loca!─ Y para rematar su pasión, me peñizcaba los dos carrillos al tiempo que me plantaba un besazo, y así se quedaba su marca de carmín como señal inefable de que por ahí había pasado una abuela.

Y mi infancia seguía llenándose de besos, carantoñas y arrumacos, y yo sin darme cuenta crecía y me iba convirtiendo en la madrastra de Blancanieves, porque cada vez que me miraba al espejo yo escuchaba una vocecita que me contestaba a aquello de:

─Espejito, espejito mágico… ¿quién es la más guapa del reino?

Y oye que siempre siempre me respondía que era yo.

Hasta un día, al principio de esa turbulenta edad del pavo, lo vi, ahí estaba él, el más sexy del instituto, todas estábamos derretidas por él, pero lo tenía claro, iba a ser para mí, sí o sí. Ya por fin le iba a demostrar al mundo lo que yo era capaz de hacer solo por mi cara bonita.

Y de pronto comenzó a venir hacia donde yo estaba. De un codazo aparté a la nariguda de Elena y a la marigranos de su amiga, quería el campo bien despejado de chismosas y desaborías. Y yo que me retoco el flequillo, que me aliso la camisa, que me desabrocho un botón, que pongo ojos de tigresa y boquita de piñón, vamos la mar de receptiva… Y va él, y en el último paso se gira, mira a la marisabidilla de la dentona de Luisita y le coge de la mano y le murmura:

─¿Te apetece una Coca-cola, bombón?

Y yo ahí, con cara de a este le doy yo dos yoyas que se va a enterar, cuando de pronto me susurraron al oído una sonrisita malévola:

─La suerte de la fea, la guapa la desea…

Y me volví a casa con la intención de no salir nunca más de allí, y durante una temporada lo cumplí. Tardé tanto, como tiempo necesité en volver a creer en mí. Nunca más le volví a preguntar nada al espejito mágico, y no por temor a una respuesta irreversible, sino porque ese tiempo de reclusión voluntaria había surtido su efecto: el lifting mental me había cambiado de dentro hacia fuera.

─Si soy guapa o no eso se lo dejo a mi madre y mi abuela, lo único que cuenta aquí es la actitud─ le confesé a mi mejor amiga que vino a casa a visitarme asustada por mi larga ausencia de pasarela urbana.

─¿Actitud…? ¿Pero tú estás bien?

Desde el episodio del instituto hubo un antes y un después en mi existencia. A mí ya no me interesa eso de ser beatiful woman, ¡cuánta frivolidad…! El secreto está en sentirme guapa y ya todo lo demás viene solo, porque cuando me siento guapa no me veo la tripita invernal, y mi piel jamás tuvo celulitis, ni ese granito del mentón que puntualmente me sale cada viernes que tengo cena… Y cada día cuido de sentirme mejor, de ser más y más feliz, porque no hay mejor cura de belleza.

Ahora no gasto tiempo en hacer preguntas a las que no quiero oír respuesta, ya no me hace falta, porque solo con sentirme guapa y echar un vistazo a los ojos de los otros, sé lo bella que me ven. Y me miro al espejo de la vida, despacio y sin prisas, y ahí me veo yo, tan feliz, tan contenta y tan campante, y escucho el ritmo de mi corazón que late más y más fuerte cuando sonrío. Con razón lo más bello de mí, es mi sonrisa.

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Un taxi, por favor
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Mar y Cleo | 17-05-2015 | 10:08| 0

Hay historias que están dentro de otras historias, de esas que has vivido tanto tú como yo, y que al cabo del tiempo nos hacen ser como somos, y con ellas voy escribiendo mi diario, y casi sin darme cuenta lo lleno de palabras que al quedar impresas pasan a ser recuerdos, pero es que tiene tantas hojas esperando a ser escritas como esa historia interminable que yo quisiera dejar volar mi imaginación y crear cada nuevo día.

Conforme han ido saliendo de mis manos la letras todo ha ido cambiando dentro de mí, y no para mal, que yo soy optimista hasta decir basta, que los vasos para mí siempre están llenos, que estoy convencida que podría tocar la luna si me lo propusiera, pero además de esto tengo que admitir que me he vuelto bastante más práctica. Mira, lo que antes me sacaba de quicio, ahora lo resuelvo tan rápido que casi ni me afecta. Una de las cosas que siempre me ha puesto mala es buscar sitio para aparcar el coche, siempre siempre el que iba delante mío se lo apropiaba. Así que simplemente un día decidí usar la frase: “Un taxi, por favor”, y bingo, la mitad de mis apuros resueltos.

Que voy a una reunión y me aburro, pues suelto mi frase y me largo. Y además he vivido historias divertidas en ellos. Hace ya unos años, una amiga y yo llegábamos tarde a un sarao, íbamos a la carrera por las aceras con nuestros taconazos y grité: “Un taxi, por favor” y allí que apareció. El conductor con una sonrisa de oreja a oreja, no sé si por lo lejos de nuestro destino o por llevar en el coche a dos mujeres vestidas como para una fiesta de Hollywood y muertas de risa, y nosotras continuamos nuestra conversación como si él no estuviera.

–Mira, en esa heladería me cité por primera vez con un chico.

–¿Tu primer novio?– me preguntó mi amiga.

–Pues sí, fue el primero– contesté cerrando los ojos intentando recordar el sabor de aquella bola de chocolate.

–¡Qué bonito! El primero nunca se olvida.

–Yo tengo muchos “primeros-novios”– le dije con una sonrisa pícara.

–¿¿Cómo…??                                      

–Está el primero que se me declaró, el primero que me besó y cómo no, el primero con el que perdí la inocencia.

El taxista que iba escuchando la conversación no lo pudo resistir e intervino con cierta guasa:

–Ja,ja…– reía sin dejar de mirarme por el retrovisor–. Perdona, pero es que no había oído nunca algo así. Yo creo que primer-novio sólo debería haber uno. ¡No hay quien os entienda!

–La cuestión es hacerle creer que es el primero en algo, como si participara en una prueba olímpica. El primero en llevarte a ese restaurante, el que mejor te ha besado, con el que más has disfrutado…

Desde entonces dejo que me lleven y lo que es mejor, que me recojan. Porque desde aquellos primeros novios el cuento ha ido cambiando y ahora soy yo la que decide cuando llego y cuando me voy.

Seguro que alguna vez has invitado a una mujer a tu casa, y después de la velada has llamado a un taxi porque en tu casa no se queda a dormir nadie, que tú duermes  solo, y si tienes que hacer de taxista nocturno… ¡pues encantado, mientras mantengas tu principio de soltería intacto! Pero también estamos las que queremos dormir solas y  sin que te dé tiempo a parpadear, pedimos uno y nos largamos con un: “No me olvides”.

Pero sí, a veces ocurre, tanto a ti como a mí, que después de ese ritual de pareja que simplemente comenzó con una amistosa cena, y llega el momento y entonces los dos compartimos risas y nos confesamos secretos a media luz, la noche avanza y nos deseamos, nos queremos, al principio despacio para disfrutar de esas miradas, de esos roces, manteniendo una tranquilidad en ocasiones imposible de contener, la música marca el ritmo de la pasión, la melodía cambia de compás, las miradas brillan, se aprietan los cuerpos, se unen las manos, se juntan los labios terminando la canción en un abrazo eterno donde solo queda cerrar los ojos y sentir la respiración… Y es justo en ese momento cuando me doy cuenta de que no consigo acordarme del número para llamar al taxi, ¿968… era 84 o 82? Y lo rebusco en mi memoria, y nada, que se me ha borrado. Veo a lo lejos el móvil, seguro que lo guardé en la agenda de los contactos, pero mi piel está pegada a la tuya y siento que hoy no quiero dormir sola. Y en ese silencio vestido de caricias escucho: “Quédate a dormir y no pidas un taxi, por favor”.

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Te lo digo por tu bien
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Mar y Cleo | 10-05-2015 | 09:39| 0

Siento que lo que entra por mi ventana nada tiene que ver con esa suave y fresca brisa del mes de mayo. El aire acondicionado empieza a mover la cuenta de mi factura de la luz, el abanico se ha colado ya en mi bolso y mi piel arde.

–¡Me han robado la primavera!– Sin saber cómo ha ocurrido, hemos pasado del invierno al verano, mi vida es como esta ciudad, paso de sentirme invierno a convertirme en caluroso verano.

La ropa en mi armario se mezcla, igual hay una camiseta de tirantes que mi cazadora de cuero, en otra parte los bikinis y muy cerca unos fulares para cuando refresca, y es que siempre por esta época me digo lo mismo: ¡No sé que ponerme…!

Pero para estos casos está esa persona que todo lo sabe, esa que nada se calla y me regala una perla de sabiduría popular:

–No te confíes, ya lo dice el refrán: “Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo”–. Y añade esa coletilla insufrible–. Te lo digo por tu bien, que luego vienen los resfriados mal curados y te duran hasta el otoño.

Y me pregunto, ¿con esta respuesta en forma de consejo de abuela del pueblo qué quiere que haga? Pues yo lo que pasa es que el sayo me lo quito cuando quiero aunque no sea mayo, y los consejos… bueno, más de uno lo mando a la basura, porque aunque los escucho y los acepto, la verdad es que no los sigo. A decir verdad, hay unos que sí sigo a pies juntillas, pero esos tienen trampa, son los consejos que vienen del consejero que yo he elegido previamente.

Si es que me pone de los nervios, porque además de consejero gratuito es que encima sabe perfectamente cuál es mi bien, o cree saberlo, porque por mi bien he llegado a escuchar infinitas recomendaciones:

–Este chico no te conviene que es un golfo. Me han contado que tiene a tres y las reparte entre los días de la semana. Una para el viernes, otra el sábado y la del domingo para cerrar la semana.

–Hazle caso que es un buen partido. Que tiene mucho dinero y te puede hacer la vida más lujosa.

–Esa falda te hace el culo gordo, no es que lo tengas ¿eh? Son los pliegues que lleva que no te favorecen.

–Córtate el pelo como Letizia que te estará monísimo y así de paso saneas esas puntas.

A ver, no busco novio, no me hace falta el dinero de nadie, no tengo el culo gordo y me gusta mi melena.

Y digo yo, si todo el mundo tiene un espejo en su casa, ¿para qué le voy a decir yo lo que evidentemente ya haya visto reflejado? Estoy completamente segura de que si alguien quiere saber mi opinión, pues eso, me la preguntará y entonces, estaré encantada de dársela. Pues igual yo, si alguna vez necesito la opinión de alguien, la preguntaré.

Es cierto que en ocasiones he recibido muy buenos consejos, y lo curioso del caso es que aquellos asesores jamás me dijeron que les hiciera caso por mi bien, sino todo lo contrario. Me invitaron a reflexionar y en ese camino, fui yo la que decidí lo que me iría bien o mal, porque digo yo:

–¿Y si te hago caso y luego me va mal, puedo pedir daños y perjuicios porque no se ha cumplido aquello de que era por mi bien?

Pues eso, que para seguir la sabiduría del refranero, practicaré aquello de que en boca cerrada no entran moscas y consejo no pedido, consejo mal oído.

Lo cierto es que he de reconocer, aunque sea con la boca pequeña, que en más de una ocasión hubiera agradecido que alguien me hubiese avisado a tiempo, porque anda que no me habría ahorrado yo que se me cruzase por mi camino un puñado de esos que, al día de hoy, afean en mi currículo amoroso. Pero yo lo comprendo, ¿porque a ver quién es la guapa o el guapo que se atreve a decirme nada sabiendo cómo me las gasto yo para estas cosas? Así que si ahora tengo que cargar con una lista negra de desastres amorosos y no tengo ventanilla de reclamaciones a la que acudir, me lo tengo bien merecido.

Mientras el ladrón de primaveras aparece o no, no me queda más remedio que abrir cada mañana la aplicación meteorológica de mi móvil y a ver qué me pongo o a ver qué me quito. Yo por si acaso no voy a esconder las rebequitas de hilo ni las blusas con manga, que aún me queda la esperanza. Pero como lo pille, miraré a la cara a ese ladrón y se lo pienso explicar, porque jamás dejaré que nadie me robe mi primavera. Avisado queda, que se lleve cuidado, y que conste, que se lo digo por su bien.

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Mi mamá me mima
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Mar y Cleo | 03-05-2015 | 11:04| 0

Hoy me ha dado por ordenar esos cajones olvidados donde he ido guardando recuerdos que, al meterlos ahí, me aseguraba que iban a ser para siempre, eran casi eternos. Aparecen unos cromos de mi infancia, luego un recorte de un periódico de cuando me gradué en la Universidad, una sortija de vete tú saber qué novio y, al fondo, una cajita de madera, que al abrirla encuentro un papel viejo doblado: un dibujo con un corazón y en forma de monigote con pelo largo sentada en lo más alto de un castillo, esa soy yo. Todo decorado con florecitas de colores y unas palabras en mayúscula que ponen: “Te quiero mamá”. Me acerco el papel a la boca y lo beso como si quisiera volver a besar por unos instantes a esa pequeñaja que me lo dedicó cuando aún no podía casi sujetar bien su estuche lleno de lápices de colores.

Por eso, muchas veces me paro y me doy cuenta de que por más que se queje la gente y por más que pongamos pegas a todo, las cosas son más sencillas… porque basta con pintar un corazón y escribir un te quiero para que nada de lo que ocurra tenga la más mínima importancia.

Hoy es el día de la madre, y aunque me pone mala eso de los días especiales que solamente se mantienen para hacer negocio, la  verdad es que hoy quiero levantarme y gritar por todas esas mujeres que han sido y son madres y, además, lo han hecho con un par de narices, sin miedo a morir en el intento. Me gustaría plantarme en medio dela Gran Vía extender una tremenda alfombra roja y que, como en un desfile de reinas, fueran pasando una a una todas esas heroínas que a la vez que daban de mamar, contestaban al teléfono de su oficina, cocinaban un rico puchero y nos ponían firmes mientras hacíamos los deberes.

Hasta que se tiene un hijo hay muchas cosas de la vida que aún quedan por descubrir, y eso que los tiempos han cambiado haciendo que las madres sean también padres y los padres hagan las veces de madres sintiendo tanto como ellas, o mejor dicho, como nosotras que en esta ocasión yo también me incluyo en la cesta.

Quiero regalar un bello ramo de flores a las que llevan y han llevado el amor por bandera, que ser madre no es solo parir, que es estar siempre ahí, e incluso cuando no las vemos, seguir estando ahí.

Para las madres de las madres que demostraron que en sus manos valía tanto una escoba, como un peine, como millones de ingeniosas ideas que han hecho que este mundo gire por encima de crisis, guerras y penas. Y mira tú, que gracias a aquellas mujeres de antes, hoy ya somos muchas las que encabezamos mesas de juntas y pisamos con nombre propio  los adoquines de nuestras calles sin necesidad de llevar en la solapa aquello de ser señoras de… Vamos que yo siempre digo: ¡Todas nacimos solteras y señoras!

Me siento feliz de ser hija y de tener una madre que me da cobijo sin preguntas ni condiciones, es mi descanso secreto, un remanso de paz que me hace olvidar desamores y compartir con ella alegrías que la vida a veces me pone delante, ¡qué más se puede pedir!

Quiero empaparme de la influencia de mi madre para que mi hija aprenda de mí. Y es que mi madre fue la primera que me dijo: “Nena, tú vales mucho”, pero lo mejor no fue escucharlo, lo más increíble de todo fue que consiguió que me lo creyera, yo que he tenido mis horas bajas, yo que me he sentido perdida entre tanto ajetreo de vida, supe que con solo un paso me podía subir a un pedestal, pero no para estar más alto que tú ni que tú…, pero tampoco más abajo.

Hoy quiero hacer un brindis al sol por todos aquellos que son tan mezquinos que solo se miran su barriga, que se creen que están por encima de la que es la madre de sus hijos o de sus compañeras. ¿Es que se les ha olvidado que les parió una mujer?

Por eso levanto mis manos y mi voz, para gritar que nunca voy a olvidar el amor que me da mi madre y lucharé para que mi hija se llene del mío y aprenda aquello que me enseñaron  “Mi mamá me mima” entre cazuelas y olor a hogar, porque ahora es ella la que tiene que tener su propio cajón de los recuerdos eternos, y porque algún día también será madre y tendrá que usar el cariño que le he regalado minuto a minuto, de generación en generación.

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Esta mujer también soy yo
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Mar y Cleo | 26-04-2015 | 11:21| 0

Hay días que me he mirado al espejo y no me he identificado con esa chica tan maja que hoy se asoma con una tremenda sonrisa y se refleja en él con descaro. Pestañeo  mientras acaricio mi piel, esa en la que ya se van marcando pequeñas huellas de mi vida, y sé que la que está ahí ahora, no es quien es por casualidad. Me acerco más para ver el brillo de mis ojos, y me gusta verlos tan secos de lágrimas que ya ni siquiera se acuerdan de llorar en las bodas de mis amigas. Y esa boca generosa… ¡pero si se me escapan carcajadas y besos por cualquier motivo! Me miro las manos, estiro los dedos con todas mis fuerzas, y sé que puedo coger aquella estrella que lleva mi nombre. Pues sí, esta mujer también soy yo.

No soy de dar pasos en falso, vamos, que cuando digo que para adelante en algo, lo digo con todo mi ser y con mis dos tacones. Es verdad que este ímpetu mío, en ocasiones, me ha jugado alguna mala pasada, pero como soy muy de genio y figura, he toreado bien esos vaivenes sin marearme ni una pizca y sin que me pillara el toro.

Tampoco soy mujer de luchar contra el tiempo, porque simplemente me he hecho amiga de de él, y es que es mi aliado y fiel compañero. Es cierto que me toca mucho las narices porque cuando mejor estoy, más rápido se pasa. ¡Si es que necesitaría vivir varias vidas, que una se me queda corta con todo lo que tengo que hacer! Pero no hay que olvidar que el tiempo tiene una virtud que no viene nada mal, hace olvidar, y entonces mi memoria histórica se convierta en memoria selectiva y de forma misteriosa me quedo solo con lo que me conviene y borro lo que para nada sirvió.

─No sé, me estás mirando hace un rato y por eso me he acercado a ver qué quieres…─ le digo poniendo mis morritos de chica seductora.

─Claro que te miro, porque aún recuerdo aquella vez que… tú ya me entiendes…

Y de pronto todas mis neuronas se ponen en búsqueda y captura del sujeto en cuestión en mi disco duro:

─Pues lo siento, pero no caigo…─ Y el maromo que se pone pálido y a mí que me empieza a venir a la cabeza de qué le conozco… ¡horror de los horrores! Y le digo:

─Aunque si tú lo dices será, pero igual es una de esas situaciones que no recuerdo porque es mejor no recordar.─ Y toda digna de mí, giro sobre mis tacones, y yo rapidita a tomar distancia, y él a tomar viento.

Por eso ahora me rodeo solamente de personas que dejan huella en mi corazón, porque es la única forma de que no se me quede vacío. Y gasto bromas por donde voy, envío un mensaje con una rosa, tomo aperitivos, abrazo fuerte a mis amigos, paseo cantando por la calle, bailo mientras me visto por las mañanas, y me río porque quiero que mis días sean tan alegres como yo.

Y con este propósito pienso seguir, a ver si con estas consigo que a mí nadie me enmiende la plana y tenga al final que arrepentirme de algo, y si aparece alguien que me pueda fastidiar la fiesta, le miraré de cerca, con descaro, como miro a mi espejo.

─¿Pero es que nunca te han hecho llorar? ¿Nunca has sido esa Penélope que se quedó sentada esperando?─ me pregunta mi amigo-psicoanalista-confesor-compañero de fatigas.

─Lloré y reí, soñé y me desperté con pesadillas, me dejaron por otra y yo dejé por otro, no me hicieron ni caso y yo di esquinazo, quise besar a quien no quería y me comieron a besos, dije que no, dije que sí… ¿Y sabes qué? Que no me arrepiento de nada, además con mi facultad de darle la vuelta a la tortilla a todo, aunque no haya sartén, siempre salgo bien parada. Total, pero si todos tenemos y tendremos equivocaciones, meteduras de pata, y no por eso nos vamos a estar tirando de los pelos y lamentándonos continuamente.

Y pase lo que pase todo sigue, al tiempo no hay quién lo detenga. Así que desde aquí le doy las gracias a los que me amaron y a los que no, porque tanto unos como otros han puesto su granito de arena para que hoy sea la mujer que soy.

Ya no hay quien me haga llorar, salvo que sea por placer. Ya no hay quien se lleve mis ilusiones, porque esas vienen solas y a mí no se me escapa ni una. Y me miro al espejo, y sí, esta mujer de hoy, esa que puede presumir de no dar pasos en falso, también soy yo.

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Tú y ella ya no sois vosotros
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Mar y Cleo | 19-04-2015 | 09:20| 0

Y de pronto el rumor se convierte en una verdad a gritos, y lo que yo hubiera pagado para que me lo contaran y he terminado por enterarme gratis, sí, gratis pero tarde. Es cierto, está confirmado, y por si me quedaban dudas, va ella y le borra de su Faceboock. Ni al mejor Sálvame de lux se le hubiera escapado el notición. Habéis roto, ya no estáis juntos, se acabó ese amor eterno que os jurasteis y que te a ti impidió que tu amor y el mío se convirtiera en una película de Disney.

─¡Oye qué bien, ahora ya te dejan el campo libre para hacer un ataque!

Las buenas noticias cuando llegan tarde ya no son ni buenas ni noticias, son un simple cotilleo para wasapear con los del grupo o para brindar entre risas malévolas con unas cañas fresquitas.

Pero reconozco que de vez en cuando me vienes a la cabeza y me da qué pensar. Ahora que ya por fin en el selfie de mi corazón ya no apareces tú, vas y te peleas con ella. Ahora que ya no recorro las calles como un perro de caza siguiendo tu rastro, van y me cuentan que ella ya no es tu pasión desmedida. Ahora que por fin te reemplacé y me he lanzado a vivir al lado de ese que sí es capaz de mimarme y besuquearme por las esquinas, me entero que ya no bebes los vientos por ella. Ahora que cuando definitivamente he conseguido escuchar nuestra canción, y simplemente tararear el estribillo mientras me depilo en vez de ponerme a llorar a moco tendido, entonces resulta que tú y ella ya no sois vosotros.

Es cierto, hubo un día que lo hubiera dejado todo por ti, bueno, todo todo no, pero algunas cosillas sí. En otro momento me habría vuelto loca de contenta solo de pensar que podrías volver a ser mío, que mi sueño y la realidad encajaban en nuestras vidas. Pero ese tiempo se acabó, y como la pasión ya no me nubla la visión, la tontuna se ha tornado en sensatez, mi dignidad ha invadido mis sentidos y la memoria no me falla, entonces fue cuando dije:

─Me dejó por otra.

Las historias no se terminan por terminar, qué va, acaban para que los desocupados puedan ir con el cuento y así los interesados tengan algo de qué interesarse. Pero siempre hay más, así que cuenta, cuenta:

─Pues sí, esta vez ha sido ella, ¿sabes? Si es que no me extraña, la pobre estaba ya harta. Que si es un aburrido, que si hay partido de fútbol entonces no cuentes con él, que si a él los bares con música no le van, que qué guapo, qué listo y qué estupendo soy… Si es que ya lo decías que esto no podía salir bien, si todos sabemos que eras tú la que le dabas vidilla. Pues nena, ¡que él se lo ha perdido!

Y ahora me pregunto cómo sería mi vida si ella no hubiera ganado aquella batalla de entonces. Y tan solo encuentro una respuesta probable: la que estaría aburrida y desesperada de la vida sería yo, porque él es, genio y figura hasta la sepultura.

Había pensado llamarla o mandarle un mensaje, pero no, estas cosas son mejor hacerlas de cara. Y como todas las mujeres llevamos un detective en la barriga, me sé dónde vive, dónde trabaja y hasta su DNI. Pues a la puerta de su casa que me voy, porque de mujer a mujer, quién mejor que yo, toda una experta, para explicarle en medio de su tristeza post-separación amorosa que esto hay que celebrarlo. Que ha ganado una amiga, o sea yo, que no hace falta que me oculte el tamaño de ciertas cosas que a mí aún no se me han olvidado, y además, como yo soy tan cumplida, estoy dispuesta a darle un fuerte abrazo para agradecerle que me lo quitara de en medio en aquel entonces, ¡pues anda que no he vivido yo aventuras y alegrías gracias a que él la eligió a ella en vez de a mí!

Hay rumores que por sosos caducan a los dos días, hay otros que por ser mentira no se sostienen, pero esos rumores que además de ser verdad te pellizcan por dentro, son los que al final se convierten en buenas noticias, se transforman en una sensación de estar curada de todo mal que pudiera aquejar a mi corazón. Y es curioso, ya ni siento ni padezco por saber cómo le va la vida, con ocuparme de que la mía vaya de maravilla tengo trabajo más que de sobra. Porque sí, porque lo que de verdad me importa es que mi felicidad no dependa de nadie, que ya me preocupo yo de no volver a ser nunca más ni la otra, ni esa a la que ni eliges ni prefieres.

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Un corazón en llamas
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Mar y Cleo | 12-04-2015 | 11:22| 0

Las prisas no son buenas compañeras, y por más que intento vivir tranquila y sin agobios, te juro que llevo una semana que es un no parar constante. Y es que yo, que llevo la  fiesta en mis venas, me meto de lleno en todos los saraos que hay, pero oye, que no séqué me ocurre este año, que o los días pasan demasiado rápido o es que soy yo que no dejo escapar nada y me subo a todos los trenes. Igual me encuentro abrazando a la madrugada dejándome envolver por las caricias del amanecer, que me tomo el aperitivo rodeada de besos. Y es con la excusa de que solo es una vez al año, pues esto es un no parar. Y de pronto siento que voy a echar de menos tanta algarabía, esto de meterme por medio de la muchedumbre, escuchar pitos por los callejones y toda la ciudad vestida de luces y juerga, y me digo: ¡Que siga la fiesta mientras el cuerpo aguante!

Saltan chispas de mis manos al escribir, y te juro que no es fiebre, yo que me creía con el corazón congelado, ahora va y resulta que empieza a derretirse hasta tal punto que me entra un miedo tremendo a que termine por desintegrarse. Pero a ver quién es el que no ha sentido alguna vez ese hielo que se calienta y se convierte en ardor, hasta que explota en llamas. Y en ese jaleo que me encuentro de repente se hace el silencio, y miro a mi alrededor y clavo mis tacones en el suelo parándome en seco, porque necesito, aunque sea por unos instantes, respirar despacio intentando detener el tiempo. Cierro los ojos y cuento los latidos de mi corazón… uno, dos… uno, dos…pero nada, que no hay forma, de pronto me doy cuenta que está latiendo al ritmo de una batucada, y la sangre me hierve, mi cuerpo se convierte en antorcha, mis pies bailan solos y sin control, y es entonces cuando mi corazón helado se convierte en una maravillosa y gigantesca hoguera y ahí apareces tú, el que faltaba.

Y me pregunto:

-¿Pero qué miedo tengo a ti y al tiempo?¡Que entre los dos sumamos casi cien años!

Y claro, me da la risa y el temblor de piernas. Y me digo:

-¿Y qué son cien años, si lo que importa es vivirlos?

Hoy soy la reina de las fiestas, hoy me siento en lo más alto de la Gran Vía, aunque nadie me haya invitado. Hoy os miro a todos desde lo alto de un pedestal, voy a ser igual que la sardina que solo desnuda su corazón en llamas al final de la fiesta. Miro sus ojos y sé lo que ella piensa, le duele hasta la punta de las escamas de tantos días y noches de juerga, y encima vitorean su testamento y su velatorio, y para colmo, la van a carbonizar bajo una lluvia de fuegos artificiales. Vamos, casi como a mí, y si no, al tiempo. Salgo dispuesta a enamorarme y al final, nada de nada, acabo más quemada que la pobre sardina y mira lo que te digo, que a míno me hacen un velatorio y un testamento porque sería demasiado pitorreo, que para pitos prefiero mejor los que suenan por todas las esquinas y que no van dirigidos a mí.

Voy por los garitos y parezco totalmente un árbol de navidad andante en plena primavera, cuelgan de mi cuello collares de todos los colores, en mi pecho pins, en mis manos sortijas y pulseras, y todo esto adornado y superdecorado con cientos de lucecitas que se encienden y apagan mientras dure la pila made in China. Y de esta guisa, y sin saber por qué, me dejo  envolver por una capa sardinera que siempre que me ve solo tiene piropos y risas para mí, y recibo ese regalo especial para mujeres especiales como yo. Y oye, con ese lío me sube una especie de calor por dentro…¿me estarán prendiendo fuego ya? ¿Habrá llegado mi hora? Salgo disparada y dejo atrás la capa que me envuelve y de nuevo me paro en seco, comienzo a respirar despacio y profundamente para sentir qué música tienen ahora los latidos en mi pecho.

Me he convertido en la reina del fuego, mi perfume huele a hoguera mojada, en esta mágica noche las antorchas danzan al son de mis caderas, el humo me envuelve mientras el fuego desnuda esos olvidados y escondidos sentimientos que solo aparece al final de la fiesta. Cierro los ojos de nuevo, ya no quiero detener el tiempo, ahora siento el corazón en llamas, y me gusta y sonrío, mientras en mis ojos solo se reflejan las luces de la noche. Y vuelvo a abrazar la madrugada mientras mis tacones se hunden en una cálida y mullida alfombra de cenizas.

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Quiero vivirlo, quiero sentirlo
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Mar y Cleo | 29-03-2015 | 10:26| 0

Si quieres que te diga la verdad, estoy harta de pesadillas, del invierno, del frío, de los abrigos, de escuchar amigas llorando por un amor que le ha puesto los cuernos, o a aquella que mira el móvil continuamente por si recibe un mensaje del pimpollo que la tiene encandilada, o de ver cómo un amigo no entiende que tiene que dejar de amargarse la vida por conseguir los sabores de esa mujer que se le ha metido entre pecho y espalda, sin darse cuenta de que hay más rosas en el jardín, incluso algunas sin espinas que hagan daño; o a esa mujer independiente que, para no atormentarse y sentirse mejor, siempre dice que no quiere pareja, que está mejor sola, y en cuanto le hacen dos carantoñas se derrite. Aún así, y pese a todo, estamos tan ciegos que seguimos llamando amor, a lo que no es más que desazón. Seguimos llamando felicidad, a lo que no es más que una lucha. Está claro que no tenemos remedio.

Hace unos días me decía una amiga que todo depende de la actitud con la que tú salgas a la calle, si te ves guapa, así te verán los demás, si desprendes alegría eso es lo que recibes, que en esta vida todo es proponérselo. Así que yo me digo:

─¡Quiero vivir, quiero sentir!

Y qué bien nos hubiera venido a más de uno si en vez de tantas malas noticias económicas nos hubieran dado una indemnización para que superáramos los tiempos menos felices. A ver si lo escucha algún político, que no tiene vuelta de hoja, cuanto más contentos estamos, más gastamos, más salimos y más felices pagamos los impuestos.

Escucha una cosa que te voy a decir, que no me he dado ningún golpe en la cabeza, ni es una decisión alocada: te juro que me alejo de todo lo que huela a lágrimas mías. Que yo ya no suelto ni una por nadie, mira por dónde qué bien me ha servido de experiencia cruzarme en el camino con personas sin corazón que solamente han ido a su interés, hombres que bebían los vientos por mí y de un plumazo, si te veo ni te saludo. ¿Pues sabes una cosa? Que no me importa nada, porque en mi vida solamente cabe quien quiera estar conmigo, y quien no, pues que le vaya bonito, por no decir que donde las dan las toman.

Y es que por ahí casi todos hemos pasado, hemos estado metidos en males de amor,  en cuernos, en un olvídame ya, vamos, en todos los charcos. Que hay historias de todos los colores, las hay de amor eternas, también están las pasionales, que tal y como llegan se van. También de esas de las que hay que huir, tormentosas y problemáticas. Pero es que lo que yo te digo, no tenemos remedio, muchas mujeres no sé qué nos pasa que nos da por echarle el ojo al más golfo, al más ligón, lo tengo claro, algo de masocas somos. Para nosotras es como fumar a escondidas, beber sin que nadie se entere, salir hasta altas horas, rozar el límite… Desde luego la cabeza no nos funciona demasiado bien, pero anda que vosotros…, tampoco os quedáis cortos, con ese culo de mal asiento y saltando de una en otra en busca de vete a saber tú qué.

Que en mi corazón es primavera todo el año, y solo quiero flores para desayunar, pero flores sin espinas y que huelan muy bien.

─¿Te has vuelto muy exigente? Así no hay forma.

─No es cuestión de exigir, es cuestión de saber decir no, o hasta aquí, pero sobre todo, y creo que es la única forma de que las cosas funcionen, es quererse a una misma.

Sí, lo sé, parece que son palabras nada más y que luego todos tropezamos en la misma piedra una y otra vez, pero ¡qué otra cosa queda por hacer! Si te entregas al máximo y te dan una patada, te hundes en la miseria. Si no te entregas, parece que vas por la vida de puntillas, pero cuanto la patada llega, pues a buscarse a otro y listo.

Ya no llamo amor a la pasión, ni llamo enamoramiento a la lucha, ni digo que estoy colada por quien ni me mira, ni persigo a nadie, que amar es algo muy distinto. Que he aprendido que se puede amar profundamente a alguien, aunque no sea tu pareja, que no hace falta que el compromiso te una por un anillo o unos papeles, que el amor llega caminando solo y brota de dentro con tal fuerza que hasta da miedo sentirlo, y yo, que soy una mujer muy valiente, me atrevo a decir que quiero vivirlo y quiero sentirlo mientras me vista de rosas y no de lágrimas.

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Si toca pecar, pues pecaré
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Mar y Cleo | 22-03-2015 | 10:05| 2

Me he levantado esta mañana con un run-run dentro de mi cabeza y por más que lo intento no consigo sacarlo de ahí. Seguro que es una señal de esas que después con el tiempo me pregunto por qué no hice caso, pero es que esta vez es muy fuerte, y yo poniéndome la radio a ver si otra canción me conquista el pensamiento y así consigo desterrar esta de mí, pero es que no hay manera, si es que hasta se me mueven las caderas mientras voy canturreándola por el pasillo de mi casa:

─La última noche que pasé contigo, quisiera olvidarla, pero no he podido… ¡y no quiero borrarla de mi ser!─ Y ahí me da el subidón y termino entonando a todo lo que da por si acaso se le ocurre salir por mi ventana la melodía y llegar, donde tenga que llegar.

Pero si es que esto es tremendo, porque yo me puedo hacer la tonta, y creer que se me ha metido en el coco esta canción por puro capricho del azar, pero nones. A ver, a quién quiero yo engañar haciéndome la melancólica con canciones vintage, si aquí lo que de verdad pasa es justito eso que dice la canción:

─Que quisiera olvidarte, pero no he podido, te llevo guardado como fiel testigo, de aquellos momentos que fuiste míiiiiiio…

¡Ay madre, que estoy mucho peor de lo que yo me creía! ¿Y si todo esto se curara planeando una cita con él? Mira que me conozco, que yo empiezo por pensar en quedar en tomar un café, sí, si solo es un simple café, y… Pero qué me está pasando, ale que ya se me ha llenado la cabeza de pájaros, amaneceres juntos, sábanas enredadas y ese olor tan tuyo, que me sigue y me persigue a todas partes.

─Pues sí, mi próximo pecado lleva tu nombre.

¿Qué pasa, es que una ya no va a poder ni fantasear? A ver, ¿pensar en nuestra última noche juntos me cuesta las perras? Pues no, es gratis. Y sobre todo, y muy importante, ¿acaso imaginármelo así, con ese trasero suyo tan suyo, y ese todo tan todo, a mí me engorda? Pues ale, ya está, si es gratis y no engorda, ¡al diablo con tanta mojigatería! ¡Qué hartita estoy yo de tanta barrera arquitectónica anti-sentimientos! Si es que de verdad, así no hay manera. Yo creo que este run-run machacón que a mí se me mete en la cabeza en forma de canción es por culpa de castigar tanto a mi corazón, y venga a decirme: no le llames, qué va pensar de ti si le mandas un whatsapp, no vayas detrás de un tío nunca… Y venga a prevenirme con mensajes para alimentar este puto orgullo femenino, y yo mientras con el orgullo sensible cada vez más debilitado.

─Adelante, llámale, que ya me guardo yo este fin de semana la tarde libre para que llores a chorro limpio y a gusto en mi hombro ─me consuela mi amiga especialista en estar ahí sin que le llame mi empatía.

Y cojo el móvil, y sin pensarlo ni un minuto, le quito la batería y voy y se la guardo en su bolso con orden de no devolvérmela hasta que esté curada de este brote de amnesia postraumática con nombre propio, apellido y pecado reconocido. Y como si me hubiera desprendido de miles de kilos, de pronto me siento libre, en lugar de andar, vuelo. ¿Es posible que una batería de móvil sea como un Red Bull? Me siento subidita y hasta me atrevo a cantar mientras enfilo la calle, y esta vez sí que lo tengo claro, es cierto, mi canción vuelve a tener tu nombre, tu cara y tu historia:

─¡Se nos rompió el amor de tanto usarlo!

Claro, que donde yo ponía amor, tú ponías otras cosas, y de tanto ponerlas fuera de nuestra cama, pasó lo que pasó… Por eso será que la última noche que pasé contigo, la he olvidado y sé muy bien lo que me digo:

─Porque cuando tú vas, yo vuelvo de allí, cuando yo voy, tú todavía estás aquí, crees que me puedes confundir y de qué vas, mirándome atrás. ¡Ay qué descaro! Y es que no me fío, sé que me tú me engañarás.

Y con este nuevo son desfilo por mi pasillo como una mujer nueva, dispuesta a comerme el mundo, y tendré muchas últimas noches, porque si se tercia y toca pecar, porque la vida promete, pues pecaré, que ya habrá tiempo de convertirme, y a mi pecado le pondré nombre y apellidos. Me tiro a la cama y bajo el volumen de la radio en un intento de dejar de mover las caderas bajo las sábanas.

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Una historia de amor casi perfecta
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Mar y Cleo | 12-04-2015 | 11:25| 2

Ya huele a primavera, abro el armario y cubro mi piel de espuma con olor a mar, me miro al espejo y me doy cuenta que mi pelo se ha llenado de flores y siento en mi tripa que las mariposas bailan al ritmo caliente de una bachata. Cierro los ojos y me digo:

─¿A qué estás esperando? Ha llegado el momento ¡Vive ahora!

Y así, sin poder sujetarme, abro una maleta y la lleno de días y noches, de amistad y cariño. Elijo mi bolso preferido, ese que tiene el mismo color que las aguas cristalinas sobre blanca arena y guardo en él un pasaporte, el pasaporte a la aventura, con sus hojas vacías, como si todo fuera un empezar de nuevo, y me juro a mí misma que lo pienso llenar de sellos de esos aeropuertos de paraísos lejanos. Doy un salto y suelto un grito a lo Cristiano Ronaldo y me lanzo a vivir una historia, una historia casi perfecta.

Estoy tan emocionada como una cría, me suben burbujas por todo el cuerpo que acaban explotando como pompas de jabón en mi cuello haciéndome cosquillas, igualitas que aquellos besos que en la adolescencia erizaban mi piel y, por qué no decirlo, aún hoy esos besos me hacen perder la voluntad y encontrar el deseo… Y dejo espacio en mi cabeza, la vacío de malos rollos y le pongo un colchón de algodón donde van sentándose todos los recuerdos con forma de sonrisa, y, lo mejor de todo es que, por ser míos, se quedan solamente para mí, y los protejo de miradas indiscretas, igual que hacía con aquel diario que escondía a los ojos de mi madre.

Por unos días me bajo de mis tacones y ando descalza para sentir en la planta de mis pies el calor de la arena, miro mis uñas recién pintadas de rojo, mi escote cada vez más moreno, tu espalda brillante y suave, y me muero por darte un beso, pero no uno cualquiera, no, ¡uno bajo el agua! Y claro, los sueños hay que cumplirlos aunque sea casi ahogándome. Entre toses y ojos colorados salen las carcajadas, esas que me han acompañado como todos los nuevos amigos que han aparecido atraídos por el mismo embrujo de paisajes inolvidables y fiesta. Y es justo en ese momento, rodeada de agua, con la música moviendo mis caderas, cuando me levanto para encender el amanecer, que sé que por fin  todo empieza a funcionar bien.

Yo, que soy una mujer independiente y fuerte, y que alardea de no necesitar a nadie para nada, ya ves tú, cuando siento que una mano amiga me agarra como si no me quisiera dejar escapar, se me caen todos los muros y esquemas… casi perfecto, ¿verdad? Y vivo, porque no hay mayor sueño que el sueño de vivir.

Hay historias eternas, tormentosas, esporádicas, platónicas… Y no todas son amor, aunque así las llamemos. Pero hoy quiero escribir sobre esa historia de amor casi perfecta, quiero explicar lo que se siente, quiero que puedas soñar como yo, imaginando que podría ser como esos breves momentos que son tan intensos que crees que duran casi horas o incluso días, pueden ser como esa sensación de vértigo porque el mundo se ha parado para mirarme, puede ser como esa música que acerca los cuerpos tanto que parecen solo uno. Y todo se convierte en un sueño, un sueño que solo dura una siesta, igual que la arena de la playa que se me pegó a la piel y que se fue con una ducha y no dejó rastro.  

Y por qué digo casi… Amanece temprano y tras la cortina de una habitación de hotel empujan con fuerza las luces del amanecer, me despierto enredada en una suave sábana, aún con los ojos cerrados escucho unos buenos días. No los abro, solo respiro despacio y siento que huele a vacaciones. Y las sábanas se mueven como la brisa que agita mi pelo cuando salimos a cazar los primeros rayos de sol.

La ilusión se despide, hora de partir de nuevo a la realidad, salgo de las sábanas, paseo descalza por la habitación, vuelvo a mirarme al espejo y aún me quedan flores en el pelo, veo mi piel llena de espuma, mis ojos llenos de sonrisas y vuelvo a repetirme: ¡Vive ahora! Abro el grifo y dejo que corra el agua, primero las manos, luego los brazos, ahora la espalda hasta que al fin doy un paso y una agradable ducha me acaricia mientras se lleva cada grano de arena de mi piel.

Y es entonces cuando mi aventura se convierte en sueño, mi sueño en historia y mi historia en un recuerdo más que quedará guardado en ese diario que aún escondo a los ojos de mi madre.

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Nunca digas nunca jamás, o sí
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Mar y Cleo | 08-03-2015 | 11:44| 0

La primera vez es siempre inolvidable, unas veces por buena y otras muchas veces por mala, ¡ya quisiera yo poder olvidar alguna primera vez…! Pero últimamente ya no me va tanto lo de estrenarme, más estoy por inclinarme por la última vez de las cosas. Aunque James Bond soltara aquello de: “Nunca digas nunca jamás”, pues conmigo va a ser que no. Pienso negarme a todo aquello que me reste, que yo estoy por vivir y disfrutar, que solo tengo una vida, y que eso de la reencarnación ya se verá en qué acaba, que por ahora nadie me ha venido con noticias esperanzadoras del más allá.

─El jueves me llamó…

─¿Y?

─Que le apetece pasar el fin de semana conmigo, aunque el viernes estará liado, y el sábado por la mañana también, pero que si puede, pues que comemos juntos. Pero si se complica la cosa… pues eso, que ya me llamará.

¿Y eso es un tío que está deseando pasar un fin de semana conmigo? Pues directamente digo no, nunca jamás paralizaré un fin de semana con uno que lo más cercano a quedar conmigo es un: “Si eso, ya te llamo”.

─Pero en qué están pensando los hombres que dejan escapar mujeres como tú. Tú que eres tan… teniéndolo todo y tan sobradita que podrías ir por la vida, y ahí están ellos, jugando a Candy Crush con sus sobrinos.

─¡Yo no voy sobrada de nada! Aunque mejor dicho, yo no voy falta de nada.

Nunca jamás me saldrá un sí de mi boca, si te crees que soy vulnerable, incompleta, necesitada, obsesiva o dependiente. ¿Sabes que solo con administrar bien lo que tengo, todavía hasta me queda algo para deleitarme con los que de verdad me quieren como soy, sin darles pena ni miedo?

Hay veces que echo la vista atrás y la verdad es que no sé en qué estaba yo pensando en ciertas ocasiones. A ver, ¿alguna vez me han tenido que quitar tapones de cera de los oídos o he padecido de sordera? Pues eso, que nunca jamás voy a permitir que nadie me levante la voz, incluso aunque me cruce todos los carriles de una rotonda sin intermitente, porque a mí se me gana por las buenas, que yo por las malas y a bocinazos es que me hago la sueca y parezco una estantería del Ikea, y no te hago ni puñetero caso. Así que conmigo, como dicen los italianos: “Piano, piano…”.

Pero no todo van a ser reproches, que algunas cosas me las tengo yo que currar, que mucho leer libros de autoayuda y mucho meditar a lo yoga, y después sigo siendo la misma y sin remedio. Así que ahora esto va para mí, a ver si así me espabilo.

Nunca jamás dejaré de creer en el amor, ya sé que la cosa a veces se me pone complicada y cuesta arriba, ¿pero no es peor renunciar a ello? Ya sé que eso me obliga a escuchar de vez en cuando alguna canción de Pablo Alborán, y que de tanto pasteleo me acaben por chirriar los dientes, pero… ¡París bien vale una misa!

Juro que pase lo que pase, me enamore o no, me case o no, engorde o no, me toque la lotería o no, siempre tendré un hueco para disfrutarlo con mis chicas, porque por muy bonito que sea todo lo demás, nunca pienso renunciar a una tarde rodeada de las risas, confidencias y chaladuras de mis amigas, porque lo tengo comprobado: solo ellas saben sacar ese puntito mío algo golfillo que me niego a perder, por mucho que a veces disimule y me haga la niña buena dependiendo quién esté delante.

Y como no, nunca jamás caeré en la tentación de ese príncipe azul que me promete el oro y el moro, y de pronto el oro se convierte en una jaula de la que el moro no me deja salir, y para cuando me quiero dar cuenta le he dicho adiós al trabajo, porque qué necesidad tienes de levantarte temprano y aguantar a tu jefe; adiós a los amigos, porque ellos nunca te entenderán como yo te comprendo; adiós a mi ropa, que ya te la elijo y te la pago yo… En una palabra, adiós a la mujer que soy. Yo quiero ser la que soy, y vivir de lo que soy, y jamás dejar que alguien decida cómo debo ser, porque yo estoy encantada de haberme conocido.

Sé que hay días y días, pero siempre que pueda elegir entre ser la que soy o estar donde quiera estar, será buena señal de que voy por el buen camino. Ese día en el que alguien pretenda decidir por mí, entonces me pondré muy seria, con un brazo atravesando el pecho a lo James Bond y diré aquello: “Conmigo nunca digas nunca jamás, ya lo diré yo por ti”.

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¡A ti te hacía yo un favor!
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Mar y Cleo | 01-03-2015 | 11:39| 1

Como se acercan las elecciones, los partidos andan medio locos prometiendo lo que todos sabemos que son incapaces de cumplir. En el fondo tengo que aceptar que la ley antitabaco ha conseguido que, como poco, respiremos sanos y algunos hayamos dejado de fumar por puro aburrimiento, por frío o por calor. Mal que bien, todos los años termino pagando a Hacienda más de lo que me gustaría, y por miedo a la multa siempre le pongo el tique de la zona azul, no vaya a ser que por no gastarme un euro, la tontería me salga cara. Vale, hasta aquí soy una ciudadana más que colabora como puede y sin rechistar por la buena convivencia cívica. Pero, y aquí llega el pero, si tengo que salir a manifestarme, a liarme a tortazos o a lo que se me ocurra en contra de que ilegalicen los piropos, pues que no me busquen porque me van a encontrar, y no de muy buen humor.

─Esto ya es el acabose, qué disparate, pero si con la crisis solo quedan un puñado albañiles graciosos, y qué piensan ¿meterlos en la cárcel si me sueltan un piropo?─ me pregunta una vecina mientras subimos en el ascensor.

Yo no sé muy bien quién ha sido la cabeza pensante de tal disparate, y prefiero no saberlo por si me da por ir a explicárselo, pero entre los antitaurinos y los antipiropos, ya solo queda que aparezca algún iluminado y pretenda cargarse también la siesta, ¡y juro que me cambio de país!

Lo sé, este tema me tiene soliviantada, que yo de normal soy más tranquilita y sosegada, pero es que detrás de cada piropo que he recibido en mi vida, y no son pocos, hay toda una historia, y me niego a que ya nunca jamás mis oídos vuelvan a deleitarse con tanta maestría callejera y tanta pasión de andar por casa, que un piropo es una obra de arte y no se puede ilegalizar así como si fuera una droga.

─El mejor recuerdo y lo más bonito que me dijeron, jamás la olvidaré…

─¿Quién, tu primer novio?─ me pregunta llena de curiosidad.

─¿Ese? Pero si era un soso, muy guapito pero no valía para nada. Era el hijo del carnicero, siempre que iba me atendía la primera, y en cuanto me descuidaba, decía a todo lo que le daba la voz: “Qué cara más bonita que tienes, ay si esos ojitos me quisieran mirar…”. Y yo me ponía como un tomate por fuera, pero por dentro me daba un no sé qué, que terminé por abandonar mi vena vegetariana de la adolescencia y todos los días le pedía a mi madre un filete para comer, con tal de ser yo la que fuera a comprarlo, claro.

Tengo una amiga que la pobre no es nada agraciada, por decirlo suavemente, ella siempre cuenta que cuando nació era tan tan fea, que su padre al asomarse a la cuna, levantó la vista, miró a los familiares que estaban a la espera de ver a la criatura y les dijo muy seriamente:

─Ha nacido una soltera.

Y ella, que lo cuenta muerta de risa, dice que siempre le ha parecido tremendo que su padre no le haya sacado más jugo a esos poderes de Rapel para predecir el futuro, porque es cierto, ella sigue soltera, soltera. Y tan feliz que va por la vida, para qué quiere ella tirarse toda la tarde del domingo planchando camisas y lavando calzoncillos, si cuando le da el bajón, coge y se lanza a la calle en busca de esos hombres-ONG que siempre tienen una palabra bonita en la boca. Y ella que es muy lista se pone sus tacones, se echa el flequillo para delante, por taparse un poquito el careto, ensaya ese meneíto suyo tan sexy antes de salir de casa y se lanza a la aventura. Hay gente que para reforzar su autoestima va y pagan a un psicólogo, pero mi amiga es más espabilada que nadie, se va al polígono industrial de al lado de su casa a la hora del almuerzo, y al ratito vuelve a su casa hecha una reina.

Por eso digo que en nombre de las guapas, de las feas, de las flacas, de las gordas, de las tías macizas, de las resultonas, de las que cojean, de las de ojos saltones, de las de melena larga, de las rubias de bote, de la madre que nos parió…, que no nos toquen los cojones y que en lugar de intentar aniquilar las pocas cosas gratis y estupendas que nos quedan por disfrutar, que se vayan a legislar contra los de las cuentas en Suiza, y a los que no necesitamos tantas cosas para ser felices, que nos dejen en paz y felices con un simple: “¡A ti te hacía yo un favor!”.

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¡Mi vida es un carnaval!
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Mar y Cleo | 22-02-2015 | 10:53| 0

En todas mis fiestas de cumpleaños era obligatorio ir vestido de cualquier cosa menos de uno mismo. Y si en el cole se preparaba una obra de teatro, ahí estaba yo, cargadita de collares. Sí, a mi lo de disfrazarme me viene de lejos, pero la verdad es que nunca sospeché la cantidad de personajes que terminaría representando por exigencias del guion.

Una vez estuve a puntito de casarme, pero que en un tris. Aunque la cosa se complicó tanto, que terminé alterándome al máximo hasta llegar a convertirme en la novia más estresada de la historia. Y justo estaba al borde de un ataque de nervios, cuando decidí romper con todo y quedarme con mi Orfidal, que era el único que me comprendía.

Todo comenzó al ir a elegir el traje de novia. Mi madre se negó a acompañarme.

–No me gusta ese chico tan raro, te mereces algo mejor y no estoy dispuesta a ser cómplice de este disparate.

Mi mejor amiga es fanática del amor&sexo y dice, lógicamente, que el matrimonio es su mayor enemigo. Y me advirtió:

–No cuentes conmigo para hacer el paseillo por las tiendas de Zarandona.

Tan afectada me quedé al ver que todos mis recursos femeninos me habían abandonado, que mi incondicional novio se ofreció para acompañarme.

–Vamos, ni pensarlo. ¿En qué cabeza cabe que veas el traje antes de la boda?

–¿Y si nadie descubre que soy el novio?– dijo con risita picarona.

Yo, como estaba tan desesperada, acepté, porque eso de comprar el vestido de novia sola es peor que ir por primera vez al ginecólogo con tu madre y que te pregunten: ─¿Desde cuándo mantienes relaciones sexuales?

Quedé con él en la puerta de la tienda, y como tardaba, entré a echar un vistazo y de pronto los ojos se me fueron detrás de una mujer vestida con unos vaqueros superajustados, marcando culete, melena a lo Pantoja, gafas de sol tamaño Raphel, camisola de Falete y zapatos de tacón más altos que los míos. Comencé a probarme por hacer tiempo. En esas estaba, cuando de pronto la folclórica se coló en mi probador, se levantó las gafas y me dijo con voz de camionero mientras me guiñaba un ojo:

–¡Holaaa cariño!– Le reconocí al momento, me levantó el vestido y se metió bajo mi falda. Muum… la verdad es que la cosa tuvo su morbo. Y ahí comenzó mi perdición y claro, me lie.

Pero otro día me llamó lloriqueando:

–Ven corriendo, estoy malísimo…

En su piso me estaba esperando el enfermito tumbado en el sofá diciendo:

–Señorita ahí tiene su uniforme–. Y ese día me convertí en Marilyn la enfermera.

En su oficina me transformé en Angelina, la jefa masoca. En el restaurante, vestida de hombre, fui Kim Basinger jugando a ser su gigoló mientras sorbía un interminable spaghetti. Y le encantó cuando me vio chupando una piruleta de fresa con mis dos trencitas y tan sólo con un baby de colegiala a lo Lolita.

Lo que en un principio tuvo su gracia terminó por agotarme. Es más, cuando iba vestida de persona, ni me besaba. Hasta que por fin llegó el día del carnaval. ¡Uf, con lo que a mí me gusta esta fiesta! Pero ese año era incapaz de salir con la comparsa. Mis amigas, asustadas, aparecieron para pedirme explicaciones y yo tranquilamente les respondí:

–¿Sabéis lo qué os digo? Que yo, de lo que tengo ganas es de hacer el amor como las personas normales, que mi vida es un carnaval a todas horas.

Tal desvarío les hizo pensar que los preparativos de la boda me estaban afectando demasiado. Se giraron y miraron a mi novio, pero él, colorado como un tomate, salió corriendo. Y entonces les confesé:

–Desde hace seis meses estoy vestida de carnaval a todas horas y ya no puedo más. Yo lo que quiero es tardar diez minutitos en hacerlo y luego dormir a pierna suelta ¡Vamos, como todo hijo de vecino!

La boda se suspendió, y yo he vuelto a ser la que era. Ahora me miro al espejo y me reconozco y, aunque en estos quehaceres, cada maestrillo tiene su librillo, y que quede claro que en ese librillo no incluyo las pesadas y machaconas 50 sombras de Grey, porque más que en sombras se han convertido en una auténtica pesadilla.

¿Pero tan difícil es entender que hace ya mucho que en la alcoba no hay reglas, solo respeto? Es cierto que aquella historia ya la superé y ponerme un antifaz para sorprender, me parece de lo más sexi, y que no hace falta que llegue ningún carnaval para montar mi propia fiesta de Don Carnal… Pero eso sí, solo pido que me quiera, que me diga al oído que le gusto, con disfraz o sin él. En mi vida, el amor es un baile, pero no uno de máscaras.

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Enamorada hasta las trancas
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Mar y Cleo | 15-02-2015 | 11:06| 0

A estas alturas de la película, y si la memoria no me falla, tengo que reconocer que he tenido catorces de febrero de todos los colores. Los hay en los que me he encerrado en casa con la manta en la cabeza esperando a que pasara de largo este día; otros en cambio, y son los más, en los que me han rodeado corazoncitos colgando y mensajitos cursilones endulzándome el día; pero lo cierto es que ninguno ha sido igual al anterior, porque ya procuro yo que cada año Cupido llame a mi puerta como si fuera la primera vez, porque me niego a estar de vuelta de todo, y mucho menos de estas cosillas del querer que tanto me trastornan los sentidos.

Lo curioso del caso es que nadie tiene claro a partir de qué momento una se dice a sí misma:

─Lo reconozco, estoy enamorada hasta la trancas.

Una de las pruebas es cuando el móvil del otro se convierte en ese oscuro objeto del deseo, porque si a mí tú me das igual, pues más igual me da con quién puñetas andas todo el día wasapeando… Y entonces escucho que el grifo se abre, que entre afeitado y ducha me queda la costa libre de moros unos diez minutos como poco, allá voy, a por él… y cuando después de un buen rato descubro que mi chico tiene el móvil más aburrido del barrio y que la mujer que más le acosa a mensajes es su propia madre para saber si el domingo va a ir a comer, entonces sigilosamente lo dejo donde estaba, y me digo:

─¡Prueba superada, si es que lo tengo que querer!

Otra de las sensaciones que es un aviso de que el corazón lo tienes entregado es cuando deseas compartirlo todo con él, y entonces te entra el ataque y quieres verlo ya, y te da por hacer cosas que jamás aprobarías, como estar todo el santo día buscando el hueco para llamarlo. Y, ¿quién me lo iba a decir a mí que tanto he criticado eso?

Pero como no todos los días son de colorines, nos llegan esos momentos de bajón… sí, esos que desde primera hora todo se tuerce, que si el calentador roto, el agua helada y el pelo lleno de espuma. Y respiro y me digo, no pasa nada, yo puedo con esto y con más, y me lanzo a la cafetera, y resulta que se me olvidó comprar café, bueno, que nada, que me lo tomo en la calle…. Y así todo el puñetero día. Y llego a casa con un tremendo dolor de cabeza de tanto pensar cómo conseguir que un día torcido se convierta en un día maravilloso, y entonces ese herpes que siempre está amenazando con ocupar todo mi labio, va y cumple, y aparece puntualmente en pleno viernes. Y como aún no he perdido el michelín del roscón de Reyes, pues el vestido que pensaba ponerme, ni sube, ni baja, ni hay manera de desenroscármelo. Y lo sé, y lo veo venir, y por mucho que pretenda hacer que esto a mí no me está pasando, es absurdo, porque toda esta paranoia es mía y de nadie más. Y entonces, decido dejarme arrastrar, para qué luchar contra los designios del destino, y me tiro al sofá, pongo la tele sin volumen, una caja de clínex en una mano y en la otra sujeto una tableta de chocolate, total ya, de perdidos al río… Y suena el móvil, ni miro la pantalla, no quiero darle explicaciones a nadie de que tengo mi día tonto, y suena y suena hasta que cuelgan, y yo lloro y lloro hasta que me miro al espejo y me parezco a la niña del exorcista, ¡estoy espantosa! No sé cómo hacen en las películas para llorar y que no se les ponga la nariz como un pimiento morrón y los ojos saltones como los del feo de los hermanos Calatrava. Y me suena un whatsapp… lo dejo, me muero de curiosidad, quién será, pero si estoy fatal, a mí que más me da, ¿y si lo miro solo un momento y luego sigo llorando…?

─Mi niña preciosa, en veinte minutos estoy ahí, súbete a los tacones que el resto lo pongo yo.

Y de pronto todo ese mundo de tinieblas desaparece del universo, y me miro al espejo y no queda ni rastro de las ojeras, ni del herpes, así que buen viaje a las tristezas y por cierto, ¿esa mujer tan maravillosa que sonríe al espejo soy yo?

Y claro, a estas alturas de la película, tengo que reconocer que, aún hoy y después de tantos catorces de febrero, no me importa celebrar el Día de los Enamorados, que da igual que esté enamorada hasta las trancas o no, porque lo más grande de todos los siempres es que no hay nada mejor que amar y ser amado.

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¡Que hablen, que así estoy viva!
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Mar y Cleo | 08-02-2015 | 09:25| 0

Y siempre con la misma monserga, si es que pasan los años y no nos cansamos del mismo debate. ¿De verdad las mujeres y los hombres tenemos que ser iguales? La realidad es que nos diferencian más cosas que nos acercan. Vale, admito que en esta búsqueda de la igualdad, las mujeres hemos conseguido, con inteligencia, que algunos privilegios de caballerosidad no se pierdan demasiado: dejarme pasar primero, que me inviten a cenar sin que me dé la más mínima vergüenza. Así que como el dilema es infinito, voy a centrarme en una cosa que me toca mucho las narices, y ahí va:

Por más que nos empeñemos en que hemos evolucionado, porque ya estamos en siglo XXI, lo cierto es que al que más o al que menos, y de vez en cuando, nos sale un toque un poco catetillo y caemos en el morbo estilo Sálvame de lux doméstico, y nos da por meter las narices  en la vida de los otros.

─Que si fulanita se ha separado, que si fulanito tiene una amante y una novia a la vez, que si mira qué pinta lleva, que si desde que se ha hecho empresaria solo lleva ropa de marca…

Lo divertido es que a mí me da tres pitos eso de que la gente hable de mí, o al menos eso me digo para convencerme, y además, ¡pues que hablen, que hablen, que así estoy viva! Así que se acabó, ¡en este momento de mi vida voy a hacer lo que me dé la realísima gana! Aunque reconozco, con la boca pequeña, que no lo puedo evitar y muchas veces sigo pensando en el después, sobre todo en los asuntillos del corazón. Creo que por mucho que digamos en el fondo, a mí y a todos, con esto de las habladurías, siempre nos queda ese run-rún del qué dirán. Y si eres mujer, ¡ya ni te cuento!

─¿Qué pasa si el que tiene una amante es él?

¡Pobre esposa! Aunque claro, él es un golfillo, un viva la vida, un  picarón… Pero  como es tan guapo, no me extraña que las mujeres se le tiren y no pueda decir que no. ¿Por lo demás? Es un buen tío, claro ni mata a nadie, ni roba bancos… y además bien que se ocupa de que a los de su casa no les falte de nada. Ah, pero eso sí, los fines de semana, a salir de paseo con su señora y todos contentos.

─Y ahora démosle la vuelta a la tortilla, ¿qué pensamos si la que tiene el amante es ella?

¡Menudo pendón verbenero que está hecha esa! ¡Y ese pobre maridito, con esos cuernos tan tremendos! Con lo bueno esposo que es, capaz será de quedarse con los hijos mientras ella hace sus escarceos… ¡Seguro que es el último en enterarse de lo que ya corre de boca en boca!

¿Será posible que esta monserga del golfillo y el pendón verbenero ya venga desde los tiempos de mi abuela? Pero y si ahora pregunto:

─¿Qué hay de ese que liga con una mujer mucho más joven que él?

¡Mira el tío, vaya pibón se ha pillado! Será mayor, pero muy atractivo, con esas canitas tan interesantes… ¡Ah, pero la experiencia en estos casos es muy sabia! Tarde o temprano la cosa o le sale rana o le salen cuernos, porque claro, a los 55 está la cosa más o menos a la par, pero y ¿cuándo tengas 60 y ella tenga cuarenta pedazo de añazos bien puestos? Entonces querrás descansar después del trabajo, ¿y ella? ¿Seguirás queriendo ir a conciertos a dar saltos y tú con tu lumbago? Y la ecuación matemática en este caso no falla: a más edad, más billetes te harán falta…

Bien, pues vamos a ver el caso de una mujer.

─¿Si una mujer, buenorra pero ya madura, empieza a salir con un jovencito encantador?

Mírala, es que no se da cuenta de la edad que tiene, si es que debe ser que está con ganas de cama y está segura que este no le va a fallar. Además, ¿se creerá que se va a enamorar de ella, si hasta parece su madre?

Y así podríamos seguir con miles de historias más, que entre las que me han contado, alguna que me ha pasado y otras que espero que no las tenga que vivir, ¿qué quieres que te diga? Que me importa bastante poco lo que piense la gente mientras yo pueda llevar bien mis asuntos, ¡que ya es bastante!

Porque lo tengo claro, cuando el amor toca mi puerta, a ese ni le importa la edad ni yo que se la voy a decir, que con el amor lo que vale es quererlo vivir, porque eso sí, ¡que la vida son dos días y no me los fastidia nadie, por mucho que hablen de mí!

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Directa al infierno
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Mar y Cleo | 01-02-2015 | 12:12| 0

Estoy hasta la peineta de pasar frío. ¡Que en Murcia no hace frío…! Frasecita que escucho cuando llevo los guantes, la bufanda y no me pongo calzoncillo largo por eso de que una es glamur y figura hasta la sepultura.

Lo cierto es que a pesar de pagar al final de mes unas cifras exorbitantes, mi casa sigue siendo un iglú. Esto es un ecosistema único, en el que prevalecen las bajas temperaturas, con una media de 12º, baja presión atmosférica y al fondo del pasillo pueden ustedes contemplar el Teide nevado. Y yo aquí, envuelta en un pijama tipo Belén Esteban, que ya llegarán tiempos mejores para desempolvar los picardías. Con razón, allá por el mes de octubre un buen amigo me al despedirse me soltó:

─¡Hale, hasta la primavera que viene!

¿Pero quién va a ser el loco atrevido que quiera pasar una noche conmigo? Si es que a esta temperatura no hay tío cachas que sea capaz de cumplir como un machote, y además, a mí no me quitan los calcetines de lana ni la bufanda de andar por casa, ni el mismísimo George Clooney que se me apareciera en sueños.

Para mí que esto va a ser algún karma de otras vidas que tengo pendiente, aunque pensándolo bien, he decidido que para la vida del más allá, me niego a ir al cielo. Eso debe ser demasiado etéreo y no estoy yo para tanta abstracción. Lo tengo claro, por si sí o por si no, nada de conjeturas, y aquí al pan pan y al vino vino. ¿Que para poder ir al infierno voy a tener que empezar a ser más mala? Pues mira lo que te digo, cuando quiero puedo ser peor, porque la verdad es que estoy bastante harta y desesperada de ser una chica tan… estupenda, y luego qué, pues eso, nada de nada. Se acabó el papelón de niña buena y encantadora, que estoy deseando ir directa al infierno y así no estar temblando temiendo la llegada del invierno.

─Si es que ya me estoy viendo, todo el día con vestiditos de tirantes, bien escotados, con todo bronceado, porque fijo que allí va todo el mundo desnudo y yo rodeada de lo mejorcito de cada casa…

─Oye pues nada, allí nos vemos, porque lo estás pintando la mar de sabrosón─ me interrumpe el más golfillo de mi pandilla.

A ver si va a ser necesario que pase a mejor vida, que ya es difícil, porque me estoy dando la vida padre, para estar rodeada de tíos buenorros y con ganas de marcha, porque lo que es aquí, en la tierra, es que no se me acercan nada más que los sositos, un poco aburridos y de marchosos… sin comentarios.

Pero lo curioso del caso es que creí que solo me pasaba a mí, que yo era la única desgraciada, pero qué va. Cuando nos juntamos las chicas es un lamento al unísono:

─¿Pero es que no quedan hombres?

Cualquiera que nos oiga debe pensar que estamos muy salidas o que no andamos bien de la vista, porque está claro que hombres hay, pero es cuando nosotras decimos: ¡HOMBRES!, y nos estamos refiriendo a ese espécimen que está en peligro de extinción y que los pocos ejemplares que quedan los tienen a buen recaudo, y no me extraña, porque si yo tuviera uno… ¡anda que lo iba a dejar escapar!

─A mí me gusta ese que te escucha y además te comprende.

─Tú lo que quieres es que te den la razón en todo─ le corta la de su derecha.

─Yo en cambio lo que me atrae es la cualidad que tienen algunos para hacer fácil lo difícil…

─Pues yo prefiero que haga lo fácil, que para las cosas difíciles me pinto sola, con lo listilla que soy,,,─ se chulea la que va de jefecilla de la pandilla, y así le va.

Y podemos estar horas y horas, porque como decía mi abuela: “Siempre hay un roto para un descosido”, pero es que últimamente a mí no se me cae ni un botón, a ver, si es que si esto sigue así no me va a salir ni un mal zurcido. Pero lo mejor de todo, es que a ninguna nos gusta el mismo tipo de hombre, y menos mal, porque entonces sí que la tendríamos buena…

Y me acerco a una chimenea y dejo que el fuego caliente mis manos, porque lo único bueno de esto es que todo pasa, que el tiempo consigue que el frío se olvide y llegue la primavera. Y aquel que se fue de mi vida porque se le heló hasta su hombría, que en primavera no vuelva, que aunque sea en el infierno ya encontraré yo quien sepa encender una buena fogata en mi corazón que me tenga calentita tanto en invierno como en verano.

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Teniéndote a mi lado, yo no tengo prisa
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Mar y Cleo | 25-01-2015 | 12:41| 0

Las autoridades sanitarias advierten de epidemia de gripe, pero no hay nadie que advierta de otro virus que se nos mete en el cuerpo y no hay forma de echarlo, sí, hablo del contagioso virus de las prisas.

Mi madre siempre andaba corriendo: rápido que no llegamos a clase; y aquello continuó con un: corre que perdemos el avión; y acabó en un: no tardes en contestarme al mensaje… La única conclusión a la que me lleva esto es que las prisas no son buenas, pero ni cuando vas con retraso, por aquello que decía mi sabia abuela:

─Vísteme despacio que tengo prisa.

Como esos días en la que quiero estar perfecta para una cita y me echo el rímel y se me mete dentro del ojo, comienza a llorarme y me hace un rodal en el maquillaje, y salgo a la calle peor que con la cara lavada. Y aparco el coche y hay una señal que no veo, me como la multa, y para colmo el móvil se queda en casa. Ese es el instante que evito que un ataque de ansiedad me fastidie el plan, respiro, por no gritar, para no terminar histérica, desquiciada e insoportable.

Confieso que durante mucho tiempo fui una de esas mujeres que piensa que si no anda como loca y con dos mil cosas a la vez, me invade la sensación de que no estoy viva. La siesta estaba totalmente prohibida, qué pérdida de tiempo; nada de acostarse antes de la doce, si el día tiene 24 horas, qué hago yo tanto tiempo en la cama; en los días de marcha, mejor volver temprano que recogerme tarde, y mi grito de guerra era:

─¡Ya dormiré cuando esté muerta!

Lo que a nadie le he reconocido es que al día siguiente estaba tan muerta que me perdí miles de amaneceres, cientos de mañanas primaverales y demasiados aperitivos que ya nunca volverán, y solamente por eso, porque estaba más muerta que viva.

Lo cierto es que la noche tiene su encanto, no lo voy a negar, y espero seguir disfrutando de muchas más entre risas, música y amigos. Y sobre todo, tengo que reconocer que para el romanticismo no hay nada como una cena con velitas en un restaurante perdido y con unos camareros tan despistados, que intentar saber cuándo nos iba a tocar el turno, resultó todo reto. De pronto me da el pánico por si mi enamorado se pudiera poner nervioso de tanto esperar y se quisiera ir, y se acabaría ese ronroneo tan… y la tontería que se me estaba subiendo a la cabeza por el vino. Y voy y, como buena organizadora que soy, me lanzo:

─Cariño, ten paciencia porque me temo que esto va para largo…

Y entonces, igualito que en las películas, va y me toma de la mano, me mira a los ojos, y yo creo que hasta empieza a sonar una música tipo Casablanca, y me susurra:

─Teniéndote a mi lado, no tengo prisa.

Y así se detiene el tiempo, con una simple frase ¿Es posible que algo tan simple consiga removerme entera por dentro? Pues sí, y no queda ahí la cosa, desde ese momento me he dado cuenta de la de pequeñas cosas que se me escapan por ese desasosiego mío que no me deja nunca tranquila. Y yo ahora soy más de abrazar que de saludar, soy más de dejar pasar el tiempo que de llegar la primera, ¡ni que mi vida fuera una olimpiada!

¿Y esas veces que nos empeñamos en no comprender los mensajes? Cuántos berrinches me he llevado cuando las cosas no salían como yo quería, cuando ese que tanto me gustaba no me llamaba a mí y quedaba con mi amiga. ¡Ay, pero si la vida no me decía que no, tan solo me decía espera y verás…! Y yo sin entender, empeñada en que la vida me llevaba la contraria, la de llantinas que me he ahorrado, él al final la prefirió a ella, pero lo que ella no sabía aún era a cuantas ellas más iba a preferir al mismo tiempo.

He decidido no llevarle la contraria al destino, mientras yo cruzo los dedos e intento cambiar los vientos a mi favor, la suerte, que es muy sabia y me quiere mucho, deja el mar el calma para que el tiempo me enseñe y yo me haga cada vez más sabia. He aprendido que el tiempo no todo lo cura, qué va; pero ojo, que no por ir más rápido llego antes. En cambio, cuando he corrido mucho… ¡cuántos tropezones me he dado, cuántas cicatrices he tenido que curarme!

Y la cena continua. Y a la noche le sigue su amanecer, con su calma y su pasión, y lo que tenga que pasar, que pase tranquilamente, que yo por fin pienso vivirlo sin prisa, pero sin pausa.

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Con amigos así, quién quiere enemigos
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Mar y Cleo | 18-01-2015 | 12:34| 2

Hubo un día, ya hace tiempo, que me di cuenta que podía presumir de que mi vida era intensa y la estaba exprimiendo suave, pero rabiosamente. También fui consciente de que estaba llena de buenos amigos, aunque en mi andar por el mundo reconozco que hay algún desamigo, y no digo enemigo, que esos los dejo para los rencorosos y para las que van todo el día con el ceño arrugado.

Eso de tener ex, está pasado de moda, pero de vez en cuando en mi vida aparecen los des- : desamigos, desapuntados, desamores, desilusiones… Aunque esta lección la aprendí, a base de bien, cuando era pequeña.

Todo empezó cuando a mis padres les entró la obsesión por apuntarme a cualquier cosa, que si a danza, que si a inglés, que si a guitarra… qué manía con convertirme en la estrella del barrio, y ahí fue donde aprendí a ingeniármelas para hacer lo que me diera la real gana. Cogía el teléfono, le ponía un pañuelo, e imitando voz de adulto serio, me hacía pasar por quien hiciera falta:

─Mire usted, que mi niña está muy malita, que el médico le ha dicho que no vaya más. Lo que le digo, vaya, que me la desapunte, ¡pero ya!

Al principio mi madre se creyó aquello de:

─Han quitado las clases de danza, la profe se ha roto una pierna.

─Hasta el año que viene ya no hay más guitarra, dice el profe que practique en casa.

─¡Madre mía, pues no va el teacher y se nos casa en Australia!

Pero claro, mi madre debió leer como leen las madres, es decir, entre líneas, y pasó de las clases particulares a los pescozones domésticos para que, al menos, sacara sobresaliente en todas las asignaturas. Y yo feliz, porque por fin me había desapuntado de todas esas cursiladas.

Para lo que nunca ha tenido nadie que animarme es para hacer amistades, para eso estoy siempre dispuesta, y si hubiera tenido que ir a apuntarme a la Luna, allí que hubiera ido. Tengo amigos de muchos colores y para todas las salsas, y no me canso nunca de encontrarme con ellos, ¡me encanta! Aunque con algunos, de vez en cuando, en lugar de tener encuentros tengo algún que otro desencuentro, pero nada que no se arregle con una copa, un abrazo y vuelta a reírnos. Claro, que con otros esta receta no ha sido suficiente, y por eso se pasaron al otro bando, al de los desamigos, ¡allá ellos!

Pero hay encuentros y encuentros, porque de pronto noto que nuestras miradas se cruzan, y que a pesar de la noche gélida siento que me regalan una primavera en pleno mes de enero, entonces sé, que bajo ese gorro y esa bufanda de bandolero, solo puedes estar tú. Y me das un beso de esos de abrazo apretado, porque solo tú y yo somos capaces de recuperar todo el tiempo que llevamos sin vernos mientras que dura este estrujón. Y volvemos a reírnos, y eso que aún no nos hemos dicho nada, tus manos grandes y cálidas sujetan las mías intentando hacer una cueva y protegerlas, y aún no sé muy bien de qué. Nos ponemos al día, ni se te ocurre mencionar a algunos personajes de nuestro pasado… ¡están desapuntados de mi vida, y lo sabes! Todo se detiene, porque cada vez que el destino cruza nuestros caminos, a mí se me alegra el alma, porque tú eres mi amigo del alma y no te pienso soltar jamás.

─Con amigos así, a quién le importa tener enemigos ─me dice un espontáneo que pasa por allí.

Y es verdad, oye que los enemigos roban demasiada energía y son malos para la salud, pero, sobre todo, son fatales para el corazón y, mira lo que te digo, como además estoy rodeada de gente tan especial, sé que el que pretenda ir conmigo por las malas aquí no tiene nada que hacer, que yo, por supuesto, no se lo voy a permitir.

Puedo presumir de que mi vida es realmente intensa, que lo que no me gusta lo hago desaparecer, así de fácil, y vuelvo a poner voz de adulta seria y digo:

─Perdone caballero, pero solo quiero buena gente a mi vera.

Y así suceden las cosas bellas, y recibo un mensaje invitándome a un viaje, o vuelvo cualquier esquina y aparece una cara sincera, incluso en la barra de un bar se presenta un conocido y acaba convirtiéndose en un amigo para siempre.

Las desilusiones se convierten en ilusiones, con solo desearlo. Los desaires se convierten en brisas mañaneras. Y los adioses para siempre, ya no me molestan, porque he aprendido a desapuntar de mi vida lo que no quiero. Así que, ahora solo uso el prefijo des- para desvestirme, descalzarme y despeinarme la melena cuando la noche se llena con los destellos de miles de estrellas sobre mi cabeza.

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Con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero
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Mar y Cleo | 11-01-2015 | 11:08| 2

Por fin se acabaron las fiestas, los polvorones y villancicos bailados a ritmo de salsa. Y pensando que por fin ha llegado la verdadera paz…, pues va a ser que no, que esto sigue siendo un no parar, las calles atiborradas de gente con las manos llenas de paquetes, cientos de bolsas cargadas con no sé qué, ¡de lo más necesario, seguro!

Confieso que yo en ocasiones me he dejado llevar por esa euforia nerviosa que da el ponerse la primera antes de que abran las puertas el primer día de rebajas, pero me da que era más por salir en las fotos y en la tele con esa cara de: Ahí llega la loca de las gangas… Aunque lo cierto es que muy raras veces he encontrado realmente chollos auténticos.

─A ver cuándo te vas a enterar de una vez, que lo bueno y de calidad está ya más que  apartado.

─Pues eso mismo digo yo─ le respondo a mi amiga, mientras remuevo pensativa mi café…

¿Quién va a ser la tonta que suelte al que reúne las 5 vocales? Amoroso, Estupendo, Inteligente… y como no se me ocurre nada más con la O ni con la U, pues me da igual, que sea Sexy y muy, muy Fiel. Y claro, la que tiene la suerte, que las hay, la que ha encontrado ese pedazo de chollo, pues no lo suelta, ¡es que yo tampoco lo haría!

─Pues no estoy de acuerdo contigo─ me contradice un buen amigo─. Vamos a ver, según tu razonamiento, los que estamos sin pareja, ¿qué, estamos de saldo? ¡Igual me pongo un cartel de descuento colgado del cuello a ver si me lleva alguien para su casa!

¡Y cuánta razón tiene! Yo me aplico aquella canción que canturreaba mi padre cuando íbamos en el coche toda la familia. Con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero… Y con ese soniquete tengo claro que jamás bajaré mi listón. Que la que vale, vale, y nada de menospreciarnos, que no he llegado hasta aquí para que ahora por una tontuna transitoria me dé por ponerme de oferta.

Porque no, porque a mí me sigue encantando que el hombre que me quiera le dé mil vueltas a la sesera para ver cómo puede convencerme para llevarme a cenar… si supieran la de cenas que me he perdido por hacerme la interesante, bueno mi trasero y mi barriga al menos me lo han agradecido.

Me encanta seguir siendo esa de la pandilla a la que dejan la última para pedir salir, por la sencilla razón al temor al fracaso, por nada más. Ya sé que soy difícil, y mucho, ¿pero a caso, a alguno le gustan las mujeres fáciles de conseguir? Por mucho que pasen los años, en esto, desde los tiempos de mi abuela, no hemos cambiado ni una pizca. Si alguna vez por fin alguien se decidiera escribir un manual de instrucciones para la conquista femenina, me temo que este sería el primer capítulo.

Lo cierto es que en parte tengo yo un poco la culpa, con esta manía tan mía de echarle el ojo siempre a lo mejor y a lo más caro…, pero es que no lo puedo remediar. Por eso, las rebajas a mí, como que no me van. ¿Alguien ha visto alguna vez que se cumpla aquello de las tres B? Bueno, bonito y barato. Qué va, en cuanto es bueno y bonito, ¿qué pasa? Pues que todas lo queremos, y entonces es tanta la demanda, que el mozo en cuestión, se sube el caché y se hace el tío buenorro interesante y, cómo no, se le amontonan citas y hasta se lía con más de una… ¡a mí me lo van a contar!

Ya está, lo tengo decidido, nada de salir de compras, para qué exponerme a que me pisoteen o que otra más rápida, más víbora o más bruja que yo me lo quite. Pienso salir a la calle relajada, nada de prisas, voy a disfrutar de los infinitos días de sol y de este invierno que poco a poco promete acariciarme los sentidos. Cada sorbo de café caliente lo voy a saborear, no me voy a dejar llevar por la ansiedad de conseguir gangas, ni por el temor a perder algo, o porque otra lo vea primero. Y es que tengo claro desde hace mucho que lo que es para mí, para mí será.

Ahora para lo que soy la primera es para ponerme en la puerta, pero en la de mi casa si hay un buen plan para salir a disfrutar del día, ahora salgo en las fotos que quiero, porque es a mí a quien buscan las cámaras, ahora me da igual si estamos en rebajas o no, porque sé que: con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero.

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Me pido querer soñar sueños
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Mar y Cleo | 04-01-2015 | 11:06| 0

Me pido querer soñar sueños. Sí, que ya sé que eso de sacar brillo a mis zapatos y poner la bandeja de turrón con su vasito de vino es algo que me ha acompañado desde mi niñez y que ahora esas cosquillas de nervios por si viene un rey mago a mi casa y me trae un regalo mientras yo duermo para algunos ya no tienen demasiado sentido, pero mira lo que te digo, ya quedan pocos días, y yo que siempre he dicho en voz alta y con toda mi fuerza que no hay que ser miedoso, que el NO siempre lo tienes, así que por pedir, que no quede. Y como yo quiero pedir volver a soñar sueños, y que se olviden las pesadillas,  a escribir la carta toca.

A esta altura del año, y sobre todo, a esta altura de mi vida, me he dado cuenta de quienes son realmente sus Majestades, son los que me quieren, mis amigos vestidos con capas reales y mis amigas adornadas con coronas, y sus regalos son sacarme sonrisas y darme calor.  

Delante del catálogo de los deseos, me siento igual que cuando de pequeña me daba codazos con mis hermanos delante del folleto de juguetes:

─¡Me lo pido!

─No vale, eso ya me lo pedí yo antes, y no vale repetir─ me hacía rabiar mi hermana.

Por eso, y con el tiempo, yo he acabado haciéndome una experta en este asunto. Lo más importante es cerrar los ojos y ponerle toda la ilusión del mundo, y a mí a eso sí que no me gana nadie.

Pero si por suerte me ha de llegar algún regalo de Navidad, o por si alguien quiere hacer un regalo a su parienta, a su amante, a su jefe, a su novio… no le vendría nada mal saber unas cuantas reglas de oro que no deben saltarse sin pensar, ¡si lo sabré yo!

  • Condición indiscutible es que el regalo en sí no ha de cubrir ninguna utilidad, es decir, que no sea necesariamente práctico, por la sencilla razón de que si realmente lo necesitara, ya me lo hubiera comprado yo, y además he descubierto que las cosas inútiles son las únicas que tienen glamur.
  • Otro de los requisitos es que no se enchufe a la corriente, o sea, nada de planchas, vaporetas,  lavadaras, secadoras.., si se han roto, se la compras otro día. Te aseguro que recibir un aparato con librito de instrucciones toca las narices. La única excepción es que vaya a pilas, porque hay artilugios muy monos, que con un par de pilas, que pueden ser de lo más divertido y dan mucho juego.
  • Otra cosa que hay que tener en cuenta es que en Reyes no se regalan flores, para eso hay muchos días al año. Ni en Reyes, ni el día de todos los Santos. Fácil, ¿verdad?
  • Cuidado si es un regalo carísimo de un marido a su mujer. Si tienes la conciencia muy tranquila, vale; pero si eres de los que golfeas… lleva cuidado, porque las mujeres somos muy intuitivas y eso de que cuanto más caro es el regalo, más grandes son los cuernos, no falla.

Pero como estoy sensible, vuelvo la memoria a mi niñez, cuando me tomaba el roscón con un buen vaso de chocolate caliente y después me tapaba con la manta hasta la cabeza e intentaba pegar ojo, creyendo que amanecería antes y así poder descubrir todas las sorpresas que me estaban esperando.

Esta vez tengo la premonición de que voy a salir muy bien parada, ya se están cumpliendo mis sueños, porque ando rodeada de los que de verdad me quieren. Es cierto que este año a veces he sido un poco mala, pero de verdad, es que ser siempre una niña buena aburre hasta a los muertos. Así que, si el próximo día me encuentro dentro de mis tacones un poquito de carbón, lo aceptaré sin enfadarme, ¡a ver, qué remedio! Pero es que no hay nada mejor que sacar la mejor chispa de mi mirada mientras abro un enorme paquete con su lazo, aunque yo creo que lo mejor es ver tu mirada en ese momento.

Cierro los ojos y os veo a los tres, tan guapos y buenos mozos como siempre, y a vosotras, mis amigas, tan guapas y divertidas como sois. Gaspar me lanza un guiño y ellas se parten de risa, Melchor se pone a bailar villancicos y Baltasar me da buenos consejos. La noche mágica se acerca y yo estoy preparada para pedir mi regalo. Quiero seguir soñando, quiero llenarme de ilusiones, quiero sentir mue me quieran y querer, quiero que a todos vosotros se os llenen los días de mariposas y que en la noche luzca una estrella que os enseñe el camino, igual que aquella que guió a los tres sabios de Oriente.

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Deseos pedidos, deseos cumplidos
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Mar y Cleo | 28-12-2014 | 10:28| 0

Desde hace unos años, por estas fechas, un grupo de mujeres nos sentamos alrededor de la mesa de uno los mejores restaurantes de la ciudad para cumplir con todo un ritual: es nuestra cena de los deseos. Vamos llegando una a una, con lo mejorcito del armario, que la situación lo merece, y sin darnos cuenta nos envuelve el espíritu de la Navidad, alguna bendición de san Silvestre y, cómo no, nuestras mejores voluntades. Y así comienza la magia.

Lo tenemos claro, no es el día de los propósitos, esos que cuanto más inmejorables son, más imposibles se vuelve materializarlos. A estas alturas de nuestras vidas sabemos a ciencia cierta que la matrícula del gimnasio va a ser una de las cosas más caras, pues no pensamos ir ni un solo día, por mucho que me diga a mí misma lo contrario, y bueno, habrá que ver si este año, además de apuntarme a inglés, tapices y guitarra, voy y me propongo hacer senderismo los domingos temprano hasta darle la vuelta a la Región y parte del extranjero; que no, que ya sabemos que de buenas intenciones está nuestra agenda llena, pero al final no sé qué tiene el sofá, la mantita y la tele que puede con todo.

Por eso, esta noche no faltamos ninguna, qué va. Es una cena en la que nos dejamos llevar, lo fundamental es esa magia que nos hace sentirnos importantes y seguras de lo que queremos, porque un deseo es eso, saber lo que quiero y desearlo con tanta fuerza que sea capaz de obligar a nuestro destino a llevar los pasos hacia lo que yo decida.

Pero lo primero es saber pedir, que la cosa no es fácil. Hubo una vez una amiga que dijo:

─Yo me pido que aparezca en mi vida un hombre guapo, cariñoso, sensible, generoso, que me cuide…

Y claro, se le cumplió, pero a la pobre se le olvidó un pequeño detalle por pedir, porque al poco llegó un amigo de la niñez de ese maromo tan estupendo que le había traído el destino, y fue él quien acabó convirtiéndose en su compañero de cama y no ella. Por eso, es importante tener las cosas claras, y sobre todo, que no falte ningún  pormenor, no vaya a ser que mis deseos y el destino no se pongan de acuerdo y me pase como a mi amiga, o peor.

Yo este año voy a llevar mi deseo bien apuntado, que yo me conozco, y luego con los nervios lo mezclo todo y vete tú a saber por dónde me sale el asunto. Y como es deseo pedido, deseo cumplido, he decidido documentarme bien para que no me falle ningún detalle, que en estas cosas un pequeño olvido puede ser una gran catástrofe.

En primer lugar, y esto me ha encantado, lo que vamos a hacer se llama encargos al universo, qué barbaridad, así dicho la cosa promete, no creo yo que algún planeta vaya a tener tan mala idea como para confabularse contra mí, digo yo.

Algo fundamental es pedir con actitud de abundancia, así que abstenerse todas aquellas tacañas mentales, si vamos a pedir, que sea siempre para lo más, que lo menos ya viene solo: que quiero trabajo, pues ale, de jefa o directora como poco; que es de amores, pues eso, que lo del tamaño importa, ¡ya lo creo!

Y algo muy, pero que muy importante es hacer el deseo siempre en positivo, no vaya a ser que al decirlo el universo no me entienda bien y le dé malas ideas. Nada de pedir un hombre que no me ponga los cuernos… ¡error!, deseo un hombre fiel; comer y no engordar… ¡error!, comer y seguir tan buenorra como siempre.

Y fundamental, nada de comparar con el pasado, se pide siempre en tiempo presente, porque a ver, para qué esperar al futuro, si el futuro es infinito. ¿Y de qué me sirve recordarle al universo lo malo que dejé atrás? Pues eso, que para lo bueno no hay mejor día que hoy, aquí y ahora; que mañana ya está tardando, y ayer ya se fue, y nada de que tiempos pasados siempre fueron mejores, qué va, anda que si yo contara la racha que he llevado…

Y surge un aquelarre de amigas que nos convierte en hadas mágicas, y nos cogemos fuerte de las manos y conjuramos a la suerte, al amor y a la salud, y es justo en ese momento cuando miramos a los ojos del universo, y claro, no le queda otra que ponerse las pilas porque ninguna estamos dispuestas a que nos juegue una pasada, que nuestros sueños flotan libres buscando su destino.

Y mientras se cumple mi deseo, cierro mis ojos pidiendo que uno de tus deseos, sí, a ti que me buscas en estas palabras cada semana, se te cumpla,  porque tú también te lo mereces.

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Este año es para mí
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Mar y Cleo | 21-12-2014 | 09:42| 0

Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor… Cada año, cuando llega el día de la lotería me hago la misma pregunta que todo hijo de vecino: ¿qué haría si me tocara el gordo? No suelo comprar mucho, pero cuando tengo algún décimo entre mis manos lo paso sin vergüenza por la chepa de mi tía o por la barriga de una embarazada, y si no la encuentro, busco a algún amigo con tripa cervecera por si también cuela.

Yo creo que en el tema de la salud, mujeres y hombres andan por caminos distintos, porque te lo juro, cuando me siento pachucha me convierto en una blandengue y me pongo sensiblona y sólo quiero mimos y carantoñas, y a la primera de cambio, por cualquier tontuna, comienzo a llorar. Pero no es que suelte unas lagrimitas, ¡nooooo! Es que me lanzo y ya no puedo parar en varias horas. Pero ¿y ellos qué? Cuando se ponen malos les entra una mala leche… así, como si el mundo entero tuviera la culpa de todo, y lo peor es que entonces se callan, y no dicen ni pío. Aprendí hace tiempo que la mejor postura es hacerme transparente y dejarlos en paz, que prefiero que suden su mal bajo la manta a que me hagan sudar a mí, ahí tirados, con la tele encendida y con el mando bien agarradito. Es preferible dejar para otro día nuestro instinto de chica dela CruzRoja, nada de prepararle calditos calientes, porque en lugar de una sonrisa de agradecimiento te vas a encontrar con su cara de: ¡Déjame tranquilo! Y al final él seguirá enfermo y tú mosqueada.

¿Dinero? En este tema lo primero será ponerme al día con las deudillas que cada mes arañan mi cuenta. Iré a los escaparates de esos en los que no ponen precios, y elegiré zapatos al modo “Pretty woman”: me los pruebo y me los llevo, porque me da la gana. Y si me gustan tres, no pienso elegir: ¡Todos a la saca! Nada de mirar el precio de la etiquita disimuladamente. Y como dicen que ir de shopping es agotador, porque por lo visto no es lo mismo que ir de compras, pienso largarme después a un SPA a que me den un buen masaje. También haría una fiesta con mucho de todo y repartiría algo para hacer la vida más fácil a mi gente y… ¡Ay… si me tocara el gordo! La verdad es que nunca ha sido el dinero mi mayor prioridad, aunque con los años cada vez me fijo más en el bolsillo de mi pretendiente, no es que lo quiera riquísimo, pero pienso elegir a un hombre que tenga un ‘buen fondo’.

Y en el amor…, el caso es que no sé si soy desafortunada o no. Quejarme no me puedo quejar, porque he querido y me han amado profunda y locamente. Pero es que entre un amor y otro paso unas épocas de sequía larguiiiiiiísimas, que no se arreglan con un trasvase de emergencia cada dos meses. ¡Qué va! ¡Pero si eso me pone aún peor! Porque quieras o no, al final, una se acostumbra a todo, o eso dicen. Cuando empiezo a recordar, es que me remuevo enterita y echo de menos aquellos momentos de peli abrazada, los paseítos de la mano, las escapadas románticas a Madrid tan a gusto y sin tener que pensar en nada, y me entra una ansiedad…

Ya no pido constantemente dinero, que sé por propia experiencia que para eso hay que echarle horas al tema laboral, que lo de que la lotería me toque… pues estaría genial, pero hay otros sorteos en los que prefiero ser ganadora, porque lo que realmente quiero es tener salud para vivir intensamente como a mí me gusta y también quiero tener amor para compartir con alguien mi vida llena de locuras, lujos y pasiones.

Los sueños pasados de príncipes altos, guapos, tipazos… se han quedado en eso, en sueños. Así que hoy voy a apostar porque me toque el hombre que tenga el corazón más gordo, para que me pueda querer sin miedo. Total para qué voy a ir buscando un cachas con lo complicado que es eso, pero si es que además, todos acaban poniéndose feos, calvos y barrigudos. Así que, intentaré conseguir al hombretón, rollizo y cariñoso, ¡y a ser feliz todo el año! Porque si me toca la piel y el alma, con él vendrá la salud, el dinero y el amor. Cada vez lo tengo más claro, este año es para mí. Que la suerte os acompañe.

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Mi amigo visible
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Mar y Cleo | 14-12-2014 | 10:48| 0

¿Tú también tienes cena de empresa? Pues mira lo que te digo, lleva cuidado, que sé de más de una y más de uno que estas veladas le han traído algún que otro problemilla.

Y como es tiempo de propósitos, una amiga de toda la vida, va y me cuenta el suyo, así, como si ella misma se lo creyera:

─Este año lo tengo muy claro, no pienso ponerme piripi, que todavía está rondando por ahí el video en el que me subo a los hombros de Alfredo, el conserje, y entono a todo trapo el Tamborilero, porropopompón…, y venga con el villancico, y yo cada vez más en lo mío, tanto, que hasta termino entonando el do de pecho a todo lo que da y los botones empiezan a estallar uno tras otro y en qué me veo: una mano sujetándome la camisa, con la otra intentando bajarme de él sin que los tacones se me enganchen en su cinturón. Y claro, al final terminé rodando por encima de la mesa hasta llegar a toparme con la cara de mi jefe, que como él llevaba un pedo peor que el mío, nos dimos un pico y salté lo más rápido que pude, no fuera a ser que su secretaria favorita me cogiera del moño para arrancármelo. Pues lo dicho, aún anda el dicho vídeo de teléfono en teléfono y de risita en risita.

─Pues peor me pasó a mí ─añade el de su lado.─ Tanta fiesta, tanto baile, tantas lentejuelas y brillo, que al final acabé amaneciendo junto a mi compañera de trabajo, y claro, me costó muchísimo explicarle aquello de: ”Donde tengas la olla, no metas…”, en fin, que la dichosa señorita Rotenmeye, con sus gafitas y su cola de caballo, tan estirada como ella, se desmelenó esa noche y me desmelenó a mí. Y aún salgo de estampida cuando la veo venir hacia la fotocopiadora.

Yo, en cambio, una de las cosas en las que nunca termino de posicionarme es con el dichoso asunto este del amigo invisible, porque tengo tanta mala suerte en el reparto de papelitos que siempre me toca regalar más bien a mi enemigo visible. Pero, ¿es que no se podrían hacer dos listados diferenciados en categorías: los que me molan y los hijos de su madre? Es que no hay manera, me caen los que nadie quiere, porque a ver quién es la guapa que se atreve a tener de amigo invisible al informático de la empresa, pero qué se le regala a un friki perro flauta, si es que en todos los años que llevo en la oficina lo único que he conseguido ver salir de su boca es un globo de chicle que siempre anda mascando y que, tras explotarlo, me mira y me suelta:

─Imposible, para eso tienes que descargarte un programa.

Ale y ya está, como si yo supiera qué dichoso programa es, si ninguno se llama con una palabra que te dé una pista para lo que sirve, y además ¿acaso a mí me pagan aquí para descargar programas? Y por cierto, ni sé ni quiero saber cómo se descargan programas.

Yo prefiero soñar con mi amigo invisible, ese que se ha vuelto tan trasparente que prácticamente solo lo veo en fotos, sí porque en Navidad cada una sueña con quien quiere. Pues yo me lo imagino guardándome sitio a su lado el día de la comida de Navidad, cogiéndome de la mano por debajo del mantel para que no cuchicheen las tres cotillas de RRHH que todo lo saben, y seguro que nos iríamos solos a algún garito para tomarnos una copita y brindar cantando eso de los peces en el río, muertos de risa y de achuchones.

Y mira por donde, no sé muy bien, pero este año presiento que va a ser diferente porque por estas fechas me da por ponerme melancólica, echo de menos a los que pasaron por mi corazón, para ellos siempre pongo un deseo en mi árbol. Pero este año no, y mira qué curioso, todo ha comenzado mientras me preparaba para irme a la comida, al subirme las medias, no se me ha hecho ninguna carrera; cuando me he puesto el vestido, la cremallera casi sube sola sin atascarse en el michelín de la espalda; las uñas se me han secado sin que se me estropee ninguna; los pendientes estaban los dos juntos sin que tuviera que volcar el joyero sobre la colcha para encontrarlo, y me he encontrado frente al espejo tan radiante como una burbuja de champán… Estoy convencida de que todas estas señales no están ahí por casualidad. Seguro que este año va a ser mi amigo pero visible, y en el frío de la noche sentiré un abrazo que me acompaña y una mano cogiendo la mía a la vez que me acaricia. Porque ya es Navidad y porque las calles brillan tanto como mi sonrisa.

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A ustedes, señores y señoras mandatarios
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Mar y Cleo | 08-12-2014 | 18:09| 0

Yo no sé si estos aires de cambio, de indignados o de, simplemente, estamos hasta la pandereta de tanto mangante van llegar a buen puerto, pero por si sí o por si no, los expertos dicen que la Constitución del 78 ya está pidiendo la jubilación, que tiene artrosis y hasta puede que huela un poco a rancio la pobre. Pero nada, que aquí pasa el tiempo para todos, a ver si voy a ser yo sola la que cumple años este mes, que no, que aquí a más de uno le va haciendo falta un lifting, sobre todo mental.

Y aprovechando que andan los tiempos así de revueltos, me voy a tomar la libertad de pedir, que por pedir no quede, un poco de chispa en esto del politiqueo. Vamos a vestir de largo a Doña Constitución, a peinarla de rubio Marilyn y a subirla en unos buenos tacones. Y que sus artículos nos hagan sonreír, que cada una de sus palabras demuestren que realmente los importantes somos los ciudadanos de la calle. Estoy segura que así no va a andar nadie peleándose por cambiarla y volverla a reformar, que si ahora te quito esto y te pongo aquello.

Y a la República le digo, que yo tengo la mía propia, y que convoco fiestas sin protocolo ni coronas, hasta el besamanos se convierte en un abrazo de alegría, aunque se lo tenga que dar al pequeño Nicolás. Y pese a sentirme desde siempre una princesa, no me importa no tener un trono, porque yo, como el resto de vosotros, tenemos la sangre del mismo color. Que aún no he encontrado a nadie que en un análisis le salga azul. A mí lo que me importa es poder hacer y deshacer a mi antojo mi propia vida, entrar y salir, pasear por la calle que me dé la realísima gana, sentarme a tu lado o subirme a la barra de un bar al estilo coyote.

Y los  aires independentistas… ¡Pero si esos los tengo yo desde que salté de la cuna! Me dije: soy libre, y yo así vivo, aboliendo dependencias amorosas, no dando crédito alguno a relaciones toxicas. Aunque también es cierto que si he llegado hasta aquí, siendo plenamente libre e independiente, es porque he encontrado el cobijo de mi familia, los consejos de mis amigos y los abrazos de mis amores.

Y respecto a eso de que todos somos iguales… sí, ante la ley sí. Pero cuántas veces hemos oído eso de: “Todos los hombres sois iguales”, pues no. “Todas las mujeres son iguales”, ni pensarlo. Así que, de ahora en adelante, reclamo ser desigual a todas, y que a nadie se le ocurra compararme.

Cualquiera que me vea hoy esta vena tan constitucionalista que me ha salido, igual se piensa que me ha dado por meterme en política, y eso, ¡ni pensarlo! Que yo, cuando me haga famosa, espero que sea por cosas de esas que sacan sonrisas y animan corazones, y además, tal y como están las cosas… ¡calla, calla, no sea que al final termine en chirona con un pijama de rayas  y sin tacones…!

Y ahora, tan solo me gustaría dedicarle unas palabritas a sus señorías los diputados, para ver si así, en tal día como hoy, les da por arrimarse un poco al querer del bueno y no tanto a esos sobres tan untados, que mira que al final todo se sabe… y se están poniendo las cosas pero que muy feas. Pues eso, allá voy:

En este día tan noble como histórico para nuestra nación, me dirijo a ustedes, padres de la patria. Señores y señoras mandatarios, ¿es que no podrían hacerse un poco cargo y descongelar las nóminas para esta Navidad en lugar de las gambas que se van a zampar? Por cierto, tengo yo un buen puñado de conocidos, que los pobres no han salido del pueblo en su vida, pues ale, menos viajecitos a Bruselas o a paraísos  fiscales, y vamos a mandar a todos estos paisanos, que seguro le al viaje sacan mejor provecho que ustedes.

Y para que vean que no soy rencorosa, les invito a todos a venir a darse un garbeo por esta nuestra Murcia querida. Que se tomen sus señorias unas cuantas cañas y otras tantas marineras, después se den unas copas bailonas, y cuando ya anden un poco alegres y rodeados de bellas murcianas y de guapos murcianos, toca sentarse y pensar que una corbata y un sillón no hace al hombre más hombre, ni al rico más rico, ni al pobre menos pobre. Que una corbata sentada en un sillón o unos artículos constitucionales anticuados no son motivos suficientes para que se me quiten las ganas de gritar que quiero vivir la vida, y además la quiero vivir feliz y en paz.

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En la punta de mis dedos
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Mar y Cleo | 30-11-2014 | 12:01| 0

Y la vida siguió, y yo con ella. Y como dicen esas frases lapidarias de autoayuda que tanto le gusta a la gente reenviar por Internet bombardeándome los sentidos: “Lo mejor está por venir”, “Deja de releer el último capítulo de tu vida, para poder empezar a leer el siguiente…”, “El amor verdadero…” ¿Qué bonito verdad?, tan bonito como cursi y ridículo. Porque claro, todas estas palabras dependen mucho de cómo te pille el cuerpo. Unas veces pienso que quienes escribieron esto eran unos pobres ilusos y pretenden convertir todo en un cuento de color de rosa, y hay quien se deja llevar por tantos colorines y, como si estuvieran fumados, sienten que todo es amor y paz. Pero yo, que me conozco, reacciono como si fuera un muelle y zas, me rebotan en la piel que se ha vuelto impermeable a las palabras, y ahora solo me calan los huesos los hechos.

Y en eso estaba yo, después de analizar todos esos mensajes bienintencionados,  después de indigestión de frases de consuelo, sabiendo que el consuelo realmente no existe, que lo único real es echarle un par de tacones al asunto y seguir caminando por encima de todo. Entonces me miro y me digo, todo de una vez:

─¡¡Deja  ya de pensar!! ¿No te das cuenta que es de lo más aburrido escuchar a quien aún vive del recuerdo de un amor que ya no existe? ¿No te das cuenta que la gente está harta de tantas desdichas?

Y así fue cómo ocurrió. Yo cuando decido quitarme las penas me apunto absolutamente a todo. De pronto, estaba metida en el lío y cuando ya me veía de nuevo bajo la manta de mi sofá, donde los únicos destellos de fiesta que lucen son los destellos del televisor, pegué un salto y decidí respirar otros aires más limpios y frescos. Y como tengo la suerte de tener amigas que tardan lo mismo en ponerse unos tacones que en hacerse la maleta, en un abrir y cerrar de ojos, pues eso, que el fin de semana pasado nos lanzamos a la carretera sin destino ni límites para vivir la vida.

Mi madre me decía:

─ ¡Pero hija, así no se puede viajar! ¿Tendréis al menos un hotel reservado?

Pero para entonces nosotras ya habíamos zarpado en busca de nuevos aires, porque buena falta nos hacía, que una también se cansa de los mismos caretos sentados en los mismos garitos, para mí que alguno sigue en el mismo taburete de sábado en sábado como si fuera parte del decorado… ¿será también el mismo cubata o le cambiarán los hielos?

Y de repente frenamos el coche… ¡En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no me quiero acordar…! Por qué no convertirnos en unas auténticas Dulcineas, con Don Quijote o sin él, que poca falta nos hacía en ese momento el pobre hidalgo.

Doce horas seguidas, desde la primera tapa hasta el último baile, fue como un preámbulo de la Nochevieja, y por eso cada hora estaba dedicada a cumplir un pequeñísimo deseo, más bien un antojo, y así lo hicimos.

Quiero buen vino de la tierra y el vino corrió por nuestras gargantas y brindamos por la amistad y… ¡deseo cumplido! Quiero risas junto a la chimenea de un bar… ¡y segundo deseo hecho realidad! Quiero jamón del bueno, que a mí me vuelve loca ¡y un tremendo plato se puso ante mí! Quiero bailar… ¡Bueno, para ser sincera, este duró más de dos y de tres horas! Quiero un abrazo… ¡y ya lo creo que lo recibí! Cada hora que pasaba sentí que, efectivamente, mi vida sigue, y empecé a notar que ya no tengo que empujarla para que ande, ahora resulta que es la vida la que me empuja a mí.

Y con esas nuevas fuerzas he vuelto a casa y me he encontrado que la ciudad baila conmigo. Me quito los tacones y me calzo mis zapatillas deportivas y a recorrer kilómetros, y para mi sorpresa, hago el camino junto a un inesperado nuevo amigo que vuelve a invitarme a jamón, por si me había sabido a poco el del fin de semana. Y me hace reír, y siento que vivo mientras charlamos a la luz de un barecillo.

Y como un imán, la alegría trae más alegría, el aire fresco que respiré por aquellas tierras de molinos de viento se ha llevado mis nostalgias. ¡Pero si hasta pienso que llos lunes ya no son tan malos!

A ver si ahora va a resultar que, después de tanto criticar esas cursiladas de frases, resulta que ahora están en mis manos. ¿Y por qué no? Miro este teclado cansado de tantas historias de amores y desamores y sé que la vida sigue, porque mi libertad, mi amor y mis pasiones están justo aquí, en la punta de mis dedos.

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Y nosotras, ¿qué queremos?
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Mar y Cleo | 23-11-2014 | 10:23| 0

Tengo claro que el peliagudo asunto de tener contenta a la parienta no es fácil. Que ya sé que nadie les ha dado a los hombres las coordenadas para hacer feliz a una mujer, que somos a veces una complicación y un calentamiento de cabeza. Aunque mira por dónde,  me parece que a muchos sí que les han dado el punto exacto del meridiano para irse con otra, y me consta que algunos lo tienen pero que muy bien localizado. Y al final las ex, las nuevas y las futuras andan repartiéndose al mismo, aunque él en realidad no quiere a ninguna, porque con quererse demasiado a sí mismo ya tiene bastante.

 Y digo yo, ¿por qué no nos darán un manual de instrucciones a unos y a otras para que nos facilitasen el camino?

A ver, supongamos que hago una encuesta entre las féminas sobre el tema, supongamos que ya la he hecho, y por último, supongamos que te la lees y la grabas en tu ADN. Pues aquí van algunos resultados:

Me encantan, me pirran, me vuelven loca los detalles. Y los detalles son eso, detalles. Sí, son todas esas cositas románticas que se te ocurrían cuando intentabas conquistarme y que, cuando ya caí en tus brazos, por arte de magia se te olvidaron. Ten detalles o piérdete.

Me deja boquiabierta pensar que estás deseando estar conmigo, que cuentas los minutos para salir disparado del trabajo y sentarte en el sillón a mi lado, hasta aquí todo requetebién. Así que si, aparte de hacerlo, vas y me lo dices, pues mucho mejor. Dime que me quieres

No resisto ver que la prolongación de tu mano tiene forma de iPhone en un constante brrrr infernal, y me aburre ver esa cara tan tuya reflejada en la pantalla con tu ridícula sonrisa. Y para colmo, cuando consigues separarte del móvil, enganchas de forma mecánica el mando de la tele. ¿Es que no te das cuenta que es muy incómodo, por no decir imposible, abrazarte y hacerte carantoñas con el puñetero portátil sobre tus rodillas, el móvil en el bolsillo  y el mando en la mano? En fin, una tarde acompañada de todos tus grupos de whatsapp, de los correos del trabajo y saltando del Face al Twitter y vuelta a empezar y a la vez haciendo zapping… Holaaa, estoy aquí. No te olvides.

Quiero que si alguna vez me prometes amor eterno, que no olvides lo prometido. Que las promesas se cumplen, y que si un día en un ataque de esos de sinceridad y arrojo amoroso se te ocurre darme tu palabra de que me vas a llevar a cenar el viernes que viene, pues eso: el viernes que viene tenemos cena. Aunque, llueva, granice o truene, el viernes hay cena y punto. No digas nunca lo que no vayas a cumplir

Quiero que hablemos, pero hablar por hablar no, quiero escuchar tu opinión, aunque hay ocasiones en las que mejor estarías con la boca cerrada, porque claro, tú te has despachado, y te quedas en la gloria, ¿eh? Y yo que me alegro por ti, pero, ¿te has preguntado alguna vez cómo me quedo yo después? Bueno, por si no habías caído, ahora te lo voy a decir: me dejas hecha polvo. No creo que sea tan difícil hacer un cursillito de esos de diplomacia. Tenemos que hablar

Quiero una coctelera de sexo con amor, de amor con sexo. Me gusta sentir que eres mi hombre y despertarme con olor a ti y cerrar los ojos y sentir que mi piel está viva. Quiero también abrazos sin sexo. Quiero besos por sorpresa. Que ya se sabe lo que dicen, la pasión embellece y yo soy muy coqueta. Tócame.

Y si por esas cosas de la vida decides largarte de mi lado para encontrar nuevas camas calientes, para irte a fiestas con otra, para creerte más hombre por eso de que estás con una morena y después con una rubia, ni se te ocurra volver a aparecer en mi vida, ni se te ocurra decirme que  todos y cada uno de esos días has dejado de acordarte de mí, ni te atrevas a mirar mi foto, ni se te pase por la cabeza asomar tu nariz por los lugares por donde paseamos nuestro amor por si me encuentras de nuevo. Si te vas, no vuelvas jamás.

¡Vaya encuesta, eh! Pero tengo que admitir que también hay muchas parientas satisfechas, casi las mismas que insatisfechas. A saber lo que contestarían ellos si les preguntase, porque creo yo que tendrán algo que decir, ¿no?

Yo por mi parte creo que la clave de este asunto peliagudo está en mirar, reír, sentir, amar, cuidar, respetar. Estoy segura de que una sobredosis de amor apasionado va a ser el único camino para encontrar las coordenadas del destino para que se unan dos corazones.

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¿Quieres cenar conmigo?
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Mar y Cleo | 16-11-2014 | 10:11| 0

Hay días que me levanto a lo “Llanero solitario” y me sobran todos y todas, y es curioso, porque el resto del año soy de las que, cuanta más bulla hay, más me siento en mi salsa. Bueno, pues hoy es uno de esos en los que conmigo misma tengo bastante, vamos, que me basto y me sobro. Y he decidido tomarme el día sabático, me voy a camuflar tanto, que no me va a reconocer nadie. Me pondré una peluca y unas maxigafas de sol, por eso de que prefiero ver a ser vista. Y ale, a la calle a que me dé el aire fresco de este otoño que al fin parece que está aquí.

Y me cruzo con mil caras que en otras circunstancias me hubieran reconocido, y yo feliz. Y me dejo llevar, no pienso ponerle límites a mis pies, hasta donde ellos quieran ir, allí iré yo. Y me dejo querer por este solecito, hoy ni tan siquiera llevo puestos los cascos, no sea que alguna canción indiscreta me traiga recuerdos de quien está metido en el rincón que tengo para quien me ha defraudado, pero esos personajes no vienen al caso ahora. Lo dicho, hoy conmigo misma y punto.

Estoy tan lejos de mi territorio comanche habitual que igual me he salido de la provincia y no me he dado ni cuenta. Igual que como en tiempo de guerra, todo agujero es trinchera, en los días como hoy, en los que estoy reflexiva, toda terraza que ponga cervecitas y marineras es un paraíso. Y en mi edén particular estoy y me levanto las gafas y me veo rodeada de un precioso jardín, sin ruidos ni pelotazos amenazadores, tan solo el susurro de dos voces que a mi espalda intercambian confidencias:

─¿Y tú, eres de las que le prefieren madrugar los domingos o te va más retozar hasta media mañana?

─Todo depende de cómo se presente el amanecer…

─Me gustaría invitarte a cenar esta noche.

─Y a mí me encantaría que me invitaras…

Y de pronto la conversación se corta y no se escucha nada, y claro como soy una curiosona, me giro esperando ver a una pareja de tortolitos iniciándose en el arte del amor, y cuál es mi sorpresa, que estos de novatos amorosos no tienen nada. Él ya peina canas y ella atrás dejo hace mucho tiempo las minifaldas veinteañeras, la crianza de los hijos y las prisas por llegar a mil sitios a la vez. Ahora es ella la que ha decidido que le toca vivir la vida de otra forma. Y él le dice cosas al oído y ella le coge de la mano y sonríe poniendo los ojos en blanco intentando disimular el sonrojo, y se tocan la espalda con caricias que dibujan sueños con los dedos.

Se ponen en pie y se alejan de mi vista poco a poco, como a cámara lenta, han emprendido un camino, igual que el de su vida, bromean entre risas y van tan enjugascados los dos que hasta dan un traspiés a la vez y se les escapa una carcajada cómplice, y vuelta a tomarse de la mano.

Les miro sin nostalgia, pero con dulzura. A mí no me salen las cuentas, 1+1 aquí no son dos. Y de pronto dejo de estar introspectiva, pero ¿qué puñetas hago yo aquí tan sola? ¿Hace cuánto tiempo nadie me dice que le gustaría invitarme a cenar esta noche?

Y es que está claro que no es lo mismo estar solo que sentirse solo. Lo confieso, después de ver la ilusión y la valentía de esta pareja de enamorados creo que me he puesto un poco envidiosa.

Y vuelvo por donde vine, y otra vez esas caras conocidas y tan acompañados unos de otros, y tan solos los unos y los otros. Porque eso es lo peor, cuando te encuentras en esa situación en que ya lo tienes todo contado, la hipoteca pagada y el coche en el garaje, y ahora, en vez de mirarse a los ojos, mira cada uno para lados contrarios. Él, que después de todos esos años ha entrado en la crisis de los 50 y lo único que se le mete en la cabeza es vivir la vida… ¡como si lo vivido hasta ese momento no hubiera sido vida! Ella, aburrida, busca distracciones en otros lugares. Eso sí es una vida solitaria, eso sí que es estar solos de verdad.

Y desde aquí, sentada al borde del fin del mundo, me quito la gorra y las gafas y las lanzo al vacío. Voy a levantar el culo, que no hay tiempo que perder para llenar mi camino de buenos corazones que sepan amar, rozarme con pasiones que quieran vivir  despertares y anocheceres rodeada de música, y acariciar sueños compartidos hechos realidad.

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Merece la pena
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Mar y Cleo | 09-11-2014 | 10:15| 0

¿Merece la pena ir detrás de alguien? La respuesta que ganaría la encuesta sería esta:

 ─Yo jamás voy detrás de nadie, lo que me tenga que ocurrir que me ocurra. ¡Vamos, hombre…!

¡Vaya filosofía de vida! Entonces qué, ¿a esperar a que pase algo y si no aquí, bordando el ajuar detrás de las cortinas como nuestras abuelas? ¿Y si no sucede nada? Me niego a inventarme que soy feliz por la simple razón de que aún no ha llegado “el momento”. Pues qué quieres que te diga:

─Que así nos va. Y mientras, ellos por su lado esperando a que demos el primer paso, y nosotras por el nuestro, a dar tiempo al tiempo. A ver quién es guapo que se tira a esta piscina.

Recuerdo una vez que una amiga me dijo que había ido sola al cine y yo me eché las manos a la cabeza:

─¿Cómo se te ocurre ir sola?

─Si no tengo a nadie con quien ir, qué quieres que haga.

Y de esa conversación hace ya una década, en cambio ahora ocurre al contrario,  cuando se quedan extrañadas es si dices que no vas al cine porque no tienes quien te acompañe:

─Pues sí que eres tonta, pero si ir sola al cine es lo más normal del mundo.

La verdad es que yo soy a veces un poco moderna y otras veces un pelín antigua, por eso hay cosas que no me van. Ver pelis sola puede que no esté tan mal y que yo sea una exagerada, pero no me fastidies con psicologías fashion y de nuevas generaciones, que lo mejor es sentirte en buena compañía, y no es necesario que sea un novio, o un amigo con derecho a roce, simplemente, que estar sola en ciertos sitios es un asco.

Si es que de verdad, todo ha cambiado tanto y tan rápido… Mira, antes los hombres iban detrás de las mujeres, las rondaban, luchaban por conquistarlas y eso les hacía feliz, y oye, que ahora eso no les gusta.

─¿¿Yo detrás de una mujer??? A mí las mujeres me ligan.

¿Pero qué es lo que ha pasado? Yo recuerdo cuando las mujeres se hacían las duras, disfrutaban de ese cortejo como si fuera un baile prohibido; ellos se encendían, se motivaban; a ellas se les ponía el cuerpo golfo solo de pensar que los estaban volviendo locos, y ahora…. ahora nos los comemos con patatas, vamos, asustaditos los tenemos a los pobres.

Total, que estoy un poco descolocada. Tengo un pie en los sueños de princesas y otro en la ciencia ficción. Han sido demasiados cambios y muy rápidos. Un día te encuentras jugando con las muñecas en una habitación rosa y con el lazo en el pelo, y al siguiente, me veo dudando en si voy detrás del amor o espero a que llegue.

La cuestión real no es saber si quiero o no quiero estar con ese que me gusta, para mí lo importante es qué hacemos para conseguir lo que queremos. A ver, cuando me gusta uno, ¿qué hago?, ¿se lo digo? Pues no, me pasa que si no veo señales muy claras de que yo a él también le gusto, cierro el pico y me hago la tonta. Pero es que a los hombres les pasa igual: miedo al fracaso, al ridículo, a perder a esa chica que te gusta y con la que únicamente te tomas un café de vez en cuando. Oye, pues tú mismo.

¡Y luego cuentan que las mujeres decimos que no, cuando queremos decir que sí! Pero si es que no nos queda otra. Para empezar, no nos entienden, ¿que  pensamos de forma diferente? Lo sé, pero de verdad, yo pongo todo mi empeño por entender las señales del maromo que me va. Otra cosa distinta es decirle lo que siento, eso ya es cosa mía, porque yo no suelto nada de nada hasta que no lo veo todo clarito. Creo que para muchos empieza a ser más difícil dejar el corazón al descubierto que otras partes prohibidas.

¡Y es que tiene narices la cosa, nos escandaliza más ir detrás de ese que nos gusta, que ir al cine solas! Así que, igual que elijo no ir sola al cine, porque no me da la real gana, también elijo a la persona que quiero que me conozca, a ese hombre a quien me gusta olerle la piel en silencio mientras me abraza, a ese que me haga soltar carcajadas con sus bromas, a ese a quien rascarle la espalda mientras hablamos de todo lo que nos ha pasado durante el día.

¿Qué si merece la pena ir detrás de alguien? Pues mira, yo solo tengo una respuesta ante esto, una respuesta rotunda, definitiva e irrebatible. Sí, merece la pena, detrás de mí, sí. 

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¿No es verdad, palomo mío…?
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Mar y Cleo | 02-11-2014 | 10:26| 0

Un año más, el comienzo del mes de noviembre me hace soñar con una capa de terciopelo cruzando oscuras y empedradas callejuelas para recitar serenatas bajo el balcón de una bella dama y oigo como en un susurro palabras de amor convertidas en poesía:

– ¿No es verdad, hermosa mía, que están respirando amor?

–Callad, por Dios, ¡oh, don Juan, que no podré resistir mucho tiempo sin morir…!

En cuestiones de cortejos y flirteos el asunto se ha vuelto muy ambiguo. Sí, no lo dudéis, yo lo he visto, ¡él sigue vivo, pero eso sí, dando los últimos coletazos porque al pobre lo tenemos mareado! El don Juan de andar por casa o de Zorrilla -¡vaya apellido tenía el pobre!- sigue tan Tenorio como siempre, pero las damas de hoy aprendieron demasiado de sus antepasadas y se dedican a ponérselo difícil al incauto galán que se atreva a cortejarlas. Los incansables don Juanes no esperan a la noche de difuntos, durante todo el año representan su papel en garitos de moda, por los pasillos de la oficina, mientras se toman una caña o en el ascensor de la comunidad. El desdichado don Juan poético, maravilloso y adulador está estresado y desconcertado, ya no sabe si recitar o ponerse a llorar. Él vivía la conquista como si fuera un arte, desde el primero hasta el último acto, sus palabras, sus miradas, sus sonrisas, pero sobre todo las distancias, eran fríamente calculadas.

Y la doña Inés de hoy ha perdido su inocencia y candidez, ya no se arrebola por un –Te invito a cenar…– ¡Ay esta doña Inés del alma mía, que a los restaurantes va cuando a ella le viene en gana, y que si no cena esa noche es porque ha decidido hacer dieta!

Así empieza el espectáculo… Se abre el telón y comienzan los artistas a hacer sus poses en el escenario de la vida: las luces de las farolas encendidas, las calles y los bares forman el decorado. No hay nada escrito y todo se improvisa. ¡Don Juan, doña Inés, a escena! Todos en silencio, que la función va a comenzar:

Aparece una doña Inés con unos pedazos tacones y vestida por Armani, ya que nos ponemos a imaginar que vaya la chica despampanante, inteligente, culta y además disfruta demostrándolo.

DON JUAN: Mírala, si va de listilla, a ver si voy a quedar yo aquí como un ignorante– murmura mientras se escurre entre el bullicio.

Pero en esta obra no hay una sola doña Inés, que somos muchas, y claro, hace su entrada otra doña Inés, dulce, doncella risueña y encantadora, con faldita de vuelo y camisa abrochada con primor. También tiene los minutos contados.

DON JUAN: “Demasiado simpática” con todos. A mí no me la pega, no me fío ni un pelo de tanta pureza virginal, mira que luego las modositas gastan una mala follá...– El figura se esfuma arropado por los aplausos de sus camaradas de juerga.

Y llega otra, esta pisa fuerte las tablas, es una Inés provocativa. Cazadora de cuero y vaqueros ceñidos que le aportan la energía de la iniciativa y osa susurrarle al oído: ¿No es verdad, palomo mío…?

Y con respingo temeroso este Tenorio justifica su desaire: Igual que lo hace conmigo, lo hará con todos ¡Sólo me faltaba a mis años llevar cuernos bajo el ala del sombrero!

Y al cazador difícil de cazar, le parece que el cazado va a ser él cuando ve entrar en escena a una doña Inés bella, elegante y distante en la mirada. Temeroso de que el tiro le sea fallido, advierte el peligro de caer rendido y se atrinchera: ¿De sobrada por la vida? Seguro que tiene tantos detrás de ella, que me convertiría en una pieza más de su colección y ¡de eso nada! Aquí el conquistador soy yo.

Cualquier escena de atracción y sensacionalmente escandalosa es inevitable, pero el aplauso final termina sin llantos ni amores eternos.

Aquella doña Inés ingenua, indecisa, santurrona e inocente que Zorrilla recreó, ya no vive con nosotros. Y el don Juan, presumido, halagador y, si me apuras, algo amanerado, es una especie en extinción, y anda un poco acobardado entre tanta modernidad.

A la doña Inés le sigue enamorando el golfo atrevido, pero siempre acaba olvidando que si le conoció siendo un don Juan no podrá impedir que siga de flor en flor. Claro, que ella procurará pagarle con su misma moneda.

Un remake de las buenas costumbres en las conquistas donjuanescas bien podría deleitarse en una nueva escena del sofá, cuando él le dice todo meloso a su querida amada: ¿No es cierto, ángel de amor….?

Y su ángel le contesta: Sí cariño, lo que tú digas, pero acuéstate que esta noche salgo con las amigas y llegaré tarde.

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Como el día y la noche
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Mar y Cleo | 26-10-2014 | 11:09| 0

Es la primera vez que no me planteo si quiero que llegue el frío de una vez, tampoco me programo el fin de semana con cinco días de antelación, ni siquiera miro el móvil continuamente, aunque no me suene. Mira tú por dónde, después de tantas idas y venidas parece que he conseguido una temporada de paz, he logrado respirar profundamente cada momento que vivo, y esto no significa que esté hecha una aburrida, es simplemente una sensación de paz. Y qué quieres que te diga, que no es nada fácil llegar a un sentimiento así.

Me ha dado por madrugar para que el día me dure lo máximo posible, pero… siempre hay un pero, lo malo son las noches, no sé qué me ocurre últimamente que no pego ojo. Hago todas las técnicas y remedios de la abuela y al final funcionan, caigo rendida, dormida como un bebé, aunque, a eso de la cuatro campanadas, mi cabeza se pone a funcionar, juro que es como si estuviera despierta con los ojos cerrados, porque eso sí, me he prohibido abrirlos. No sé qué poder tiene el subconsciente, estoy por preguntarle a Iker Jiménez de Cuarto milenio, porque fijo que me daría una explicación de lo más completita, igual todo esto es un complot de una secta oculta ligada a los servicios secretos, y que me tienen hipnotizada de día inyectándome alegría, y cuando dejo de estar bajo su influencia me salen todas las preocupaciones.

Es curioso, porque mientras duermo mi cerebro es como cuando le paso el antivirus a mi ordenador, y ahí estoy yo con los ojos cerrados repasando todo lo que he hecho, organizo mi agenda, le digo a mi última pareja cuánto la echo de menos, me pongo a dieta, me duelen los recuerdos y vivo amores que no existen. Y así miles de películas. Y cuando me despierto me dejo llevar por mis pies descalzos hasta el aroma a café, y solo cuando estoy debajo de la ducha me doy verdadera cuenta del follón mental que se me ha formado en la cabeza mientras dormía, y vamos, que entre lo que se me olvida y lo que no pienso hacer, solamente me ha servido para pasar una noche viviendo otras vidas en otros mundos, porque yo en cuanto sale la luz del día me pongo mis tacones y subo tan alto que casi toco el sol y, por ahora, dejo la luna para los lobos.

Me estoy acordando de una historia que quizás más de uno ha vivido o le han contado. Un día, un amigo mío decidió que esa noche ligaba sí o sí, y se fue al garito más oscuro de toda la ciudad, casi se tenía que mover con la linterna del móvil, pero allí el triunfo estaba asegurado. La música bailona movía los cuerpos con tentaciones sensuales. El antro en cuestión se lleva la palma porque, entre que el volumen alto y sin casi luz, pues eso, que como no te pegues a la chica, ni te escucha, ni te ve. Y así transcurrió la noche loca a la espera de recoger el triunfo. Y tal como se había propuesto… pues ale, que ya se sabe a qué va uno allí.

Pero al día siguiente, cuando la tensión sexual quedó resuelta, algo había aún de la tremenda resaca, de pronto abre primero un ojo, luego muy despacio el otro, los rayos de sol entran hasta el pasillo, y con la voz pegajosa le pregunta:

─Perdona, ¿tú quién eres? Porque yo no te conozco de nada. Ayer me vine con otra.

Ella se lo toma a guasa, le da por reírse a carcajadas, mientras intenta poner derecha las pestañas postizas que andan medio despegadas. Él, que es genio y figura hasta la sepultura, nota que le entran los temblores y unas ganas de salir corriendo tremendas, pero claro, es su casa… ¿a dónde va a ir? Mira, y entre las sábanas ve un manojo de pelos y ella que le dice que se le han caído las extensiones, él la boca abierta, ella que le pregunta que dónde está el baño para recomponerse y él, con los ojos cerrados le señala la puerta. No quiere verla pasearse por la habitación, no sea que vea lo que le faltaba para convencerse de que en vez de Maruja, la cariñosa, es Manolo, el encantador.

Por eso, ahora quiero ser como el día, luminosa y llena de bullicio, y madrugo, y me calzo con la fuerza de mis zapatos para tocar siempre el sol. Salgo de la ducha, olvido los trajines que se montan en mi cabeza cuando duermo, y los dejo allí, en el Cuarto milenio para que los analicen. Y si tú eres solamente noche, oscuro y con olor a Marujas o Manolos, pues seremos como el día y la noche, cuando a ti te dé por llegar, pues yo ya me habré ido.

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Para toda la vida
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Mar y Cleo | 21-10-2014 | 17:48| 0

Hace un año que decidí dar un giro a lo que me estaba ocurriendo. No es que estuviera yo mal ni que me sintiera una desgraciada, no es eso, es que siempre he creído que hay momentos que se acaban y otros que empiezan. Y llegó uno de esos momentos; sabía que tenía que coger un camino y cerré los ojos y de pronto me pareció escuchar a mi abuela ahí sentada en su sillón de siempre, mirándome con esos ojos chiquititos de color verde:

─Lleva cuidado con lo que haces, porque pase lo que pase, para bien o para mal, “es para toda la vida…” .

A mí aquellas palabras me dejaron sin habla. Si me enamoro, ¿será para toda la vida? Y si me voy, ¿no volveré? Y entiendo que eso era cierto, pero era cierto en sus tiempos, porque ahora todo parece distinto, todo lleva escrito la palabra fin. Así que, al menos para mí, ha dejado de tener sentido esa frase tan infinita, donde cada cosa que me ocurriera tendría que permanecer para todos los siempres. A ver… ¿de qué le sirvió a mi abuela que aquel abrigo durase más que ella, o esa vajilla que pasa de generación en generación y solamente sirve para sacarla, limpiarle el polvo y de vuelta a la vitrina?

Entonces abrí los ojos y dije, ahora es el momento, y sí, me propuse vivir, mandar al carajo todo lo que me hacía daño o lo que estaba obsoleto por falta de uso. ¿O es que no te ha pasado nunca que has vivido una historia de amor que se quedó sin usar? Como cuando nos compramos unos preciosos zapatos, los miras, los acaricias, les haces miles de fotos y te los pones para una superfiesta y te crees la mujer más bella del sarao, y luego, con mimo los metes en la caja y no los vuelves a sacar, vamos que a los dos meses, cuando revisas por casualidad el armario, te das cuenta de que ni te acordabas que los tenias.

Y han pasado 365 días y yo he multiplicado cada hora por dos, cada intenso minuto ha estado lleno de un: “No me arrepiento”, que nada dura para toda la vida, así que, mientras dure, ¡a disfrutarlo como si fuera mi última oportunidad!

Porque yo debo ser como los gatos, que aparte de caer de pie, tengo siete vidas, algunas ya las he gastado, pero aún me quedan unas cuantas, ¿eh? También me siento gata cuando ronroneo con una caricia o cuando estiro el lomo para rozarme contigo si te tengo a mi lado, pero cuidado que te saco las uñas si en vez de besarme intentas hacerme daño.

Es cierto, yo era de las que creía en el amor eterno, en ese amor verdadero que jamás se puede borrar del corazón, pero mira tú por dónde que era tan perecedero como un yogur, ¡qué ilusa! Memos mal que terminé pasando página y aprendiéndome bien la lección, así que ya no me fijo en su fecha de caducidad, sino en la mía, gasto una vida, pero comienzo otra…

Y claro, conforme pasa el tiempo cada vez me queda menos sitio en la casa, en la cabeza y en el corazón, así que eso de ir almacenando cosas que nunca me servirán, o recuerdos que no deberían estar o zapatos sin estrenar, pues va a ser que no.

¿Y qué hago con lo que no es ropa, adornos, chismes, cacharros… en fin, enredos de toda clase? Pues los regalo, que hay mucha gente que les dará verdadero uso y hay que reciclar. ¿Y con mis recuerdos? Pues lo mismo, me voy un día con los amigos y nos rodeamos con unas copas de vino y una buena comida, les suelto todo lo que llevo guardado, y cuando me haya desahogado, cierro la botella llena de esos recuerdos y les digo adiós. ¿Y con los ex…? Pues esos se pusieron en el mercado hace tiempo, así que ya habrá quienes se los hayan quedado, oye y mira, igual hasta les han encontrado algo de utilidad.

Es cierto que para toda la vida siempre quedan algunas cosas, pero solo cosas bellas, como aquellos viernes por la noche en el sofá viendo pelis, o algunos viajes con amigas, o esos pendientes que me regaló mi madre…

Pero en lo que de verdad mi abuela tenía razón es que hay algo que ha de durar para toda la vida, sin excusas, sin cansancio ni miedo, y esa soy yo. Aunque saque esos zapatos una vez cada dos meses, aunque vacíe mi armario y mi cabeza de cosas que ya no me sirven de nada, yo duraré toda la vida mientras disfrute, mientras sueñe, mientras ame, mientras olvide, mientras escriba, mientras me leas.

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Ahí te quedas
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Mar y Cleo | 12-10-2014 | 09:22| 0

Cada vez que no tengo algo claro, cojo y lo guardo en el cajón de “ahí te quedas una temporada”. Y oye, mano de santo, es como poner los garbanzos a remojo, o dejar reposar las sensaciones. Y cuando lo retomo, solo tengo que decidir entre guardármelo para mí porque merece la pena, o tirarlo a la basura, pero no a la de mi casa, yo me voy al contenedor más lejano, no vaya a ser que eche peste, que hay asuntillos que huelen mal demasiado rápido. Y es que el rollo ese de contar hasta diez antes de hacer nada, a mí no me sirve de mucho, que yo, o cuento hasta mil o no me da tiempo a concentrarme y tomar una decisión que no sea radical, y está clarísimo que las decisiones arrebatadas solo me sirven para hacer los problemas más grandes o para hacer doblete con las penas y, qué quieres que te diga, que una ya no está para eso.

Y de pronto, me despierto del ensimismamiento que tengo yo hoy aquí tan reflexiva, y pego la oreja a la conversación de las dos que se están tomando el aperitivo en la mesa de al lado:

 ─¿Tú crees que el amor es ciego?

─El amor es totalmente ciego, porque ahora veo a mis ex y me pregunto: ¿Cómo estuve yo para estar con ellos?

Tampoco es que me ofusque tanto como para perder así el norte, pero a mí como en la copla: Me lo dijeron mil veces, pero nunca quise prestar atención. Oye, que no lo vemos, o que no lo queremos ver, no es el amor el hipnotizado, que somos nosotros. Pero mira lo que te digo, que si no fuera así no se disfrutaría de los efluvios borrosos y maravillosos que provoca esto del amor.

¡Y mira que han pasado días, y meses  con sus 500 noches sabineras incluidas! Pero yo seguía sin tenerlo claro, porque están los momentos de bajón, pero también están los del subidón, y en esa montaña rusa emocional está el secreto, ese que todo lo cura, y ese que ha terminado por convertirme en esta mujer, porque hoy soy capaz de mirar al fondo de la calle y sentirme vacunada de casi todo lo vacunable.

Sabía que en cualquier momento me podía pasar, temía el día en que su mirada se volviera a cruzar con la mía, que compartiéramos el cielo del mismo sol rozando su piel y la mía, me daba terror no poder sujetar mi corazón cuando su mundo y el mío volvieran a estar en el mismo planeta… Y pasó, de pronto apareció, cuando yo tenía ya todo cerrado en el cajón del no abrir más, pero estas cosas ocurren, y ahí estabas tú, como venido de una nave extraterrestre, a contraluz. Y la vida se detiene, igualito que en las películas, todo a cámara lenta, y me fijo y me doy cuenta de que no conozco a nadie que tarde tanto en recorrer este mísero trozo de calle, pero qué ven mis ojos… Os tengo que dar la razón, yo antes nunca lo vi, pero es verdad: cojea. Esa pierna que renquea y que le da un aire de no saber si es que va a coger impulso para girar e irse en dirección contraria, o es que se le ha caído una moneda y busca un apoyo invisible para agacharse.

Y como me ha dado por cuidarme para sentirme mejor que bien, pues resulta que según veo que avanza por la calle hacia mí, inevitablemente me comparo con él. ¿Pero qué te ha pasado, has cumplido los años de dos en dos? ¿Las arrugas que a mí no me han salido, se han instalado en ti? Igual es que en mi cabreo te eché alguna maldición y se te ha quedado todo arrugadito.

Y el cajón de “ahí te quedas una temporada” ha vuelto a cumplir su cometido. Cojo la llave que la llevo colgada en el cuello, enganchada a una pesada cadena, y sin mirar atrás, me voy nada menos que hasta tu calle, y justo debajo de tu puerta abro el contenedor y te digo adiós. Ahora que ya puedo decir que estoy curada, que estoy inmune ante cualquier posible contagio, que he recuperado la vista, voy a ver si aprovecho y apunto mejor cuando vuelva a disparar los dardos de Cupido. Y que esta vez la cabeza y el corazón se pongan de acuerdo, y que no me lo tengan que repetir mil veces, que la vida de copla se la voy a dejar a otros, que yo lo único que quiero es que me canten al oído baladas de amor, que a mí lo de los Pimpinela me da muy mal rollo, pero eso sí, que las 500 noches sean todas de amor, pasión y desenfreno.  

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Una retirada a tiempo
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Mar y Cleo | 05-10-2014 | 10:33| 2

Llevo toda la semana con un paraguas por si llueve, cuando voy cargada con él no cae ni gota, cuando me lo dejo en casa, me calo hasta las pestañas; y es que esto de llover en esta tierra, como otras cosas, va por rachas. Vamos, que está como yo, que paso meses de soledad y sequía absoluta, y de golpe, por el calentamiento del mar o la bolsa de aire frío o porque ya me iba tocando… que no lo tengo muy claro, no doy abasto para quedar a comer o contestar mensajes, coger llamadas, recibir piropos y proposiciones.

Así que yo asumo las cosas como vienen, sin agobiarme. ¿Que estamos en otoño? Pues a disfrutarlo. ¿Que les da por cambiar la hora? Pues a disfrutar de la noche. ¿Que las hojas empiezan a caerse y lo que no son las hojas también? Pues yo tranquila, que ya volverá la primavera, y además sé que los hay capaces de subírmelas hasta el cuello.

Pero es cierto, el otoño nos llega a todos, y si hay algo contra lo que poco podemos hacer es parar las horas del reloj, así que aunque me pese, llega un momento en que las caprichosas arrugas empiezan a querer instalarse. Que síí… que vale… que solo es cuestión de cuidarse y beber mucha agua, ¡con la poca que sed que tengo de beber agua! Pero qué quieres que te diga, hay que ser un poco lista en algunas ocasiones.

Una noche salí a cenar y luego a bailar, y una canción llevó a otra, y llegó la hora del cierre del garito y, sin previo aviso y a traición, van y encienden todas las luces, luminosas, blancas y brillantes. Una de mis amigas me mira horrorizada y sale disparada, mientras me arrastra tras de sí.

–¡Vamos, coge tu bolso de inmediato que tenemos que irnos corriendo!

Creí que quería irse sin pagar o que había fuego, y le pregunto toda preocupada:

–¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

─¿A quién se le ocurre iluminarlo todo con el careto que tenemos a estas horas? Prefiero salir de los garitos diez minutos antes del cierre, así que, escucha y aprende: una retirada a tiempo nunca falla.

Aquello me dio qué pensar, y como es cierto eso de que soy una mujer prevenida, por eso de que valgo por dos, pues me he armado de valor y he entrado a una clínica de milagros estéticos. Aquí estoy yo, conteniendo la respiración para meter barriga y en busca de una cremita prodigiosa o unos mágicos masajes que paren un poco la erosión de la edad. Me atiende una “asesora del cuerpo”, tan impresionantemente impresionante, que pensé que no era real.

El cartel de la “Primera cita gratis y sin compromiso” tiene un objetivo: sonsacarme lo que no me gustaba de mi  imagen. Y mira que yo me encuentro bien como soy, pero claro, empieza el tercer grado, comienza a preguntarme y:

–Nada… poca cosa… un tratamiento anti-gravedad– digo yo muy segura.

Y de pronto su 90-60-90 me invita a levantarme y empieza a girarme muy despacio. Y con un repaso de arriba abajo, dice acarameladamente:

–Mira preciosa, yo empezaría por un lifting, pasando por una cirugía de bolsas de ojos, los músculos del pecho con un par de cortecitos se te levantan, mum… unas bolitas de silicona en el culete y te lo dejamos respingón. Y bueno, desde luego, una liposucción de barriga y cintura sin dudarlo.

–¿Pero me has mirado bien?– contesto mientras intento no decirle: Bruja creída, tú de qué vas.

–¡Claro, corazón! Pero con estos retoquitos serás una mujer nueva. No te reconocerá ni tu madre.

La tontería me costaba casi lo mismo que comprarme un coche nuevo y además de tener que vender mi colección de tacones por Internet. Tenía que salir de allí como fuera. Una retirada a tiempo es de nuevo la solución, porque te juro que soy una miedica y no sé a qué temo más, si a las agujas o a que mi madre no me reconozca.

Al salir respiré libre, paseé de vuelta a casa y me vi reflejada en los escaparates, me gusté y pensé: ¿No tienen ellos barriga? y dicen: “Mi dinero me ha costado”. ¿No están calvos? Y aluden:”Se me cae el pelo porque soy muy viril”. Y cuando son mayores les cambiamos lo del “tío bueno” por lo del “hombre interesante” porque son encantadores, atractivos, inteligentes… pues yo igual, ¡¡¡faltaría más!!!!

Ahora que en otoño los días se acortan y las farolas de la ciudad pronto estarán encendidas casi a la hora de la siesta veraniega, es un alivio saber que de noche todos los gatos son pardos y que el que me quiera, que me quiera como soy, y si no le gusto, una retirada a tiempo nunca falla.

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Curriculum sentimental
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Mar y Cleo | 28-09-2014 | 18:58| 0

Algún que otro incauto se ha atrevido a preguntarme esa duda que nos corroe a todos al poco de conocer a alguien y nuestro interés va un poco más allá, y entonces con voz de no haber roto un plato en la vida y como si le diera completamente lo mismo, me lanza este dardo envenenado:

─Y tú, antes de estar conmigo, ¿con cuántos más has estado?

Hace tiempo aprendí a no caer en las garras de tal curiosidad, es preferible que él se quede eternamente con la duda y que piense lo que quiera, porque la respuesta me puede hundir en la peor de las miserias. Que me tome por una mojigata y una estrecha, por no haber sido capaz de acumular un número apropiado de pretendientes y que piense que mi inexperiencia amorosa puede ser un inconveniente, y así ya le he puesto en bandeja, al desinteresado pronovio, una buena excusa para salir corriendo.

¿Pero y si ese número de conquistas de mi pasado, al que escucha, le parecen no solo demasiadas, sino que tal repertorio es tremendamente desorbitado y ahora paso de ser una chica encantadora y atractiva, a una fresca en toda regla? Pues este, en lugar de correr, hace pluf… y desaparece por temor de que cualquiera de los que me saludan por la calle sea uno de los candidatos a formar parte de mi carrera amatoria, y claro, eso no hay macho con pelos en el pecho que lo pueda soportar:

─¡Hasta aquí podíamos llegar! ¡A ver cómo se la presento yo a mis padres, sin que me tiemble la voz del mosqueo crónico que voy a llevar a su lado!

Por ello, mi curriculum sentimental me lo pienso llevar a la tumba, pero lo que sí tengo claro es lo orgullosa que me siento, porque ni sobra ni falta ninguno, e incluso me atrevería a repetir con alguno, ¡a ver si somos capaces de mejorar lo vivido!

Lo cierto es que, aunque con cada uno de ellos he de decir que fui muy feliz, también es verdad, que lo fui de una manera diferente. Echando un vistazo rápido, lo curioso es que en la cabeza, o mejor en el corazón, los sitúo en dos grupos: uno los que me han amado y los otros, a los que he amado. Algunos están en los dos lados, pero otros… se quedan donde les corresponde. Y de pronto, me da una palpitación en lo más hondo de mí, y siento una ansiedad increíble porque no soy capaz de responder a este dilema:

─¿Qué prefiero, amar o ser amada?

Lo gracioso es que se me ha ocurrido hacer esa misma pregunta a todo el que me he cruzado y siempre se me quedan mirando con la misma cara de: ¿Y ahora qué digo?

Y echando mano de mis antecedentes amorosos he llegado a una gran verdad: me encanta cuando me aman, cuando sacan lo mejor de mí con tanto cariño. También me siento muy orgullosa de esas historias en las que he sido yo quien ha puesto más carne en el asador, en las que amo con los ojos cerrados y a pleno pulmón. Reconozco que siempre me ha quedado un poco la sensación de querer recibir más, pero es tanta la satisfacción y tanta la pasión desenfrenada que se me escapa del corazón, que ¿sabes qué? Peor para el que no la sepa disfrutar, porque yo, en cambio, sé que he vivido el amor con mayúsculas, ¿acaso hay algo más bonito? Y las ocasiones en las que amo y me aman… pues eso, que son instantes de felicidad plena que puedo confesar que he tenido la suerte de vivir.

Así que ya me dirás qué importará con cuántos he estado. Porque digo yo, mientras esté contigo y no te comparta con más amores en el mismo espacio de tiempo, vamos bien. ¿Qué interés tenemos todos en husmear en las vidas de otros? La cosa está en que el amor sea siempre el primer ingrediente, ¿que me quieres y yo a ti también? Pues para delante. Atrás quedó elegir al más alto y al más guapo, ya no me interesa aquello de: “Por interés te quiero Andrés”, y, menos aún, fijarme en esos que dicen seamos amigos y después cada uno por su lado. Para mí el amor es mucho más, tanto, que como todas las cosas buenas de esta vida es inexplicable, o es que alguien es capaz de describir cómo es el primer trago de una cerveza fresquita o esa calada a escondidas que das a un cigarro cuando oficialmente “ya no fumo”. Pues eso, que el amor es como los chistes, cuando se explican pierden su gracia, y a mí lo que me vuelve loca del amor, lo que me hace caer siempre en sus redes, es precisamente eso, que me haga gracia.

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Donde pongo el ojo…
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Mar y Cleo | 21-09-2014 | 08:11| 0

Yo soy unas de esas ilusas de la vida que donde pone el ojo, pone el amor; es que no lo puedo evitar. Las veces que me ha ocurrido ha sido así, es verlo y enamorarme. Pero que me enamoro, me enamoro. Nada de tonterías de esas de:

─Me estoy colando. Este tío me pone. Cuando lo veo me sube la bilirrubina. Me encanta…

Pues no, yo soy mucho más radical. A mí el enamoramiento me bloquea las arterias, me trastorna las meninges y se me alteran todos los sentidos, consiguiendo que lo poco que me podría quedar de inteligencia, se me anule hasta nueva orden. Lógicamente esto conlleva unos efectos secundarios que son la leche, inimaginables y completamente irracionales.

A mi alrededor siempre hay alguien que pertenece al bloque duro del antirromanticismo, y entonces comienza su guerra particular conmigo, intenta conseguir un alma para su causa, para esa teoría de que cuando más los castigas, mejor:

─Ni se te ocurra contestarle el mensaje, déjale que espere un par de horas, que sufra, que eso les engancha más.

Pero yo siempre he sido una pava, porque es cuando me levanto disimuladamente, me encierro en el cuarto de baño, y le mando todos los mensajes que me da la gana.

─No aceptes la cita, ¡ni pensarlo! ¿Pero es que quieres que piense que él es tu único plan para este sábado por la noche? Antes convoca una reunión de primas y encerraos en una maratón de pelis, con palomitas incluidas. ¡Qué pena, otro sábado será…!

Y a mí de pronto me da una fiebre altísima, me despido del resto del mundo y de los grupos del wasp hasta la semana que viene, y entonces acepto la cita del viernes y la del sábado por la mañana, que pienso que dure hasta el domingo por la tarde. Aunque claro, lo peor de ello es que luego no lo voy a poder contar, que no se lleva eso de decir que he ido detrás de nadie porque creo en el amor, ¿Por qué las cosas nos son más sencillas y si nos gustamos, pues nos lo decimos y ya está?

Después de considerarme toda una experta en ser enamoradiza, he llegado a la conclusión de que lo malo no es ser floja de corazón, que cada cual es como es, y yo poco he podido cambiar en este tema, lo peor de todo es que pese a que sé que no debo, pongo mi pasión en el personaje equivocado, y yo venga a hacerle carantoñas, mensajitos y a su disposición permanente las 24 horas del día y, como siempre, se lo ofrezco al que menos se lo merece, a ese que va sobrado de titis tan dispuestas y tan predispuestas como yo. Y claro, entonces no es que yo lo agobie con mis ganas de él, es que ya somos varias las que tenemos ganas del mismo y, lógicamente se asfixia a la misma vez que yo me agobio al ver cómo todas llevamos cuernos del mismo hombre y para colmo, son de los que cuando se hartan de alguna de sus titis, desaparece por la puerta de atrás con el rabo entre las piernas. De verdad, ¡estoy hasta el moño de tanto cobarde!

Mira, llevo algunos kilómetros recorridos, y el peso del desamor a la espalda, porque si yo contara algunas de mis decepciones… de esas que son de libro, si yo contara algunas veces que las lágrimas se me caían solas, sin poder sujetarlas ¿y él mientras? Pues se había largado con otra. ¡Vamos… que me llevan al Sálvame y los dejo a todos sin merendar!

Pero cuando las lágrimas se me secan, tengo claro que el único lerdo afectivo es quien no ha querido querer. Ese que va por la vida metidito en una armadura que le protege, pero fría y un poco oxidada ya, la verdad, como aquel desventurado caballero de la armadura que acabó sin poder quitársela jamás.

No soy mujer de meterme con los hombres, así en general, de eso nada, no me gusta nada eso de generalizar, ¡que no todos son iguales! Pero lo que sí tengo claro, y por eso lo escribo, es que hay que empezar a filtrar y mucho, que hay cada elemento suelto…

Así que aunque en temporadas duerma en la esquina de mi cama y la otra mitad esté de más, pienso seguir proclamándome romántica, enamoradiza y apasionada. Me niego a que nada ni nadie me resetee  el corazón.

Quiero seguir siendo una ilusa llena de ilusiones, y salir a la calle pisando tan fuerte que me duelan los talones. Quiero estar con ilusos de la vida que crean en el amor y en los sentimientos, quiero tapar la otra mitad de mi cama con una pasión enamorada. Y es que yo, donde pongo el ojo, pongo el amor.

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La suerte está echada
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Mar y Cleo | 14-09-2014 | 08:26| 0

Está claro que lo más importante del móvil es mi agenda, que una buena lista de contactos te saca de muchos apuros. Aunque tengo que admitir que la mía está tan anticuada, obsoleta y aburrida, que salvo mis verdaderos amigos y amigas, me encuentro que si me pongo a repasarla hay gente que no tengo ni idea de quiénes son, no sé si será cuestión de mi memoria que empieza a fallar un poco, o es que dejaron poca huella.

Pero a falta de pan, buena es una amiga, de esas que este tema lo lleva a rajatabla, y con su móvil es capaz de lo impensable y no sé cómo pero aparecí sentada en los toros, ¡pero al sol!… Debe ser un móvil de gama media, desde luego. Y yo sentada en ese minitrozo de cemento, aunque eso sí, como una señora… Y el maquillaje empieza a derretirse, me seco a suaves toques con un pañuelo, pero la cosa va a más y juro que ni con una toalla me quito yo estos sudores. Nos miramos y centramos de nuevo la vista en su móvil, vuelvo a pasar los dedos por la pantalla y resuelto, ahí está, en barrera, tan cerca del burladero que al final de la corrida toda la cuadrilla termina por brindarnos hasta los sobreros que no habían salido al ruedo.

─¿Desde cuándo te gustan a ti los toros?– le reprocho a mi amiga.

─A mí me gustan los hombres bravos, así que una cosa me llevó a la otra– responde divertida.– Mira, esto de los toros es como la vida misma, pero con cierto toque femenino. Al terminar la corrida, si el torero se lo merece, le premias con tu admiración y cuando la faena se ajusta a tus expectativas la mayor recompensa es… el rabo y las dos orejas.

─¡Como la vida misma!– le digo entre risas.

Pero yo, todo lo que sé de tauromaquia lo aprendí de niña escuchando a mi tata cantar aquello de “No me gusta que a los toros, te pongas la minifalda…”, y como lo de acortar las faldas me encanta, nunca fui a los toros. Pero esta tarde me he atrevido con la minifalda y con mis inseparables tacones, la fiesta lo merece. Bebemos un par de palomas para alegrarnos el cuerpo, y mis recelos taurinos empiezan a difuminarse. La plaza está repleta y se respira ambiente de feria, los primeros olés son para nosotras mientras nos abrimos paso entre el público. La tarde promete.

─¡Qué par de Miuras! ¡Música maestro!

─¡Vaya cartel! ¡Ole, ole y ole!

Con nuestro paseillo hecho, las cuadrillas y maestros dispuestos para la lidia comienza el espectáculo. El matador ante la puerta de toriles, con capote en mano y de rodillas espera al primero de la tarde.

─A porta gayola…– me susurra ella. – Es el lance más vistoso y, aparentemente, el más arriesgado. Desconfía de una cita que comience a porta gayola, te deslumbra al principio, pero la faena puede terminar deslucida.

─Si es que las mujeres somos como los toros, y no lo digo por los cuernos… que la que más y la que menos los lleva bien puestos, me refiero a que cada una tiene sus motivos para embestir. Depende del arte que emplee el torero, claro. Hay toros que van mejor al natural, otros que con un par de muletazos pierden bravura, pero el más peligroso y temido es el resabiaó, con ese no vale perderle de vista ni los perdones, porque su único objetivo es darte una cornada por las banderillas que le pusiste.

Tras unas alegres chicuelinas, largas cambiadas y verónicas, sale el picador para restarle bravura al bicho, pero un capote atrevido le corta el paso, va a ser una brega de igual a igual. No quiere el diestro puya ni toro manso. Y al son de los  clarines llega el cambio de tercio.

─Los banderilleros con sus quiebros al ritmo de la banda me están poniendo el cuerpo golfo, ¡mira qué meneito!– le digo eufórica.

─Si es que los trajes de luces tienen un peligro…

Toro y torero se arriman y se buscan. Mujer y hombre se miran y se miden. Uno le cita con la muleta, el otro le acepta el engaño. Él prueba sus artes de conquistador y ella aguanta el envite. Un pase de pecho acorta distancias con el toro. Un piropo al oído, saca su casta. El estoque es su arma, las astas su defensa. La suerte está echada. Las miradas se encuentran, el cruce dilata el remate de la faena. La plaza en pie clama el indulto. Toro y torero han ganado. Ella lo mira enamorada. Él la mira orgulloso. Ya no hay traje de luces, ni público, ni cuernos, ni bravura. Y  juntos salen por la puerta grande, abandonan la plaza sabiendo que, la faena aún no ha terminado.

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He vuelto para quedarme
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Mar y Cleo | 07-09-2014 | 09:22| 0

Ya estoy aquí, de vuelta de las vacaciones, pero no de la vida, que eso se lo dejo a los que un día tiraron la toalla junto con su mente, su culo y su corazón, y claro, envejecieron porque dejaron de tener ilusiones. Pero mis ilusiones, como son de las buenas, hacen que me levante con una sonrisa, aunque sea el primer día de madrugón posvacacional, y me siento tan fuerte que la vida me estalla entre los sentidos, y tengo la cara guapa, la mirada fresca y aún con sabor a sal, y la lengua… la lengua afilada para esos que pretendan que me olvide de quién soy y lo maravilloso que es sentir que mis días son pura fiesta.

Lo curioso del caso es que este camino de vuelta no lo he recorrido en solitario, qué va, hubiera sido imposible y además aburridísimo. A mi lado han venido un buen puñado de personas, y no de gente, y han sido mi empujoncito, ese achuchón que me encanta, ese antiguo novio que me reencontré después de tantos años y me dijo que tenía la mirada igual que cuando íbamos al colegio, ese amigo inesperado que se sentó a mi lado una noche de luna llena, esa amiga que me soltó algún que otro consejo que me fastidió escuchar, pero que sin él nunca me hubiera vuelto a levantar, e incluso, aunque ellos no lo sepan, también vienen conmigo los que me ignoraron, los que me dieron por perdida o simplemente los que nunca fui de su gusto… por eso mismo, porque sus desprecios me han dado más la razón, y cuando entendí que nunca estuve entre sus principales intereses, más interesante me sentí.

Mi coche limpio, ya no queda en las alfombrillas ni un grano de la fina arena de las playas que he pisado, y ahora le toca a mi casa y eso me hace recordar una conversación de chiringuito entre risas y con el mojito en la mano me sacó una risa sana.

─Yo, cuando la vida me aprieta y el corazón me duele, siempre empleo la misma solución: “Cambio la funda del colchón”– dice una amiga con una sonrisa. Y como peco un poco de ingenua le contesto:

─¿La funda del colchón? ¿Es que tus colchones tienen fundas de esas antiguas que hace falta cuatro personas para cambiarla?

Y entonces, todos los que están allí se parten de la risa y ella añade:

─¿Es que no sabes lo que es cambiar la funda del colchón? Ja, ja, ja.

Pues mira por donde, me vine con la lección aprendida, por lo visto es lo mismo que: “A rey muerto, rey puesto”.

Y miro mi cama y veo que hace muchos años, ya demasiados, está cubierta con la misma funda, y me digo:

─¡Toca limpieza, tan limpia mi casa como mi vida!

Y empieza el zafarrancho: lavo, borro huellas, y dejo mi móvil como recién estrenado, y me pongo a cantar canciones de aquellos discos de vinilo que llenaron mis años de adolescencia, y entre tanto canto y tanto limpiar, empiezo a sudar, me lanzo a la ducha y me miro al espejo, ahora que aún se diferencia la piel tostada de esa poca que no he ido enseñando por la costa, intento peinar mis rizos enmarañados y rebeldes que se niegan a volver a chamuscarse entre al calor del secador y de la plancha.

Y noto que la que ha vuelto es otra, ya no siento aquellos ataques de rabia cuando no conseguía que me entendieran, qué incomprendida me sentía, y sobre todo, cuando no me quería quien yo quería y me cubría la sombra de la soledad… Ahora me siento única y diferente, tanto, que sé que este es mi encanto y voy a usarla como arma arrojadiza cuando quiera que caiga en mis redes más de uno. Fuera ese estrés, nada de estar tensa, de pretender gustarle a todo el mundo, se acabaron las prisas de: “Lo quiero ahora o nunca”, ¿hay acaso algo más romántico que la sorpresa y lo impredecible? Me voy a dejar llevar, con tranquilidad y sin agobios, me niego a saber de antemano el final feliz de nada… quiero que me sorprendan, pero no que me asusten, que no es lo mismo, ¿eh?

En este verano he aprendido que mi tiempo es el mayor tesoro, tengo todo el del mundo, solo ese tiempo me ha devuelto la paz, y cada pliegue de mi piel está lleno de buenos recuerdos,  de los deseos que pedí a una estrella fugaz que voló sobre mi cabeza una noche de verano para recordarme que la verdadera estrella de mi vida soy yo.

Recojo la toalla, esa que nunca tiraré, cambio la funda del colchón, suelto mis rizos, y ahora sí, ahora sí que he vuelto, ya estoy aquí de nuevo y, por descontado, he vuelto para quedarme.

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Cuerpo de vacaciones
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Mar y Cleo | 20-07-2014 | 09:50| 0

El resto de los 365 días del año no tendrían sentido si no fuera porque existe hoy. Hoy es cuando vacío el armario de tres cuerpos en el que guardo mi ropa, e intento meter todo en una sola maleta con zapatos, sandalias, secador y potingues de belleza en el mismo hueco. Como es lógico, misión imposible. Pero lo que es imposible es dejar en tierra nada, todo es indispensable y el que piense que exagero, es que no es mujer.

Y entonces vuelvo a empezar, y de las innumerables camisetas rescato las más de lo más y las otras quedan descartadas, entre falditas y vestiditos hago un sorteo y es el azar el que por fin pone cabeza en la elección, pero claro, llegan los zapatos de tacón y las sandalias fashion, y como no consigo nominar ninguna para que este año no se venga a veranear, entonces no hay como que la realidad se imponga, y una vez metidos los preferidos, está claro que el resto vuelve derechito al armario a esperar mejor ocasión.

¡Y tanto que la realidad se impone, y tanto que por mucho que los sentimientos tiren para un lado, la cruda verdad termina por imponerse! Y da igual que yo me siente a escuchar cantar a los pajaritos, que por mucho que hoy sea la misma fecha en la que entraste en mi vida, la realidad me dice que también saliste de ella por la misma razón que llegaste, ninguna.

Es más fácil meter todos mis trapitos en una sola maleta de avión low cost, que deshacerme de algún recuerdo o algún examor que hace tiempo que ya no viaja conmigo a ninguna parte. Pero el recuerdo es recuerdo mientras tenga hueco en mi rincón del olvido, y mi cabecita loca me juega malas pasadas, lo sé, y mi corazón escucha canciones, y mi piel florece aunque nadie pronuncie mi nombre.

Hace tiempo que decidí dejar de sentir tu ausencia, necesitaba hacer un hueco, que corriera el aire, que se llenara mi sonrisa de otras miradas, que mi corazón abriera sus puertas, y me dejé fluir por la vida y la vida ha sido generosa conmigo y cada mañana me regala un motivo para amanecer llena de ganas. Sí, todo esto te lo has perdido.

─Pues a ver si te aclaras, porque tú eres de las que ni contigo ni sin mí, tienen mis males remedio─ me dice mi amiga de confesionario mientras entre risas intentamos hacer por quinta vez una maleta a la que se le pueda cerrar la cremallera sin que asomen por los lados toda clase de sobrantes.

─¿Por qué extraña razón he de elegir tan radicalmente? Yo sé bien quién no ocupa mi corazón, ya no hay espacio para él. Hace tiempo que tan solo es una sensación. Me he acostumbrado a que esté ahí, en silencio, en un lugar inhabitado, pero de aquel tiempo ahora soy la que soy, y las sensaciones, como los sueños de Calderón, sensaciones son.

Por fin consigo echar el cierre a la maleta, no sé si estallará antes o después de pasar el control, pero si en mi dormitorio, después de miles de intentos, ha cabido todo, es porque al final descubro que no me hace falta tanto para ser feliz, y eso significa que ya estoy preparada para pasearme por el mundo. Y ahora me toca la parte mejor. Cojo una bolsa y pongo mis libros, dejo mi estrés, la atiborro de sonrisas y lanzo al rincón de los trastos esas lágrimas oxidadas porque ya no tienen quién las haga salir.

Mis vacaciones son como una especie de comienzo o de final, según por donde lo mire, es como si el año acabara cuando sale la luna llena de verano, inmensa, de color naranja sobre el mar, y es entonces cuando me niego a dejar asuntos pendientes sin resolver y que pretendan venirse conmigo o estar agazapados esperándome para atraparme a la vuelta. Tengo un secreto que funciona, yo soy de las que sale con lo bueno, para volver con lo mejor, ¿y lo malo? Pues o se pierde por el camino o ya me ocupo yo de que se quede en el contenedor de lo no reciclable.

Con mi maleta a presión en una mano, los billetes en la otra y la esperanza de que este adiós sea un hasta pronto, me dispongo a desconectar de todo y a sonreírle a los días de descanso. Cuelgo el cartel de “Cerrado por vacaciones”, aunque amenazo con volver en septiembre, ¡que tiemble el otoño! Echo mi melena a un lado y me miro al espejo, tengo cuerpo de vacaciones. Lo llevo todo, no me olvido de lo indispensable, nada mejor que la conciencia tranquila y el corazón repleto de ilusiones. Las sensaciones, por esta vez, no han sacado billete, mejor así.

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Playeando
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Mar y Cleo | 13-07-2014 | 09:13| 0

Todos los años me hago el mismo propósito: no pienso pisar la arena de la playa en fin de semana. Pero llego hasta el viernes, que no es poco, me falta palabra y me sobran ganas de acelerar y salir disparada, aunque en la carretera estemos como piojos en costura con todos estos domingueros ocupando el carril izquierdo, incluso desde que salen de la rampa de su garaje.

¿Y qué hago al despertarme el sábado por la mañana? Pues guardar en el cajón de los olvidos mi proyecto de huir del día de playeo. Agarro el macuto, la sombrilla, la toalla, la crema, la otra crema, las chanclas, el pareo, los biquinis, el otro minivestido por si a caso, las sandalias a juego, el libro, el bocata, pasar por el cajero por si al final la cosa se lía más de la cuenta, llenar de gasolina el depósito, que solo me faltaba quedarme tirada, convoco de nuevo a todo el personal con los que el domingo pasado juré que nunca jamás volvería en fin de semana a la playa y arranco como una loca a ver si para cuando llegue, aún queda libre un metro cuadrado de playa donde estirar mi cuerpo sin que entre mi toalla y las olas haya diez minutos de mis pies achicharrados.

¿Cuál será la razón oculta por la cual cada vez que después de mucho pensármelo consigo meter en el agua una punta de mi pie, al tiempo que la barriga se me encoge hacia dentro, la entrepierna me tiembla solo de pensar lo fría que va a estar el agua cuando llegue a esa altura, se me encienden las luces de posición sin poder controlarlo y consigo ajustarme la melena con una pinza de pelo maruja que por fin he encontrado tras mucho rebuscar en el macuto de la playa? Entonces ahí aparece él, ese macho machote, dotado con un insólito bañador que ni marca ni sujeta, pero que extrañamente insinúa algo indefinible en tamaño y textura. Me mira con ojos inyectados de espermatozoides a punto de salir proyectados, y claro, decide que es su momento para demostrarme que dejarse caer en plancha le convierte en lo más de lo más… en lo más imbécil,  insoportable, insufrible, vamos, un idiota en toda regla. Y ahí estoy yo, salpicada de pies a cabeza, con la melena chorreando, el rímel restregado y con ganas de matar al que ahora se gira a ver si estoy admirando tanta hombría en un solo cuerpo. Como dice una amiga: ¡Qué pena de penes!

¡Y yo que había decidido no alterarme, pero es que no hay manera! Vuelvo a mi toalla, la sacudo de nuevo y estiro, porque en mi ausencia ha debido pasar por aquí el huracán Carter. ¡Tranquila, que has venido a disfrutar!

¿A disfrutar? ¿Pero será guarro el tío ese? ¿Pues no va y cambia de sitio la piscinita del crío para vigilarlo en línea recta conmigo y así la parienta no se mosquea mientras me da un repaso de arriba abajo? Pienso poner en lo alto de mi sombrilla una bandera pirata para ahuyentar a todos los pulpos, mirones, salidos, a dos velas, maridos frígidos, babosos y chuloplayas que haya a cien kilómetros a la redonda.

Está claro, el cuartel general está bajo el chiringuito, ese soniquete de musiquilla hortera de verano tira de mí directa a la barra. Planto los pies en la arena, y a poco me quedo allí petrificada con las plantas de los pies abrasadas. Me lío el pareo en el sitio justo, lo suficientemente alto para que tape los polvorones de Navidad que aún siguen ahí pegados al lomo y lo bastante bajo para que este escote mío, que es lo mejor que tengo, insinúe y, de paso, altere la imaginación.

Consigo una primera fila en la barra, me hago la graciosa moviendo las caderas al ritmillo de la música chiringuitera. Como veo que el truquillo no funciona, me suelto la melena a ver si con este aire de personaje de Supervivientes alguien se fija en mí, y nada. Demostrado, cuando un camarero bajito y lleno de granos no me hace ni puñetero caso, es la señal de irme por donde he venido, y a ser posible sin hacer mucho ruido. Pero de pronto noto que alguien me da unos golpecitos en la espalda, me giro toda ilusionada y me encuentro un pedazo llavero delante de mis narices y un guiri que me dice:

─Gracias, pero no quedar papel en el WC.

Arranco la sombrilla de la arena, recojo todo mi arsenal playero y me voy de dominguera a mi casa. Tiro la bolsa de la playa, me lanzo a la ducha y, para colmo, descubro que me he quemado todo el escote. Y sin poder contenerme vuelvo a hacer mi promesa de no volver a la playa en fin de semana. ¡Hogar dulce hogar!

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¿Me estoy haciendo mayor?
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Mar y Cleo | 06-07-2014 | 08:09| 2

Es curioso esto del tiempo, qué largas eran las tardes de verano esperando a terminar la digestión, y ahora en cambio, al día siguiente de quitar los adornos del árbol de Navidad, en un plis, estoy haciendo el macuto para irme de playeo y huir de los calores estivales.

­–Eso es señal inequívoca de que te estás haciendo mayor– me suelta un sobrino queriendo hacerse el gracioso.

Sé que no tiene razón, que uno es mayor cuando se siente mayor, y a mí aún me queda mucha guerra por dar, pero un poquito de verdad lleva el muchacho en lo que dice, porque he pasado por muchas etapas, y todas necesarias, que yo para estas cosas soy muy formal y no me he saltado ni una. ¡Nunca me ha gustado perderme nada y que luego me lo tuvieran que contar!

Me acuerdo aquella temporada en la que tenía que superar, curar, olvidar y perdonar la mayor debacle amorosa de mi curriculum, en esa etapa es en la que me dio por sentirme como callejeros viajeros. Cada fin de semana o cada vacaciones yo tenía preparadas siempre dos maletas, una para el frío, por si me iba a Nueva York, aunque de Sierra Espuña nunca pasé, y otra de calor, por eso de no dejar pasar la ocasión del Caribe, pero, como es lógico, siempre acabé chapoteando por el Mediterráneo. Lo cierto es que yo abría los ojos y raramente podía adivinar a qué punto geográfico correspondía el techo que tenía encima. Y de tanto correr de un lado para otro, un día me cansé, deshice las maletas y me senté en mi sofá a ver pasar la vida en otra dimensión.

Y entonces alguien me puso un ordenador en el regazo, me apuntó en una página de esas que prometen encontrarte tu media naranja, y lo jodido del caso es que allí no había nada más que medios limones y algún que otro melón que me negué a catar. Pero no me puedo quejar, qué va, descubrí que en esta vida nadie es lo que dice ser, que tú puedes poner una foto de una rubia imponente, quitarte una docena de años, añadirte dos palmos de altura e inventarte la talla de sujetador que te dé la gana, y con todo ese cóctel explosivo, y unas cuantas faltas de ortografía, para ser más creíble, haces feliz a más de un cachas falso de los que piden conocerte, ¿hay algo más gratificante, que sea gratis y sin salir de casa?

Pero un día decidí que ya estaba bien de leer mentiras, que ya puesta, prefería que me las dijeran a la cara, y entonces me lancé a la calle, ya sé que dicho así suena muy fuerte, pero tranquilidad, que yo seguía siendo la misma pavisosa de siempre. Y toree en muchas plazas, me tocó lidiar con algún miura, pero los que más, eran cabestros y les di un pase de pecho para que se fueran a pacer a otros campos. Lo cierto es que me lo pasé la mar de bien, tanto, que había días que se me juntaban con las noches, teléfonos que a estas alturas no sé quién es un tal Emilio y mucho menos cuando me dio por ponerles apodos, y aún me pregunto si llamo al tal Morritos o al que bauticé como Cachas Benidorm a quién podría encontrarme al otro lado del teléfono. Recuerdo que una de las amigas con las que compartí esta etapa, que yo llamo “Adivina quién viene a cenar esta noche”, me echaba broncas:

–Si es que así no hay manera. Hazte un fichero, es de lo más práctico, vas a acabar llamando al que no es y quedando con el amigo del que quieres y no con él.

Ahora con el tiempo me he cruzado a veces con alguno de aquellos conocidos y lo curioso es que unos me saludan con mucho afecto, pero otros pasan por mi lado y ni los recuerdo, ¡y de lo que debería acordarme, lo he olvidado…! ¡Si es que mi cerebro es muy sabio y siempre me ha funcionado maravillosamente la memoria selectiva!

A esta altura de la película, siento cada vez más eso de:

–Me importa todo una mierda y el que me quiera, que me quiera como soy.

¿Qué me estoy haciendo mayor? Pues a mí qué, estoy encantada con esta nueva etapa de mi vida en la que todo me da igual y lo único que me interesa es lo que me da gusto y me hace sentir bien. Así que el que venga con ganas de dar disgustos, que dé la media vuelta. El que se piense que sigo siendo la misma pava que todo se lo cree y que tengo buenas palabritas para todos, pues más de lo mismo. Ahora, que eso sí, para buen rollito, risas, verdades y cariños, aquí me tienes, y por mucho tiempo.

 

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A las menos cuarto
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Mar y Cleo | 29-06-2014 | 11:44| 0

Huele a empujones, a zarandajas y carreras por ser la primera en pillar una ganga en las rebajas. Salto a los montones de ropa interior en busca de esas bragas de encaje o ese sujetador que hace una delantera de lo más impresionante, y encima es de marca. Sujeto con fuerza de un tirante, la de enfrente cayéndole las gotas de sudor por las sienes, tira del otro. Llega el fin del mundo entre toda esa gente ahí achuchándonos, y en un corre que te pillo, como si todo se volviera oscuro al tocar el reloj las tres menos cuarto, esto parece el acabose.

Y yo asociando ideas, rebajas igual a fin del mundo, y mi cabeza solo me lleva a pensar en qué haría yo si me dijeran que todo esto que conocemos se va al carajo.

Es cierto que así de primeras me pillaría con el pie cambiado, porque como tengo la agenda colapsada, claro, entre mis líos de trabajo y mis obligaciones con la peluquería, el láser, la fisio y el café que tengo pendiente de tomar con ese chico guapo que me presentaron hace unos días, pues no sé cómo organizarme para cancelarlo todo y crear una nueva agenda llena de eventos para despedirme de este mundo de la forma más explosiva que se me ocurra, porque mira que me quedan cosas pendientes por hacer, de esas que digo:

–No me quiero morir si haber hecho esto o aquello…

Pero una vez superado ese primer sopetón, me temo que me sale mi vena reflexiva y digo:

─¡Ay madre, que ahora sí que por fin voy a tener que tomar una decisión y de las tremendas! Porque a ver si soy tan valiente como para seleccionar con quién sí y con quién no comparto los últimos momentos en este planeta. La cosa está complicada y no es tarea fácil.

Yo para estas situaciones tengo mi propia receta, cuando no sé qué hacer, lo mejor es elegir lo de no hacer. Así que desde aquí queda dicho:

─Todos aquellos que un día me hicieron llorar, los que me mintieron, a los que les importé un comino, los que se olvidaron de mí cuando ya no les hice falta, los que disfrutaron y no me prestaron su apoyo cuando estuve en mis horas bajas y, sobre todo, los que por rabia, por envidia o por desaboríos no se alegraron conmigo cuando me llegaron los buenos momentos… a todos ellos, agur, chao, goodbye, arrivederci, adióssss, nos vemos, o mejor no, en otra vida.

Buffff, pues me he quitado de un plumazo a un buen puñado. Ahora toca centrarse en lo que sí quiero ¡y hay tantas cosas…! Porque he pasado momentos entrañables con mucha gente, incluso con algunos que ahora no caben bien en mi corazón, ellos ya me entienden, les tengo yo un cariño especial y no quisiera por nada que pasaran como si nada. Y estas cosas no se arreglan creando un grupo de wasp con todos ellos, qué va, que yo lo que quiero es revivir aquel buen rollo que tuve un día con uno, poder repetir esa cena de amigas que fue mágica, volver a bañarme en la gélidas aguas del río de mi infancia con mis primos, pelearme a muerte y morirme de risa con mis hermanos, ir a ese cine de verano donde el culo se me quedaba duro y los brazos helados mientras me dejaba caer hacia el lado que estaba mi primer ligue y no recordar nada de la película al día siguiente…

Y montaría la última fiesta de los últimos días con mis últimos amigos, y vendrían mis amores y sería una auténtica locura en la que no estaría permitido llorar, porque cuando las lágrimas no sirven para nada, ¿para qué malgastarlas?

Pero si después de todo este follón resulta que nada de nada, que es una falsa alarma, sería como una segunda vez, y a quién no le gusta que le den una segunda oportunidad, yo por lo menos lo agradecería, pero eso sí, la aprovecharía con pasión e intensidad, respirando cada aliento, congelando cada beso…

Lo que está claro es que la vida no es como las rebajas, en el día a día, los chollos suelen traer escondido algún defecto de fábrica y es mejor dejarlos pasar, y las gangas, pues lo mismo, que se lo lleve otra, y vamos, el ofertón del 2X1, pues va a ser que no, pero ni con lazo de regalo, que al final todas estas cosas al corazón le salen muy caras, y de rebajas terminan teniendo pero que muy poco.

Que si el mundo se acaba a las tres menos cuarto, yo empezaré a soñar y a amar desde ya mismo, que el reloj sigue su camino imparable, y sé que las nuevas oportunidades y los recuerdos se cruzan siempre a las menos cuarto.

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Canto de sirenas
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Mar y Cleo | 22-06-2014 | 11:21| 0

Despertarme y darme cuenta que ya estamos en verano, que todos duermen pero el silencio de la noche se acabó, oír música a lo lejos y dar un salto,  recorrer descalza los metros que separan mi cama de mi cafetera para intentar activar mis sentidos y con el aroma a café dejando que el día me susurre al oído. Descubrir que lo único que sigo oyendo es una especie de rumor, como si las olas del mar me reclamaran.

Es un canto de sirenas que me atrae, no sé si me estoy volviendo loca o es que echo demasiado de menos la playa, o es que el mar y yo hemos sido fieles amantes durante mucho tiempo, pocos como él coquetean con cada palmo de mi piel. Pocos como él me hacen dejarlo todo si me reclama a su lado.

Así que no me queda otra que preparar la bolsa de playa, la neverita con todo lo necesario, arrancar mi coche mientras voy canturreando la canción: “Eva Maria se fue buscando el sol en la playa…”. Subo el puerto de la Cadena y cada vez es más intenso el olor a sal, creo que estoy lista para hacer realidad eso de: “Voy a pasar un día inolvidable”.

Y tras unas cuantas canciones aparece ante mí, azul, fresco, inmenso. Y me lanzo, salto sobre sus olas, mojo mi pelo, cierro los ojos y siento que estoy viva, pero de repente, noto que algo me roza la pierna, doy un salto, grito y nado despavorida, segura de que algún bicho gigantesco y venenoso me ataca, y eso que aún no han llegado los vigilantes-cachas para socorrerme. ¡Pero seré histérica…! ¡Si es tan sólo una botella a la deriva con algo dentro! Su brillo me ciega rompiendo el hechizo de mi particular placer entre el mar y yo.

Froto la botella muy rápido por si, cosas de la vida, saliera un pedazo de genio y me concediera algún deseo que otro. Dentro, un trozo de papel cuidadosamente doblado. ¡Un mensaje en una botella! Sonrío y pienso, ¡cuánto hemos perdido desde que los móviles han sustituido a las botellas! Pero, ¿quién será capaz de lanzar al mar sus sueños escritos dentro de un cristal? Aquí están, dormidos en el tiempo y protegidos por el vidrio. Cuando estaba a punto de perder mi dedo encasquillado, consigo sacar el papelito y leo:

“Te echo de menos…”. Y sin darme cuenta se me escapa un susurro: “Y yo también”. Me he ido a ver a las autoridades marítimas y sólo he conseguido unas sonoras carcajadas y una invitación para compartir conmigo una posible cena, que nunca llegará, como es lógico. ¡Para piratas está una!

Me muero por ponerle cara…

-Mañana mismo salimos a buscar al de la botella. ¿Y si está bueno y el pobre lleva años en una isla ahí solito?

-¿Y si fuera una tía la que manda el mensaje? -dice una amiga para romperme las ilusiones.

-Tonta, si he sido yo. Estaba buceando cerca de ti y… ¡¡¡Anda quédate conmigo, si ya me has encontrado!!! -suelta el golfillo de la pandilla. Debo ser la única del grupo que se le resiste y ya no sabe qué chorrada decir para conquistarme y apuntarse un pleno.

-Seguro que será muy sensible.

-O un chalao desesperado

Y de pronto, me da un no sé qué. Estiro un pie por debajo de la arena y recuerdo los dedos de tu mano acariciándome, tus ojos jugando con los míos al escondite bajo la luna de verano, vuelvo a oír mis carcajadas con tus bromas, tu olor pegado a mi ropa y… te echo de menos.

Ya en casa, y abrazada al misterioso tesoro, empiezo a repasar mis recuerdos, sobre todo los buenos, no quiero que se me olviden, aunque algunos ya se borraron, pero no importa, porque sé que están ahí y me niego a arrinconarlos en la memoria.

Aún guardo tu: “Ya hablamos…” en un frasquito de cristal. Cuando pego mi oreja a la caracola ya no escucho ningún te quiero. Mi piel salada se mezcla con el dulzor de nuestros besos.

Sigo sin saber quién fue el misterioso náufrago que mandó su mensaje en una botella, y por eso lo hago mío. Porque cualquier palabra llena de sentimientos puedes hacerla tuya o ¿hay alguien que no eche de menos a alguien? ¿Hay quien no diga: “Y yo también…”?

Este canto de sirenas me habla de que el verano ya roza mi piel, dice que en las profundidades también tienen un nuevo rey y que da igual dónde estés, que no importa dónde decidas irte a veranear, o que si te da por subirte a un avión y cruzar el planeta para conquistar nuevos mundos. En cualquier lado el canto de sirenas estará ahí, y seguro que entonan solo para ti.

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Coleccionando maridos
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Mar y Cleo | 15-06-2014 | 11:05| 2

Yo en algunas cuestiones de la vida estoy empezando a rozar el doctorado, mi piel cada vez se hace más dura y en mis ojos comienzan a reflejarse las imágenes que han pasado delante de mí como una película.

Y entre otras muchas cosas, una es mi colección de ex, excasas, extrabajos, examigas y exmaridos… porque antes me daba a mí envidia de todas esas famosas de Hollywood, y para chulearme decía:

─Cuando me divorcié de mi primer marido…

Ahora digo:

─Es este restaurante vine a cenar con mi segundo marido. Y mira, que cada uno haga sus cuentas, que se calienten la cabeza y que me echen encima todos los maridos que les dé la gana. Pues sí, la culpa de todo esto la tiene la mismísima Elizabeth Taylor, tan divina, tan diva, tan guapa y… con tantísimas lunas de miel en su cuerpo. ¡Incluso se atrevió a repetir con alguno y todo!

Si es que lo reconozco, me gusta más una boda que a mi prima una tarde pegada a la tele viendo el Sálvame, y si encima la protagonista del bodorrio soy yo, eso ya es el acabose, ¡con lo chulo que es irse de fiestuqui, llevar un vestidazo lleno de vuelos y escote y flores en la cabeza! Pero, ¿por qué va a ser solo una vez en la vida?

─Hija de mi vida, no hables así, que ya estoy mayor para que me vengas con esas… ─dice mi madre entre compungida y asustada cuando le leo las noticias del corazón.

Melanie Griffith se divorcia del guaperas del Banderas… ¡Esta será su cuarta ruptura sentimental! ¡Toma ya, un poquito más y alcanza a la Taylor y sus maridos!

Y yo aquí en vez de coleccionar maridos, colecciono ex. Estoy harta de ir a las bodas y que nunca me caiga el ramo de flores, pero ni de cerca. Esto está poniéndose feo y no estoy dispuesta a que siga así, algo habrá que hacer, ¡pero el qué! Bueno, porque yo no soy de medidas tan drásticas, pero me dan unas ganas de hacer como aquella que decía:

Yo tuve tres maridos

y a los tres envenené

con unas cuantas gotas

de cianuro en el café…

Por ahora voy a ver si le sigo los pasos a otra que también está completando su colección personal, Jennifer Lopez. Fíjate, hasta se había buscado uno que era chico 10 para todo, porque si en la pista la hacía mover así las caderas, ¡no me quiero ni imaginar qué sería en otros sitios…!

─Pues hay algunas también que llevan un buen currículum amoroso y no creo que sean muy como para pretender parecerse a ellas, ahí tienes a Belén Esteban, Marujita Díaz, Jennifer Aniston o Kiko Rivera, que ellos tampoco se escapan…

Si todo esto está muy bien, pero está claro que nadie habla de amor eterno, ese que yo a ratos estoy segura de que existe. Porque de pronto, te encuentras a dos enamorados locamente, de esos que se te llevan los vientos de envida y a la primera de cambio les escuchas diciendo:

─Lo nuestro es una ruptura de mutuo acuerdo por diferencias irreconciliables, decisión tomada desde la reflexión y de un modo amigable y amoroso.

¡Toma ya! Pues eso, que lo que nos falta es más glamur para estas cosas, que aquí famosas y no famosas tienen su propia colección de maridos, pero a ver si va a ser lo mismo decir:

─Oye, que me he divorciado y estoy hecha polvo, pero este se va a enterar, pienso sacarle hasta los ojos.

Bueno, pues lo que tengo claro es que para conseguir acumular maridos y exmaridos, lo primero que tengo que hacer es almacenar pretendientes, que la casa no se empieza nunca por el tejado. Y para conseguir que se cumplan mis planes a lo Elizabeth Taylor, cada vez que pueda seguiré soltando eso de mi primer marido, o mi segundo marido, porque noto que a algunos se les eriza la piel y salen despavoridos sin mirar atrás, los cobardes o los listos; pero a otros, en cambio, veo que lo del número les pone y a ver si así trinco a un desprevenido y ale… ¡a la saca con él! Estos son los incautos o los atrevidos…

Pero eso de que los pretendientes me duren años y años va a ser que no. El que me quiera que me lo diga y no esperamos más. Y viviremos un noviazgo breve, pero  apasionado e intenso, después un tremendo bodorrio por todo lo alto, hasta el amanecer del segundo día, y por último… disfrutaremos una luna de miel que solo tendrá fin cuando el amor se acabe, y entonces pienso cerrar los ojos e irme canturreando aquella canción de Sabina: “Que todas las lunas sean lunas de miel”.

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Vivir a cuerpo de reina
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Mar y Cleo | 08-06-2014 | 09:59| 0

Esto de las despedidas sin previo aviso y sin vuelta atrás, siempre me ha dejado un poco trastocada, porque yo pienso que un adiós significa: nos vemos pronto, te lo digo con la boca pequeña, pero en verdad no me voy… No lo puedo resistir, y salvo en una contada ocasión que una despedida supuso para mí un auténtico alivio, la mayoría de las veces me hace sentir mal. Es como si parte de mis recuerdos se fueran por esa ventana donde miro cómo pasa el tiempo.

Pero claro, hay despedidas y despedidas, porque si el adiós viene de sangre real en vez de decir:

−¡Ahí te quedas!

Muy finamente te suelta:

−Desde lo más profundo de mi ser, abdico.

¡¿Abdico?! Pues sabes lo que te digo, que voy adoptar esa palabreja para mí. Y cada vez que quiera despachar a un moscardón, en vez de decirle hemos acabado o tenemos que hablar o hasta aquí hemos llegado porque el amor se terminó, simplemente suelto;

─Voy a abdicar.

Y desde luego, no voy a concederle el privilegio de la corona a alguien que pueda abdicar. Es posible que yo tenga la culpa, bueno, toda no, pero un poquito sí. Por mucho que me guste un pretendiente en cuestión, no es de recibo darle todos los poderes, hacer de él mi monarca absolutista particular. Si es que ya lo estudiamos hace tiempo, nada peor que concentrar todos los poderes en uno, o lo que es lo mismo: “Nunca pongas todos los huevos en el mismo cesto”. Pues eso, a partir de ahora a distribuir mejor los huevos, y si en estos asuntos del querer va a ser cuestión de huevos, entonces van a ser los míos los que tengan la última palabra, que a mí no me viene ni uno más a abdicar por sorpresa, porque de momento, y creo que por mucho tiempo, la que lleva la corona de reina soy yo.

Yo no tengo que convocar ningún referéndum ni disolver las Cortes para redactar mi propia Constitución. Vale, mi vida unas veces es una locura parecida al país de Nunca Jamás, otras veces es una monarquía donde yo llevo el cetro de mando y democráticamente me pongo de acuerdo con los que me rodean, pero al final, en un país o en otro, la cuestión es que la corona la llevo yo, porque quiero ser la única que tenga poder para decidir sobre mí, y sobre todo, la leyes de mi corazón las pongo yo, que no me gusta que nadie venga a decirme cuándo tengo que amar o dejar de amar

Por eso, si me apetece, saco un Real Decreto con carácter de urgencia donde dice que no pienso ceder nada ante quien no me quiera, promulgo también que el amor existe y que queda recogido en uno de mis principales artículos, que no puedo ni quiero olvidar. Y una vez que esté claro que se otorga el poder del Reino a una servidora, solo mi cabeza podrá lucir la corona de soberana indiscutible. Y si por esas cosas de la vida apareciera uno a mi vera, que lo tenga claro, que en principio será el consorte, y que ha de cumplir con sus obligaciones, tanto nocturnas como diurnas, teniendo siempre sus mejores galas a mano por si toca la foto oficial o  por si el protocolo exige su presencia inesperadamente.

Porque vaya semanita que llevamos, está todo el personal de lo más alterado con los asuntos palaciegos, que si república que si referéndum… ¡Vaya lío que se le viene encima al guaperas de Felipe y a su querida Leti! Yo lo tengo claro, monarquía o república a mí me da un plin, porque pienso seguir siendo yo la que diga la última palabra…Y si no, como hacían antiguamente los reyes de los castillos, como alguno ose llevarme la contraria o pretenda dejarme plantada en el trono con la corona ladeada: ¡A las mazmorras con él!

Pero mientras sí y mientras no, lo cierto es que por ahora la plaza de monarca consorte está vacante, y no por falta de aspirantes, que algunos hay, es porque me temo que me estoy volviendo un poco quisquillosa y a todos los candidatos les veo un no sé qué, y los devuelvo, y muchos hasta sin catarlos…

Quizá parezca la reina de corazones, y eso puede dar miedo a los caballeros que se acercan a las puertas de mi palacio, puede que les aterre el cetro de mando, o que alguno huya ante el arrebato de poner una ley tras otra, aunque al final la corona me la ponga solo para estar guapa, el cetro lo use únicamente para rascarle la espalda y las leyes que promulgue sean las de: “Haz el amor y no la guerra”.

Porque en el fondo solo busco lo mismo que tú: ¡Dormir, comer y amar… como una reina!

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Mi prícipe azul descolorido y destronado
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Mar y Cleo | 01-06-2014 | 17:02| 0

Ya desde mi época de colegiala andábamos suspirando y echando cuentas para saber cuándo encontraríamos a ese que nos habían metido en la sesera, el que nos iba a hacer las mujeres más felices del mundo. Y así crecimos, ilusas nosotras, creyendo que nuestra felicidad dependía de otro, y encima ese otro no solo tenía que ser príncipe, sino que además era azul, como la sangre que supuestamente corría por sus venas. Con estas ideas, y otras cuantas memeces más, fueron creciendo mis piernas y mis pechos, mientras que mis faldas se acortaron al tiempo que se alargaban los tacones; pero lo curioso es que mi cerebro, poco a poco, fue volviéndose daltónico y el azul se fue descoloriendo y el príncipe terminó destronado.

─Yo quiero que sea alto, un palmo más que yo… ¡Me encanta ponerme de puntillas para besarle!

─A mí me gustan los que tienen ese aire intelectual, sí, esos que saben de todo… ¡Cuánto aprenderé a su lado!

─¿Es que no os pone un buen culo? ¡Porque yo me fijo en eso, en su culo…!

─Os olvidáis de lo más importante. Lo quiero experto, fiero, apasionado… ¡Un toro en la cama!

Y venga a pedir, que por pedir no nos quedábamos cortas. Pero lo cierto es que el azar de vez en cuando nos pone en nuestro camino los deseos materializados en carne y hueso, incluso recuerdo aquella vez que el destino fue generoso conmigo y me puso en bandeja a un tío alto, demasiado alto, sabio, tanto que se pasaba de listo, con un culo estupendo, pero algo ruidoso y oloroso, un amante experto y apasionado, tanto que yo era poco para saciar su hambre… así que, ese ser maravilloso, hubo que despacharlo, por mucho que fuera el hombre ideal a simple vista.

Y entonces me dio el bajón, cómo era posible que una chica tan it girl como yo, no tuviera su príncipe azul loquito por mí. Y me tiré al sofá, a las palomitas caseras y a las películas el blanco y negro durante todo un fin de semana, y pasaron las horas y yo me negué a salir de casa. Y en ese estado de estar desaparecida, me llamó un amigo de esos de los que yo siempre digo que es una más de mis amigas.

─Si es que de verdad, yo ya no sé dónde ir, a qué garitos acudir o a qué fiestas apuntarme para ver si por fin se me cruza por el camino mi príncipe azul, alto, guapo, bien vestido, simpático, encantador, amigo de mis amigas, loco por mis huesos, marchoso…─ Y de pronto me pone una mano en la boca, y me hace callar.

─¿Pero tú estás buscando un candidato para el concurso de Mister España o alguien que se quiera enamorar de ti?

─Es que no lo puedo evitar, ese es mi prototipo de hombre.

─con los prototipos por bandera es imposible enamorarse, hazme caso. ¿Tú sabes por culpa de ese hombre ideal que te has colocado en tu mente la de hombres buenos que has dejado pasar?─ Me dice mi amigo con la mano en el corazón.

En ese momento comprendí que por muy gracioso y bien plantado que seas, has descolorido, y no tienes la llave de mi felicidad, que esa llave la llevo yo metida en el escote. Y desde entonces, cada mañana rocío mi cuerpo con destellos de alegría que chisporrotean por todos los poros de mi piel. Voy a las fiestas con mi propia sonrisa y el que quiera, que se ría conmigo. He descubierto que hay hombres más bajitos que yo y mucho más encantadores que ese alto y guaperas que está en aquella esquina esperando que las chicas se rindan a sus encantos. Desde hace un tiempo tengo un puñado de amigos que cuando hablo de ellos sé que son buena gente, aunque no tengo ni idea del cochazo que se gastan, ni si en su lista de conquistas femeninas son lo más de lo más. Y oye, en principio a ninguno de ellos le pienso pedir matrimonio ¿eh?, pero no me hace falta, pongo la mano en el fuego que si los necesitara, ahí estarían ellos los primeros.

Yo no sé si pertenecerá a la nobleza o si su sangre será azul o roja cuando se cruce conmigo, pero lo que estoy muy segura es de que a mi lado se va a sentir como un príncipe, porque esta princesa que llevo dentro ha superado esas memeces que nacieron de una Cenicienta, pasando por Blancanieves y sin llegar a Maléfica. Pero como a alguien se le ocurra traerme perdices le doy en las narices, que la felicidad solo depende de mí y es cosa mía, por eso yo pienso ser feliz para siempre, y no solo al final del cuento.

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Ganar perdiendo
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Mar y Cleo | 25-05-2014 | 10:21| 0

Lo cierto es que me he pasado media vida queriendo ser la primera, en lo que sea, pero la primera, hasta que un día la realidad se impuso cuando después de mí llegó otra. Y ahí fue donde cambió mi visión de lo que era ser la primera, y no es otra que descubrir, que hay ocasiones donde es mejor ser la última.

─¿Acaso pensé que me iban a dar una medalla por haber llegado la primera? Lo único que realmente ocurrió es que, para recibir a la segunda o a la tercera en cuestión, a la primera había que darle una sonora patada en el trasero…

Ahora sé mucho más, pero no de lo que se aprende en los libros, qué va, he aprendido muchas de esas cosas que, por extrañas o inverosímiles que parezcan, hay que tener presente en la vida, y tengo claro que, o las aprendes a toda prisa y sin respirar, o te va de auténtica pena, y sí, la conclusión siempre me lleva al mismo sitio: ¡Yo solo quiero ser la última, y después de mí, el fin del mundo!

Para esta profunda reflexión he tenido que pasar por mucho, porque siempre estuve  empeñada en ser la ganadora en todo, todos los triunfos los quería para mí, y venga a luchar por conseguirlos, desde ya bien pequeñita quería ser la campeona, hasta que un día me fijé bien y empecé a pensar que andaba yo un poco equivocada. Mientras todos me aplaudían porque había ganado una carrera de sacos en el cole, en una esquina estaba la empollona de la clase con nuestra seño consolándola porque se había caído en la carrera y le dolía una rodilla. Yo me llevé una medalla de oro falso en carreras de sacos, y ella se llevó miles de besos, de abrazos y un caramelo del bolso de la profe. ¡No era justo! Llegué a casa, tiré a la basura la medalla y me propuse, desde ese momento, cambiar el mundo, ¿o fue el mundo el que me cambió a mí?

Me gustaría haber aprendido estas lecciones sin sufrirlo en mis carnes a base de tortas y tropezones, aunque la verdad, creo que muchas veces es la única forma de aprender.

Tengo una amiga que cada vez que habla de su amor me repite siempre lo mismo, y yo, que me he vuelto paciente, respiro profundo y cierro los ojos mientras la escucho:

─Me tiene loca, es que estoy súper colada por él, cada vez que estamos juntos soy muy feliz, estoy tan enamorada…─. Y lleva años hablándome del mismo, del mismo él, porque no hay otro él posible en su vida, porque él es su hombre con mayúsculas.

─¿Y él, opina lo mismo? ¿Y cuando no estáis juntos, dónde queda guardada tanta felicidad? ¿Y cuando te deja sola, es para irse con la otra?

Y en sus respuestas hay siempre un silencio y un suspiro; hay un ojalá y un quizá es posible; un puede que no sea lo mejor, pero no lo puedo remediar. Y yo sigo allí, a su lado, porque no me quiero perder ese día el que mi amiga, mi mejor amiga, aprenda también a ser la única última. Y que ese amor tan posiblemente imposible, tan presente y tan invisible a la vez, acabe para poder empezar de nuevo… Y ella al fin se transforme en una eterna sonrisa, será entonces cuando celebraremos juntas que se puede ganar perdiendo. Y yo ganaré volver a disfrutar viendo su sonrisa sincera y las ilusiones que mi amiga tuvo dibujadas en su cara, ella ganará al encontrar de nuevo frente al espejo a aquella magnífica mujer que un día, hace tiempo ya, dejó encerrada en el baúl de los recuerdos.

Es cierto, tengo que reconocer que cuesta mucho perder, y, si no, que me lo digan a mí cuando decido quitarme algún kilo de esos que se me pegan donde no quiero. O pierdo al pádel y me toca pagar las cervezas.

En cambio, otras veces estoy encantada si pierdo, porque si es el autobús aprovecho para hablar con amigos que tengo más abandonados de lo que quisiera, o si pierdo a quien no me quiere ganar, me apunto un gol como campeona de la Champión. Es una victoria que solo se gana perdiendo.

Como aquella vez que dejé de ser la primera en su vida, entonces esa sí que fue buena, porque al tiempo que lo perdí, gané billete para mi propia vida que me estaba esperando llena de cosas preciosas, de gente maravillosa, de historias inolvidables, de conciertos en la arena de la plaza de toros, de viajes que fui y volví con pedazos de mundo en mi corazón, de noches que se convertían en días, de amor verdadero con palabras sinceras y de caricias y abrazos apretados como si fueran los primeros, aunque sé que no serán los últimos.

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Encantada de haberme conocido
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Mar y Cleo | 19-05-2014 | 10:29| 1

En la historia de la vida, cada uno de nosotros, pasamos unas etapas que más o menos coinciden en el tiempo, y yo no voy a ser menos, porque está claro que, tarde o temprano, a todos nos llega ese terrible momento en el que perdemos la ingenuidad cuando nos enteramos de quiénes son los Reyes Magos, o esa inquietante hora mágica en que la inocencia se pierde también, pero por otra situación más placentera, y ahora estoy en esa fase en la que me he dado cuenta de que salto de una nube de algodón, y de pronto, paso a pisar la dura realidad y así unas cuantas veces más, pero al final todas llevan unidas las mismas dos cosas, la euforia y la crisis, la locura y el bajón.

Pero yo, que siempre he sido un poco mía para estas cosas, ando últimamente en una especie de cambio, que me tiene una miaja revolucionada. Básicamente confieso que he perdido la vergüenza, principalmente hago y digo lo que me da la gana, y qué, pues que me siento genial.

─Que tengo que decir te quiero, `pues lo digo. Que llega el momento de decidir, si dejo que se alargue la madrugada o me voy a casa a dormir, pues miro a mi alrededor y como me encuentre rodeada de adorables amigos, me dejo llevar. Que me echan un pedazo piropo un poco bruto, así como que soy la que más revolucionado le pone, pues yo en lugar de sentirme mal, al contrario, estoy que me salgo.

Ya no me ando con remilgos ante nada, estoy por encima de los dimes y diretes de la gente. Me siento como si yo fuera el sol, en vez de un simple asteroide perdido, ¡me encanto!

Y claro, como he perdido la vergüenza, actúo de forma totalmente distinta a como lo hacía antes o a como los demás se esperaban. Recuerdo al primer chico que me dejó ¿o fui yo la que lo dejé? Mira por donde, ya no me acuerdo, pero lo que no he olvidado es que me fui a casa cantando aquello de los Secretos:

─”Déjameee, no juegues más conmigo… “

Y a cada acorde, unos lagrimones que ni te imaginas. Pero ahora… ahora qué, si uno no me va, pues lo despacho. Sé que suena duro, pero eso sí, que conste que antes lo he intentado con todas mis fuerza para que funcionara, pero si me sale rana o sapo, que me parece un animal más repulsivo, pues marchándose pero ya. 

Y es que no me callo, oye, que no cierro el pico, es como si la prudencia fuera una vecina de otro pueblo. Pero eso sí, sin perder las formas ni la educación, como dice una amiga: “Soy una señora, cabrona, pero una señora”.

Hay por las librerías manuales para ser la perfecta cabrona, y no se refiere a ser mala, qué va, sino a mirar para una misma. Dar amor, sí, pero nada permitir daño innecesario, ni cuernos, ni faltas de detalles, ni malos modos, ni nada de esas cosas que a veces han formado parte de nuestras relaciones, quizás por amor, o por una especie de dependencia emocional, hasta que me di cuenta de eso, y eso no tenía nada que ver con el amor.

Y como el amor y el desamor van bastante ligados, yo cuando rompo lo primero que me pasa es que me estoy muriendo de pena, luego entro en una época de esperar, porque en el fondo las mujeres esperamos habernos equivocado y que aquel que fue el elegido venga demostrando el amor que no mostró, pero cuando me harto de esperar y de llorar, ¿sabes a qué me dedico?: A observar, o como hay quién dice, a verlas venir. Sí, ahí quietecita, para que no me hierva la sangre y se convierta en vinagre, y empiece a escupir por mi boca todos los sapos y culebras que se me han enquistados en las tripas; porque yo, cuando me caliento, no hay quién me pare, y lanzo indirectas muy directas por el facebook, y etiqueto fotos, y al final para qué, pues para nada. Pero como estoy en esa etapa en la que digo lo que me da la gana… el que se atreva que venga.

Algo de bueno han de tener las horas de vidilla y de tertulias con mi gente, algo de bueno tiene cada momento que pasamos. Por eso llevo una temporada que estoy encantada de haberme conocido, porque si en vez de cariño me regalan una mierda pinchada en un palo, pues qué quieres que te diga, que eso no tiene nombre, y me dedico a reír, que para eso he dejado mi vergüenza atrás, me he soltado mi lengua y mi melena a la par y ahora soy el sol, así que, que gire el mundo que ya lo calentaré yo.

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Ponerlos bien puestos
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LV | 16-05-2014 | 10:02| 0

Mayo, ese mes al que todo el mundo le otorga dotes poderosas y amorosas a la par, a mí, en cambio, lo único que me concede es un par de cuernos en plena estación del polen, de las flores y del romanticismo por excelencia.

Pero lo curioso del caso, y eso es precisamente lo que menos me cuadra, es que por fin los cuernos no me los ponen a mí, sino todo lo contrario, ahora es a mí a quien le toca ponerlos bien puestos…

No estaba yo en esa onda, cuando de pronto, y sin esperarlo ni buscarlo, lo juro, aparece uno al que yo en su día le eché el ojo y nada más, porque nunca se me puso a tiro, va y se lanza a hacerme ojitos, y yo que miro para atrás, para ver quién es la destinataria de aquellos hoyuelos tan golfillos que desde mi esquina podía yo ver, y para mi sorpresa advierto que la destinataria, la única posible en varios kilómetros a la redonda, era yo… ¡no me lo podía creer! Y el maromo que insiste, y claro, una que no es de piedra, me da la risa floja, y yo que había decidido comer sola en una terracita al sol, pensando en mis cosas, ¡si hasta me había dejado el móvil en un cajón para que no me interrumpiera nadie mi sosegada comida…!

─Hija, si es que para un día que no salgo contigo a comer vas y la lías─ me echa en cara mi compi de confidencias y de aventuras secretas imposibles de contar.

Ya me hubiera gustado a mí poder seguir el relato, pero lo cierto es que lo único que recuerdo es que el día se convirtió en noche y el amanecer se llamó tremenda jaqueca y yo con la misma ropa puesta que el día anterior.

─¿Pero habrías sido capaz de hacerle una peineta a tu chico, con la cantidad de tiempo que lleváis juntitos?

Y así la vida continúa, y hay veces que es mejor no pensar, y de tanto no pensar uno termina imaginando, y de una cosa salto a la otra, y cuando menos me lo creo me encuentras waseando al principio, y tonteando al rato con el de los ojitos, ¡con lo aburrida que estoy mientras espero el autobús! Y la cosa sigue que te sigue, y ceno y me ducho, y oye que no me duermo, que hay que ver este tío lo enrollado que es, míralo pero si tiene coba para largo…

─Y entonces, ¿habéis quedado?

Lo cierto es que nunca sé qué fue primero, el huevo o la gallina, nunca sabré si fui yo la que se quedó dormida o fue mi móvil el que se murió sin batería, aunque jamás se sabrá, pero lo cierto es que dejé de contestar mensajitos, porque al final, ¿para qué? El que tiene que ser para mí será, y el que no quiera estar a mi lado, él se lo pierde.

Y yo sigo mi camino, pero eso sí, siempre he sido muy cauta para mis cosas y he decidido que de todo este embrollo no voy a soltarle ni una sola palabra a mi chico, porque una de dos, o se despelota de la risa por tanto intento fallido o es capaz de darle un ataque de cuernos de los que hacen época y claro, si le va a dar el ataque sin haberme comido una rosca, entonces nada mejor que un silencio a tiempo.

─Entonces lo tienes claro, ¿no lo harías?

Claro, claro, solo tengo dos cosas claras en mi vida, que de la talla de ropa que gasto no pienso subir una más, y que tú eres la amiga más pesada que he tenido nunca, y para todo lo demás… no sabría decirte, o sí, porque estoy convencida que todos esos que van por ahí diciendo:

─Yo eso nunca lo haría, es más, es que ni me lo planteo.

Ja, ja, ja, me río yo de ellos, seguro que son feos remataos y no tienen donde caerse muertos o ya están muertos en vida, porque yo desde que el ojitos risueños se me ha cruzado estoy como más, más. Y para colmo, mi chico está que da saltos porque últimamente soy yo la que le pide caña, así que fíjate bien lo que te digo, hasta me está dando vidilla este don Juan virtual que me ha salido, oye que me veo yo como más guapa, más alta y más ideal de la muerte…

Tarde o temprano se nos puede cruzar un amor en mitad de otro, tarde o temprano puedes decidir perder lo que tenías, o al contrario, valorarlo más. Pero si hablamos de amor, si yo voy y me enamoro de dos personas a la vez, me quedaré con la segunda, porque si la segunda llegó y se quedó, más bien será porque poco amor habría con la primera.

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HABLANDO DE MAYO… REGÁLAME FLORES
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Mar y Cleo | 04-05-2014 | 10:43| 0

Reconozco que en esta época, con todos los campos llenos de colores y la primavera asomándose tímidamente por cualquier rincón, me pongo demasiado romántica. Mi corazón estornuda, y no es alergia; los ojos me lloran, y no es por el polen. No sé qué tiene este florido mes de mayo que me tiene tan revolucionada.

Y hablando de flores, estoy deseado oír el timbre de mi puerta y ver aparecer un par de piernas, es decir, dos buenas piernas musculosas con un tremendo ramo de flores haciendo de cuerpo, y que esas flores lleguen diciendo mi nombre. Que estoy harta de verlas pasar por delante, con su tarjetita incluida, y al final la que pone cara de enamorada siempre es otra y no yo.

En serio, ya sé que eso de que te regalen flores parece una chorrada y que lo que importan son los hechos… Pero a ver si me entiende alguien, es que regalar flores, es un hecho. Y además:

−A las mujeres nos encantan esos detallitos…− me pongo a decir rodeada de un grupo de amigas y amigos.− Vamos que quiero vivir esa escena de película donde un hombre, y no uno cualquiera, sino el que me gusta, llega con un ramo de flores escondido detrás, pero tiene que ser tan grande el ramo que las hojas sobresalgan por todos los sitios y que me diga: “Son para ti, preciosa”. Oye, que algo así no tiene precio.

−¿Pero es que tú no sabes para qué te las está regalando?− me contesta uno de mis amigos.

−Pues porque es un romántico de los de antes, un galán y además seguro que lo tengo en el bote.

En ese instante, comienzan las carcajadas y se miran unos a otros sin dejar de reírse, ¿pero qué les pasa a estos?

−Si un hombre llega con flores es que te ha hecho algo gordo. No digo yo que te la esté pegando, pero ya sabes… cuanto más grande es el regalo ¡menos has de fiarte! ─¡Igual está oliendo a una primavera que no eres tú!− añade la más veterana del equipo.

Ahora resulta que no sé si es bueno o malo que un hombre me traiga flores. O sea, que yo aún me erizo con el recuerdo del último ramo de rosas, y ahora resulta que no lo hizo por amor. Me parece que la gente está muy mal últimamente ¿es que ya nadie sabe apreciar las cosas bonitas de la vida? Yo que me lo imagino allí, en la floristería, dudando entre éstas o aquéllas… pensando en mí, en cuál me gustará más. Así que me enfurruño y les digo a todos que están equivocados, que regalar flores es romanticismo puro y duro.

−¿Un hombre romántico…? Ja, ja. Yo sólo me pongo romántico cuando quiero llevármela al huerto, y no a coger flores precisamente. Vamos, que no te libras ni dando saltos, ja, ja− vuelve a decirme mientras se seca las lágrimas de la risa que le está dando.

−¿Y si es la mujer quien le regala flores a él? Porque a mí me han regalado flores y aún no sé qué es lo que quería de mí− pregunta uno que no ha abierto la boca en todo el rato.

Y como ya me tenían harta con tanta risita, fastidiándome todas mis ilusiones, le digo:

−Mira, pues te lo voy a explicar. Si una mujer te regala flores, lo que quiere es, simple y llanamente, la escritura de tu casa.

Aún recuerdo las primeras flores que me regalaron. Era un ramillete de amapolas y margaritas silvestres arrancadas con la ilusión del primer amor. Al volver del monte ya se habían marchitado, pero las escondí en mi cajón de los secretos durante años. Me las dio mirándome a los ojos, con temblor en las manos mientras me decía una cursilada, pero salida de un corazón adolescente, de esos a los que la vida todavía no les ha obligado a tener que usar truquillos baratos para engatusar a alguien.

−¡No hay flor más linda que tú en todo este campo!

Yo me quedé boquiabierta, no lo esperaba y sólo se me ocurrió preguntarle:

− ¿Y por qué a mí?

− Porque es la única forma que tengo para decirte que quiero más, que me tienes loco, que…−y en ese momento me dio mi primer beso de amor y espachurramos entre los dos el ramillete.  

Hoy, después de soñar con campos llenitos de flores, vuelvo al monte. Ya se sabe, la cabra siempre tira al monte y, como si aún me estuviera esperando, me encuentro todo plagado de amapolas entremezcladas con miles y diminutas flores de colores esparcidas aquí y allá, y yo, de un salto, me planto justo en el centro. Y ahora sí, ahora sí que estoy rodeada del más grande de los ramos.    

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MUERTA, MATÁ
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Mar y Cleo | 27-04-2014 | 10:31| 0

A estas alturas de las fiestas, y cuando la semana toca su fin, yo como todos los años, estoy ya más para el arrastre hasta mi cama, que para subirme a los tacones y bailar la zumba con los pasacalles meneando todo mi cuerpo… ¡estoy muerta, matá!

-Pues no estarás tan agotada si en lugar de venirte a descansar con tus padres, ya estás lista para andar de calle en calle y de comparsa en comparsa- me suelta mi madre reprochándome que ya no tengo quince años, que no hay quien me siga el paso, que es oír un redoble de música y ahí estoy yo.

-Mamá… que todos los años me dices lo mismo, ¿no has notado que no te hago ni caso? ¡Ya descasaré cuando esté muerta!

Lo cierto es que no quiero darle mucho la razón, pero cada año me cuesta más seguir el ritmo a estos festejos, porque desde el Viernes de Dolores que me lancé a la calle a seguir el paso de los nazarenos, no dejo ni una sola procesión sin verla pasar, hasta la del silencio, que mira que me cuesta aguantar calladita todo ese rato… Y antes de que me dé cuenta, ahí estoy yo dando codazos por pillar sitio en una barraca, que entre cerveza y cerveza un plato de michirones y unos paparajotes, y venga que ahora toca rizar el refajo…

¡Arriba, abajo que a mi novia le he visto el refajo,

arriba, abajo que a mi novia le he visto las ligas!

Y de pronto, y antes de que se note, ya están aquí los pitos, los juguetes, las pulseras y las capas sardineras, esto es un no parar y yo que me apunto a todo, pues así estoy…muerta, matá, ¡pero a mí no hay quién me encierre! Pienso inyectarme en vena todas las dosis de alegría, ilusión, ganas de juerga y pasión que necesite. Si es que solo de pensar la jarana que se oye ya desde mi balcón, se me mueven solos los pies… ¡allá voy, que se prepare la sardina, las bandas y algún que otro sardinero, que no pienso perderme ni una!

Tengo una amiga que dice que vienen autobuses de todos los alrededores porque en estas fiestas en Murcia se liga mucho. Yo aún no le he podido dar la razón ningún año, pero este año pienso esmerarme un poco más, poner en marcha toda la adrenalina acumulada, y dejarme llevar un poco, sin tanta de esa tontería que le pongo yo a veces a estas cosas del querer.

Y las calles se llenan de gente, el aroma a fiesta y a risas se nos contagia a todos, los abrazos se vuelven pegajosos, y lo mismo me bailo un pasodoble terminado con un beso robado en un portal, que dejo que mis caderas sigan el ritmo de las capoerias brasileñas. Y de calle en calle me cruzo con las capas sardineras que me llenan de regalos y abalorios, y de besos abrazados y bailados que me remueven el cuerpo. Y hora tras hora el día se va pasando, y minuto a minuto mis pies me dicen: “Tira para la casa”, pero mi corazón se resiste y me grita: “¡Quieta, parada, y sigue bailando al son del ritmo de esta pasión”. Entonces me dejo caer en el escalón del primer portal que pillo, porque aunque no lo pienso reconocer, necesito un poco de descanso, necesito recuperar las fuerzas, porque estoy… muerta, matá de tanto disfrutar, bailar y reír.

Y ya por fin el día se oscurece, la Gran Vía se llena de manos levantadas y de ojos ilusionados por pillar unos un balón y otros una brasileña. Y yo apoyo mi espalda en un banco, que la pobretica se resiente de tanto tute que lleva, pegando brincos por todos lados. Cierro los ojos y cuando al rato los abro noto que me tiran de la mano, y de un salto me hacen levantar, me abrazan y me llevan bajo los chisporroteos de una sardina ardiendo, de unas llamas danzarinas que iluminan nuestras miradas, y ese calor nos envuelve y me hace refugiarme bajo tu protección y ahora eres tú el que me llenas, me rodeas y me besas mientras tus manos me acarician el pelo que el viento alborota. Las piernas me fallan, no me sujetan, creo que voy a dejarme caer, ese beso tuyo ha podido conmigo, me has dejado muerta, matá. Y ahí estás tú para sujetarme y hacerme volar de ilusión y de ganas que tenía de ver quemar una sardina con tanta dulzura y pasión.

Por fin a mi amiga le voy a tener que dar la razón, en estas fiestas se liga mucho, tan solo hay que dejarse llevar y precisamente cuanto más te sientas muerta, matá… más cerca está que se cumplan esos deseos y esos los sueños que tanto hemos esperado.

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DISTANCIAS CORTAS
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Mar y Cleo | 13-04-2014 | 10:41| 0

Las túnicas fuera del armario, colores de Semana Santa en los balcones, las barracas ya medio plantadas por los jardines, la sardina escribiendo su testamento. Resuenan los tambores por aquella callejuela, huele a claveles y a incienso. Por las esquinas susurran cantares de antaño, que se convierten en silencio con el paso sigiloso de los nazarenos, un vaivén de capirotes sobresalen sobre las cabezas de la gente que con su mirada acompañan el paso. ¡Qué más se puede pedir!

Aunque mira lo que te digo, yo por pedir, que no quede, que si los deseos se cumplen es porque una los ha perseguido y deseado sin descanso. Aunque sin pasarme, que si los sigo y los persigo demasiado tiempo, y no se me cumple ninguno, me saturo, vamos, que se me quitan las ganas y acabo hasta el mismísimo el moño del dichoso deseo. Por eso yo ahora estoy en esas en las que me relajo, me voy subiendo a trenes bonitos y, si no me gusta, pues me bajo en la próxima, y mientras tanto me dejo llevar…

Sí, me dejo llevar por las risas, porque de verdad, si me haces reír, me pierdo. Me dejo llevar por la amistad, esa amistad que a veces aparece, no sabe una cómo, pero que la siento porque es auténtica.

Hace no mucho aparecí, era una cena de amigos. No, miento, cuando llegué aun no eran amigos, y solo con los primeros minutos supe la cosa iba a ir bien, me sentía genial, al rato todo eran carcajadas y mimos, y llegó la madrugada, y con ella el frigorífico se vació, la despensa pedía socorro, y hasta la botella que al anfitrión guardaba desde Navidad, acabó preparada para reciclar. Y sí, ese tren me gustó porque antes de darme cuenta, ya me sentía querida. Y es que he de confesar, que aunque yo me suba a los tacones, como tantas otras mujeres que pisamos fuerte, lo cierto es que me encantan los mimos, y no me duele en prenda admitirlo. Será porque como ahora ya nadie se toca, pues yo estoy en contra, porque si un abrazo dura mucho, enseguida a malpensar; si me apoyo en su hombro, eso es que le quiero pillar para casarme; si me dice guapa cuando me ve, ¡ufff, es que me quiere ligar! Todo se ha convertido en extremos, o no te tocas nada de nada, o aquí acaba todo el mundo liado.

Y lo malo de esto es que a mí me gustan las distancias cortas, poner una mano en un brazo y que me hagan una caricia, porque me da ilusión sentir que formas parte de mi vida y de mi corazón. Lo tengo claro, yo me quiero rodear de abrazos y besos, que las cosas malas ya vienen envueltas en papel de regalo sin que las pidas. Sé que para algunos, eso de las distancias cortas confunde, vale, puede que a veces lo haga para confundir a ver si pica, pero otras simplemente es que me siento tan bien que me sale todo el cariño que tengo por ahí dentro para dar. ¡Me niego a ocultar mis sentimientos de amistad, ni los de alegría, ni los de cariño, ni los de amor!

Así que por ahora, primero pienso perderme en el silencio del paso de un nazareno y después me largaré al jolgorio de las fiestas, que quedan unas semanas de sol y pasión, las mismas semanas para seguir haciendo la operación bikini y darle los caramelos a los zagalicos con cara de ilusión, que yo, con tanto lío que me traigo entre una cosa y otra, que si cenas, que si cumpleaños que si un evento por aquí y otro por allá, me he saltado lo de la dieta mediterránea un día sí y otro también… ¡menos mal que con la túnica y el refajo todo se tapa! Aunque lo malo es para ellos, que se meten en los zaragüelles pensando que eso es pan comido y llaman a la parienta bien contentos:

─¡Nena, ponme el fajín! Pero aprieta bien, que luego se me cae,

Y la parienta que se pone a darle la vuelta, y le da una solo, claro, y haciendo un esfuerzo que no veas. Entonces él que mete barriga y el fajín que se acopla debajo, la parienta que se va y lo deja vestidico y tan guapo, y en nada que sale de la habitación… él que se relaja y la superpanza cervecera salta de su prisión y ¡bomm, rebosa sin vergüenza por encima de la operación fajín!

Pero ahora eso ya da igual, es momento de salir a la calle y reunirse con amigos, porque la amistad resuena como los tambores, viste de colores los balcones y aparece en mi vida como esta primavera, explotando cargada de fragancias, y yo lo único que pienso hacer es, respirarla en las distancias cortas.

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CONFESIONES SECRETAS
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Mar y Cleo | 06-04-2014 | 10:01| 0

Hace tiempo que uno de mis mejores amigos me confesó los dos grandes motivos por los que jamás en su vida volvería a convivir con una mujer, aunque a mí se me quedó cara de: “los hombres están fatal”, he de reconocer en secreto, que con el tiempo, le he tenido que dar la razón, porqué sí, porque lo aquel día me dijo se ajusta a una realidad oculta, pero realidad al fin y al cabo.

─Desde que yo recuerdo las cortinas de mi dormitorio han cambiado ya más de color que los escaparates de la primavera.

─No sabía yo que te gustara tanto el interiorismo─ le respondí algo sorprendida, porque a mi amigo no le pega nada andar remodelando su casa de temporada en temporada.

─¿Yo? ¡Qué va, detrás de todo esto busca más bien una mano femenina! Cada vez que cambio de relación, la nueva es como si quisiera borrar de mi vida todo lo anterior, y lo primero que se le ocurre es poner unas cortinas nuevas, como si mi pasado y el secreto de mi amor dependiera de la tela que esté colgando de esa pared. Mira, yo no sé qué es lo que os pasa, pero es que lleváis en lo más profundo de vuestro ser un detective-decorador, porque esa es otra, como os empeñéis en descubrir algo, date por inspeccionado y detenido, porque o dais con ello o si no seguís hurgando en todo hasta que conseguís la pista que ratifique vuestras sospechas…

A mí aquella confesión masculina, y así tan de sopetón, me debió de causar tanto trauma, que aunque lo intento, no lo puedo evitar, termino haciendo todo aquello que él me vaticinó…

Y entonces nos conocimos, y nos gustamos, y nos miramos, y sin darnos cuenta nos abrazamos, y dándonos cuenta nos besamos, y los dos flipando y los dos encantados de la vida. Pero de pronto, me noto como una especie de culebrilla que me recorre para arriba y para abajo, para un lado y para el otro, ¡todo mi cuerpo! Y lo grave del caso, es que yo sé cómo se me curaría este azogue que me reconcome… Ufff, espero que él también sepa ponerle remedio y, sobre todo, que no se lo piense demasiado. ¡Mum, qué dura es la pasión sin desenfreno…!

Y yo que pensé que unas cortinas horteras podían disminuir la pasión, pues no, desde aquí lo digo, que sus cortinas no pueden ser más horrorosas, pero él, en cambio, ¡no puede ser más encantador! Aunque la verdad, que le irían mejor unas en tono pastel… Si es que no tengo remedio, yo pensando en colores el lugar de estar en lo que estoy, ¡cuánta razón llevaba mi querido amigo!

Y tampoco se equivocó en ese ramalazo detectivesco que tenemos, por no decir cotilla, que suena muy antiguo, porque ni yo misma puedo saber ni cómo ni por qué, pero mientras él se duchaba me vi con su móvil entre mis manos, tenía a mi alcance toda su lista de contactos, los miles de mensajes enviados, recibidos, clasificados, con sus remitentes y reportajes gráficos. Lo confieso, no me resistí, meter las narices ahí es el sueño de cualquiera que sea la otra parte de la parte contratante. Necesitaba saber, aunque nunca supe muy bien el qué. La ducha se prolongó, llegó el afeitado, los masajes, la relajación y el yoga… Y ahí seguía yo, como una posesa agarrada al teléfono. ¿Y esta quién es, que le felicita el Año Nuevo tan cariñosa? Pues si no le ha contestado nada, no será importante. Uff, y venga a mandarse chistes marranos con su compañero de trabajo. Mira, y luego dice que está muy ocupado, pero si tiene tres partidas de apalabrados empezadas. ¿Será bruja su madre que le dice que mejor vaya la comida del domingo él solo?…

Terminé agotada, creo que es el móvil más aburrido que he visto en mi vida. Agotada pero tranquila, la prueba del delito no aparecía, no hay ni un solo mensaje con una pichurri, y lo más divertido del caso, las últimas 99 llamadas son todas para mí. Su móvil será un aburrido, sus cortinas son las más feas y petardas que he visto en mi vida, pero él es… pues eso, ¡qué voy a decir yo! 

Pero, ¿qué hay de malo en darle un pequeño cambio a esa tapicería del sofá o esa alfombra tan cutre que no pega ni con cola? Yo por mi parte me comprometo a no redecorar tu interior, que ese el que importa, que eso es el que me atrajo de ti. Pero eso sí, como la detective que llevo dentro descubra que me escondes una trampa en un rinconcito de tu corazón, ahí ya sí que no te prometo nada, y prepárate porque te pongo todo patas arriba y a ti, por supuesto, te mando de patitas a la calle.

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AMOR, PASIÓN, SEXO Y ROCK AND ROLL
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Mar y Cleo | 30-03-2014 | 13:40| 0

Ya sé que estamos en la estación del amor y que, por desgracia, andamos algo escasos de bellas escenas con declaraciones llenas de pasiones amorosas, porque no, porque nadie se enamora así sin más. ¡Pues anda que no hay que pasar fatigas hasta que por fin te das cuenta que el corazón palpita más fuerte de lo normal!

Por eso, cuando alguna vez en mi vida he escuchado la frase: “¡Cuánto te quiero, qué sería de mi vida sin ti!”, dicho a solo diez minutos de haberme conocido, pues qué quieres que te diga, que he salido haciendo fu como el gato. Porque lo único que pienso, cuando oigo eso, es que el suso dicho no está muy bien de la cabeza.

─No, si con lo rara que eres… ¡así te va en los asuntos del querer!─ me dice una amiga.

─Sí, a ti te va mucho mejor, ya te llaman la Liz Taylor del barrio por la de maridos que coleccionas…─le suelto yo muerta de rabia, porque en el fondo lleva un poco de razón, aunque lo cierto es que luego soy yo la primera que se muere por que un pichurri esté loco por mis huesos,

También me pasa que igual que salgo disparada cuando me huelo que el personal no está muy bien del coco, como que también me pasa todo lo contrario, en cuanto presiento y sé que él es él, no me quedan ojos para otro, vamos, que yo entro en un bar por una puerta, y cuando salgo por la otra ya me he enamorado. En confianza, lo que me ocurre es lo que popularmente se dice:

─¡Es verlo, y colarme por él y por sus huesos!

Aunque eso sí, como en las cosas buenas de la vida, y este asunto, no podía ser menos, todo tiene sus fases.

Y es que entre amor, sexo y pasión, suele haber un suspiro, o mejor dicho, tres. Porque de pronto me veo besándonos, y enseguida, y no sé cómo, me veo enredada en un besuqueo de tornillo, que a ver quién es el valiente  que consigue despegarse de esa ventosa sin salir trasquilado, o al menos un poquito afectado, y si me siento bien, pues eso, que acabo, pero con ganas de repetir.

Pero cuando pasadas 48 horas aún permanece el deseo, entonces ya comienzan los planes, porque claro de un: “Comemos juntos”, a un: “¿Te apetece ir al cine?”, hay un: “Me parece que le gusto”, y entonces ahí que me veo en la disyuntiva del cine o no cine y yo, que lo pienso todo, considero varias opciones y me pregunto y respondo yo solita:

─¿Al cine? Este va demasiado en serio, ¡cuidado!

─¿Al cine? Para mí que no quiere nada, que está aburrido y se ha acordado de mí.

─¿Al cineeeee? ¡Prepárate, me mete mano fijo!

─¿Pero me ha dado a elegir la película o la ha decidido él? Cuidado que los controladores empiezan por ahí y acabo vistiéndome con lo que ellos me elijan.

En fin, que mucho darle vueltas a las cosas, pero al final me voy al cine, porque lo que estoy deseando es que alguien de verdad quiera ir en serio conmigo, que además se acuerde de mí, aunque esté aburrido, que por supuesto esté deseando meterme mano, y si es él el que elige la película, pues yo me dejo llevar un poco, ¡que ya va siendo hora!

Y es que el amor, la pasión y el sexo empiezan, más que unidos, enredados y así  continúan, al menos mientras dura esa dulce locura. Y entonces, siento la música de otra forma, y noto que desde que lo conozco ando a un palmo del suelo, que mi sonrisa se me sale de la cara de boba, y me veo en los espejos y se me eriza la pasión, y cierro los ojos y te veo, duermo y en sueños te escucho, hablo y solo me sale tu nombre, cojo aire y todo un escalofrío con olor a ti me recorre por dentro, no quiero parar de besar, de reír, de acariciar, de todo… ¿Quién se puede resistir a eso?

Yo lo tengo claro, a mí no me hace falta escuchar te quieros a los diez minutos de conocerte, yo lo que prefiero es sentir amor, pasión, sexo, y rock and roll, a la hora que me llegue. Que no pienso dejar que esa locura se pare, porque yo quiero vivirlo todo a tope, nada me importa si es de día o si es de noche, si es verano o si es invierno, porque solo cuando estoy contigo sé que nada es lo que parece, y todo es lo que no es.

¿Y tú, qué prefieres? Cada uno que elija lo que quiera, cada uno que lo llame como se le antoje. Pero yo, yo me quedo con todo. ¡Viva el amor!

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GENERACIÓN PRIMAVERA
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Mar y Cleo | 23-03-2014 | 13:32| 0

Por fin el aire vuelve a oler a primavera, a jazmines y azahar, y claro, se me van los pies a la calle a ritmo de rock and roll y es que no me puedo contener.

La semana pasada me puse los tacones y me fui de aperitivo, sí, ya sé que no es nada novedoso, que soy de las que disfrutan saliendo, pero llevaba una temporada más recogida de la cuenta y ya me estaba poniendo nerviosilla, bueno, más que nerviosa se me estaba poniendo un cuerpo primaveral que no lo podía aguantar. Y justo, cuando llego, me doy cuenta que no era yo sola la que había sentido el mismo impulso, no se podía entrar en ningún lado, estaban todos los garitos, bares y terrazas a rebosar.

La llamada de la primavera es como la de la selva, se escucha y se siente, y hoy ya puedo decir oficialmente, que ahora sí, ahora sí que huele a primavera por fin. Y es que tiene ese no sé qué, que me inunda de emociones y puede conmigo, me altera por arriba, por abajo y por el intermedio también… Y ese sol que enardece los cuerpos, y ese calor que da tanta sensación de placer, que solo con una mirada, el ánimo se me alborota entero. Porque te juro que se me ha hecho de largo y frío este invierno… ¿Me lo habrá parecido solamente a mí, o es solo la falta de brazos rodeándome?

Pero ya está, aquí estoy, sentada en una terracita, gafas de sol, camiseta súper-escotada y unos largos pendientes. ¡Me encanta! ¡Y todavía hay algunos aguafiestas que dicen que viene frío y agua…!

Es que yo, como otros muchos, pertenezco a la generación primavera, porque ni me gusta el frío, ni me gusta el asfixiante calor. A mí me va más eso de acalorarme un poco al sol y ponerme una chaquetita en la sombra, aunque con tanto quita y pon, ya se sabe… terminan viniendo los resfriados y a sacar los pañuelos moqueros con el poco glamur que da ese soniquete. Y otra cosa que me encanta de estos floridos días es que no son todos iguales, si es que ya se sabe, a las mujeres eso de la rutina… como que no, que nos aburre demasiado, así que, que tome nota el que corresponda o el que lo entienda, que lo pille y no lo suelte.

Y sí, me siento generación primavera porque me parezco a ella, alegre, porque disfruto sonriendo, y si es a carcajada limpia mejor, y sobre todo, por apasionada, que de eso soy un rato, que a mí me gustan las fiestas más que un pirulí, y por qué no reconocerlo, porque adoro el amor, ¡y el amor es primavera!

Y eso es lo que tiene esta estación del amor, que de pronto me levanto hecha un trapo por eso de la astenia primaveral, que lo mismo me levanto con un subidón de energías y de un salto dejo la almohada y recorro los metros que separan mi dormitorio de la cafetera, como si fuera pisando la mismísima alfombra roja, y me lanzo a vivir ese día florido y hermoso.

Pero igual que no hay Navidades sin villancicos, tampoco hay primavera sin alergias, y claro, a mí en cuanto me roza un personajillo de esos que van de “Me como una y cuento veinte”, es que me da un sarpullido por todo el cuerpo… que no hay mejor antihistamínico que ladearse bien lejos del maromo en cuestión, antes de que me dé un soponcio más peligroso y termine dándole un buen mamporro donde más le duela. Y bueno, cómo olvidarme de esos otros que se te pegan como lapas, y venga a contar penas de su ex, de su pensión, de su jefa, de sus recortes de nóminas, de su asociación de vecinos, de su… y claro, de pronto todo se me viene abajo, y noto que de tanta pena se me irritan los ojos, lagrimeo, las narices comienzan a gotear, el corazón se me encoge y las piernas se me aflojan, y en lugar de salir corriendo de ahí, termino con el ánimo arrugado y él tan contento, el tío pasapenas me las ha endosado todas, y él de fiesta y yo, en cambio, estoy para que me ingresen en el hospital más cercano.

Así que, al que no le guste el amor, que se salte esta estación. El que vaya con el corazón frío, que cambie de acera. El que crea que después de la cena me lo voy a comer, ha acertado. Le voy a dar un puntapié con mis tacones a la tristeza, a la mía y a la del que se me acerque. Se acabó, voy a emborracharme de calor y de sol hasta perder el sentido y no dejaré que se me borre la sonrisa hasta nueva orden.

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SOY LA MÁS DE LAS MÁS
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Mar y Cleo | 16-03-2014 | 11:43| 0

Yo no sé quién fue el atrevido que dijo aquello de que el tiempo lo pone todo en su sitio, pero desde luego era un auténtico ingenuo o es que en su casa no tenía espejos. Porque cuando miramos el tiempo que pasa por nuestros cuerpos, por muy bien que esté una, o eso al menos eso me lo parezca, sé que llegará el instante en el que el canal que forma mi escote de donde brotan dos buenas colinas se convierta en un ridículo canalillo.

−Si es que ya lo dijo Newton, esto de la ley de la gravedad, tarde o temprano, siempre termina por demostrarse− me suelta un colega del trabajo con el que me ha dado por filosofear, claro que él tampoco se libra del paso de los años que, aunque a unos más que a otros, a todos nos afecta.

−Y tanto que sí, ¿o es que eso que malamente abulta en tu entrepierna, ya solo es el badajo del campanario que antes fue?

Porque claro, a mí me hace mucha gracia eso de que solo es con nosotras con las que el tiempo se muestra como el más cruel enemigo, y venga a comprarnos cremas anti-todo: anti-arrugas, anti-manchas, anti-estrías, anti-celulitis, anti-gravedad,… ¿pero es que acaso ellos no deberían también ir buscando una solución para esa barriga cervecera, o esas patitas con muslos de gallito, por no hablar de ese culo cada vez menos culo que se va achicando en una dirección inversamente proporcional al mío, es decir, cuanto más se estrecha tu trasero, más se ensancha el mío, adquiriendo unas desproporciones altamente peligrosas, porque cuanto más intento que se adapte a la elasticidad de mis leggins, menos elástico se queda, vamos, un auténtico desastre.

Por eso, no estoy dispuesta a darle ni una pizca de oportunidad al tiempo, no me fío ni un pelo de él, en cuanto me descuido me la juega, y donde antes no había canas, de pronto un día hay un manojo, y así sucesivamente.

−Pero el tiempo también te enriquece en sabiduría y experiencia, tú no eres la misma mujercita inocente que yo conocí hace algunos años…

Y entonces, en ese momento, he comprendido literalmente lo que significa la famosa frasecita: “El tiempo todo lo pone en su sitio”:

−Pues mira, en eso creo que te voy a dar la razón−le interrumpo a mi amigo.− Hay un puñado de personajes que, efectivamente, están en su sitio. Con el tiempo vislumbré que el mejor lugar donde deberían estar, es justo donde están, lejos pero muy lejos de mí, y espero que ahí se queden por siempre jamás. Porque sí, es cierto que pone en su sitio a muchas personas que en su momento pensé que no olvidaría, pero también a aquellas que no eran nada, y que luego se han convertido en mucho.

Hay veces que miro a los que día a día están a mi lado, con los que comparto mesa en el trabajo, con las amigas que brindo por miles de cosas, y siempre todas buenas, con los míos, los de mi sangre, que no solo me aguantan, sino que hasta a veces creo que me quieren un montón, y es cierto, a todos nos van pasando los años: ya aguantamos menos madrugada de juerga, las faldas se van alargando y vamos dejando las minis para nuestras hijas, alrededor de nuestros ojos empiezan a salir esas huellas de tantos reírnos de la vida, o de mirar siempre hacia adelante, empezamos a tener surcos. Porque en estas cosas, todo depende de cómo lo mires… se puede pensar que es posible hacer un arco iris con las arruguitas que nos van saliendo, y que las canas son una maldición, pero yo en cambio recuerdo que la primera vez que me encontré una me dio por llorar y llamé a una amiga para contárselo, al final acabamos riéndonos juntas por ver cuál de las dos tenía más, o cuando no conseguía acordarme del novio de aquel verano ya tan lejano, tú sacaste las fotos que tenías guardadas de nuestros vacaciones de la infancia y ahí estaba él, lleno de granos y con los dientes saltones, ¡y pensar que yo estaba loca por sus huesos…!

Yo no sé dónde decidirá el tiempo colocarme a mí, no sé muy bien si pasaré a la posterioridad o no, pero yo me conformo con saber que en el corazón de la gente que me quiere hay un pequeño espacio para mí, un lugar en donde las miradas y las sonrisas no tengan ni una sola arruga porque estén llenas de sinceridad, y que las palabras no se las lleve el viento, ni se olviden con el tiempo. Pero mientras llega o no llega ese día, pienso seguir siendo la misma de siempre, es decir, la más de las más, que para ser la menos, siempre hay tiempo.

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¡VIVA LA MADRE QUE NOS PARIÓ!
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Mar y Cleo | 09-03-2014 | 16:25| 0

Allí estaban todos mirándome, felices, contentos y con los ojos llenos de emoción. Había nacido yo, una niña. Y claro, entre lazos rosas y vestiditos con puntillas, no podría ser de otra manera, mis primeros pasos me llevaron directa al armario de mi madre y rebusqué sin tregua hasta encontrar sus zapatos de tacón, ahí metidos en cajas como si fueran joyas, me subí a ellos intentando guardar el equilibrio y fue entonces cuando estiré con todas mis fuerzas los brazos intentando tocar el techo o ¿sería el cielo? Qué inocente, creía que con unos cuantos centímetros de tacón podría tocar lo más alto, hasta que aprendí que hacen falta bastantes más cosas y, que siendo mujer, la fuerza no me podía faltar.

Había opiniones para todos los gustos. Estaban los más ilusos y tradicionales, que aliviados decían:

–¡Qué bien, ya tenemos una chica en la familia para que nos cuide cuando seamos ancianos!

Mi madre replicaba:

–¡De eso nada! ¡Mi niña será rica, apuesta y famosa, y yo me largaré con ella!

Y así empezaron a planearme el futuro, mientras mi tía no paraba de santiguarse diciendo:

–¡Qué peligro, esta se nos queda para vestir santos!

Pero nadie fue capaz de predecir lo que realmente se les venía encima. Vaya, que ninguno acertó, porque hasta ahora me han cuidado a mí, más que yo a ellos.

En el fondo, lo único que esperaban es que me convirtiera en: “Una mujer como Dios manda”; pero como soy impredecible, preferí ser: “Una mujer de pies a cabeza”. Comencé por los pies y desde pequeñita taconeo allá por donde paso, y eso les sirve de aviso, porque tras el soniquete, ahí llego yo y… ¡sálvese quien pueda! Seguí por las piernas, pero ¿a quién se le ocurriría la tortura de depilarse? ¡Cuánto se pasa con los dichosos pelos si naces con el cromosoma femenino! Claro, que tampoco es bueno quejarse mucho, que con los años, salen donde afean y se caen donde hermosean… Así que, mejor no lamentarse, que luego quedan pocos y canosos. Y otro reto más, luchar contra la gravedad manteniéndolo todo en su sitio, que no es tarea fácil. Por fin llego a la cabeza, y ahí está lo peligroso: ser una mujer inteligente. ¿O quizás para no dar miedo lo inteligente será parecer tonta? Me niego. Claro, que así me va.

Hay días que, de verdad, eso de ser una fémina me cuesta un trabajo… Admito que lo de tener la regla todos los meses tiene su lado bueno: sé que no estoy embarazada, aunque bien difícil sería al ritmo que llevo, que más que ritmo parece un eterno y largo descanso. Así, todos los meses, tenemos la curiosa distracción de elegir. Elegir qué, te preguntarás. Pues si las quiero plus, las superplús y las normales, con alas, sin alas, de noche o de día, para montar a caballo o para el tanga, siempre quedando claro si la quieres finas o superabsorventes plegadas… ¿increíble verdad? Pues es totalmente cierto. Vamos que te dan ganas de pasarte la vida embarazada, claro que pronto se me pasa el arrebato. Por eso todos los meses le suplico a mi abuela que vaya a comprármelas y ella va encantada, se pasa un buen rato charlando con la dependienta presumiendo y enredándola durante un buen rato, la pobre tiene que temblar al verla llegar, y al final, la muy cachonda, siempre sale del supermercado con el paquete en la mano y sin bolsa. ¡Me encanta hacer feliz a la gente!

Cada 8 de marzo voy a cenar con una pandilla de mujeres orgullosas de serlo, se supone que es nuestro día, aunque nosotras no necesitamos muchas excusas para salir de fiesta. Nos damos un homenaje. Hablamos de hombres, como siempre. De sexo, como siempre. De nosotras, de la libertad, de amores y desamores, para no variar. De sueños, de miles de proyectos… y brindamos y a la vez reímos, lloramos, bebemos y comemos, nos retocamos los labios, nos vemos envejecer… y todo esto sin perderla sonrisa. Estádemostrado científicamente: podemos hacer más de una cosa a la vez.

Esta noche no brindaré por nosotras, pero sí por muchas de nuestras antepasadas que se atrevieron a decir en voz alta lo que ahora nos parece normal y evidente. Y también por ellos, esos hombres valientes que creyeron y vieron en la mujer una buena compañera de viaje y alzaron sus voces contra los otros.

Seguiremos trabajando para que nuestras hijas y nietas, estas maravillosas y bellas mujercitas, no tengan nada que celebrar el día 8 de marzo. Y yo, aunque lleve gallao, quiero seguir festejando la suerte de haber nacido mujer y por qué no, me pienso ligar a todos los del asilo. Pero eso sí, con mis tacones puestos. ¡Viva la madre que nos parió!

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EN BUSCA DE LA FELICIDAD
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Mar y Cleo | 02-03-2014 | 08:56| 6

Yo hace tiempo que tomé la decisión unilateral de ser feliz a toda costa, por encima de las historias que la vida me trae de regalo, o ante cualquier habladuría de la gente, sobre todos los desamores y desventuras pasionales, y es que yo soy así, por eso, cuando el corazón se me llena de lágrimas, saco lo mejor de mí y hago que los ojos se inunden de sonrisas, porque oye, que no me queda otra que buscarme las mañas para cumplir mi firme e inaplazable propósito de buscar la felicidad.

Y todo esto contra viento y marea, porque harta estoy de escuchar por cualquier rincón las miles de canciones que cantan a la felicidad gracias al amor, a la felicidad por ser rica, a la felicidad porque tienes un cuerpo de escándalo… Y yo, qué quieres que te diga, que no me hace falta tener novio para sentirme en las nubes, ni llenar mi casa de oro, ni brillantes en mis manos, ni tener el físico de una reina en carnavales, porque hago lo que quiero, y contoneo mis caderas a ritmo de samba.

Me gusta decidir lo que me gusta y lo que no me gusta, y no me refiero a darle al botoncito del Facebook sin ton ni son, que si aprieto la opción de decir “Me gusta” en una foto en la que sales, es porque hay algo en ti que me llena. Que hay muchos que se pasan el día haciendo tic en mis fotos sin ni siquiera mirarme, ¿pero es que esto es el concurso del Pasapalabra, a ver quién es el guapo que aprieta antes? ¿O es el concurso de Atrapa un millón, en versión: a ver quién consigue miles de “Me gusta” a costa de poner cualquier cosa que encuentren? Y que conste, que no critico las redes sociales, que yo soy bastante asiduas de ellas, sobre todo cuando me quedo en el sofá de mi casa con la excusa de descansar y no hacer nada, y luego me veo con el mando de la tele en una mano y en la otra el móvil, y así cotilleo a todos los de Internet… ¡igual que cualquier hijo de vecino, aunque no lo reconozcan!

Pero de verdad, te juro que me muero por un “Me gustas” pero dicho a la cara, mirándome a los ojos, y, si es posible, cogiéndome de la mano, que por pedir que no quede, y si quieres contarme algo, llámame y quedamos a tomar el aperitivo y hablamos, o si lo que te apetece es sentirme cerca, prueba a acercarte, pero por favor… ¡deja de perder más el tiempo! Va a llegar un momento que me voy a tener que ser yo la que me lance a todo, y bastante lanzada soy en las cosas de la vida, porque aunque parezca anticuado, en estas lides me gusta que vengan a mí, lo reconozco, y hacerme un poco la remolona.

Seguramente habrá quién diga que soy rara, que todas las mujeres somos raras, menos la madre de cada uno, que esas son maravillosas porque pertenecen al grupo del resto de mujeres, pero pese a mis rarezas, yo solo pienso en ser feliz y te aviso que eso se contagia, y a vivir toca, y a tener una cita romántica, noches de pasión y risas, disfrutar con ese amigo que me hace compañía en momentos de soledad, soñar con un nuevo amanecer, hablar sin prisas, consumir el tiempo sorbo a sorbo…

Pero tengo que decir que todo tiene su cara opuesta, es inevitable, y a veces, para ser feliz, tengo que mirar a otro lado. Pueden pensar que soy una cobarde, quizá seguramente estén en lo cierto, aunque yo lo veo más como de valentía, porque qué quieres que te diga, yo hago lo que puedo y más por ir en busca del tesoro, el de esa felicidad soñada por la que no voy a dejar de luchar jamás. Y mientras lo hago, me veo como si fuera por un sendero rodeada de árboles, y que el silencio solo lo rompe el trino de un pájaro perdido, y escucharlo y sentir como si estuviera allí solo para mí, escalo rocas, e incluso cuando la pendiente se hace muy dura, las paso canutas, pero eso sí, sin perder el ánimo, y doy un paso tras otro para llegar a la cima aunque susurre para mis adentros como Silvestre Stalone:

−¡Dios mío, no siento las piernas!

Pero cuando por fin llego a lo más alto, cuando miro a mi alrededor… se me olvida que me suda desde el escote hasta el ombligo, que los muslos gritan y que me ha dado un tirón que me ha dejado sin sentido, porque solo siento el aroma de la victoria. Entonces abrazo mi logro, sí, busqué la felicidad y, por un instante, la encontré.

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NI CASO
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Mar y Cleo | 23-02-2014 | 16:52| 0

Ya en el colegio me gané buenas reprimendas porque, según decían, yo oía lo que me daba la gana, y lo que no me interesaba, oye, que no le hacía ni caso. Lo cierto es que el timbre de salir al recreo jamás dejé de oírlo e incluso, si me apuras, hasta lo presentía antes de tiempo como los animales se adelantan a los catástrofes, pero lo curioso es que cuando sonaba la sirena anunciando el fin del recreo, oye que yo ni caso, y al final siempre entraba tarde a clase, ¡pero tan feliz, como si la cosa no fuera conmigo!

Pues me temo que en este asunto sigo igual, o quizá peor, porque ahora no solo oigo y veo lo que quiero, sino que encima lo interpreto como a mí me da la gana y al final termino liándolo todo y llevándome cada chasco…

Hace poco una amiga me llamó después de estar meses sin saber nada la una de la otra, y lo primero que me dijo es que a un primo de la vecina de su cuñada le habían hablado de mí y que quería contactar conmigo. Mi primera corazonada fue preguntarme:

–Esto no puede ser tan fantástico como parece, a ver dónde está el truco.– Pero yo a tanta evidencia decidí no hacerle ni caso y enseguida empecé a pensar qué cosas le habrían contado sobre mí, porque esas repentinas ganas de pedirle mi teléfono me sonaba más que raro, y me dije:

–Esto es una cita a ciegas igual que las de las películas de Julia Roberts…

Y aún no queriéndole hacerle mucho caso al tema, ahí que me vi dándole vueltas y más vueltas. Si sería correcto cogerle el teléfono a la primera o mejor dejarlo sonar varias veces para que no me notara ansiosa, eso a los hombres les asusta un montón, aunque yo sé que en el fondo les pone, pero lo disimulan delante de los amigotes. ¿Y si me invita a cenar, le digo mejor que un café a media tarde y si la cosa nos va bien lo prolongamos hasta la cena? Sí, eso es lo mejor, no vaya a adivinar, así de primeras, que desde hace meses nadie me invita a cenar, si eso se supiera sería mi final, vamos que no lo sabe ni mi mejor amiga, que de vez en cuando le digo que tengo una cita aunque me quedo en casa, porque esta lleva las cuentas de todo y yo creo que hasta lo apunta en un calendario. Fundamental y primer paso, qué me pongo, ni sexy ni sosa, ni escote ni cuello alto, ni taconazos ni bailarinas… ¿Podía ser verdad que esto tan maravilloso me estuviera pasando a mí?

–Sí, soy yo…

–Ah, sí creo que me comentó el otro día que me ibas a llamar, ya casi no me acordaba…

–¿Cómo? ¿Qué si sé de algún pisito para alquilar por mi zona porque te vas a casar el mes que viene? Pues mira no, ENE O, NO.

Si es que como me empeño en no escuchar la sabiduría de las premoniciones, vamos a no hacerles ni caso, pues me está bien empleado, ahí que me veía yo de cenita romántica… ¿un pisito por mi zona? ¿Es que este me ha visto a mí cara de inmobiliaria? ¡Vamos, como me vuelva a llamar es que no pienso hacerle ni caso, bonita soy yo! 

Y así me lo monto, pese a quien le pese, no solo oigo y veo lo que quiero, sino que encima lo interpreto como a mí me da la gana y me las apaño para que el color de mis días no se oscurezca. Es una forma como otra cualquiera de resolver asuntos. Hay gente que se dedica a embroncarse con todo el mundo, otros que intentan convencer que son ellos los que tienen la razón en todo, y aquellos que se conforman con lo que les venga. Pero yo no, lo que yo hago es no hacer ni caso, ir a mi aire y sentir que soy libre porque tengo la fuerza de dar de lado cualquier historia que no vaya conmigo.

Pero una cosa sí que tengo muy clara, que suene el timbre del recreo o no, yo decido cuándo lo escucho porque tengo mi propia visión de las cosas; sí, esa que me hace soñar y ver pretendientes, citas románticas, amores apasionados e ilusiones de color de rosa dónde y cuándo yo lo crea más oportuno. Es algo tan bonito, que no me importa cuando a veces la realidad se impone y me hace bajar de la luna, porque yo, en esos momentos, sigo a mi bola y es que yo a la realidad no le hago ni caso, como siempre.

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DON VALIENTE
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Mar y Cleo | 16-02-2014 | 15:46| 0

Si hay un día en el calendario del que intento escapar como alma que lleva el diablo, no es otro que el reciente San Valentín. Las veces que estaba enamorada, me hacía la loca, y si en el último minuto le daba por ponerse pastelón y acordarse, yo me armaba de razones alegando a voz en grito:

–¡Conmigo no cuentes, no pienso participar en la comercialización de un sentimiento tan epicúreo como es el amor!

El susodicho en cuestión se quedaba boquiabierto y sin poder contestar, no sé muy bien si era porque desconocía el significado de la palabreja en cuestión, y temía quedar en ridículo, o porque quizá en el fondo él tenía menos ganas que yo de hacer el papelón a lo Romeo y cenar rodeado de un ejército de corazones, velitas y musiquillas romanticonas acosándote por el módico precio de 50 euros por persona.

También es verdad que he tenido años que intentaba pasar página porque no había nadie que quisiera compartir la velada de amores conmigo, vamos que estaba en esas fechas en dique seco, en lo que a enamoramientos se refiere, y el día se me clavaba como un puñal directo al corazón. Cada vez que ponía la radio y los presentadores animaban al público a llamar y compartir con el resto de los oyentes su idílica historia, ¡por favor, un poco de conciencia con los demás! Vamos a ver, ¿acaso yo les llamo las noches que a cada paso que doy triunfo, y me como una y me cuento veinte? Pues no, porque eso es de muy mal gusto, a ver si se van enterando de que aquello de “No se nombra la soga en la casa del ahorcado”. Así que, a partir de ahora, los que estén felices como perdices, y todas esas cosas, que vayan pensando en buscar si tienen un hermano o un primo de esos que hace mucho no ven y ande el muchacho disponible, y me lo van presentando, y mira tú, así de esa manera hasta igual les aguanto que me cuenten su historial amoroso.

Pues como este año no iba a ser menos que los anteriores, he tenido el móvil desconectado desde dos días antes de la fecha. Porque claro, yo me conozco, ¿y si me llaman para llevarme a un sarao en honor de Cupido? Ufff, pues no sé si voy a estar de humor, ponte, arréglate, ve a la peluquería, cámbiate de modelo media docena de veces para que al final llegue a la conclusión de que no tengo nada que ponerme, media hora con las manos estiradas a todo lo que dan hasta que se me seque el esmalte… pues eso, que qué pereza, ¿no?

Aunque visto así, creo que puede haber una situación peor que la anterior, ¿voy a estar preparada para que no me llame, para que no tenga ningún plan, para que pase de mi cara, para que se vaya con los amigos, para que lo celebre con otra, de esas que sí les mole lo cursi y lo romántico? Así que entre la experiencia y estudiar las situaciones es muy útil, hay que saber también que ocurren otras situaciones:

¿Que has llenado la casa de corazoncitos de lo más horteras para que tu chica no se te resistiera en la noche de los enamorados y resulta que le dio por reírse pensando que eres un cursi? Tranquilo, el día pasó.

¿Que te ha llegado el marido con un pedazo anillo y lo primero que piensas es que, cuanto más caro es el regalo más grandes son los cuernos, y le montas un número para intentar que confiese quién es ella y dónde se ven a escondidas, y terminas en la cama, pero llorando como una pava en vez de ponerte el anillo y lucirlo? Tranquila que el dichoso San Valentín ya pasó.

¿Que esperabas un detalle y no te ha hecho ni caso por eso de que es un día que ponen los comercios? Pues guarda el detallito que le compraste y se lo das a quien de verdad se lo merezca.

O también puede que se te haya ocurrido comprarte un carísimo picardías de seda, con unas medias sexys, que te hayas helado esperándolo por el pasillo de la casa y cuando llega, te mira, y dice: ¡qué disparate!, y se ha ido derecho al sofá y al mando de la tele, que van en el mismo lote. Tranquila que te puede dar muchas alegrías… si sabes con quién usarlo, claro.

Así que yo, al mal tiempo, le pongo buena cara, que ya he aprendido a no convertirme en una ciclogénesis explosiva. Porque está claro que San Valentín es el día por excelencia de los Don Valientes, porque a menudo ocurre que, hagas lo que hagas, al final siempre se lía, ¡y de qué manera!

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UN BESO ENVENENADO
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Mar y Cleo | 09-02-2014 | 12:35| 0

Mi vida es otra desde que la pasada semana me besaste. Por mucho que lo intento, no consigo olvidarte; aún me viene a la memoria el preciso momento en que tus labios buscaron mi boca, tu lengua rozó suavemente la mía, cada minuto que me mantuviste abrazada a ti para que ese beso jamás se borrara y nadie pudiera negar que había existido. Tus manos se enredaron con mi pelo y tu cuerpo buscaba el mío. Aquel calor que rebosaba tu piel me lo dejaste pegado en la mía, aún me dura… ¡y de qué manera!

Cual amantis religiosa, hiciste de mí, tu víctima perfecta. Desde entonces no vivo, sino que me siento morir. Desde ese día, mi cuerpo y mi mente se niegan a aceptar la cruel realidad, que no es otra que, ¡el beso estaba envenenado y me has contagiado un gripazo de mil pares de narices!

Está claro el dicho ese de que la realidad supera a la ficción. ¡Ay, pero qué enfermita que estoy! Y para colmo de males nadie viene a visitarme por temor a salir por la puerta con los mismos síntomas que yo, no entran ni con mascarilla. Es verdad que el dolor de huesos, la fiebre y el corre-corre al baño es malo, pero lo peor de lo peor, es el aislamiento al que me tienen sometida todos, ¡socorro, que a este paso antes me muero de soledad que de gripe!

Lo grave del asunto, no es que me hayas contagiado, que ya lo es, lo peor es que llevaba años soñando con ese beso, imaginando el momento en el que al final nos dejaríamos llevar, porque el terreno ya estaba más que sembrado con tanta conversación pícara que hemos tenido manteniendo las distancias. ¡Cuánto tiempo desperdiciado!…  ¿Y justo he tenido que escoger el día en el que estabas incubando la gripe del siglo? Porque una cosa tengo bien clara, antes de que tú te acercaras a mí con tan ardorosas intenciones, yo estaba de lo más sana…, que no te quepa ninguna duda de que has sido tú, no sea que al final pretendas echarme a mí la culpa de la semanita que llevas con 40º de fiebre.

Lo cierto es que esto de emparejarse se está poniendo complicado, porque yo soy de las que antes del antes de acercarme a alguno, ando loca buscando buenas referencias del susodicho: que si es fiel o es un golfo, que si es formal o es un cantamañanas, que si es trabajador o anda a lo que pilla, que si es un tío sano-sanote o le da a los canutos… y oye, la cosa es que hasta ahí había salido todo a las mil maravillas, aunque ya me lo decía una amiga:

–Demasiado perfecto, por algún sitio tiene que salirle el pero.

¡Solo me faltaba a mí tener que pedir un certificado médico para poder besar! Porque una de dos, o eso, o me quedo en casa cada vez haya rondando algún virus de los que se transmiten con un achús o con un simple: “Guapa, pijo”, porque yo después de un piropo así me derrito en sus brazos y en esos momentos ya no me fijo si tiene algún sarpullido sospechoso, si le moquea un poco la nariz o si anda en un corre y vuelve al baño más de la cuenta. Si es que lo mires por donde lo mires, de verdad que esto del amor se está poniendo cada vez más “im-posible”.

Pero lo peor de todo es que cuando por fin me recupere, que tengo yo mis dudas porque estoy en un ay, no sé si seré capaz de fiarme y volver a quedar con él, porque no es que yo sea rencorosa, pero es que la verdad, hasta que no se me pase un poco el recuerdo de nuestro primer beso no estoy para nada más. ¿Seré capaz de perdonarle y olvidar todos estos días que llevo metida en cama, temblando y sudando?

Ya sé que nadie tiene la culpa de ser un portador de virus, que es cierto que no salió en mi busca para contagiarme, y por eso de que mal de muchos consuelo de tontos, eso es en lo que realmente se convierten las epidemias, pero oye, es curiosos, yo no sé qué me pasa, ¿pero por qué no se me acerca un portador de diamantes?

Lo cierto es que creo que disfruté más de imaginar el momento en el que los dos nos acercaríamos y cerraríamos los ojos, me regocijé tanto soñando con él, con su conquista… Aunque tengo que admitir que el beso estuvo a la altura de lo que yo esperaba, las consecuencias de un beso nunca se pueden medir, lo cierto es que lo menos que me puede pasar es que me contagie una gripe, porque hay besos mucho más envenenados y el calentor dura más de una semana.

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NO ME QUEJO
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Mar y Cleo | 02-02-2014 | 09:55| 0

Cuando me quejo del frío que hace, siempre hay quien dice, claro, estamos en invierno. Y si me quejo de que mis pantalones encogen, siempre hay quien me recuerda las cañas y aperitivos que me he tomado sin sumar calorías. Si me da por quejarme de que no tengo un maromo que me espere en la puerta de mi trabajo, también tengo réplicas en forma de: ¡claro, si los espantas, si estás así es porque quieres!

Pero es que en el fondo eso de quejarme va conmigo, y a veces me ha dado buenos resultados y todo, además, después de soltar por mi boca todas las penas que me vienen a la cabeza, pues oye, que siento que me he desahogado y juro que hasta el frío se me quita.

La mayoría de los días, por no decir todos, que luego me dicen exagerada, me levanto con una sonrisa, con ganas de comerme, merendarme y cenarme el mundo, dejo que los primeros rayos de sol se estrellen contra mis ojos, espero un poco para sentir cómo las sábanas acarician mi piel y siento mariposas en el estómago, está claro, tengo hambre. De un salto comienzo a vivir, sin quejas, pero sin pausa.

Comienza mi primera tarea, abrir el armario y probarme todo lo que encuentro. Me miro, coqueteo frente al espejo recogiendo mi melena con una buena pinza de maruja y ahí estoy yo, llenita de nervios y de ilusiones por cumplir. Aunque después de una docena de intentos, lo único que he conseguido es vaciar el ropero, hacer una montaña de trapos sobre mi cama y al borde de la desesperación, me tiro encima de ellos… ¡qué agobio! Si es que después de llegar hasta San Antón, entonces comienzan los remordimientos de los turrones y polvorones que me he zampado. Pero de nada me sirve quejarme, así que a seguir sonriendo que no me queda otra después de las comilonas navideñas.

Segundo paso del día, me estoy quedando helada, o decido ya lo que me pongo o me voy a agarrar un constipado de aúpa. Los rayos del sol engañan porque he abierto la ventana para respirar y a poco se me congelan las pestañas. Así que, como previsora soy un rato y ya no me queda nada por inventar, me pongo dos pares de calcetines, renuncio muy a mi pesar a los escotes hasta nueva orden y me hago fans de los jerséis de cuello alto que tanto critico. Mis guantes de piel son monísimos pero no abrigan nada, y para mi nariz helada aún no se han inventado bufandas compatibles con los labios pintados, así que… ¡por ahí no paso vamos!

Y sigo aguantando sin quejarme, como una valiente, disfruto del día y hasta me lanzo a quedar con un pretendiente que lleva varias semanas detrás de citarse conmigo. Ahí estoy yo, en medio de la Gran Vía, muy mona, envuelta en mi plumas y con múltiples calcetines tapados por unas botas de lo más sexis. Con la nariz congelada, pero eso sí, mi maquillaje intacto, y él que llega hablando por el móvil, un poco tarde, pero tan guapo… tras esas gafas de chico interesante.

Hoy no me pienso quejar de nada, mira por donde. Y paseamos y lo miro, y me miro, y veo cómo él se queda mirando a todas las que pasan, y claro, yo también las miro y me digo:

–Ssss, no te quejessss.

Pero claro, yo, que tengo mi casa calentita, mi sofá calentito y un dolor de pies de llevar tantos calcetines, me están dando unas ganas de explicárselo así con un par de palabritas bien dichas… Pero no, que hoy me he levantado con los rayos del sol y no quiero que se fastidie el día. Y nos ponemos a hablar, y me dice que es muy sincero, que es muy simpático, muy sociable, muy muy requete muy.

Hasta que va y mira a otra y voy y le digo:

–¿Has visto qué guapa es la chica que acaba de pasar?

Y él me dice:

–Está imponente, ¡vaya delantera que tiene!

No, si la verdad, sincero es el muchacho, y tengo que admitir que yo eso lo valoro mucho, pero en esta ocasión se podía haber callado el muy requete muy .

Cuando me ocurren cosas de este tipo a mí se me activa la imaginación y se me ocurren unas ideas…  Me empiezo a quejar del frío, del dolor de pies, de lo mala que está la cena, hasta me invento quejas, una tras otra, como que me duele la cabeza, o la mano, da igual y quejándome quejándome, consigo quitarme al pretendiente no deseado de en medio.

Regreso a casa con una sonrisa, porque al final, el día que amaneció con rayos de sol, lo termino con una tremenda sonrisa, porque las quejas, bien utilizadas, son muy requeté muy divertidas, pero yo de eso no me quejo.

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MI COMPAÑERO, MI AMOR DE CADA MAÑANA
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Mar y Cleo | 26-01-2014 | 13:12| 0

Si no fuera porque sé que cada mañana me rozas los labios, me acaricias la lengua, me calientas hasta sentirme ardiendo por dentro… estoy muy segura de que jamás apartaría de mi piel las sábanas que tan dulcemente me han cobijado durante toda la noche. Y como si un ritual bien aprendido me abdujera, me siento en el borde de la cama, noto cómo el frio mañanero recorre ese camino ondulado de mi espalda que va de cadera a cadera, pasando por unos simpáticos hoyuelos ahí donde la espalda pierde su nombre, y siento que se me eriza la piel… entonces alargo la mano y ahí está, como siempre, porque yo soy la mar de previsora, dejo que escurra desde mi cabeza para que la seda del camisón se pega a mi cuerpo como una segunda piel, aunque es curioso, siempre acaba el tirante izquierdo cayendo poco a poco, así como si se rebelase y se negara a sujetar y poner en su sitio un escote que ya es lo bastante generoso como para que asome algo de lo que debería estar cubierto, pero yo lo dejo estar, jamás he mantenido un reto con nada ni con nadie recién levantada, y mucho menos sabiendo que ahí estás esperando a que llegue yo a disfrutarte.

Tu aroma me envuelve, me eleva y me lleva hasta cerrar los ojos para que la realidad no consiga hacerme bajar de esta nube desde la que cada mañana despego, vuelo y, raramente, aterrizo sin haber estado antes en el más allá, y hasta creo que alguna vez me has llevado hasta el más acá, no lo recuerdo bien.

Acerco mis manos, quiero acariciarte, quiero llegar a sentir tu alma y que seas tú el que me invadas los sentidos. No tengo prisa, ya lo sabes, cada amanecer es tuyo, es nuestro, es mi placer secreto y no pienso, ni quiero compartirlo con nadie. Me da igual con quién haya reído o cenado la noche anterior, el sol nace cada mañana para ti y para mí, para nosotros solos y nadie más.

Te acerco mis labios, sigues siendo el mismo, no has cambiado ni una pizca, y eso me da seguridad, voy despertando de los sueños de la noche, y poco a poco rozas mi lengua con tanta intensidad que intento retenerte, pero quiero más de ti, no me conformo con esto, soy insaciable, y tú lo sabes, por eso quiero que sigas ahí, que seas mi primer buenos días, a ti que sé que no me vas a fallar.

Unas veces te noto amargo, aunque nunca sé si la culpa es tuya o mía, en otras ocasiones estás fuerte y me contagias, yo soy así, y el resto del día te quedas gravado en mí, y por donde paso, voy desprendiendo una mirada que pocos se atreven a contrariar. He de reconocer que hay días en los que también soy capaz de guardar esa dulzura extra que me añades al alma, y entonces, al caminar dejo que mis tacones acaricien cada paso con la cremosa suavidad con la que esa mañana hemos amanecido.

Suave, ardoroso, placentero, intenso y cálido… así es como yo te quiero, y así es como tú te entregas a mí. Te dejo humear, me encanta que toda la casa huela a ti. En grano eres duro, brillante, misterioso, inaccesible, pero lo ganas todo en polvo, entonces me dejas saborearte, me permites hacer contigo lo que quiera, porque eres único, el mejor cóctel para un amanecer, un atardecer o para un después de… ahora que ya no fumo.

Mi fiel compañero de cada mañana, tú jamás te vas a medianoche, ni se te ocurre salir corriendo porque tienes una reunión a primera hora. Sé perfectamente que no siempre se puede desayunar con el que se cenó, pero tú en cambio jamás faltas a nuestra cita, sea la hora que sea, lunes o sábado, sabes esperar a que mi cuerpo, mi mente y mi alma se alineen como los planetas, abandonen la cama, el sueño y el más allá, y por fin aparezca en la cocina, con ese tirante caído, con mi melena alborotada, con esa cara mía tan de mañana, pero con una sonrisa que bien sabes tú que es a ti a quien se la dedico.

Entonces, comienzo a oír plof plof plof, y sí, ahí estás tú, café oscuro, espeso y cremoso, que vas llenado mi taza y tu aroma me contagia y me llena los sentidos.

–¿Qué haría yo sin ti cada mañana? Sé muy bien lo que hago cuando otros faltan, pero contigo creo que me volvería loca, eres mi luz, mi alegría, mi despertar, eso es, eres la sinrazón que me arrastra hasta subirme a los tacones y echarme el mundo a la espalda y mandar las penas y las preocupaciones al carajo.

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YO SOY ESA, SOY LA EX
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Mar y Cleo | 19-01-2014 | 12:02| 4

Durante mucho tiempo reconozco que he pecado de ingenua, cándida y la más crédula del planeta. Cualquier cosa que me contaran, iba, y no solo me la creía, sino que además la sufría como si me hubiera pasado a mí. Pero, y como siempre, en  todas las buenas historias hay un pero, ya no lo soy, sí, ahora en lugar de ser la inocente del cuento, parece ser que me he convertido en la bruja, o eso es lo que me dijo uno, que ha dejado de ser uno, para convertirse en uno de mis ex.

Tiene gracia, desde el mismo momento en que alcanzamos el título de ex, ex-novia, ex-posa, ex-amante… ganamos otras curiosas cualidades que, hasta ese momento, nunca se le habría ocurrido otorgarnos; aunque a decir verdad, con la que más se sienten desahogados es cuando por fin nos llaman: bruja, o mala bruja, si es que ya tiene recambio y no tiene muchas ganas de darnos explicaciones, y además lo único que desea es que nos ofendamos tanto, tantísimo, que no queramos saber de él nada más en la vida, y así de paso él consigue el camino allanado para la conquista de esa su nueva pichurri. Él, ese que ahora ya por fin ha empezado a teñirse el pelo, o el poco que le queda de su varonil cabeza, por la estremecedora razón que acaba de entrar en su quinta adolescencia.

Pero es en este punto en el que tienes que empezar a preocuparte, porque con lo de bruja quizá te has quedado corto, puede que también llegue a ser una chupasangre, tu peor parásita, e incluso convertirme, si me esfuerzo un poco, en la mejor amiga de tu nueva conquista… y va a ser ahí cuando definitivamente estarás seguro de que con lo de mala bruja te quedaste corto, muy cortito, vamos que el ingenuo me temo que eres tú.

Y claro, ahora toca la pregunta del millón:

–¿Y para qué querría una mujer hacerse amiga de la pichurri del ex?

–Pues está clarísimo, por simple y cariñosa solidaridad femenina. ¡Cuánto me habría ahorrado yo si la ex del que ahora es mi ex hubiera querido ser mi amiga!

Y yo, como para estas cosas soy muy formal, organizaría una merienda de chocolate con churros, y entre churro y churro, confidencia por confidencia, y al final las dos tan amigas y hasta dándonos las gracias.

Me tiro a la cama, mi cabeza me dice que no, pero mi corazón me dice que sí, que la llame, que seguro que acaba agradeciéndome que le avise de que se olvide de los domingos románticos tirada en el sofá abrazada a él, a cambio podrá disfrutar de comer la paella de su mamá y además no deberá olvidar de poner cara de emoción porque el arroz pastoso está riquísimo. Y por descontado, empieza a olvidarte de ese macho-men que es capaz de hacer varios asaltos en una sola noche, porque enseguida comenzará un estrés que le acompaña cada vez que se cruza con su jefe por un pasillo, también puede que el dolor de garganta le llegue a durarle varias semanas seguidas y lógicamente cuenta con lo del madrugón o esa infinita lista de posibles imposibles que harán olvidarte de su hombría para una buena temporada. Pero lo que te ruego es que no te hagas ilusiones con más cenas románticas de esas con las que hasta ahora ha intentado conquistarte, porque ¿tú conoces al repartidor de Telepizza de tu barrio? Tranquila, acabarás siendo su íntima amiga, es el hombre que más veces va a llamar a la puerta de tu casa en los próximos meses.

Porque digo yo, que si hubiera tenido la ocasión de hablar con la que me precedió, a lo mejor esa verruga con pelos que, según él, ella tenía de bruja no era para tanto… por cierto, ¿al final se quedó con su coche porque ella era la única que le ponía gasolina, le pasaba la ITV, pagaba el impuesto de circulación y le llevaba al taller, o eso solo me pasó a mí?

–Mejor me hubiera ido si hubiera hecho amistad con las ex, ahora tendría una agenda en mi móvil llena de buenas amigas, en lugar de esta larga lista de ex, que encima, como soy como soy, me da cosa de dar a eliminar de mis contactos.

–¡Ni se te ocurra hacerlo, a un ex nunca lo borres del móvil, o corres el peligro de descolgarle una llamada por no tenerlo identificado! ¿Ves? Mis consejos a cambio de los tuyos, así somos nosotras.

Pues eso, porque yo fui esa mientras que la otra que aún no era ex lloraba, y luego fui la pichurri, y de ahí pasé a ser su amor verdadero y ahora… ahora yo soy esa, soy la ex.

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TACONEA CON FUERZA
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Mar y Cleo | 12-01-2014 | 11:41| 0

A estas alturas de mi vida me doy cuenta de que estoy rodeada de hombres y mujeres que andan solitos por el mundo. En Internet hay páginas que me prometen amor, amistad, compañía… cualquier cosa que no signifique soledad. ¿Es que no podemos ponernos de acuerdo? ¡Organización!  En serio, y es que aunque parezca increíble por cada siete amigas, tengo un amigo, así que, cada vez que celebro algo estoy irremediablemente rodeada de mujeres y, con un poco de suerte, aparece un hombre que termina convirtiéndose en el rey de la fiesta, o cuando conozco a un tío que me gusta, al poco surge una mujer, la suya, claro. Si es que Cupido debe andar hecho un lío con tanta desproporción… pero cuando llego a esa situación hago un giro, me voy con mi madre a regodearme con sus mimos de siempre y así engaño al subconsciente volviendo al punto de partida.

Pero de los días de mal rollo no me escapo ni yo y, aunque salga de rebajas y me mezcle entre la multitud hasta que no pueda más o me ponga a planificar un viaje irrealizable, me da el bajón, porque por más optimista que soy, hay veces que es imposible pasar página de esos días que hubiera sido mejor no levantarse, porque por más que me rodee la gente, yo me siento sola.

Así que en momentos así, lo mejor es dedicarme a las relaciones sociales que se me da la mar de bien, y al menos, como no doy para mucho más, por eso hoy me he dispuesto a pasar un rato con esa gente que hace tiempo la tengo bastante abandonada.

Cojo el móvil y llamo a mi prima, que desde que se echó novio no sé nada de ella, y como no me contesta, sin más, me planto en su casa de visita sorpresa. La encuentro tirada en el sofá llorando como una magdalena, y entre sollozo y sollozo me dice:

– ¡Ay prima, qué guapa estás! ¡Tú sí que sabes y no como yo, que me enamoré de uno del que se enamoran todas!

– ¡Pero si es un tío muy majo! Vamos… con el corazón que tiene, no digas bobadas.

– No, si en eso llevas razón, tiene un corazón grandiiiiísimo, tanto, que al mismo tiempo que yo, cabemos media docena más.

Y es que cada uno tiene su propia soledad. Tengo una amiga que cada vez que llamo a su casa me sale el mismo mensajito del contestador:

– Hola, no estoy en casa. ¡Ya me gustaría a mí…! Pero quizás puedas encontrarme en el supermercado, en el pediatra con los mellizos, en el taller mecánico, en la revisión de la ortodoncia de mi hija mayor…–. Y así prosigue un interminable abanico de posibilidades, hasta que por fin se despide. –Gracias por telefonearme. Por cierto, no intentes llamarme al móvil, está sin batería desde hace 15 días.

Me viene a la cabeza mi inseparable compañera del colegio y sé que con esta no voy a fallar, porque hoy tengo ganas de tomarme un café con alguien y no hay forma. ¿Quién no conoce a la típica chica perfecta que su vida es un mega-plan lleno de proyectos despampanantes? Guapa, lista, alta ejecutiva de su propia empresa, con cientos de hombres a su cargo, de esas que solo con levantar un teléfono caerían rendidos a sus pies un puñado de admiradores. Vamos, ¡divina de la muerte! Hoy viernes seguro que tiene algún planazo irresistible.

–Hola cielo ¡qué gusto que me llames! Hace tanto que no sé de ti… pensé que te habías olvidado. Hoy no salgo, pero mañana si no tienes nada mejor me gustaría que me acompañases a mi última sesión de quimioterapia y después nos vamos a celebrarlo.

Aquel día paré mi mundo y el de todos los que me rodean. Compré el mejor vino que encontré, preparé una cena llena de delicatessen. Saqué lo mejor de mí… y abrí las puertas de mi casa a todos los amigos y amigas que pude recopilar. Solteros, casadas, madres, viudos, en paro, algunos sin clasificar…

Miré a mi alrededor y supe que cada uno estábamos allí con nuestra parte de soledad y nuestra parte de amistad juntas, pero con mucha fuerza. Sé que mi madre y mi abuela han hecho de mí una gran mujer, que mis amigas y amigos forman parte del círculo de vida que me da calor, que yo vuelvo a reír al minuto siguiente de sentirme un poco pocha, y que lo único que importa realmente es tirar  pa’lante como una valiente.

Que se acaban unas fiestas y empiezan otras, ¿acaso no tenemos el mundo a nuestros pies? ¡Pues taconearé con fuerza sobre el planeta Tierra y no dejaré que nada me pisotee porque yo, sola o acompañada, llevo tacones de aguja y bien afilados!

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TENGO PARA DAR Y REGALAR
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Mar y Cleo | 05-01-2014 | 11:59| 0

Desde hace tiempo lo llevo planeando, y este año no se me escapan, de un brinco me voy a subir al camello de Melchor y pienso agarrarme a su cintura apretando bien, que no todos los días tengo la oportunidad de ir a la grupa de una montura real, y además mágica.

Desde pequeñita estos tres personajes me han traído loca, antes porque eran los protagonistas de hacer realidad todos mis deseos y me llenaban los zapatos de juguetes, de los que había pedido y de los que no, también. Porque yo he debido de ser siempre muy buena, cosa que ni yo misma me lo creo, que siempre me las he dado de bruja con escoba o sin ella, pero mira, estos tres sabios de oriente habrán pensado que soy un angelito… Aunque algunas fechorías me han perdonado, que aún me acuerdo cuando le rayé el coche de lado a lado a un indeseable… ¡que yo no soy rencorosa, pero es que tengo muy buena memoria, vaya si la tengo!

Desde lo alto del camello voy a asomarme a muchas de vuestras casas, y de zapato en zapato pienso ser yo la que este año reparta toda la ilusión que pueda, que de otra cosa no tengo mucho, pero de ilusión… ¡ay, de esa tengo para dar y regalar! Y mira lo que te digo, que no va a haber político ni mala noticia que sea capaz de apagar el brillo de mi magia durante todo este año.

 A ti pienso dejarte un puñado de besos, pero de esos apretados que tanto gustan, sí, de esos que mientras te achucho, no te dejo ni suspirar. Para ella, mi mejor sonrisa, o mejor, una enorme carcajada de las contagiosas para que cada vez que estemos juntas parezcamos tontas de remate de tanto reírnos sin parar. Un saco, y de los grandes, de felicidad en forma de estrellitas para los zapatos de tacón de todas mis amigas, y como si fuéramos Campanilla, a cada paso que demos, iremos dejando una estela dorada por detrás nuestra. Voy a repartir calor del bueno para todos aquellos que nos quejamos cada vez que nos metemos en la cama solos y se nos quedan helados los pies y porque no tenemos un trasero al que pegarnos para que se nos caliente el cuerpo. ¡Ah, se me olvidaba! Pienso añadir un par de ceros a la derecha en todas las cuentas corrientes, y que los que ordenan y mandan pongan tasas y manejen a su antojo el IPC, que yo desde lo alto del camello haré que las cartillas de los bancos cambien del color rojo, al negro.

Y cuando esté muy muy segura de que no me he olvidado de nadie, entonces le daré un pellizco a Melchor y le diré:

–¡Majestad, ahora me toca a mí!

Entonces cerraré los ojos, porque aunque ya no soy una niña, yo sigo creyendo en ellos, y mañana mis mejores zapatos de tacón presidirán mi sofá y cuando me vaya a la cama me costará dormirme, y desde el estómago notaré un regustillo de nervios que solo se me pasa cuando por fin me levanto de la cama toda acelerada con los primeros rayos del sol, pero lo curioso es que este año de la cama que me voy a levantar no va a ser la mía… Esta vez mi regalo de Reyes eres tú, hasta tu casa me va llevar Melchor y me dejará bien arropadita bajo tu edredón y rodeada por tus brazos. Pero digo yo, ¿este regalo quién se lo pidió, tú o yo? Sea como sea, yo pienso cerrar fuerte los ojos con la ilusión con la que se piden los deseos, y cuanto más apriete sé que más se van a cumplir, y tú no te preocupes, que con mis ganas y tus sueños, algo bueno saldrá de esta, que para eso se lo hemos encargado a Melchor, Gaspar y Baltasar, ¡y estos tres a mí nunca me han fallado!

Porque a lo largo del año hay otras 364 noches, me niego a que mañana por la noche no sea una noche mágica, que para noches aburridas, sosas o de simple diversión ya tengo el resto del año. Por eso, y si tú aún eres de los que piensa que no hay nada imposible, que siempre estamos a tiempo de que se nos cumplan los sueños y que la vida no está hecha para los insensibles, sino para la gente como nosotros, entonces anímate, da un salto y súbete conmigo al lomo de estos camellos y ayúdame a repartir miles de fantasías y cientos de puñados de amor que seguro alguno nos caerá y… ¡a disfrutarlo el resto del año!

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A DOS VELAS
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Mar y Cleo | 29-12-2013 | 10:06| 1

Ya sé que la tradición manda tener un puñado de buenos propósitos a partir de enero, pero es que yo me los hice la semana pasada. Sí, había decidido salir más de compras y más de bares, y además estaba totalmente convencida de que la marca de mis cremas era un poco barata de más, y pensaba ponerle remedio a partir de ya, tenía claro que me iba a borrar del gimnasio cutre de mi barrio, por uno al que le tengo echado el ojo en el que solo te admiten si demuestras glamur hasta en el coletero, y claro, yo de eso ando de lo más sobrada… Pero todo esto se vino abajo el día 22, ese pálpito que me perseguía a todas horas llegó con forma de bola, vamos que mi número de la lotería y el que salió del maldito bombo no se parecían en nada, aunque casi mejor, porque si encima de no tocarme, va y se parece, es que ya me da algo.

–Esta Nochevieja voy a cenar a la luz de las velas.

–¡Huy qué romántico suena eso… cuenta, cuenta!– me dice una amiga con la que me encuentro por la calle.

–No hija no, de romántico nada, porque a ver quién es el guapo que luego va y paga el recibo de la luz.

Pues eso, que me parece que lo de borrarme del gimnasio al final va a ser una realidad, pienso bajarme la bicicleta del trastero y apalancarla entre dos sillas y ¡ale, ya puedo hacer spinnig en mi salón mientras veo la novela de la tarde! Y como así voy a entrar en calor, pues mira también me ahorro el gasto de calefacción. Y ahora a comprarme el lote del ciudadano ahorrador: un casco con linterna incorporada y así nada de bombillas encendidas por toda la casa, el chaleco reflectante del coche para andar por casa, que como vamos a estar a oscuras, no vaya a ser que nos choquemos unos con otros por los pasillos y terminemos atropellándonos, la nevera por supuesto apagada, total, va a hacer tanto frío en la casa que no creo que necesite una fuente más de frío, y para darle al asunto un toque hippy, pondré velitas por los rincones, que igual visto así no me da tanto el bajón del maldito subidón del recibo de electricidad.

–Es el momento de plantearse un uso masivo de las energías renovables– oigo en las noticias por boca de un encorbatado, que no sé muy bien quién puñetas es, pero el hombre está un rato buenorro.

–Oye, pues me has convencido, contigo me iba yo un rato a gastar energías y seguro que terminamos por entrar en calor, y dispuestos a renovar en cualquier momento, y todo eso, sin coste adicional ni el 11% añadido– le digo yo pegando mi cara a la pantalla del televisor a ver si así me oye el buen hombre.

Como la cosa está chunga, y esto no va solo conmigo, porque al que más o al que menos, le han recortado hasta el DNI, vamos a intentar sacar buenos propósitos, incluso de donde no se ven. 

Yo propongo que a partir del 1 de enero quede prohibido dormir uno solo en una cama, sobre todo para aquellos que tenemos dos plazas y desde hace tiempo anda vacante la otra mitad, es de vital importancia sacar el mayor rendimiento a los recursos naturales de los que disponemos, ¡se terminaron las camas medio vacías! Todos estudiamos aquello de que la temperatura se transmite de un cuerpo a otro por contacto o por frotación… ¿es que hay que ser Einsten para aplicar a nuestras vidas unas nociones mínimas de Física? Pues eso, a frotar y frotar que, o entramos en calor, o puede que se nos aparezca un genio dispuesto a concedernos deseos sin mirar el IVA de las facturas. Y por descontado, todos aquellos y aquellas que tengáis chimenea encendedla, pues esta Nochevieja hay que adornarla con una alfombra, una botella de cava fresquita, besos calentándose y un abrazo rodeándonos, y por descontado, dos velitas iluminando, para que nadie diga que esto está tan mal que la crisis nos ha dejado a todos a dos velas.

Creo que esta vez sí pienso cumplir mis propósitos para el año que viene, porque lo de aprender inglés, perder kilos y dejar de fumar, está claro que es incompatible con la estas fie