Aun hoy sigo teniendo rincones donde oculto mis secretos inconfesables y prohibidos. Ésos son sólo míos. Y me cuido de ponerlos a buen recaudo escondiéndolos detrás de alguna mentirijilla. A Pinocho le crece la nariz y a mí, cuando suelto alguna trola, se me escapa una risita y me pongo a mirarme las uñas haciéndome la loca. Pero algo tendrán los secretos cuando a todos se nos cambia la cara ante la clandestinidad de una confidencia. – ¿Te cuento un secreto?– Le digo a un amigo acercándome tanto que el aroma del café termina por formar parte del misterio. – Cuenta, cuenta… me encantan los secretos de mujer– me contesta frotándose las manos. Publicado por La Verdad el domingo 18.10.09
~~
(leer más…)

