Esta mañana no hay quien me levante, saco tímidamente un pie y me da un escalofrío que me estremece todo el cuerpo, así que me pongo a imaginar que ya es primavera, a ver si con eso Consigo que recorra un poco de calor por mis venas. Miro ese lado sin deshacer de mi cama, el pobre anda demasiado tiempo vacío y oscuro pero, como siempre veo lo positivo a todo, me digo, esto es lo que me gusta, tener mi espacio.
Dentro de poco llega el dichoso día de los enamorados, y las flechas del angelote este de Cupido se han debido de perder ¿O seré yo la que las esquiva? Así que, o me pongo las pilas, o me veo comiendo pipas frente a la tele y sin flores ni corazoncitos, ni arrumacos.
Con la última campanada me prometí que este año me iba a enamorar, y soy de las que cuando me propongo algo, lo cumplo. Así que, manos a la obra, que me pilla San Valentín con estos pelos. Porque digo yo, que el asunto no puede ser tan complicado, claro que lo primero es lo primero, tendré que empezar por descomplicarme yo, a ver si así lo facilito un poco.
–¿Y si pruebas a borrarte de la mente a todos esos que nunca fueron algo, y tú te
empeñaste en que se merecían una oportunidad?
–Pues mal empezamos, porque al principio siempre les veo un no sé qué y me hago ilusiones, pero después aparecen esas miles de pegas que me hacen dar un paso atrás. Anda, que como me tenga que deshacer de ese lote, se quedan solo mi padre y mi hermano –le respondo desalentada a mi consejera amorosa.
Pero yo sé que el amor está en el aire, y también sé que cualquier lugar es bueno para respirarlo, en un sarao, o paseando por las calles o en la cola del supermercado, aunque conociéndome… seguro que voy y elijo la caja que ni tiene cambio, ni pretendientes, y además, es la más lenta.
Cuando queremos conseguir algo, lo primero que nos da es por hacer un reajuste profundo de nuestra imagen, nos gastamos una pasta en la pelu, en cremas, en ropa, en tacones y nos plantamos delante del espejo con nuestro nuevo look y ensayamos posiciones. Barriga metida, pecho sacado, adelantamos una pierna doblando delicadamente la rodilla y ponemos los morritos hacia fuera en plan Betty Boop. Y digo yo ¿para qué? Si luego, jamás de los jamases, vamos con esa pose a ningún lado. Más que nada, porque se partirían de risa.
Pero tanto esfuerzo tiene su resultado, con estos cambios se me ha revolucionado el corazón y otras cosas. Allá por donde voy, las caderas me cimbrearan solas y la melena flota sobre mi espalda. Oye, que me gusto, que me veo la mar de resultona, ¡sencillita que es una consigo misma!
Que esto es lo que hay, y lo que hay me encanta. Así que recupero mi calma, que cuando me da por darle vueltas a las cosas, me lío tanto, que al final me amontono, y me temo que no se cumplirá
nada de lo que me propuse cuando pensé: –¡Uff, otra noche más, y yo aquí solita en mi cama!
Claro que si me pongo a contar la de imposibles candidatos a huésped de mi otro lado
de la cama, igual la que tiene un problema soy yo.
A uno le solté:
–Yo es que necesito mi espacio, y eso, algunos no lo entendéis…
–¿Ah, sí? Pues mira, te coges un cohete, le enciendes la mecha y así te puedes ir
derechita al espacio, que ya verás allí todo el que vas a tener para ti solita.
A otro:
–Es que no es mi momento, no estoy preparada.
–¿Preparada para qué????? –me dijo asustado ante tan ridícula respuesta.
¿Pero es que nadie entiende que yo he tardado mucho en conquistar mis espacios? En mi
armario no cabe ni un pantalón que no sea mío. En mi cuarto de baño, si me aprieto un poco, igual hasta encuentro un hueco para una maquinilla de afeitar, y punto.
Aunque no soy para todo igual, porque no quiero espacios ni rendijas cuando me das un beso. Y en mi cama, hay que dormir abrazados, aunque me ronques al oído y no me dejes pegar ojo en toda la noche. Y cuando me cojas la mano, quiero que me la sujetes fuerte, como si tuvieras miedo de que me escapara.
Este año atraparé el amor que está en el aire, me apretaré contra tu cuerpo, y mi aliento se llenará de aromas de primavera. Y me volverá a recorrer un escalofrío por el cuerpo, pero esta vez no será del frío de la mañana. Y Cupido que se vaya al paro, total, siempre termino yo haciéndolo todo.

