EL QUE QUIERA QUE LO PILLE

Si uno más uno nunca han sumado cinco, ¿por qué me empeño yo en pensar que existe el hombre perfecto? ¿Aquel que vive en mis sueños, ese que me da besos con sabor a fresa y que busca la forma de hacerme feliz con sorpresas? ¿Aquel que, por cosas del destino, aparece un día cualquiera y se encuentra conmigo y sus ojos no pueden separarse de mí y se vuelve único, porque lucha por lo que quiere en contra de vientos y mareas, y consigue conquistarme con una sonrisa vestida de noche?

Pero yo no pierdo la ilusión, y siempre creo que todo es posible, así que no me rindo y sigo erre que erre. Pero como no me fío ni un pelo, procuro que mi razón domine a mi corazón, que no es cuestión de dejar que salga lo mejor de mí a quien no se lo merece, porque al final lo pago yo pasando una mala temporada cuando todo ese dulce amor vestido de mojito se acaba, y conociéndome… fijo que al final viene alguien y la caga:

Una vez conocí a uno de aquellos amantes a la antigua que sólo usan sus manos para sacarte de paseo, y entre bostezo y bostezo se tiene que ir urgentemente a hacer la compra o solo sale después de la siesta. Ese “divertidísimo” pronovio que me había echado, llegó un día y me dijo:

–Estoy confuso.

A este ni con un GPS emocional le aclaro yo las ideas.

–Además, está lo de mi madre. Ya sabes, nunca le gustaste.

Pero ni yo, ni ninguna, ¡ni que fuera la madre de Psicosis! Pues mira lo que te digo, que yo me sé el argumento y no pienso quedarme esperando la escena de la ducha, ¡ni de coña!

–Quizá si nos diéramos un tiempo… y después vemos más adelante qué sentimos.

Aquí ya no puedo reprimirme ante tanta majadería junta, y eso que intento callarme, pero cuando me calientan… se me dispara la lengua y me despacho de lo lindo:

–Eso de darnos un tiempo… ¿es la versión light de “Tú a Boston y yo a California”?

Pero como por naturaleza has sido lento en el entender, y tómalo como un cumplido, vas e intentas arreglarlo:

–En fin, que creo que te mereces algo mejor.

–Ni que lo digas, te tomo la palabra. Buenas tardes. Vamos andaaa, que no estoy para perder el tiempo. Total, nada.

Después de tantas idas y venidas acabo dándole la razón a aquellos que me regalan su compañía y consejos. Pero cuando escucho un: “Lucha por lo que quieres”, me miro y me doy cuenta de que llevo luchando demasiado tiempo, pero quizá solamente por esquivar problemas y que no acaben rozándome, como cuando me subo a mis tacones para estar más lejos del suelo y más cerca de acariciar las nubes.

Pues eso, que de cobardes está el mundo lleno y no voy a ser yo menos, que a algunos les falta mucho valor, mucha hombría para tomar decisiones, y muchos h… Pero claro, a ver quién es el guapo que pasa por encima de los miedos, porque te juro que  hasta yo me acojono.

Cuanto más difícil es la decisión a tomar, más es el gustazo que siento cuando por fin la tomo, pero qué jodido es el camino que une la duda con el éxito. Que sí, que a lo mejor me equivoco, que quizá esto es un puntazo y luego me voy a arrepentir, que mira que si es cuestión de más tiempo…

–Pero nena, ¿a quién quieres engañar a estas alturas? Si la relación no funciona, antes de que caduquen los yogures de tu nevera, lo suyo es que te despidas en plan canción de Pimpinela, te das media vuelta y largo.

Y es que lo mejor de todo es no esperar ni pensar en nada, porque si me da por desear un hombre cariñoso, detallista y correcto, entonces seguro que el pozo de los deseos va y me manda al osito mimosín, ese que no pasa del antebrazo ni llevándolo al huerto.

Así que nada de meditar más. Pues no, ni el corazón ni la razón han ganado, al final la madre naturaleza es la que me ha meneado toda por dentro y me ha gritado a los cuatro vientos:

–¡Nena, tú lo que estás es… pero que muy desaprovechada!

Así que visto lo visto, me da igual que las matemáticas no funcionen en esto del amor, porque este pedazo de mujer seguirá disfrutando con besos sabor a fresa y con risas escondidas en una noche de primavera. Que ni tu madre ni la mía mandan aquí más que la madre del cordero. Y el que quiera que lo pille, y el que no, que se quede vestido de osito de peluche esperando que pasen más primaveras por delante de sus narices.

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