PODRÍA SEGUIR SIENDO BUENA, PERO NO QUIERO

Podría ser buena, que sé hacerlo muy requetebién después de tantos años practicando, pero estoy hasta el moño. Podría jurarte amor eterno, que tantas veces he defendido y apoyado, pero me suena tan lejano que de momento lo dejaré en un proyecto de futuro y prestaré atención a vivir solo el presente.

Pues sí señor, podría ser buena, pero no lo voy a ser. De chica buena soy encantadora, pero con el tiempo sería tan predecible que acabaría por volverme sosa, y no quiero vivir con una mochila cargada de aburrimiento y rutina. ¿Quién quiere ser una mosquita muerta, pudiendo convertirme en tu mosca cojonera? Sí, esa que es capaz de aparecer donde menos te lo esperes y hacerte temblar hasta las pestañas.

No quiero cenas con velitas en restaurante francés, prefiero un desayuno con diamantes. No quiero noches de desvelos por desamor, que yo duermo a pata suelta, le pese a quien le pese. Y no es que no me gusten las carantoñas y cariñitos, que a mí me encantan; pero es que, visto lo visto, al final las lágrimas acaban empañando las mejores historias de amor y claro, si ya no queda historia… para qué seguir llorando.

Te prometo que podría seguir siendo buena, pero no quiero, que de eso ya aprendí y más de una vez me costó reparar mi corazón herido. Así que carpe diem, porque a partir de ahora mala seré, y el que quiera buscarme me encontrará, pero no triste ni cabizbaja, sino con los brazos en jarras y con mi mejor cara, y además, de frente.

Tengo ganas de besar con toda esa pasión que tienen los besos clandestinos en el límite de la oscuridad, de esperar a que ocurra lo inesperado, de pasar una noche de ronda al son de una guitarra, de que los días se junten con las noches y que el sol se líe con la luna. Por eso, cuando hago el amor, lo hago con el ardor de una amante, con la pasión de lo prohibido, con ese deseo que se siente cuando crees que va a ser el último… Porque la verdad, jamás sé cuando voy a volver a pillar cacho, que está el mercado muy mal y una no quiere ver las estrellas con cualquiera. Por eso, cuando doy un beso cierro fuerte los ojos para que nada me distraiga y así solo pensar en un “me muero por seguir besándote”. Y cuando río, todo mi cuerpo se sonroja, y todas las sensaciones me atrapan igual que un puñado de mariposas revoloteando tan libres como yo.

Y al que llegue diciéndome que yo soy la primera, le diré que yo quiero ser la última. Y el que llegue diciéndome que me quiere, le diré que antes de esos te quieros hay muchas cosas, demasiadas. Y que esos te quieros se los siga dedicando a su coche, a su tiempo, a sus sueños, a sus amigos… que yo estoy mejor sin tantas artes ridículas de seducción.

Sí, ya sé, podría ser buena, pero no me sirve de nada. Por eso, a partir de ahora las palabras de amor que salgan de mi boca costarán demasiado caras para ser escuchadas. Un te quiero vale por un te amo, y un me gustas, por un amor mío. Podría seguir siendo buena, pero ya no quiero.

Así que cariño, no te me vayas a morir de amor, porque ¿para qué quiero yo un fiambre en mi cama, pudiendo tenerte vivito y coleando sin tener que llamar a un juez para que levante el cadáver por tan absurda defunción?

Si piensas conquistarme, no hace falta que te pases la vida en el gimnasio, ni que te compres camisas de marca, ni que te hagas la manicura. Escucha un consejo, ese dinerito me lo das a mí, y ya verás como yo lo luzco más, y seguro que tú lo vas a disfrutar mejor.

No me prometas la luna si no me la piensas regalar, que ya no me sirven las promesas. No me regales una estrella, si luego me la piensas quitar en la primera rabieta. Y es que es más fácil de lo que piensas, yo me conformo con que me hagas feliz y, si no tienes ni idea de cómo hacerlo, tranquilo, ya te lo iré explicando para que no te equivoques, que de los astros del universo ya me encargaré yo cuando tú te vayas, porque ¿para qué conformarme con uno solo astro pudiendo tenerlos todos?

Voy a ser una niña traviesa a ver cómo me va, que por lo que he oído tienen fama de pasárselo genial y yo no quiero perderme nada, ¡total, tengo las mismas…! Sí señor, sé que si me esfuerzo podría ser mala, y mala seré.

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