La Verdad

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Autor: MarCleo
Os declaro marido y mujer
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Mar y Cleo | 09-04-2017 | 11:34| 0

¡Oh amor, divino tesoro! ¡El amor, esa locura transitoria que se cura con el tiempo! Es el amor y no otra cosa el que nos da el último empujón para que de nuestra boca brote a borbotones, bien alto y bien clarito ese preludio de infinitos “ya veremos”:

-¡Sí, quiero!

Y como si de un conjuro mágico se tratara, todo se transforma y ya nada es lo que era. Ella deja de ser tu novia para convertirse en tu mujer, tu esposa, tu señora… Pero, ¿y él? A este sí que le ha caído una buena encima, como si llevar una alianza puesta y firmar en un papel fuera cualquier cosa, pero es que la juerga de la despedida de soltero bien merecía la pena, ¿o no? Pero eso sí te digo, sí o sí, ya no te escapas, qué va. Has dejado de ser su chico, con lo guay que sonaba eso. Tampoco eres su novio, que, aunque un poco formal, todavía dejaba una puerta entreabierta al “por si acaso”. Sí, ahora ya eres su…, no, mejor, tras ese: “Sí, quiero” mayúsculo, eres y seguirás siendo para todos los siempres, o al menos esa es la intención, ¡eres su MARIDO! Palabra trascendente donde las haya, palabra con la que te digo todo y no te digo nada, palabra solo superada en gravedad y contundencia por otra: ex-marido, pero eso ya son otros cantares que no vienen al caso, ¿o sí?

Y claro, ahora por fin te levantas cada mañana con el convencimiento de haber acertado y con la creencia de que está todo hecho. ¡Nada más lejos! El título de marido no lleva pegado al culo ninguna garantía. A este diploma le ocurre lo contrario de los que se despachan en las facultades al tenerlo todo aprobado. Siento informarte que este título lo sellan en la universidad de la vida y que hay que ganárselo día a día.

Lo cierto es que a nadie nos dieron un manual de instrucciones, lo único que nos vendieron fue un montón de tonterías que se nos fueron metiendo en la cabeza y así nos va. Las unas buscando al maridito ideal, a su príncipe que ya es más rosa que azul y con este pastel mental no nos queda otra que vestirnos de princesitas, tirar pétalos al aire y creer que nos vamos a hartar de comer perdices hasta el empacho. ¡Cuánta tontuna queda volando todavía de sesera en sesera!

Y por descontado, tú lo tienes claro, tu chica va a ser la mejor en todo, imposible que te falle, ya te has ocupado tú de elegir la más de la más y la pobrecilla ahí empieza un máster acelerado donde el error no cabe y en el final del sprinting diario, aún no sabe que, en lugar de una medalla a la esposa del año, igual le dan una patada en el trasero por perfecta y aburrida.

Pues sí, la realidad es otra. Lo cierto es que aquello de “contigo pan y cebolla” de nuestras abuelas, va a ser que lo vamos a ir jubilando por un “contigo bien, pero si nos vamos de juerga, mejor”.

Esa curva de la felicidad se llama barriga cervecera y ya te estás recortando el alpiste o me busco un cachas marchoso.

El vesti-bata casero, nena, derechito al contenedor del reciclado y lo cambias por una sexy-camiseta en plan “atracción fatal doméstico”.

¿Sábados noche de sofá? Desde luego, ¡con edredoning incluido!

¿Que las croquetas de tu mamá están más ricas que las mías? Solucionado, aquí tienes un tupper y un congelador o, si no, te apuntas a Master chef y así probamos las tuyas.

-Yo os declaro marido y mujer…

Pues mal empezamos, ¿es que alguien tiene que venir a decirme que tú eres mi marido y yo soy tu esposa? Yo sé muy bien que lo soy, lo tengo muy claro. Tan sencillo como que con las luces apagadas siempre acierto si tienes los ojos abiertos o cerrados y eso solo es capaz de adivinarlo un alma enamorada, con papeles firmados o sin ellos. Yo no quiero que nos diga un juez ni un cura todo lo que nos queremos. Porque sí, porque para lo bueno, para lo malo y para lo que nos dé la gana, juntos hasta el fin del mundo.

Cuando yo te diga “Sí, quiero”, prepárate. Porque lo quiero todo y más, y si no estás dispuesto a eso y a otras cosas, tranquilo, tú me avisas y tal día hizo un año. A mí un “Sí, quiero” con la boca pequeña, va a ser que no; un “Sí, quiero” de cobarde, va a ser que tampoco; un “Sí, quiero” de mentira, ni lo intentes.

Me muero por un: “Puedes besar a la novia”, porque te advierto que yo empiezo por un beso, me lío y me lío y a saber por dónde acabamos.

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Sin saber cómo ha venido
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Mar y Cleo | 02-04-2017 | 11:07| 0

A mí es que me da igual si los escaparates proclaman que ya es primavera o no, lo cierto es que yo tengo mi propio calendario infalible, así que, desde aquí, anuncio que a mi cuerpo le ha llegado la primavera y proclamo a los cuatro vientos que estoy que me salgo.

El primer síntoma fue una noche en la que me desperté toda alborozada sin saber si lo que estaba sintiendo era frío, calor o las dos cosas al mismo tiempo. ¡Como con el edredón me asfixiaba, solución infalible e inexplicable pero funciona, saqué una pierna fuera…! Y entonces qué, pues eso, el pie helado y el cuerpo ardiendo. Está claro, sin saber cómo ha sido, la primavera ha venido.

Y entonces llega el lío, y mi coche se convierte en un fondo de armario. En la tempranera me enfundo lo que pillo y me lío un pañuelo porque luego con el aperitivo me gusta lucir escote. Y así voy, como las locas, ahora me tapo, ahora me destapo, ahora enseño y ahora me arrepiento y ahora me toca ir corriendo y sacar del maletero alguna chaqueta que solucione este desaguisado. ¡Ay, si es que nadie sabe cómo ha sido, pero la primavera ya ha venido!

Y con tanto desatino, porque eso de ver el día anterior el parte meteorológico no va conmigo, nunca acierto. Es más, es que, hasta me hago la ilusión de que poniéndome ropa de colorines y minifaldas estampadas es como si estuviera diciéndole al tiempo que me dé la razón, que ya lo que toca es el solecito y las terrazas. Y yo que sí, y el día va y hace lo que le viene en gana, y al final, pues eso, que me termino gastando la mitad de mi sueldo en mocos y clínex. Pero me niego a reconocer que me he resfriado por presumida, así que la versión oficial es que tengo alergia, no sé a qué, pero eso da igual porque cuela. Ya se sabe, es primavera  y, aunque nadie sabe cómo ha sido, ha venido.

¡Qué fácil sería todo si solo fuese cuestión de quitarse o ponerse un chaquetón! A mí es que esta estación me corre por las venas, me acalora los por dentros, me arde un no sé qué, que lo mismo me da por saltar como una quinceañera que por tirarme al sofá y no querer saber nada de nadie. Y entonces me entra la llorera y, por más que cambio de canal o de emisora, todo lo que oigo me remueve aún más. Hasta que de pronto, me suena el móvil, se me llena de whatsAaps con emoticonos, chistes marranos y citas clandestinas. De un salto me paso una toallita por la cara, me doy unos toques de mi maquillaje quitapenas y estoy lista para la guerra. Si es que ya se sabe, al que más o al que menos la primavera le ha llegado y, aunque no sepa ni cómo ni cuándo, ha venido.

Pero si hay una señal inequívoca es esa mañana en la que me despierto y, sin abrir los ojos, ahí están todos los sentimientos removidos y revoloteando. Igual me da por acordarme de mi primer novio y de sus besos, como que me viene a la cabeza el último de mis pretendientes y me dan ganas de cortarme las venas por haberle despachado en uno de esos prontos tan míos. Y me arrebato, y tengo ganas de llamarle y decirle un montón de cosas, y empiezo a planear en mi cabeza una cenita de reconciliación, y ya me veo yo ahí, monísima, con velitas encendidas, taconazos de aguja y vestidito con glamour. Y de pronto me da el bajón, ¿y si no viene a la cita? ¿Y si no me coge al teléfono? ¿Y si mejor llamo a mi primer novio en lugar de al último? ¿Y si…? ¿Pero realmente estoy preparada para que todos estos “Y si…” se vuelvan contra mí? Un día, hace tiempo ya, me puse una norma irrevocable: “Jamás tomaré decisiones en la cama”. Recomiendo que esta norma se aplique en el más amplio sentido, o sea, tal y como se entiende y tal y como se sobreentiende. Así que me toca hacer caso a lo aprendido tras muchas meteduras de pata… por mucho que la primavera haya venido.

Con frío o sin él, con estornudos o sin ellos, con chaquetas o sin ellas, con edredón o sin él, con el corazón revuelto o con los sentimientos despiertos, lo cierto es que cada año el olor de azahar me persigue por donde paso, las flores despiertan mis sentidos aletargados de tanto invierno y la brisa fresca, que entra por mi ventana cada mañana, me recuerda que es tiempo de amor y que o me espabilo o la primavera se me pasa, sin saber ni cómo ha venido ni cómo se ha ido.

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Guerras y paces
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Mar y Cleo | 26-03-2017 | 11:39| 0

Hay guerras que no se sabe bien quién las declara, ni cómo ni cuándo comienzan. Y sin que me diera cuenta, de pronto, me encontré en campo enemigo en pleno fuego cruzado. Y entonces comenzó el atrincherarse, el no cogerme el móvil, el bloquearme en todo lo bloqueable y desde ese enroque te llegó la cobardía sin dar la cara ni explicaciones, un hasta luego Lucas y un ahí te quedas, así, sin más. ¿Qué hacer con una declaración de guerra en toda regla, sin merecerla ni saber a cuento de qué viene?

Y en ese sinvivir se aprende a vivir. Al principio tuve ganas de plantarme en tu cara y soltarte un: “¿Y a ti qué puñetas te ha picado para que me despaches así, sin un porqué?”. Pero decidí descolocar al contrario, es mejor ser impredecible. En lugar de tomármelo a la tremenda, te pagué con tu misma moneda y saqué toda mi artillería al grito de: “¡No hay mayor desprecio que no hacer aprecio!”. Y entre tus desprecios y mis no aprecios, la batalla se convirtió en guerra fría, y ni tú ni yo, ni yo ni tú nos dijimos más, y mientras, el enemigo se frotaba las manos desde su escondite. Por la misma puerta que viniste, te fuiste, y tal día hizo un año, o dos, o tres… ¡perdí hasta la cuenta!

Durante ese tiempo no me faltó quien me viniera con el cuento de tus devaneos, idas y venidas, escarceos y desatinos; y yo lo escuchaba, y me decía, a mí plin y seguía mi camino o eso creía. No me permití flojear, tengo un principio inamovible: “Lo que es para mí, es para mí, y lo que no, no”. Y como  hasta ahora seguía en el lado del no, entonces yo, a lo mío, que así debía ser.

Pero el tiempo, el azar y los planetas de vez en cuando se alinean, unas veces en mi contra, aunque otras, en cambio, lo hacen para darme la razón. Esa razón que yo siempre supe que tenía. Y allí nos pusieron a los dos, bajo un mismos techo, sin escapatoria y ante un sinfín de gente; así que lo de hacer un numerito de despecho o de amor platónico estaba fuera de toda posibilidad. Las buenas formas, el saber estar y el qué dirán iban a ser padrinos y testigos de este reencuentro esperado, desesperado e inesperado.

Y ahí estás tú, y aquí estoy yo. Tú sigues tan Cortefiel como siempre y yo tan Loreal como antaño. A dos pasos y a cientos de pálpitos tuyos, yo. A miles de noches más adormecidas que olvidadas, tú. Y el destino tira de ti. Y la suerte te empuja hacia a mí. Sin palabras, sin lágrimas. Tu mano y la mía, mi mirada en la tuya, tu abrazo contra el mío firmando de un solo apretón la paz de Versalles y la pipa de la paz juntas, todo de una vez. Una guerra en la que nunca hubo vencedores ni vencidos, tan solo enemigos colaterales, esos que, curiosamente, al final pasaron a la historia con más pena que gloria y con todas sus batallas perdidas, batallas de esta guerra que jamás debería haber comenzado. La paz me dio la razón, que no la victoria.

Donde hubo fuego, quedan rescoldos. Donde hubo un “ahí te quedas”, queda un “a mí no me la vuelves a dar”. Y comienzo un nuevo camino con un alma acorazada con temor a salir despedazada otra vez sobre un campo de minas abandonado, ¡qué buena oportunidad de la razón para ganar al corazón! Y de pronto sale a flote todo el amor escondido tras la recámara de las balas de fogueo, a la pasión carnal toca sujetarla tras la línea de fuego y con tanta presión explota la belleza de los sentimientos aletargados, la amistad sin resquemores, sin reproches, con disculpas, desde las entrañas. Ni tú me debes nada ni yo te lo voy a reclamar, para qué hacer las cuentas de los días y las noches que pasé esperando una razón a este sinsentido. Lo que un día no supe ni pagando, hoy nos lo contamos gratis, sin atropellos, sin suposiciones. El tortazo que te mereciste, me lo voy a ahorrar, el mamporrazo ya caducó. Y te miro, me sonrío y por dentro me digo: “Si no nos hubiéramos declarado nunca esta guerra absurda, ¿estaríamos aquí ahora juntos helándonos el corazón para no rozarnos el alma?”.

Desando mi camino hasta ti, tranquila y con el convencimiento de haber acertado en esta vida, o quizá sea la vida la que ha acertado conmigo. Sigo adelante con la sensación de que cada instante es mío. Sabemos que lo nuestro se queda en nuestro, pase lo que pase, tú y yo siempre seremos nosotros. Esta guerra sucia tuvo su perdedor: el enemigo colateral que la comenzó creyéndose el ganador.

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A la tercera va la caída
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Mar y Cleo | 19-03-2017 | 1:55| 0

Desde luego es que por variedad de amigas no me puedo quejar. Las hay enamoradísimas, también otras casadísimas, unas cuantas desencantadísimas y, alguna que otra, un poco hartísima. Pero de todas, hay una que me tiene especialmente preocupada, porque anda un poco desaparecida y no sé por dónde pillarle la pista, y eso que esta no es de las que cuando se ennovia nos deja olvidadas a las demás. Mi querida amiga siempre me ha tenido al corriente de todos sus ligues, desligues y otras historias. Eso sí, de sus amores sé poco o nada, porque ella es un hueso duro de roer y me da a mí que nunca ha andado muy sobrada de corazoncitos, ni en sus emoticonos.

Dicho y hecho, me lancé y no tardamos ni una pizca en ponernos de acuerdo para la cita. Y así quedamos, la tarde del viernes se convertiría en un principio sin final, ni relojes ni prisas, sin post-citas que nos cortaran el rollo cuando estuviéramos en lo mejor. Han pasado demasiados meses sin vernos y seguro que hay mucha chicha pendiente por contarnos; bueno, más bien será ella la que cuente porque lo que soy yo… ando ya una buena temporada en el dique seco amoroso, sexual y virtual. ¡Madre mía, qué desatinada que está mi vida!

Ahí viene, sigue estando tan chic como siempre, si es que mi rubia no cambia nunca… Esa melena tan Loreal, esos andares tan Betty Bo y esa sonrisa tan ella misma. Se acerca y me abraza y en ese abrazo se apiñan las miles de horas sin hablarnos, todas las tardes sin contarnos y montones de secretos pendientes que jamás revelaremos a nadie, que nosotras antes muertas que bocachanclas la una de la otra. Y en ese abrazo noto algo raro, un “menos mal que me has llamado porque yo no estoy bien y solo tú me sabes entender”.

¡Qué no podrá solucionar una buena amiga y un par de cañas! Y la tarde da comienzo lentamente, y nos vamos contando, y nos vamos preguntando, y vamos cotilleando de unos y de otros, y llegamos al presente y entre risa y risa se le escapa una lagrimita. De repente deja su mirada dispersa, mientras que su corazón y sus palabras comienzan a latir al compás, unas veces desde la razón y alguna que otra también desde el corazón:

-Nos conocimos por casualidad, ya hace unos meses de eso. Él decidió tirar de mí y yo decidí dejarme llevar. Y todo iba bien, ya sabes cómo soy, sonrío, soy feliz, pero al final siempre continúo mi camino, nada de quedarme por si acaso. Y él siguió haciéndome sonreír, y, sin darme cuenta, mi risita floja pasó a carcajada tonta. De pronto noté que nos teníamos ganas, aunque la verdad no sé cuál de los dos tenía más. Y con todas esas ganas se nos fue el coco y nos dio por chocar las copas de las ganas con cava y con más risas, con cava y con más besos, con cava y con lo mucho de todo y con más de lo demás. Y a aquel día le siguió otro, y ese segundo día continuó sin cava pero con mucha más pasión y el tercer día… en su último abrazo, en su último beso, en su último gemido, ¡me creí morir!

-¿¡Morir!?

-¿Y sabes qué? Que me giré, le miré y me salió del alma y así se lo solté: “¡Ahora sí que la has jodido!”. Y él me miró no sé si acojonado o tronchado de la risa. Desconcertado por dentro, pero con subidón por fuera, me sonrió y no tuvimos que decirnos nada y nada nos hemos dicho desde ese día, aunque nos lo hayamos dicho todo. Yo ya no soy yo, ahora ya ni sé… Uff, ¿qué hago con todo este runrún por aquí dentro?

Si es que esto del amor es un lío, ¡ay, ese sinvivir…! Ella, que toda su vida había sido de las aquí te pillo y aquí te mato, a mí un tío no me complica la vida, que yo no me ato a nadie. Y mírala ahora, un suspiro con otro, una caída de ojos con un parpadeo, a un “¡estoy tan feliz como una perdiz!” le sigue un “¡cuánto me gusta!”.

-La culpa de todo la tiene el número tres, si es que no falla, el número tres es muy peligroso. Como en esa primera vez sea un artista y se te cuele dentro, ¡ni loca te dejes llevar a la segunda y ni mucho menos a la tercera, porque a la tercera… va la caída!

Y mi querida amiga anda levitando y me cuentan que él también flota a un palmo del suelo, loquito por sus huesos. Y oye, que si es cosa de equivocarse tres veces seguidas y a sabiendas de que voy directa al matadero, pues yo igual hasta me dejo equivocar y requetequivocar.

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Del “Kamasutra” y otras historias
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Mar y Cleo | 12-03-2017 | 10:08| 0

Hace tiempo que decidí ahorrarme el dinero de terapeutas, coach y toda clase de milagreros emocionales. La mejor cura para mantener a raya mi salud sentimental es una chupi-cena con mis queridas amigas. Como chaladas un poco estamos todas, pues no hay mejor remedio que un loco curando a otro. La reunión de hoy promete porque la que convoca nos ha mandado al grupo este mensaje: “Cómo vivir el Kama Sutra y no morir en el intento” y ha adjuntado una foto de lo más sexy de su pierna escayolada, y hasta aquí puedo leer. Con su relato comienza una velada disparatada:

-El muy… va y se toma en serio eso del salto del tigre. Y yo que le veo trepar por la silla para empinarse al armario, y yo que le digo mira, que igual esto no es buena idea, y él que sí, mujer, que yo soy una fiera para estas cosas. Y yo que noto que la silla cojea, y él que pasa del salto del tigre al del Tarzán con la lámpara de techo, y yo que desde abajo veo haciendo din-don todo lo que cuelga, incluida la lámpara, y él que se viene arriba y suelta el alarido del rey de la selva al tiempo que se desmorona la lámpara, y él que aterriza con todo su ser y sus atributos enredándose en el cable, ¡zas y todo cataplum!  ¡Y ahí estampados acabamos todos: el somier, el colchón y el fiera! ¡Y yo con una pierna mirando para Albacete y la otra para Melilla!

Y mientras intentamos imaginarnos la escenita con la pobre de mi amiga en picardías y su Tarzán particular llamando a urgencias sin el taparrabos puesto, suelta la de mi lado:

-Pues entre mirar a Albacete y Melilla, todavía te digo yo que lo de acabar mirando para Cuenca puede resultar mucho peor si el macho machote no sabe mucha geografía y no afina bien el tiro…

Lo cierto es que después de oír a unas y a otras tengo yo mis serias dudas de si el personal masculino es tan talentoso como algunos presumen. Y entonces toma la palabra la que tengo al otro lado:

-Tampoco es para tanto, porque vosotras, mejor o peor, al menos tenéis algo que contar… A mi chico últimamente le ha dado por ir al gimnasio, pero no en plan musculitos, qué va, este va a pilates y ale, pierna para arriba, contorsión para abajo, ahora a controlar la respiración, postura de gato y así quietecito durante un buen rato. Total, que aburrirme me aburro hasta decir basta.

Y todas, que conocemos a su chico, no podemos disimular las carcajadas intentando imaginárnoslo con su barriguilla cervecera haciendo de gurú erótico. Y para risa, la que de pronto le da a mi mejor amiga:

-¡Eso, eso! Un circo es lo que vamos a terminar montando entre todas, a ver si así al menos mi último pretendiente mejora. Ya ni llevo tacones ni nada, y aun así el pobre tiene que dar un saltito para darme un beso, fijo que este acaba cogiendo un taburete. Si ya lo digo, nosotras montamos un circo y nos crecen los enanos…

Y de pronto veo que la amiga de mi amiga no se ríe ni cuenta nada, entonces voy y le suelto:

-Se ve que a ti te va de fábula porque estás tan callada… será que no tienes ningún antecedente desastroso en tu curriculum erótico-festivo.

-Yo lo que no tengo es curriculum, ni erótico ni festivo. Vamos, que toda mi vida sexual es un auténtico desastre por falta de imposibles catástrofes sexuales.

Y la noche sigue entre risas y alguna que otra postura olímpica, que para mí que son más del record Guinnes por desatinadas, que por orgásmicas. Me vuelvo a casa con el cuerpo nuevo y el alma renovada. Me acabo de quitar una espina que llevaba desde hace tiempo ahí dándome el follón… ¡y yo que creía que era una modosita y que me faltaba hacer algún máster para conseguir el nivel de experta en cuestiones de citas amorosas! Pero no, que por lo visto ya está todo inventado y yo no pienso jugármela con experimentos, que el que quiera vivir sensaciones arrebatadoras y estratosféricas que se vaya al circo y salte a la pista de espontáneo, a ver si allí le hacen la ola cuando intente dar el triple salto mortal sin red.

Yo, por si acaso, seguiré tranquilita a mi aire y a lo que controlo, que soy de las que prefiero apostarlo todo a ganador y salir victoriosa, aunque no me lleve un record olímpico ni tampoco una pierna escayolada. ¿Qué parezco una sosaina? Bah, a mí no me van los kamikazes y a las aspas de mi ventilador no se agarra ni el gato.

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