La Verdad

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Fecha: febrero, 2017
Besos con lengua
Mar y Cleo 26-02-2017 | 10:24 | 3

Siempre me he preguntado la razón por la que a veces somos tan impredecibles. Cómo es posible que si la primera cerveza de nuestra vida nos parece repulsiva, con el primer cigarro nos dan ganas de morirnos y el primer beso es lo más asqueroso que hemos hecho jamás, entonces por qué nos da todo igual y al primero siempre le siguió un segundo, un tercero y así hasta hoy. Incomprensible.

Recuerdo cuando la más guay de la clase ya se había besado con un chico, o con varios, según contaba ella. Y las demás la mirábamos con admiración, rabia, curiosidad e impotencia intentando descubrir su secreto para ser la elegida entre las elegidas. Mientras nosotras nos conformábamos con ser espectadoras de sus erótico-relatos, ella se iba convirtiendo en la diva de los secretos inalcanzables.

Aquel año me lo propuse, no iba a terminar ese curso sin doctorarme en beso con lengua, no tenía ni idea de cómo conseguirlo, pero yo cuando me pongo, me pongo. Así que aquella tarde estábamos las cuatro de mi chupipandi en la barra, nos pedimos un cubata con sabor a colonia, pues el presupuesto de quinceañera no daba para más. Y entonces lo vi, ahí estaba mirándonos desde el fondo, se acercó directamente al grupito, noté sus ojos clavados en cada una de nosotras y de pronto me sentí abducida por su silencio, su mano en mi cintura y su flequillo despeinado.

Y el momento música lenta llegó al mismo tiempo que su aliento merodeando por mi cuello, reconozco que me fue imposible resistirme. Lo supe en ese instante, mi día de mirar por encima del hombro a la creída de mi clase había llegado, en breves momentos yo también iba a formar parte del selecto grupo de las que llevamos sujetador sin relleno y presumimos de expertas en besos con lengua. La canción terminó, me moría de sed, me había dejado la boca pastosa, un extraño sabor a nicotina amarga y un olor a sudor recalentado. Deseaba salir corriendo, pero estaba loca por demostrarle al mundo que él era el culpable de que por fin perteneciera a las VIP del morreo… y yo derritiéndome a su lado:

-¿¡Te vas ya!?

-Es que he quedado con mis amigos.

Me quería morir, ¿me besa y ahora se larga? Pero ¿qué broma es esta? Pensé que pasaríamos la tarde juntos, que me acompañaría a mi casa, que me pediría salir, que…

-¿Y por qué me has besado?

-Porque de todas tus amigas tú eres la única que no llevas brackets ni tienes granos.

Y así fue mi primer beso de lengua, el acné salvó a mis amigas de este impresentable. Nunca más me lo volví a cruzar y menos mal, porque con el tiempo descubrí que como profesional del beso dejaba bastante que desear y se lo hubiera explicado pero bien clarito, porque los besos pastosos, babosos y de succión no me gustan nada, son vomitivos y los que los dan, me gustan menos.

Lo cierto es que aprendí la lección y desde ese momento el que no supera con éxito la prueba del morreo está nominado para la expulsión. El primer beso es una señal nada despreciable. El que va a ser un pesado besa sin besarte y cuando crees que ya ha terminado, lo retoma y entonces toca otra vez coger respiro antes de que te asfixie. Desconfía de ese otro que entre besuqueo y arrumaco te dice cariño esto, cariño lo otro… pero nunca pronuncia tu nombre, no vaya a ser que se confunda con la de la noche anterior.

Y por fin llegan los labios que saben a miel, el abrazo que atraviesa y toca el alma, la caricia que despierta todos los sentidos y el susurro que me lleva más allá.Y mientras, cierro los ojos para no marearme de tanta pasión, tu lengua y la mía se buscan, se funden y se arremolinan. Besar tus besos es decirnos sin hablarnos, es dejarse caer de espaldas, y sin red, directa a tu corazón. Nuestro beso de hoy es el mismo que mañana me despertará, porque son besos que piden más y porque no hay mejor planazo que besarnos y besarnos hasta que no quede un palmo de mi piel sin el roce de tus labios.

He de reconocer que a la primera cervecita le siguieron unas cuantas y al final le terminé cogiendo el gusto. De aquel primer cigarro hace ya tanto tiempo que de mi vida como fumadora no tengo mucho que contar. Del primer beso novato de pardilla no queda nada, poco a poco fui haciendo cursillos y hoy presumo de poder cantar la copla que dice: “La española cuando besa, es que beeeesa de verdad…”. Pero eso sí, los besos ni se piden ni se regalan ni se venden, hay que ganárselos. Aunque sin duda, el mejor beso… un beso robado.

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The love of my life!
Mar y Cleo 19-02-2017 | 10:02 | 3

Cuando me ocurren cosas inesperadas me quedo bloqueada. Y si esas cosas tienen consecuencias insospechadas, prefiero tener a quien echarle la culpa para no sentirme la dueña de tanta desazón. Esta vez se la va a cargar mi dentista. Nunca he entendido cómo es posible que tres personas de la sala de espera tengamos la cita para la misma hora y como es absurdo, al final alguno acaba esperando, desesperando y más cosas que me callo. Esta vez me ha tocado la china a mí.

Y aquí estoy viendo pasar los minutos, soportando el insulso fondo musical, pasando las hojas para delante y para atrás de revistas cool horrorosas y apretando las mandíbulas por el dolor de muelas que llevo. Y cuando ya he hecho todas las tonterías posibles, saco el móvil a ver si este me ayuda a sobrellevar este slow time que me está matando. Nada, el mundo se ha confabulado contra mí, nadie me manda ni contesta mensajes…

-Bueno, voy a cotillear las fotos del whatsAap. A ver, estos que ponen la foto de un niño… ¿habrán firmado la autorización para el uso de imágenes de menores? ¿Y esta en plan pose caribeña? ¡No estará contento ni nada su fontanero cada vez que vea su perfil! ¡Ay pillina, qué haces tú aquí tan abrazada a tu chico en su foto! ¿Es un aviso a navegantas para que no se les ocurra wasapear con él? ¡Cuánta psicología y cuánta autoestima doméstica! A ti te borro, no tengo ni idea de quién eres. Esta, bloqueada, que se joda, ella me bloqueó a mí. Me salgo de este grupo o lo silencio, ¡uf, cuánto desocupado! Anda, ¡sorpresa…, qué haces tú por aquí!

Nunca he sido muy de creer en los fantasmas, jamás me ha gustado convocar a los que no están, pero claro, es que este, en la vida real, no se ha muerto, aunque yo un día lo diera por finiquitado en mi corazón. ¡La culpa de todo la tiene el dentista! Si me hubiera atendido a mi hora, yo no habría tenido ocasión de perder mi tiempo, no me habría dedicado a registrar en el baúl de los recuerdos y no habría sacado este conejo sorpresa de una chistera.

Quizá no sea casualidad que esté yo aquí aburrida desde hace una hora, es posible que sea una señal… ¿Y ahora qué hago yo con este desasosiego? Noto cómo de pronto se me remueve todo, me están viniendo miles de recuerdos al empujón, qué hago con las sensaciones que buscan por dónde salir para ponerme a prueba, y con estos deseos que estaban agazapados esperando mejores  tiempos… Eres el amor de mi vida, y lo sabes.

Recuerdo nuestras risas, la complicidad con la que fuimos tan felices, ese no hablarnos pero lo sabemos todo, aquellas mañanas de domingo que olían a flores y que siempre empezaban con besos y abrazos, cuando los domingos terminaban en domingos de guardar, de guardar en ese lugar de la memoria donde escondo aquello de lo que nunca voy a arrepentirme. Tiempos vividos, tiempos que acarician, recuerdos que dibujan mi sonrisa y pintan mariposas en la mirada. Ya no quiero que salga la enfermera y diga mi nombre, sueño con dejarme llevar hasta donde mi corazón quiera.

Es posible que llegue a viejecita y no haya visitado las siete maravillas del mundo, que no haya leído todas las obras de los clásicos, seguro que no voy a llegar a juntar tanto como para comprarme un descapotable, pero qué tranquila estoy. Sé que nuestra historia no me la he inventado, presumo de haber sentido el amor en cada palmo de mi piel, no me importa reconocer que te amé con locura, que me hiciste sentir la mujer más mujer que ha pisado este mundo. Somos unos privilegiados, todo el mundo se merece una historia como la nuestra.

Hace tiempo que esto es ya otro cantar. Desde entonces soy más fuerte, encaro la vida desde lo alto. Aquel amor sin medida de entonces me ha llevado a lugares que ya quisieran muchos. Sí, después de ti seguí mi camino, hice un sendero que jamás habría recorrido si tú y yo antes no hubiéramos sido nosotros. Yo sé lo que es el amor, ese es mi orgullo, y el único culpable eres tú.

Vuelvo a mirar tu foto del perfil. Ya no me duelen las muelas. Sigues siendo aquel que un día conocí y del que me enamoré al instante. El tiempo y el azar, como niños traviesos y juguetones, acabarán ingeniándoselas para juntarnos. Entonces nada será igual y todo será como antes. Me gusta deleitarme en aquel amor, ese que ni el tiempo ha podido con él, ese que tengo guardado en un buen escondrijo. El amor que me impregna los sentidos y el que desde el silencio susurra mientras nos lleva a un lugar del que nunca nos marcharnos… The love of my life!

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San Capullín
Mar y Cleo 12-02-2017 | 9:31 | 6

Hay fechas en el calendario para todos los gustos. Están las fiesteras, divertidas, familiares, inolvidables… pero si hay un día al año que puede ser traicionero, no es otro que el dichoso 14 de febrero. Lo cierto es que tan peligroso es olvidarlo como recordarlo, dependiendo lo emparejado o desemparejado que estés, porque como seas de estos últimos, toca soportar el rollo pastelón hasta decir basta.

Y de pronto un día me doy cuenta que en la radio ya no hay anuncios de rebajas, debe ser que ya lo han vendido todo, que ya nadie está de oferta y que la famosa cuesta de enero la hemos superado como hemos podido. Pero no, el enemigo no ha desaparecido, qué va, el malvado está agazapado y, cuando más tranquila estoy, de pronto en las emisoras suenan ese “Bailar pegados” de fondo mientras te restriegan por la cara miles de menús donde vivir la magia del amor al increíble coste de una noche en París, pero sin hacer las maletas y sin torre Eiffel. Y claro, el que más o el que menos, echa cuentas y entre el regalito cursi con mensaje grabado, la cena empalagosa, la copa de después y tal… Pues eso, que quizá el revolcón está asegurado, ¡pero a qué precio!

Hace años tomé una medida para que este día dejara de ser una mancha en mi calendario. Unas veces era por tener que celebrarlo quisiera o no y otros por no tener contra quién disfrutarlo y a soportar el bajón como podía. Entonces opté por que ese día fuera el  perfecto para hacer algo realmente auténtico en mi vida, era el ideal para que jamás olvidara las dos mejores y más importantes decisiones que he tomado en toda mi existencia y así lo hice: tal día como el 14 de febrero es y será el doble aniversario de mi salud física, porque dejé de fumar y de mi salud emocional, porque vi marchar a un personaje innombrable en mi existencia. Y así maté dos pájaros de un tiro, por eso, yo, esté como esté, tengo para siempre asegurada celebración para este día, sola o acompañada, aunque creo que eso es lo más importante.

Y yo me pregunto, ¿quién es el responsable de este revuelo de baladas, corazoncitos y velas encendidas? ¿Cupido? ¿San Valentín? Pues como no lo sé ni me aclaro, yo he decidido que para no quedar mal con ninguno de los dos y, dados los efectos que produce en las almas cándidas que caen en sus efectos, me ha dado por llamarlo el Día de San Capullín. En el fondo reconozco que un poco sí que me gusta, aunque no lo quiera confesar, que me despiertes con mensajitos llenos de emoticonos o que de pronto subas la escalera del trabajo detrás de un matorral de flores a lo Richard Gere…, y eso que estas son solo un par de ideas que doy por si alguien se quiere dar por enterado. Lo dicho, que nadie está libre de volverse ese día un poco capullín y seguro que estamos disculpados.

¿Y si nos diera por vivir el día de los enamorados durante todo el año? A lo mejor no hay cuerpo que lo resista, pero yo voy a hacer la prueba, porque anda que no tiene que dar gusto ni nada un epitafio que ponga: “Murió de tanto amor” y que cada uno piense lo que quiera, si ya lo dice Sabina:

“Porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren…”

¡Y eso sí, si se ha de acabar el amor, que sea de tanto usarlo, como en la copla! Que a mí no me vengas con el cuento ese:

-Pero si ya lo sabes tú, ¿para qué quieres que te diga que te quiero?

Pues mira guapo, nunca pongas aprueba lo que una mujer sabe o no sabe, así que tú por si acaso no dejes de decirme todas esas cosas que supones que sé, no sea que se me olviden y venga otro a recordármelas, porque para entonces ya está el lío montado y no será porque no estés avisado, ¿eh?

Yo no quiero que me lleves a París, quiero que vayamos a París. Yo no quiero que me compres flores, quiero que me regales flores. Yo no quiero que me quieras, yo quiero que nos amemos. Yo no quiero que seamos él y ella, yo quiero que seamos nosotros sin dejar de ser tú y yo. Yo no quiero un solo día señalado en el calendario, yo quiero 365 días de San Capullín con flores o sin ellas, pero llenos de pasión.

Nos guste o no, el día 14 está ahí merodeándonos ya, solos o no, pero eso sí, nunca mal acompañados. Con flores o sin ellas, con o sin cena, con regalito o sin él, y nunca olvides que… ¡siempre nos quedará París!

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Cincuentón erectus
Mar y Cleo 05-02-2017 | 11:15 | 3

Hace tiempo que dejé libre los taburetes centrales de la barra de los garitos en favor de esas que buscan sentir la noche por cada poro de su piel o para las que su autoestima está en ese delicado espacio entre dos cuestiones indiscutibles. Desde entonces decidí que no hay nada mejor que ciertos lugares estratégicos donde observar, sin ser vista o donde tomar la iniciativa de quedarme o salir de allí, sin tener que dar explicaciones.

Y desde esa trinchera de pronto mis ojos se fijan en un prototipo de la noche, en un espécimen denominado cincuentón erectus. Es fácil de identificar, se pasea lo mismito que John Wayne en el oeste con su estrella de sheriff y con una pistola en cada mano dispuesto a disparar a la primera oportunidad. Ojea a la de la barra, se acerca, da un repaso al trasero intentando intuir la delantera… ¡es lástima que ya no se fume en los bares, aquel viejo truco de pedir fuego de su época hubiera sido útil! Aún no está por echar el anzuelo, es temprano y, claro, no es cosa de tirarse a la piscina en el primer charco. De pronto se gira, desde lejos noto que apunta su gatillo hacia nosotras, mi amiga me suelta:

-¡Anda, mira, ahí se acerca el George Cloone de la noche! Uff, ¿por qué no sale algún Velencoso en mi busca?

-¡Tierra, trágame! Este Cloone tiene nombre, apellido y esposa, amiga mía de toda la vida.

Y ahí se acaba la noche de fiesta y comienza la terapia de barra de bar. Y yo le escucho por un oído y por el otro mi amiga me cuenta que se larga, que no está ella para oír más de lo mismo… Otro marido que lleva meses durmiendo en el sofá, otro que necesita espacio, otro que no siente complicidad, otro que está en un momento de su vida que necesita un proyecto que le haga vibrar, otro… que cumple 50 y pretende hacernos creer que está lleno de vida por vivir, en lugar de reconocer que lo que está es acojonado porque esto parece que va en serio, que ya no hay vuelta atrás y que se niega a creer que haya llegado a la cincuentena sin haberlo podido remediar.

Es curioso, tengo amigas de todas las edades y las que no están a tope acabando las carreras, están sacándose los doctorados, los máster o montando su propia empresa. Y de pronto, sin saber muy bien cómo, un embarazo se le amontona con el siguiente y qué, pues que van licenciándose en la vida de madres, esposas y directoras generales de lo que les echen, pero sin mucho tiempo para más. Aunque eso sí, hay tiempo para todos. Cuando se acaban los biberones, llegan los deberes y las prisas de una extraescolar tras otra. También tengo amigas que se pasan las noches de los fines de semana en las puertas de las discotecas, más muertas que vivas, esperando recoger a sus cachorros, y llega la selectividad y todos pasamos el examen, y la universidad de los hijos y… También llega un día en el que por fin tenemos unos minutos y nos miramos al espejo, ¿y? Pues que esa que está ahí necesitaría un retoquillo por aquí, un repaso por allá, pero claro, ahora no es el momento, ya lo pensaré otro día. Quizá ese día es el mismo en el que tu contrario, que también se ha mirado al espejo y después te ha mirado a ti, se dice:

-¡Qué poco se parece mi parienta a las tías de las pelis que veo a escondidas! ¿Qué hago yo aquí perdiéndome un mundo lleno de sensaciones?

Y mientras, mi amiga no se entera, y sigue buscando ese momento oportuno para dejar de dedicarse a los demás, para ocuparse de ella…

A los 50 se llega sí o sí, pero en diferentes ligas, según cómo ande el bolsillo, claro. Y toca comprar el barco, la moto o la bicicleta, y comienzan esos domingos de “necesitar mi espacio”. Ale, ya está la excusa oficial para desaparecer horas y horas… ya luego se verá si es para tanto esta nueva afición o tiran más otras aficiones inconfesables.

Cumplir 50 años puede dar vértigo, es cierto, pero lo que tiene que dar es subidón por no tener que explicar a la que tienes al lado que a veces necesitas un abrazo porque también lo necesita ella; es genial porque para qué apuntarse a un gimnasio, si ella ya sabe que nunca tuviste los abdominales marcados y de paso así dejas de hacer el ridículo poniéndote las camisetas ceñidas de tu hijo. Cumplir 50 es la mejor ocasión para volver a partir de cero, esta vez sin chupetes ni biberones, pero con las mismas ganas de amarnos, con muchísima más sabiduría y menos tonterías que a los 20.

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