La Verdad

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Fecha: marzo, 2017
Guerras y paces
Mar y Cleo 26-03-2017 | 11:39 | 2

Hay guerras que no se sabe bien quién las declara, ni cómo ni cuándo comienzan. Y sin que me diera cuenta, de pronto, me encontré en campo enemigo en pleno fuego cruzado. Y entonces comenzó el atrincherarse, el no cogerme el móvil, el bloquearme en todo lo bloqueable y desde ese enroque te llegó la cobardía sin dar la cara ni explicaciones, un hasta luego Lucas y un ahí te quedas, así, sin más. ¿Qué hacer con una declaración de guerra en toda regla, sin merecerla ni saber a cuento de qué viene?

Y en ese sinvivir se aprende a vivir. Al principio tuve ganas de plantarme en tu cara y soltarte un: “¿Y a ti qué puñetas te ha picado para que me despaches así, sin un porqué?”. Pero decidí descolocar al contrario, es mejor ser impredecible. En lugar de tomármelo a la tremenda, te pagué con tu misma moneda y saqué toda mi artillería al grito de: “¡No hay mayor desprecio que no hacer aprecio!”. Y entre tus desprecios y mis no aprecios, la batalla se convirtió en guerra fría, y ni tú ni yo, ni yo ni tú nos dijimos más, y mientras, el enemigo se frotaba las manos desde su escondite. Por la misma puerta que viniste, te fuiste, y tal día hizo un año, o dos, o tres… ¡perdí hasta la cuenta!

Durante ese tiempo no me faltó quien me viniera con el cuento de tus devaneos, idas y venidas, escarceos y desatinos; y yo lo escuchaba, y me decía, a mí plin y seguía mi camino o eso creía. No me permití flojear, tengo un principio inamovible: “Lo que es para mí, es para mí, y lo que no, no”. Y como  hasta ahora seguía en el lado del no, entonces yo, a lo mío, que así debía ser.

Pero el tiempo, el azar y los planetas de vez en cuando se alinean, unas veces en mi contra, aunque otras, en cambio, lo hacen para darme la razón. Esa razón que yo siempre supe que tenía. Y allí nos pusieron a los dos, bajo un mismos techo, sin escapatoria y ante un sinfín de gente; así que lo de hacer un numerito de despecho o de amor platónico estaba fuera de toda posibilidad. Las buenas formas, el saber estar y el qué dirán iban a ser padrinos y testigos de este reencuentro esperado, desesperado e inesperado.

Y ahí estás tú, y aquí estoy yo. Tú sigues tan Cortefiel como siempre y yo tan Loreal como antaño. A dos pasos y a cientos de pálpitos tuyos, yo. A miles de noches más adormecidas que olvidadas, tú. Y el destino tira de ti. Y la suerte te empuja hacia a mí. Sin palabras, sin lágrimas. Tu mano y la mía, mi mirada en la tuya, tu abrazo contra el mío firmando de un solo apretón la paz de Versalles y la pipa de la paz juntas, todo de una vez. Una guerra en la que nunca hubo vencedores ni vencidos, tan solo enemigos colaterales, esos que, curiosamente, al final pasaron a la historia con más pena que gloria y con todas sus batallas perdidas, batallas de esta guerra que jamás debería haber comenzado. La paz me dio la razón, que no la victoria.

Donde hubo fuego, quedan rescoldos. Donde hubo un “ahí te quedas”, queda un “a mí no me la vuelves a dar”. Y comienzo un nuevo camino con un alma acorazada con temor a salir despedazada otra vez sobre un campo de minas abandonado, ¡qué buena oportunidad de la razón para ganar al corazón! Y de pronto sale a flote todo el amor escondido tras la recámara de las balas de fogueo, a la pasión carnal toca sujetarla tras la línea de fuego y con tanta presión explota la belleza de los sentimientos aletargados, la amistad sin resquemores, sin reproches, con disculpas, desde las entrañas. Ni tú me debes nada ni yo te lo voy a reclamar, para qué hacer las cuentas de los días y las noches que pasé esperando una razón a este sinsentido. Lo que un día no supe ni pagando, hoy nos lo contamos gratis, sin atropellos, sin suposiciones. El tortazo que te mereciste, me lo voy a ahorrar, el mamporrazo ya caducó. Y te miro, me sonrío y por dentro me digo: “Si no nos hubiéramos declarado nunca esta guerra absurda, ¿estaríamos aquí ahora juntos helándonos el corazón para no rozarnos el alma?”.

Desando mi camino hasta ti, tranquila y con el convencimiento de haber acertado en esta vida, o quizá sea la vida la que ha acertado conmigo. Sigo adelante con la sensación de que cada instante es mío. Sabemos que lo nuestro se queda en nuestro, pase lo que pase, tú y yo siempre seremos nosotros. Esta guerra sucia tuvo su perdedor: el enemigo colateral que la comenzó creyéndose el ganador.

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A la tercera va la caída
Mar y Cleo 19-03-2017 | 1:55 | 3

Desde luego es que por variedad de amigas no me puedo quejar. Las hay enamoradísimas, también otras casadísimas, unas cuantas desencantadísimas y, alguna que otra, un poco hartísima. Pero de todas, hay una que me tiene especialmente preocupada, porque anda un poco desaparecida y no sé por dónde pillarle la pista, y eso que esta no es de las que cuando se ennovia nos deja olvidadas a las demás. Mi querida amiga siempre me ha tenido al corriente de todos sus ligues, desligues y otras historias. Eso sí, de sus amores sé poco o nada, porque ella es un hueso duro de roer y me da a mí que nunca ha andado muy sobrada de corazoncitos, ni en sus emoticonos.

Dicho y hecho, me lancé y no tardamos ni una pizca en ponernos de acuerdo para la cita. Y así quedamos, la tarde del viernes se convertiría en un principio sin final, ni relojes ni prisas, sin post-citas que nos cortaran el rollo cuando estuviéramos en lo mejor. Han pasado demasiados meses sin vernos y seguro que hay mucha chicha pendiente por contarnos; bueno, más bien será ella la que cuente porque lo que soy yo… ando ya una buena temporada en el dique seco amoroso, sexual y virtual. ¡Madre mía, qué desatinada que está mi vida!

Ahí viene, sigue estando tan chic como siempre, si es que mi rubia no cambia nunca… Esa melena tan Loreal, esos andares tan Betty Bo y esa sonrisa tan ella misma. Se acerca y me abraza y en ese abrazo se apiñan las miles de horas sin hablarnos, todas las tardes sin contarnos y montones de secretos pendientes que jamás revelaremos a nadie, que nosotras antes muertas que bocachanclas la una de la otra. Y en ese abrazo noto algo raro, un “menos mal que me has llamado porque yo no estoy bien y solo tú me sabes entender”.

¡Qué no podrá solucionar una buena amiga y un par de cañas! Y la tarde da comienzo lentamente, y nos vamos contando, y nos vamos preguntando, y vamos cotilleando de unos y de otros, y llegamos al presente y entre risa y risa se le escapa una lagrimita. De repente deja su mirada dispersa, mientras que su corazón y sus palabras comienzan a latir al compás, unas veces desde la razón y alguna que otra también desde el corazón:

-Nos conocimos por casualidad, ya hace unos meses de eso. Él decidió tirar de mí y yo decidí dejarme llevar. Y todo iba bien, ya sabes cómo soy, sonrío, soy feliz, pero al final siempre continúo mi camino, nada de quedarme por si acaso. Y él siguió haciéndome sonreír, y, sin darme cuenta, mi risita floja pasó a carcajada tonta. De pronto noté que nos teníamos ganas, aunque la verdad no sé cuál de los dos tenía más. Y con todas esas ganas se nos fue el coco y nos dio por chocar las copas de las ganas con cava y con más risas, con cava y con más besos, con cava y con lo mucho de todo y con más de lo demás. Y a aquel día le siguió otro, y ese segundo día continuó sin cava pero con mucha más pasión y el tercer día… en su último abrazo, en su último beso, en su último gemido, ¡me creí morir!

-¿¡Morir!?

-¿Y sabes qué? Que me giré, le miré y me salió del alma y así se lo solté: “¡Ahora sí que la has jodido!”. Y él me miró no sé si acojonado o tronchado de la risa. Desconcertado por dentro, pero con subidón por fuera, me sonrió y no tuvimos que decirnos nada y nada nos hemos dicho desde ese día, aunque nos lo hayamos dicho todo. Yo ya no soy yo, ahora ya ni sé… Uff, ¿qué hago con todo este runrún por aquí dentro?

Si es que esto del amor es un lío, ¡ay, ese sinvivir…! Ella, que toda su vida había sido de las aquí te pillo y aquí te mato, a mí un tío no me complica la vida, que yo no me ato a nadie. Y mírala ahora, un suspiro con otro, una caída de ojos con un parpadeo, a un “¡estoy tan feliz como una perdiz!” le sigue un “¡cuánto me gusta!”.

-La culpa de todo la tiene el número tres, si es que no falla, el número tres es muy peligroso. Como en esa primera vez sea un artista y se te cuele dentro, ¡ni loca te dejes llevar a la segunda y ni mucho menos a la tercera, porque a la tercera… va la caída!

Y mi querida amiga anda levitando y me cuentan que él también flota a un palmo del suelo, loquito por sus huesos. Y oye, que si es cosa de equivocarse tres veces seguidas y a sabiendas de que voy directa al matadero, pues yo igual hasta me dejo equivocar y requetequivocar.

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Del “Kamasutra” y otras historias
Mar y Cleo 12-03-2017 | 10:08 | 3

Hace tiempo que decidí ahorrarme el dinero de terapeutas, coach y toda clase de milagreros emocionales. La mejor cura para mantener a raya mi salud sentimental es una chupi-cena con mis queridas amigas. Como chaladas un poco estamos todas, pues no hay mejor remedio que un loco curando a otro. La reunión de hoy promete porque la que convoca nos ha mandado al grupo este mensaje: “Cómo vivir el Kama Sutra y no morir en el intento” y ha adjuntado una foto de lo más sexy de su pierna escayolada, y hasta aquí puedo leer. Con su relato comienza una velada disparatada:

-El muy… va y se toma en serio eso del salto del tigre. Y yo que le veo trepar por la silla para empinarse al armario, y yo que le digo mira, que igual esto no es buena idea, y él que sí, mujer, que yo soy una fiera para estas cosas. Y yo que noto que la silla cojea, y él que pasa del salto del tigre al del Tarzán con la lámpara de techo, y yo que desde abajo veo haciendo din-don todo lo que cuelga, incluida la lámpara, y él que se viene arriba y suelta el alarido del rey de la selva al tiempo que se desmorona la lámpara, y él que aterriza con todo su ser y sus atributos enredándose en el cable, ¡zas y todo cataplum!  ¡Y ahí estampados acabamos todos: el somier, el colchón y el fiera! ¡Y yo con una pierna mirando para Albacete y la otra para Melilla!

Y mientras intentamos imaginarnos la escenita con la pobre de mi amiga en picardías y su Tarzán particular llamando a urgencias sin el taparrabos puesto, suelta la de mi lado:

-Pues entre mirar a Albacete y Melilla, todavía te digo yo que lo de acabar mirando para Cuenca puede resultar mucho peor si el macho machote no sabe mucha geografía y no afina bien el tiro…

Lo cierto es que después de oír a unas y a otras tengo yo mis serias dudas de si el personal masculino es tan talentoso como algunos presumen. Y entonces toma la palabra la que tengo al otro lado:

-Tampoco es para tanto, porque vosotras, mejor o peor, al menos tenéis algo que contar… A mi chico últimamente le ha dado por ir al gimnasio, pero no en plan musculitos, qué va, este va a pilates y ale, pierna para arriba, contorsión para abajo, ahora a controlar la respiración, postura de gato y así quietecito durante un buen rato. Total, que aburrirme me aburro hasta decir basta.

Y todas, que conocemos a su chico, no podemos disimular las carcajadas intentando imaginárnoslo con su barriguilla cervecera haciendo de gurú erótico. Y para risa, la que de pronto le da a mi mejor amiga:

-¡Eso, eso! Un circo es lo que vamos a terminar montando entre todas, a ver si así al menos mi último pretendiente mejora. Ya ni llevo tacones ni nada, y aun así el pobre tiene que dar un saltito para darme un beso, fijo que este acaba cogiendo un taburete. Si ya lo digo, nosotras montamos un circo y nos crecen los enanos…

Y de pronto veo que la amiga de mi amiga no se ríe ni cuenta nada, entonces voy y le suelto:

-Se ve que a ti te va de fábula porque estás tan callada… será que no tienes ningún antecedente desastroso en tu curriculum erótico-festivo.

-Yo lo que no tengo es curriculum, ni erótico ni festivo. Vamos, que toda mi vida sexual es un auténtico desastre por falta de imposibles catástrofes sexuales.

Y la noche sigue entre risas y alguna que otra postura olímpica, que para mí que son más del record Guinnes por desatinadas, que por orgásmicas. Me vuelvo a casa con el cuerpo nuevo y el alma renovada. Me acabo de quitar una espina que llevaba desde hace tiempo ahí dándome el follón… ¡y yo que creía que era una modosita y que me faltaba hacer algún máster para conseguir el nivel de experta en cuestiones de citas amorosas! Pero no, que por lo visto ya está todo inventado y yo no pienso jugármela con experimentos, que el que quiera vivir sensaciones arrebatadoras y estratosféricas que se vaya al circo y salte a la pista de espontáneo, a ver si allí le hacen la ola cuando intente dar el triple salto mortal sin red.

Yo, por si acaso, seguiré tranquilita a mi aire y a lo que controlo, que soy de las que prefiero apostarlo todo a ganador y salir victoriosa, aunque no me lleve un record olímpico ni tampoco una pierna escayolada. ¿Qué parezco una sosaina? Bah, a mí no me van los kamikazes y a las aspas de mi ventilador no se agarra ni el gato.

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Efluvios masculinos
Mar y Cleo 05-03-2017 | 12:17 | 3

Ojalá que alguien encuentre la barita mágica que nos ayude a descubrir a nuestro verdadero amor, a ese amor con el que decir sí para siempre, con el que poner a prueba la envidia de mi mejor amiga porque sé que es el definitivo y no uno más de la lista de los desatinos.

Lo cierto es que ya no voy por la vida en plan cándida, qué va, ese tiempo pasó. Ahora me he vuelto muy exigente, tengo claro que eso de dejarme comer la oreja la primera tarde y yo creérmelo para después caer en tus brazos, va  a ser que nones. No es que vaya yo de vuelta de nada por la vida, ni estoy resentida; pero ir por ahí de gilipollas, va a ser que tampoco.

Yo ya lo he intentado todo. Me he hecho la estirada al principio, pero con este truco alguno me la coló también. Me he quedado en mi sofá, pero Cupido me dijo que no pensaba venir a tocar al timbre de mi casa. Me borré de lo sofisticado y salí a la calle en plan look natural, con la cara lavada y casi en chándal, y se me notó a la legua que estaba fuera de mi ecosistema, parecía un pato porque yo no sé andar por el mundo sin mis tacones. Le di oportunidades a bellezas interiores y acabaron portándose igual que los guaperas exteriores…

-Total, que estoy asustada. Me da miedo entusiasmarme, no vaya a ser que este me salga rana y yo llene mi cabeza de pájaros y mi corazón acabe hecho un estropajo. Dime, tú ¿cómo lo ves? ¿Te parece que tiene buena pinta? ¿Crees que me puedo ilusionar? ¿Será el definitivo? ¿Me corto ya las venas y empiezo a llorar o es demasiado pronto?- le lloriqueo a mi mejor amigo, sí, ese amigo que nunca ha querido nada conmigo ni yo con él.

-¿Sabes ya como huelen sus por dentros?

-¿Estoy entendiendo lo que realmente he entendido? ¿Te estás refiriendo a “eso”?-le pregunto alucinada tapándome la nariz.

-Hazme caso, desconfía totalmente del tío que, pasado el tiempo de conquista, jamás lo haya hecho en tu presencia. ¿Sabes qué? Que si no se los está tirando contigo, se los tira con otra.

Desde luego el universo masculino es todo un mundo por descubrir. Poseen un lenguaje propio, un hábitat único y unas sensaciones tan inalcanzables como incomprensibles. Te lo juro, antes de confesarle yo a una amiga que me tiro cuescos, soy mucho más capaz de contarle a la cara aquel lío que nunca le revelé con ese novio suyo de la playa, porque yo a los ojos de mi amiga puedo ser un poco hija puta, ¿pero una pedorra…? ¡Nunca!

Decido, el próximo día que mi chico venga a comer, le voy a plantar una fabada de las buenas, con su butifarra y todo. Y después, toca peli con mantita en el sofá. ¡Como en toda la tarde no le suene música de fondo, me veo haciéndole caso a mi amigo! Lo tengo claro, yo a este lo largo, no vaya a tener razón y sea otra la confidente de sus efluvios masculinos.

-Después de una buena pedorrera, pero de esas que ni aireando la manta ni tapándote la cara con el cojín consigues despegarte, ya verás como al final te llega todo.

-¿Todo? ¿Qué es todo? ¿Es que todavía puede haber más?

-Jajaja, eso ya es cosa de él, porque sorpresas aromáticas puede haber muchas y muy variadas. ¡Los hombres tenemos una gran versatilidad fiestera! A lo que yo me refiero es que si por fin se relaja contigo y logra sentirse como en su casa, ve preparando el ramo y el vestido que lo tienes entregado, ya es todo tuyo…

Y la fabada llegó, y la peli con manta también, pero no hubo cohetes ni petardos. Se sentó en la otra esquina del sofá y, encima, sin llegar a terminar la peli me dice que se larga porque le ha surgido un imprevisto y, si eso, más tarde quedamos.

Me quedé chafadísima, nunca creí que en esta vida me iba a sentir así por culpa de un maldito e inexistente pedo. Entonces decidí investigar a ver quién era la benefactora de sus ventosidades. Tiene gracia, ¡yo pongo las habichuelas y la otra se lleva sus aromas amorosos! Salí como una posesa detrás de sus pasos dispuesta a pillarle in fraganti, y ya lo creo que di con él. Si es que los bares son su pasión. Entro de camuflaje y, mientras yo busco a mi rival, él se lanza como un loco a pillar el aseo. Se encierra y a la media hora logra salir más muerto que vivo, mientras que yo, al mismo tiempo, recibo un whatsAap lleno de corazones invitándome a cenar. Decidido, mañana le cocino coliflor y echo la llave, este no se me vuelve a escapar.

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