La Verdad

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Fecha: abril 2, 2017
Sin saber cómo ha venido
Mar y Cleo 02-04-2017 | 11:07 | 3

A mí es que me da igual si los escaparates proclaman que ya es primavera o no, lo cierto es que yo tengo mi propio calendario infalible, así que, desde aquí, anuncio que a mi cuerpo le ha llegado la primavera y proclamo a los cuatro vientos que estoy que me salgo.

El primer síntoma fue una noche en la que me desperté toda alborozada sin saber si lo que estaba sintiendo era frío, calor o las dos cosas al mismo tiempo. ¡Como con el edredón me asfixiaba, solución infalible e inexplicable pero funciona, saqué una pierna fuera…! Y entonces qué, pues eso, el pie helado y el cuerpo ardiendo. Está claro, sin saber cómo ha sido, la primavera ha venido.

Y entonces llega el lío, y mi coche se convierte en un fondo de armario. En la tempranera me enfundo lo que pillo y me lío un pañuelo porque luego con el aperitivo me gusta lucir escote. Y así voy, como las locas, ahora me tapo, ahora me destapo, ahora enseño y ahora me arrepiento y ahora me toca ir corriendo y sacar del maletero alguna chaqueta que solucione este desaguisado. ¡Ay, si es que nadie sabe cómo ha sido, pero la primavera ya ha venido!

Y con tanto desatino, porque eso de ver el día anterior el parte meteorológico no va conmigo, nunca acierto. Es más, es que, hasta me hago la ilusión de que poniéndome ropa de colorines y minifaldas estampadas es como si estuviera diciéndole al tiempo que me dé la razón, que ya lo que toca es el solecito y las terrazas. Y yo que sí, y el día va y hace lo que le viene en gana, y al final, pues eso, que me termino gastando la mitad de mi sueldo en mocos y clínex. Pero me niego a reconocer que me he resfriado por presumida, así que la versión oficial es que tengo alergia, no sé a qué, pero eso da igual porque cuela. Ya se sabe, es primavera  y, aunque nadie sabe cómo ha sido, ha venido.

¡Qué fácil sería todo si solo fuese cuestión de quitarse o ponerse un chaquetón! A mí es que esta estación me corre por las venas, me acalora los por dentros, me arde un no sé qué, que lo mismo me da por saltar como una quinceañera que por tirarme al sofá y no querer saber nada de nadie. Y entonces me entra la llorera y, por más que cambio de canal o de emisora, todo lo que oigo me remueve aún más. Hasta que de pronto, me suena el móvil, se me llena de whatsAaps con emoticonos, chistes marranos y citas clandestinas. De un salto me paso una toallita por la cara, me doy unos toques de mi maquillaje quitapenas y estoy lista para la guerra. Si es que ya se sabe, al que más o al que menos la primavera le ha llegado y, aunque no sepa ni cómo ni cuándo, ha venido.

Pero si hay una señal inequívoca es esa mañana en la que me despierto y, sin abrir los ojos, ahí están todos los sentimientos removidos y revoloteando. Igual me da por acordarme de mi primer novio y de sus besos, como que me viene a la cabeza el último de mis pretendientes y me dan ganas de cortarme las venas por haberle despachado en uno de esos prontos tan míos. Y me arrebato, y tengo ganas de llamarle y decirle un montón de cosas, y empiezo a planear en mi cabeza una cenita de reconciliación, y ya me veo yo ahí, monísima, con velitas encendidas, taconazos de aguja y vestidito con glamour. Y de pronto me da el bajón, ¿y si no viene a la cita? ¿Y si no me coge al teléfono? ¿Y si mejor llamo a mi primer novio en lugar de al último? ¿Y si…? ¿Pero realmente estoy preparada para que todos estos “Y si…” se vuelvan contra mí? Un día, hace tiempo ya, me puse una norma irrevocable: “Jamás tomaré decisiones en la cama”. Recomiendo que esta norma se aplique en el más amplio sentido, o sea, tal y como se entiende y tal y como se sobreentiende. Así que me toca hacer caso a lo aprendido tras muchas meteduras de pata… por mucho que la primavera haya venido.

Con frío o sin él, con estornudos o sin ellos, con chaquetas o sin ellas, con edredón o sin él, con el corazón revuelto o con los sentimientos despiertos, lo cierto es que cada año el olor de azahar me persigue por donde paso, las flores despiertan mis sentidos aletargados de tanto invierno y la brisa fresca, que entra por mi ventana cada mañana, me recuerda que es tiempo de amor y que o me espabilo o la primavera se me pasa, sin saber ni cómo ha venido ni cómo se ha ido.

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