La Verdad

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Corazón de Navidad
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Mar y Cleo | 25-12-2016 | 10:27

Me encantan estos rituales míos, esos que con el paso del tiempo ya no sé si son manías o han adquirido el grado de tradiciones. Pero yo todos los años, en este día, salgo de mi casa bien temprano, no vaya a ser que hayan quitado las calles o, lo que sería peor, se me hayan adelantado algunas listillas y ya no queden chollos en el mercadillo de Nochebuena. Lo cierto es que no tengo nada que comprar, pero no lo puedo remediar, es que a mí los apretujones, los carritos de la compra, las silletas de los peques y esa gitana voceando los tangas rojos de la buena suerte me ponen el cuerpo al son de la Navidad y me niego a perdérmelo.

Y así, sin darme cuenta, empiezo el día con una sonrisa mágica y un brillo especial en los ojos. Me pierdo entre la gente y me siento como una princesa pisando las alfombras rojas de las calles del centro. Mis pasos me llevan de aquí para allá y acabo cantando villancicos debajo del árbol gigante lleno de luces y cargado de buenas intenciones. Cierro los ojos y abro el corazón, dejo que me inunde el espíritu de la Navidad, ese que me habla al oído, ese que me dice cosas tan preciosas que consigue que se me olviden otras porque no merecen la pena por absurdas, repetidas y sin remedio.

Este año pienso hacerle caso en todo a mi corazón, puede que a veces se equivoque, pero sé que nunca me traiciona. En medio de tanta bulla encuentro donde tomarme mi desayuno de Nochebuena… nada de medir calorías, hoy a pajera abierta, que no todos los días es Navidad. Con el primer mordisco me acuerdo que las mejores tostadas siempre me las preparaba ella y entonces unto la mantequilla con tanto amor que parece que la mermelada dibujara corazones, porque hoy cada bocado me sabe a ti, a la que me enseñó a amar la Navidad.

Cojo el periódico, y en vez de los titulares de guerras y peleas de cada mañana, me encuentro de frente con tu foto, te miro y te pienso… Entre tú y yo aún late una guerra fría esperando firmar la paz. Quizá no te merezcas ni mi apretón de manos, ni mi abrazo, ni tampoco escuchar mis palabras perdonándote, pero he decidido hacerle caso al corazón y decirte que hoy eso no es lo importante, que lo que de verdad cuenta es que tú y yo un día fuimos nosotros, ¿hay algo más bonito? No lo voy a olvidar, pero prefiero recordarlo sin el dolor de la última traición. Y de pronto, siento la caricia de tu mano, noto tu mirada en la mía… y le sigo haciendo caso a mi corazón de Navidad.

Los bares hoy se ponen a reventar, no cabe ni un alfiler ni un codazo más, las marineras vuelan, las cañas se sortean y los montaditos nunca llegan a mis manos.

Poco a poco cae la noche, aún hay quien se queda cerrando bares, pero yo me voy derechita para casa, bueno derechita tampoco, que a estas horas he brindado ya tantas veces que me temo que se me ha ido un poco de las manos… y sigo mi camino con un puntico la mar de gracioso.

Me tiro al sofá, tengo una hora para recargarme como los móviles y volver a subirme a los tacones, enfundarme en lentejuelas y sentarme a una mesa rodeada de sillas e ilusiones. Vuelvo a cerrar los ojos y siento que hoy me he portado bien, que a nadie le ha faltado un abrazo mío ni un beso apretado, que para mí esos son los que valen, porque mucho mensajito cursi de bienqueda por los móviles, pero luego, nada de nada. Esos cariñitos de postureo no me van, que yo soy más de chocar mi copa con la tuya, de buscar mis ojos en los tuyos, de guardar nuestros secretos al oído mientras tu mano me aprieta por la cintura y mi corazón late a cien porque hoy le hemos hecho caso. Así que mira lo que te digo, otro lío de esos tuyos y no hay espíritu de la Navidad que te proteja del testarazo que te suelto y de la patada que te planto en el trasero, te vas volando hasta Laponía para hacer de reno de Papá Noel.

Por las rendijas de mi casa se escapa aroma a mantecados, horno y amor. Por los poros de mi piel destilan perfumes de felicidad, sueños y risas y así, un año más, aquí estoy y te juro que no sé, si es por manía, por costumbre, por tradición o porque dejarme llevar por las emociones es mi secreto de esta felicidad que va conmigo, pero mi corazón y yo siempre volvemos por Navidad.

Sobre el autor Mar y Cleo

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