La Verdad

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365 con sus días y sus noches
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Mar y Cleo | 31-12-2016 | 17:21

Me estoy dando cuenta que así no puedo seguir, porque claro, me paso el día diciéndome que no a esto, no a lo otro y he decidido que ya bastantes castigos y prohibiciones me surgen solos como para que yo sea mi propio obstáculo para ser feliz. Así que vamos a empezar por mis propósitos para este nuevo año, o son en positivo o los borro de la lista, así de radical.

A ver, como ir al gimnasio me hace sufrir y no está científicamente comprobado que aunque empiece con mucha fuerza de voluntad me vaya a durar más de dos meses, pues ale, un gasto menos y más tiempo para hacer lo que me dé la real gana.

Estoy dispuesta a proponer al traductor de Google para el premio Nobel de la Paz, porque desde que lo descubrí, he logrado vivir en paz. Se terminaron los remordimientos por no chapurrear inglés, ya no me queda ni pizca de interés por volver a empezar con el verbo to be. ¡Viva la aplicación del traductor simultáneo y a la mierda con los años infinitos de academia! Para farfullar inglés le doy al botón y ya está. Y además, si tienes ganas de hablar conmigo y no sabes… pues eso, aprende español que es el idioma del futuro.

En cuanto me tome esta noche las uvas pienso empezar el año a buen ritmo, pero nada de danzar a paso de tango, que ese es para cornudos y perdedores. A mí las campanadas que me toquen por fandanguillos y bulerías… ¡vaya año animado que me espera taconeando allá por donde pase!

Decidido, a borrar del calendario los días especiales, por aburridos y defraudadores. Porque digo yo, qué tiene de especial un 14 de febrero que no pueda tener un 31 de marzo. Además las fechas previsibles son muy peligrosas porque si no me salen las cosas como tenía pensado, me da el bajón. Voy a ser más de saborear lo espontáneo, que lo improvisado tiene un sabor infinito y un aroma inolvidable.

Una cosa tengo clara, y la cumpliré a rajatabla. No pienso esperar que mi mejor amigo me llame porque me necesita, ni que mi amiga del alma ya no cuente conmigo porque el tiempo sin vernos ha ganado la partida. Ser mi amigo es ser parte de mí, es estar sin que me necesites, simplemente porque yo habré llegado antes. Ser mi amiga es no darnos cuenta de que las horas pasan de puntillas y que se nos haga de día entre risas, aunque mañana estemos muertas de sueño, pero sin rastro de ojeras porque el tiempo a tu lado es el mejor regalo de la vida.

Y cómo no, mi corazón va a tener un año lleno de cosas buenas, y no es que vaya yo de sobrada por la vida, qué va. Es cierto que yo no sé si este año me voy a enamorar, no tengo ni idea si me voy a cruzar con el gran desconocido que está por llegar, pero lo que sí que es cierto es que ese conocido que en su día llegó y después despaché, ese, desde luego, este año no pasa ni entrando por la puerta de atrás. Y si todavía alguno cree que puede ser divertido echar una partida conmigo a ver quién gana, pues ya se lo explico yo de antemano: mira chato, no estoy para jueguecitos, que el amor no es cosa de tirar los dados y ver si el azar nos junta en el mismo tablero. Mejor va a ser que te vayas a cazar Pokemon, que yo hace tiempo soy más de un café cara a cara, de un paseo de la mano y de miles de ratos sin reloj, porque mi felicidad no trafica con tus “por si acasos” pactados.

Me niego a hacerme una lista de propósitos, pues para este año que empieza tengo únicamente uno y es innegociable: ser feliz. Nada ni nadie va a conseguir arrebatarme esta ilusión, entre otras cosas porque no lo pienso consentir. Me encanta ver contentos a los que me rodean, me alegra saber que los que más quiero disfrutan de la vida, pero lo que más me gusta es tener la certeza de que yo soy feliz porque ellos también lo son. Se acabaron los malos rollos, no me caben los mensajitos con doble intención, los grupos de whatsAap cañeros y traicioneros, el colega comeoreja, los ligues pasapenas y las cuñadas guerrilleras.

Aviso a navegantes, comienza un año repleto con sus días y sus noches, hay 365 ocasiones para vernos, para reírnos, para soñar juntos, para ir y no volver, para imaginar y soñar. Llegan 365 días sin estrenar, sin retorno y sin contenedor de reciclaje. No pienso tirar ni un solo día a la basura, porque no me sobra ninguno.

Sobre el autor Mar y Cleo

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