La Verdad

img
Amores rebajados, ni queridos ni guardados
img
Mar y Cleo | 15-01-2017 | 10:23

Atrás quedaron los días en los que era capaz de hacerme la enferma con tal de faltar ese día al trabajo y ser la primera en entrar como las locas en las tiendas y llevarme las mejores ofertas. Atrás quedaron, entre otras cosas, porque las cámaras me inmortalizaron y ahí estaba yo, abriendo el telediario, mientras mi mesa de la oficina estaba vacía y mi jefa, casualmente, comía en el bar en el que los titulares del informativo vociferaban desde el televisor el comienzo de las rebajas de enero. Y como ante una evidencia no cabe la mentira, la mejor arma es una evidencia mayor, por eso acabé regalándole el maquillaje de alto standing de ganga que había comprado para mí, por esas cosillas de aquí paz y después gloria. Pues sí, todo el mundo tiene un precio, aunque rebajado.

Por eso y por más, he llegado a un momento en mi vida que me niego a ser una rebajadicta. Yo me lo compro y si no, lo suelto y lo dejo. ¿Por qué esperar a que alguien tire por los suelos su precio o lo amontone de cualquier modo para que sea mío? Las cosas valen lo que valen, y cuanto más valor tengan, más difícil se nos hace y su interés sube. Porque vamos a ver, cuando me imagino que soy una ricachona, no me veo comprándome un cochecillo a plazos ni rebuscando en Wallapop a ver si me ahorro la pasta, ¿a que no?

-Yo puede que no tenga el dinero, pero la ilusión por algún caprichillo no me falta- suelto toda convencida.

-¿Y cuánta ilusión de esa tuya necesito yo para que me den a mí el descapotable que quiero?

-Es que el problema no está en la cantidad de ilusión, sino en poner la ilusión en el lugar equivocado.

Me gusta desear lo que no tiene fecha de caducidad, por eso me cuido mucho de esos amores que un día vienen cargados de valores y al tiempo los pierden. Yo me quedo con el amante que me hace tocar el cielo con mis manos, con ese que hace que mis mañanas sean desayuno con diamantes y mis noches veladas de luna y pasión. Yo estoy en alza, así que ahí dejo los que andan en rebajas y se ofertan al mejor postor.

En mi paseo matutino voy y hago la prueba del “escaparate”. Me paro, los miro, me miran, me los imagino puestos, incluso llego a desfilar sobre ellos en mi fantasía y hasta siento cómo mis pies entran y se dejan acariciar por su suave piel. Me siento tan alta y tan inalcanzable, que incluso me reencarno en una de esas famosillas que salen en las revistas dentro del ranking de las más elegantes. Pero de pronto, vuelvo y aterrizo en mis viejos zapatos, desciendo desde el glamour virtual y sigo mi camino como si esos taconazos no estuvieran ahí haciéndome ojitos y el precio de tres cifras no parpadeara a su lado. Mientras me alejo de reojo les miro y les digo: ¡Hasta mañana!

Confieso que no siempre soy capaz de resistirme al escaparate, que la tentación es mucha y la voluntad poca. Y entonces lo compro y, como si de una niña traviesa se tratara, llego a casa y dejo el paquete en una esquina, de vez en cuando paso y lo miro y noto su atracción fatal. Unas veces me dan remordimientos del dineral que me he gastado y otras veces me alegro un montón porque ya no tengo que pasar por la dichosa tienda más y volver a decir: ¡Hasta mañana! De pronto, un día decido que le ha llegado el momento, que hoy tengo cuerpo de niña pija y que no pienso esperar ni un minuto más para el estreno. Me lo pongo y, como si se hubiera producido una transformación desde mi cabeza a los pies, me convierto en otra. Mi ilusión tenía un precio, es cierto; pero su valor se lo doy yo y ese, es incalculable.

En mi vida no caben los saldos ni las gangas. Yo soy más de lo auténtico, cueste lo que cueste. Y además cuanto más inaccesible, mejor. ¿Para qué quiero un amor regalado si no me esfuerzo por conseguirlo y hacerlo mío? ¡Vaya aburrimiento!

-¡No hay quién os entienda a las mujeres!

¡Frase entre las frases!

-¡Pues bien fácil es, que si yo lo valgo, quien me rodea también lo ha de valer!

Cariños, caricias, besos, abrazos, arrechuchos y demás zarandeos amorosos, sí, y cuantos más mejor; pero todos esos amorcitos mucho mejor después de una sesión cañera, de esas que nos descolocan y que si no vienes tú, tenga yo que salir a tu encuentro… ¡y nada de entregarte enseguida, qué va! Porque ya sabes que a mí me va lo imposible, lo auténtico, lo inalcanzable, lo difícil y lo valioso. Y además, los amores rebajados; ni queridos ni guardados.

Sobre el autor Mar y Cleo

Últimos Comentarios

MarCleo 25-03-2017 | 16:25 en:
A la tercera va la caída
mesasilla 21-03-2017 | 21:51 en:
A la tercera va la caída
mesasilla 14-03-2017 | 08:13 en:
Efluvios masculinos
mesasilla 14-03-2017 | 08:11 en:
Besos con lengua

Otros Blogs de Autor