La Verdad

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Este frío traicionero
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Mar y Cleo | 29-01-2017 | 10:21

Lo de la cuesta de enero debe ser una ironía, porque ya estamos a las puertas de febrero y a mí me sigue costando y mucho. La verdad es que nunca creí que este frío, que me tiene acobardada a mí y a las esquinas de mi casa, alguna vez fuera a ser mi aliado. Este frío traicionero creo que es la mejor excusa para que en los asuntillos del querer esté claro que una no está para calzarse un picardías ni para andar haciendo la danza de los siete velos como antesala de una locura retozona. Así que con esa excusa no he tenido que explicarle a nadie que la única ropa sexy que me entra son los tangas, porque anda que no me está costando descomer roscones, mazapanes, polvorones, cenas de Navidad, caldos con pelotas…

La verdad es que voy disfrazada de esquimal, pero de esquimal embarazada, porque después de ponerme una camiseta térmica, una sudadera, un forro polar mío y otro heredado de mi hermano, creo que al fin estoy entrando en calor. ¡Y qué decir de estos calcetines de peluche de colorines que me calzo! Vamos, que mejor va a ser hacerme la desaparecida por una temporada, me niego a que ninguno de mis posibles o incluso de mis imposibles me vean de esta guisa. No hay peor cosa que pedir los deseos sin estar muy convencida, reconozco que yo digo todas estas tonterías con la boca pequeña y va el destino y me la juega:

-¿Y ahora qué hago? ¡Llevo desde el verano esperando su visita, va y me dice que se presenta ahora, con este frío!

-¿Has probado a comprarte un calefactor?

-Será un calefactor y un aspirador come-michelines.

Y en estas estoy, ¿y si enciendo un montón de velas a ver si así se caldea un poco la casa y de paso con la penumbra se me disimulan las curvis?

En mi desesperación e indecisión me tiro al sofá, igual cambiando de canales se me calma esta ansiedad, que mejor va a ser así que con una tableta de chocolate en la mano. De pronto doy un frenazo en mi carrera frenética entre canal y canal. Y ahí está ella, lo cierto que es una mujer impresionante, no sé si es fruto del bisturí o de la naturaleza, pero lo reconozco, Melania es una mujer arrebatadora o quizá habría que inventar otra palabra para describir tanta belleza junta. Y después voy y me miro, así con estas pintas que llevo de andar por el igloo, pero es curioso, en lugar de sentirme acomplejada, me siento la mujer más afortunada del mundo. Es verdad que no tengo medidas de infarto, es cierto que mi melena no parece la de una princesa de Disney, reconozco que mi fondo de armario está más para ponerlo bocabajo que para colocármelo en mi cuerpo, pero lo siento Melania Trump, tengo la suerte de no compartir ni mi mesa, ni mi cama, ni mi inteligencia con un descerebrado pelo-panocho. Quizá nunca llegaré a tener un cochazo con chófer, joyas inconfesables ni avión privado, pero me encanta saber que el hombre que está a mi lado está porque me quiere y yo le quiero, le gusto y él me gusta y, sobre todo, porque mi felicidad no tiene precio ni mi dignidad me la costea su cuenta bancaria.

Y de pronto, noto como que mi cuerpo entra en calor, me empiezo a quitar capas y capas de ropa… ¡he vuelto a ser yo misma! ¡Qué gusto cuando hago las paces con mi autoestima y dejo de echarme en cara los buenos ratos del pasado, esos que con el tiempo quieren transformarse en remordimientos! Pues no, mi religión me prohíbe salir de shopping sexy en enero, ¿y qué, pasa algo? Es una medida de índole económica, por esas cosas de la recuperación monetaria de esta dichosa cuesta de enero.

Señor Ministro, haga usted el favor de tener un poco más de sensibilidad con el asuntillo este del recibo de la luz, que aquí, el que más y el que menos, tiene sus necesidades y me parece muy cruel que vayamos a utilizar como método anticonceptivo la subida del precio del kilovatio, que tengamos que andar racaneando en calefacción y termine por faltarnos el arrojo suficiente para atrevernos a hacer un estriptis a nuestro contrario, ¡mire que al final todo esto se paga y no en euros, sino es crisis amorosas!

Pues eso, que no va a haber frío que me acobarde, ni michelín que me acompleje. Los expertos lo dicen, la carne de gallina tiene su punto sexy en el cuerpo femenino y, además, lo tengo comprobado, son mis ojos los que se van a estas curvas peligrosas, mientras que, curiosamente, los ojos de él están más en intentar no quedarse helado, aunque solo sea por temor a que este frío traicionero le juegue una mala pasada.

Sobre el autor Mar y Cleo

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