La Verdad

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Cincuentón erectus
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Mar y Cleo | 05-02-2017 | 10:15

Hace tiempo que dejé libre los taburetes centrales de la barra de los garitos en favor de esas que buscan sentir la noche por cada poro de su piel o para las que su autoestima está en ese delicado espacio entre dos cuestiones indiscutibles. Desde entonces decidí que no hay nada mejor que ciertos lugares estratégicos donde observar, sin ser vista o donde tomar la iniciativa de quedarme o salir de allí, sin tener que dar explicaciones.

Y desde esa trinchera de pronto mis ojos se fijan en un prototipo de la noche, en un espécimen denominado cincuentón erectus. Es fácil de identificar, se pasea lo mismito que John Wayne en el oeste con su estrella de sheriff y con una pistola en cada mano dispuesto a disparar a la primera oportunidad. Ojea a la de la barra, se acerca, da un repaso al trasero intentando intuir la delantera… ¡es lástima que ya no se fume en los bares, aquel viejo truco de pedir fuego de su época hubiera sido útil! Aún no está por echar el anzuelo, es temprano y, claro, no es cosa de tirarse a la piscina en el primer charco. De pronto se gira, desde lejos noto que apunta su gatillo hacia nosotras, mi amiga me suelta:

-¡Anda, mira, ahí se acerca el George Cloone de la noche! Uff, ¿por qué no sale algún Velencoso en mi busca?

-¡Tierra, trágame! Este Cloone tiene nombre, apellido y esposa, amiga mía de toda la vida.

Y ahí se acaba la noche de fiesta y comienza la terapia de barra de bar. Y yo le escucho por un oído y por el otro mi amiga me cuenta que se larga, que no está ella para oír más de lo mismo… Otro marido que lleva meses durmiendo en el sofá, otro que necesita espacio, otro que no siente complicidad, otro que está en un momento de su vida que necesita un proyecto que le haga vibrar, otro… que cumple 50 y pretende hacernos creer que está lleno de vida por vivir, en lugar de reconocer que lo que está es acojonado porque esto parece que va en serio, que ya no hay vuelta atrás y que se niega a creer que haya llegado a la cincuentena sin haberlo podido remediar.

Es curioso, tengo amigas de todas las edades y las que no están a tope acabando las carreras, están sacándose los doctorados, los máster o montando su propia empresa. Y de pronto, sin saber muy bien cómo, un embarazo se le amontona con el siguiente y qué, pues que van licenciándose en la vida de madres, esposas y directoras generales de lo que les echen, pero sin mucho tiempo para más. Aunque eso sí, hay tiempo para todos. Cuando se acaban los biberones, llegan los deberes y las prisas de una extraescolar tras otra. También tengo amigas que se pasan las noches de los fines de semana en las puertas de las discotecas, más muertas que vivas, esperando recoger a sus cachorros, y llega la selectividad y todos pasamos el examen, y la universidad de los hijos y… También llega un día en el que por fin tenemos unos minutos y nos miramos al espejo, ¿y? Pues que esa que está ahí necesitaría un retoquillo por aquí, un repaso por allá, pero claro, ahora no es el momento, ya lo pensaré otro día. Quizá ese día es el mismo en el que tu contrario, que también se ha mirado al espejo y después te ha mirado a ti, se dice:

-¡Qué poco se parece mi parienta a las tías de las pelis que veo a escondidas! ¿Qué hago yo aquí perdiéndome un mundo lleno de sensaciones?

Y mientras, mi amiga no se entera, y sigue buscando ese momento oportuno para dejar de dedicarse a los demás, para ocuparse de ella…

A los 50 se llega sí o sí, pero en diferentes ligas, según cómo ande el bolsillo, claro. Y toca comprar el barco, la moto o la bicicleta, y comienzan esos domingos de “necesitar mi espacio”. Ale, ya está la excusa oficial para desaparecer horas y horas… ya luego se verá si es para tanto esta nueva afición o tiran más otras aficiones inconfesables.

Cumplir 50 años puede dar vértigo, es cierto, pero lo que tiene que dar es subidón por no tener que explicar a la que tienes al lado que a veces necesitas un abrazo porque también lo necesita ella; es genial porque para qué apuntarse a un gimnasio, si ella ya sabe que nunca tuviste los abdominales marcados y de paso así dejas de hacer el ridículo poniéndote las camisetas ceñidas de tu hijo. Cumplir 50 es la mejor ocasión para volver a partir de cero, esta vez sin chupetes ni biberones, pero con las mismas ganas de amarnos, con muchísima más sabiduría y menos tonterías que a los 20.

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