La Verdad

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Os declaro marido y mujer
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Mar y Cleo | 09-04-2017 | 14:28

¡Oh amor, divino tesoro! ¡El amor, esa locura transitoria que se cura con el tiempo! Es el amor y no otra cosa el que nos da el último empujón para que de nuestra boca brote a borbotones, bien alto y bien clarito ese preludio de infinitos “ya veremos”:

-¡Sí, quiero!

Y como si de un conjuro mágico se tratara, todo se transforma y ya nada es lo que era. Ella deja de ser tu novia para convertirse en tu mujer, tu esposa, tu señora… Pero, ¿y él? A este sí que le ha caído una buena encima, como si llevar una alianza puesta y firmar en un papel fuera cualquier cosa, pero es que la juerga de la despedida de soltero bien merecía la pena, ¿o no? Pero eso sí te digo, sí o sí, ya no te escapas, qué va. Has dejado de ser su chico, con lo guay que sonaba eso. Tampoco eres su novio, que, aunque un poco formal, todavía dejaba una puerta entreabierta al “por si acaso”. Sí, ahora ya eres su…, no, mejor, tras ese: “Sí, quiero” mayúsculo, eres y seguirás siendo para todos los siempres, o al menos esa es la intención, ¡eres su MARIDO! Palabra trascendente donde las haya, palabra con la que te digo todo y no te digo nada, palabra solo superada en gravedad y contundencia por otra: ex-marido, pero eso ya son otros cantares que no vienen al caso, ¿o sí?

Y claro, ahora por fin te levantas cada mañana con el convencimiento de haber acertado y con la creencia de que está todo hecho. ¡Nada más lejos! El título de marido no lleva pegado al culo ninguna garantía. A este diploma le ocurre lo contrario de los que se despachan en las facultades al tenerlo todo aprobado. Siento informarte que este título lo sellan en la universidad de la vida y que hay que ganárselo día a día.

Lo cierto es que a nadie nos dieron un manual de instrucciones, lo único que nos vendieron fue un montón de tonterías que se nos fueron metiendo en la cabeza y así nos va. Las unas buscando al maridito ideal, a su príncipe que ya es más rosa que azul y con este pastel mental no nos queda otra que vestirnos de princesitas, tirar pétalos al aire y creer que nos vamos a hartar de comer perdices hasta el empacho. ¡Cuánta tontuna queda volando todavía de sesera en sesera!

Y por descontado, tú lo tienes claro, tu chica va a ser la mejor en todo, imposible que te falle, ya te has ocupado tú de elegir la más de la más y la pobrecilla ahí empieza un máster acelerado donde el error no cabe y en el final del sprinting diario, aún no sabe que, en lugar de una medalla a la esposa del año, igual le dan una patada en el trasero por perfecta y aburrida.

Pues sí, la realidad es otra. Lo cierto es que aquello de “contigo pan y cebolla” de nuestras abuelas, va a ser que lo vamos a ir jubilando por un “contigo bien, pero si nos vamos de juerga, mejor”.

Esa curva de la felicidad se llama barriga cervecera y ya te estás recortando el alpiste o me busco un cachas marchoso.

El vesti-bata casero, nena, derechito al contenedor del reciclado y lo cambias por una sexy-camiseta en plan “atracción fatal doméstico”.

¿Sábados noche de sofá? Desde luego, ¡con edredoning incluido!

¿Que las croquetas de tu mamá están más ricas que las mías? Solucionado, aquí tienes un tupper y un congelador o, si no, te apuntas a Master chef y así probamos las tuyas.

-Yo os declaro marido y mujer…

Pues mal empezamos, ¿es que alguien tiene que venir a decirme que tú eres mi marido y yo soy tu esposa? Yo sé muy bien que lo soy, lo tengo muy claro. Tan sencillo como que con las luces apagadas siempre acierto si tienes los ojos abiertos o cerrados y eso solo es capaz de adivinarlo un alma enamorada, con papeles firmados o sin ellos. Yo no quiero que nos diga un juez ni un cura todo lo que nos queremos. Porque sí, porque para lo bueno, para lo malo y para lo que nos dé la gana, juntos hasta el fin del mundo.

Cuando yo te diga “Sí, quiero”, prepárate. Porque lo quiero todo y más, y si no estás dispuesto a eso y a otras cosas, tranquilo, tú me avisas y tal día hizo un año. A mí un “Sí, quiero” con la boca pequeña, va a ser que no; un “Sí, quiero” de cobarde, va a ser que tampoco; un “Sí, quiero” de mentira, ni lo intentes.

Me muero por un: “Puedes besar a la novia”, porque te advierto que yo empiezo por un beso, me lío y me lío y a saber por dónde acabamos.

Sobre el autor Mar y Cleo

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