La Verdad

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DON VALIENTE
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Mar y Cleo | 16-02-2014 | 15:46

Si hay un día en el calendario del que intento escapar como alma que lleva el diablo, no es otro que el reciente San Valentín. Las veces que estaba enamorada, me hacía la loca, y si en el último minuto le daba por ponerse pastelón y acordarse, yo me armaba de razones alegando a voz en grito:

–¡Conmigo no cuentes, no pienso participar en la comercialización de un sentimiento tan epicúreo como es el amor!

El susodicho en cuestión se quedaba boquiabierto y sin poder contestar, no sé muy bien si era porque desconocía el significado de la palabreja en cuestión, y temía quedar en ridículo, o porque quizá en el fondo él tenía menos ganas que yo de hacer el papelón a lo Romeo y cenar rodeado de un ejército de corazones, velitas y musiquillas romanticonas acosándote por el módico precio de 50 euros por persona.

También es verdad que he tenido años que intentaba pasar página porque no había nadie que quisiera compartir la velada de amores conmigo, vamos que estaba en esas fechas en dique seco, en lo que a enamoramientos se refiere, y el día se me clavaba como un puñal directo al corazón. Cada vez que ponía la radio y los presentadores animaban al público a llamar y compartir con el resto de los oyentes su idílica historia, ¡por favor, un poco de conciencia con los demás! Vamos a ver, ¿acaso yo les llamo las noches que a cada paso que doy triunfo, y me como una y me cuento veinte? Pues no, porque eso es de muy mal gusto, a ver si se van enterando de que aquello de “No se nombra la soga en la casa del ahorcado”. Así que, a partir de ahora, los que estén felices como perdices, y todas esas cosas, que vayan pensando en buscar si tienen un hermano o un primo de esos que hace mucho no ven y ande el muchacho disponible, y me lo van presentando, y mira tú, así de esa manera hasta igual les aguanto que me cuenten su historial amoroso.

Pues como este año no iba a ser menos que los anteriores, he tenido el móvil desconectado desde dos días antes de la fecha. Porque claro, yo me conozco, ¿y si me llaman para llevarme a un sarao en honor de Cupido? Ufff, pues no sé si voy a estar de humor, ponte, arréglate, ve a la peluquería, cámbiate de modelo media docena de veces para que al final llegue a la conclusión de que no tengo nada que ponerme, media hora con las manos estiradas a todo lo que dan hasta que se me seque el esmalte… pues eso, que qué pereza, ¿no?

Aunque visto así, creo que puede haber una situación peor que la anterior, ¿voy a estar preparada para que no me llame, para que no tenga ningún plan, para que pase de mi cara, para que se vaya con los amigos, para que lo celebre con otra, de esas que sí les mole lo cursi y lo romántico? Así que entre la experiencia y estudiar las situaciones es muy útil, hay que saber también que ocurren otras situaciones:

¿Que has llenado la casa de corazoncitos de lo más horteras para que tu chica no se te resistiera en la noche de los enamorados y resulta que le dio por reírse pensando que eres un cursi? Tranquilo, el día pasó.

¿Que te ha llegado el marido con un pedazo anillo y lo primero que piensas es que, cuanto más caro es el regalo más grandes son los cuernos, y le montas un número para intentar que confiese quién es ella y dónde se ven a escondidas, y terminas en la cama, pero llorando como una pava en vez de ponerte el anillo y lucirlo? Tranquila que el dichoso San Valentín ya pasó.

¿Que esperabas un detalle y no te ha hecho ni caso por eso de que es un día que ponen los comercios? Pues guarda el detallito que le compraste y se lo das a quien de verdad se lo merezca.

O también puede que se te haya ocurrido comprarte un carísimo picardías de seda, con unas medias sexys, que te hayas helado esperándolo por el pasillo de la casa y cuando llega, te mira, y dice: ¡qué disparate!, y se ha ido derecho al sofá y al mando de la tele, que van en el mismo lote. Tranquila que te puede dar muchas alegrías… si sabes con quién usarlo, claro.

Así que yo, al mal tiempo, le pongo buena cara, que ya he aprendido a no convertirme en una ciclogénesis explosiva. Porque está claro que San Valentín es el día por excelencia de los Don Valientes, porque a menudo ocurre que, hagas lo que hagas, al final siempre se lía, ¡y de qué manera!

Sobre el autor Mar y Cleo

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