La Verdad

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EN BUSCA DE LA FELICIDAD
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Mar y Cleo | 02-03-2014 | 08:56

Yo hace tiempo que tomé la decisión unilateral de ser feliz a toda costa, por encima de las historias que la vida me trae de regalo, o ante cualquier habladuría de la gente, sobre todos los desamores y desventuras pasionales, y es que yo soy así, por eso, cuando el corazón se me llena de lágrimas, saco lo mejor de mí y hago que los ojos se inunden de sonrisas, porque oye, que no me queda otra que buscarme las mañas para cumplir mi firme e inaplazable propósito de buscar la felicidad.

Y todo esto contra viento y marea, porque harta estoy de escuchar por cualquier rincón las miles de canciones que cantan a la felicidad gracias al amor, a la felicidad por ser rica, a la felicidad porque tienes un cuerpo de escándalo… Y yo, qué quieres que te diga, que no me hace falta tener novio para sentirme en las nubes, ni llenar mi casa de oro, ni brillantes en mis manos, ni tener el físico de una reina en carnavales, porque hago lo que quiero, y contoneo mis caderas a ritmo de samba.

Me gusta decidir lo que me gusta y lo que no me gusta, y no me refiero a darle al botoncito del Facebook sin ton ni son, que si aprieto la opción de decir “Me gusta” en una foto en la que sales, es porque hay algo en ti que me llena. Que hay muchos que se pasan el día haciendo tic en mis fotos sin ni siquiera mirarme, ¿pero es que esto es el concurso del Pasapalabra, a ver quién es el guapo que aprieta antes? ¿O es el concurso de Atrapa un millón, en versión: a ver quién consigue miles de “Me gusta” a costa de poner cualquier cosa que encuentren? Y que conste, que no critico las redes sociales, que yo soy bastante asiduas de ellas, sobre todo cuando me quedo en el sofá de mi casa con la excusa de descansar y no hacer nada, y luego me veo con el mando de la tele en una mano y en la otra el móvil, y así cotilleo a todos los de Internet… ¡igual que cualquier hijo de vecino, aunque no lo reconozcan!

Pero de verdad, te juro que me muero por un “Me gustas” pero dicho a la cara, mirándome a los ojos, y, si es posible, cogiéndome de la mano, que por pedir que no quede, y si quieres contarme algo, llámame y quedamos a tomar el aperitivo y hablamos, o si lo que te apetece es sentirme cerca, prueba a acercarte, pero por favor… ¡deja de perder más el tiempo! Va a llegar un momento que me voy a tener que ser yo la que me lance a todo, y bastante lanzada soy en las cosas de la vida, porque aunque parezca anticuado, en estas lides me gusta que vengan a mí, lo reconozco, y hacerme un poco la remolona.

Seguramente habrá quién diga que soy rara, que todas las mujeres somos raras, menos la madre de cada uno, que esas son maravillosas porque pertenecen al grupo del resto de mujeres, pero pese a mis rarezas, yo solo pienso en ser feliz y te aviso que eso se contagia, y a vivir toca, y a tener una cita romántica, noches de pasión y risas, disfrutar con ese amigo que me hace compañía en momentos de soledad, soñar con un nuevo amanecer, hablar sin prisas, consumir el tiempo sorbo a sorbo…

Pero tengo que decir que todo tiene su cara opuesta, es inevitable, y a veces, para ser feliz, tengo que mirar a otro lado. Pueden pensar que soy una cobarde, quizá seguramente estén en lo cierto, aunque yo lo veo más como de valentía, porque qué quieres que te diga, yo hago lo que puedo y más por ir en busca del tesoro, el de esa felicidad soñada por la que no voy a dejar de luchar jamás. Y mientras lo hago, me veo como si fuera por un sendero rodeada de árboles, y que el silencio solo lo rompe el trino de un pájaro perdido, y escucharlo y sentir como si estuviera allí solo para mí, escalo rocas, e incluso cuando la pendiente se hace muy dura, las paso canutas, pero eso sí, sin perder el ánimo, y doy un paso tras otro para llegar a la cima aunque susurre para mis adentros como Silvestre Stalone:

−¡Dios mío, no siento las piernas!

Pero cuando por fin llego a lo más alto, cuando miro a mi alrededor… se me olvida que me suda desde el escote hasta el ombligo, que los muslos gritan y que me ha dado un tirón que me ha dejado sin sentido, porque solo siento el aroma de la victoria. Entonces abrazo mi logro, sí, busqué la felicidad y, por un instante, la encontré.

Sobre el autor Mar y Cleo

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