La Verdad

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¡VIVA LA MADRE QUE NOS PARIÓ!
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Mar y Cleo | 09-03-2014 | 16:25

Allí estaban todos mirándome, felices, contentos y con los ojos llenos de emoción. Había nacido yo, una niña. Y claro, entre lazos rosas y vestiditos con puntillas, no podría ser de otra manera, mis primeros pasos me llevaron directa al armario de mi madre y rebusqué sin tregua hasta encontrar sus zapatos de tacón, ahí metidos en cajas como si fueran joyas, me subí a ellos intentando guardar el equilibrio y fue entonces cuando estiré con todas mis fuerzas los brazos intentando tocar el techo o ¿sería el cielo? Qué inocente, creía que con unos cuantos centímetros de tacón podría tocar lo más alto, hasta que aprendí que hacen falta bastantes más cosas y, que siendo mujer, la fuerza no me podía faltar.

Había opiniones para todos los gustos. Estaban los más ilusos y tradicionales, que aliviados decían:

–¡Qué bien, ya tenemos una chica en la familia para que nos cuide cuando seamos ancianos!

Mi madre replicaba:

–¡De eso nada! ¡Mi niña será rica, apuesta y famosa, y yo me largaré con ella!

Y así empezaron a planearme el futuro, mientras mi tía no paraba de santiguarse diciendo:

–¡Qué peligro, esta se nos queda para vestir santos!

Pero nadie fue capaz de predecir lo que realmente se les venía encima. Vaya, que ninguno acertó, porque hasta ahora me han cuidado a mí, más que yo a ellos.

En el fondo, lo único que esperaban es que me convirtiera en: “Una mujer como Dios manda”; pero como soy impredecible, preferí ser: “Una mujer de pies a cabeza”. Comencé por los pies y desde pequeñita taconeo allá por donde paso, y eso les sirve de aviso, porque tras el soniquete, ahí llego yo y… ¡sálvese quien pueda! Seguí por las piernas, pero ¿a quién se le ocurriría la tortura de depilarse? ¡Cuánto se pasa con los dichosos pelos si naces con el cromosoma femenino! Claro, que tampoco es bueno quejarse mucho, que con los años, salen donde afean y se caen donde hermosean… Así que, mejor no lamentarse, que luego quedan pocos y canosos. Y otro reto más, luchar contra la gravedad manteniéndolo todo en su sitio, que no es tarea fácil. Por fin llego a la cabeza, y ahí está lo peligroso: ser una mujer inteligente. ¿O quizás para no dar miedo lo inteligente será parecer tonta? Me niego. Claro, que así me va.

Hay días que, de verdad, eso de ser una fémina me cuesta un trabajo… Admito que lo de tener la regla todos los meses tiene su lado bueno: sé que no estoy embarazada, aunque bien difícil sería al ritmo que llevo, que más que ritmo parece un eterno y largo descanso. Así, todos los meses, tenemos la curiosa distracción de elegir. Elegir qué, te preguntarás. Pues si las quiero plus, las superplús y las normales, con alas, sin alas, de noche o de día, para montar a caballo o para el tanga, siempre quedando claro si la quieres finas o superabsorventes plegadas… ¿increíble verdad? Pues es totalmente cierto. Vamos que te dan ganas de pasarte la vida embarazada, claro que pronto se me pasa el arrebato. Por eso todos los meses le suplico a mi abuela que vaya a comprármelas y ella va encantada, se pasa un buen rato charlando con la dependienta presumiendo y enredándola durante un buen rato, la pobre tiene que temblar al verla llegar, y al final, la muy cachonda, siempre sale del supermercado con el paquete en la mano y sin bolsa. ¡Me encanta hacer feliz a la gente!

Cada 8 de marzo voy a cenar con una pandilla de mujeres orgullosas de serlo, se supone que es nuestro día, aunque nosotras no necesitamos muchas excusas para salir de fiesta. Nos damos un homenaje. Hablamos de hombres, como siempre. De sexo, como siempre. De nosotras, de la libertad, de amores y desamores, para no variar. De sueños, de miles de proyectos… y brindamos y a la vez reímos, lloramos, bebemos y comemos, nos retocamos los labios, nos vemos envejecer… y todo esto sin perderla sonrisa. Estádemostrado científicamente: podemos hacer más de una cosa a la vez.

Esta noche no brindaré por nosotras, pero sí por muchas de nuestras antepasadas que se atrevieron a decir en voz alta lo que ahora nos parece normal y evidente. Y también por ellos, esos hombres valientes que creyeron y vieron en la mujer una buena compañera de viaje y alzaron sus voces contra los otros.

Seguiremos trabajando para que nuestras hijas y nietas, estas maravillosas y bellas mujercitas, no tengan nada que celebrar el día 8 de marzo. Y yo, aunque lleve gallao, quiero seguir festejando la suerte de haber nacido mujer y por qué no, me pienso ligar a todos los del asilo. Pero eso sí, con mis tacones puestos. ¡Viva la madre que nos parió!

Sobre el autor Mar y Cleo

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