La Verdad

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SOY LA MÁS DE LAS MÁS
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Mar y Cleo | 16-03-2014 | 11:43

Yo no sé quién fue el atrevido que dijo aquello de que el tiempo lo pone todo en su sitio, pero desde luego era un auténtico ingenuo o es que en su casa no tenía espejos. Porque cuando miramos el tiempo que pasa por nuestros cuerpos, por muy bien que esté una, o eso al menos eso me lo parezca, sé que llegará el instante en el que el canal que forma mi escote de donde brotan dos buenas colinas se convierta en un ridículo canalillo.

−Si es que ya lo dijo Newton, esto de la ley de la gravedad, tarde o temprano, siempre termina por demostrarse− me suelta un colega del trabajo con el que me ha dado por filosofear, claro que él tampoco se libra del paso de los años que, aunque a unos más que a otros, a todos nos afecta.

−Y tanto que sí, ¿o es que eso que malamente abulta en tu entrepierna, ya solo es el badajo del campanario que antes fue?

Porque claro, a mí me hace mucha gracia eso de que solo es con nosotras con las que el tiempo se muestra como el más cruel enemigo, y venga a comprarnos cremas anti-todo: anti-arrugas, anti-manchas, anti-estrías, anti-celulitis, anti-gravedad,… ¿pero es que acaso ellos no deberían también ir buscando una solución para esa barriga cervecera, o esas patitas con muslos de gallito, por no hablar de ese culo cada vez menos culo que se va achicando en una dirección inversamente proporcional al mío, es decir, cuanto más se estrecha tu trasero, más se ensancha el mío, adquiriendo unas desproporciones altamente peligrosas, porque cuanto más intento que se adapte a la elasticidad de mis leggins, menos elástico se queda, vamos, un auténtico desastre.

Por eso, no estoy dispuesta a darle ni una pizca de oportunidad al tiempo, no me fío ni un pelo de él, en cuanto me descuido me la juega, y donde antes no había canas, de pronto un día hay un manojo, y así sucesivamente.

−Pero el tiempo también te enriquece en sabiduría y experiencia, tú no eres la misma mujercita inocente que yo conocí hace algunos años…

Y entonces, en ese momento, he comprendido literalmente lo que significa la famosa frasecita: “El tiempo todo lo pone en su sitio”:

−Pues mira, en eso creo que te voy a dar la razón−le interrumpo a mi amigo.− Hay un puñado de personajes que, efectivamente, están en su sitio. Con el tiempo vislumbré que el mejor lugar donde deberían estar, es justo donde están, lejos pero muy lejos de mí, y espero que ahí se queden por siempre jamás. Porque sí, es cierto que pone en su sitio a muchas personas que en su momento pensé que no olvidaría, pero también a aquellas que no eran nada, y que luego se han convertido en mucho.

Hay veces que miro a los que día a día están a mi lado, con los que comparto mesa en el trabajo, con las amigas que brindo por miles de cosas, y siempre todas buenas, con los míos, los de mi sangre, que no solo me aguantan, sino que hasta a veces creo que me quieren un montón, y es cierto, a todos nos van pasando los años: ya aguantamos menos madrugada de juerga, las faldas se van alargando y vamos dejando las minis para nuestras hijas, alrededor de nuestros ojos empiezan a salir esas huellas de tantos reírnos de la vida, o de mirar siempre hacia adelante, empezamos a tener surcos. Porque en estas cosas, todo depende de cómo lo mires… se puede pensar que es posible hacer un arco iris con las arruguitas que nos van saliendo, y que las canas son una maldición, pero yo en cambio recuerdo que la primera vez que me encontré una me dio por llorar y llamé a una amiga para contárselo, al final acabamos riéndonos juntas por ver cuál de las dos tenía más, o cuando no conseguía acordarme del novio de aquel verano ya tan lejano, tú sacaste las fotos que tenías guardadas de nuestros vacaciones de la infancia y ahí estaba él, lleno de granos y con los dientes saltones, ¡y pensar que yo estaba loca por sus huesos…!

Yo no sé dónde decidirá el tiempo colocarme a mí, no sé muy bien si pasaré a la posterioridad o no, pero yo me conformo con saber que en el corazón de la gente que me quiere hay un pequeño espacio para mí, un lugar en donde las miradas y las sonrisas no tengan ni una sola arruga porque estén llenas de sinceridad, y que las palabras no se las lleve el viento, ni se olviden con el tiempo. Pero mientras llega o no llega ese día, pienso seguir siendo la misma de siempre, es decir, la más de las más, que para ser la menos, siempre hay tiempo.

Sobre el autor Mar y Cleo

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