La Verdad

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GENERACIÓN PRIMAVERA
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Mar y Cleo | 23-03-2014 | 13:32

Por fin el aire vuelve a oler a primavera, a jazmines y azahar, y claro, se me van los pies a la calle a ritmo de rock and roll y es que no me puedo contener.

La semana pasada me puse los tacones y me fui de aperitivo, sí, ya sé que no es nada novedoso, que soy de las que disfrutan saliendo, pero llevaba una temporada más recogida de la cuenta y ya me estaba poniendo nerviosilla, bueno, más que nerviosa se me estaba poniendo un cuerpo primaveral que no lo podía aguantar. Y justo, cuando llego, me doy cuenta que no era yo sola la que había sentido el mismo impulso, no se podía entrar en ningún lado, estaban todos los garitos, bares y terrazas a rebosar.

La llamada de la primavera es como la de la selva, se escucha y se siente, y hoy ya puedo decir oficialmente, que ahora sí, ahora sí que huele a primavera por fin. Y es que tiene ese no sé qué, que me inunda de emociones y puede conmigo, me altera por arriba, por abajo y por el intermedio también… Y ese sol que enardece los cuerpos, y ese calor que da tanta sensación de placer, que solo con una mirada, el ánimo se me alborota entero. Porque te juro que se me ha hecho de largo y frío este invierno… ¿Me lo habrá parecido solamente a mí, o es solo la falta de brazos rodeándome?

Pero ya está, aquí estoy, sentada en una terracita, gafas de sol, camiseta súper-escotada y unos largos pendientes. ¡Me encanta! ¡Y todavía hay algunos aguafiestas que dicen que viene frío y agua…!

Es que yo, como otros muchos, pertenezco a la generación primavera, porque ni me gusta el frío, ni me gusta el asfixiante calor. A mí me va más eso de acalorarme un poco al sol y ponerme una chaquetita en la sombra, aunque con tanto quita y pon, ya se sabe… terminan viniendo los resfriados y a sacar los pañuelos moqueros con el poco glamur que da ese soniquete. Y otra cosa que me encanta de estos floridos días es que no son todos iguales, si es que ya se sabe, a las mujeres eso de la rutina… como que no, que nos aburre demasiado, así que, que tome nota el que corresponda o el que lo entienda, que lo pille y no lo suelte.

Y sí, me siento generación primavera porque me parezco a ella, alegre, porque disfruto sonriendo, y si es a carcajada limpia mejor, y sobre todo, por apasionada, que de eso soy un rato, que a mí me gustan las fiestas más que un pirulí, y por qué no reconocerlo, porque adoro el amor, ¡y el amor es primavera!

Y eso es lo que tiene esta estación del amor, que de pronto me levanto hecha un trapo por eso de la astenia primaveral, que lo mismo me levanto con un subidón de energías y de un salto dejo la almohada y recorro los metros que separan mi dormitorio de la cafetera, como si fuera pisando la mismísima alfombra roja, y me lanzo a vivir ese día florido y hermoso.

Pero igual que no hay Navidades sin villancicos, tampoco hay primavera sin alergias, y claro, a mí en cuanto me roza un personajillo de esos que van de “Me como una y cuento veinte”, es que me da un sarpullido por todo el cuerpo… que no hay mejor antihistamínico que ladearse bien lejos del maromo en cuestión, antes de que me dé un soponcio más peligroso y termine dándole un buen mamporro donde más le duela. Y bueno, cómo olvidarme de esos otros que se te pegan como lapas, y venga a contar penas de su ex, de su pensión, de su jefa, de sus recortes de nóminas, de su asociación de vecinos, de su… y claro, de pronto todo se me viene abajo, y noto que de tanta pena se me irritan los ojos, lagrimeo, las narices comienzan a gotear, el corazón se me encoge y las piernas se me aflojan, y en lugar de salir corriendo de ahí, termino con el ánimo arrugado y él tan contento, el tío pasapenas me las ha endosado todas, y él de fiesta y yo, en cambio, estoy para que me ingresen en el hospital más cercano.

Así que, al que no le guste el amor, que se salte esta estación. El que vaya con el corazón frío, que cambie de acera. El que crea que después de la cena me lo voy a comer, ha acertado. Le voy a dar un puntapié con mis tacones a la tristeza, a la mía y a la del que se me acerque. Se acabó, voy a emborracharme de calor y de sol hasta perder el sentido y no dejaré que se me borre la sonrisa hasta nueva orden.

Sobre el autor Mar y Cleo

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