La Verdad

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CONFESIONES SECRETAS
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Mar y Cleo | 06-04-2014 | 10:01

Hace tiempo que uno de mis mejores amigos me confesó los dos grandes motivos por los que jamás en su vida volvería a convivir con una mujer, aunque a mí se me quedó cara de: “los hombres están fatal”, he de reconocer en secreto, que con el tiempo, le he tenido que dar la razón, porqué sí, porque lo aquel día me dijo se ajusta a una realidad oculta, pero realidad al fin y al cabo.

─Desde que yo recuerdo las cortinas de mi dormitorio han cambiado ya más de color que los escaparates de la primavera.

─No sabía yo que te gustara tanto el interiorismo─ le respondí algo sorprendida, porque a mi amigo no le pega nada andar remodelando su casa de temporada en temporada.

─¿Yo? ¡Qué va, detrás de todo esto busca más bien una mano femenina! Cada vez que cambio de relación, la nueva es como si quisiera borrar de mi vida todo lo anterior, y lo primero que se le ocurre es poner unas cortinas nuevas, como si mi pasado y el secreto de mi amor dependiera de la tela que esté colgando de esa pared. Mira, yo no sé qué es lo que os pasa, pero es que lleváis en lo más profundo de vuestro ser un detective-decorador, porque esa es otra, como os empeñéis en descubrir algo, date por inspeccionado y detenido, porque o dais con ello o si no seguís hurgando en todo hasta que conseguís la pista que ratifique vuestras sospechas…

A mí aquella confesión masculina, y así tan de sopetón, me debió de causar tanto trauma, que aunque lo intento, no lo puedo evitar, termino haciendo todo aquello que él me vaticinó…

Y entonces nos conocimos, y nos gustamos, y nos miramos, y sin darnos cuenta nos abrazamos, y dándonos cuenta nos besamos, y los dos flipando y los dos encantados de la vida. Pero de pronto, me noto como una especie de culebrilla que me recorre para arriba y para abajo, para un lado y para el otro, ¡todo mi cuerpo! Y lo grave del caso, es que yo sé cómo se me curaría este azogue que me reconcome… Ufff, espero que él también sepa ponerle remedio y, sobre todo, que no se lo piense demasiado. ¡Mum, qué dura es la pasión sin desenfreno…!

Y yo que pensé que unas cortinas horteras podían disminuir la pasión, pues no, desde aquí lo digo, que sus cortinas no pueden ser más horrorosas, pero él, en cambio, ¡no puede ser más encantador! Aunque la verdad, que le irían mejor unas en tono pastel… Si es que no tengo remedio, yo pensando en colores el lugar de estar en lo que estoy, ¡cuánta razón llevaba mi querido amigo!

Y tampoco se equivocó en ese ramalazo detectivesco que tenemos, por no decir cotilla, que suena muy antiguo, porque ni yo misma puedo saber ni cómo ni por qué, pero mientras él se duchaba me vi con su móvil entre mis manos, tenía a mi alcance toda su lista de contactos, los miles de mensajes enviados, recibidos, clasificados, con sus remitentes y reportajes gráficos. Lo confieso, no me resistí, meter las narices ahí es el sueño de cualquiera que sea la otra parte de la parte contratante. Necesitaba saber, aunque nunca supe muy bien el qué. La ducha se prolongó, llegó el afeitado, los masajes, la relajación y el yoga… Y ahí seguía yo, como una posesa agarrada al teléfono. ¿Y esta quién es, que le felicita el Año Nuevo tan cariñosa? Pues si no le ha contestado nada, no será importante. Uff, y venga a mandarse chistes marranos con su compañero de trabajo. Mira, y luego dice que está muy ocupado, pero si tiene tres partidas de apalabrados empezadas. ¿Será bruja su madre que le dice que mejor vaya la comida del domingo él solo?…

Terminé agotada, creo que es el móvil más aburrido que he visto en mi vida. Agotada pero tranquila, la prueba del delito no aparecía, no hay ni un solo mensaje con una pichurri, y lo más divertido del caso, las últimas 99 llamadas son todas para mí. Su móvil será un aburrido, sus cortinas son las más feas y petardas que he visto en mi vida, pero él es… pues eso, ¡qué voy a decir yo! 

Pero, ¿qué hay de malo en darle un pequeño cambio a esa tapicería del sofá o esa alfombra tan cutre que no pega ni con cola? Yo por mi parte me comprometo a no redecorar tu interior, que ese el que importa, que eso es el que me atrajo de ti. Pero eso sí, como la detective que llevo dentro descubra que me escondes una trampa en un rinconcito de tu corazón, ahí ya sí que no te prometo nada, y prepárate porque te pongo todo patas arriba y a ti, por supuesto, te mando de patitas a la calle.

Sobre el autor Mar y Cleo

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