La Verdad

img
HABLANDO DE MAYO… REGÁLAME FLORES
img
Mar y Cleo | 04-05-2014 | 10:43

Reconozco que en esta época, con todos los campos llenos de colores y la primavera asomándose tímidamente por cualquier rincón, me pongo demasiado romántica. Mi corazón estornuda, y no es alergia; los ojos me lloran, y no es por el polen. No sé qué tiene este florido mes de mayo que me tiene tan revolucionada.

Y hablando de flores, estoy deseado oír el timbre de mi puerta y ver aparecer un par de piernas, es decir, dos buenas piernas musculosas con un tremendo ramo de flores haciendo de cuerpo, y que esas flores lleguen diciendo mi nombre. Que estoy harta de verlas pasar por delante, con su tarjetita incluida, y al final la que pone cara de enamorada siempre es otra y no yo.

En serio, ya sé que eso de que te regalen flores parece una chorrada y que lo que importan son los hechos… Pero a ver si me entiende alguien, es que regalar flores, es un hecho. Y además:

−A las mujeres nos encantan esos detallitos…− me pongo a decir rodeada de un grupo de amigas y amigos.− Vamos que quiero vivir esa escena de película donde un hombre, y no uno cualquiera, sino el que me gusta, llega con un ramo de flores escondido detrás, pero tiene que ser tan grande el ramo que las hojas sobresalgan por todos los sitios y que me diga: “Son para ti, preciosa”. Oye, que algo así no tiene precio.

−¿Pero es que tú no sabes para qué te las está regalando?− me contesta uno de mis amigos.

−Pues porque es un romántico de los de antes, un galán y además seguro que lo tengo en el bote.

En ese instante, comienzan las carcajadas y se miran unos a otros sin dejar de reírse, ¿pero qué les pasa a estos?

−Si un hombre llega con flores es que te ha hecho algo gordo. No digo yo que te la esté pegando, pero ya sabes… cuanto más grande es el regalo ¡menos has de fiarte! ─¡Igual está oliendo a una primavera que no eres tú!− añade la más veterana del equipo.

Ahora resulta que no sé si es bueno o malo que un hombre me traiga flores. O sea, que yo aún me erizo con el recuerdo del último ramo de rosas, y ahora resulta que no lo hizo por amor. Me parece que la gente está muy mal últimamente ¿es que ya nadie sabe apreciar las cosas bonitas de la vida? Yo que me lo imagino allí, en la floristería, dudando entre éstas o aquéllas… pensando en mí, en cuál me gustará más. Así que me enfurruño y les digo a todos que están equivocados, que regalar flores es romanticismo puro y duro.

−¿Un hombre romántico…? Ja, ja. Yo sólo me pongo romántico cuando quiero llevármela al huerto, y no a coger flores precisamente. Vamos, que no te libras ni dando saltos, ja, ja− vuelve a decirme mientras se seca las lágrimas de la risa que le está dando.

−¿Y si es la mujer quien le regala flores a él? Porque a mí me han regalado flores y aún no sé qué es lo que quería de mí− pregunta uno que no ha abierto la boca en todo el rato.

Y como ya me tenían harta con tanta risita, fastidiándome todas mis ilusiones, le digo:

−Mira, pues te lo voy a explicar. Si una mujer te regala flores, lo que quiere es, simple y llanamente, la escritura de tu casa.

Aún recuerdo las primeras flores que me regalaron. Era un ramillete de amapolas y margaritas silvestres arrancadas con la ilusión del primer amor. Al volver del monte ya se habían marchitado, pero las escondí en mi cajón de los secretos durante años. Me las dio mirándome a los ojos, con temblor en las manos mientras me decía una cursilada, pero salida de un corazón adolescente, de esos a los que la vida todavía no les ha obligado a tener que usar truquillos baratos para engatusar a alguien.

−¡No hay flor más linda que tú en todo este campo!

Yo me quedé boquiabierta, no lo esperaba y sólo se me ocurrió preguntarle:

− ¿Y por qué a mí?

− Porque es la única forma que tengo para decirte que quiero más, que me tienes loco, que…−y en ese momento me dio mi primer beso de amor y espachurramos entre los dos el ramillete.  

Hoy, después de soñar con campos llenitos de flores, vuelvo al monte. Ya se sabe, la cabra siempre tira al monte y, como si aún me estuviera esperando, me encuentro todo plagado de amapolas entremezcladas con miles y diminutas flores de colores esparcidas aquí y allá, y yo, de un salto, me planto justo en el centro. Y ahora sí, ahora sí que estoy rodeada del más grande de los ramos.    

Sobre el autor Mar y Cleo

Últimos Comentarios

MarCleo 25-03-2017 | 16:25 en:
A la tercera va la caída
mesasilla 21-03-2017 | 21:51 en:
A la tercera va la caída
mesasilla 14-03-2017 | 08:13 en:
Efluvios masculinos
mesasilla 14-03-2017 | 08:11 en:
Besos con lengua

Otros Blogs de Autor