La Verdad

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Encantada de haberme conocido
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Mar y Cleo | 19-05-2014 | 10:29

En la historia de la vida, cada uno de nosotros, pasamos unas etapas que más o menos coinciden en el tiempo, y yo no voy a ser menos, porque está claro que, tarde o temprano, a todos nos llega ese terrible momento en el que perdemos la ingenuidad cuando nos enteramos de quiénes son los Reyes Magos, o esa inquietante hora mágica en que la inocencia se pierde también, pero por otra situación más placentera, y ahora estoy en esa fase en la que me he dado cuenta de que salto de una nube de algodón, y de pronto, paso a pisar la dura realidad y así unas cuantas veces más, pero al final todas llevan unidas las mismas dos cosas, la euforia y la crisis, la locura y el bajón.

Pero yo, que siempre he sido un poco mía para estas cosas, ando últimamente en una especie de cambio, que me tiene una miaja revolucionada. Básicamente confieso que he perdido la vergüenza, principalmente hago y digo lo que me da la gana, y qué, pues que me siento genial.

─Que tengo que decir te quiero, `pues lo digo. Que llega el momento de decidir, si dejo que se alargue la madrugada o me voy a casa a dormir, pues miro a mi alrededor y como me encuentre rodeada de adorables amigos, me dejo llevar. Que me echan un pedazo piropo un poco bruto, así como que soy la que más revolucionado le pone, pues yo en lugar de sentirme mal, al contrario, estoy que me salgo.

Ya no me ando con remilgos ante nada, estoy por encima de los dimes y diretes de la gente. Me siento como si yo fuera el sol, en vez de un simple asteroide perdido, ¡me encanto!

Y claro, como he perdido la vergüenza, actúo de forma totalmente distinta a como lo hacía antes o a como los demás se esperaban. Recuerdo al primer chico que me dejó ¿o fui yo la que lo dejé? Mira por donde, ya no me acuerdo, pero lo que no he olvidado es que me fui a casa cantando aquello de los Secretos:

─”Déjameee, no juegues más conmigo… “

Y a cada acorde, unos lagrimones que ni te imaginas. Pero ahora… ahora qué, si uno no me va, pues lo despacho. Sé que suena duro, pero eso sí, que conste que antes lo he intentado con todas mis fuerza para que funcionara, pero si me sale rana o sapo, que me parece un animal más repulsivo, pues marchándose pero ya. 

Y es que no me callo, oye, que no cierro el pico, es como si la prudencia fuera una vecina de otro pueblo. Pero eso sí, sin perder las formas ni la educación, como dice una amiga: “Soy una señora, cabrona, pero una señora”.

Hay por las librerías manuales para ser la perfecta cabrona, y no se refiere a ser mala, qué va, sino a mirar para una misma. Dar amor, sí, pero nada permitir daño innecesario, ni cuernos, ni faltas de detalles, ni malos modos, ni nada de esas cosas que a veces han formado parte de nuestras relaciones, quizás por amor, o por una especie de dependencia emocional, hasta que me di cuenta de eso, y eso no tenía nada que ver con el amor.

Y como el amor y el desamor van bastante ligados, yo cuando rompo lo primero que me pasa es que me estoy muriendo de pena, luego entro en una época de esperar, porque en el fondo las mujeres esperamos habernos equivocado y que aquel que fue el elegido venga demostrando el amor que no mostró, pero cuando me harto de esperar y de llorar, ¿sabes a qué me dedico?: A observar, o como hay quién dice, a verlas venir. Sí, ahí quietecita, para que no me hierva la sangre y se convierta en vinagre, y empiece a escupir por mi boca todos los sapos y culebras que se me han enquistados en las tripas; porque yo, cuando me caliento, no hay quién me pare, y lanzo indirectas muy directas por el facebook, y etiqueto fotos, y al final para qué, pues para nada. Pero como estoy en esa etapa en la que digo lo que me da la gana… el que se atreva que venga.

Algo de bueno han de tener las horas de vidilla y de tertulias con mi gente, algo de bueno tiene cada momento que pasamos. Por eso llevo una temporada que estoy encantada de haberme conocido, porque si en vez de cariño me regalan una mierda pinchada en un palo, pues qué quieres que te diga, que eso no tiene nombre, y me dedico a reír, que para eso he dejado mi vergüenza atrás, me he soltado mi lengua y mi melena a la par y ahora soy el sol, así que, que gire el mundo que ya lo calentaré yo.

Sobre el autor Mar y Cleo

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