La Verdad

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Ganar perdiendo
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Mar y Cleo | 25-05-2014 | 10:21

Lo cierto es que me he pasado media vida queriendo ser la primera, en lo que sea, pero la primera, hasta que un día la realidad se impuso cuando después de mí llegó otra. Y ahí fue donde cambió mi visión de lo que era ser la primera, y no es otra que descubrir, que hay ocasiones donde es mejor ser la última.

─¿Acaso pensé que me iban a dar una medalla por haber llegado la primera? Lo único que realmente ocurrió es que, para recibir a la segunda o a la tercera en cuestión, a la primera había que darle una sonora patada en el trasero…

Ahora sé mucho más, pero no de lo que se aprende en los libros, qué va, he aprendido muchas de esas cosas que, por extrañas o inverosímiles que parezcan, hay que tener presente en la vida, y tengo claro que, o las aprendes a toda prisa y sin respirar, o te va de auténtica pena, y sí, la conclusión siempre me lleva al mismo sitio: ¡Yo solo quiero ser la última, y después de mí, el fin del mundo!

Para esta profunda reflexión he tenido que pasar por mucho, porque siempre estuve  empeñada en ser la ganadora en todo, todos los triunfos los quería para mí, y venga a luchar por conseguirlos, desde ya bien pequeñita quería ser la campeona, hasta que un día me fijé bien y empecé a pensar que andaba yo un poco equivocada. Mientras todos me aplaudían porque había ganado una carrera de sacos en el cole, en una esquina estaba la empollona de la clase con nuestra seño consolándola porque se había caído en la carrera y le dolía una rodilla. Yo me llevé una medalla de oro falso en carreras de sacos, y ella se llevó miles de besos, de abrazos y un caramelo del bolso de la profe. ¡No era justo! Llegué a casa, tiré a la basura la medalla y me propuse, desde ese momento, cambiar el mundo, ¿o fue el mundo el que me cambió a mí?

Me gustaría haber aprendido estas lecciones sin sufrirlo en mis carnes a base de tortas y tropezones, aunque la verdad, creo que muchas veces es la única forma de aprender.

Tengo una amiga que cada vez que habla de su amor me repite siempre lo mismo, y yo, que me he vuelto paciente, respiro profundo y cierro los ojos mientras la escucho:

─Me tiene loca, es que estoy súper colada por él, cada vez que estamos juntos soy muy feliz, estoy tan enamorada…─. Y lleva años hablándome del mismo, del mismo él, porque no hay otro él posible en su vida, porque él es su hombre con mayúsculas.

─¿Y él, opina lo mismo? ¿Y cuando no estáis juntos, dónde queda guardada tanta felicidad? ¿Y cuando te deja sola, es para irse con la otra?

Y en sus respuestas hay siempre un silencio y un suspiro; hay un ojalá y un quizá es posible; un puede que no sea lo mejor, pero no lo puedo remediar. Y yo sigo allí, a su lado, porque no me quiero perder ese día el que mi amiga, mi mejor amiga, aprenda también a ser la única última. Y que ese amor tan posiblemente imposible, tan presente y tan invisible a la vez, acabe para poder empezar de nuevo… Y ella al fin se transforme en una eterna sonrisa, será entonces cuando celebraremos juntas que se puede ganar perdiendo. Y yo ganaré volver a disfrutar viendo su sonrisa sincera y las ilusiones que mi amiga tuvo dibujadas en su cara, ella ganará al encontrar de nuevo frente al espejo a aquella magnífica mujer que un día, hace tiempo ya, dejó encerrada en el baúl de los recuerdos.

Es cierto, tengo que reconocer que cuesta mucho perder, y, si no, que me lo digan a mí cuando decido quitarme algún kilo de esos que se me pegan donde no quiero. O pierdo al pádel y me toca pagar las cervezas.

En cambio, otras veces estoy encantada si pierdo, porque si es el autobús aprovecho para hablar con amigos que tengo más abandonados de lo que quisiera, o si pierdo a quien no me quiere ganar, me apunto un gol como campeona de la Champión. Es una victoria que solo se gana perdiendo.

Como aquella vez que dejé de ser la primera en su vida, entonces esa sí que fue buena, porque al tiempo que lo perdí, gané billete para mi propia vida que me estaba esperando llena de cosas preciosas, de gente maravillosa, de historias inolvidables, de conciertos en la arena de la plaza de toros, de viajes que fui y volví con pedazos de mundo en mi corazón, de noches que se convertían en días, de amor verdadero con palabras sinceras y de caricias y abrazos apretados como si fueran los primeros, aunque sé que no serán los últimos.

Sobre el autor Mar y Cleo

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