La Verdad

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Canto de sirenas
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Mar y Cleo | 22-06-2014 | 11:21

Despertarme y darme cuenta que ya estamos en verano, que todos duermen pero el silencio de la noche se acabó, oír música a lo lejos y dar un salto,  recorrer descalza los metros que separan mi cama de mi cafetera para intentar activar mis sentidos y con el aroma a café dejando que el día me susurre al oído. Descubrir que lo único que sigo oyendo es una especie de rumor, como si las olas del mar me reclamaran.

Es un canto de sirenas que me atrae, no sé si me estoy volviendo loca o es que echo demasiado de menos la playa, o es que el mar y yo hemos sido fieles amantes durante mucho tiempo, pocos como él coquetean con cada palmo de mi piel. Pocos como él me hacen dejarlo todo si me reclama a su lado.

Así que no me queda otra que preparar la bolsa de playa, la neverita con todo lo necesario, arrancar mi coche mientras voy canturreando la canción: “Eva Maria se fue buscando el sol en la playa…”. Subo el puerto de la Cadena y cada vez es más intenso el olor a sal, creo que estoy lista para hacer realidad eso de: “Voy a pasar un día inolvidable”.

Y tras unas cuantas canciones aparece ante mí, azul, fresco, inmenso. Y me lanzo, salto sobre sus olas, mojo mi pelo, cierro los ojos y siento que estoy viva, pero de repente, noto que algo me roza la pierna, doy un salto, grito y nado despavorida, segura de que algún bicho gigantesco y venenoso me ataca, y eso que aún no han llegado los vigilantes-cachas para socorrerme. ¡Pero seré histérica…! ¡Si es tan sólo una botella a la deriva con algo dentro! Su brillo me ciega rompiendo el hechizo de mi particular placer entre el mar y yo.

Froto la botella muy rápido por si, cosas de la vida, saliera un pedazo de genio y me concediera algún deseo que otro. Dentro, un trozo de papel cuidadosamente doblado. ¡Un mensaje en una botella! Sonrío y pienso, ¡cuánto hemos perdido desde que los móviles han sustituido a las botellas! Pero, ¿quién será capaz de lanzar al mar sus sueños escritos dentro de un cristal? Aquí están, dormidos en el tiempo y protegidos por el vidrio. Cuando estaba a punto de perder mi dedo encasquillado, consigo sacar el papelito y leo:

“Te echo de menos…”. Y sin darme cuenta se me escapa un susurro: “Y yo también”. Me he ido a ver a las autoridades marítimas y sólo he conseguido unas sonoras carcajadas y una invitación para compartir conmigo una posible cena, que nunca llegará, como es lógico. ¡Para piratas está una!

Me muero por ponerle cara…

-Mañana mismo salimos a buscar al de la botella. ¿Y si está bueno y el pobre lleva años en una isla ahí solito?

-¿Y si fuera una tía la que manda el mensaje? -dice una amiga para romperme las ilusiones.

-Tonta, si he sido yo. Estaba buceando cerca de ti y… ¡¡¡Anda quédate conmigo, si ya me has encontrado!!! -suelta el golfillo de la pandilla. Debo ser la única del grupo que se le resiste y ya no sabe qué chorrada decir para conquistarme y apuntarse un pleno.

-Seguro que será muy sensible.

-O un chalao desesperado

Y de pronto, me da un no sé qué. Estiro un pie por debajo de la arena y recuerdo los dedos de tu mano acariciándome, tus ojos jugando con los míos al escondite bajo la luna de verano, vuelvo a oír mis carcajadas con tus bromas, tu olor pegado a mi ropa y… te echo de menos.

Ya en casa, y abrazada al misterioso tesoro, empiezo a repasar mis recuerdos, sobre todo los buenos, no quiero que se me olviden, aunque algunos ya se borraron, pero no importa, porque sé que están ahí y me niego a arrinconarlos en la memoria.

Aún guardo tu: “Ya hablamos…” en un frasquito de cristal. Cuando pego mi oreja a la caracola ya no escucho ningún te quiero. Mi piel salada se mezcla con el dulzor de nuestros besos.

Sigo sin saber quién fue el misterioso náufrago que mandó su mensaje en una botella, y por eso lo hago mío. Porque cualquier palabra llena de sentimientos puedes hacerla tuya o ¿hay alguien que no eche de menos a alguien? ¿Hay quien no diga: “Y yo también…”?

Este canto de sirenas me habla de que el verano ya roza mi piel, dice que en las profundidades también tienen un nuevo rey y que da igual dónde estés, que no importa dónde decidas irte a veranear, o que si te da por subirte a un avión y cruzar el planeta para conquistar nuevos mundos. En cualquier lado el canto de sirenas estará ahí, y seguro que entonan solo para ti.

Sobre el autor Mar y Cleo

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