La Verdad

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¿Me estoy haciendo mayor?
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Mar y Cleo | 06-07-2014 | 08:09

Es curioso esto del tiempo, qué largas eran las tardes de verano esperando a terminar la digestión, y ahora en cambio, al día siguiente de quitar los adornos del árbol de Navidad, en un plis, estoy haciendo el macuto para irme de playeo y huir de los calores estivales.

­–Eso es señal inequívoca de que te estás haciendo mayor– me suelta un sobrino queriendo hacerse el gracioso.

Sé que no tiene razón, que uno es mayor cuando se siente mayor, y a mí aún me queda mucha guerra por dar, pero un poquito de verdad lleva el muchacho en lo que dice, porque he pasado por muchas etapas, y todas necesarias, que yo para estas cosas soy muy formal y no me he saltado ni una. ¡Nunca me ha gustado perderme nada y que luego me lo tuvieran que contar!

Me acuerdo aquella temporada en la que tenía que superar, curar, olvidar y perdonar la mayor debacle amorosa de mi curriculum, en esa etapa es en la que me dio por sentirme como callejeros viajeros. Cada fin de semana o cada vacaciones yo tenía preparadas siempre dos maletas, una para el frío, por si me iba a Nueva York, aunque de Sierra Espuña nunca pasé, y otra de calor, por eso de no dejar pasar la ocasión del Caribe, pero, como es lógico, siempre acabé chapoteando por el Mediterráneo. Lo cierto es que yo abría los ojos y raramente podía adivinar a qué punto geográfico correspondía el techo que tenía encima. Y de tanto correr de un lado para otro, un día me cansé, deshice las maletas y me senté en mi sofá a ver pasar la vida en otra dimensión.

Y entonces alguien me puso un ordenador en el regazo, me apuntó en una página de esas que prometen encontrarte tu media naranja, y lo jodido del caso es que allí no había nada más que medios limones y algún que otro melón que me negué a catar. Pero no me puedo quejar, qué va, descubrí que en esta vida nadie es lo que dice ser, que tú puedes poner una foto de una rubia imponente, quitarte una docena de años, añadirte dos palmos de altura e inventarte la talla de sujetador que te dé la gana, y con todo ese cóctel explosivo, y unas cuantas faltas de ortografía, para ser más creíble, haces feliz a más de un cachas falso de los que piden conocerte, ¿hay algo más gratificante, que sea gratis y sin salir de casa?

Pero un día decidí que ya estaba bien de leer mentiras, que ya puesta, prefería que me las dijeran a la cara, y entonces me lancé a la calle, ya sé que dicho así suena muy fuerte, pero tranquilidad, que yo seguía siendo la misma pavisosa de siempre. Y toree en muchas plazas, me tocó lidiar con algún miura, pero los que más, eran cabestros y les di un pase de pecho para que se fueran a pacer a otros campos. Lo cierto es que me lo pasé la mar de bien, tanto, que había días que se me juntaban con las noches, teléfonos que a estas alturas no sé quién es un tal Emilio y mucho menos cuando me dio por ponerles apodos, y aún me pregunto si llamo al tal Morritos o al que bauticé como Cachas Benidorm a quién podría encontrarme al otro lado del teléfono. Recuerdo que una de las amigas con las que compartí esta etapa, que yo llamo “Adivina quién viene a cenar esta noche”, me echaba broncas:

–Si es que así no hay manera. Hazte un fichero, es de lo más práctico, vas a acabar llamando al que no es y quedando con el amigo del que quieres y no con él.

Ahora con el tiempo me he cruzado a veces con alguno de aquellos conocidos y lo curioso es que unos me saludan con mucho afecto, pero otros pasan por mi lado y ni los recuerdo, ¡y de lo que debería acordarme, lo he olvidado…! ¡Si es que mi cerebro es muy sabio y siempre me ha funcionado maravillosamente la memoria selectiva!

A esta altura de la película, siento cada vez más eso de:

–Me importa todo una mierda y el que me quiera, que me quiera como soy.

¿Qué me estoy haciendo mayor? Pues a mí qué, estoy encantada con esta nueva etapa de mi vida en la que todo me da igual y lo único que me interesa es lo que me da gusto y me hace sentir bien. Así que el que venga con ganas de dar disgustos, que dé la media vuelta. El que se piense que sigo siendo la misma pava que todo se lo cree y que tengo buenas palabritas para todos, pues más de lo mismo. Ahora, que eso sí, para buen rollito, risas, verdades y cariños, aquí me tienes, y por mucho tiempo.

 

Sobre el autor Mar y Cleo

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