La Verdad

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Cuerpo de vacaciones
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Mar y Cleo | 20-07-2014 | 09:50

El resto de los 365 días del año no tendrían sentido si no fuera porque existe hoy. Hoy es cuando vacío el armario de tres cuerpos en el que guardo mi ropa, e intento meter todo en una sola maleta con zapatos, sandalias, secador y potingues de belleza en el mismo hueco. Como es lógico, misión imposible. Pero lo que es imposible es dejar en tierra nada, todo es indispensable y el que piense que exagero, es que no es mujer.

Y entonces vuelvo a empezar, y de las innumerables camisetas rescato las más de lo más y las otras quedan descartadas, entre falditas y vestiditos hago un sorteo y es el azar el que por fin pone cabeza en la elección, pero claro, llegan los zapatos de tacón y las sandalias fashion, y como no consigo nominar ninguna para que este año no se venga a veranear, entonces no hay como que la realidad se imponga, y una vez metidos los preferidos, está claro que el resto vuelve derechito al armario a esperar mejor ocasión.

¡Y tanto que la realidad se impone, y tanto que por mucho que los sentimientos tiren para un lado, la cruda verdad termina por imponerse! Y da igual que yo me siente a escuchar cantar a los pajaritos, que por mucho que hoy sea la misma fecha en la que entraste en mi vida, la realidad me dice que también saliste de ella por la misma razón que llegaste, ninguna.

Es más fácil meter todos mis trapitos en una sola maleta de avión low cost, que deshacerme de algún recuerdo o algún examor que hace tiempo que ya no viaja conmigo a ninguna parte. Pero el recuerdo es recuerdo mientras tenga hueco en mi rincón del olvido, y mi cabecita loca me juega malas pasadas, lo sé, y mi corazón escucha canciones, y mi piel florece aunque nadie pronuncie mi nombre.

Hace tiempo que decidí dejar de sentir tu ausencia, necesitaba hacer un hueco, que corriera el aire, que se llenara mi sonrisa de otras miradas, que mi corazón abriera sus puertas, y me dejé fluir por la vida y la vida ha sido generosa conmigo y cada mañana me regala un motivo para amanecer llena de ganas. Sí, todo esto te lo has perdido.

─Pues a ver si te aclaras, porque tú eres de las que ni contigo ni sin mí, tienen mis males remedio─ me dice mi amiga de confesionario mientras entre risas intentamos hacer por quinta vez una maleta a la que se le pueda cerrar la cremallera sin que asomen por los lados toda clase de sobrantes.

─¿Por qué extraña razón he de elegir tan radicalmente? Yo sé bien quién no ocupa mi corazón, ya no hay espacio para él. Hace tiempo que tan solo es una sensación. Me he acostumbrado a que esté ahí, en silencio, en un lugar inhabitado, pero de aquel tiempo ahora soy la que soy, y las sensaciones, como los sueños de Calderón, sensaciones son.

Por fin consigo echar el cierre a la maleta, no sé si estallará antes o después de pasar el control, pero si en mi dormitorio, después de miles de intentos, ha cabido todo, es porque al final descubro que no me hace falta tanto para ser feliz, y eso significa que ya estoy preparada para pasearme por el mundo. Y ahora me toca la parte mejor. Cojo una bolsa y pongo mis libros, dejo mi estrés, la atiborro de sonrisas y lanzo al rincón de los trastos esas lágrimas oxidadas porque ya no tienen quién las haga salir.

Mis vacaciones son como una especie de comienzo o de final, según por donde lo mire, es como si el año acabara cuando sale la luna llena de verano, inmensa, de color naranja sobre el mar, y es entonces cuando me niego a dejar asuntos pendientes sin resolver y que pretendan venirse conmigo o estar agazapados esperándome para atraparme a la vuelta. Tengo un secreto que funciona, yo soy de las que sale con lo bueno, para volver con lo mejor, ¿y lo malo? Pues o se pierde por el camino o ya me ocupo yo de que se quede en el contenedor de lo no reciclable.

Con mi maleta a presión en una mano, los billetes en la otra y la esperanza de que este adiós sea un hasta pronto, me dispongo a desconectar de todo y a sonreírle a los días de descanso. Cuelgo el cartel de “Cerrado por vacaciones”, aunque amenazo con volver en septiembre, ¡que tiemble el otoño! Echo mi melena a un lado y me miro al espejo, tengo cuerpo de vacaciones. Lo llevo todo, no me olvido de lo indispensable, nada mejor que la conciencia tranquila y el corazón repleto de ilusiones. Las sensaciones, por esta vez, no han sacado billete, mejor así.

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