La Verdad

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He vuelto para quedarme
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Mar y Cleo | 07-09-2014 | 09:22

Ya estoy aquí, de vuelta de las vacaciones, pero no de la vida, que eso se lo dejo a los que un día tiraron la toalla junto con su mente, su culo y su corazón, y claro, envejecieron porque dejaron de tener ilusiones. Pero mis ilusiones, como son de las buenas, hacen que me levante con una sonrisa, aunque sea el primer día de madrugón posvacacional, y me siento tan fuerte que la vida me estalla entre los sentidos, y tengo la cara guapa, la mirada fresca y aún con sabor a sal, y la lengua… la lengua afilada para esos que pretendan que me olvide de quién soy y lo maravilloso que es sentir que mis días son pura fiesta.

Lo curioso del caso es que este camino de vuelta no lo he recorrido en solitario, qué va, hubiera sido imposible y además aburridísimo. A mi lado han venido un buen puñado de personas, y no de gente, y han sido mi empujoncito, ese achuchón que me encanta, ese antiguo novio que me reencontré después de tantos años y me dijo que tenía la mirada igual que cuando íbamos al colegio, ese amigo inesperado que se sentó a mi lado una noche de luna llena, esa amiga que me soltó algún que otro consejo que me fastidió escuchar, pero que sin él nunca me hubiera vuelto a levantar, e incluso, aunque ellos no lo sepan, también vienen conmigo los que me ignoraron, los que me dieron por perdida o simplemente los que nunca fui de su gusto… por eso mismo, porque sus desprecios me han dado más la razón, y cuando entendí que nunca estuve entre sus principales intereses, más interesante me sentí.

Mi coche limpio, ya no queda en las alfombrillas ni un grano de la fina arena de las playas que he pisado, y ahora le toca a mi casa y eso me hace recordar una conversación de chiringuito entre risas y con el mojito en la mano me sacó una risa sana.

─Yo, cuando la vida me aprieta y el corazón me duele, siempre empleo la misma solución: “Cambio la funda del colchón”– dice una amiga con una sonrisa. Y como peco un poco de ingenua le contesto:

─¿La funda del colchón? ¿Es que tus colchones tienen fundas de esas antiguas que hace falta cuatro personas para cambiarla?

Y entonces, todos los que están allí se parten de la risa y ella añade:

─¿Es que no sabes lo que es cambiar la funda del colchón? Ja, ja, ja.

Pues mira por donde, me vine con la lección aprendida, por lo visto es lo mismo que: “A rey muerto, rey puesto”.

Y miro mi cama y veo que hace muchos años, ya demasiados, está cubierta con la misma funda, y me digo:

─¡Toca limpieza, tan limpia mi casa como mi vida!

Y empieza el zafarrancho: lavo, borro huellas, y dejo mi móvil como recién estrenado, y me pongo a cantar canciones de aquellos discos de vinilo que llenaron mis años de adolescencia, y entre tanto canto y tanto limpiar, empiezo a sudar, me lanzo a la ducha y me miro al espejo, ahora que aún se diferencia la piel tostada de esa poca que no he ido enseñando por la costa, intento peinar mis rizos enmarañados y rebeldes que se niegan a volver a chamuscarse entre al calor del secador y de la plancha.

Y noto que la que ha vuelto es otra, ya no siento aquellos ataques de rabia cuando no conseguía que me entendieran, qué incomprendida me sentía, y sobre todo, cuando no me quería quien yo quería y me cubría la sombra de la soledad… Ahora me siento única y diferente, tanto, que sé que este es mi encanto y voy a usarla como arma arrojadiza cuando quiera que caiga en mis redes más de uno. Fuera ese estrés, nada de estar tensa, de pretender gustarle a todo el mundo, se acabaron las prisas de: “Lo quiero ahora o nunca”, ¿hay acaso algo más romántico que la sorpresa y lo impredecible? Me voy a dejar llevar, con tranquilidad y sin agobios, me niego a saber de antemano el final feliz de nada… quiero que me sorprendan, pero no que me asusten, que no es lo mismo, ¿eh?

En este verano he aprendido que mi tiempo es el mayor tesoro, tengo todo el del mundo, solo ese tiempo me ha devuelto la paz, y cada pliegue de mi piel está lleno de buenos recuerdos,  de los deseos que pedí a una estrella fugaz que voló sobre mi cabeza una noche de verano para recordarme que la verdadera estrella de mi vida soy yo.

Recojo la toalla, esa que nunca tiraré, cambio la funda del colchón, suelto mis rizos, y ahora sí, ahora sí que he vuelto, ya estoy aquí de nuevo y, por descontado, he vuelto para quedarme.

Sobre el autor Mar y Cleo

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