La Verdad

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Donde pongo el ojo…
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Mar y Cleo | 21-09-2014 | 08:11

Yo soy unas de esas ilusas de la vida que donde pone el ojo, pone el amor; es que no lo puedo evitar. Las veces que me ha ocurrido ha sido así, es verlo y enamorarme. Pero que me enamoro, me enamoro. Nada de tonterías de esas de:

─Me estoy colando. Este tío me pone. Cuando lo veo me sube la bilirrubina. Me encanta…

Pues no, yo soy mucho más radical. A mí el enamoramiento me bloquea las arterias, me trastorna las meninges y se me alteran todos los sentidos, consiguiendo que lo poco que me podría quedar de inteligencia, se me anule hasta nueva orden. Lógicamente esto conlleva unos efectos secundarios que son la leche, inimaginables y completamente irracionales.

A mi alrededor siempre hay alguien que pertenece al bloque duro del antirromanticismo, y entonces comienza su guerra particular conmigo, intenta conseguir un alma para su causa, para esa teoría de que cuando más los castigas, mejor:

─Ni se te ocurra contestarle el mensaje, déjale que espere un par de horas, que sufra, que eso les engancha más.

Pero yo siempre he sido una pava, porque es cuando me levanto disimuladamente, me encierro en el cuarto de baño, y le mando todos los mensajes que me da la gana.

─No aceptes la cita, ¡ni pensarlo! ¿Pero es que quieres que piense que él es tu único plan para este sábado por la noche? Antes convoca una reunión de primas y encerraos en una maratón de pelis, con palomitas incluidas. ¡Qué pena, otro sábado será…!

Y a mí de pronto me da una fiebre altísima, me despido del resto del mundo y de los grupos del wasp hasta la semana que viene, y entonces acepto la cita del viernes y la del sábado por la mañana, que pienso que dure hasta el domingo por la tarde. Aunque claro, lo peor de ello es que luego no lo voy a poder contar, que no se lleva eso de decir que he ido detrás de nadie porque creo en el amor, ¿Por qué las cosas nos son más sencillas y si nos gustamos, pues nos lo decimos y ya está?

Después de considerarme toda una experta en ser enamoradiza, he llegado a la conclusión de que lo malo no es ser floja de corazón, que cada cual es como es, y yo poco he podido cambiar en este tema, lo peor de todo es que pese a que sé que no debo, pongo mi pasión en el personaje equivocado, y yo venga a hacerle carantoñas, mensajitos y a su disposición permanente las 24 horas del día y, como siempre, se lo ofrezco al que menos se lo merece, a ese que va sobrado de titis tan dispuestas y tan predispuestas como yo. Y claro, entonces no es que yo lo agobie con mis ganas de él, es que ya somos varias las que tenemos ganas del mismo y, lógicamente se asfixia a la misma vez que yo me agobio al ver cómo todas llevamos cuernos del mismo hombre y para colmo, son de los que cuando se hartan de alguna de sus titis, desaparece por la puerta de atrás con el rabo entre las piernas. De verdad, ¡estoy hasta el moño de tanto cobarde!

Mira, llevo algunos kilómetros recorridos, y el peso del desamor a la espalda, porque si yo contara algunas de mis decepciones… de esas que son de libro, si yo contara algunas veces que las lágrimas se me caían solas, sin poder sujetarlas ¿y él mientras? Pues se había largado con otra. ¡Vamos… que me llevan al Sálvame y los dejo a todos sin merendar!

Pero cuando las lágrimas se me secan, tengo claro que el único lerdo afectivo es quien no ha querido querer. Ese que va por la vida metidito en una armadura que le protege, pero fría y un poco oxidada ya, la verdad, como aquel desventurado caballero de la armadura que acabó sin poder quitársela jamás.

No soy mujer de meterme con los hombres, así en general, de eso nada, no me gusta nada eso de generalizar, ¡que no todos son iguales! Pero lo que sí tengo claro, y por eso lo escribo, es que hay que empezar a filtrar y mucho, que hay cada elemento suelto…

Así que aunque en temporadas duerma en la esquina de mi cama y la otra mitad esté de más, pienso seguir proclamándome romántica, enamoradiza y apasionada. Me niego a que nada ni nadie me resetee  el corazón.

Quiero seguir siendo una ilusa llena de ilusiones, y salir a la calle pisando tan fuerte que me duelan los talones. Quiero estar con ilusos de la vida que crean en el amor y en los sentimientos, quiero tapar la otra mitad de mi cama con una pasión enamorada. Y es que yo, donde pongo el ojo, pongo el amor.

Sobre el autor Mar y Cleo

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