La Verdad

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Curriculum sentimental
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Mar y Cleo | 28-09-2014 | 18:58

Algún que otro incauto se ha atrevido a preguntarme esa duda que nos corroe a todos al poco de conocer a alguien y nuestro interés va un poco más allá, y entonces con voz de no haber roto un plato en la vida y como si le diera completamente lo mismo, me lanza este dardo envenenado:

─Y tú, antes de estar conmigo, ¿con cuántos más has estado?

Hace tiempo aprendí a no caer en las garras de tal curiosidad, es preferible que él se quede eternamente con la duda y que piense lo que quiera, porque la respuesta me puede hundir en la peor de las miserias. Que me tome por una mojigata y una estrecha, por no haber sido capaz de acumular un número apropiado de pretendientes y que piense que mi inexperiencia amorosa puede ser un inconveniente, y así ya le he puesto en bandeja, al desinteresado pronovio, una buena excusa para salir corriendo.

¿Pero y si ese número de conquistas de mi pasado, al que escucha, le parecen no solo demasiadas, sino que tal repertorio es tremendamente desorbitado y ahora paso de ser una chica encantadora y atractiva, a una fresca en toda regla? Pues este, en lugar de correr, hace pluf… y desaparece por temor de que cualquiera de los que me saludan por la calle sea uno de los candidatos a formar parte de mi carrera amatoria, y claro, eso no hay macho con pelos en el pecho que lo pueda soportar:

─¡Hasta aquí podíamos llegar! ¡A ver cómo se la presento yo a mis padres, sin que me tiemble la voz del mosqueo crónico que voy a llevar a su lado!

Por ello, mi curriculum sentimental me lo pienso llevar a la tumba, pero lo que sí tengo claro es lo orgullosa que me siento, porque ni sobra ni falta ninguno, e incluso me atrevería a repetir con alguno, ¡a ver si somos capaces de mejorar lo vivido!

Lo cierto es que, aunque con cada uno de ellos he de decir que fui muy feliz, también es verdad, que lo fui de una manera diferente. Echando un vistazo rápido, lo curioso es que en la cabeza, o mejor en el corazón, los sitúo en dos grupos: uno los que me han amado y los otros, a los que he amado. Algunos están en los dos lados, pero otros… se quedan donde les corresponde. Y de pronto, me da una palpitación en lo más hondo de mí, y siento una ansiedad increíble porque no soy capaz de responder a este dilema:

─¿Qué prefiero, amar o ser amada?

Lo gracioso es que se me ha ocurrido hacer esa misma pregunta a todo el que me he cruzado y siempre se me quedan mirando con la misma cara de: ¿Y ahora qué digo?

Y echando mano de mis antecedentes amorosos he llegado a una gran verdad: me encanta cuando me aman, cuando sacan lo mejor de mí con tanto cariño. También me siento muy orgullosa de esas historias en las que he sido yo quien ha puesto más carne en el asador, en las que amo con los ojos cerrados y a pleno pulmón. Reconozco que siempre me ha quedado un poco la sensación de querer recibir más, pero es tanta la satisfacción y tanta la pasión desenfrenada que se me escapa del corazón, que ¿sabes qué? Peor para el que no la sepa disfrutar, porque yo, en cambio, sé que he vivido el amor con mayúsculas, ¿acaso hay algo más bonito? Y las ocasiones en las que amo y me aman… pues eso, que son instantes de felicidad plena que puedo confesar que he tenido la suerte de vivir.

Así que ya me dirás qué importará con cuántos he estado. Porque digo yo, mientras esté contigo y no te comparta con más amores en el mismo espacio de tiempo, vamos bien. ¿Qué interés tenemos todos en husmear en las vidas de otros? La cosa está en que el amor sea siempre el primer ingrediente, ¿que me quieres y yo a ti también? Pues para delante. Atrás quedó elegir al más alto y al más guapo, ya no me interesa aquello de: “Por interés te quiero Andrés”, y, menos aún, fijarme en esos que dicen seamos amigos y después cada uno por su lado. Para mí el amor es mucho más, tanto, que como todas las cosas buenas de esta vida es inexplicable, o es que alguien es capaz de describir cómo es el primer trago de una cerveza fresquita o esa calada a escondidas que das a un cigarro cuando oficialmente “ya no fumo”. Pues eso, que el amor es como los chistes, cuando se explican pierden su gracia, y a mí lo que me vuelve loca del amor, lo que me hace caer siempre en sus redes, es precisamente eso, que me haga gracia.

Sobre el autor Mar y Cleo

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