La Verdad

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Una retirada a tiempo
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Mar y Cleo | 05-10-2014 | 10:33

Llevo toda la semana con un paraguas por si llueve, cuando voy cargada con él no cae ni gota, cuando me lo dejo en casa, me calo hasta las pestañas; y es que esto de llover en esta tierra, como otras cosas, va por rachas. Vamos, que está como yo, que paso meses de soledad y sequía absoluta, y de golpe, por el calentamiento del mar o la bolsa de aire frío o porque ya me iba tocando… que no lo tengo muy claro, no doy abasto para quedar a comer o contestar mensajes, coger llamadas, recibir piropos y proposiciones.

Así que yo asumo las cosas como vienen, sin agobiarme. ¿Que estamos en otoño? Pues a disfrutarlo. ¿Que les da por cambiar la hora? Pues a disfrutar de la noche. ¿Que las hojas empiezan a caerse y lo que no son las hojas también? Pues yo tranquila, que ya volverá la primavera, y además sé que los hay capaces de subírmelas hasta el cuello.

Pero es cierto, el otoño nos llega a todos, y si hay algo contra lo que poco podemos hacer es parar las horas del reloj, así que aunque me pese, llega un momento en que las caprichosas arrugas empiezan a querer instalarse. Que síí… que vale… que solo es cuestión de cuidarse y beber mucha agua, ¡con la poca que sed que tengo de beber agua! Pero qué quieres que te diga, hay que ser un poco lista en algunas ocasiones.

Una noche salí a cenar y luego a bailar, y una canción llevó a otra, y llegó la hora del cierre del garito y, sin previo aviso y a traición, van y encienden todas las luces, luminosas, blancas y brillantes. Una de mis amigas me mira horrorizada y sale disparada, mientras me arrastra tras de sí.

–¡Vamos, coge tu bolso de inmediato que tenemos que irnos corriendo!

Creí que quería irse sin pagar o que había fuego, y le pregunto toda preocupada:

–¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

─¿A quién se le ocurre iluminarlo todo con el careto que tenemos a estas horas? Prefiero salir de los garitos diez minutos antes del cierre, así que, escucha y aprende: una retirada a tiempo nunca falla.

Aquello me dio qué pensar, y como es cierto eso de que soy una mujer prevenida, por eso de que valgo por dos, pues me he armado de valor y he entrado a una clínica de milagros estéticos. Aquí estoy yo, conteniendo la respiración para meter barriga y en busca de una cremita prodigiosa o unos mágicos masajes que paren un poco la erosión de la edad. Me atiende una “asesora del cuerpo”, tan impresionantemente impresionante, que pensé que no era real.

El cartel de la “Primera cita gratis y sin compromiso” tiene un objetivo: sonsacarme lo que no me gustaba de mi  imagen. Y mira que yo me encuentro bien como soy, pero claro, empieza el tercer grado, comienza a preguntarme y:

–Nada… poca cosa… un tratamiento anti-gravedad– digo yo muy segura.

Y de pronto su 90-60-90 me invita a levantarme y empieza a girarme muy despacio. Y con un repaso de arriba abajo, dice acarameladamente:

–Mira preciosa, yo empezaría por un lifting, pasando por una cirugía de bolsas de ojos, los músculos del pecho con un par de cortecitos se te levantan, mum… unas bolitas de silicona en el culete y te lo dejamos respingón. Y bueno, desde luego, una liposucción de barriga y cintura sin dudarlo.

–¿Pero me has mirado bien?– contesto mientras intento no decirle: Bruja creída, tú de qué vas.

–¡Claro, corazón! Pero con estos retoquitos serás una mujer nueva. No te reconocerá ni tu madre.

La tontería me costaba casi lo mismo que comprarme un coche nuevo y además de tener que vender mi colección de tacones por Internet. Tenía que salir de allí como fuera. Una retirada a tiempo es de nuevo la solución, porque te juro que soy una miedica y no sé a qué temo más, si a las agujas o a que mi madre no me reconozca.

Al salir respiré libre, paseé de vuelta a casa y me vi reflejada en los escaparates, me gusté y pensé: ¿No tienen ellos barriga? y dicen: “Mi dinero me ha costado”. ¿No están calvos? Y aluden:”Se me cae el pelo porque soy muy viril”. Y cuando son mayores les cambiamos lo del “tío bueno” por lo del “hombre interesante” porque son encantadores, atractivos, inteligentes… pues yo igual, ¡¡¡faltaría más!!!!

Ahora que en otoño los días se acortan y las farolas de la ciudad pronto estarán encendidas casi a la hora de la siesta veraniega, es un alivio saber que de noche todos los gatos son pardos y que el que me quiera, que me quiera como soy, y si no le gusto, una retirada a tiempo nunca falla.

Sobre el autor Mar y Cleo

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