La Verdad

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Para toda la vida
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Mar y Cleo | 21-10-2014 | 17:48

Hace un año que decidí dar un giro a lo que me estaba ocurriendo. No es que estuviera yo mal ni que me sintiera una desgraciada, no es eso, es que siempre he creído que hay momentos que se acaban y otros que empiezan. Y llegó uno de esos momentos; sabía que tenía que coger un camino y cerré los ojos y de pronto me pareció escuchar a mi abuela ahí sentada en su sillón de siempre, mirándome con esos ojos chiquititos de color verde:

─Lleva cuidado con lo que haces, porque pase lo que pase, para bien o para mal, “es para toda la vida…” .

A mí aquellas palabras me dejaron sin habla. Si me enamoro, ¿será para toda la vida? Y si me voy, ¿no volveré? Y entiendo que eso era cierto, pero era cierto en sus tiempos, porque ahora todo parece distinto, todo lleva escrito la palabra fin. Así que, al menos para mí, ha dejado de tener sentido esa frase tan infinita, donde cada cosa que me ocurriera tendría que permanecer para todos los siempres. A ver… ¿de qué le sirvió a mi abuela que aquel abrigo durase más que ella, o esa vajilla que pasa de generación en generación y solamente sirve para sacarla, limpiarle el polvo y de vuelta a la vitrina?

Entonces abrí los ojos y dije, ahora es el momento, y sí, me propuse vivir, mandar al carajo todo lo que me hacía daño o lo que estaba obsoleto por falta de uso. ¿O es que no te ha pasado nunca que has vivido una historia de amor que se quedó sin usar? Como cuando nos compramos unos preciosos zapatos, los miras, los acaricias, les haces miles de fotos y te los pones para una superfiesta y te crees la mujer más bella del sarao, y luego, con mimo los metes en la caja y no los vuelves a sacar, vamos que a los dos meses, cuando revisas por casualidad el armario, te das cuenta de que ni te acordabas que los tenias.

Y han pasado 365 días y yo he multiplicado cada hora por dos, cada intenso minuto ha estado lleno de un: “No me arrepiento”, que nada dura para toda la vida, así que, mientras dure, ¡a disfrutarlo como si fuera mi última oportunidad!

Porque yo debo ser como los gatos, que aparte de caer de pie, tengo siete vidas, algunas ya las he gastado, pero aún me quedan unas cuantas, ¿eh? También me siento gata cuando ronroneo con una caricia o cuando estiro el lomo para rozarme contigo si te tengo a mi lado, pero cuidado que te saco las uñas si en vez de besarme intentas hacerme daño.

Es cierto, yo era de las que creía en el amor eterno, en ese amor verdadero que jamás se puede borrar del corazón, pero mira tú por dónde que era tan perecedero como un yogur, ¡qué ilusa! Memos mal que terminé pasando página y aprendiéndome bien la lección, así que ya no me fijo en su fecha de caducidad, sino en la mía, gasto una vida, pero comienzo otra…

Y claro, conforme pasa el tiempo cada vez me queda menos sitio en la casa, en la cabeza y en el corazón, así que eso de ir almacenando cosas que nunca me servirán, o recuerdos que no deberían estar o zapatos sin estrenar, pues va a ser que no.

¿Y qué hago con lo que no es ropa, adornos, chismes, cacharros… en fin, enredos de toda clase? Pues los regalo, que hay mucha gente que les dará verdadero uso y hay que reciclar. ¿Y con mis recuerdos? Pues lo mismo, me voy un día con los amigos y nos rodeamos con unas copas de vino y una buena comida, les suelto todo lo que llevo guardado, y cuando me haya desahogado, cierro la botella llena de esos recuerdos y les digo adiós. ¿Y con los ex…? Pues esos se pusieron en el mercado hace tiempo, así que ya habrá quienes se los hayan quedado, oye y mira, igual hasta les han encontrado algo de utilidad.

Es cierto que para toda la vida siempre quedan algunas cosas, pero solo cosas bellas, como aquellos viernes por la noche en el sofá viendo pelis, o algunos viajes con amigas, o esos pendientes que me regaló mi madre…

Pero en lo que de verdad mi abuela tenía razón es que hay algo que ha de durar para toda la vida, sin excusas, sin cansancio ni miedo, y esa soy yo. Aunque saque esos zapatos una vez cada dos meses, aunque vacíe mi armario y mi cabeza de cosas que ya no me sirven de nada, yo duraré toda la vida mientras disfrute, mientras sueñe, mientras ame, mientras olvide, mientras escriba, mientras me leas.

Sobre el autor Mar y Cleo

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