La Verdad

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¿Quieres cenar conmigo?
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Mar y Cleo | 16-11-2014 | 10:11

Hay días que me levanto a lo “Llanero solitario” y me sobran todos y todas, y es curioso, porque el resto del año soy de las que, cuanta más bulla hay, más me siento en mi salsa. Bueno, pues hoy es uno de esos en los que conmigo misma tengo bastante, vamos, que me basto y me sobro. Y he decidido tomarme el día sabático, me voy a camuflar tanto, que no me va a reconocer nadie. Me pondré una peluca y unas maxigafas de sol, por eso de que prefiero ver a ser vista. Y ale, a la calle a que me dé el aire fresco de este otoño que al fin parece que está aquí.

Y me cruzo con mil caras que en otras circunstancias me hubieran reconocido, y yo feliz. Y me dejo llevar, no pienso ponerle límites a mis pies, hasta donde ellos quieran ir, allí iré yo. Y me dejo querer por este solecito, hoy ni tan siquiera llevo puestos los cascos, no sea que alguna canción indiscreta me traiga recuerdos de quien está metido en el rincón que tengo para quien me ha defraudado, pero esos personajes no vienen al caso ahora. Lo dicho, hoy conmigo misma y punto.

Estoy tan lejos de mi territorio comanche habitual que igual me he salido de la provincia y no me he dado ni cuenta. Igual que como en tiempo de guerra, todo agujero es trinchera, en los días como hoy, en los que estoy reflexiva, toda terraza que ponga cervecitas y marineras es un paraíso. Y en mi edén particular estoy y me levanto las gafas y me veo rodeada de un precioso jardín, sin ruidos ni pelotazos amenazadores, tan solo el susurro de dos voces que a mi espalda intercambian confidencias:

─¿Y tú, eres de las que le prefieren madrugar los domingos o te va más retozar hasta media mañana?

─Todo depende de cómo se presente el amanecer…

─Me gustaría invitarte a cenar esta noche.

─Y a mí me encantaría que me invitaras…

Y de pronto la conversación se corta y no se escucha nada, y claro como soy una curiosona, me giro esperando ver a una pareja de tortolitos iniciándose en el arte del amor, y cuál es mi sorpresa, que estos de novatos amorosos no tienen nada. Él ya peina canas y ella atrás dejo hace mucho tiempo las minifaldas veinteañeras, la crianza de los hijos y las prisas por llegar a mil sitios a la vez. Ahora es ella la que ha decidido que le toca vivir la vida de otra forma. Y él le dice cosas al oído y ella le coge de la mano y sonríe poniendo los ojos en blanco intentando disimular el sonrojo, y se tocan la espalda con caricias que dibujan sueños con los dedos.

Se ponen en pie y se alejan de mi vista poco a poco, como a cámara lenta, han emprendido un camino, igual que el de su vida, bromean entre risas y van tan enjugascados los dos que hasta dan un traspiés a la vez y se les escapa una carcajada cómplice, y vuelta a tomarse de la mano.

Les miro sin nostalgia, pero con dulzura. A mí no me salen las cuentas, 1+1 aquí no son dos. Y de pronto dejo de estar introspectiva, pero ¿qué puñetas hago yo aquí tan sola? ¿Hace cuánto tiempo nadie me dice que le gustaría invitarme a cenar esta noche?

Y es que está claro que no es lo mismo estar solo que sentirse solo. Lo confieso, después de ver la ilusión y la valentía de esta pareja de enamorados creo que me he puesto un poco envidiosa.

Y vuelvo por donde vine, y otra vez esas caras conocidas y tan acompañados unos de otros, y tan solos los unos y los otros. Porque eso es lo peor, cuando te encuentras en esa situación en que ya lo tienes todo contado, la hipoteca pagada y el coche en el garaje, y ahora, en vez de mirarse a los ojos, mira cada uno para lados contrarios. Él, que después de todos esos años ha entrado en la crisis de los 50 y lo único que se le mete en la cabeza es vivir la vida… ¡como si lo vivido hasta ese momento no hubiera sido vida! Ella, aburrida, busca distracciones en otros lugares. Eso sí es una vida solitaria, eso sí que es estar solos de verdad.

Y desde aquí, sentada al borde del fin del mundo, me quito la gorra y las gafas y las lanzo al vacío. Voy a levantar el culo, que no hay tiempo que perder para llenar mi camino de buenos corazones que sepan amar, rozarme con pasiones que quieran vivir  despertares y anocheceres rodeada de música, y acariciar sueños compartidos hechos realidad.

Sobre el autor Mar y Cleo

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