La Verdad

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En la punta de mis dedos
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Mar y Cleo | 30-11-2014 | 12:01

Y la vida siguió, y yo con ella. Y como dicen esas frases lapidarias de autoayuda que tanto le gusta a la gente reenviar por Internet bombardeándome los sentidos: “Lo mejor está por venir”, “Deja de releer el último capítulo de tu vida, para poder empezar a leer el siguiente…”, “El amor verdadero…” ¿Qué bonito verdad?, tan bonito como cursi y ridículo. Porque claro, todas estas palabras dependen mucho de cómo te pille el cuerpo. Unas veces pienso que quienes escribieron esto eran unos pobres ilusos y pretenden convertir todo en un cuento de color de rosa, y hay quien se deja llevar por tantos colorines y, como si estuvieran fumados, sienten que todo es amor y paz. Pero yo, que me conozco, reacciono como si fuera un muelle y zas, me rebotan en la piel que se ha vuelto impermeable a las palabras, y ahora solo me calan los huesos los hechos.

Y en eso estaba yo, después de analizar todos esos mensajes bienintencionados,  después de indigestión de frases de consuelo, sabiendo que el consuelo realmente no existe, que lo único real es echarle un par de tacones al asunto y seguir caminando por encima de todo. Entonces me miro y me digo, todo de una vez:

─¡¡Deja  ya de pensar!! ¿No te das cuenta que es de lo más aburrido escuchar a quien aún vive del recuerdo de un amor que ya no existe? ¿No te das cuenta que la gente está harta de tantas desdichas?

Y así fue cómo ocurrió. Yo cuando decido quitarme las penas me apunto absolutamente a todo. De pronto, estaba metida en el lío y cuando ya me veía de nuevo bajo la manta de mi sofá, donde los únicos destellos de fiesta que lucen son los destellos del televisor, pegué un salto y decidí respirar otros aires más limpios y frescos. Y como tengo la suerte de tener amigas que tardan lo mismo en ponerse unos tacones que en hacerse la maleta, en un abrir y cerrar de ojos, pues eso, que el fin de semana pasado nos lanzamos a la carretera sin destino ni límites para vivir la vida.

Mi madre me decía:

─ ¡Pero hija, así no se puede viajar! ¿Tendréis al menos un hotel reservado?

Pero para entonces nosotras ya habíamos zarpado en busca de nuevos aires, porque buena falta nos hacía, que una también se cansa de los mismos caretos sentados en los mismos garitos, para mí que alguno sigue en el mismo taburete de sábado en sábado como si fuera parte del decorado… ¿será también el mismo cubata o le cambiarán los hielos?

Y de repente frenamos el coche… ¡En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no me quiero acordar…! Por qué no convertirnos en unas auténticas Dulcineas, con Don Quijote o sin él, que poca falta nos hacía en ese momento el pobre hidalgo.

Doce horas seguidas, desde la primera tapa hasta el último baile, fue como un preámbulo de la Nochevieja, y por eso cada hora estaba dedicada a cumplir un pequeñísimo deseo, más bien un antojo, y así lo hicimos.

Quiero buen vino de la tierra y el vino corrió por nuestras gargantas y brindamos por la amistad y… ¡deseo cumplido! Quiero risas junto a la chimenea de un bar… ¡y segundo deseo hecho realidad! Quiero jamón del bueno, que a mí me vuelve loca ¡y un tremendo plato se puso ante mí! Quiero bailar… ¡Bueno, para ser sincera, este duró más de dos y de tres horas! Quiero un abrazo… ¡y ya lo creo que lo recibí! Cada hora que pasaba sentí que, efectivamente, mi vida sigue, y empecé a notar que ya no tengo que empujarla para que ande, ahora resulta que es la vida la que me empuja a mí.

Y con esas nuevas fuerzas he vuelto a casa y me he encontrado que la ciudad baila conmigo. Me quito los tacones y me calzo mis zapatillas deportivas y a recorrer kilómetros, y para mi sorpresa, hago el camino junto a un inesperado nuevo amigo que vuelve a invitarme a jamón, por si me había sabido a poco el del fin de semana. Y me hace reír, y siento que vivo mientras charlamos a la luz de un barecillo.

Y como un imán, la alegría trae más alegría, el aire fresco que respiré por aquellas tierras de molinos de viento se ha llevado mis nostalgias. ¡Pero si hasta pienso que llos lunes ya no son tan malos!

A ver si ahora va a resultar que, después de tanto criticar esas cursiladas de frases, resulta que ahora están en mis manos. ¿Y por qué no? Miro este teclado cansado de tantas historias de amores y desamores y sé que la vida sigue, porque mi libertad, mi amor y mis pasiones están justo aquí, en la punta de mis dedos.

Sobre el autor Mar y Cleo

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