La Verdad

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A ustedes, señores y señoras mandatarios
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Mar y Cleo | 08-12-2014 | 10:36

Yo no sé si estos aires de cambio, de indignados o de, simplemente, estamos hasta la pandereta de tanto mangante van llegar a buen puerto, pero por si sí o por si no, los expertos dicen que la Constitución del 78 ya está pidiendo la jubilación, que tiene artrosis y hasta puede que huela un poco a rancio la pobre. Pero nada, que aquí pasa el tiempo para todos, a ver si voy a ser yo sola la que cumple años este mes, que no, que aquí a más de uno le va haciendo falta un lifting, sobre todo mental.

Y aprovechando que andan los tiempos así de revueltos, me voy a tomar la libertad de pedir, que por pedir no quede, un poco de chispa en esto del politiqueo. Vamos a vestir de largo a Doña Constitución, a peinarla de rubio Marilyn y a subirla en unos buenos tacones. Y que sus artículos nos hagan sonreír, que cada una de sus palabras demuestren que realmente los importantes somos los ciudadanos de la calle. Estoy segura que así no va a andar nadie peleándose por cambiarla y volverla a reformar, que si ahora te quito esto y te pongo aquello.

Y a la República le digo, que yo tengo la mía propia, y que convoco fiestas sin protocolo ni coronas, hasta el besamanos se convierte en un abrazo de alegría, aunque se lo tenga que dar al pequeño Nicolás. Y pese a sentirme desde siempre una princesa, no me importa no tener un trono, porque yo, como el resto de vosotros, tenemos la sangre del mismo color. Que aún no he encontrado a nadie que en un análisis le salga azul. A mí lo que me importa es poder hacer y deshacer a mi antojo mi propia vida, entrar y salir, pasear por la calle que me dé la realísima gana, sentarme a tu lado o subirme a la barra de un bar al estilo coyote.

Y los  aires independentistas… ¡Pero si esos los tengo yo desde que salté de la cuna! Me dije: soy libre, y yo así vivo, aboliendo dependencias amorosas, no dando crédito alguno a relaciones toxicas. Aunque también es cierto que si he llegado hasta aquí, siendo plenamente libre e independiente, es porque he encontrado el cobijo de mi familia, los consejos de mis amigos y los abrazos de mis amores.

Y respecto a eso de que todos somos iguales… sí, ante la ley sí. Pero cuántas veces hemos oído eso de: “Todos los hombres sois iguales”, pues no. “Todas las mujeres son iguales”, ni pensarlo. Así que, de ahora en adelante, reclamo ser desigual a todas, y que a nadie se le ocurra compararme.

Cualquiera que me vea hoy esta vena tan constitucionalista que me ha salido, igual se piensa que me ha dado por meterme en política, y eso, ¡ni pensarlo! Que yo, cuando me haga famosa, espero que sea por cosas de esas que sacan sonrisas y animan corazones, y además, tal y como están las cosas… ¡calla, calla, no sea que al final termine en chirona con un pijama de rayas  y sin tacones…!

Y ahora, tan solo me gustaría dedicarle unas palabritas a sus señorías los diputados, para ver si así, en tal día como hoy, les da por arrimarse un poco al querer del bueno y no tanto a esos sobres tan untados, que mira que al final todo se sabe… y se están poniendo las cosas pero que muy feas. Pues eso, allá voy:

En este día tan noble como histórico para nuestra nación, me dirijo a ustedes, padres de la patria. Señores y señoras mandatarios, ¿es que no podrían hacerse un poco cargo y descongelar las nóminas para esta Navidad en lugar de las gambas que se van a zampar? Por cierto, tengo yo un buen puñado de conocidos, que los pobres no han salido del pueblo en su vida, pues ale, menos viajecitos a Bruselas o a paraísos  fiscales, y vamos a mandar a todos estos paisanos, que seguro le al viaje sacan mejor provecho que ustedes.

Y para que vean que no soy rencorosa, les invito a todos a venir a darse un garbeo por esta nuestra Murcia querida. Que se tomen sus señorias unas cuantas cañas y otras tantas marineras, después se den unas copas bailonas, y cuando ya anden un poco alegres y rodeados de bellas murcianas y de guapos murcianos, toca sentarse y pensar que una corbata y un sillón no hace al hombre más hombre, ni al rico más rico, ni al pobre menos pobre. Que una corbata sentada en un sillón o unos artículos constitucionales anticuados no son motivos suficientes para que se me quiten las ganas de gritar que quiero vivir la vida, y además la quiero vivir feliz y en paz.

Sobre el autor Mar y Cleo

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