La Verdad

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Mi amigo visible
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Mar y Cleo | 14-12-2014 | 10:48

¿Tú también tienes cena de empresa? Pues mira lo que te digo, lleva cuidado, que sé de más de una y más de uno que estas veladas le han traído algún que otro problemilla.

Y como es tiempo de propósitos, una amiga de toda la vida, va y me cuenta el suyo, así, como si ella misma se lo creyera:

─Este año lo tengo muy claro, no pienso ponerme piripi, que todavía está rondando por ahí el video en el que me subo a los hombros de Alfredo, el conserje, y entono a todo trapo el Tamborilero, porropopompón…, y venga con el villancico, y yo cada vez más en lo mío, tanto, que hasta termino entonando el do de pecho a todo lo que da y los botones empiezan a estallar uno tras otro y en qué me veo: una mano sujetándome la camisa, con la otra intentando bajarme de él sin que los tacones se me enganchen en su cinturón. Y claro, al final terminé rodando por encima de la mesa hasta llegar a toparme con la cara de mi jefe, que como él llevaba un pedo peor que el mío, nos dimos un pico y salté lo más rápido que pude, no fuera a ser que su secretaria favorita me cogiera del moño para arrancármelo. Pues lo dicho, aún anda el dicho vídeo de teléfono en teléfono y de risita en risita.

─Pues peor me pasó a mí ─añade el de su lado.─ Tanta fiesta, tanto baile, tantas lentejuelas y brillo, que al final acabé amaneciendo junto a mi compañera de trabajo, y claro, me costó muchísimo explicarle aquello de: ”Donde tengas la olla, no metas…”, en fin, que la dichosa señorita Rotenmeye, con sus gafitas y su cola de caballo, tan estirada como ella, se desmelenó esa noche y me desmelenó a mí. Y aún salgo de estampida cuando la veo venir hacia la fotocopiadora.

Yo, en cambio, una de las cosas en las que nunca termino de posicionarme es con el dichoso asunto este del amigo invisible, porque tengo tanta mala suerte en el reparto de papelitos que siempre me toca regalar más bien a mi enemigo visible. Pero, ¿es que no se podrían hacer dos listados diferenciados en categorías: los que me molan y los hijos de su madre? Es que no hay manera, me caen los que nadie quiere, porque a ver quién es la guapa que se atreve a tener de amigo invisible al informático de la empresa, pero qué se le regala a un friki perro flauta, si es que en todos los años que llevo en la oficina lo único que he conseguido ver salir de su boca es un globo de chicle que siempre anda mascando y que, tras explotarlo, me mira y me suelta:

─Imposible, para eso tienes que descargarte un programa.

Ale y ya está, como si yo supiera qué dichoso programa es, si ninguno se llama con una palabra que te dé una pista para lo que sirve, y además ¿acaso a mí me pagan aquí para descargar programas? Y por cierto, ni sé ni quiero saber cómo se descargan programas.

Yo prefiero soñar con mi amigo invisible, ese que se ha vuelto tan trasparente que prácticamente solo lo veo en fotos, sí porque en Navidad cada una sueña con quien quiere. Pues yo me lo imagino guardándome sitio a su lado el día de la comida de Navidad, cogiéndome de la mano por debajo del mantel para que no cuchicheen las tres cotillas de RRHH que todo lo saben, y seguro que nos iríamos solos a algún garito para tomarnos una copita y brindar cantando eso de los peces en el río, muertos de risa y de achuchones.

Y mira por donde, no sé muy bien, pero este año presiento que va a ser diferente porque por estas fechas me da por ponerme melancólica, echo de menos a los que pasaron por mi corazón, para ellos siempre pongo un deseo en mi árbol. Pero este año no, y mira qué curioso, todo ha comenzado mientras me preparaba para irme a la comida, al subirme las medias, no se me ha hecho ninguna carrera; cuando me he puesto el vestido, la cremallera casi sube sola sin atascarse en el michelín de la espalda; las uñas se me han secado sin que se me estropee ninguna; los pendientes estaban los dos juntos sin que tuviera que volcar el joyero sobre la colcha para encontrarlo, y me he encontrado frente al espejo tan radiante como una burbuja de champán… Estoy convencida de que todas estas señales no están ahí por casualidad. Seguro que este año va a ser mi amigo pero visible, y en el frío de la noche sentiré un abrazo que me acompaña y una mano cogiendo la mía a la vez que me acaricia. Porque ya es Navidad y porque las calles brillan tanto como mi sonrisa.

Sobre el autor Mar y Cleo

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