La Verdad

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Con amigos así, quién quiere enemigos
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Mar y Cleo | 18-01-2015 | 12:34

Hubo un día, ya hace tiempo, que me di cuenta que podía presumir de que mi vida era intensa y la estaba exprimiendo suave, pero rabiosamente. También fui consciente de que estaba llena de buenos amigos, aunque en mi andar por el mundo reconozco que hay algún desamigo, y no digo enemigo, que esos los dejo para los rencorosos y para las que van todo el día con el ceño arrugado.

Eso de tener ex, está pasado de moda, pero de vez en cuando en mi vida aparecen los des- : desamigos, desapuntados, desamores, desilusiones… Aunque esta lección la aprendí, a base de bien, cuando era pequeña.

Todo empezó cuando a mis padres les entró la obsesión por apuntarme a cualquier cosa, que si a danza, que si a inglés, que si a guitarra… qué manía con convertirme en la estrella del barrio, y ahí fue donde aprendí a ingeniármelas para hacer lo que me diera la real gana. Cogía el teléfono, le ponía un pañuelo, e imitando voz de adulto serio, me hacía pasar por quien hiciera falta:

─Mire usted, que mi niña está muy malita, que el médico le ha dicho que no vaya más. Lo que le digo, vaya, que me la desapunte, ¡pero ya!

Al principio mi madre se creyó aquello de:

─Han quitado las clases de danza, la profe se ha roto una pierna.

─Hasta el año que viene ya no hay más guitarra, dice el profe que practique en casa.

─¡Madre mía, pues no va el teacher y se nos casa en Australia!

Pero claro, mi madre debió leer como leen las madres, es decir, entre líneas, y pasó de las clases particulares a los pescozones domésticos para que, al menos, sacara sobresaliente en todas las asignaturas. Y yo feliz, porque por fin me había desapuntado de todas esas cursiladas.

Para lo que nunca ha tenido nadie que animarme es para hacer amistades, para eso estoy siempre dispuesta, y si hubiera tenido que ir a apuntarme a la Luna, allí que hubiera ido. Tengo amigos de muchos colores y para todas las salsas, y no me canso nunca de encontrarme con ellos, ¡me encanta! Aunque con algunos, de vez en cuando, en lugar de tener encuentros tengo algún que otro desencuentro, pero nada que no se arregle con una copa, un abrazo y vuelta a reírnos. Claro, que con otros esta receta no ha sido suficiente, y por eso se pasaron al otro bando, al de los desamigos, ¡allá ellos!

Pero hay encuentros y encuentros, porque de pronto noto que nuestras miradas se cruzan, y que a pesar de la noche gélida siento que me regalan una primavera en pleno mes de enero, entonces sé, que bajo ese gorro y esa bufanda de bandolero, solo puedes estar tú. Y me das un beso de esos de abrazo apretado, porque solo tú y yo somos capaces de recuperar todo el tiempo que llevamos sin vernos mientras que dura este estrujón. Y volvemos a reírnos, y eso que aún no nos hemos dicho nada, tus manos grandes y cálidas sujetan las mías intentando hacer una cueva y protegerlas, y aún no sé muy bien de qué. Nos ponemos al día, ni se te ocurre mencionar a algunos personajes de nuestro pasado… ¡están desapuntados de mi vida, y lo sabes! Todo se detiene, porque cada vez que el destino cruza nuestros caminos, a mí se me alegra el alma, porque tú eres mi amigo del alma y no te pienso soltar jamás.

─Con amigos así, a quién le importa tener enemigos ─me dice un espontáneo que pasa por allí.

Y es verdad, oye que los enemigos roban demasiada energía y son malos para la salud, pero, sobre todo, son fatales para el corazón y, mira lo que te digo, como además estoy rodeada de gente tan especial, sé que el que pretenda ir conmigo por las malas aquí no tiene nada que hacer, que yo, por supuesto, no se lo voy a permitir.

Puedo presumir de que mi vida es realmente intensa, que lo que no me gusta lo hago desaparecer, así de fácil, y vuelvo a poner voz de adulta seria y digo:

─Perdone caballero, pero solo quiero buena gente a mi vera.

Y así suceden las cosas bellas, y recibo un mensaje invitándome a un viaje, o vuelvo cualquier esquina y aparece una cara sincera, incluso en la barra de un bar se presenta un conocido y acaba convirtiéndose en un amigo para siempre.

Las desilusiones se convierten en ilusiones, con solo desearlo. Los desaires se convierten en brisas mañaneras. Y los adioses para siempre, ya no me molestan, porque he aprendido a desapuntar de mi vida lo que no quiero. Así que, ahora solo uso el prefijo des- para desvestirme, descalzarme y despeinarme la melena cuando la noche se llena con los destellos de miles de estrellas sobre mi cabeza.

Sobre el autor Mar y Cleo

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