La Verdad

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Teniéndote a mi lado, yo no tengo prisa
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Mar y Cleo | 25-01-2015 | 12:41

Las autoridades sanitarias advierten de epidemia de gripe, pero no hay nadie que advierta de otro virus que se nos mete en el cuerpo y no hay forma de echarlo, sí, hablo del contagioso virus de las prisas.

Mi madre siempre andaba corriendo: rápido que no llegamos a clase; y aquello continuó con un: corre que perdemos el avión; y acabó en un: no tardes en contestarme al mensaje… La única conclusión a la que me lleva esto es que las prisas no son buenas, pero ni cuando vas con retraso, por aquello que decía mi sabia abuela:

─Vísteme despacio que tengo prisa.

Como esos días en la que quiero estar perfecta para una cita y me echo el rímel y se me mete dentro del ojo, comienza a llorarme y me hace un rodal en el maquillaje, y salgo a la calle peor que con la cara lavada. Y aparco el coche y hay una señal que no veo, me como la multa, y para colmo el móvil se queda en casa. Ese es el instante que evito que un ataque de ansiedad me fastidie el plan, respiro, por no gritar, para no terminar histérica, desquiciada e insoportable.

Confieso que durante mucho tiempo fui una de esas mujeres que piensa que si no anda como loca y con dos mil cosas a la vez, me invade la sensación de que no estoy viva. La siesta estaba totalmente prohibida, qué pérdida de tiempo; nada de acostarse antes de la doce, si el día tiene 24 horas, qué hago yo tanto tiempo en la cama; en los días de marcha, mejor volver temprano que recogerme tarde, y mi grito de guerra era:

─¡Ya dormiré cuando esté muerta!

Lo que a nadie le he reconocido es que al día siguiente estaba tan muerta que me perdí miles de amaneceres, cientos de mañanas primaverales y demasiados aperitivos que ya nunca volverán, y solamente por eso, porque estaba más muerta que viva.

Lo cierto es que la noche tiene su encanto, no lo voy a negar, y espero seguir disfrutando de muchas más entre risas, música y amigos. Y sobre todo, tengo que reconocer que para el romanticismo no hay nada como una cena con velitas en un restaurante perdido y con unos camareros tan despistados, que intentar saber cuándo nos iba a tocar el turno, resultó todo reto. De pronto me da el pánico por si mi enamorado se pudiera poner nervioso de tanto esperar y se quisiera ir, y se acabaría ese ronroneo tan… y la tontería que se me estaba subiendo a la cabeza por el vino. Y voy y, como buena organizadora que soy, me lanzo:

─Cariño, ten paciencia porque me temo que esto va para largo…

Y entonces, igualito que en las películas, va y me toma de la mano, me mira a los ojos, y yo creo que hasta empieza a sonar una música tipo Casablanca, y me susurra:

─Teniéndote a mi lado, no tengo prisa.

Y así se detiene el tiempo, con una simple frase ¿Es posible que algo tan simple consiga removerme entera por dentro? Pues sí, y no queda ahí la cosa, desde ese momento me he dado cuenta de la de pequeñas cosas que se me escapan por ese desasosiego mío que no me deja nunca tranquila. Y yo ahora soy más de abrazar que de saludar, soy más de dejar pasar el tiempo que de llegar la primera, ¡ni que mi vida fuera una olimpiada!

¿Y esas veces que nos empeñamos en no comprender los mensajes? Cuántos berrinches me he llevado cuando las cosas no salían como yo quería, cuando ese que tanto me gustaba no me llamaba a mí y quedaba con mi amiga. ¡Ay, pero si la vida no me decía que no, tan solo me decía espera y verás…! Y yo sin entender, empeñada en que la vida me llevaba la contraria, la de llantinas que me he ahorrado, él al final la prefirió a ella, pero lo que ella no sabía aún era a cuantas ellas más iba a preferir al mismo tiempo.

He decidido no llevarle la contraria al destino, mientras yo cruzo los dedos e intento cambiar los vientos a mi favor, la suerte, que es muy sabia y me quiere mucho, deja el mar el calma para que el tiempo me enseñe y yo me haga cada vez más sabia. He aprendido que el tiempo no todo lo cura, qué va; pero ojo, que no por ir más rápido llego antes. En cambio, cuando he corrido mucho… ¡cuántos tropezones me he dado, cuántas cicatrices he tenido que curarme!

Y la cena continua. Y a la noche le sigue su amanecer, con su calma y su pasión, y lo que tenga que pasar, que pase tranquilamente, que yo por fin pienso vivirlo sin prisa, pero sin pausa.

Sobre el autor Mar y Cleo

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