La Verdad

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Nunca digas nunca jamás, o sí
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Mar y Cleo | 08-03-2015 | 11:44

La primera vez es siempre inolvidable, unas veces por buena y otras muchas veces por mala, ¡ya quisiera yo poder olvidar alguna primera vez…! Pero últimamente ya no me va tanto lo de estrenarme, más estoy por inclinarme por la última vez de las cosas. Aunque James Bond soltara aquello de: “Nunca digas nunca jamás”, pues conmigo va a ser que no. Pienso negarme a todo aquello que me reste, que yo estoy por vivir y disfrutar, que solo tengo una vida, y que eso de la reencarnación ya se verá en qué acaba, que por ahora nadie me ha venido con noticias esperanzadoras del más allá.

─El jueves me llamó…

─¿Y?

─Que le apetece pasar el fin de semana conmigo, aunque el viernes estará liado, y el sábado por la mañana también, pero que si puede, pues que comemos juntos. Pero si se complica la cosa… pues eso, que ya me llamará.

¿Y eso es un tío que está deseando pasar un fin de semana conmigo? Pues directamente digo no, nunca jamás paralizaré un fin de semana con uno que lo más cercano a quedar conmigo es un: “Si eso, ya te llamo”.

─Pero en qué están pensando los hombres que dejan escapar mujeres como tú. Tú que eres tan… teniéndolo todo y tan sobradita que podrías ir por la vida, y ahí están ellos, jugando a Candy Crush con sus sobrinos.

─¡Yo no voy sobrada de nada! Aunque mejor dicho, yo no voy falta de nada.

Nunca jamás me saldrá un sí de mi boca, si te crees que soy vulnerable, incompleta, necesitada, obsesiva o dependiente. ¿Sabes que solo con administrar bien lo que tengo, todavía hasta me queda algo para deleitarme con los que de verdad me quieren como soy, sin darles pena ni miedo?

Hay veces que echo la vista atrás y la verdad es que no sé en qué estaba yo pensando en ciertas ocasiones. A ver, ¿alguna vez me han tenido que quitar tapones de cera de los oídos o he padecido de sordera? Pues eso, que nunca jamás voy a permitir que nadie me levante la voz, incluso aunque me cruce todos los carriles de una rotonda sin intermitente, porque a mí se me gana por las buenas, que yo por las malas y a bocinazos es que me hago la sueca y parezco una estantería del Ikea, y no te hago ni puñetero caso. Así que conmigo, como dicen los italianos: “Piano, piano…”.

Pero no todo van a ser reproches, que algunas cosas me las tengo yo que currar, que mucho leer libros de autoayuda y mucho meditar a lo yoga, y después sigo siendo la misma y sin remedio. Así que ahora esto va para mí, a ver si así me espabilo.

Nunca jamás dejaré de creer en el amor, ya sé que la cosa a veces se me pone complicada y cuesta arriba, ¿pero no es peor renunciar a ello? Ya sé que eso me obliga a escuchar de vez en cuando alguna canción de Pablo Alborán, y que de tanto pasteleo me acaben por chirriar los dientes, pero… ¡París bien vale una misa!

Juro que pase lo que pase, me enamore o no, me case o no, engorde o no, me toque la lotería o no, siempre tendré un hueco para disfrutarlo con mis chicas, porque por muy bonito que sea todo lo demás, nunca pienso renunciar a una tarde rodeada de las risas, confidencias y chaladuras de mis amigas, porque lo tengo comprobado: solo ellas saben sacar ese puntito mío algo golfillo que me niego a perder, por mucho que a veces disimule y me haga la niña buena dependiendo quién esté delante.

Y como no, nunca jamás caeré en la tentación de ese príncipe azul que me promete el oro y el moro, y de pronto el oro se convierte en una jaula de la que el moro no me deja salir, y para cuando me quiero dar cuenta le he dicho adiós al trabajo, porque qué necesidad tienes de levantarte temprano y aguantar a tu jefe; adiós a los amigos, porque ellos nunca te entenderán como yo te comprendo; adiós a mi ropa, que ya te la elijo y te la pago yo… En una palabra, adiós a la mujer que soy. Yo quiero ser la que soy, y vivir de lo que soy, y jamás dejar que alguien decida cómo debo ser, porque yo estoy encantada de haberme conocido.

Sé que hay días y días, pero siempre que pueda elegir entre ser la que soy o estar donde quiera estar, será buena señal de que voy por el buen camino. Ese día en el que alguien pretenda decidir por mí, entonces me pondré muy seria, con un brazo atravesando el pecho a lo James Bond y diré aquello: “Conmigo nunca digas nunca jamás, ya lo diré yo por ti”.

Sobre el autor Mar y Cleo

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