La Verdad

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Una historia de amor casi perfecta
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Mar y Cleo | 12-04-2015 | 11:25

Ya huele a primavera, abro el armario y cubro mi piel de espuma con olor a mar, me miro al espejo y me doy cuenta que mi pelo se ha llenado de flores y siento en mi tripa que las mariposas bailan al ritmo caliente de una bachata. Cierro los ojos y me digo:

─¿A qué estás esperando? Ha llegado el momento ¡Vive ahora!

Y así, sin poder sujetarme, abro una maleta y la lleno de días y noches, de amistad y cariño. Elijo mi bolso preferido, ese que tiene el mismo color que las aguas cristalinas sobre blanca arena y guardo en él un pasaporte, el pasaporte a la aventura, con sus hojas vacías, como si todo fuera un empezar de nuevo, y me juro a mí misma que lo pienso llenar de sellos de esos aeropuertos de paraísos lejanos. Doy un salto y suelto un grito a lo Cristiano Ronaldo y me lanzo a vivir una historia, una historia casi perfecta.

Estoy tan emocionada como una cría, me suben burbujas por todo el cuerpo que acaban explotando como pompas de jabón en mi cuello haciéndome cosquillas, igualitas que aquellos besos que en la adolescencia erizaban mi piel y, por qué no decirlo, aún hoy esos besos me hacen perder la voluntad y encontrar el deseo… Y dejo espacio en mi cabeza, la vacío de malos rollos y le pongo un colchón de algodón donde van sentándose todos los recuerdos con forma de sonrisa, y, lo mejor de todo es que, por ser míos, se quedan solamente para mí, y los protejo de miradas indiscretas, igual que hacía con aquel diario que escondía a los ojos de mi madre.

Por unos días me bajo de mis tacones y ando descalza para sentir en la planta de mis pies el calor de la arena, miro mis uñas recién pintadas de rojo, mi escote cada vez más moreno, tu espalda brillante y suave, y me muero por darte un beso, pero no uno cualquiera, no, ¡uno bajo el agua! Y claro, los sueños hay que cumplirlos aunque sea casi ahogándome. Entre toses y ojos colorados salen las carcajadas, esas que me han acompañado como todos los nuevos amigos que han aparecido atraídos por el mismo embrujo de paisajes inolvidables y fiesta. Y es justo en ese momento, rodeada de agua, con la música moviendo mis caderas, cuando me levanto para encender el amanecer, que sé que por fin  todo empieza a funcionar bien.

Yo, que soy una mujer independiente y fuerte, y que alardea de no necesitar a nadie para nada, ya ves tú, cuando siento que una mano amiga me agarra como si no me quisiera dejar escapar, se me caen todos los muros y esquemas… casi perfecto, ¿verdad? Y vivo, porque no hay mayor sueño que el sueño de vivir.

Hay historias eternas, tormentosas, esporádicas, platónicas… Y no todas son amor, aunque así las llamemos. Pero hoy quiero escribir sobre esa historia de amor casi perfecta, quiero explicar lo que se siente, quiero que puedas soñar como yo, imaginando que podría ser como esos breves momentos que son tan intensos que crees que duran casi horas o incluso días, pueden ser como esa sensación de vértigo porque el mundo se ha parado para mirarme, puede ser como esa música que acerca los cuerpos tanto que parecen solo uno. Y todo se convierte en un sueño, un sueño que solo dura una siesta, igual que la arena de la playa que se me pegó a la piel y que se fue con una ducha y no dejó rastro.  

Y por qué digo casi… Amanece temprano y tras la cortina de una habitación de hotel empujan con fuerza las luces del amanecer, me despierto enredada en una suave sábana, aún con los ojos cerrados escucho unos buenos días. No los abro, solo respiro despacio y siento que huele a vacaciones. Y las sábanas se mueven como la brisa que agita mi pelo cuando salimos a cazar los primeros rayos de sol.

La ilusión se despide, hora de partir de nuevo a la realidad, salgo de las sábanas, paseo descalza por la habitación, vuelvo a mirarme al espejo y aún me quedan flores en el pelo, veo mi piel llena de espuma, mis ojos llenos de sonrisas y vuelvo a repetirme: ¡Vive ahora! Abro el grifo y dejo que corra el agua, primero las manos, luego los brazos, ahora la espalda hasta que al fin doy un paso y una agradable ducha me acaricia mientras se lleva cada grano de arena de mi piel.

Y es entonces cuando mi aventura se convierte en sueño, mi sueño en historia y mi historia en un recuerdo más que quedará guardado en ese diario que aún escondo a los ojos de mi madre.

Sobre el autor Mar y Cleo

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