La Verdad

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Si toca pecar, pues pecaré
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Mar y Cleo | 22-03-2015 | 10:05

Me he levantado esta mañana con un run-run dentro de mi cabeza y por más que lo intento no consigo sacarlo de ahí. Seguro que es una señal de esas que después con el tiempo me pregunto por qué no hice caso, pero es que esta vez es muy fuerte, y yo poniéndome la radio a ver si otra canción me conquista el pensamiento y así consigo desterrar esta de mí, pero es que no hay manera, si es que hasta se me mueven las caderas mientras voy canturreándola por el pasillo de mi casa:

─La última noche que pasé contigo, quisiera olvidarla, pero no he podido… ¡y no quiero borrarla de mi ser!─ Y ahí me da el subidón y termino entonando a todo lo que da por si acaso se le ocurre salir por mi ventana la melodía y llegar, donde tenga que llegar.

Pero si es que esto es tremendo, porque yo me puedo hacer la tonta, y creer que se me ha metido en el coco esta canción por puro capricho del azar, pero nones. A ver, a quién quiero yo engañar haciéndome la melancólica con canciones vintage, si aquí lo que de verdad pasa es justito eso que dice la canción:

─Que quisiera olvidarte, pero no he podido, te llevo guardado como fiel testigo, de aquellos momentos que fuiste míiiiiiio…

¡Ay madre, que estoy mucho peor de lo que yo me creía! ¿Y si todo esto se curara planeando una cita con él? Mira que me conozco, que yo empiezo por pensar en quedar en tomar un café, sí, si solo es un simple café, y… Pero qué me está pasando, ale que ya se me ha llenado la cabeza de pájaros, amaneceres juntos, sábanas enredadas y ese olor tan tuyo, que me sigue y me persigue a todas partes.

─Pues sí, mi próximo pecado lleva tu nombre.

¿Qué pasa, es que una ya no va a poder ni fantasear? A ver, ¿pensar en nuestra última noche juntos me cuesta las perras? Pues no, es gratis. Y sobre todo, y muy importante, ¿acaso imaginármelo así, con ese trasero suyo tan suyo, y ese todo tan todo, a mí me engorda? Pues ale, ya está, si es gratis y no engorda, ¡al diablo con tanta mojigatería! ¡Qué hartita estoy yo de tanta barrera arquitectónica anti-sentimientos! Si es que de verdad, así no hay manera. Yo creo que este run-run machacón que a mí se me mete en la cabeza en forma de canción es por culpa de castigar tanto a mi corazón, y venga a decirme: no le llames, qué va pensar de ti si le mandas un whatsapp, no vayas detrás de un tío nunca… Y venga a prevenirme con mensajes para alimentar este puto orgullo femenino, y yo mientras con el orgullo sensible cada vez más debilitado.

─Adelante, llámale, que ya me guardo yo este fin de semana la tarde libre para que llores a chorro limpio y a gusto en mi hombro ─me consuela mi amiga especialista en estar ahí sin que le llame mi empatía.

Y cojo el móvil, y sin pensarlo ni un minuto, le quito la batería y voy y se la guardo en su bolso con orden de no devolvérmela hasta que esté curada de este brote de amnesia postraumática con nombre propio, apellido y pecado reconocido. Y como si me hubiera desprendido de miles de kilos, de pronto me siento libre, en lugar de andar, vuelo. ¿Es posible que una batería de móvil sea como un Red Bull? Me siento subidita y hasta me atrevo a cantar mientras enfilo la calle, y esta vez sí que lo tengo claro, es cierto, mi canción vuelve a tener tu nombre, tu cara y tu historia:

─¡Se nos rompió el amor de tanto usarlo!

Claro, que donde yo ponía amor, tú ponías otras cosas, y de tanto ponerlas fuera de nuestra cama, pasó lo que pasó… Por eso será que la última noche que pasé contigo, la he olvidado y sé muy bien lo que me digo:

─Porque cuando tú vas, yo vuelvo de allí, cuando yo voy, tú todavía estás aquí, crees que me puedes confundir y de qué vas, mirándome atrás. ¡Ay qué descaro! Y es que no me fío, sé que me tú me engañarás.

Y con este nuevo son desfilo por mi pasillo como una mujer nueva, dispuesta a comerme el mundo, y tendré muchas últimas noches, porque si se tercia y toca pecar, porque la vida promete, pues pecaré, que ya habrá tiempo de convertirme, y a mi pecado le pondré nombre y apellidos. Me tiro a la cama y bajo el volumen de la radio en un intento de dejar de mover las caderas bajo las sábanas.

Sobre el autor Mar y Cleo

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