La Verdad

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Te lo digo por tu bien
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Mar y Cleo | 10-05-2015 | 09:39

Siento que lo que entra por mi ventana nada tiene que ver con esa suave y fresca brisa del mes de mayo. El aire acondicionado empieza a mover la cuenta de mi factura de la luz, el abanico se ha colado ya en mi bolso y mi piel arde.

–¡Me han robado la primavera!– Sin saber cómo ha ocurrido, hemos pasado del invierno al verano, mi vida es como esta ciudad, paso de sentirme invierno a convertirme en caluroso verano.

La ropa en mi armario se mezcla, igual hay una camiseta de tirantes que mi cazadora de cuero, en otra parte los bikinis y muy cerca unos fulares para cuando refresca, y es que siempre por esta época me digo lo mismo: ¡No sé que ponerme…!

Pero para estos casos está esa persona que todo lo sabe, esa que nada se calla y me regala una perla de sabiduría popular:

–No te confíes, ya lo dice el refrán: “Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo”–. Y añade esa coletilla insufrible–. Te lo digo por tu bien, que luego vienen los resfriados mal curados y te duran hasta el otoño.

Y me pregunto, ¿con esta respuesta en forma de consejo de abuela del pueblo qué quiere que haga? Pues yo lo que pasa es que el sayo me lo quito cuando quiero aunque no sea mayo, y los consejos… bueno, más de uno lo mando a la basura, porque aunque los escucho y los acepto, la verdad es que no los sigo. A decir verdad, hay unos que sí sigo a pies juntillas, pero esos tienen trampa, son los consejos que vienen del consejero que yo he elegido previamente.

Si es que me pone de los nervios, porque además de consejero gratuito es que encima sabe perfectamente cuál es mi bien, o cree saberlo, porque por mi bien he llegado a escuchar infinitas recomendaciones:

–Este chico no te conviene que es un golfo. Me han contado que tiene a tres y las reparte entre los días de la semana. Una para el viernes, otra el sábado y la del domingo para cerrar la semana.

–Hazle caso que es un buen partido. Que tiene mucho dinero y te puede hacer la vida más lujosa.

–Esa falda te hace el culo gordo, no es que lo tengas ¿eh? Son los pliegues que lleva que no te favorecen.

–Córtate el pelo como Letizia que te estará monísimo y así de paso saneas esas puntas.

A ver, no busco novio, no me hace falta el dinero de nadie, no tengo el culo gordo y me gusta mi melena.

Y digo yo, si todo el mundo tiene un espejo en su casa, ¿para qué le voy a decir yo lo que evidentemente ya haya visto reflejado? Estoy completamente segura de que si alguien quiere saber mi opinión, pues eso, me la preguntará y entonces, estaré encantada de dársela. Pues igual yo, si alguna vez necesito la opinión de alguien, la preguntaré.

Es cierto que en ocasiones he recibido muy buenos consejos, y lo curioso del caso es que aquellos asesores jamás me dijeron que les hiciera caso por mi bien, sino todo lo contrario. Me invitaron a reflexionar y en ese camino, fui yo la que decidí lo que me iría bien o mal, porque digo yo:

–¿Y si te hago caso y luego me va mal, puedo pedir daños y perjuicios porque no se ha cumplido aquello de que era por mi bien?

Pues eso, que para seguir la sabiduría del refranero, practicaré aquello de que en boca cerrada no entran moscas y consejo no pedido, consejo mal oído.

Lo cierto es que he de reconocer, aunque sea con la boca pequeña, que en más de una ocasión hubiera agradecido que alguien me hubiese avisado a tiempo, porque anda que no me habría ahorrado yo que se me cruzase por mi camino un puñado de esos que, al día de hoy, afean en mi currículo amoroso. Pero yo lo comprendo, ¿porque a ver quién es la guapa o el guapo que se atreve a decirme nada sabiendo cómo me las gasto yo para estas cosas? Así que si ahora tengo que cargar con una lista negra de desastres amorosos y no tengo ventanilla de reclamaciones a la que acudir, me lo tengo bien merecido.

Mientras el ladrón de primaveras aparece o no, no me queda más remedio que abrir cada mañana la aplicación meteorológica de mi móvil y a ver qué me pongo o a ver qué me quito. Yo por si acaso no voy a esconder las rebequitas de hilo ni las blusas con manga, que aún me queda la esperanza. Pero como lo pille, miraré a la cara a ese ladrón y se lo pienso explicar, porque jamás dejaré que nadie me robe mi primavera. Avisado queda, que se lleve cuidado, y que conste, que se lo digo por su bien.

Sobre el autor Mar y Cleo

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