La Verdad

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Busco y si encuentro algo mejor…
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Mar y Cleo | 31-05-2015 | 08:30

A pesar de que llevo siendo mujer desde que nací, y se supone que muchas de nuestras cosas las entiendo, también para mí hay misterios, te juro que no me atrevería yo a pronosticar lo que se puede llegar a sacar del bolso de una fémina. Ni las propias dueñas somos conocedoras del fondo de bolso del que somos propietarias. Y mejor así, porque si un día nos diera por hacer inventario, habría que cerrar al público durante 48 horas, como poco. Y anda que no da coraje ni nada ese momentazo cuando llegas a casa con la bolsa del súper cortándote la circulación del brazo hasta dejarlo morado, los sobres del buzón en la boca, las gafas de sol torcidas en la punta de la nariz a punto de resbalarse y el bolso medio volcado a un tris de esparramarse todo en el suelo, y entonces en el revoltillo por fin encuentro unas llaves, las saco y sniff,,, son las del coche, pero no decaigo, vuelvo a intentarlo, y catapúm, al fin se cae todo y, curiosamente, encuentro el llavero de casa y la tarjeta sanitaria que hace un mes perdí de vista, tres mecheros, una pulsera, un par de tickets, una barra de labios, rímel,…. En fin, mi bolso con su propia flora y fauna autóctona.

Pero si de buscar hablamos, por aquello de si encuentro algo mejor…, hace tiempo que decidí seguir a pies juntillas un principio en mi vida: “Para encontrar, lo mejor es dejar de buscar”. Las mejores cosas de mi vida me han sucedido cuando menos interés puse en ellas, y así, sin esperarlo, y como caído del cielo, pasó lo que pasó, y yo tan contenta. Lo reconozco, en más de una ocasión he salido a hacerme la encontradiza, a ver si así te encontraba, y no hay cosa peor, porque según pasan los primeros instantes, la ilusión de cruzar nuestras miradas se va disipando y el bajón se apodera de mí, hasta que de pronto me da por entrar en ese bar en el que tú y yo siempre nos tomábamos la última, y me parece ver tu cogote en la mesa del fondo, me saltan todas las hormonas de la felicidad, te encontré, bueno, os encontré a ti y a tu acompañante, así que con las mismas, me doy la vuelta y de puntillas me largo de allí. Por eso lo tengo claro, mucho cuidado con lo que busco, porque ¿estoy preparada para encontrar lo que no buscaba? O sea, que mejor dejar las cosas en su sitio, que sé de muy buena tinta que lo que es para mí, es para mí, lo busque, lo pierda o no lo encuentre, simplemente es mío y de nadie más.

─Pues yo de vez en cuando le husmeo el móvil a mi chico. Porque peor que ser tonta, es ser confiada, porque a las tontas se les tiene lástima, pero a las confiadas nos la meten doblada y encima aunque sospeches el pastel, pues como no tienes pruebas…, así que yo soy muy CSI para estas cosas─ me confiesa mi asistenta entre aspiradora y plumero.

Y yo la escucho, y aprendo de ella un mogollón, porque ahí donde la ves, su chico la lleva en palmitas y ella, que lo quiere con locura, hace con él lo que quiere y él cada día más loco por sus huesos.

─Y qué se puede hacer si leo un mensaje, que no es para mí, que dice así: “Te digo un secreto, ayer ibas muy guapa”. ¿Me mosqueo y armo la de San Quintín?

Entonces de un pisotón apaga el aspirador, y con toda su gracia me limpia con el plumero las telas de araña de mi cabeza, y comienza así su clase magistral:

─¿Tú es que no sabes guardar archivos en tu disco duro? Ese as, donde tiene que estar es bien escondidito es en la manga, porque tarde o temprano tendrás tu propia noche torera y si la cosa te sale bien, algún buen pase de pecho te puedes agenciar. ¿Pero y si tu mozo se entera o le sale la vena de macho-machote? Pues entonces tú te sacas ese comodín del público que te guardaste y le restriegas esos mensajitos que esconde con tanto celo… y te digo yo que de esa sales de rositas y él… pues con el rabo entre las piernas.

A mí por ahora, y en previsión de futuras búsquedas, me ha dado por ir almacenando lo mejor de cada momento, ni un solo instante de malos rollos, esos los dejo pasar de largo, y así cuando mi bolso y mi corazón tenga una infinita colección de instantes inolvidables, entonces meteré mi inocente mano y sé que, saque lo que saque, volveré a revivir todo lo que un día pensé que iba a ser irrepetible y que lo había dado por perdido.

Sobre el autor Mar y Cleo

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