La Verdad

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Plan B
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Mar y Cleo | 14-06-2015 | 09:27

Cruzar la Gran Vía subida a mis tacones y luciendo bellos pendientes, es la señal de que mi inexcusable reunión de amigas se acerca. No es cierto que nos juntemos solamente para hablar de hombres, pero para qué mentir, sí, hablamos del asunto y mucho más de lo que quisiéramos y se puede imaginar. Hay temas íntimos que no contamos, es lo  “incompartible”, sobre todo cuando el sujeto en cuestión nos importa, y ante una pregunta indiscreta o morbosa con una sonrisa, risa o mirada, sobra para entenderse.

Porque es curioso, nosotras, que somos las que tenemos fama de ser habladoras y algunas hasta de cotorras, cuando el tema anda de puntillas por el filo del topsecret-sexy somos más partidarias de no seguir el ejemplo de eso tan masculino que es contar aventuras que nunca vivieron, nosotras, en cambio, somos más de guardarnos para nuestro lado oculto esas aventuras, las que sí vivimos.

Sin orden del día, comienza la cena. No importa lo que hables, ni lo que no escuches y, eso sí, nunca se nos ocurre contar lo que ya sabemos todas: lo caro que está el súper o lo limpia que tenemos la casa…, esos temas caducaron hace tiempo. Nos gusta hablar de negocios, política, moda, viajes…, aunque siempre de forma caótica, sin orden ni concierto.

–¿Creéis que los hombres nos dedican tanto tiempo en sus conversaciones?

–¡Qué va! ¿Hablar de nosotras toda una cena? ¡Qué ilusa! Tanto compromiso les puede agobiar.  

Mi hermano está deseando apuntarse a una de nuestras reuniones, aunque sea disfrazado de camarero.

–Si pudiera escuchar y mirar sin ser visto…

–Seguro que te sorprenderías –le respondo.

–¿Por los disparates que decís?

–No, en absoluto. Me temo que no estás acostumbrado a escuchar a mujeres hablando espontáneamente y sin la presión de “y si digo esto, qué pensará de mí”.

Después de dos horas, creyendo que por fin hemos cambiado el mundo, la conclusión es que nadie cambia y ni mucho menos quiere que le cambien… Pero ¿qué dicen ellos cuando hablan de mujeres? ¿Son románticos? O ¿ése es su plan A para conseguir llegar al plan B? Quizá esta sea la pregunta del millón.

–Yo pienso que, al menos, hay que darles una oportunidad, a primera vista no puedes saber cómo es.

–Pues yo me niego, el que es un chulo, lo será eternamente y si es un golfo… ya se sabe, la cabra siempre tira al monte.

–Creo que hay hombres maravillosos, dispuestos a darlo todo y a compartir su vida si piensan que esa mujer es su verdadero amor.

–¡Claro bonita! Eso lo dices ahora que tienes novio y estás enamoradísima, tú hace unos meses no pensabas igual.

Ya la tenemos liada, enfrascadas en un debate sin fin, todas riendo y hablando a la vez. Al final cada una sigue pensando lo mismo que antes de cenar, o casi, porque a cabezonas y quejicas no nos gana nadie. En el fondo a todas nos gusta darle vueltas a este asunto tan extraño del amor y el desamor.

Con estos personajes se suelen cumplir algunas reglas. No quieren vínculos, pero sí desean cariño. Tener las puertas abiertas para decir “ya te llamo”, pero sin sentimiento de culpabilidad. Y para colmo, no les gusta sospechar que ella está solo para pasar el rato. Y todo esto, sin lamentar daños colaterales, por supuesto. Pero al final, lo único que queremos, tanto los unos como las otras, es no ser el plan B de nadie.

A ver, me explico, si quieres unas gambas a la plancha con una cervecita y no puedes, pues te zampas un bocata que está muy bueno, pero porque no tienes las gambas, ¿eh? que si no, ni te lo pensabas. Pues a eso me refiero, que yo no quiero ser el plan B de nadie, y creo que a ti te pasaría lo mismo. Que no es cuestión de comer siempre gambas, que hasta de lo bueno se harta uno, pero tampoco es cuestión de convertirme el bocadillo que se toma como último recurso.

Lo cierto es que, ellos y nosotras, somos iguales en este sentido y recorremos caminos paralelos, aunque no os subáis a los tacones, sí al menos vamos cogidos de la mano, porque esa es la señal de que en algunas ocasiones los caminos se encuentran, y aunque son muchos los ajustes que hay que hacer para encajar bien la nueva situación, reconozco que esto es lo divertido del juego. Si fuéramos iguales sería aburridísimo y, lo peor de todo, es que las reuniones con mis amigas sufrirían un descalabro irreparable, ¿de qué hablaríamos en el postre?

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