La Verdad

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Reina de corazones
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Mar y Cleo | 21-06-2015 | 08:15

Tener un curriculum sentimental extenso tiene sus peligros, sobre todo por el famoso “qué dirán”. Yo por eso, y dependiendo de quién me esté escuchando, procuro ser discreta y no alardear de algunos de mis ex-amorosos, no vaya a ser que al final, en lugar de ser una Mata Hari envidiable, termine siendo una frívola nada recomendable, y claro, tampoco es el caso, que seguro que tengo muchas menos conquistas que más de uno que yo me sé y van por ahí con cara de no haber roto un plato. También los hay de los que esos que tienen fama de conquistador irresistible, macho-machote o de ser el superman de la pandilla, y luego nada de nada, que hay muchos que se comen una y se cuentan veinte.

Aunque a decir verdad, casi prefiero a estas alturas de mi vida tener algo que contar, antes de que mi carnet de baile se quede en blanco. Pero viendo las últimas noticas de la crónica rosa, me quedo muy lejos de ser la reina de corazones, más bien me sitúo en el puesto de la sota de bastos, porque una vez más, y por enésima vez, ella vuelve a dejarme con la boca abierta. A eso se le llama tener muchas noches de boda, de verdad, me encantaría sentarme junto a ella y que me contara cómo lo hace, cuál es su secreto, porque hay que ver qué puntería tiene la puñetera. Si es que los vuelve locos, donde pone el ojo, pone la bala, y caen rendidos a sus pies. Por algo es la indiscutible, la eterna, la inalcanzable… Reina de Corazones. Pero es que lo suyo es puro arte, porque no es cuestión de tener una larga e interminable lista de corazones rotos, en absoluto, sino todo lo contrario. El secreto no está en la cantidad, sino en la calidad.

─Oye, oye, que yo también he tenido algún que otro renombrado, ¿eh?

─Sí, hija sí, pero también hay unos cuantos que más bien son innombrables, ¿o quieres que te los recuerde, guapa?

Porque claro, ahí está Liz Taylor, aunque su lista es extensa pero, salvando alguno, otros son un poco impresentables. Y yo sigo dale que dale, es que me parece increíble, y eso que me pensaba que ya se iba a quedar de por vida con ese cargo honorífico y más que reconocido de viuda de ministro. Pues no, parece que le faltaba algo en el ramillete de cantante number 1 y de aristócrata y marquesita, había que darle un toque de intelectual sensible a la lista, y con ese pasado amoroso suyo, digno de un novelón latinoamericano, pero no un cuenta historietas cualquiera, qué va, un pedazo de premio Nobel, y va y se lo mete al bolsillo en un parpadeo al más puro estilo de geisha filipina… qué les das Isabel, qué les das, que los pones majaretas.

─Pues sí, yo de mayor quiero ser como ella. Me niego a pasar a la reserva a mi corazón, no pienso jubilar a mis sentimientos jamás, ¡ni pensarlo!

─Pues yo en cambio estoy deseando poner en modo pause mis emociones, que a mí estos altibajos me van a matar─ me responde una de mis amigas que más historial amoroso-catastrófico lleva.

─El día que deje de soñar, entonces empezaré a envejecer y me saldrán patas de gallo en el corazón. Quiero sentirme viva, y solo la ilusión es la que me hace dar un salto de la cama cada mañana y comerme el mundo de un bocado, antes de que me coma él a mí.

Y de pronto, lo veo todo clarísimo, quién ha dicho que reina de corazones solo hay una. De eso nada, en la baraja de la vida yo reparto y me quedo con los ases que yo quiera en la manga, y de paso voy a hacerme un repóker de reinas, que ya quisiera Isabel para ella. Pero eso sí, no estaría mal seguir sus pasos y afinar mi puntería, voy a dar algún cursillo que otro de conquistadora irresistible, y que tiemble alguno que yo me sé, porque está a punto de caer en mis brazos y yo en los suyos, locamente enamorados los dos.

Me he puesto a repasar mi curriculum amoroso, y la verdad es que no es tan extenso como me pensaba, han sido más los pretendidos que los verdaderos pretendientes, pero yo lo tengo claro, nada de tirar la toalla, que a mí a alegría y buen rollito para las cosas del querer no me gana nadie.

Porque en mi corazón, de momento, siempre reino yo, por eso a mi lado tengo un trono merecedor de rey, pero no de un príncipe azul, que a esos los tengo ya catalogados por desteñidos. Prefiero un hombre de los pies a la cabeza, valiente, gracioso, detallista, inteligente y, desde luego, que sepa hacer de mi vida una eterna noche de bodas.

Sobre el autor Mar y Cleo

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