La Verdad

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Tú te lo has ganado y yo me lo merezco
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Mar y Cleo | 12-07-2015 | 08:30

Esto de irme de vacaciones reconozco que me produce un estrés añadido. Pues sí, lo primero y más importante es la negociación con los compis del trabajo para ver qué quincena me cojo. ¿Qué no parece complicado? Ja, es lo más de lo más. Porque mi amiga es súper y, si por ella fuera, seguro que me dejaba elegir a mí primero, pero, y aquí llegan los peros, tiene que cuadrar la agenda con su ex, para que se quede con los niños, y con la churri de su ex, que también se tiene que poner de acuerdo a su vez con su otro ex, con el que este año ha decidido vengarse de todas las putadas que le lleva hechas los últimos meses, y en esas estamos… Es decir, que yo, que no tengo ni la menor idea de quién es ese tal cabroncete que lo único que sabe es intentar fastidiar a otra, que ni idea de quién es, pues es a mí a quien de verdad están puteando y no consigo saber qué quincena cojo.

Y si lo del trabajo tiene su aquel, todos los años tengo que hacerme la que no con mi madre, con tal de conseguir que sea ella la que se ofrezca a regarme las plantas y a dar una vueltecica a la casa, como ella dice, que no sé muy bien en qué consiste eso de voltearme la casa.

─Hay qué ver cómo es tu padre. Todos los días me dice que mañana nos vamos a la playa, y aquí estoy con todo desmantelado desde hace 15 días.

─Es que está liado.

─Una cosa te digo, cuando por fin me vaya, a mí que no me diga a los dos días que nos volvemos, es que tu padre está de un culo inquieto…

¿Y ahora es cuando le tengo que soltar lo de regar mis macetas? Me parece que no está mi viejita para esas.

─Pues haces mal mamá. Tú siempre me has dicho que no es bueno dejar la casa muchos días cerrada, la macetas, los grifos goteando, el gas sin cortar, las habitaciones sin airear… Oye, que como me voy quince días, que digo que aquí tienes mis llaves y donde se airea una casa, se airean dos, ¿verdad que sí, mamita?

Y ahora toca la maleta y la pre-maleta. Pues sí, la pre-maleta tiene mucha más importancia de lo que parece, porque como todo lo voy dejando para cuando esté de vacaciones, pues así me va, mi ITV sanitaria y otros asuntos pendientes: mamografía, ginecólogo, analítica de todo y un poco más porque hasta el año que viene no toca, depilaciones por zonas o un completo… no sé, ya veremos. ¡Uy, las mechas que llevo raya! Operación renovar: DNI, conducir, sanitaria, seguro del coche, tarjetas de crédito… pero si yo creo que tengo caducada hasta la tarjeta de IKEA. Este es mi sino, como no sé decir que no, al final terminan desechándose solas las cosas y la gente, más por caducas que por inútiles en mi vida. Pues ale, renovarse o morir.

Y ahora ya sí, por fin voy a concentrarme en la maleta, que como siempre lo dejo para el last minute, y cuando llego a mi destino me falta de esto y de lo otro, y acabo comprándome de todo un poco y al final en casa tengo doble juego y nunca termino usándolo.

Ante una maleta, lo primero y más claro que tengo, es que un día me juré que jamás de los jamases aceptaría meter todas las ilusiones de mi viaje en una maleta low cost, no, no y mil veces no. Porque es cierto que tienen que caber mis imprescindibles, que son todos, nada de lo que llevo, lo llevo por llevar, cada sandalia, cada pareo, cada camiseta, cada biquini, cada vestidito… tiene su momento, y si se me ocurre prescindir de alguno, seguro que estoy poniendo en peligro un momentazo irrepetible. Y al lado de todas esas mis cosillas reconozco que hay un hueco para los atardeceres que voy a vivir, los amaneceres que voy a sentir, los bailes de chiringuito que pienso darme, y, por supuesto, para esos paseos solitarios por la playa que cogidos de la mano vamos a disfrutar. Porque sí, porque este año tienes sitio en mi maleta, porque te lo has ganado y porque yo me lo merezco, porque ya estoy harta de esperar a esos amores de verano que luego se los llevan las tormentas de septiembre y mis lágrimas del otoño.

Por esta vez, en mi maleta no van ni malos rollos, ni amigas envidiosas, ni gente que, de no quererme, no es capaz de compartir conmigo lo bueno de mi vida. Para todos los demás hay un hueco seguro, porque yo a ganas de ser feliz y disfrutar no me gana nadie. ¡Por eso os deseo felices vacaciones y nos vemos en septiembre!

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