La Verdad

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Hay veranos y veranos
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Mar y Cleo | 06-09-2015 | 09:45

Hay veranos que se olvidan por aburridos, otros que ya no recuerdo por haber tenido demasiadas noches de lunas llenas sin un lobo que me aúlle al oído, otros viajeros, o mejor dicho, mochileros, luego vinieron aquellos en que tocaba acarrear con sombrilla, silletas, cubos, palas… Pero este es un verano que, por memorable, va a pasar a formar parte de la historia, al menos de mi historia, que no es poca cosa.

Desde luego que sí, que hay veranos y veranos, pero este no es uno cualquiera, porque hay veranos calurosos, pero así de ardientes, ninguno; hay veranos divertidos, pero tan irrepetible, ni en broma; pero verano verano verano como este, tengo que reconocer que es del todo imposible que se me dé otro igual.

Quién habrá inventado ese consejo tan rancio que dice: “¡Tienes que sentar la cabeza!”. Pero es que además de aburrido hay que ser un rato envidioso para desearle algo tan absurdo a alguien: ¡sentar la cabeza…! ¿Qué pasa, que verme reír, salir, y no volver a entrar, madrugar o trasnochar, esto aún no lo tengo claro, y darle gusto al cuerpo es algo tan difícil de resistir para los que están agarrados al mando de la tele esperando a ver si así su vida se vuelve de colores? Si es que lo tengo claro, esa frase no va conmigo: ¡sentar la cabeza…!

Yo pienso que en esta vida hay momento para todo, pero este es mi momento. Y me viene una época de esas en las que veo cómo mi mano izquierda empuja a la derecha para que siga escribiendo de esos que desaparecen en un: no te olvidaré, y el tiempo me lleva a mares por los que navegar en busca de una isla, lejos de ojos de curiosos, incluso me ha regalado amigos que hunden sus pies con los míos en la arena.

Solo sé que no hay mal que cien años dure. Los niños crecen y hasta los vecinos folloneros del apartamento de al lado terminan por venderlo y van a dar por saco a otra urbanización lejos de aquí. Incluso hay veces que la suerte llega a ser tan justa que decide ponerse en acción, y entonces, ese que duerme a tu lado, ese que no es el definitivo, ese que no es tu más mejor amigo, un día se levanta, se pone las chanclas, se mira al espejo y descubre que está de más, va y suelta aquello tan socorrido:

─Me voy a por tabaco.

Y sí, en ese momento comienza una nueva etapa, mi Tourmalet particular, tan intenso como infinito, tan inmenso como libre, este momento es tan mío que solo yo decidiré con quién lo comparto y cuánto durará para comenzar muchos empieces.

Y para qué decir no, total, lo tengo todo hecho, que yo hace tiempo que me quité el reloj de la muñeca para que nadie me dijera ni mu. Nada de remansos de paz, quiero vivir a tope, no quiero que el día se acabe, y que hasta las noches y las mañanas me confundan tanto, como un abrazo interminable.

─Pero tendrás que descansar, anda y duérmete un poco.

─¡Ya dormiré bastante cuando esté muerta! Ahora estoy vivita y coleando y no hay quien me pille.

Sé del que me mira y se dice para dentro:

─Esta termina mal…

Estoy harta de sentir las cosas a medias, quiero que me corran por las venas los amores y las pasiones, sentirlo tan fuerte que se me remueva todo por dentro. ¿En qué consiste terminar bien? ¿En saber lo que va a ser de mi vida desde hoy hasta el 2027? ¿En tener siempre perras en el banco? ¿En que el colesterol, el azúcar, la bilirrubina y la tensión estén donde ha dicho el médico?

Pero te aseguro que, aunque no tengo la cabeza sentada, sí la tengo perfectamente colocada en su sitio, pero en el mío, no en el tuyo. Así que no haré como decía Sabina aquello de comprar pastillas para ser feliz, yo ya soy feliz, y mira por dónde, quien venga a intentar amargarme la feria, va a ver qué rápido lo mando por donde ha venido.

Hay quien canta que ya no quedan días de verano, pero yo hace tiempo que decidí que el verano lo daré por concluido cuando a mí me dé la real gana, porque aunque lleguen las Pascuas yo no pienso volverme una aburrida, que siempre he desconfiado de los amores de verano, que yo soy más de los amores de todo el año Hay veranos que terminan con lágrimas, otros que llegan a su fin con una lluvia de estrellas fugaces. Hay veranos que acababan a la misma vez que ese amor con el que me bañaba en el mar. Pero todos son veranos que llenan la historia, al menos la mía, que no es poca cosa.

Sobre el autor Mar y Cleo

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