La Verdad

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Y llegó el día
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Mar y Cleo | 13-09-2015 | 09:56

Hay realidades que por mucho que las queramos esconder bajo la alfombra salen a flote igual que los michelines. Ya está aquí el día.

Y llegó el día de rebuscar en mi móvil cómo se conectaba la alarma mañanera, llegó el día de incorporar a mi música el horrible sonido del tráfico o peor aún, a meterme dentro de él y por más que intento recordar el murmullo de las olas, más pitan los coches ¡Como si así se fueran a bajar los niños más rápidos de los coches de las mamás y papás aparcados en triple fila! Llegó el día de desayunar con prisas y de quemarme el morrito con el café ardiendo, de saludar al vecino en el ascensor mientras termino de pintarme lo mejor que puedo.

Preparo mi bolso y lo miro, y veo cómo al pobre se le pone el semblante serio, claro, ya no es el divertido macuto multitodo que me ha acompañado en las vacaciones. Y lo miro, y se lo explico: “No me vengas con esas ahora, a ver si este año no me escondes las llaves cuando más cargada voy”. ¡Ay madre mía, ya hablo hasta con mi bolso! No, si la verdad es que eso de la vida contemplativa está muy bonito, pero lo cierto es que yo necesito marcha, hablar con la gente, tener la agenda llena. Sí, esa es la única forma que me parece a mí que estoy más normalita.

Chanclas al armario y tacones en mis pies para marcar el paso y que se note que estoy dispuesta a dar guerra este año. Bueno ya sé que empezó en enero, pero para mí el año comienza ahora, con el comienzo del curso. Los propósitos me los planteo desde este momento y si algo me voy a disponer a cambiar de mi vida es ahora o si no ese despropósito se queda pendiente hasta el año que viene, porque debe ser que ahora no tocaba.

Paso todo el día nerviosa, sin parar de trabajar y de hacer cosas, enlazo una tras otra para que no me dé la depresión postvacacional y llego a casa como si mi cabeza estuviera programada, y ahora la cena, y ahora… Pero hoy en lo único que pienso es en acostarme temprano por el madrugón, y lo cumplo. Cierro los ojos contenta por la misión cumplida y oye, que nones, que no me duermo. Pero yo erre que erre, y me niego abrirlos, y cuento borregos saltando por los prados 1, 2, 3… pero al cuarto, el borrego se convierte en uno de esos cuerpazos que vi en el chiringuito y te juro que de repente, y contra mi voluntad, se abren mis ojos de par en par. Desesperada de ver que las horas pasan y no me duermo, me levanto, salgo a la terraza y recuerdo esas veladas en las terracitas de verano cenando con los amigos y riendo en esas noches interminables y maravillosas. ¡¡Vamos, igualita que la nochecita que estoy pasando hoy!!

Pero después de tantos cursos, propósitos y despropósitos al final he aprendido: me he vuelto precavida, me pongo el cinturón del coche, reviso que no me falte nada, salgo siempre perfecta a la calle, saludo con una sonrisa aunque me haya pasado la nochecita en vela, en fin, que asignatura aprobada. Reconozco que ando siempre liada con la dieta antidieta, pero si no fuera así yo creo que ya no sabría ni qué comer. Pero en los asuntos del corazón me he vuelto una experta cardióloga y estoy más por la medicina preventiva, eso de mejor prevenir que curar, porque con las cosas del querer ya se sabe, cuando hay que curar, hay que llorar, y me da a mí que esta que está aquí no piensa llorar ya, pero ni un puñado pequeño. Nada de conquistadores de pacotilla, ni de mucho lerele y poco larala, no quiero ver ni en pintura a los mentirosos compulsivos y ni de cerca a esos que cuando salen de su casa se les olvida al instante que andan casados pero no un poco, sino de arriba abajo.

Me he levantado antes de que suene el despertador, no quiero que se me haga tarde, comienzo mi vuelta al cole particular. Voy a llenar la cartera de risas, de cañas frescas, de amigos pero, sobre todo, de verdades con mayúscula. Mis lápices van a dibujar sonrisas, el sacapuntas…bueno… ese ya veré para qué lo uso, pienso llenar todas las libretas con mis miles de historias, la goma de borrar indispensable, porque voy a hacer desaparecer todo lo que no me guste. Vuelvo al cole, con la misma sonrisa e ilusión que cuando mi madre me ponía el uniforme y me colgaba la mochila. Vuelvo un año más a la escuela de la vida y no pienso suspender ni una asignatura.

Sobre el autor Mar y Cleo

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